Nota inicial:Bueno, habia olvidado mencionar que The prince of tennis no me pertenece e_e jejejeje... Espero les guste el nuevo y último capitulo del año.


Cuatro
"Bipolar"

Cuando le ambarino abandono el instituto, su postura había cambiado, estaba teniendo tal vez, el peor de sus situaciones, había tomado la decisión errónea de sucumbir ante la preciosa Sakuno, y termino yendo a uno de los lugares que él más detesta: Fiestas de adolescentes sin padres.

Pensaba, que sí de por si eran malas y estúpidas las fiestas con padres y formales, las libres y alocadas fiestas nocturnas de adolescentes perdidos, serían peor.

Pero ese pensamiento ya no fue lo suficientemente firme como para que Ryoma desistiera de su decisión de ir, ni siquiera Momo logró persuadirlo de que era una mala idea. Fueron a comer, y ni llenándolo de comida rápida logró sacarle esa idea determinada de la cabeza. Fueron ambos a sus casas, se cambiaron de ropa, y caminaron (En especial Ryoma), sin decir ni siquiera a donde irían, sólo salieron y buscaron "la música".

Al llegar a la fiesta, todo era música y gritos de bulla. En la entrada, algunas personas platicaban, y otras sólo caminaban. Cuando Ryoma entro a la par de Momoshiro, se aturdió casi al instante de pasar por la puerta: demasiada gente, demasiado ruido. Esquivando personas, lograron llegar a lo que parecía la cocina, donde la mesa y barra, estaban repletas de botellas y vasos llenos.

Ryoma se sentía cada vez más fuera de lugar, caso contrario a Momoshiro, que estaba completamente normal, era obvio que no era la primer fiesta a la que iba, —como le pasaba al pobre ambarino— sin pensarlo, tomo dos vasos rojos, y muy a pesar de no conocer su contenido, bebió sin preocupación, ofreciéndole el segundo vaso a Ryoma, quien no supo cómo rechazarlo. Cuando se decidió por tomarlo, otra mano ya se lo había quitado a Momo, y le había dado un trago hondo, echando la cabeza hacía atrás con relajación, sintiendo el líquido ardiente bajar por su garganta.

—Venga aburrido…. ¡diviértete! —Le dijo Sakuno sonriendo de oreja a oreja, entregándole el vaso, esperando a que él se tomara lo que ella había dejado.

Tragando gordo, el ambarino miro el líquido amarillento que reposaba dentro del vaso, y mordiéndose el costado de la lengua se tomó todo lo restante del tequila con vodka. Luchó con todas sus fuerzas por no hacer ninguna mueca, endureciendo el cuello.

—¡Wow! Eres el primer, tomador principiante que no vomita, muere o hace gestos al tomar esa cosa…—Dijo emocionada, picándole una costilla. —Qué bien que hayan decidido venir, estas fiestas son geniales…

Momo sonrió, y Sakuno miro de reojos como muchas personas caminaban por el lumbral de una puerta que iba a la parte trasera, una sonrisa maliciosa apareció en sus labios.

Sin previo aviso, tomó a Ryoma de la muñeca —dejándolo sentir su cálido tacto— entre risas fiesteras, olvidándose de Momo, Ryoma tan sólo logró articularle un: Luego nos vemos. Y se dejó guiar por la cobriza. Llegaron al patio trasero, el cual estaba lleno de gente, música, baile, y al lado una piscina repleta de chicos y chacas en ropa interior o traje de baño. Todo parecía sacado de una película de adolescentes americanos, decididos a perder todo lo que se llamaba, conciencia por una noche de juventud.

Cuando llegaron al centro de todas las personas bailando, Sakuno soltó a Ryoma para así moverse al ritmo de la música, nada despampanante…

—Vamos, aburrido… ¡Baila!

Él la miró sin saber qué hacer, sin duda se estaba perdiendo de mucho por tantos años centrado en nada más que el tenis. Pero bueno, él odiaba eso ambientes, los repelaba totalmente, porque el hecho no es que nunca antes lo hubieran invitado a una, sino, que nunca había aceptado, y lo más extraño era que por una razón totalmente desconocida él no quería irse tan pronto de ahí.

Luego de dos minutos de desorientación, y de que Sakuno lo jaloneara del brazo para fingir un movimiento de baile, la música cambio de una canción de letra pop, a una tecno de un solo beat. De pronto, todas las personas comenzaron a hacer un círculo alrededor del ambarino y de la cobriza, bien pareciera que todos sabían que hacer, o algo parecido, pues todos estaban en la misma posición: Con las manos alzadas hacia delante, caminando gachos, estrechándolos con cada paso, —sin perder el ritmo—.

Sakuno, entre risas, jaló del brazo a Ryoma para que este, se agachara junto a ella. Ambos de cuclillas, entre las personas.

—¿Qué está pasando?—Preguntó al ver que no había escapatoria de esa muralla de gente que se había formado a su alrededor.

Sakuno dejó de mirar a otro lado, e ignorando la pregunta del ambarino dijo:

—¡En unos segundos, un chico vendrá!—Hizo una pausa para tomar más aire.—¡Tú sólo diviértete!—Gritó por lo alto de la música.

—Sí, pero… No entiendo.—Dijo en un tono un poco más bajo que el de la cobriza, por lo cual, esta sólo hizo una mueca de aprobación y movió la cabeza un poco.

Luego de unos cinco segundos, un muchacho de cabello azul, llego agotado a encontrarse con ellos.

—¡Shu!— Chilló la cobriza al ver a aquel chico.—Hace dos fines que no te veo…—Le dio un beso en la mejilla.

—Bueno, no es que Sasuke haga fiestas cada viernes; luego se pierde la magia.—Ambos rieron.

De nuevo Ryoma se sintió fuera de lugar.

Entonces una chica se asomó al suelo y dijo: ¡Oigan!... No es por nada, pero la canción ya está a punto de llegar al clímax.

—¡Oh, sí! Claro…—Respondió Sakuno, como si le hubieran dicho algo que había estado luchando por recordar.

Y, volviendo a tomar a Ryoma del brazo, Sakuno lo llevo por abajo, aún acuclillados, por entre las piernas de la gente, siendo guiados por Shu.

Con el humo artificial cubriéndoles los ojos, Ryoma no supo en que momento dejo de estar agachados ene l pasto, para ahora estar sobre madera lisa. Los bits de la música iban subiendo, y no supo que hacer hasta que sintió de nuevo la mano tibia de Sakuno sosteniéndole la muñeca.

—Cuando cuente tres, te pones de pie y bailas…—Dijo, muy cerca del rostro de Ryoma, como si nada.

Las palabras no fueron totalmente procesadas por el ambarino, y cuando menos pudo, la cobriza ya había gritado: ¡Tres!

Y fue entonces cuando la música exploto, la gente se volvió loca, de sólo ver a Sakuno ahí arriba, la cual bailaba de una manera excepcional: combinando su baile con movimientos sensuales, que eran opacados por su estilo tecno, y de Street dance. Ella, junto con otros tres chicos hacía su show; parecía un mar de gente. Toda una verdadera fiesta, la música intensa, el baile sin límite y los rostros encendidos en brillos alucinantes. Todo era acorde a lo planeado… Todo menos Ryoma, que siguió en Shok, hasta que Sakuno le dio un caderazo, hablándole:

—Baila.—Ryoma la volteo a ver.—Aun cuando lo hagas mal, no se darán cuenta…

Los nervios invadieron por primera vez al ambarino, ¿bailar? No tenía muy buenos recuerdos de ese acto. Nunca había sido bueno bailando, ni siquiera cosas sencillas, sabía que necesitaría tomar clases para aprender a no dar vergüenzas, así que mejor, para evitarse humillaciones y tiempo perdido en tonterías como el baile, decidió nunca hacerlo, así, tal cual: Ryoma Echizen, no bailaría en ningún evento, fiesta, ni siquiera solo en su cuarto, con nadie mirando a cien kilómetros a la redonda. No, él no haría tal cosa, ni ahora, ni nunca.

Sakuno, al ver que no tuvo éxito, pidió ánimos al público, creyendo, o dando a entender que si el público lo aclamaba él querría bailar. Cosa nula, claro.

La música seguía y seguía, parecían eternos los segundos. Al cumplir el minuto, (tradicionalmente marcado) el humo artificial volvió a llenar sus pies, y Sakuno llevo a Ryoma a la parte trasera de la tarima.

—Cuando yo te diga, saltas hacia la gente… Y caes sobre ellos.—Dijo con una sonrisa, de nuevo muy cerca de su rostro, esto a Ryoma no lo inmuto.

—¿Qué? ¿Estás loca?

Río una corta carcajada.—Un poco… Descuida, te cacharan; es la tradición.— Le grito alejándose de su oído.

Ambos se prepararon para saltar. Debía dejar de tener miedo, quitarse el Shok, y saltar, como ella le había dicho segundos antes. Era su primera fiesta, y la iba a (empezar) a disfrutar…

Como en cámara lenta, Ryoma corrió con Sakuno tomando su mano, ambos saltaron y al momento de que sus cuerpos giraron, ella lo soltó, y fue entonces cuando logró sentir ese segundo de adrenalina. Al instante las manos de todos amortiguaron su caída, y lo mantuvieron sobre sus cabezas.

Su rostro se tornó aliviado, y soltó una bulla de felicidad, se sintió extrañamente feliz; viendo a la cobriza siendo cargada a lo lejos, una sensación de libertad, y un deseo de querer vivir eso otra vez, muchas más veces, creció en su pecho, dándose cuenta de lo poco que había vivido en el tiempo que vivió en Estados Unidos.

Cuando por fin lo pusieron de pie en el suelo, él se reía junto a los demás, su risa era ligera, corta, parecía un poco empolvada, y ronca por el poco uso que el ambarino le daba a ese gesto, que para él era irracional. Era extraño como en tan sólo segundos, ya había bebido, "bailado", saltado encima de una multitud de adolescentes briagos, reído y gritado de adrenalina y felicidad… Se sentía abochornado por tantas cosas que había hecho, era nuevo, y era extraño. No deseaba hacerlo de nuevo, por un lado claro, ya que el placer de la libertad era demasiado bueno como para dejarlo a la primera probada; él seguía con sus ideales en pie de que esas eran cosas de niños tontos, no le importaba si con ese pensamiento se llamaba a el mismo tonto, quería mantener su dignidad de principios en alto.

Agradeció por haberlo ayudado a bajar sin sufrir herida alguna, y miro a todos lados en busca de la bella cobriza, pero nada… él estaba del otro lado de donde ella se encontraba.

Sakuno

Cuando me bajaron de la multitud de personas, me acomodé la ropa; llevaba una blusa de tirantes, de escote en corazón negra con lunares grises justa a mi cuerpo, con unos shorts blancos, y unos tenis a juego, obvio no soy tonta como para llevar tacones a una fiesta como sea, no pretendo ser de ese montón de chicas tontas que apenas les duelen las agujas magnéticas, se quitan los tacones y bailan descalzas con los sancos en las manos, sintiéndose las más sensuales y geniales del mundo… ¡Patéticas! Me estilice el chongo que empezaba a aflojar, y mientras suspiraba dejaba ver una próxima sonrisa.

Me encantaba cuando hacíamos eso, ya habían pasado tres fiestas desde la última vez… En fin, todos como siempre me adularon por mi impecable presentación, y yo sólo caminé lejos ignorando sus comentarios. Adoraba que me dijeran cosas como halagos, pero ya era demasiado aburrido escuchar siempre los mismos… Me puse de espaldas a donde estaba la puerta para entrar de vuelta a la casa, y pude ver que el aburrido seguía arriba de la gente, se le veía… Divertido. Fruncí los labios, victoriosa, ya no tenía nada más que hacer con él.

Entonces alguien me dio una nalgada, al instante me enfade: Nadie toca mi cuerpo sin mi consentimiento. Me giré y cuando estaba a punto de gritarle alguna majadería a quien había osado palmear mi trasero, Takashi me beso sonoramente, dejándome la boca llena de saliva. Sonreí coqueta pero enojada al mismo tiempo.

—¿Quién te ha dado permiso de tocarme?—Hice un ademan con la mano, para golpearlo levemente en el pecho y así separarlo un poco de mí.

Él se rió, como siempre, sonriendo como un patán.

—Esto…—Levanto su mano y rápidamente me aprisiono en su brazo, jalándome por la cintura a su cuerpo, yo hice un poco de arco con mi espalda, dándome la oportunidad de respirar mejor.—Y mis ganas de tenerte…—Se acercó a mi oído sigilosamente.—Hoy te ves muy guapa…

Sonreí contra su cuello, y le volví a golpear en el pecho. Entonces me llevo de la cintura por entre las personas a entrar a la casa. Algunas chicas me miraban con odio, y otras con deseos de ser yo. Yo sólo las mire desde arriba, como lo poca cosa que son para mí… —estúpida—.

Comenzamos a subir por las escaleras, a nuestros lados habían chicos y chicas besándose y tocándose como si no hubiera un mañana, y la verdad era que para ellos, no lo habría, en las fiestas todos se desataban, se dejaban ver cómo eran en realidad o como quisieran ser en verdad… Como sea, regresando a mi relato: sentí un poco de asco, pero bueno, los deje ser…

Continuamos subiendo, y Takashi no paraba de saludar a sus amigos/conocidos que iban bajando de la planta a la que nosotros nos dirigíamos.

Estas fiestas me gustan mucho, tan salvajes, tan liberales… Los frikis se vuelven locos, y los reprimidos explotan, nadie te juzga, nadie te regaña, nadie te dice: detente, sólo haces lo que sea, y: Vives la vida loca… Muchas personas usan estas fiestas para encontrarse a sí mismos, para dar su primer trago, o beso… Para mí, mi misión esta noche es dejar de lado mi virginidad. Porque una chica de mi calaña no puede ser virgen, no. No a mí edad, no con mi fama y estatus social… Y, que mejor que perderla con el chico más sensual del instituto, por el cual me derrito (lo admito está como quiere).

Fue entonces cuando todo comenzó…

Takashi me puso contra la pared de golpe, y yo solté un mohín al sentir mi espalda en contacto con el tapiz. Sus manos ansiosas masajeaban mi cintura, y sus labios succionaban mi cuello, levanté la cabeza para darle mejor alcance; alcance que él aprovecho totalmente, pasando su lengua húmeda por mi barbilla. Recorría mi espalda con sus manos, y aunque me avergonzara, yo no sabía que hacer… En todos estos años nunca había estado en una situación parecida. Sí, me había dejado besar, y tomar por la cintura, cosas leves, así… Pero nunca eran con la intención de terminar como lo tenía planeado. Sus manos desesperadas fueron directas a mis pechos, los toco sobre mi blusa. Un escalofrío escaló por mi columna vertebral, y entonces se separó un segundo de mí, y por un poco de luz que paso hasta donde estábamos del pasillo, pude ver sus ojos: Estaban tan rojos, inyectados en sangre, parecían desorbitados, su mirada me hizo sentir extraña, entre abrí los labios para preguntarle qué le pasaba, pero entonces olisqueando todo mi rostro, me susurro palabras sucias, que me hicieron sentir incomoda al instante, nunca nadie me había hablado tan obscenamente, pero, aun así, no podía descifrar con exactitud cuáles eran sus palabras, puesto que toda mi atención la atrapo su aliento… Su asqueroso aliento a alcohol. Era demasiado fuerte. Intente alejar mi cara de su boca, y entonces mi cerebro reacciono; yo conozco todo sobre estas fiestas, sé cuando alguien ha tomado, o se ha inhalados unas cuantas líneas… Mierda: Takashi estaba completamente ebrio y aparentemente drogado. ¿Cómo fue que no me di cuenta de su estado, antes?

No podía permitir que esa situación continuara. Al diablo con perder la virginidad, sentí asco, miedo, no podía simplemente ignorar su estado, relajarme y dejarme llevar como él decía, ¡bah! Debía hacer algo, rápido…

Puse mis manos en su pecho y lo avente logrando solamente que se aplastara más contra mí. Tomó mi pierna derecha, y la subió hasta un poco más arriba de su cadera, (con mi rodilla doblada) manoseando mis muslos, me mordí el labio haciendo una mueca de sufrimiento, volteando mi cara mientras me decía: Me encanta que seas tan flexible… Su tono de voz era lento y áspero, pero desafinado a la vez, ¿Dónde había quedado el Takashi de hace unas horas?

Gruñí, y lo empuje varias veces lejos de mí, mientras le decía que se calmara, que no quería que nada entre los dos pasara…

—Takashi, por favor. Déjame…—Rogué.—No quiero…—Pero parecía que le decía todo lo contrario.

Me tomó el trasero, haciéndome respingar, levantar el pecho y golpearme la cabeza hacia atrás, lo cual (todo junto) hizo que gimiera de dolor. Pero, obviamente, él pensó que era de placer, así que no se detuvo por nada.

Comencé a sentir como las lágrimas se me juntaban en los ojos, deseaba tirarlas, deseaba que ese cosquilleo de aviso se terminara; pero cerré fuerte los parpados, evitando que salieran de mis ojos. Aun así, mi vista se volvió revuelta, me sentía mal, todo se empañaba y sentía la respiración en los oídos. Moví la cabeza, intente ponerme en mejor estado, pero comprendí que el efecto del alcohol estaba haciendo de las suyas.

La música iba y venía, al igual que mi vista y mis fuerzas para separarme de Takashi. Aun no podía creer, que apenas unos minutos antes, estaba tan feliz bailando sobre la tarima, tirada sobre los invitados, haciendo la tradición más inocente y preciosa que teníamos para los iniciados en las fiestas.

De nuevo las manos de Takashi me trajeron de vuelta a la realidad. Con fuerza, había jalado mi tirante, rompiéndolo, dejando visto mi sostén color negro, que deseaba se quedara en su lugar. Respire hondo por la nariz, sintiendo el asco vagar por mi cuerpo, el pánico me estaba dominando, y mi conciencia comenzaba a decaer. No tenía salida alguna… Todo estaba perdido, yo estaba perdida… Takashi, le mejor chico que he conocido me violaría…

Ryoma

Entre a la casa desorientado. Quería buscar a Momo, pero deseaba encontrar a Ryuzaki, por un lado para saber más sobre ella, y por el otro… Por el otro nada. Sólo sabía que había dos lados en el porqué de mi deseo de buscarla.

Pase por la cocina, y la sala y ninguno de los dos estaba ahí. Decidí pensar que tal vez estarían arriba, con quien me encontrara primero estaría bien.

En fin, comencé a subir lentamente, intentando no interrumpir a las parejas que estaban ocupando totalmente el barandal de las escaleras. Me sentí, verdaderamente incomodo, ¿no podían conseguirse una habitación o algo parecido?

Cuando al fin pude llegar al segundo piso, el panorama no fue mejor: Aún habían parejas besándose, gente caminando, entrando y saliendo a los cuartos que estaban a los lados del enorme pasillo. Las luces eran muy tenues, la iluminación estrobotica del patio trasero, era irritante, y la música tecno estaba en un volumen que mis oídos estaban intentando rechazar.

Entre cerrando los ojos, caminé por un lado del pasillo. Intentaba divisar a Momoshiro, ya quería irme de ahí. Unos chicos pasaron por mi lado, tirando un poco de sus bebidas, y dejando un asqueroso humo a cigarro en mi oxígeno. Con la mano derecha, intenté ventilar mi rostro, con una mueca de desagrado. Entonces voltee mi caminar, puesto que ya había llegado al final del pasillo, y me había dado cuenta de que Momo, no se encontraba en ese lugar, cuando… Una chica de cabellos entre rubio y castaño se aproximó a mí sin vacilar. Parecía que iba a caerse de bruces, por tanto, como un acto reflejo la sostuve de la cintura, evitando que callera, llevándome a mí de por medio.

Ella sonrío al ver mi rostro muy de cerca.

—¡Woo! Tú, sí que eres lindo…—Río cortamente, entre dientes.

—Ah…—Intente ponerla de nuevo sobre sus piernas, pero ella persistía en estar sobre mí, tomándome de los hombros más fuertemente y dejando flojas sus piernas.

—¡Oh! No seas tímido…—Sin dejarme protestar se estabilizo, y con su fría lengua, lamio mi mejilla derecha, haciendo que yo girara mi rostro intentando alejar mi cara de su húmedo miembro. Eso era asqueroso.

Y no es que yo sea un delicado, pero hablo en serio cuando digo que era asqueroso, la boca le apestaba a limón, tequila y tabaco.

La solté, y la aleje de mí, intentando no ser brusco. Se notaba que estaba ebria así que no quería que se cayera y desmayara por mi culpa. Pero ella no se dejó; comenzó a levantar mi camisa, mientras se restregaba en mi pecho, yo le quitaba las manos, pero ella divertida las volvía a poner en donde quería, molestándome aún más.

¿Qué clase de chica era?

Llevaba, una falda que apenas le tapaba el trasero, y un top que parecía que se rompería con el más mínimo intento. El exceso de maquillaje, y su aliento a alcohol me incitaron a querer alejarla lo más pronto posible de mí.

—Perdona, no quiero ser grosero, pero no…—La aleje de mí.

—Ay, vamos, prometo no morderte… si no quieres, claro…—Me miro por sobre los cabellos que caían en sus ojos.

Tome sus brazos, y los desenrosque de mi torso, y cuando al fin estuve libre comencé a caminar lejos de ella, esperaba que más personas subieran y así poder mezclarme y salir ileso de eso. Pero no… Ella volvió a intentarlo.

¡Por qué es tan persistente!

—Ja… no, no, no, no…—Se puso frente a mí, y con su dedo índice se paseó por mi pecho.—Nadie me dice que no puede, ¿Qué edad tienes? ¿Doce? ¡Vamos, te gustará! —Me jalo del brazo a una puerta, pero yo me solté y volví a decirle que no, que se marchará, o que desistiera porque no obtendría nada más de mí.

Al ver lo serio de mi voz, tal parece que comprendió que la verdad yo no quería nada, así que se me soltó, y puso sus manos en sus caderas, me miró enojada unos segundos, hasta que un chico llego por un lado mío y susurrándole algo, y haciéndola sonreír, la metió directamente a una habitación. Rodé los ojos y me gire para retomar mi camino a las escaleras, pero cuando lo hice algo llamo mi atención, escuché claramente un alarido de mujer. Más allá de que pensara en que fuera un sonido común de esas fiestas, más bien me había parecido como una seña de dolor o sufrimiento.

Con la mirada busque de dónde provenía. No era que me interesara, pero había algo en aquella voz, en aquel alarido que me había puesto alerta.

Cuando al fin pude divisar de donde venía ese sollozo de dolor, sentí como si mi corazón se hubiera parado. Era una sensación extraña, los ojos se me abrían cuales platos, mis manos a mis costados, tiritaron de impresión; mi sangre se volvió espesa y mi boca se entre abrió en Shok…

Sakuno…—Susurré.

Ryoma se quedó clavado en su sitio, pasmado por lo que sus ojos estaban viendo. La saliva no le pasaba por la boca, el sudor comenzaba a molestarle más que el humo a cigarros que aún entraba a su sistema respiratorio. Trastornado, asqueado y oprimiendo su mano en un puño tan fuerte que sus nudillos se empezaban a poner blancos, camino decidido a terminar con la situación de la cobriza.

Una chica de aspecto sobrio, lo vio con la mirada fija en aquella pareja que estaba al final del pasillo. Al instante supo lo que pretendía el ambarino, y al recordar que él era el iniciado de esa noche, puso su mano en el pecho de Ryoma, deteniendo su andar.

—Detente… no quieres entrometerte en esos ambientes.—Lo miró fijamente, y Ryoma sintió haberla visto antes. Tal vez muchas veces en la escuela…

—Sé lo que hago.

—Y yo sé lo que quieres hacer…—Volvió a pararlo. Y Ryoma con desespero vio como la cobriza era oprimida de nuevo contra la pared, por aquel chico que la manoseaba.

—Déjame ir…

—No, ¿Qué no sabes que hay parejas que les gusta ese tipo de cosas?—Ryoma la vio desconcertado.—Sexo rudo, hombre…—Explicó, como si fuera lo más obvio del mundo, el ambarino se sintió raro ante eso.

—No me importa, la está lastimando, y no permitiré que ella siga con ese muchacho.—Aparto a la chica de su camino y fue directo a su objetivo.

Mientras tanto, Sakuno sufría del peor ataque de histeria en su vida. Sentía como si hubiera perdido el conocimiento por unos segundos, y regresado en sí, ya un par de veces. Sus manos temblaban cuando intentaba arañar el cuerpo de Takashi, que no paraba de tocarla.

Sentía como la esperanza de salir de ahí se le escapaba con cada segundo que pasaba; se recrimino por sus actos tan estúpidos, y sintió ganas de deshacerse en ese preciso instante. No sabía cómo saldría de ahí, no quería que su reputación se cayera por ese hecho, pero tampoco quería terminar destrozada dentro de alguna habitación… ¡Ella nunca había entrado a ninguna de esas habitaciones!

Fue entonces cuando todo el pánico se encadeno a sus huesos, y los ojos se le vinieron de lleno por lo repugnante de la idea: Ya me canse de sólo tocarte así… Respiró contra su oído: Necesito quitarte esto, meterte a alguna tonta habitación y terminar ya… Su frente se arrugo y antes de que pudiera jadear, dejo de sentir el cuerpo de Takashi contra el suyo.

El castaño le había gruñido alguna majadería, y el ambarino le había prohibido tocar a la cobriza. La cual, miró sorprendida la escena. A los pocos segundos se dio cuenta de que gran parte de su bracier estaba al descubierto, puesto que, Takashi le había roto, anteriormente, su blusa. Con rapidez, y cierta vergüenza combinada con algo cercano a la tristeza, se tapó con los brazos el pecho.

Pero Takashi la agarró del brazo, y la jalo para que esta dejara al descubierto sus pechos, el castaño le decía de suciedades… Este último acto fue lo que detono el enojo de Ryoma.

Sin esperar que Sakuno aprobara su acción, simulo un golpe de tenis, usando solo su puño, golpeando al castaño justo en la cara, tirándolo al suelo, mareado, casi noqueado. Sakuno, al ver a Takashi tendido en el suelo, miro con la boca entre abierta al ambarino, el cual camino con señas de querer protegerla; pero ella se alejó, mirándolo con una mueca insegura.

Ryoma…—Quiso llamarle, pero se reprimió a si misma a hacerlo, así que sólo le dijo: ¿Qué has hecho?

El ambarino, ignorando la pregunta de Sakuno, arranco sin pensar, la cortina café de la ventana que estaba a sus espaldas; y se la dio a la cobriza para que se cubriera.

—¿Estás bien?—Le dijo en un tono preocupado.

—Sí…—Respondió con dificultad.

Se miraron unos segundos, pero la conexión de miradas fue interrumpida por un gemido alargado que salió de parte del chico que seguía tendido en el suelo. Ryoma vio a Sakuno alarmado, ella tenía la misma mirada.

—Debemos irnos…

Ella asintió.—Sí se levanta o despierta, no sé qué pueda hacerte…—Sakuno se quedó un momento callada, ¿en verdad había dicho eso? No podía preocuparse por él… No.

—Pero, ¿por dónde? —Dijo, al ver que no había ningún camino libre por el estrecho del pasillo, para escapar sin ser atrapados por el castaño, que en esos momentos, comenzaba a volver en sí.

Ryoma comenzó a pensar, rebuscando, pensando en posibles resultados de todos sus planes de escapatoria, hasta que miro la ventana desnuda, y una idea loca apareció en su cabeza…

—Saltemos…—Habló.

—¿Qué?—Sakuno vio la ventana y luego al ambarino.—No hablarás de tirarnos por la ventana, ¿cierto?

—Es lo único más viable que se me ocurre en estos momentos.

Otro alarido se escuchó y Sakuno respiro agitadamente, los recuerdos de lo que estaba pasando hacía unos minutos la acosaron, y cayó en la cuenta de que sí, esa era la única opción que tenía.

Ryoma abrió la ventana, -que era estilo de puerta, sin rejas externas- el ambarino se asomó para ver abajo, y suspiro: Había muy poca gente afuera, y daba gracias porque estuvieran del lado que daba a la calle, un par de arbustos fueron su salvación, regresó su mirada a la cobriza, y con la mirada le pregunto si lo haría.

Sus respiraciones eran agitadas y desesperadas, Takashi en ese estado era peligroso, tanto para Sakuno, como para Ryoma…

—Yo… no quiero, es decir… ¡Nunca he saltado de un segundo piso!

—Es la única salida…—Afirmo.—Aparte, eres porrista, ¿no? Te lanzan y caes de más alto… Puedes hacerlo, yo saltó primero y luego yo te cacho…—Agrego y le dio una mirada suave, que inspiro —de alguna manera— confianza en la cobriza.

Ryoma se sentó en el filo de la ventana, y vio un poco hacía abajo, recordó que el peligro que correrían iba a ser peor si no lo hacía, así que se balanceo y apunto a caer a los arbustos que estaban en el jardín… A los segundos, Ryoma ya estaba acostado entre pasto y hojas: había tenido un buen aterrizaje.

Luego de ver como Ryoma había logrado llegar abajo, Sakuno suspiro y con las manos temblorosas se afirmó de la ventana. El ambarino ya estaba a una buena distancia calculada para atrapar a la cobriza, que seguramente estaba muerta de miedo por tirarse de un segundo piso. Asintió con la cabeza, dándose ánimos para descender, pero… cuando empezaba a balancearse con las piernas, la mano del castaño, la jalo de regreso al pasillo, tirándola al suelo, para luego levantarla oprimiéndola en su pecho, Sakuno chillo del dolor en el brazo, y vio que estaba peor que antes, los ojos mucho más desvariados, y su semblante más atemorizante. Ryoma supo al instante lo que pasaba: Takashi se había levantado, y estaba furioso; se sintió impotente y culpable, por no estar ahí, por no haber actuado antes…

Sakuno por su parte, se desesperó de la situación, de no golpear, de no poder defenderse; así que junto toda la saliva que quedaba en su boca, y le escupió en la cara al castaño, quien se distrajo por intentar quitarse el fluido vocal de los ojos, y ella aprovecho para pisarlo provocando que él la soltara, y así, ella sin pensarlo, confiando plenamente en el ambarino, se lanzó al vacío.

Ryoma al ver a la cobriza volar por el aire, directo al suelo, corrió a sostenerla, cayendo así los dos, ella sobre el ambarino, sanos y salvos. Takashi, se asomó enojado, encendido por el cólera, la excitación interrumpida y la droga ingerida. Ambos, se arrastraron y levantaron raudamente lejos de la casa, hasta que llegaron a la banqueta, donde la cobriza, (aún con la cortina envuelta en el torso) se tiro en el piso, sollozando sin llorar. Ryoma la miró, y a los segundos la abrazo fuertemente.

El calor que el cuerpo de Ryoma le proporcionaba a la cobriza, la relajaba, y la hacía sentir segura, por unos segundos se dedicó a disfrutar de su consuelo, pero abrió los ojos de golpe, cuando recordó su verdadera postura, el rol que ella tenía y debía seguir llevando.

Se separó de Ryoma, y se levantó. No quería que él la viera nerviosa por sus actos, así que la única opción que encontró, fue el enojo. Y eso hizo: Se enfureció con el ambarino.

—No me toques…—Replico cuando Ryoma le pidió que se calmara.—Esto no sucedió, Dios, ¡carajo! Salte de una maldita ventana…—Expresó consternada.—Nadie debe enterarse de esto, ¿me oíste? ¡Nadie! Tú, sólo eres el nuevo, yo tengo mi lugar, y tú el tuyo, así que asúmelo y déjame, en, paz…

Me largo. Murmuro con enfado, caminando lejos del ambarino, —el cual aún no sabía con certeza, lo que sucedía, ¿qué había hecho mal?— y entre la oscuridad de la noche, no pudo detenerla por su seguridad.

Vasta, Ryoma… No tiene caso… Dijo alguien a su espalda, y al voltear, era Momoshiro, que había visto gran parte de la escena.

—Esa chica… Tiene razón, será mejor que nos vallamos a casa.—Hizo una pausa, y sonrío.—Caminemos.

Y tomaron dirección contraria, a la de Sakuno.

Ryoma fue en total silencio en todo el camino a su casa, Momo, no se molestó en separarse de él en la calle acostumbrada de años atrás, sino que camino a la par del ambarino hasta que este, estuviera a salvo en su residencia.

Ya con una ducha de por medio, Ryoma pudo analizar un poco mejor sus actos. Aceptaba que habían sido impulsivos y tontos, no muy reflexivos y lógicos como él solía tomar decisiones, así que se sintió más extraño al recordar los continuos cambios que había visto en la cobriza…

Primero se había comportado como una diva engreída, luego, como una coqueta empedernida, después, como una chica alocada, vibrante y feliz, sin mencionar agradable, para luego ser una chica llena de pánico, inseguridad, preocupación y terminando con un potente nivel de irritación…

Sean, cual fueran las razones por las que ambos habían actuado como lo hicieron aquella noche, tanto Ryoma como Sakuno tenía deseos diferentes:

Por un lado, Sakuno quería alejarse de Ryoma para siempre, y por el otro, Ryoma, deseaba (sin saber por qué) conocer y estar más cerca de la cobriza, fuese como fuese… Sin duda, será interesante saber quién desistirá primero ante el deseo del otro…


¡Hola!

¿Cómo han estado? Espero que bien, yo estoy con buena salud e_é un poco decaida por los gajes del enamoramiento
pero nada que no se pueda superar...Snif, Snif jejeje bueno ya.

Aquí esta el capitulo, me esmere por hacerlo largo, así que espero les guste mucho, intente no hacer mucho OCC, en serio.

Puse a Ryoma de esta forma, ya que pensé que una persona como él, sin experiencia,
que piensa que esas cosas son "tontas", y absurdas, tal vez estaría algo retraido al momento de tener que
vivirlas... No es que sea un delicadito, pero en serio, sería asqueroso tener que
pasar por eso... En fin, gracias por sus reviews.

Y resolviendo la pregunta de una de las personas que me dejo review: Ryoma es el que no debe enamorarse, je...

Ahora las nuevas preguntas: ¿Qué pasara de ahora en adelante? Sakuno esta más rara que nunca, y Ryoma... Uff!
Les prometo actualizar pronto, si me dejan sus lindos reviews :33

¡Adios! Y felices fiestas *-*