Unos días habían pasado desde que me hice con ese misterioso libro. Esa misma noche lo había guardado en un cajón secreto, y desde entonces, no me había atrevido a volver a sacarlo de su improvisado escondite. ¡Pero no lo había "robado" para dejarlo guardado de por vida! Tenía una investigación que llevar a cabo, y ya había perdido demasiado tiempo tratando de posponerlo. Por ello, una vez más, probé a llamar a Crux. Él apareció, y también hizo el amago de desaparecer cuando vio el libro que, sin preámbulos, le enseñé. Pero esta vez sería diferente; no dejaría que regresase al mundo espiritual sin antes darme la información que no llegó a proporcionarme la vez anterior.
-Crux. Dime todo lo que sepas.- Soné autoritaria, y quizás eso le intimidó, pero ya había tenido suficiente con tantos secretos de por medio.
Silencio. Los ojos del espíritu en ningún momento se encontraron con los míos. Creo que me evitaba. -... Lucy, por favor, toma asiento...- Pero me negué, y continué frente a él, cruzada de brazos. Crux suspiró, y luego de unos segundos más de haber permanecido silente, reunió el valor suficiente para empezar a contarme todo- ... E.N.D. ya lo destruyó todo una vez, hace más de cuatrocientos años, y no dudará en volver a hacerlo si despierta. Por eso, Lucy, debes deshacerte del libro antes de que eso ocurra...- Con un dedo tembloroso, lo señaló.
Yo tragué saliva. Pero sospechaba de que aún le faltaba algo que no quería contarme, y una vez más, insistí.- ¿Y dónde está ese E.N.D., Crux? Puede que ya esté despierto en algún lugar, y simplemente aún no haya dado la cara.- El anciano agachó la cabeza entonces, resignado. No me había equivocado.
-Lucy... Lo cierto es que E.N.D. es...- Apretó los dientes, y luego de tomar aire, continuó. -... Es el propio Natsu Dragneel.
"¿Eh?"
Sentí el dolor en sus palabras, mas yo enmudecí. ¿Qué había dicho? Había escuchado mal. Sí, eso tenía que haber sido. Pero entonces sentí mis piernas tambalearse, e incapaz de seguir aguantando mi peso, caí sobre mis rodillas, incapaz de moverme. También sentí mi piel empaparse de un sudor frío, y mi mente quedó en blanco. Sentí como si hubiese dejado de respirar. Mi cabeza daba vueltas, y creo que estuve a punto de colapsar, de no ser porque Crux me socorrió, gritando mi nombre hasta que conseguí exhalar una bocanada de aire.
-¡Lucy, la única forma de resolver todo este asunto es destruyendo el libro!- El anciano lo tomó con sus manos y me lo tendió, algo desesperado. Yo aún estaba desconcertada, pero conseguí agarrarlo, de malas maneras, eso sí. -Si alguien lo abre, será el fin de todo.
- ... Si lo destruyo, ¿Natsu estará a salvo...?- ¿Por qué pregunté eso? ¡Claro que quedaría sano y salvo! O eso quería creer, pero toda esperanza se desvaneció cuando el espíritu me contestó.
-... Natsu desaparecerá junto al libro cuando eso ocurra. ¡Pero no debes dudar, Lucy!-
Entonces abrí los ojos de par en par, y las lágrimas no tardaron en emerger. Mis labios también temblaban, junto al resto de mi cuerpo. ¿Dudar, decía? ¡No había ningún motivo por el que dudar!- ¡No! ¡No haré nada como eso!- Tan pronto como conseguí alzar la voz, me aferré al libro, abrazándolo con la poca fuerza de la que disponía en esos instantes. -No...- No quería escuchar nada más, por lo que antes de que Crux dijese algo más, forcé el cierre de la puerta.
¿Destruir a Natsu? Era algo impensable. ¡No! Él no podía tener un final como ese. Natsu siempre lo daba todo por el gremio y por sus amigos. Entonces, ¿por qué él...? -... No dejaré que nadie más toque este libro... Yo... Lo protegeré con mi vida si es necesario...- Como pude, con mi antebrazo izquierdo me sequé las lágrimas que aún no habían cesado de caer. Tenía que haber otra solución, alguna otra forma para evitar el regreso de E.N.D. que no fuera destruirle junto a Natsu. Debía descubrirlo.
A la mañana siguiente, aún tenía los ojos hinchados por todo lo que había llorado, y, naturalmente, apenas había conseguido dormir algo. Antes de acostarme, había vuelto a esconder el libro en el mismo sitio; así, no habría ningún problema si Natsu o cualquier otro apareciese en la casa desde primera hora. Pero por suerte, no fue así. Era de agradecer, pues mi aspecto no era el mejor de todos, y precisamente no sabría qué hubiera podido inventar si me hubieran visto con esos ojos llorosos y ese aspecto desganado.
Una vez en el gremio, pasé directamente a la biblioteca. Mi objetivo era encontrar algo relacionado con E.N.D., o alguna clase de magia que pudiera contrarrestar su temido poder. Estantería por estantería, rebuscaba y rebuscaba, mas aquella búsqueda era como la de encontrar una aguja en un pajar. Pero entonces...
-¡Oye, Lucy! ¿Qué estás haciendo aquí?-
Una reconocida voz fue la que me proporcionó un severo escalofrío, y gracias a eso, me tambaleé sobre la escalera en la que estaba subida, hasta el punto de empezar a caer hacia atrás, sin poder remediarlo- ¡Kyaaaaa!-
-¡Lucy! ¡Cuidado!- Sinceramente, creí que no viviría para contarlo, pero justo antes de que mi espalda colisionase contra el suelo, algo amortizó mi caída, o mejor dicho, alguien, quedándome así, recostada sobre el cálido pecho de mi salvador -... Tss. ¿Por qué no vas con más cuidado?-
-Natsu... -Tuve que apretar mis labios. Un nudo se formó en mi garganta, y si no iba con cuidado, seguro que me delataría echándome a llorar. -... Gracias...- Por acto reflejo, apoyé mi mano sobre su brazo derecho, el cual se encontraba rodeando aún mi cintura. Y ahí fue cuando me percaté del vendaje que mantenía cubierta la mitad de su musculosa extremidad.
Cierto. Desde que nos reencontramos, siempre había tenido ese brazo vendado, y nunca le había preguntado la razón. Pero qué tonta que era.
-¿Hasta cuándo te piensas quedar encima de mí?- Al oírle, le miré por encima del hombro. Fingía su expresión como si se estuviese ahogando por culpa de mi peso, y yo inflé las mejillas, indignada, pues sabía que lo hacía para molestarme.
-Lo siento.- Fue inevitable sentirme avergonzada, y por ende, me sonrojé, al tiempo que me apartaba de encima suyo y me levantaba del suelo. -¿Pero qué estás haciendo aquí?
Él también se levantó, quedándose enfrente de mí, de brazos cruzados. No me quitaba los ojos de encima, y yo tuve que apartar la vista hacia otro lado. Los nervios se apoderaban de mí. -Me aburría y te estaba buscando. Mira me dijo que estabas aquí. ¿Qué buscas?-
Y me estremecí. Sabía que me preguntaba con desinterés, pero no era capaz de pensar en una buena escusa para responderle- Yo... Eh... Lo cierto es que... -Recorrí las estanterías con la mirada, y después me fijé en las llaves que siempre llevaba colgadas de mi cinturón. ¡Eso era!- Creo que ya es hora de mejorar algo más con mi magia, y me preguntaba si habría algún ataque que pudiera compaginar con alguno de mis espíritus... Haha~...- Me rasqué la cabeza. Si se miraba desde ese punto de vista, no era algo muy lejano de la realidad.
-Hoh... - Natsu no pareció creerse del todo lo que le acababa de decir, pero al menos, no continuó insistiéndome. Me salvé. Aunque no por mucho tiempo. -Oye, Lucy, vayamos a tu casa. Tengo hambre.-
-¿¡Q-qué!?- Traté de retenerle, sujetándole del hombro, pero no le alcancé. Antes de acabar la frase, ya se había dado media vuelta para salir rumbo a mi casa. Mi corazón latía con tanta fuerza que creí que se me saldría del pecho. Pero debía actuar lo más normal posible, o de lo contrario, Natsu empezaría a sospechar que algo iba mal. -¡E-espera, Natsu!-
Tan rápido como pude, me puse a su lado para caminar, y una vez más, mi atención se fijó en el vendaje de su brazo. Me fue imposible retener por más tiempo mi interés, y, por ello, le pregunté. -Oye, Natsu... ¿Qué te pasó en el brazo? Siempre traes esas vendas contigo y me empiezo a preocupar...-
Él me miró, y después se miró la extremidad derecha. -Oh, ¿esto? No es nada importante.- Con su mano izquierda, se frotó el antebrazo y sonrió. Sonrió ampliamente, pero creo que forzó esa curvatura de sus labios. Insistir no serviría de nada, y por ello, callé, sin añadir nada más hasta que llegamos a mi hogar.
-Natsu, trata de no destrozar nad- - Tarde. Para cuando me giré a verle, él ya estaba rebuscando en la nevera, y sacando prácticamente todo lo que había en el interior. No transcurrió mucho más tiempo hasta que engulló todo lo que había escogido. Yo me llevé una mano a la frente. No tenía remedio.
-¡Hah! ¡Estoy lleno!- Con ambas manos se frotó el estómago, e, inesperadamente, comenzó a caminar hacia mi habitación- Hora de dormir. ¡Buenas noches, Lucy!-
-¿¡P-pero qué dices!?- Por instinto, le lancé algo a la cabeza, dándole de lleno- ¡Vete a tu casa! ¿¡Dónde pretendes que duerma yo sino!?
-¿Hm?- Con una mueca, se frotó la zona donde había recibido el golpe, y, una vez más, se giró para verme, encogiéndose de hombros en el acto. -En la cama junto a mí. No hay nada de malo en ello.-
¿¡Pero cómo podía ser tan sumamente descuidado!? Casi me lancé a golpearle otra vez, pero él ya se había metido en la habitación. Fruncí el ceño, y sentí mis mejillas arder debido al sonrojo que se había presentado sobre estas. Por supuesto que no aceptaría su oferta y no dormiría junto a él.
Por el contrario, regresé a la cocina y procedí a recoger todo el desorden que ese maldito pelirrosa había provocado en tan solo unos minutos.
No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero para cuando me asomé de nuevo a la habitación, Natsu ya dormía profundamente. No pude evitar acercarme para verle mejor. Él, ¿un demonio? Aún me resultaba casi imposible de creer.
Con una diminuta sonrisa, me dejé llevar y acaricié sus cabellos varias veces, embelesándome, hasta que me di cuenta de que tenía su brazo a mi alcance. Sí. La curiosidad me estaba matando, y por ello, traté de quitarle el vendaje.
Todo parecía ir bien, y ya casi lo tenía, de no ser porque él se dio cuenta, y de inmediato agarró mi muñeca, deteniéndome en seco, y, cómo no, sorprendiéndome.
-No lo hagas.- La seriedad de su voz me intimidó, y cuando se incorporó para mirarme, creo que me paralicé.
-N-Natsu... L-lo siento... Yo...- Parecía molesto, y yo me arrepentí de inmediato por lo que había intentado hacer.
No obstante, el vendaje se había aflojado demasiado, y antes de que alguno de los dos pudiéramos reaccionar, éste cayó, dejando al descubierto el que, probable y actualmente, era el mayor secreto de Natsu. Y desde esa noche, el mío también.
Continuará.
Chan, chan. ¿Qué será, será? -Cejas, cejas-
Btw, como de costumbre, os agradezco que leáis esto. Me alegro de que os esté gustando, así que continuaré esforzándome para complaceros.
Nos vemos~ 7u7
