Nota inicial: ¡Hola! Bueno, aquí el primer capítulo de mi fanficition, espero que les guste mucho. Podrán notar conforme a la lectura que he cambiado y puesto cosas, con forme a las formas de ser de los personajes, pero bueno, si doy razones podría ser un total spoiler cosa que no quiero hacer. xD


Uno "Tiempo"

Uno de los últimos soles de Agosto calentaba la tarde de algunos estudiantes en Seigaku, las nubes blancas y espesas, rondaban por el aire tibio de lo que era el verano en todo Japón… Las cuentas fuertes de un grupo de chicas enmarcaban la escena, un continuo de: "1 – 2 – 3 – 4 – 5 – 6 – 7 – 8" simultaneo a los gritos de orden del capitán del club de tenis, —que se encontraba a un lado de aquel campo verde— para seguir corriendo alrededor de las canchas. Los pobres chicos, de séptimo a doceavo grado, sólo tenían la única oportunidad de diez segundos, para deleitarse con la vista de las bellas animadoras, ya que tenían que seguir con el entrenamiento.

Frente a las canchas se encontraba una mujer de cabello castaño de edad un poco avanzada, traía un traje deportivo de pantalón y chaqueta, con un chongo apretado. Con autoridad, veía el entrenamiento completo, en silencio hacia ver claramente que ella era la entrenadora: Sumire Ryuzaki, quien ya a sus 65 años de edad, necesitaba de un mayor número de ayudantes para seguir impartiendo su labor… Ella siempre se oponía a que le contrataran un ayudante, pues pensaba que eso sería como degradarse a sí misma, y dejarse vencer por los años, que comenzaban, —de manera silenciosa— a pesarle; aunque, a pesar de su negatividad a la ayuda, aquella excusa orgullosa que siempre imponía no era la verdadera razón por la que no quisiera a nadie más con ella, sino, porque aún no encontraba a la persona —que ella creyera adecuada— para ese trabajo.

A su lado, un chico de cabello negro un poco verdoso, miraba serio el entrenamiento, con los brazos cruzados, y los ojos entre abiertos por el Sol que le daba a una parte de su cara, en esos momentos se maldecía por no haber llevado una gorra y así cubrirse del calor que hacía. Llevaba puesta una chaqueta deportiva color azul, que cubría su playera blanca con celeste, un par de vaqueros, y tenis completaban su atuendo. Con una ponta a un lado, parecía intacto a los años, a lo lejos se veía la misma figura fría que se guardaba a sus doce años, pero… al acercar la mirada, uno podía notar que ese cuerpo ahora era más grande y alto, su rostro tenía rasgos más varoniles, pero igual de finos, que lo hacían ver atractivo a donde fuera. Sus ojos de un color tan indescriptible, y su mirada tan firme, que dejaba tan sólo ver un atisbo de nostalgia en la curvatura de su pupila, eran una total referencia a que él, era: Ryoma Echizen.

Cuando los muchachos habían terminado de dar sus veinte vueltas, el cielo ya se estaba poniendo un poco naranja, y la línea de sol que golpeaba el rostro del ambarino, ya le llegaba a la altura del pecho. Entonces, Sumire se levantó y con voz fuerte le hablo al actual capitán del equipo de tenis, de Seigaku.

—¡Cato! —El chico rápidamente volteo, y dejo ver su distintivo color de ojos (azules). Sumire camino, —con Ryoma a la par— y él la alcanzo. —Quiero que le hables a Barbie. Es hora de su entrenamiento. —El chico sólo asintió y corrió a donde estaban las chicas gritonas, que seguían ensayando sus rutinas.

Ryoma miró un momento a aquel sitio, y pudo ver como lanzaban a una chica por los aires, y esta hacia un perfecto giro mortal. Cuando la flyer cayo, hicieron un cambio de formación, un par de pasos, y una pose. Todas, —sin contar a algunos muchachos que estaban ahí— estaban agotadas. Cuando vio que Cato se acercó a las chicas, desvió la mirada, y regreso al frente.

—Sabes Ryoma…—Él la volteo a ver. —Muchas cosas han cambiado desde que te fuiste…—Dijo, mirando al vacío.

—Me he dado cuenta. Con sólo ver e, instituto por fuera, puedo detectar ciertas cosas que son diferentes…—Poso su vista al equipo de animación, y luego al de tenis.—Era de esperarse…—Dijo despreocupado.

—¿Quieres entrenar ahora? Recuerda que tu lugar como titular, está siempre ahí para que lo ocupes…

—Tal vez… Pero por ahora sólo quiero ver un poco, luego de que todos se vallan, jugaré un rato, si mal no recuerdo cierran la escuela hasta las ocho, y el entrenamiento terminará a las siete… —Sumire sólo asintió. —¿Por qué ahora hacen los entrenamientos tan tardíos?

—El nuevo director, ha puesto dos recesos en lugar de uno, y ha aumentado los talleres de computación, lenguajes y artes, para todos los alumnos, por eso salen más tarde y deben entrenar más tarde…

—Mmm… Y debo creer que el causante de que ahora haya un absurdo, equipo de porristas, también fue el nuevo director…

—Sí y… no. Fue gracias a una encuesta hecha respecto a que actividades serían buenas de poner para que más chicas entraran a clubs deportivos… Y este, junto a natación, fueron los más pedidos.

Ryoma ya no dijo nada, y ya dentro de la cancha, todos los miembros del club se juntaron para escuchar las indicaciones. Los novatos, estarían entrenando sus movimientos con sus raquetas, sin usar pelotas, junto con los que no eran titulares.

—Y para los titulares fijos…

En ese momento, la entrenadora dejo de hablar gracias al irritante sonido de la puerta abriéndose y cerrándose con fuerza. Fijo sus ojos (al igual que todos los demás muchachos) en la persona que estaba parada en la puerta. Era una chica muy bonita, su cabello café rojizo estaba amarrado en una coleta alta, que ya estaba un poco suelta, tenía una blusa de tirantes un poco finos color durazno, pegada al cuerpo, dejando ver la forma de sus pechos, que no eran enormes pero si lograban captar las miradas de ciertos números de chicos… Tenía también, unos shorts deportivos cortos, color azul cielo, y unos tenis, con calcetines bajos, dejando un espacio de piel suficiente en sus fuertes piernas, al descubierto. Miro a todos y cada uno de los muchachos con altanería, y camino para ponerse a un lado de los demás, pero se detuvo frente a ellos, molesta, y les dijo:

— ¡Hey!, ineptos… Mi rostro—Hizo un gesto con la mano, señalándolo. — ¡Está aquí arriba!

De inmediato todos se incorporaron, levantando la vista, haciendo sonidos parecidos a disculpas, y sintiéndose completamente avergonzados. Cato se puso a un lado de Sumire, disculpándose por su tardanza.

Ryoma no pudo evitar verla, y la miro hasta donde sus ojos le permitieron la discreción suficiente, para no ser descubierto; fue entonces cuando dejo de observarla, ya que se había percatado de que ahora era el único que lo hacía. No la veía como los demás, eso estaba claro, sus ojos se posaron en ella por la única razón de que un sentimiento de reconocimiento había llegado a su mente. Y le había llamado la atención, cosa que no muchas chicas lograban hacerle al ambarino.

—Barbie…—La chica volteo a ver a la entrenadora. —Cinco vueltas a la cancha, y luego te integras al entrenamiento.

La verdad era entendible que Sumire sólo le pusiera cinco, puesto que venia del otro entrenamiento.

La muchacha sólo rodo los ojos y se encamino a obedecer, no le apetecía pelear contra esa simple orden. Mientras tanto, Sumire, continúo con sus indicaciones.

—El entrenamiento de hoy, será uno de los más efectivos que hemos hecho. —Un chico de chaqueta azul, que hacía referencia a que no era titular, cargaba una canasta llena de pelotas, y se la acercó a la entrenadora, esta tomo tres pelotas y dijo: —Estas pelotas tienen un color distinto a las demás, unas son color amarillo, color rojo, y azul, dependiendo del color que se les sea lanzado, harán que dicha pelota según su color, —el cual dictaran cada vez que golpeen– llegue al cono, o al canasto del mismo color… Suena complicado, pero una vez que lo estén haciendo se les facilitara… al menos al principio… —Dijo, y al final, su tono se volvió suave y nostálgico, ya que había recordado a Inui y sus entrenamientos que le regalaban siempre momentos divertidos, y buenos frutos respecto al juego de los extitulares… Ryoma pudo sentir aquel sentimiento, y agacho la mirada.

Al inicio, todos iban bien, Cato se fue a sentar a un lado de Ryoma, dándole una sonrisa que el ambarino no correspondió.

—Tú debes ser… Ryoma Echizen. —Dijo, atinando a usar un tono interrogativo. Ryoma sólo asintió. —Me imagino que estas ansioso por volver a jugar como titular en Seigaku…

— ¿Sumire…?

— Sí, me informo de tu regreso, lo cual me parece muy grato para el equipo, estos años, luego de la partida de los otros titulares, se ha vuelto difícil mantener el nombre de Seigaku tan alto como ustedes lo tenían… Y, ahora que estas aquí, –sin quererte hacer sentir como un banco de apoyo– creo que podremos estar un poco más tranquilos y no tan estresados por la temporada que se aproxima… Debo decir que tal vez volvamos a llegar a las nacionales, los chicos han estado entrenando mucho. —Ryoma miró a las canchas, y frunció ligeramente el ceño. —No te preocupes, luego los conocerás… Son buenas personas. —El tono que Cato utilizaba era amable, pero firme a la vez, su forma de hablar era culta, pero sin entrar a lo engreído, parecía ser un buen capitán, paciente pero estricto. — ¿Te imaginas? En tu primer año en Seigaku, fuiste a las nacionales, logrando un buen final… Y ahora, en tu último año en esta misma escuela, volver a ir a las nacionales… Eso debe ser un buen recuerdo. —Sonrió sólo con los labios, y por unos minutos estuvieron en silencio, hasta que Cato tuvo que levantarse y dar un descanso a los miembros del club de tenis.

Ryoma se puso de pie, y se posiciono a un costado de la cancha (por fuera), y miro a la nada, recordando sus entrenamientos de aquellos años, escucho las risas y voces de cada uno de sus amigos. Suavizo su mirada, recordándolo, y extrañando aquella apoca. Entonces, escucho como lo llamaban a sus espaldas.

— ¡Ryoma! —Y casi al instante pudo reconocer esa voz. Cuando se dio vuelta, sólo pudo articular…

—Momoshiro… —El chico alto, de cabello negro le sonrío, y aplastando al ambarino contra su pecho, le dijo cuanto lo había extrañado.

—…Has crecido mucho, mira… me llegas al pecho. ¿Cuánto mides, ahora?

—Un metro setentaicinco. —Dijo tomando aire, lo había estrujado bastante.

— ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en Estados Unidos? —Le dijo Momo, aún sin poder creer que su mejor amigo estaba ahí…

—Mis padres decidieron que querían regresar, y con ellos me trajeron a mí, aunque no creo durar más que este último año…—El rostro de Momo, no desistió de su felicidad ni un momento.

—Entonces, benditos sean tus padres… Te he extrañado mucho, Echizen…

—Sí. —Ryoma no era del tipo de chico que diría un: Yo también te extrañé. No. Sólo asentiría y dejaría a su amigo que dijera todo lo que quisiera. —Por cierto, —Dijo cambiando de tema,—¿no deberías de estar saliendo de la universidad ahora? No sé… ¿haciendo alguna tarea, lejos de Seigaku?

—Oh… Bueno… A veces me gusta venir aquí a recordar viejos tiempos… Tú sabes. Esas cosas, que hacen los que salen… de….— Fue entonces cuando Momo, ya no supo que balbucear y Ryoma lo miro incrédulo. —¡Está bien, está bien! —Tomo aire, y cerrando los ojos dijo: No pude entrar a la carrera de medicina. —Se sintió avergonzado por aquel hecho, y se excusó diciendo. —¡Hay mucha demanda! ¿Sabes?

—Sí, sí… lo sé. —Dijo evitando reír ante el comportamiento de su amigo.

—Debí meterme a ser maestro de educación física como Eiji, —Gruño entre dientes…Luego suspiro, y dijo. —En fin… me tomare este año para trabajar en diferentes lugares, y encontrar cualquier otra vocación…—Agacho la cabeza, un poco triste.

—Mmm… ¿Y sí te ofreces como ayudante, de la entrenadora Ryuzaki?

— ¿¡Qué!? ¿Ayudar a esa anciana?... ¡Yo! —Ryoma río por lo bajo, sin dejar que el sonido saliera de sus labios. — ¿Estás demente, acaso se te olvido cómo es?

—No… pero, creo que es tu mejor opción. —Entonces Momo pareció meditarlo, a los segundos en que se quedaron en silencio, camino, justo frente a ellos, aquella chica de ojos de fuego, con una raqueta en las manos, ni siquiera pareció notar su existencia.

Momo la siguió totalmente con la mirada, y en tono baboso dijo: ¿Quién es ella? , Ryoma sólo rodo los ojos ante el comportamiento de su amigo, y desviando la mirada dijo: Betsuni, quien sabe...

— ¡Oh, vamos! Yo sé que tú sabes quién es…—Dijo Momo, jaloneándolo de los hombros.

—Te digo que no sé, aparte no es importante. Es más, se supone que tú sabes, pasaste más tiempo en esta escuela que yo…

—Sí, pero no la recuerdo…—Entonces miro a Ryoma con suplica, hasta que este cedió.

Suspiro. —Según sé, le dicen Barbie, y entrena en el equipo de porristas, que se fueron hace unos minutos, y también está (de manera inexplicable) en los entrenamientos de tenis, con el equipo varonil…

Sólo eso bastó para que Momo, se decidiera en querer ser ayudante de la entrenadora Sumire, de sólo pensar en ver a aquella chica, claro, que no era un pervertido como los demás, pero sabía apreciar cuando una mujer era bella. Ryoma se quedó unos segundo más luego de que Momo se fuera a hablar con la entrenadora, viendo a aquella chica de mirada fría, hacer su entrenamiento con las pelotas de líneas de colores. Sólo había fallado en tres ocasiones, lo cual la hizo salir pronto de su prueba.

El ambarino, camino rumbo a los vestidores, para cambiarse, ya que Cato, había dado el aviso de verlos hasta pasado mañana. Pero, cuando apenas camino un par de metros, un chico de cabellera café, y que peculiarmente tenía una sola ceja, se le acercaba. Se le hizo conocido, pero espero a que él estuviera lo suficientemente cerca para averiguar quién era.

—Echizen… —Dijo con una sonrisa. —Has regresado. —Ryoma sólo se le quedo viendo, sin moverse o hacer algún gesto. El chico entendió que el ambarino lo desconocía totalmente. —Ryoma… ¿no me reconoces?

—Emm… ¿No? —Alcanzo a decir.

El chico se sintió un poco desanimado, y con lentitud dijo: Ahora tengo seis años de experiencia en el tenis.

Al instante, Ryoma sintió que esas palabras ya las había escuchado antes, de una manera diferente, tal vez, pero sí, tan irritantes, que un nombre llego a su mente, enviándolo a su boca: Horio. Dijo, y el chico sonrío.

—Sí… Soy yo. Ay, Ryoma… has cambiado, un poco, se te siguen olvidando los nombres.

Entonces la chica, se pasó por su lado mientras bebía de su botella de agua, Ryoma no pudo evitar mirarla y preguntarle de manera discreta a Horio, quién era ella, y que hacía entrenando con ellos.

—¿No sabes quién es? ¿No tienes ni una sola idea? —El ambarino negó con la cabeza. —Oh, bueno, yo ahora no sé mucho de ella, pero le dicen Barbie, no te le acerques mucho, yo sé lo que te digo… La entrenadora la tiene aquí desde el año pasado, antes estaba en el equipo femenil, pero bueno, desconozco las razones de la entrenadora por tenerla aquí… No tenemos permitido mirarla de una mala manera, o verla mucho tiempo, y ella no puede convivir demasiado con nosotros, cosa que no es ningún problema para ella, ya que ni siquiera nos voltea a ver. Es muy creída, pero muy guapa… En fin, no es muy de fiar. —Las palabras de Horio llenaban de más preguntas la mente de Ryoma, no sabía la razón por la cual le interesaba tanto saber de aquella que era denominaba Barbie.

Sin decir nada más, le agradeció por la charla, y se fue caminando con su mochila en el hombro, rumbo a los camerinos. Y al por donde estaba Momo, pudo ver que sonreía y asentía, tal parecía que había conseguido el trabajo…

Luego de despedir a todos, en punto de la siete, el cielo ya se estaba despojando de su color anaranjado, las nubes se volvían cada vez menos visibles, y la Luna, se notaba mucho más. Bajo este conocimiento de los primeros síntomas de la proximidad de la noche, la entrenadora Sumire, se disponía a salir de la escuela. Cuando —inesperadamente— se encontró con una muchacha de ojos rojizos, que llevaba puesta una chaqueta ligera sobre su sudada blusa. Ella parecía estar enojada, tanto, que la detuvo de una sola mirada justo en la puerta de los camerinos (en la parte de afuera), la mujer no pudo hacer nada más que escuchar lo que aquella tenía por decir.

—No vuelvas a sacarme de mi ensayo….—Dijo la cobriza con voz firme y decidida. Sumire pestaño un par de veces.

—Tienes entrenamiento de tenis, pasado mañana, así que déjame pasar…—Dijo mientras intentaba dar un paso a un lado de la chica y así poder irse. Pero está no le dejo, moviéndose a la izquierda, evitándole el paso.

—No me evadas. Sabes cuánto me molesta que me saques de mis ensayos, son importantes…

Sumire la miro desafiante y le respondió:

—¿Importantes? Hablas como si fueran algo más que simples niñitas brincando de un lado a otro…

La chica frunció los labios, indignada. —¡Somos atletas! ¿Cuándo entenderás eso? Es más… no se ni porque estoy entrenando tenis en el grupo varonil, y ni siquiera en el femenil… digo, no voy a competir en nada…, con el equipo de porra, sí. ¿Cuál es tu plan de tenerme ahí metida? —Dijo exasperada.

—Es para que te entrenes, y crezcas, podrías ser muy buena, incluso más de lo que ya eres… Existen becas de tenis, muchas oportunidades…

—Con el porra también. —Dijo, para luego suavizar su rostro. —¿Sabes algo? No sé por qué estoy peleando contigo sobre esto… nunca lo entenderías, claro, lo único que eres es una vieja sola y amargada que planea destruir mi vida. ¿Por qué no te buscas a alguien más para arruinarle la existencia, y así hacer más interesante la tuya? Porque digo, una mujer como tú, no puede tener amigos suficientes para hacerlo…

Sumire chirrió los dientes, se había pasado de la línea. Hablar sobre su descontento era algo, pero meterse en su pobre vida privada, era algo muy bajo, hasta para la cobriza, que ahora la miraba triunfal.

—Pronto iniciaran las pruebas para animadoras, y la temporada de competencias también. Sabes que estoy ocupada con las tareas, y las animadoras, casi todos los días… Mmm… Tal vez venga a entrenar el viernes… Sí… —Sumire sólo bufaba, estaba demasiado enfadada, con la actitud tan altanera y grosera con la que esa chica la trataba. —Oh, vamos… Antes di que te estoy dando un día de mi semana…—Le sobo el hombro, y Sumire aparto rápidamente su mano. El cólera le ardía en la garganta.

—Esto no se ha terminado, Barbie… —Logró decir, a las espaldas de la cobriza, que ya se disponía a irse. Esta se dio vuelta y con un tono completamente fingido a uno dulce, dijo:

—Nos vemos en casa… Abuela.

Y en un movimiento de caderas se fue, perdiéndose en la distancia. La mujer sólo soltó un suspiro frustrado, y se encamino con paso lento y triste lejos de ahí.

Cuando el ruido de los pasos ceso, Ryoma termino de amarrarse las agujetas de sus zapatos deportivos. Había escuchado toda aquella —extraña— conversación. Muchas cosas no las había entendido, y otras no les tomo importancia. Pero cuando aquella chica se fue, había escuchado claramente llamarle a la entrenadora: Abuela. Entonces, cuando salió de los vestidores, ya con su ropa deportiva, vio a donde ambas mujeres habían caminado, y pensó:
¿Quién es ella?


Nota final: Escribir, y publicar esto me pone de nervios, me da vergüenza, (ríe) y es que es mi primer fanfic en este foro, y lo único que quiero es que les guste y lean la historia que traigo en la cabeza… ¡Ah! Por favor, dejen reviews, no sean tan duros conmigo, les prometo actualizar seguido, pero léanme. (Vuelve a reír, cortamente)

Como se dieron cuenta, Ryoma no recuerda quien es ella, y tal parece, ella tampoco se acuerda… ¿Qué pasara ahora? ¿Por qué ella es así? ¿Qué hará Ryoma al respecto? ¿Nada? ¿Todo? Bueno, eso lo irán descubriendo al transcurrir las páginas. ¡Por cierto! Los capítulos, en su tamaño, van a variar, me gusta más abarcar un solo suceso o tema por capítulo…

Gracias por leer, y hasta la próxima.