Nota inicial:The prince of tennis no me pertenece.

Espero les guste el nuevo capitulo. No me maten! Espero sus reviews... ñ_ñ


Cinco
"Irracional"

Cuando Sakuno abrió los ojos a un nuevo día, el Sol que entraba por su ventana, ya pegaba a su cadera. Con el ceño un poco fruncido por el desconcierto, —ya que siempre al despertar los fines de semana, el sol da como mucho en sus mejillas—. Se tallo los parpados, y se sentó en la cama, suspirando sin razón alguna… Se puso de pie y caminó al baño, metiéndose directamente a la regadera para darse una deliciosa ducha.

Una vez que pudo sentir las tibias gotas de agua rozar su —anteriormente—, frío cuerpo, no pudo evitar echar la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, reposando la mano en su cuello. Lo de hace unas horas, comenzaba a aquejar su cuerpo, aquella caída, y los jalones que había recibido de parte de Takashi, le dolían de alguna manera —no muy fuerte—, pero sentía un extraño malestar en los músculos de la espalda y brazos.

Luego de enrollar su cuerpo en una toalla, de buscar un nuevo atuendo para ese día, y de intentar secar su largo cabello; bajó las escaleras con hambre, y con la suerte de que su abuela serbia la comida en esos precisos momentos. Sin emitir ni una palabra, se sentó en la silla que estaba frente a la que seguramente usaría Sumire… Esta, sólo dejo el plato de sopa aguada, frente a su nieta.

—Buenas Tardes…—Canturreo, poniendo su plato y sentándose frente a Sakuno.

—¿Qué tienen de buenas?—Dijo, soplando su cucharada de sopa. Estaba caliente.

Sumire, no dijo nada. Tomo la jarra de agua de sandía natural que había preparado la noche anterior, (había planeado tomarla en la cena, con su nieta, pero claro, esta sólo se fue sin decir nada, así que la sacó para probarla en ese momento) le dio un sorbo a su vaso y lo dejo a un lado.

—En realidad…—Masculló, sin mirarla.—Eran buenas hasta que baje las escaleras…—Dijo con intención ofensiva en la voz.

A lo que Sumire contesto: Opino lo mismo… Esta vez no se dejaría vencer por los comentarios de Sakuno.

—¿Por qué te levantaste tan tarde?—Pregunto Sumire, en un intento para amenizar aunque fuera un poco la comida.

—Soy una adolescente, futura adulta… Tengo muchas actividades en la semana, y tareas, deberías saber que los fines de semana son para descansar. No tengo porque levantarme temprano…—Le dio un sorbo a su cuchara.

—Sabes que eso no tiene nada que ver con llegar a las tres de la mañana y dormir hasta las dos de la tarde…

Sakuno se fastidio. Siempre era lo mismo, las mismas estúpidas preguntas: ¿Por qué llegaste tarde? ¿Por qué no me avisaste? ¿Sabes lo peligroso que es? ¿Quién te dio permiso de viajar a la playa entre semana? ¿Sigues siendo virgen? ¿Te iras de fiesta cada semana? ¿Te drogas? ¿Por qué no me cuentas nada? ¿No confías en mí? ¡Bah! ¡Bah! ¡Bah! ¡¿Cuándo dejará de hacer las mismas preguntas mediocres?!

Dejó la cuchara a un lado, creando un ruido seco.—¡No estoy de HUMOR para tus interrogatorios sin sentido…!

—¡Pues deberías! Es más, no te cuestiono sólo por creer que estés de buenas para contestarme, Sakuno.—Habló severa la anciana.

La cobriza gruñó, y miro con desafío a su abuela.

—Ya no tengo hambre.—Dijo para luego levantarse de la mesa.

Era verdad, el apetito que tenía se le había juntado con el cólera, arrebatándole las ganas de ingerir algún tipo de alimento. Sin decir nada más, y sin recibir algún tipo de detenimiento de parte de su abuela, camino a zancadas su alcoba.

Cerrando la puerta tras de sí, sin azotarla como naturalmente lo haría, se apoyó contra la puerta, y le puso presillo para luego caminar y tirarse de lleno a la cama. Refunfuño contra la almohada, y pataleo infantilmente por unos segundos, con pausas en las que intentaba calmarse sin mucho éxito. Ya con la respiración profunda y sonora, con la cara hundida en la almohada, recordó un poco de lo sucedido la noche anterior…

Los hermosos ojos grises, inyectados en sangre de Takashi, sus manos suaves transformadas en horribles espinas, y su voz que ahora perturbaba su pensamiento, la hicieron cerrar fuerte los ojos, queriendo alejar esa sensación de vulnerabilidad, y tristeza que comenzaba a querer formarse en su cuerpo. Ese recuerdo, se le sumaba a una lista que para ella parecía interminable, en recuerdos, y memorias tristes, perturbadoras y traumantes de su vida…

Con las manos hechas puño, se dio la vuelta sobre su espalda, ahora viendo el techo blanco de su cuarto. Hizo una mueca extraña, y luego se sentó en la cama. Se pasó las manos por la cara, como si eso le arrancara el sufrimiento, y luego recordó al aburrido…, ¿cómo olvidarlo? Él era el causante de que aún gozara de su virginidad, él era el responsable de su dolor en la espalda, él era el entrometido que la había salvado sin siquiera conocerla… ¿O tal vez, sí la conocía? Un poco, sí, sólo un poco…

Ya no. Susurró sin saberlo, y se recordó con claridad su lugar actual, el papel que ahora ella jugaba, y que no planeaba dejar por lo sucedido apenas doce horas atrás…

Cuando Ryoma despertó, eran cerca de las once de la mañana, una hora no muy usual para que él despertara, puesto que era una costumbre de su madre ver a su hijo levantado desde altas horas de la mañana, jugando tenis, o simplemente leyendo en el jardín. (Rutina y recuerdo, de cuando vivían en Japón, hace cuatro años, y ahora, que habían regresado; todos extrañamente ejercían la misma rutina de esos tiempos) Rinko tocó levemente la puerta de su hijo, para esperar un Pase, de parte del ambarino.

Al abrir la puerta, lo vio sentado al filo de la cama, no usando su pijama, sino llevando una playera interior blanca, con unos shorts negros, que ni siquiera eran deportivos; el cabello lo tenía aplastado, aunque alzado de un lado, muestra de la presión de su cabeza contra la almohada.

Cuando el ambarino percibió la mirada delicada de su madre, este volteo a verla, no con una mirada fría, sino con una mueca parecida a un intento de sonrisa. Rinko sonrío ampliamente.

—El desayuno está listo. —Avisó, y se marchó por el corredor.

Ryoma a los minutos, —luego de lavarse la cara, y los dientes: de ordenar su cama, de peinar su cabello, y por supuesto de ponerse otro tipo de ropa…— bajó a la cocina, donde su madre. Esta estaba de espaldas sirviendo la comida, y Nanjiroh seguía con la mirada al ambarino, esperando el momento preciso para hacerle una lluvia de preguntas que desde hacía tiempo no le imponía.

El saber que su hijo, había ido a su primera fiesta de adolescentes, lo volvía loco, lo llenaba de emoción por saber que locuras/delitos había cometido su hijo mientras no estuvo en casa… Le intrigaba saber, porqué había llegado a altas horas de la mañana de ese día, cuando muy apenas lo vio diez minutos el día anterior, y eso fue porque se cambió el uniforme a ropa casual.

Luego de que Nanjiroh mirara por séptima vez, (detenidamente) al ambarino, este no pudo evitar sentirse aturdido: Las miradas fijas y emocionadas y contenidas de su (desafortunadamente) padre, lo ponían incomodo, ni siquiera lo dejaba comer a gusto, y eso había comenzado a molestarlo demasiado… Sin verlo, dejo su vaso a un lado, y musito: ¿Qué tanto me ves? Con frialdad.

Y sólo eso vasto, para hacer explotar la bomba que el hombre llevaba cargada entre los dientes:

—¡¿Te acostaste con alguna chica anoche!? —Exclamo, logrando que Rinko dijera su nombre enojada.

Un silencio súbito se adueñó de la casa, Ryoma y su madre, miraban al hombre que se había puesto de pie de un momento a otro. Los ojos de Rinko denotaban enojo y sorpresa, mientras que los del ambarino, sólo mostraban una cosa: Enfado.

—Eso no te incumbe, Nanjiroh, este no es sitio para esas cosas…—Sentencio la mujer de cabello castaño, intentado mantener el orden.

No funcionó.

—¡Oh…, vamos; niño! Dale los detalles a tu padre, se bueno conmigo…—Rogó de manera infantil y estúpida a los ojos de su hijo.

—No te diré nada, así que déjame en paz…—Susurró para intentar regresar la atención a su comida.

—Sólo responde…—Continuo. —¿Te drogaste? ¿Bebiste algo? ¿Te acostaste con alguna chica? ¿Conociste a alguna al menos? ¿Le volverás a hablar? —Dijo todo tan rápido que entre pregunta y pregunta, Rinko menciono el nombre de su esposo aumentando su tono, conforme este hablaba, hasta llegar a gritarle, para reprenderlo.

—¡Te he dicho que este no es lugar para eso! —Ambos hombres miraron a la castaña con asombro, hacía tiempo que Rinko no gritaba así…

Se asustaron de maneras diferentes.

Suspiro. —No. Sí. No. Sí. No. —Respondió dejando la comida a un lado, levantándose de la mesa, en un tono calculador.

Nanjiroh no pudo evitar chillar de emoción, para luego decepcionarse: Había respondido negativamente a "acostarse con alguna chica". Pero bien, eso no le quitaba los ánimos para seguir fastidiando a su hijo…

Estúpido vejestorio… haz arruinado la cena. Pensó, y vio cómo su madre cabizbaja levantaba la mesa, y él, sólo dejaba a su tonto padre alegando tonterías. Cuando ya estaba en su alcoba, intento leer un rato, pero la verdad era que no lograba concentrarse en nada de lo que el libro decía. El recuerdo de sus respuestas lo puso confuso.

Había dicho que sí, a beber, claro porque lo había hecho, un poco pero contaba como haber bebido, no obstante esas no eran las respuestas que le quitaban la concentración, sino las últimas dos… ¿En verdad había conocido a aquella chica? ¿En verdad planeaba no hablarle otra vez? Sabía que la había conocido, por lo más superficial, pero… En el tiempo que pasó con ella, la había visto de tantas maneras, que sintió haber conocido a un montón de muchachas diferentes: la vio coqueta, grosera, enojada, divertida, loca, asustada, y siendo valiente. Todo en esos pequeños momentos en que compartieron sus presencias… La pregunta que el ambarino ahora se hacía, era: ¿Cuál de esas Sakuno, era la verdadera? ¿La coqueta y grosera que todos veían? ¿La loca y divertida? ¿La asustada pero valiente? ¿O la voluble? De una extraña razón, sentía que ninguna de esas era completamente ella, comprendía que tal vez se comportara como la primera opción, por el hecho de tener una reputación como ella la tenía, la presión de todas sus actividades, no podía mostrarse como las demás caras que esa noche ella le había dejado ver…

No muy convencido de haber conocido a la cobriza, y aún más confundido respecto a quien sería ella en realidad, se recostó en la cama con el libro aun en las manos, y en un suspiro necesario, susurró para sí mismo: ¿Quién eres en realidad?

Media semana de clases ya había pasado, y todo iba en perfecto orden. El lunes, cuando Ryoma fue al instituto, se sintió extrañado, pues las cosas para él habían cambiado, ahora ya no veía a las mismas personas como simples apariciones sin importancia en su vida, sino que ya los catalogaba por dicha fiesta. Se había sentido de alguna manera asqueado de reconocer a algunas chicas que había visto en la fiesta como gatas en celo, y que esas mismas chicas, fueran tan sólo unas niñas de octavo grado, séptimo a lo más deplorable. Con pensar que la muchacha de ropas diminutas que le había rogado un faje el viernes anterior, tan sólo tenía catorce años, le hacía sentir decepción de lo bajo que había caído la juventud en Seishun.

Simplemente no podía aceptar esos hechos como actos normales, no podía hacerse a la idea de que todo mundo actuara como si nada al lunes siguiente… Era inaudito. Irreal.

En cambio, para Sakuno todo era normal, hacer llorar a los profesores con su buen uso del habla, tener a ese montón de aspirantes comiendo de su mano, haciéndole mandados y tareas –que la verdad no necesitaba que hicieran, ya que era lo suficientemente capaz de hacer sus trabajos por sí misma, pero bueno, en algo tenía que sacarles provecho-, sin mencionar aquellos silencios que se formaban cuando ella alzaba la mirada. No cabía duda de que en verdad se sentía poderosa, asquerosamente poderosa, en ese instituto. Claro, que algo había cambiado en la cobriza luego de semejante fiesta; pues ya no hablaba con Takashi, en realidad, lo evitaba a toda costa. No quería verlo ni hablarle… Se sentía extraña. Aunque intentaba ocultarlo a con todas sus fuerzas, comportándose más perra de lo normal (a los ojos de muchos) sentía que todo mundo la veía con ojos acusadores respecto a su cobardía.

Fue ese miércoles frío, donde el sol se ocultó detrás de ese montón de nubes grises, en que Sakuno ya no pudo seguir evitando a Takashi. Pues él, cansado de estar persiguiendo la sombra de la cobriza, intentado encontrarla, por los dos días anteriores, había logrado retenerla al fin en un pasillo. Era hora de ir al aula de computadoras, y Sakuno apenas caminaba hacia allá, cuando sintió la mano tibia del castaño en su brazo derecho, parando su andar. Ella lo miró temerosa. La ponían nerviosa los recuerdos de la otra noche. Takashi se puso frente a ella, y Sakuno trago saliva, intentado ser valiente y no huir de él.

Inhalo. —Perdón…—Dijo en un susurro, sólo para Sakuno.

Ella frunció la parte de debajo de los ojos.

—En verdad… perdóname por lo que te hice en la fiesta…—Dijo en tono suave, parecía ser otra persona totalmente diferente. Se veía arrepentido, pero sobre todo, nervioso y sumiso.

¿Quién es este Takashi?

—Tak, yo…—Empezó la cobriza, intentado eliminar la conversación y poder irse.

La gente pasaba sin tomarles importancia.

—Déjame terminar. —Le pidió, y Sakuno guardo silencio, esperando a que el castaño siguiera hablando. —Yo, nunca quise intentar obligarte a hacer algo que no quisieras, yo… no…—Parecía buscar las mejores palabras, vacilaba. —Sakuno. —La llamó, y suspiró. —Cuando llegué a la fiesta, pregunté por ti, pero nadie me pudo decir si habías llegado o no, así que con mis amigos, comenzamos a beber…, luego de un rato me dijeron que ya habías llegado, y te fui a buscar, hasta que después de unos minutos fui al jardín, pero vi a todos en una rueda, ya sabes como si fueran a hacer la tradición de iniciación, y pues, supe que tú estabas de nuevo a cargo de eso, así que decidí esperar a que terminaras. Para ese entonces yo ya no bebí nada, pero…—Y ahí los sentidos de Sakuno pusieron mayor atención al relato del castaño, se veía enojado de repente. —Ya investigue, y me dijeron que en efecto, habían puesto estupideces en mis bebidas, toda la noche, y…—Gruñó. —Sakuno. —La miró, y Sakuno levanto la mirada, él tenía su mano en el hombro de la cobriza. Ella asintió. —Yo nunca me habría drogado a sabiendas de que pronto te vería, nunca. —Ella sintió como un sentimiento de compasión crecía en su pecho. —Eres, eres muy importante para mí, Sí… Yo, había esperado para poder pasar un tiempo bien, serio, contigo, y lo arruine totalmente…, te hice daño y me aborrezco por eso… Acepto que tal vez no quieras nunca volver a hablarme, que no quieras perdonarme, pero yo nunca te habría hecho daño con mis cinco sentidos alerta. Al contrario, si por mi fuera, te protegería en cada momento, Sakuno…—El corazón de la castaña se aceleró sin poder retener sus emociones, se lamio los labios desesperada. —Sé que te sientes confundida por mí actuar, ya que siempre me habías visto como un coqueto, ególatra, y es verdad, lo soy, todos me han conocido y visto así, clasificado de peores maneras, pero… Es que tú me haces actuar de esta manera. —Tierna, sincera, nerviosa. Pensó Sakuno.— Tú me importas mucho, y esa noche, yo, planeaba llevarte lejos de esa fiesta, quería robarte esa noche, no de una manera sexual…, no—Aclaró, para luego seguir. —Quería estar contigo, y así, mostrarme como lo hago ahora.

Le tomó de la mano, y Sakuno sintió sus piernas temblar, tenía que ser una ilusión, un sueño. Su corazón latió con más fuerza, haciendo que lo sintiera en los oídos.

—Sakuno, yo…—Trago saliva, y con un leve sonrojo dijo: Te quiero.

Oh… Mierda.

No era la primera vez que un chico se le declaraba, no. Ella ya estaba acostumbrada, a esos hechos en su vida. Siempre los rechazaba, ya sin la necesidad de fingir una mueca de tristeza —por el no poder corresponder los sentimientos del otro individuo—, que luego borraría al momento de darle la espalda. Eso hacía con todos, hasta ahora… Ahora que Takashi Eda estaba justo frente a ella, diciéndole que la quería, y, no era mentira, no era una ilusión ni mucho menos un sueño, él sentía algo por ella. Su boca se entre abrió por la sorpresa, y no pudo evitar sentir como un hormigueo inicial expandía colándose en sus pómulos.

—…, y entiendo sí quieres rechazarme, no, no merezco que me correspondas, luego de las atrocidades que quise hacerte…

Con los labios temblorosos, lo interrumpió.

—No, Takashi… Está bien, no te retractes…—Titubeo, pero luego afirmo su voz, diciendo: Yo también te quiero.

Y con esa frase, el último alumno aparte de ellos, entro a su salón dejándolos solos. Era obvio que ya ninguno de los dos podría ir a su clase.

Se miraban. El uno al otro sin poder decir nada, ninguno podía creer lo que Sakuno había dicho, en verdad… ¿le estaba correspondiendo? Dios. Takashi era el primer chico al que ella no rechazaba, ¿y cómo rechazarlo? Sí en verdad lo quería, llevaba queriéndolo desde finales del décimo grado… Sería una tonta si le decía que no.

—¿En… verdad? —Titubeo. Él tampoco se lo esperaba.

Ella sólo abrió más sus hermosos orbes y asintió con una curvatura en los labios. Takashi inhalo fuerte por la boca, y sin pensarlo estrechó a Sakuno contra su pecho, en un abrazo tierno, pero firme. Los brazos de Sakuno, lo rodearon de la cintura, y tallo su mejilla con la camisa del uniforme del castaño. Se quedaron así unos segundos que para ambos, parecieron minutos…

Cuando se separaron, Takashi no pudo evitar aflorar su actitud coqueta, que aún permanecía en él, e intento besar a Sakuno, de una forma, más formal por así decirlo, ya que ahora no planeaba hacerlo por el simple hecho de darse un beso, como les había pasado antes, sino que ahora lo quería hacer para intentar hacerle sentir a la castaña, que en verdad sentía algo por ella…

Sus rostros estaban cerca, ambos casi podían saborear los labios del otro, sin siquiera tocarse. Cuando de repente… Una voz autoritaria los detuvo en seco, arruinando el precioso momento que ambos habían tardado en construir y que querían disfrutar.

Era una maestra que les preguntaba en forma de regaño, qué estaban haciendo. Y sin pensarlo, y como similares en formas de ser; se tomaron de la mano con una risa cómplice y corrieron sin que la maestra Mitzuki pudiera verles los rostros, por todo el corredor, saliendo del alcance de aquella mujer.

Ya fuera del edificio, sus carcajadas no dejaban de fluir por sus bocas, habían corrido tanto, y habían durado ya tanto tiempo tomados de las manos que ninguno de los dos se dio cuenta que al caminar a los jardines, sus dedos se habían entrelazado. Se sentaron bajo la sombra de un árbol a disfrutar de su compañía, aún tenían cuarenta minutos para estar juntos. Y… pensando en juntos, Sakuno sintió ansiedad de repente, ¿qué eran?

¡Dios! No quería preguntarle eso tan rápido, no cuando apenas se habían dicho que se querían… No deseaba parecer muy desesperada, no quería que Takashi pensara que nunca antes había tenido novio, porque bueno, así era: Sakuno Ryusaki nunca había tenido novio, ni siquiera en ese momento, y terriblemente no sabía qué hacer en ese instante, sí parecer a gusto con su incierta posición, o mostrarse incomoda por la situación indefinida en la que ahora se encontraban.

El castaño de ojos grises, vio el cielo un momento, y al girar su rostro para ver a Sakuno, se dio cuenta (gracias a su mirada perdida en sus manos) que estaba hundida en sus pensamientos. Así que aprovecho el momento en que ella no lo veía para ponerse de pie.

Mientras tanto, Sakuno miraba sus manos sobre su regazo. Estaba un poco abstraída por la noticia, aún se debatía entre preguntar o no, en verdad no quería ser una chica de esas que permiten casos como amigovios o situaciones parecidas en una relación. Todo lo que pasaba la tenía de cabeza, apenas unas semanas atrás, deseaba totalmente estar en esa posición, pero, con lo que había pasado el viernes anterior, su pensamiento respecto a sus sentimientos a Takashi habían sufrido un tremendo choque, por un momento lo odio, y por el otro lo recordó como lo quería: Coqueto, divertido, relajado, lindo… Y ahora, con lo que le había dicho, ni siquiera los traumantes recuerdos de sus manos frías en sus piernas y sus pechos, arrancándole esperanzas, la había detenido a corresponderle a sus sentimientos…

Cuando la cobriza volteo en busca del dueño de sus pensamientos, tratando de sacarse esas ideas de la cabeza, se dio cuenta de que no estaba; pero antes de que pudiera pronunciar su nombre para preguntarse dónde estaría, una flor color rosa pastel, —en verdad preciosa,— apareció ante sus ojos. Desconcertada, la tomo de la mano de Takashi, que estaba acuclillado a su espalda, sonriéndole.

Y cuando volteo a ver su perfecta dentadura, él la escondió, acercando sus labios a la frente despejada de la cobriza. Ella sonrío con un leve rosa en las mejillas. Para Takashi, ver a Sakuno sonrojada, era alucinante, nunca la había visto así, y debía reconocer que se veía muy bonita así…

—Te ves hermosa cuando te sonrojas. —Y se alejó de ella, dejando que su trasero cayera hacía atrás al pasto.

Sakuno se sintió cohibida por primera vez en meses, y le sonrió levemente.

Durante esos cuarenta minutos, platicaron sobre diversas cosas, se conocieron aún más, Sakuno había descubierto que Takashi era un chico en verdad amable y lindo, que no sólo era Takashi el play boy de la escuela, sino, que también era un hombre maravilloso, un hombre maravilloso que estaba enamorado de ella.

Al escuchar el timbre, para la siguiente y última clase. Se pusieron de pie, y caminaron unos metros dirigiéndose al enorme edificio, cuando de repente la mano de Takashi jaló a Sakuno, para detenerla por el brazo. Ella lo vio en son de pregunta, y él dijo:

—Quiero intentar esto, Sakuno…

La castaña volvió a sentir su corazón vibrar, estaba pasando…

—Quiero que seas mi novia, quiero salir contigo, quiero que seas más que lo que eres ahora para mí, quiero que seas mi pareja. —Hizo una pausa, y se pusieron frente a frente mirándose fijamente, quería decir lo siguiente de una manera que fuera especial, Takashi en verdad la quería. —Sakuno Ryusaki, —La nombró, y ella lo vio aún más expectante. —¿Me concederías el placer de ser mi novia?

La pregunta estuvo a punto de ofenderla, ¡Por supuesto que sí! Le gritó su mente, pero un Claro que sí. Salió de sus labios como la melodía más hermosa que el castaño pudo haber escuchado jamás.

Le tomó de la mano entrelazando sus dedos, y así, caminaron por todo el jardín, hasta pasar por todos los pasillos del edificio en busca de sus aulas, sin miedo a ser juzgados, declarando y haciendo publica su relación: Eran los novios más sensacionales de los tiempos.

Sakuno caminaba contoneando sus caderas, presumiendo a todo mundo su no soltería, y al mismo tiempo, se hacía ver como la chica más feliz del mundo. Así era ella.

Takashi, sonreía triunfal, recibiendo las miradas tristes de sus admiradoras, y como si nada, saludando a los conocidos que se cruzaran por su camino.

¡Rayos, eran perfectos…!

Ambos guapos. Ambos inteligentes. Ambos talentosos. Ambos populares. Ambos deseados por todos y odiados por unos cuantos. Ambos iconos de lo que podría ser la meta de genialidad a llegar para cualquier adolescente que los viera. ¡Fantásticos!

Los días siguientes la noticia del nuevo gran noviazgo, circulo tan raudamente que a la siguiente semana, ya todos, hasta los profesores sabían casi cada detalle de su relación; claro que muchos de esos detalles eran inventados, puesto que, sólo decían boberías como que era una apuesta, estilo Beautiful Disaster, sólo que no dormirían un mes en la misma cama, sino que llevarían un noviazgo un mes… ¡Bah! Que gente tan idiota.

En fin, como Sakuno no tenía amigas, y lo único más cercano a eso, era Mei, le contó todo lo que había pasado. (Claro, que primero se hizo de rogar en hacerlo).

Mei se había emocionado respecto a ese hecho, pero no pudo evitar manifestarle que ella había visto parte de lo sucedido el viernes, y que personalmente ella había sido quien intento retener a Ryoma en su querer de separarlos. Pero que al ver como el ambarino se acercaba a ellos dos, se había marchado ya que no creía bueno que ella viera eso.

La cobriza, (pasando a otro lado del tema) estaba feliz con su relación, debía admitir que se sentía extraña al estar con Takashi, los besos, los abrazos, los detalles, todo era magnifico, y el hecho de que fuera el primero en ser su novio, la ponía nerviosa, insegura de cierta manera, pero su personalidad fuerte, no la dejo comportarse como se sentía, por ello, el chico de ojos grises, no noto lo extraña que se sentía su novia. No porque fuera un despistado, sino más bien, porque ella era muy buena despistando a las personas. Fingiendo era la mejor.

En fin, mientras tanto, se preguntarán: ¿Dónde está Ryoma? Bueno, pues él está intentando no caer en crisis nerviosa, le parecía aparte de tonto, irracional, el que Sakuno hubiera aceptado una relación con quien estuvo a punto de perder su virginidad a la fuerza. ¿Cómo era posible? Intentaba ignorar la situación, pero Takashi iba cada día a dejar a Sakuno a su aula, cada mañana, cada receso la iba a recoger al mismo, y la devolvía, día tras día. Los veía a lo lejos o de cerca en los pasillos, tomados de las manos, abrazados, algunas veces besándose, u otras solamente caminando uno al lado del otro, sin tocarse. Eso le revolvía el estómago, asociaba esa sensación de incomodidad, con sus insistentes muestras de cariño en público, y con el hecho de que el tipo había intentado abusar de ella, y que ella sin pensarlo, a días de eso, lo había aceptado como novio, comportándose como la pareja perfecta.

Qué enfermos… —Susurró sin ser escuchado por nadie, cuando los vio besándose en la parte de afuera de la escuela. Él caminaba a su casa, el entrenamiento, se había cancelado.

Ryoma se paseaba por la sala de su casa, luego de un partido en solitario de tenis en el patio de su casa, cansado y aun con la raqueta en la mano, despreocupado sumido en sus pensamientos respecto a los próximos encuentros con las demás escuelas, necesitaba estar preparado.

Ya cerca de las escaleras la figura de su padre apareció hablándole, reteniéndolo en medio del pasillo. ¿Qué quieres? Pregunto, aún sin darse vuelta.

—Hablar con mi hijo, ¿no es obvio? —Ryoma le dio una mirada en la que reflejo que evidentemente, no le creía ni una palabra.

El hombre rio a carcajadas. —Está bien, Ryoma, está bien… No tienes que ponerte tan enojado. —Dejo de reír, pero aún jadeaba por su burla. —Necesitamos hablar, acompáñame.

Ambos caminaron de regreso a la sala, Nanjiroh se sentó en un sillón individual, y frente a él le indico a su hijo que se sentara, en uno doble. Dejando pasar unos segundos, prosiguió para hablar.

—Bien Ryoma, como sabes, pronto será la cena de aniversario de la empresa de la que me he hecho un buen accionista. Podría decirse que soy un cliente demasiado importante, no obstante, me han hecho saber que no es sólo cualquier aniversario, sino que es el número 50, por tanto, necesito dar una imagen buena, llevando a mi familia, al menos la que se encuentre conmigo en esos momento. —Lo miro fijamente. —Eso te incluye a ti, Ryoma… —Suspiro. — A lo que quiero llegar, es que eres un joven destacado, por el tenis y tus dotes académicos, por tanto, necesito que también tu des una buena impresión, que no crean que eres un retraído esclavo de la escuela y el tenis…

—Dime ya a dónde quieres llegar. —Dijo impaciente, su padre estaba dando demasiadas vueltas, demasiados detalles que él no necesitaba.

Agacho la cabeza, como no queriendo decirlo, pero trago saliva y dejando que pasara lo que pasara levanto la mirada, y viendo fijamente al ambarino dijo:

—Necesito que te consigas una cita, y aprendas a bailar los estilos de salón, para la fiesta que será en dos meses…—Su tono fue serio, rápido.

Pestañeo varias veces.

—¿Qué? —Casi gritó, y se puso de pie con la raqueta en la mano derecha.

¿Está demente?

—Así es, como lo has escuchado… No te lo voy a pedir porque sé que te opondrás…

—¡Por supuesto que me opondré! —Lo interrumpió. Eso era estúpido, su padre era estúpido… ¡Mierda!

—Déjame terminar. —Le pidió en tono fuerte. El ambarino guardo silencio oprimiendo el mango de la raqueta en un puño. —No te lo pediré porque dirás que no, por ello te lo ordeno: Búscate una cita, y aprende a bailar para que bailes con ella en la fiesta. Si no quieres que…

—Si no quiero ¿qué?

—Que saque a la luz aquellas fotos vergonzosas de ti cuando eras niño, que intentaste quemar… ¿recuerdas?

Se tensó. —No sé de qué me hablas…

—¿No sabes? —Dijo con ironía. —Bueno, pues, por si las dudas, yo poseo esas fotos, se las he robado a tu madre, y planeo hacerlas públicas si no haces lo que te digo…

Los ojos de Ryoma se abrieron como platos, recordando aquellas imágenes de él cuando era un bebe, en el tina, en el baño, con pañal, sin pañal, llorando… Vulnerable, como un idiota… Carajo, pensó. Maldito vejestorio… Maldijo entre dientes.

—¿Y? —Llamó su atención. —¿Es un trato? —Alzo una ceja, y Ryoma no tuvo otra opción que decir:

Sí.

Y triunfal se fue su padre dejándolo solo en la sala. Cuando el ambarino ya no sintió los pasos de Nanjiroh por las escaleras, su respiración se hizo sonora, y con furia golpeo el sillón con la raqueta. Estaba acabado. ¿De dónde sacaría él una chica? O peor aún, ¿Dónde aprendería a bailar?


¡Hola, a todos!

Otra vez aquí, molestando, ocupando espacio en jejeje... espero que no sea inesesario. ñ_ñ

Ahora les vengo con un capitulo que a mí, me gusto mucho, no sé, sentí todo tan fluido al escribirlo... Espero les guste
tanto como a mí me gustó.

Ahora nuevas preguntas llegan: ¿Qué pasará ahora con Takashi y Sakuno? ¿En verdad estarán juntos? ¿Funcionará?
¿Qué pasara con eso del baile de Ryoma? ¿Qué hará nuestro ambarino favorito? ( ! )

jejejeje bueno, eso lo sabremos, en el proximo capitulo...

Antes de irme, doy mis eternas gracias a una persona que me dejo un enorme Review... gracias por animarme a subir el nuevo capitulo,
espero te guste :D

¡Adiós! Hasta la proxima...