Nota inicial:Aquí el tercer capítulo, espero les guste mucho...


Tres
"Primer contacto"

Al día siguiente, Ryoma despertó con pesadez. Los nuevos horarios del instituto lo irritaban de cierta manera, ya que en América, las clases iniciaban a las ocho de la mañana, y ahora en Seigaku, desde hacía unos años se habían cambiado las horas, y ahora entraban a las siete diez de la mañana.

Con poca energía arrastro los pies hasta el baño, donde se dio una ducha rápida, para luego ponerse su uniforme. Sin siquiera parase a saludar a su madre, que estaba tomando un café en la cocina, camino fuera de la casa. Aburrido, divago todo el rato de camino al instituto. Llegando diez minutos antes del segundo timbre, puntual a entrar al salón. Aun cuando había llegado antes que el profesor, no le gustaba llegar para la segunda llamada a clases, así que decidió que el próximo lunes, usaría el autobús, que pasaba cerca de su casa.

Ya en su lugar, sacó los libros de matemáticas, ya que ni siquiera había cargado su libro del Psicoanalista por la prisa de llegar al instituto. Cuando pensó que la mañana sería aburrida, escucho como todos se quedaban en un silencio seco, tan sólo de repente. Al girar a ver por la puerta, vio como entraba Sakuno, con su falda esperadamente corta, y su cabello recogido en una media coleta. Ryoma, antes no comprendería el por qué sus compañeros actuaban de esa forma frente a ella, pero luego de su extraña charla con Osakada, podía ver tales actos sin extrañeza, sólo con fastidio y un dejo de imposibilidad.

Sakuno se sentó sin mirar ni decir nada a nadie, a un banco frente al ambarino. A su lado, se sentó Mei, con una sonrisa, que la cobriza no contesto, sólo le indico que no le hablara, y para variar esta obedeció. Ninguna se dirigió la mirada, o la palabra en el resto de las primeras tres clases.

Cuando llego el momento culminante de la clase de Historia Universal, Sakuno vio ligeramente hacía atrás, captando la mirada del ambarino, que sin darse cuenta llevaba unos minutos de haber alejado la mirada de la pizarra, para ver la espalda de dicha chica arrogante, que ahora de ver cuán guapo era el ambarino, se sintió alagada de recibir una mirada tan seria de él. Pero desde luego, para ella no significaba nada que Ryoma la mirará, al contrarío era un nuevo recuerdo para ser reproducido continuamente en su mente, para cuando quisiera algo de ánimo. Eso hacía cada mañana antes de irse al instituto, se repetía frente al espejo cada virtud que ella tenía, se decía como debía actuar, y recordaba las miradas que tantas chicas y chicos le daban, y, una vez que todo eso le sacaba una sonrisa, se alejaba de su reflejo, para ahora asistir al instituto. Por ello, no actuó diferente por haber descubierto una mirada más sobre ella.

Luego de escuchar algunas contestaciones sarcásticas e inteligentes de la cobriza hacia los profesores que intentaban corregirla, el día de Ryoma termino en el salón de clases, cerca de las tres de la tarde. Era viernes, y tenía entrenamiento en el club, así que se dirigió con Horio como compañía a las canchas. Pensaba que tan sólo ahí podría escapar de la continua presencia de Sakuno. Hasta que recordó que ella también estaba en ese club y que todavía tendría que soportarla ahí.

De algún modo comenzaba a quererla lejos, pero de otro, sentía deseos por conocerla, no creía del todo que ella fuera de esa forma siempre, todo el tiempo, y quería aclararse con ella directamente. Cosa que lo hizo sentir más extraño que nunca, él nunca se interesaba por ninguna chica de esa forma.

Así que, hizo un saque perfecto, para entrenar en un partido amistoso con otro de sus compañeros en el club, intentando desconectarse de lo que ahora pasaba por su mente. Logró hacerlo, no pensó en eso en las tres horas de entrenamiento.

En cuanto todo término, vio que aún era temprano para ir a casa, la verdad no sentía deseos de encontrarse ahora con sus padres, no tenía ganas de llegar a su cuarto y hacer la tarea, para otro viernes aburrido. Por lo cual, dejo que Momo fuera con Sumire para apoyarla en unas planeaciones de los siguientes torneos, y se encamino con su mochila, y aun con ropa deportiva puesta, a la cancha para partidos externos. Esa era la única cancha que nunca se usaba con frecuencia, estaba muy alejada, quedaba después de las cancha del club varonil y femenil. Tenía gradas, en las cuales, Ryoma se sentó para luego acostarse en la parte más alta, y así, viendo al cielo, intentó dormir.

A los diez minutos de estar ahí, el sonido despreocupado de la puerta a la cancha abriéndose y cerrándose, interrumpió la pequeña siesta del ambarino, el cual no quiso voltear, tan sólo se acomodó mejor la cabeza sobre sus manos, pensando que sería Momoshiro, que había terminado de hablar con Sumire, y ya había ido con él. Pero estaba equivocado… Luego de que pasaran dos minutos en silencio, se extrañó mucho. Pero de nuevo a cuentas, no le tomo importancia, ni siquiera se interesó por los botes de pelota que demostraban la presencia real de una persona.

Después de cinco botes más, pudo escuchar el golpe seco y hondo de la pelota contra la raqueta… Un saque perfecto. Él sabía cómo identificarlo con sólo escucharlo. Mas no se dignó a voltear, seguía sumido en sus intentos por dormir, pensando que tal vez el sonido de alguien jugando tenis, lo podría relajar más.

Fue entonces cuando recordó que nadie en el club tenía un saque con un sonido tan perfecto como ese, salvo él… Aparentando no tener interés para sí mismo, giro levemente la cabeza, esperando ver al capitán Cato, pero no era así, para su sorpresa, era la persona que menos quería ver: Ryuzaki. Pensó. ¿Qué hace aquí? ¿No le basto con el entrenamiento de hoy?

Sin embargo, no se dejó ver… Sí ella aun no lo notaba, no necesitaba que lo hiciera, así que reprimió el deseo de preguntarle, y continúo con sus asuntos. O bueno, eso en un principio, ya que luego de que ella terminara de juntar sus pelotas, se puso de nuevo en posición se saque, esta vez, Ryoma echó un vistazo, le daba curiosidad el tipo de juego que la Barbie tenía.

Lo siguiente fue algo inexplicable para el ambarino…

Lanzó la pelota a tal altura, que parecía que se había perdido en el Sol, pero sorprendentemente Sakuno sabía perfectamente donde caería, puesto que se puso en una posición diferente, haciendo un giro de desplazamiento, un mentado plie y al momento de hacer el salto de baile, golpeo la pelota con tal fuerza y destreza que había logrado hacer una pequeña curva. No muy grande ni pronunciada, pero con el simple hecho de haber hecho, todo eso, el oponente seguro ya habría estado demasiado distraído como para ver venir ese golpe.

El ambarino abrió los ojos de repente. ¿En serio había pasado lo que sus ojos habían visto? Sin pensarlo, se sentó en la grada, y expectante espero el siguiente movimiento de la cobriza.

Con un ligero movimiento de mano, quito le mechón chocolate que caía en su mejilla; y regresó a su punto de saque. De nuevo, reboto la pelota y lanzándola por los cielos, giro sobre su propio eje, golpeando la pelota cuando esta, ya estaba lo suficientemente baja como para que no pasara de la red que dividía la cancha… Pero, extrañamente no sucedió ese saque fallido que Ryoma ya visualizaba en su mente, sino, que ocurrió todo lo contrario, con un movimiento de muñeca, logró que la pelota se elevara por lo menos hasta su pecho y así, pudo retomar su juego con una perfecta coordinación.

Sonrió levemente y suspiro con los labios entre abiertos.

No entrenaba constantemente, pero cuando lo hacía daba más de lo que cualquier jugador de Seigaku daría. Sakuno, aún le gustaba el tenis, muy a pesar de los recuerdos reprimidos que este deporte le traía y de que ella simulara sólo practicarlo por capricho y obligación de y por su abuela, ella había aprendido a amar al tenis.

Ese estilo que ella tenía era tan único, que casi nunca lo usaba en público, no quería que su abuela viera que era buena, (más de lo que ya creía) y quisiera meterla a algún torneo femenil. Había ido a gimnasia rítmica, no sólo por querer descansar del tenis, sino por ser mejor con la pelota cuando regresará a ese deporte (…) y sí que le había servido aquel año fuera del tenis. Ahora, había juntado el tenis con la gimnasia rítmica y el baile, que había adquirido con los años, creando un estilo que pareciera ser demasiado complicado, y único.

Su siguiente sueño imposible, era unir a esa mescolanza: la acrobacia de las porristas. Pero, claro, no por nada usa la palabra: Imposible, para aquel pensamiento; ella descarto ese ramo, por completo de la realidad en su juego, por el simple hecho de que la acrobacia que ella hacía era demasiado complicada, que ni con toda la velocidad y habilidad que había adquirido, lograría lanzar la pelota lo suficientemente alto como para que su mortal no la destanteara de donde había quedado la pelota, o peor, que la pelota callera al suelo antes que ella.

Luego de un par de golpes normales, sin mucho truco, dejo la raqueta a un lado para ir por algo de agua. El cielo ya se estaba tornando naranja, debía irse.

Entonces Ryoma se puso de pie para marcharse, era suficiente por hoy el haber visto todo aquello, y quería ir a comer, tal vez ahora buscaría a Momo, para que lo acompañara si es que aún estaba en el instituto. Pero entonces, una voz femenina irrumpió en sus planes de irse sin llamar ningún tipo de atención.

—¿No sabes que es de muy mala educación el espiar a las personas?—Hablo Sakuno, dejando su botella en el suelo.

Ambos estaban dándose la espalda.

—Betsuni… Nunca espió a las personas.—Afirmo el ambarino sin voltearla a ver. Su tono era despreocupado, pero serio al mismo tiempo.

—Mmm…. Eso no me sonó como una verdad. —Dejo que un indicio de risa, saliera de sus labios, y se giró para ver al chico de aura fría.

—Cree lo que quieras…—Finalizo. Y camino de nuevo a la puerta.

—¿Te iras así, nada más?, Aburrido —Ryoma se detuvo. Ella sonrió victoriosa.

—¿Qué es lo que quieres?—Dijo Ryoma con fastidio.

—Saber por qué primero me espías y luego niegas tus acciones.

—En primera, yo no te espiaba, llegaste cuando yo ya estaba aquí, y no iba a irme…

—Sin verme jugar antes;—Interrumpió.—Claro…—Ryoma sólo desvió la mirada, no quería decirle más. Estaba claro que ella podría usar todo lo que dijera en su contra.—¿Di en el clavo? Parece que sí…

Camino hasta donde había dejado su raqueta y comenzó a guardarla en su bolso, junto con la toalla pequeña que minutos antes había usado. El ambarino no dejo de ver a la cobriza en ningún segundo en que ejecuto esas acciones. Sin darse cuenta, había sido descubierto, en su acto involuntario provocado por sus ojos. Sintió ganas de sonrojarse, se sentía avergonzado por verla de esa forma, tan fija y que al mismo tiempo, ella lo pillara con una mirada engreída, pero seductora a la vez.

—Y ahora me miras.—Dijo en tono irónico.—¿Vas a negarlo acaso?—Era la tercera vez que él la veía tan fijamente, y la segunda en que él se daba cuenta de que ella lo atrapaba haciéndolo. Al no recibir respuesta de parte del ambarino que seguía en su pose fría, cerró los ojos con una curva en los labios.—Bueno, ya que no lo aceptarás ni negarás, cambiare de tema…—Pensó unos segundos.—¿Qué haces para divertirte los viernes por la tarde, aparte de dormir y jugar tenis? "Aburrido".—Pregunto.

Ryoma ahora se dio cuenta de que ella lo llamaba Aburrido. Pero, ignorando ese hecho, dijo: Nada importante… En realidad él buscaba decirle algo grosero como: Nada que te importe, y así darle la vuelta e irse, pero la verdad era que él no quería irse aún, no sólo por el hecho de que todavía no quisiera llegar a su casa, sino también por la oportunidad que ahora se le presentaba de conocer a la leyenda viviente del instituto Seishun.

Pero, antes de que la cobriza pudiera responder algo, el sonido de la puerta se volvió a escuchar, ambos voltearon a ver hacia esa dirección, y se encontraron con la figura de un chico: cabello café casi negro, despeinado y corto, con una mirada galante sobre sus ojos grises, y una mueca parecida a una sonrisa engreída enmarcando su piel un poco tostada. Su cuerpo era fornido, al promedio de un atleta que usaba casi todo su cuerpo en el juego, brazos, abdomen, pero en especial las piernas: era el capitán del equipo de futbol americano de Seigaku, otro taller que había sido abierto apenas tres años. (…) Se acercó sin vacilar a la chica de ojos fuego caminando despreocupado, vestía unos vaqueros un poco ajustados con una camiseta un poco mojada, pues acababa de tomar su ducha de luego del entrenamiento. La cobriza sonrió coqueta, su postura había cambiado totalmente, ya no estaba relajada, o a la defensiva, con mueca burlona, como era que se comportaba hacían unos segundos con el ambarino, —el cual con sigilo intentaba hacerse a un lado, presentía que la situación se tornaría incómoda para él—.

—Sakuno…—Dijo alargando su nombre.

—Takashi…— Respondió la cobriza con el mismo tono seductor, que había usado el castaño.

Sakuno se relamió los labios —dándoles un color cereza brillante—, y Takashi levantó una ceja. Eso fue suficiente para que la guerra de coqueteo empezara.

Ver como Sakuno pestañeaba, inflaba los pómulos, levantaba y soltaba lentamente su coleta de caballo, dejaba que sus labios se curvaran, pusiera sus brazos cruzados bajo sus pechos, y cambiara de peso sobre sus pies, era extraño para Ryoma, en verdad, ¿era posible que ella supiera tantas tácticas de coqueteo, y que las estuviera poniendo todas en práctica, en menos de tres minutos de charla?

—Ya Sakuno… ¿por qué no dejas que tu equipo de porristas anime a nuestro equipo de futbol?—Dijo sobándole el brazo a la cobriza, a lo cual, esta se alejó ligeramente para responder.

—Porque no somos animadoras, somos PO – RRIS – TAS, —recalco sin perder la postura seductora que se seguía guardando.—Así que deja de insistir porque no me veras a mí,—señalo sus labios.—Gritándote ánimos…

Bufó.—Bueno, bueno, ya no te insistiré más con eso… Entonces dime, ¿iras a la fiesta de Sasuke?

—Mmm…. ¿me estas invitando o qué?

—Bueno pues…—Titubeo un momento, a lo que Sakuno interrumpió.

—Invítame.—Dijo de golpe, Takashi la miró confuso, al igual que Ryoma, quien ahora estaba recargado en una de las paredes, a unos cuantos metros de aquel par de personas.

El castaño se reincorporo y soltó una risa pequeña.—Sakuno…—Empezó, pero de nuevo la cobriza lo detuvo.

—No, no… Dime: Hermosa talentosa e inteligente, Sakuno Ryuzaki, ¿quisieras ir a la fiesta de Sasuke conmigo? —Dijo clara y lentamente. Takashi miro al suelo con una sonrisa, se sentía tonto, pero estaba con la chica más deseada del instituto, debía hacer lo que ella pedía.

—Hermosa…—Cito.—Talentosa e inteligente, Sakuno Ryuzaki, ¿me harías el honor de ir a la fiesta de Sasuke, conmigo?

Ella se quedó un momento en silencio, y Ryoma rodo los ojos. Entonces detrás de él, llegó Momoshiro.

—Eh, Ryoma…—Él volteo.—¿Qué haces?

—Mmm… No, mejor yo llego ahí. — Takashi resoplo. — Pero gracias por la invitación.—Sonrió como si nada.

Río.—Entonces me hiciste decir todo eso, ¿por nada?

—Oh, no fue por nada… Ahora sí tengo ganas de ir a esa fiesta.

—Bueno pues… allá nos vemos, hermosa. —Y guiñándole el ojo, salió por la puerta.

El cielo ya estaba poniéndose en sus últimos tonos azules.

Para esos momentos en que el castaño abandonó el lugar, Ryoma ya le había contado en pocas palabras lo que sucedía.

—Y bien, aburrido…. ¿Iras a la fiesta de Sasuke?

Ryoma se quedó en silencio, ¿una fiesta?

—¡Oh, vamos! Es sólo una fiesta… las de Sasuke son las mejores, y mira que te lo he dicho ya dos veces, ¿vas a ir a la fiesta?

—Eh, bueno… —Dijo Momo, intentando ayudar a su amigo para no ir, pero entonces sucedió algo muy extraño para todos…

—Sí, sí iremos…—Dijo el ambarino al fin, en tono decidido. Momo se quedó paralizado, Ryoma Echizen, ¿en una fiesta?

—¡Genial!—Sonrío ampliamente.—Entonces los veré ahí…—Se dio la vuelta con su maleta en el hombro, camino un par de metros y entonces se dio vuelta.—Por cierto, si no saben cómo llegar…—Momo dejo de ver a Ryoma para ver a la cobriza con atención.—Sólo sigan la música… ¡Los veré luego chicos!

Se despidió con un movimiento de caderas, y una seña de manos en son de despedida. Momoshiro volteo a ver a su amigo, que era separado de él por la reja.

—Ryoma…—Lo llamó.—¿Iras a una fiesta?

—Corrección, Momoshiro…—Lo miró decidido.—Iremos, a una fiesta.—Sentencio.


¡Hola!

Bueno, se que prometí Ryusaku, pero je, es muy rápido aun para eso... Es un poco, sí, bueno, por lo menos
ya tuvieron su primer acercamiento, ¡Genial!, ¿no?

¡Ah! Ahora Ryoma ira a su primer fiesta de adolescentes locos, ¿qué pasara? ¿que cosas hará?

Bueno, pues lo sabran pronto, si me dejan sus preciosos Reviews :3 okay no, eso es muy de chantaje o algo parecido xD En fin,
amo sus reviews... :D

¡Hasta pronto!