Seis
"Todo comienza"

Un mes. Un mes había pasado desde el regreso de Ryoma al instituto Seishun, arrasando en el primer corte de evaluaciones dejando ver que seguía (para algunas personas que tal vez lo recordaran) siendo el mismo Ryoma Echizen: Inteligente, impecable… Perfecto en todo. Siendo conscientes de las cuentas del tiempo, el mes que Ryoma cumplía en Japón, también marcaba que la relación de Sakuno y Takashi, tenía unas lindas tres semanas.

Esa relación iba viento en popa, ambos eran el uno para el otro, a los ojos de todos, y los de ellos mismos; las conversaciones eran fluidas, los besos eran guerras interminables, y las actitudes en conjunto a sus reputaciones, eran complementos perfectos.

Regresando a Ryoma, él… Bueno, se la vive en los entrenamientos, también, con la mala de tener que ver a Ryuzaki cada viernes, o algún día que ella decidiera ir. Horio, se había vuelto algo así como un "casi amigo", pues entre clase, y clase, junto con algunos momentos de los entrenamientos, platicaban, en general Horio era el que llevaba las direcciones de la conversación, pero Ryoma era el que encausaba dicha acción. No hablaban mucho, no eran amigos como el ambarino se sentía ser con Momoshiro, pero por lo menos, era alguna clase de compañía no muy molesta, puesto que el castaño, ya no era el niño creído de nada, de hace cuatro años, no; ahora era un joven más serio y responsable, que en sí, era parlanchín, claro, pero para Ryoma, hablaba (algunas veces) de cosas que a él también le importaban: como el tenis por ejemplo. También la presencia ensombrecida de Tomoka se había vuelto algo común en su vida, ya que él sabía que Osakada lo veía de veces a lo lejos, él sabía que ella tenía muchas más cosas por decir, cosas que tal vez a él podrían llegar a interesarle respecto a la historia de todo lo sucedido en Seigaku en su ausencia, pero… Él no iba a pedirle que le dijera, o que abriera la boca, no, y tampoco se le iba a acercar, ya que pensaba que sí en verdad ella quisiera hablarle ya lo habría hecho, aunque fuera por algo mínimo…

También seguía en una rotunda negación acerca de su extraño interés por la cobriza, porque en serio, Ryoma Echizen le daba muchas vueltas al asunto de por qué Sakuno había aceptado ser novia de su potencial violador, y el como ella mantenía una vida como esa, con tantas actividades, y atenciones innecesarias en su día a día. Él, no se permitía si quiera pensar en aceptar dicho evento en su cabeza, su orgullo de: Ella no me interesa en lo más mínimo, era más fuerte que su verdadero pensar… Otra de las cosas que también se mantenía en la cabeza del ambarino, era el hecho de tener que aprender a bailar, ya había desperdiciado dos semanas de sus dos meses, y comenzaba a apurarse, ya que eso no era algo que él pudiera resolver en un dos por tres, de hecho, su padre se había encargado de que el ambarino no pudiera olvidar el tema de su amenaza: Había fotocopiado algunas de las fotos que tanto anunciaba tener, y se las había dejado a Ryoma en lugares que ni el ambarino pensaría en encontrar. Entre su ropa, en su pared al despertar, al abrir la gaveta de su baño, ahí había una, entre sus libros al hacer la tarea, ¡Bum! Ahí estaba otra. Hubo una vez en que hasta había pegado una de esas copias en las cuerdas de su raqueta, y el ambarino al darse cuenta de la presencia de dicha imagen en la que él salía desnudo dentro de una cubeta con agua llorando, la arranco con los ojos más abiertos que nunca, rompiendo y deshaciéndose de dicho papel, antes de que Horio pudiera preguntarle que le pasaba… Hasta un día, -Sólo Dios sabía cómo- encontró otra al fondo de su plato al terminar de comer… Estúpido viejo verde… Pensaba el ambarino cada vez que se encontraba con estos recordatorios, no cabía duda que su padre estaba poniendo demasiado empeño en atormentarlo.

Sakuno iba caminando extrañamente sola por el pasillo del edificio, luego de su clase de laboratorio, con la bata aun puesta. Es extraño este hecho, ya que desde que es novia de Takashi, el hombre es el más tierno y protector del universo (para Sakuno), ya que la lleva a todos lados en la escuela, esto, lejos de fastidiar a la cobriza, la hace sentir poderosa y segura ante las demás personas, su compañía se había vuelto una costumbre que pronto sería necesidad sino se despegaba del chico en algunos momentos… En fin, el hecho era que ella iba sola imponiéndose como la altanera Barbie que seguía siendo, con o sin novio, ella era Sakuno Ryusaki…

El ambarino la vio salir del laboratorio primero que nadie, y sintiendo un extraño impulso, su cuerpo dejo de tener comunicación con su cerebro desde ese momento: Caminó en dirección a la castaña, (con una loca idea fugaz en la cabeza) deteniéndola cuando ella dio vuelta en un pasillo. Sakuno lo miro con fastidio.

—¿Qué quieres, aburrido?—Dijo en tono despreocupado.

—Hablar.

Bufó.—Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.—Giro sobre sus talones y regreso a su burbuja de perfección.

Entonces Ryoma apretó los labios, aun sin saber exactamente sobre qué diablos le hablaría, caminó tras de ella a zancadas, dejando a Horio con el saludo en la boca.

Sakuno iba quitándose el chongo obligatorio que debía usar para laboratorio, y moviendo su cabello de un lado a otro, para que regresara a tener una caída natural como cada vez que lo usaba de suelto, pudo divisar de reojo la figura del ambarino, que con una mirada determinada, que sólo él podía hacer, seguía a la cobriza sin titubeo alguno.

Logró interceptarla en las escaleras.

—Déjame en paz, Aburrido…—Dijo viéndolo directamente a la cara en un tono enojado.

Ella estaba parada en el segundo escalón, con los brazos cruzados. Sólo así podían estar de la misma altura, el ambarino quiso sonreír al ver su diferencia de estaturas, de cierta forma le divertía verla enojada.

—Sólo quiero hablar, ¿a qué le temes?

—¿Respecto a ti?—Hizo una mueca identificando que pensaba que Ryoma era poca cosa: Nada…

—¿Entonces? Barbie…—Murmuro, con su misma mirada gatuna desafiante y egocéntrica que tan bien le quedaba.

Pero, no contaba con que el rostro de la castaña cambiaria de postura, pensaba que sólo bufaría o se acomodaría de nuevo sobre sus pies…, pero no, en realidad su rostro relajado y desinteresado cambio drásticamente a uno furioso, no en exceso como para hacerla fruncir la frente, pero sí lo suficiente como para que le mandara una mirada de pistola al ambarino.

Duro así unos segundos pero luego como si se lo hubieran ordenado, corrigió su mirada, y regreso a aquella altanera y coqueta que siempre llevaba pintada. —A mi novio no le gustara saber cómo me tratas…—Canturroneo, sintiéndose superior.

El tener un novio fuerte, y sobreprotector, tenía sus ventajas…

Ryoma se relamió un poco los labios e inclinándose levemente dijo: Es una lástima que tu novio no éste en la ciudad por un par de semanas...

Aunque a veces, esas ventajas podían fallar… Mierda.

Sakuno se quedó mirando fijamente a los ojos de Ryoma, parpadeo.

—Dime de una maldita vez que es lo que quieres.—Gruño, la tenía contra la pared (metafóricamente hablando).

El ambarino sonrió con egocentrismo. —Ves cómo puedes no ser perfecta todo el tiempo…

Sakuno se sintió nuevamente ofendida, pero antes de que volviera a gruñir demostrando otro desliz en su comportamiento, se dio cuenta de que ella también podía jugar; y relamiéndose los labios dijo: Entonces crees que soy perfecta... —Sonrió ampliamente, (de manera falsa, por supuesto) y miró de soslayo como unos alumnos bajaban las escaleras pasando a un costado de ellos.

—Yo nunca… dije eso…—Respondió Ryoma un poco nervioso, había metido la pata, y de paso, aún no se daba cuenta de la trampa en la que había caído.

—Por supuesto que sí, no te hagas…—Pensó en posar su mano en el lóbulo de la oreja del ambarino, y ponerlo más nervioso, pero recordó que era un idiota y que ella tenía novio, y descarto esa acción casi de inmediato.

Mientras tanto, el príncipe, decidido a cambiar la dirección de la charla, sacudió la cabeza en negación y regreso su mirada al rostro de al cobriza, con seriedad.

—Quiero que me ayudes con algo, y no bromeo.—El oro en los ojos de Ryoma se tensó, y Sakuno cayó en la cuenta de que él hablaba en serio, así que dejo de sonreír.

Saber que el ambarino le pedía ayuda la aturdía, ¿qué clase de ayuda le pediría un chico cómo él?

Ayúdal a ...

Escuchó como una ligera voz susurraba en los adentros de su cabeza. Y con la mirada buscó un escape, hasta que sus ojos vagaron a la puerta de la terraza, que estaba una escalera y media de ellos.

Sin pensarlo, y viendo que nadie los observaba, tomó a Ryoma por el brazo arrastrándolo escaleras arriba, a toda velocidad. Abrió la puerta, soltando bruscamente el brazo del chico, caminando unos metros lejos de él, llegando a la cerca de alambre que impedía que saltara al gran precipicio que Seigaku le regalaba.

Malditas precauciones.

—¿A qué tipo de ayuda te refieres?— Demando saber, sin voltear a verlo.

Trago saliva.—Veras, los detalles no son necesarios, pero por una estupidez, necesito aprender a bailar salón, para dentro de un mes y medio.—Dicho esto, respiro hondo, esperando la negativa respuesta de la cobriza.

—…¿Es alguna apuesta?
—No.
—¿Juego?
—No.
—¿Broma?
—No. Ni juego, ni broma, o apuesta… Mucho menos un chiste.—Termino irritado, suficiente era con atragantarse con su orgullo como para tener que estar esperando más por una respuesta de la castaña. En verdad que no tenía mucha paciencia.

—Okay.—Se dio vuelta, y con paso coqueto caminó en dirección al ambarino, deteniéndose a unos escasos treinta centímetros de su cuerpo mientras decía: Tengo una agenda muy apretada, sabes… Pero tienes suerte de que haya dejado de bailar cuando regresamos a clases, sino no tendría ningún día libre para ayudarte con tú inusual problema… Aunque es aceptable, es obvio que no sabes bailar, lo note en la fiesta del otro día, tal vez te enseñe algo más que sólo baile de salón…

Ryoma metió las manos a sus bolsillos y antes de que pudiera darse vuelta, Sakuno añadió: Pero eso sí, tendrás que ir a ensayar los días y las horas en que yo te diga, antes di que te estoy ayudando sin tomar algo a cambio.

—Como digas… —Se detuvo al sentir la mano de la cobriza en su hombro.

—Que poco caballeroso eres…—Y salió primero.—Nos vemos en el segundo salón de la casa cultural, en el este, a las cinco, el miércoles. No llegues tarde.

Y sin emitir ningún sonido, la vio bajar los escalones, pensando en qué clase de aprieto se había metido.


¡Hola! Oww... tanto tiempo sin publicar, jejeje

Creo que ni notaron mi ausencia pero con la esperanza de que más personas lean mi fanfiction
aquí estoy ñ_ñ.

Ahora Ryoma esta en algo nuevo, y bueno, ya se dieron cuenta de que este es el inicio de todo lo genial!
Espero no tardar en publicar los siguientes capitulos, y aun más, espero
que les guste mi historia. Por favor, comenten algo,
eso motiva muchisímo!

En fin, gracias por tomarse el tiempo de leer, gracias! Y hasta la proxima...