Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, pertenecen a Sir Arthur Conan Doley y a la BBC, los utilizo simplemente con fin de entretenimiento y sin ánimo de lucro. Es puro entretenimiento.
Advertencias: UA. Lenguaje duro, uso de drogas, situaciones límite, sexo. Tal vez muerte. Tal vez no deberías de leerlo. Tal vez nadie debería de leerlo.
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Capitulo 17
Los seres humanos somos entes individuales y egoístas. Creemos que nuestra capacidad de racionalizar, nos da argumentos lógicos bajo los cuales aportamos sensatez a los demás. Reflexionamos, estudiamos las distintas opciones y llegamos a conclusiones que creemos irrefutables, bajo las cuales pretendemos que actúen los demás… creemos que nuestra capacidad de pensar o argumentar todo nos da el derecho a emitir juicios sobre el comportamiento de otras personas.
Y un día esa concepción errónea de nuestro elevado intelecto nos juega una mala pasada. Un juicio emitido en el momento equivocado y ya nunca nada volverá a ser igual… perdemos la confianza de un ser querido, perdemos el derecho a permanecer en su vida; perdemos todo, por no haber sabido mirar, escuchar y comprender, en lugar de analizar… y esos errores nos acompañaran toda la vida.
Mycroft Holmes se encontraba todavía en su despacho, las reuniones y los informes habían conseguido alargar su jornada laboral hasta entrada la noche. Un silencio absoluto lo envolvía todo; Mycroft era un hombre acostumbrado a la soledad, y así se sentía realmente bien.
Un último vistazo al informe… y cerró la carpeta; dejándose caer de una manera ya más distendida sobre el respaldo de su magnífica silla negra, mientras presionaba el puente de su nariz con sus dedos. El día había sido largo.
En el momento en que se levantaba para prepararse una copa de ese exquisito whisky irlandés que le habían regalado el día anterior, su teléfono sonó…sonó y sonó… y Mycroft no podía más que mirarlo horrorizado, la bella música de violín que emitía delataba a la persona que estaba realizando aquella llamada… era Tony Jones.
Por un segundo hasta la respiración se le atragantó, pues dentro de todo su análisis solo encontraba una explicación para aquella llamada. Una explicación fatal.
La respiración volvió a él a trompicones, al igual que multitud de recuerdos compartidos con su hermano. E inevitablemente aquellas palabras soltadas, aquellas que fueron contestadas no desde la razón, sino desde el dolor… ¡Si eso piensas, si tanto te avergüenzo… olvídame! Y desde el rencor… ¡para mí ya no existes!
Con manos temblorosas Mycroft tomó el móvil, y aguardó la fatal noticia intentado no desmoronarse, era algo esperado, algo…
—Mycroft yo… — Mycroft suspiró aliviado al escuchar la voz de su hermano—. Necesito tu ayuda.
Y ahí estaba él, el gran Mycroft Holmes, parado en medio de su despacho temblando. Había sentido en un momento la angustia de la pérdida, el dolor por no poder cambiar el pasado, por ya no poder hacer nada más que arrepentirse… y a cambio el destino le daba una oportunidad, una de recuperar la confianza de su hermano. Lo escuchaba mientras intentaba explicar lo que necesitaba, y por muy incoherente que sonara todo, no desaprovecharía aquella oportunidad.
Unas pequeñas lágrimas inundaron sus ojos, unas que por una vez se permitió derramar, pues algo que jamás confesará a nadie es que pese a todo lo ocurrido, pese a sus diferencias y a todos los problemas que rodean a su hermano, lo amaba por encima de todo lo demás.
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El tiempo es a veces tan relativo…
Los escasos quince minutos que Mycroft necesitó para localizar la dirección de ese tal John Watson; así como su celular y la inevitable pérdida de tiempo en la inespecífica explicación que le dio a su hermana Harriet; se vivieron como una eternidad en la pequeña sala de descanso de la LondonCentralFm.
Todos expectantes ante una llamada que no llega, todos fingiendo calma ante la desesperación. Y un Sherlock bloqueado, sentado en el centro del salón, incapaz de mirar a los demás y leer en ellos el miedo ante la pérdida. Con sus manos unidas rozando sus labios, intentando que dejen de temblar.
Cuando al fin el teléfono suena, ya no son únicamente sus manos las que tiemblan. Siente como una extraña sensación comienza en su estómago y se expande por su cuerpo, recorriendo cada milímetro de su ser, está aterrado, pero pese a todo no deja sonar más de un tono.
— ¡Dime!— dijo con en una plegaria, con la escasa esperanza que le quedaba. Y cuando Mycroft comenzó a dictarle la dirección y el teléfono de John, todo ese vacío que lo recorría se convirtió en pura energía, una que le daba la oportunidad de encontrarlo a tiempo, una que le decía que sí, que era él, que lo iba a encontrar, que todo estaría bien… y tras decirle a Mycroft que sí a una ambulancia, colgó y salió corriendo desesperado, apenas dedicando una mirada a Tony.
Apenas si podía prestar atención a todo lo que ocurría a su alrededor, solo podía correr, analizando mentalmente el recorrido para alcanzar su objetivo lo más rápido posible, mientras llamaba insistentemente a aquel número que le había proporcionado su hermano.
—John… John… venga John contesta, por favor contesta — rogaba una y otra vez con voz temblorosa mientras avanzaba precipitadamente por las calles del bajo Londres.
No lleva la cuenta de las veces que ha pulsado llamar cuando al otro lado de la línea consigue escuchar un susurro apenas audible.
— ¡John!— Sherlock paró en seco, no podía escucharlo— John… John… por favor, por favor contéstame…
—Sher…lock— había sonado como una respiración entrecortada, pero había escuchado su nombre. John lo había reconocido, y no pudo evitar sonreír como no lo había hecho en su vida—. Yo… lo… sien…— se escuchó un golpe seco y Sherlock comenzó a correr de nuevo, estaba tan cerca.
— ¡John, estoy a menos de cincuenta metros de tu casa!— gritó desesperado pero al otro lado de la línea ya nadie contestaba y aquella sensación de terror volvió a recorrerlo, la sensación de perderlo, de no llegar a tiempo.
Sherlock pudo entrar sin problemas al decrépito edificio, la vieja puerta metálica tenía un agujero en el lugar de la cerradura. Subió las escaleras desesperado hasta la segunda planta, buscando la puerta número siete. El eco de su respiración golpeaba con fuerza en las paredes del angosto pasillo, sus piernas apenas si le respondían, temía caerse en cualquier momento y no paraba de pensar en que no era lo suficientemente rápido.
Al fin lo vio, el siete pendía lateralmente de una puerta de color rojo a la derecha del pasillo y al llegar no pudo más que comenzar a golpearla con toda la fuerza que le quedaba, lanzando su cuerpo una y otra vez contra una losa de madera que apenas si se quejaba, mientras gritaba el nombre de John. Un último golpe y quedó allí mismo, extenuado. Las lágrimas comenzaron a descender por su rostro, angustiado por no ser más fuerte, por no haber comido bien en días, lloraba por cambiar un poco quien era y poder abrir aquella puerta…
— ¿Me permite?— frente a él un hombre enorme lo miraba preocupado — Vamos, he visto esto demasiadas veces — traía en su mano una palanca de hierro y la puerta cedió en segundos — espero que su amigo esté bien.
Sherlock no se detuvo a dar las gracias, empujó aquella estúpida puerta con la fuerza que le quedaba y en cuanto ingresó en aquel apartamento lo vio, sentado en su sofá, completamente quieto.
—John — un suspiro con su nombre es lo único que pudo articular cuando al fin lo tuvo delante.
Se tiró a su lado comprobando su pulso, mientras imágenes del día que se conocieron inundaban su mente, recordando aquella mirada perdida de un azul profundo y aquella sonrisa sincera… ¡era débil pero tenía pulso! Sherlock comenzó a valorar la situación lo más rápido que su mente le permitía, la coloración azulada de sus labios, le indicaban un problema respiratorio. No se detuvo a desabotonar aquella camisa, simplemente estiró haciendo saltar todos aquellos botones de la prenda roja y la alerta saltó inmediatamente en cuanto vio su costado derecho ennegrecido.
— ¡¿Y la ambulancia Mycroft?!— Desesperado tecleó en su móvil toda la información que tenía, necesitaba hacer algo, John necesitaba que él hiciera algo, no podía morir, no podría dejarlo morir…
Tomó a John con mucho cuidado y lo dejó deslizarse, apenas si tenía fuerza para nada más. Lo tendió en el suelo, buscando datos y comprobando su cuerpo una y otra vez, mientras John permanecía inmóvil… y todo pronto tomó sentido, una costilla fracturada en el accidente, aproximó su oído al costado derecho de John con mucho cuidado buscando cualquier sonido que le indicara que pulmón funcionaba, nada…posible pulmón perforado, colapso pulmonar, el aire se acumula entre el pulmón y el tejido que lo recubre y la presión hace que se repliegue… hay que eliminar esa presión, hay que permitir que el aire salga…necesitaba, ¡Una aguja!
Sherlock comenzó a buscar rápidamente entre su ropa, siempre llevaba una aguja escondida. La sacó con manos temblorosas, debía clavarla en el segundo espacio intercostal y permitir una vía de escape del aire... Se levantó corriendo y revolvió aquel piso buscando alcohol. ¡Vamos este es el piso de un alcohólico, debería de haber botellas en cada esquina! Volvió a él con una botella casi vacía de un líquido transparente, lo había olido y parecía suficientemente fuerte para desinfectarle la piel. No fue difícil encontrar el espacio entre las costillas, John realmente estaba esquelético. Desembaló la aguja, le vertió el alcohol y la clavó con un golpe certero de muñeca, con la fuerza y la precisión justa…y un pequeño caudal de aire comenzó a salir por ella, muy lentamente, demasiado lentamente, Sherlock comenzó a hacer presión intentado que se vaciara más rápidamente y al cabo de un minuto que a él le pareció eternos sucedió, John tosió y dio una enorme bocanada de aire, una que les devolvía la esperanza.
—John — se acercó y le volteó ligeramente la cara intentado que lo mirara, y aunque John volvía a caer rápidamente en la inconsciencia, sus miradas se cruzaron tan solo un instante, uno que dibujó una pequeña sonrisa pareja en ambos hombres.
Y Sherlock se tumbó allí mismo, extenuado, mirando como John daba pequeñas respiraciones, velando por él hasta que los paramédicos llegaran.
Esta no era una de esas historias donde el protagonista conocía al amor de su vida, donde la vida le daba justo lo que deseaba, cuando lo deseaba; esta no era una de esas historias donde el protagonista realizaba sus sueños.
Esta es la historia de dos personas que tienen sus vidas rotas y vacías, donde los sueños hace tiempo que fueron olvidados; una historia donde sus protagonistas no se reconocen al mirarse al espejo y que habían perdido la fuerza por vivir un día más… hasta que se encuentran, y parece que todo cobra sentido.
Esta es la historia en la que una persona salva la vida de otra, una historia en la que cualquiera puede convertirse en héroe, independientemente de sus problemas. Una historia en la que sus protagonistas se encuentran y entonces hay un motivo para la invalidez de John y para su alcoholismo; se encuentran y la dependencia de Sherlock salva la vida de John; se encuentran y todo tiene sentido, debían de encontrarse.
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Dedicado a Rebel Omega
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N/A: Buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah! TT_TT
Obviando el hecho de que se que jamás me perdonaran por lo tardona que he sido, solo me queda decirlos que los quiero mucho a todos… (*.*)
Muchísimas gracias, besos y achuchones a: Lady Amoran, setsuka, Nimirie, mashimaro111, BlueArcana, MiraHerondale, Violette Moore, Yiyukimo-ak, Runa97 (te echo mucho de menos por cierto) y a mi querida Nessa… perdón si me dejé a alguien en el camino. Gracias por devolver un poquito de amor en forma de lindo reviews.
Espero sinceramente que les haya gustado aunque sea un poquito. (n.n)
Besos y abrazos. Lord.
