Nota inicial: Hola! Espero les guste mucho el cap, y lean... :3
Dos
"Todo cambio"

Al día siguiente, Ryoma hizo automáticamente la rutina que él hacía cuando vivía en Japón, hace cuatro años… Se levantó con el sonido del despertador, con Karupin entre las sabanas, había arrastrado los pies hasta el baño, y luego de darse una ducha y de ponerse el uniforme del instituto, había desayunado algo ligero. Camino por las mismas calles, que ahora parecían un poco distintas, con algunas casas de distinto color, y negocios diferentes… Pero la ruta era la misma.

Cuando el edificio de Seigaku se iba formando en su parámetro visual, un suspiro entre nostálgico y rutinario, salió de sus labios. Y con la cabeza un poco gacha, paso por el lumbral para caminar a los pasillos. Algunas cosas eran diferentes, el color de los casilleros era un tono más suave de verde, y las paredes eran color durazno, en lugar de blancas. No eran muchos cambios, pero eran notables en los recuerdos del ambarino. Los salones tenían códigos diferentes, pues habían hecho nuevos, por el aumento de alumnado. Y como ahora, cada grado tenía más o menos, su piso, a él le tocaba en el último por estar en su año culminante.

Sin mirar a nadie, ni hacer alguna mueca, subió las escaleras, esquivando a las personas que se quedaban en los escalones platicando, o bajaban corriendo. Ahora, del lado de las escaleras, justo donde estaban los descansos, había un enorme ventanal, que recorría los cinco pisos, por el cual se podía ver casi todo el campus trasero. Algunas canchas, los salones de primeros que iban aparte del edificio central, y la cafetería, que ahora estaba en un edificio aparte, especial para eso.

Miró nuevamente la hoja que llevaba en la mano: Salón 04 – Piso 5.

Entro al salón que tenía impreso en un letrero sobre la puerta dicha seña, y sin ver a nadie, ni ser notado por nadie, tomo posesión del penúltimo lugar, a una fila de la ventana. Poniendo su mochila a un lado, desabotonándose los dos primeros botones de su saco, y el primero de su camisa, esa era una mañana un tanto calurosa…Se sentó exhalando para él mismo. Sin hacer ruido, saco de su mochila un libro: "El Psicoanalista" de John Katzenbach. La verdad era que en el tiempo en que vivió en Estados Unidos, había aprendido a tomarle algo de aprecio a la lectura, no sólo a la de revistas deportivas, y cosas referentes al tema… Sino, al tipo de novela de suspenso, policiaco, y misterioso, del tipo de lectura que Katzenbach escribía; aunque también sentía cierta debilidad por los géneros de terror, y ciencia ficción. Debía admitir que a veces, sentía cierta curiosidad por las novelas románticas, pero como sentía que si leía algo de ese tipo, su orgullo y reputación, se irían al suelo…, nunca se atrevió a abrir alguno de esos libros…

A los minutos, el salón estaba lleno de ruido. Grupos de chicas en diferentes partes del salón, platicando y chismorreando, sobre "sabe que cosas"; muchachos haciendo bromas, y gente entrando y saliendo. Ryoma ya no pudo seguir con su lectura, y cerrando aquel mundo dentro del libro, se dispuso a divagar un rato, en lo que iniciaban las clases… No tuvo que esperar mucho, puesto que a los dos minutos, el timbre sonó, haciendo que algunas personas comenzaran a caminar dentro del salón, y que ocuparan sus lugares.

Todos parecían estar en un mundo diferente al de Ryoma. Todos se conocían, todos se miraban como si nada, todos eran amigos y compañeros, mientras él, sólo era un estudiante nuevo –e invisible-.

Cuando al fin entro la maestra de filosofía, todo el alumnado se aproximó a sus lugares, y en silencio esperaron a la mujer, diera alguna indicación.

—Bien alumnos… Buenos días…—Y de la misma forma, como en un coro, le respondieron el saludo.—Tengo entendido que este último año, se integra un estudiante a nuestra clase. —Levanto los ojos de la hoja que tenía en la mano.—¿Desea presentarse, o proseguimos con la clase?—Pregunto viendo al frente, a ningún alumno en especial. Dejando diez segundos de espera y silencio perpetuo, pestaño un par de veces, y golpeando las hojas que tenía en las manos contra el escritorio, las alineo para luego meterlas a una carpeta y tomar asiento.

Tal parecía que ya conocían a esa maestra, puesto que no pidió ninguna presentación, más que la del estudiante nuevo, que por supuesto no quiso decir nada.

—Abran su libro, y lean de la primera lección. Tienen quince minutos.—Finalizo tomando un libro aparte.

Así era el estilo de clase de la maestra Mitzuki. Llegaba, ponía a sus alumnos a leer una o dos lecciones, según fuera el caso; en un tiempo predeterminado, y luego, al finalizar ese tiempo, les pedía que elaboraran un pequeño ensayo, una opinión en su cuaderno respecto a lo entendido a la lectura, posteriormente, dejaba libre el uso del frente de la clase, e invitaba a sus alumnos para que hicieran una exposición de la lección vista ese día… Todos y cada uno de los trabajos contaban en el día, las exposiciones por así decirlo, eran sólo puntos Salva vidas, para el final del corte o el semestre.

Para muchos, ese sería un buen mecanismo de trabajo, pero por más bueno que fuera, no daba los mejores resultados, al menos no todo el tiempo; puesto que, sí, los muchachos están callados "leyendo", pero luego de un rato, seguramente antes de terminar esos minutos impuestos, se aburrían, o se irritaban de no comprender nada de lo escrito en el libro, e inevitablemente los mormullos comenzaban, transformándose en charlas completas, y gritos de carcajadas enormes. Y así, la maestra Mitzuki perdía el control de su clase… Cosa que no le importaba mucho, ya que detestaba dar esa materia, se le hacía tan aburrida; prefería dar biología, laboratorio… Cosas más interactivas. Pero no, esos últimos años le había tocado impartir esa materia, y debía afrontar otro semestre así.

En fin, dejando de lado el tipo de trabajo de la señorita Mitzuki, el pequeño caos no tardo ni diez minutos en regresar al salón. Ryoma se hundía nada más en sus pensamientos que estaban muy aparte de la clase.

Entonces, se escuchó como alguien tocaba la puerta del salón, algunas miradas se fueron a la puerta —que extrañamente había estado abierta toda la clase— y observaron la figura espectacular, de cierta cobriza, de ojos como de fuego y pose altanera, que (casi) todas envidiaban.

Sacándose una paleta roja de la boca, le regalo una sonrisa falsa a su maestra, que la miraba enojada.

—¿Qué horas son, estas de llegar, jovencita?

La chica fingió pensar, y señalando el reloj de pared que estaba encima del pizarrón, dijo: Son las siete con treinta, profesora…—Dijo en tono inocente.

—Aja… Y entramos a las siete diez, doy cinco minutos de tolerancia para entrar después de mí. —Su tono era rígido, le enojaba mucho la actitud de aquella chica.

—Sí…—Alargo.—Pero, usted llego cinco minutos tarde a la escuela, lo cual nos deja, diez minutos tarde al salón de clase… ¿No cree que usted ha hecho una mayor falta al llegar tarde, a sabiendas de que tiene una clase a primera hora? Mientras yo, por mi parte… Llegue muy puntual. Que no haya entrado a su clase es otra cosa…

La maestra Mitzuki chirrió los dientes y la miró fijamente.

Suspiro.—Va a entrar al salón, ¿sí o no?—Dijo, dando a entender que se había rendido a la pequeña pelea que tenía con aquella chica.—¿O viene solamente para darle una pasarela a la clase, como cada día?... Barbie.—Dijo lo último en tono desafiante.

Error, maestra Mitzuki…

La cobriza sintió el cólera nacer en su garganta, detestaba con todas sus fuerzas ser llamada así, ser pensada como una zorra, ser tratada de esa forma, hasta por sus profesores, la enfermaba…Pero no dejaría que vieran que le afectaba; endureció las piernas, y poniendo su mano en la cadera dijo:

—Lamento arrebatarle el placer, señorita Mitzuki, pero la verdad es que no he venido a su… absurda clase, para tomarla, sino que he venido a hacer un anuncio, que seguro es más interesante que su, insulsa vida…

—¡Pero que grosera! ¡Debería suspenderte!— Musito la maestra, trastornada, (perdiendo los estribos, maldiciéndose por haber caído en la trampa de la castaña). Los demás alumnos, explotaron en carcajadas, por el comentario de la cobriza.

—¡Vamos! Inténtelo… Me haría MUY, feliz…—Sonrío, recibiendo las bullas de sus compañeros, y la señorita Mitzuki se escondió en su escritorio, dejando que la egocéntrica chica, tomara la palabra.

Sonriendo por última vez, se relamió los labios, acentuando el brillo labial color rosa, que llevaba puesto. Tomando una buena postura, dijo:

—Bueno, compañeros… Hoy vengo a invitarlos a que se presenten a las audiciones para porristas, este viernes. En verdad me gustaría que hubiera una buena asistencia, como en años pasados, ustedes chicas saben más que nadie, cuanto esfuerzo le ponemos al club, y el buen ambiente que se vive… —Dijo, acentuando algunas cosas, ya que habían demasiados rumores de que en el equipo existía el bullying y cosas por ese estilo, lo cual ahuyentaba a un buen número de chicas.—Los horarios para las audiciones son: 5:00 de la tarde a 5:40, para las chicas que quieran ser bailarinas, o gimnastas. Luego de eso, se escogerán a las flyer, y las bases, que serán de 5:50 a 6:30 de la tarde. Espero sean puntuales, y no se tomen este club a la ligera, porque… También comprendo que no todas entraran así que no sólo apliquen aquí, para que no tengan inconvenientes… —Uso un tono de voz dulce.—Ahora, mi compañera, Mei, va a pegar una hoja donde se anotaran, las chicas o chicos que quieran entrar al club.

Entonces apareció a la vista de todos, una chica de cabello largo, color chocolate. Tenía dos coletas largas, que tenían dos listones blancos, a lo largo de los chongos, creando el efecto de bolitas. Se veía muy bonita.

—Bueno, espero y entren muchas, ya que queremos tener dos grupos, para las competencias que se avecinan.—Finalizo con una sonrisa, y haciéndose a un lado, junto con Mei, les dejaron el camino libre a toda la avalancha de chicas, y chicos metiches, para anotarse en la estrecha lista.

Ryoma presenciaba esa escena con un poco de indiferencia, aun cuando había intentado concentrarse sólo en la lección, no lo había logrado. El hecho de que aquella chica estuviera presente, lo hacía dejar de hacer o pensar unos segundos lo que hacía para ponerle su absoluta atención; no comprendía como eso podría ser posible, tanto que le molestaba el sentirse de esa manera. Intentado ignorar todo aquello, miró a su alrededor, muchas bancas estaba desocupadas, no sólo las de las chicas sino, también las de unos chicos que querían ver quienes se anotaban, y ver si valía la pena ir a espiar las audiciones… Una cosa que llamo la atención del ambarino, fue que sólo cuatro chicas no se habían puesto de pie para anotarse –o si quiera para ver-, en realidad algunas parecían ignorar totalmente lo que pasaba.

A su derecha, una chica de cabello azul cielo, largo hasta la espalda media, detrás de sus enormes lentes redondos, leía un libro sin mirar a nada más que las letras. Otra, que estaba sentada al otro extremo, tenía el cabello rojo y ondulado; escribía lo que suponía era su ensayo de la lección; y a un banco de ella, se encontraba una tercera chica, de cabello negro y piel blanca, ella ojeaba y leía el libro de literatura como si le interesara demasiado. Por ultimo una muchacha de cabello como de chocolate, corto hasta las orejas, estaba haciendo algo totalmente distinto a las demás: Ella, no pretendía ignorar lo que pasaba, sino que estaba al tanto de todo; miraba con enojo y decepción, que más bien parecía tristeza, a aquella chica de ojos carmesí, que con una pose vanidosa, se miraba las uñas, comparándolas con las de su amiga Mei.

Esa escena tan extraña, era la que más le había llamado la atención, puesto que el sentimiento que presumían los ojos cafés de aquella chica de cabello corto, era de verdadera tristeza y enojo, y esa sinceridad en sus ojos, lo habían dejado muy desconcertado: ¿Qué había hecho aquella chica de ojos fuego, a aquella muchacha?
Se preguntó mientras (al fin) escuchó el sonido del timbre, anunciando que la hora de la maestra Mitzuki se había terminado, y esta, casi corriendo de miedo, había salido del salón.

Las siguientes horas pasaron rápido, dando inicio al primer descanso, que era de diez de la mañana a diez treinta, del mismo tiempo.

Ryoma, resignado a que ahora su única compañía era Horio, dejo que este lo acompañara a comer con él en la terraza, que ahora le quedaba mucho más cerca, puesto que ahora, su salón estaba en el último piso.

Ambos comieron en silencio, Horio no intento hacerle ningún tipo de plática, ya que conociendo al ambarino, este no le respondería nada, y decidió saltarse sus rechazos, y sus actitudes de ignorarlo, para comer plácidamente. Cuando terminaron, ambos bajaron cuando faltaban dos minutos para que llegara el timbre de entrada a su siguiente clase. Iban bajando las escaleras cuando Ryoma pudo percibir la figura de aquella chica de cabello chocolate. De alguna manera, en esas horas anteriores, luego de ver su mirada, y su actuar, había llegado a la inteligente conclusión de que ella sabría algo de la muchacha arrogante por la que ahora no podía evitar sentir intriga sobre quién era.

Con ese pensamiento, sin dejar de ver a aquella muchacha, dejando a Horio atrás, comenzó a bajar las escaleras, decidido a preguntarle. Pero cuando el ambarino iba en el antepenúltimo escalón, la chica se había dado cuenta de su mirada, quedándose paralizada unos segundos. Asustada, su caminar se volvió nervioso y rápido: quería huir. El ambarino, al darse cuenta de esto, bajo las escaleras casi corriendo y buscándola por entre el mar de gente que ahora regresaba a su clase tras el timbre de entrada, miró a todos lados, sin encontrarla. Ella, para ponerse a salvo, se había ido por muchos lados en ese sólo pasillo, hasta llegar al baño, apoyando la espalda en la pared, con la respiración acelerada, mirando a la nada, susurro sin mucho aire: Ryoma…

Mientras tanto, Ryoma era detenido por Horio de una manera un poco brusca, el ambarino había estado a punto de caer en un enorme cesto de basura.

—Echizen…—Dijo Horio deteniéndolo.—¿Qué paso? ¿Qué es lo que buscas con Tomoka?

—¿Tomoka?

—Sí, Tomoka Osakada…—El ambarino se quedó callado un buen rato, no comprendía nada, ¿por qué ese nombre se le hacía tan familiar?

Al pasar de los días, Ryoma seguía con aquel sentimiento de familiaridad hacía aquella castaña, Horio, le había dicho que era una chica muy callada, que no entendía el porqué de su interés; aunque, cuando Ryoma –en un principio- le pregunto sobre ella, Horio se notó sorprendido ante su pregunta, tanto que no pudo evitar decirle: ¿Hablas en serio? Y el ambarino no hizo más que encogerse de hombros, ¿qué había de asombroso que tuviera curiosidad? Okay… Tal parece que en él sí es extraño, ya que ahora que lo había pensado mejor, aquella noche de martes, se dio cuenta de lo extraño de su comportamiento… Esa madrugada de preguntas sin responder en su cabeza, dio continuación a dos días más de incertidumbre.

Cuando el jueves llego a la ciudad, Ryoma ya había analizado bien la postura de Tomoka. Con mucha seguridad de no ser descubierto, la había seguido con la mirada muchas veces cuando salían de clases, a recesos o a sus casas, para así elaborar un plan, y así poder hablar correctamente con ella, sin correr el riesgo de parecer un loco, o que ella se enojara y se fuera, dejando todo el trabajo que había hecho, en la basura.

En la tarde del jueves, Ryoma había visto a lo lejos, como Tomoka se despedía de sus amigas, que…, respectivamente eran exactamente las mismas que se quedaron inmóviles cuando la cobriza había ido a dar la convocatoria para las animadoras… La vio y se extrañó mucho de que en lugar de irse con ellas, se quedará una media hora en la biblioteca después de la escuela. Ese día no habían tenido entrenamiento, por ello, Ryoma no se preocupó por perder su tiempo esperando a que la castaña se decidiera por irse, y él pudiera poner en marcha su plan.

A los minutos de que el ambarino se recostara bajo un árbol, cerca de la biblioteca, vio como la castaña caminaba despreocupada lejos del edificio. Raudamente se paró de su lugar y dejando unos metros respetuosos de distancia, camino detrás de ella. Tomoka pudo sentir como unos pasos se encaminaban tras de ella, extrañada, y creyéndose loca –puesto que las clases habías terminado hace un tiempo- siguió su camino a la puerta de la escuela. No fue entonces que paso por unos salones, que en el reflejo de las ventanas pudo divisar la figura seria y tranquila del ambarino; la castaña no se tensó, para que el chico siguiera pensando que ella ni en cuenta de su presencia.

Así siguió por unos metros más, hasta que ya faltaban diez pasos para llegar a la calle. Y, como Tomoka se dio cuenta de que Ryoma no dejaría de caminar detrás de ella, se giró de repente, desestabilizando al ambarino, que ahora la veía perplejo.

—¡Deja de seguirme!—Le ordeno, sin importarle sí sus suposiciones eran reales, respecto al espionaje de Ryoma.

Este, se quedó mirándola nada más, trago un poco de saliva y dijo:

—Sólo quería hablar… No te exaltes…—Intento calmar el humor de la castaña, que con el ceño fruncido lo miraba con irritación. Ya quería irse a casa.

—No veo porqué debemos hablar. Adiós.—Finalizo se dio la media vuelta.

Ni un paso dio cuando Ryoma la detuvo.

—Es importante.—Ella se dio la vuelta de nuevo, y lo vio seria.—Tomoka escucha…

—¿Tomoka?—Lo interrumpió.—¿Quién te crees para llamarme por mi nombre, Echizen? —Dijo en tono enojado, en verdad nunca se había esperado una reacción así de la castaña.

—Osakada…—Se corrigió.—Lo siento, había olvidado que aquí no se usaban libremente los nombres personales.

—Me doy cuenta.—Susurro, y vio a otro lado.—¿Qué es lo que quieres?

Tomo aire.—Bueno… yo…—Comenzó a decir, no sabía cómo explicar lo que necesitaba que hablaran, así que sólo lo dijo: Hay una chica…

Y Osakada, al escuchar eso, rodo los ojos, sabiendo perfectamente a quien se refería le evito la vergüenza…, sabía cómo era el ambarino.

—Adivinaré,—Menciono interrumpiendo las fallidas palabras de Ryoma.—¿Cabello café rojizo hasta las caderas, cuerpo de infarto, y mirada arrogante?

Entonces la imagen de aquella chica, se presentó en la mente de Ryoma, lo cual hizo que asintiera afirmando la suposición de la castaña.

Suspiro.—Para que sepas, no entiendo por qué crees que yo sé algo de ella…

—Lo único que quiero saber, es quien es ella. Y sé que tú sabes quién es, ya que el día en que fue al salón por aquello de las animadoras, pude notar que la mitad del salón la miraba con deseo y la otra con envidia… Pero tu mirada era diferente, como si te decepcionaras…

Explico y guardo silencio unos segundos, era la primera vez en que hablaba tanto de un tema en el que iba implícito una chica, se sintió extraño por aquella acción.

—¿Decepción? ¿Y quién no lo sentiría por ella?—Dijo como si fuera lo más común del mundo.

Ryoma la vio con seriedad, se estaba cansando de aquella situación, aunque de cierta forma le desesperaba más la sensación de querer saber más de la cobriza, a la de irritación, que Tomoka le daba.

—Me dirás algo de una vez, ¿sí, o no? —Hablo el ambarino con frialdad, se estaba cansando. Sí ella no quería decirle nada, investigaría por otro lado, ya no le importaba la información que la castaña le pudiera dar, si se la daba bien, y si no, también.

—No sé mucho de ella, desde hace años… Lo único que sé es casi todo lo que generalmente la población estudiantil sabe de ella.

—No me importa eso, sólo dime lo que sea que sepas…

Tomoka reprimió el impulso de preguntarle el porqué de su deseo por saber más sobre aquella muchacha.

—Su nombre es: Sakuno, pero todo mundo le dice Barbie. Tiene diecisiete años, desde hace un par de estos, se ha vuelto la envidia de más de la mitad de la población femenina en el instituto, y la más popular sin mencionar deseada de Seigaku. Su actitud arrogante y altanera la hace repelente de las chicas torpes y tímidas, dejándola libre de ese tipo de seguidoras…

—¿Seguidoras?—Pensó en voz alta.

—Sí, así como lo oyes… "Seguidoras". Sucede que tanto es su revuelo, que desde noveno grado un grupo de chicas se le acercó para intentar "convivir" con ella. Obviamente, sólo lo hicieron por creer que así podrían ser como ella. Sakuno, al enterarse de sus verdaderas intenciones, las desenmascaro, y frente a todos, en un evento cultural de Seigaku, las dejo un momento en ridículo. Todo mundo quedo pasmado, y fue entonces cuando ella dio la noticia de que, desde ese día, aceptaría a un número limitado de chicas, que quisieran ser como ella. Les enseñaría desde como caminar, hasta como mirar su celular para ignorar un mensaje… —Ryoma estaba perplejo, ¿tanto era su poder?

—Y aún no termino…—Dijo con un tono más amigable, si así se le puede llamar, puesto que, ya no le hablaba de una manera enojada y grosera. Tomoka apretó los libros que había sacado de la biblioteca y junto a Ryoma, camino por la calle, para seguir hablando.— Desde ese día, muchas chicas intentaron entrar a su selectivo, cosa absurda para mí, ya que muchas lo intentaban no sólo para ser como ella, sino, porque creían que si estaban con ella, su escuela sería más apacible… ¡Bah! Como si ella provocara bullying…

—¿No lo hace?

—Por supuesto que no.—Puso sus ojos en el cielo que comenzaba a hacerse naranja.—Es mala, altanera, egocéntrica, grosera, una perra total, pero no por eso usa su postura para dejar mal a las demás chicas marginadas. Al contrario, bien puedo afirmar que no sabe de la existencia de esa sección femenina, en la cual, yo me encuentro; y a mucha honra lo digo: Prefiero ser tres ceros a la izquierda a ser tres ceros luego del punto de esa mujer. En fin… te hablaba de sus tontas seguidoras. Sólo un octavo del número real de chicas que la envidian y desean ser como ella, están en ese grupo. Unas pobres niñas de séptimo, octavo grado la siguen a pesar de los abusos que las chicas de la segunda categoría les dan… Ah, porque van por categoría, nosotros los de fuera, les hemos puesto nombres: Primero están las Kelly. Y que no te engañe su nombre de muñequita pequeña… No todas las Kelly son de séptimo, u octavo grado, también hay casos especiales en onceavo y doceavo grado, desdicha para la chica de nuestro salón, Mei… Ellas son sólo las que hacen mandados, e intentan copiar ciertas posturas…., bueno, luego están las Stacy Malibu, al igual que todo mundo sabe, son copias (parodia) de la muñeca más famosa en el mundo, por lo mismo su nombre te dice lo que son: Copias de la líder. —Suspiro— Te imaginaras que son el segundo peldaño, de una pirámide de tres niveles, en la que nadie puede subir al pico… Pues; ahí se encuentra: Barbie. La chica de la que te he estado hablando. —Tomoka había perdido la noción del tiempo, al igual que Ryoma, no se habían dado cuenta de que estaban cruzando una calle de doble sentido, sino es que el ambarino la detiene por el semáforo peatonal que se encontraba en rojo. Sin dejar de hablar, musitando un "gracias", continuó con su relato. —También, como una nota rápida, ya para que tengas cuidado con esas chicas: Su uniforme es de un tono más suave que el del resto de la clase, desde su falda, obviamente más corta, al listón de la blusa, con eso logramos saber cuándo su número aumenta, y las diferenciamos.

Ryoma la miró por un segundo, notaba que Tomoka sabía más de lo que aparentaba… Lo ponía incomodo tanta información, el pensar que una simple chica pudiera hacer tanto, lo abrumaba de cierta manera, hasta el grado de querer pensar que todo eso era una mentira, un rumor. Pero no, ahora que lo pensaba, había visto ciertas actitudes en ella, en el último día de clase en el que ella, sí estuvo presente.
En verdad habían cambiado muchas cosas. Se le llenaba el cuerpo de una curiosidad que antes era desconocida por él, y eso lo sacaba de sí, al creer que no sólo Seigaku y su buena vida interna había cambiado, sino también él. Ya que pensándolo bien, él antes, nunca habría querido hablar con una chica como Tomoka, por la simple excusa de saber más sobre otra muchacha, eso era irracional en él.

Suspiro para sus adentros, temiendo que tal vez, la herencia genética de su padre pudiera estarse presentando en esos momentos en su forma de actuar.

Los pensamientos de Tomoka, en cambio, eran sólo sensaciones. Le gustaba el hecho de hablar con alguien, aun cuando no estuviera descargando sus verdaderos sentimientos de decepción y tristeza por Sakuno, hablar sobre lo que sabía de ella, calmaba un poco su sentir.

—¡Porrista, Inteligente, Hermosa, Bailarina y Tenista, amada por unos, envidiada por otros!—Dijo en tono de comercial, mientras cruzaban la calle. Algunas personas se les quedaron viendo.—Son cosas que la identifican ante los ojos de la autoridad…. Bueno, de la autoridad que no ha sufrido su mal genio, y su fascinante poder de hablar.—Río cortamente.—En octavo grado, dejo el tenis y se fue a estudiar gimnasia artística, luego de poco más de un año, paso a estudiar baile, época por la cual se pensaba abrir el club de porra, al cual entro sin pensarlo. ¿Ya te dije que fue presidenta estudiantil en décimo grado? —El ambarino negó (pensativo) con la cabeza, era mucho lo que Tomoka le decía.—Bueno, pues lo fue, y… asombrosamente, lo hizo muy bien. Hizo fiestas, y actividades para obtener dinero y así mejorar la escuela. En esos aspectos, es una chica ejemplar, gracias a sus buenas notas, y sus continuas buenas obras para la escuela, y porque en su periodo de poder la escuela subió mucho de nivel, no la han expulsado por su mal comportamiento. Este año volvió a jugar tenis, la entrenadora Sumire se empeña en tenerla en el equipo varonil, porque seguramente cree que así la controlará, pero bueno, nadie cree que lo logre…—Eso último lo dijo cabizbaja.

Luego de unos segundos de silencio, ambos se detuvieron en medio de una calle, por la cual no transitaba ningún auto. Fue entonces cuando un suspiro agotado salió de los labios de Osakada, había hablado demasiado, ahora se sentía avergonzada por haber dicho que todo lo que le diría era generalizado, cuando en realidad le había recitado toda la Wikipedia de Sakuno.

—Creo que aquí nos separamos…—Alcanzo a decir por fin el ambarino.—Gracias, Osakada… por aclarar mis dudas, lo que me has dicho ha sido más de lo que imaginé…

—Oh, esto… De nada.—Se avergonzó más y sin decir adiós, siguió su camino lejos de Ryoma.

En lo que restaba del camino de Tomoka, se cuestionó, por qué Ryoma no recordaba la existencia de la cobriza, es más, sabía que ni siquiera se acordaba de ella. ¿Sera que en serio no sabía nada de Sakuno, y sólo se le había acercado a ella porque pensaba que ella sabría algo de la cobriza? Suspiro, eso no la sorprendía, en lo absoluto, tan sólo esperaba que con lo que le había dicho, él pudiera imaginar cómo acercarse a Sakuno, y no sé, tal vez, que él pudiera hacer que su examiga regresara a ser la de antes…


¡Hola! Je...

Bueno, este es el segundo capitulo, en serio espero que les haya gustado.

Respecto a los Reviews que recibí: ¡Gracias por leer y darme una oportunidad! Lo valoro muchisimo

me hace, como ahora, actualizar un poco más seguido y así... (se siente bonito) En fin, a lo que voy:
Se que tal vez no muchas dudas se dispersaron con este cap, o que fue muy apresurado
ya poner una respuesta, pero es que esto es sólo un lado de ella
sí se dieron cuenta: Horio y Tomoka, ya han dado sus puntos de vista de como es Sakuno
pero, ninguno de los dos ha dicho porqué se hizo así, ni porqué (Horio) Ryoma no se debe acercar a ella
¿por qué hablan de Sakuno con tanta indiferencia?

También creo que se les puede hacer muy drastico eso de que a Ryoma se olvidara de algunas personas (Tomoka y Sakuno, Horio casi por completo)
en cuatro años... Y es que son: ¡Cuatro años! Y ellos (para él) no fueron muy importantes,
así que pienso: Hace cuatro años quienes estaban en mi clase? Y casi no recuerdo a ningun compañero
es entendible que los haya olvidado. En fin eso no era Spoiler y tampoco lo iba a presentar en la historia por eso pude ponerlo aqui.

En fin, ya dejandolos libres, las preguntas siguen...

Espero sus reviews al respecto y les prometo un poco de Ryusaku el proximo cap! ;) Bye!