Capítulo III.
Así que hizo lo que le pareció mejor para su caso: preguntar las razones por las cuales el hombre insistía tanto en ir a Byacuya. El problema era que no sabía cómo hacerlo, fue hacia la ventana y echó un vistazo a los guardias que cuidaban el castillo, estaban por todas partes y entonces se preparó para dudar de que sería posible escapar del palacio. Sin embargo, el hombre también tenía trucos bajo la manga.
─Olvidé decir que yo me encargaba de ellos... ─De repente, los guardias que se encontraban vigilando el castillo se cayeron sigilosamente─. Buena puntería, ¿No lo crees?
Ahora Nainin sentía más miedo que antes, ¿Por qué le preguntaba sobre su puntería? ¿Los había lastimado con un arma invisible? Esas dos no eran las preguntas importantes, sino, ¿Qué les hizo? ¿Los asesinó? Optó por alejarse de la ventana e irse a un rincón, ahí agarró un libro y lo abrió precipitadamente.
─¿Qué haces? No pensarás que me crea eso de necesitas un librito para hacer magia, ¿Verdad?
─¿¡C-cómo lo sabes!? ─Preguntó asustada e inquieta la princesa.
─No soy como tu familia para creerme tal mentira. ─Respondió la voz del hombre─. Apresúrate, tenemos que irnos.
─¿Q-quién eres?
─... Te diré en cuanto lleguemos con la princesa Mirai.
─¿Por qué?
─Porque ella también requiere de mis... capacidades, ya verás a lo que me refiero. ─Contestó el hombre.
─Sigo sin querer...
─Ya no estés del rogar. ─Interrumpió la voz, para luego de que en el aire se formara la imagen de una espada─. No sé como se maneja esto, pero no dudaré en usarla si no cooperas y nos vamos a Byacuya.
La castaña no dudó en en levantarse, tomar algunas de sus cosas y bajar rápidamente las escaleras. Iba preocupada por la razón de que un guardia la podría ver y avisarle a su padre. Dándose cuenta la voz de eso, la espada reapareció y parecía que lastimaba a los posibles soldados que detendrían su escape.
Nainin se detuvo de nuevo en las caballerizas, preparó al caballo blanco de su hermana y se subió a él. Cerró los ojos y cerró los puños, apretando delicadamente su piedra. El cielo eventualmente se fue haciendo más claro, un viento suave hizo volar su cabello y se dio la media vuelta, con los ojos cerrados.
─... Esa actitud no le gustará nada a vuestro padre, princesa. ─Dijo una voz que Nainin conocía perfectamente─. ¿Qué estáis tratando de hacer?
─No te dolerá ni un poco, sólo deja de mover... ─La espada iba a golpear al soldado pero la princesa se atravesó─. ¿Ahora qué?
─... ¡N-no le puedes hacer daño! ─Gritó Nainin, desesperada─. Alonso... estoy segura de que sabes lo de la piedra... ¡Y a mi no puedes mentirme!
─Vale, ¿Por qué escapáis? ¿Y por qué me jugáis una broma así? ─Preguntó el sub-comandante del ejército de Certes─. Regresad con vuestro padre, ahora.
─¿No escuchas a esa voz?
─Déjamelo a mi. ─La espada se acercó al cuello del soldado y le impidió moverse─. Di lo que sabes sobre la piedra, quiero toda la verdad.
─Oh, ya la escucho... lo único de lo que me he enterado es que, cuando alguien de la familia real, canta una canción, puede dar vida. ─Respondió algo asustado el chico del cabello marrón oscuro─. Pero son rumores... de la ciudad.
─No eres muy inteligente que digamos entonces. ─Musitó la voz del hombre, mientras la espada dejaba libre al muchacho.
─Sea lo que sea lo que estoy oyendo, tenéis que volver. No voy a dejaros ir como si nada estuviera ocurriendo...
─Acompáñanos, te prometo que volveremos en cuanto la voz me deje de molestar y regrese de donde vino.
─Sigo escuchando tus comentarios, ¿Sabes?
─Princesa Nainin...
─Alonso, tómalo como una orden y no como un favor. Recuerda que yo soy la princesa Nainin II, aunque odie serlo... ─En seguida, la princesa de las iris rojizas montó al caballo─. Te destituiré de tu cargo. Y con las monedas que ganas, es con lo único que mantienes a tu hermana menor, que está enferma por cierto, ¿O me equivoco? Además del pequeño Aarón y tu madre, Inés.
─Me sorprende lo mala que podéis llegar a ser. ─Dicho esto, Alonso subió a otro caballo negro─. Os voy a cuidar, ¿Entendido? Y también regresaremos pronto... otra cosa, explicadme bien sobre vuestro amiguito.
─No somos amigos, y... yo tampoco sé sobre él...
─¿Cómo? ¿Sólo os vais por qué sí? ─Inquirió, incrédulo, el muchacho ojinegro─. ¿A dónde vamos exactamente?
─A Byacuya, tengo cosas que ir a hacer allí. ─Contestó serenamente la voz.
El soldado asintió confundido. ─Seguidme, hay mucho camino que recorrer.
─No pensé que se lo tomara tan... ligero. ─Susurró la castaña.
─¿Por qué no lo haría? ¿Tú quisieras ver a tu hermana morir? Le diste un golpe muy duro metiéndote con su hermana... Y su familia. ─Murmuró la voz.
─Lo sé, ¿Y qué querías que hiciera? ¿Esperar a que le dijera a mi padre? ─Preguntó Nainin, siguiendo a su compañero.
Los tres escaparon del castillo, fue entonces cuando Alonso se puso a pensar en lo que diría el rey: si se preocupaba tanto cuando su hija salia al bosque, ¿Cómo reaccionaría cuando Nainin estuviese en el reino del norte? A parte que el rey Arcthurus tenía bastante autoridad para matarlo si se enteraba de que ayudó a la arriesgada idea de su hija, tal vez debió de pensar en eso antes.
El Sol salió por completo, dejando ver con mayor claridad el camino al cual ir. Seguían en territorio de Certes, eso era seguro y, para su mala suerte, todavía tenían que deshacerse de los guardias que vigilaban la frontera. Además de que se encontraban en un lugar casi desértico, sin plantas, o flores a la vista, confiaba en que todo saldría bien si Su majestad salía viva. El sub-comandante detuvo su caballo negro y bajó la cabeza, temblaba de miedo. No sabía a quien temerle más, ¿A la princesa Nainin o al rey? Viendo la princesa la preocupación del soldado, decidió bajar del caballo de su hermana e ir a tranquilizarlo un poco.
─¿Qué te pasa, Alonso? ─Inquirió con voz suave y dulce Nainin─. ¿Hay algún problema? Se trata de mi padre, ¿Verdad? ─Preguntó seriamente la princesa, recibiendo como respuesta un sí─. ¿Qué es lo que te preocupa?
─... Todo lo que me puede hacer si descubre que os estoy ayudando. ─Respondió el soldado, levantando la mirada─. Aunque, de cierta forma, también me dais miedo vos.
Nainin se sorprendió con eso, no quería causarle miedo, sólo que le ayudara, así que se acercó más a Alonso. ─Apuesto a que jamás has visto el poder de la piedra.
─¿Qué decís...?
La princesa menor sacó la piedra de uno de sus bolsillos y comenzó a cantar la parte que se sabía de la canción. Al mismo tiempo que empezaron a crecer rosas blancas y azules a su alrededor, los pocos árboles secos que habían crecieron de manera mágica, sus hojas eran verdes cuales esmeraldas, ahora estaban parados en un campo verde y en espacios vacíos unos pinos se formaron en círculo, parecía un verdadero jardín hermoso. El chico de los ojos índigo se asustó pero luego recordó el poder de la piedra. Se fascinó, nunca se había imaginado estar frente a la princesa mientras cantaba y daba vida.
─Esto es... increíble... ─Dijo Alonso en lo que pasaba por los árboles─. Jamás me imagine que pudierais hacer todo esto.
─Espero que esto... te haya tranquilizado un poco... ─Susurró la voz del hombre, como si lo que acababa de ocurrir le doliese o disgustase─. No espero... te ordeno que te haya t-tranquilizado...
─¿Qué es lo que te pasa?
─N-nada importante, deberían de descansar. ─Esas fueron las últimas palabras que dijo la voz por ése día.
─Bien, ¿Me diréis lo que pasa con él ya, princesa?
─No lo sé, a penas esta madrugada se apareció y... y no te gustará nada si te digo lo demás. ─Explicó la princesa menor─. La verdad que no creo que sea buena idea, a pesar de que me dijo que la princesa Mirai también necesitaba... ayuda.
─Así que es por eso. No culpo a tu compañero, Byacuya está pasando por momentos difíciles... o mejor dicho, su princesa.
─¿De qué hablas? ─Consultó Nainin.
─¿Vuestro padre no os ha contado, eh? Resulta que... la reina Mizuki obligó a su hija para casarse con el príncipe de Anyah. ─Contestó el sub-comandante─. Pero supongo que vos os desaparecisteis de nuevo cuando todo ocurrió.
─Sí, sí, como es de costumbre, ¿No?
─Exacto. ─Alonso carraspeó la garganta y se rascó la nuca─. ¿Y qué me contáis sobre la princesa Baransu?
─¿Por qué preguntas? N-no es que sea de mi importancia, simplemente... es muy misteriosa y casi nunca me cuenta sus cosas.
─Pero si las dos sois, os guardáis vuestros secretos una a la otra...
─Eso es lo que piensan todos, incluso mi padre cree que Baransu le cuenta todo. ─La princesa de los ojos como fuego suspiró─. Pero guarda más secretos que toda la corte real junta, y eso es complicado de superar.
─Ni que lo digáis, a veces la cantidad de murmullos que dicen me asusta. ─Comentó divertido el guardia─. ¿Qué queréis hacer mientras vuestro compañero vuelve?
─Es verdad. Por cierto, ¿Dónde está? No ha hablado desde que usé la piedra y es extraño que no se haya metido en esta conversación, desde que lo vi fue un entrometido.
─No lo sé. ─El chico miró a todos lados, buscando respuestas─. He de admitir, es algo... apacible.
En lo que la princesa y el soldado buscaban con la mirada alguna cosa que les pudiese ayudar a saber sobre la voz, la figura de un hombre comenzaba a formarse entre las ramas de un árbol seco, no tan lejos de donde estaban los habitantes de Certes. El árbol era el único sin vida, como una imperfección en un mundo de ensueño. La silueta observaba detalladamente su mano, recordando cada segundo en el que la princesa Nainin cantó, aparentemente le gustó escucharla.
─¿Cómo aquellas letras tan bonitas pudieron haber sido aprendidas por una niña tan caprichosa? ¡Mayor equivocación no pudieron cometer! ─Exclamó para sus adentros─. Aún así, necesito enseñar un par de "lecciones" aquí... sólo he de reunir a la soñadora princesa Mirai, ¡Cuánto ha de estar sufriendo!
─¡Hey, tú! ¡Baja de ahí! ─Gritó una voz de mujer, interrumpiendo los pensamientos de la figura en el árbol─. ¡Tenemos que continuar el viaje! ¡Baja de una vez!
─¿Ahora quién es? ¡Ah! Eres la princesita Nainin, ¿Por qué puedes verme? ¿Cómo?
─Pues... eres la primera silueta blanca que veo por aquí. ─Contestó con simpleza la princesa de Certes.
─Bien, con una sola condición: que dejes de hacer pruebas de canto, ¿De acuerdo? O de menos dejes de cantar esa canción.
─¿Por qué? ¿Me lo impedirás? ─Ahora Nainin hacía las preguntas.
─Ja, no creo que quieras tener de enemigo a un Di... ─En seguida, la figura se tapó la boca con ambas manos. Y de la misma manera siguió hablando─. Es decir, ¡Vayamos a Byacuya! ¡Sí! Je, je.
─¿"Di..."? ¿"Di..." qué?
─Di... ¡Dinosaurio! ─Voceó en una respuesta rápida la voz, que se volvió a hacer invisible─. ¡Ahí tienes tu respuesta! Ya vámonos.
─Dime la verdad. ─Exigió la castaña, cruzándose de brazos.
─... Mi nombre es Diego, ¿Contenta?
─Está bien, ¿Cuál es la razón por la que no me gustaría meterme con un "Diego"? ─Insistió Nainin.
─¿No has escuchado al frase que dice: "los Diegos son los más fuertes y peligrosos"?
─No. ─Dijo seriamente la princesa.
─Entonces no entenderás. ¿Ya podemos irnos?
Nainin asintió. ─Eres igual que mi hermana.
CONTINUARÁ...
He decidido que le dedicaré más tiempo a este fic pero que sí pasarán como tres o cuatro semanas para que actualicé. La razón es porque tengo otra historia que llegará a su fin y me gustaría hacer dos capítulos por mes de esa.
Maliss: No sabes lo feliz que me hace saber que te encantara el capítulo. Y sí, cuando hice a Arcthurus pensaba en hacerlo especial, no único pero sí edición limitada (?).
Kiw-chan: No sé que decirte, ya te dije todo lo que pienso sobre la paz que necesitabas.
DestinyGirl 009: Ten cuidado con lo que dices a la próxima D: del medallón, hay mucho más que vas a descubrir después. Y cuando lo hagas, ya no te recordará al hermoso medallón.
Akemi Shizuka: Ya ves que no se arrepintió, hasta "arrastró" a otro.
Alex: ¡Ay! *O* me alegra mucho que leas esta historia. Bueno, no he pensado subirla a FP, lo más seguro es que no u.u
También, tardaré porque me vicié con un juego...
Sin otra cosa que decir, me despido.
¡Saludos cordiales!
(Por ahí me dijeron que hay un ─ donde no va. La verdad yo no lo vi, de igual forma perdón)
