Capítulo VI.

Los dos primos se quedaron en silencio mientras caminaban por los pasillos del castillo, no tenían nada de qué platicar hasta que se toparon con Takeshi y Naomi. La niña pelirosa miró con miedo a Matías y se escondió detrás de su primo, ante esta acción, Takeshi sacó un pequeño cuchillo que luego guardó, frunció el ceño y se dio la media vuelta, dispuesto a comenzar a caminar junto a Naomi sin siquiera dirigirles la palabra a los otros.

─Espera. ─Detuvo Camille, tomando de la mano a Takeshi─. Quiero hablar con la pequeña.

─¿Para qué? ¿Para causarle más miedo? ─Inquirió enojado Takeshi, soltándose duramente─. Vamos, Naomi.

Matías miró a los ojos a la niña y se agachó. ─¿Nos dejarías hablarte un minuto, princesa?

─ ... Sí. ─Aceptó con timidez la pelirosa.

─¿Naomi...? ¡Pero me quedaré aquí, cuidándola! ─El albino se cruzó de brazos y se fue a un lugar cerca de la puerta─. Cuidado, si le hacen algo...

─No pasará nada. ─Dijo cortante la chica de las iris plateadas.

En cuanto el chico de ojos miel fijó su vista en el rubio, éste optó por llegar al punto rápido. Camille, en cambio, sonreía para que Naomi no se sintiera hostigada, acción que resultó pues los nervios de ésta desaparecieron al momento de tomar la palabra.

─¿Cómo se encuentra tu padre? ─Habló el príncipe rubio.

─No está bien, de verdad que le habéis robado varios años de su vida... vosotros solos no, sino que toda vuestra nación lo hizo. ─Respondió la niña─. No preguntéis, la última vez que lo vi estaba en... las últimas.

La pelivioleta inclinó la cabeza. ─... Lo sentimos... ¿Y tu hermana mayor? Su nombre es Yuki, ¿No es cierto?

Naomi asintió. ─Ella sigue cuidando a su pegaso, no le he dicho nada sobre quién le causó el accidente... a ella. ¿Puedo saber por qué preguntaron por nuestro padre? ─Preguntó la de ojos miel.

─Nos enteramos de lo que le pasó hace años. Pero créeme, de lo único que soy culpable... y no me arrepiento, es del sufrimiento por el que pasó tu hermana. ─Contestó seriamente el príncipe de ojos celestes.

─Los puedo conducir si lo deseáis, el carnaval lo conozco como la palma de mi mano. ─Naomi se fue con su primo─. Takeshi, nos van a acompañar. Espero que no sea molestia, yo los invité.

Takeshi no hizo más que sonreirle, aceptando el cargo de ser un guía por el festejo. En otro lado del castillo, se hallaba una habitación iluminada solo por velas en las paredes. Su color era naranja y el piso era rojo, en su centro estaba una cama donde reposaba un hombre al que ya no le quedaba mucha vida de la que disfrutar. Sus ojos cerrados, su piel pálida y fría; su cabello no presumía brillo a pesar de ser dorado. Ése hombre no era nadie más que el anterior rey de Byacuya, todavía sufría por su espíritu que se apagaba paulatinamente.

─¿Por qué aún sigues aquí? Ya no sufras más... Norax. ─La reina de Byacuya derramaba lágrimas en el pecho de su esposo. De pronto, tiró una daga que guardaba en su vestido─. No puedo matarte, perdóname, lamento ser tan débil. Nunca olvidaré lo que la guerra te hizo, nunca...

En una de las ventanas, como presencia vigilante pero ausente a la vista humana, "Diego" observaba a los soberanos. Él sentía que debía matarlo, así le haría un favor a la reina y al rey, sin embargo, se preguntó: ¿Por qué lo mataría? Aunque pareciese que su alma estaba condenada a dejar este mundo, algo dentro de "Diego" le impidió aceptar la situación.

─No, tal vez esté casi muerto. Norax sigue aquí por una razón y yo le daré sentido a sus motivos. ─La voz, o mejor dicho, la silueta se adentró en la habitación─. Necesito recuperarme lo más pronto posible, para ir a hacerles frente a esos dos y que Shizukesa se ocupe de su gente.

Las palabras de "Diego" eran meros susurros y por eso la reina no se dio cuenta de él. La voz se hizo invisible cuando Mizuki se levantó del suelo, se limpió las lágrimas y trató de tranquilizarse. Al momento de conseguirlo, ella iba a salir de la sala directo al carnaval. Sin embargo, la puerta fue abierta primero por el príncipe mayor byan, quien, al ver a su madre, corrió a abrazarla.

─Madre... ¿Por qué tienes que llorar en un día tan importante? ¿No ves que me lastima verte así? ─Kenji cerró los ojos─. Y si a mí me duele, ¿Cómo se sentirían mis hermanos y mi primo al ver a la que los cuidó desde niños llorar? Has sido su ejemplo siempre.

─Kenji... pensar que creen que está muerto, que ya está en un lugar mejor... y verlo aquí, esperando tal día... me duele demasiado. ─Musitó la reina de ojos cafés.

─Tratándolo de matar no se solucionarán tus problemas. ─Dijo el rubio oscuro, percatándose de la daga─. Ojalá que la cura llegue rápido, sea cual sea lo que nos alivie del sufrimiento.

Los dos familiares salieron del cuarto, dejando a "Diego" y Norax en completa soledad. Teniendo en cuenta la situación en la que ponía al rey, la silueta puso una de sus manos en la frente del humano, sintiendo así lo helado que era el cuerpo de Norax. La figura desprendió un brillo, "Diego" abrió los ojos del casi difunto monarca y débilmente pronunció las siguientes palabras:

─Ya... veo. ─La silueta cayó de rodillas─. No me extrañaría que... que incluso Mirai llegara a ser más fuerte que tú. Ya has ofrecido bastante fuerza... a tus hijos, a tu familia. Escucha, por razones desconocidas, no te dejaré morir... es decir, no puedes morir aún. Sí... es eso.

El espíritu salió del castillo directo a la plaza principal, efectivamente el festival estaba siendo celebrado y no llevaba mucho tiempo de comenzarse. Ahí pudo ver, desde los cielos, a gente de todas los tres reinos. A los de Anyah los reconocía por sus gestos, a pesar de que éstos intentaban demostrar felicidad; Los únicos de Certes eran Nainin y Alonso, mientras que los de Byacuya era obvio verlos reunidos en algo tan importante. Odiaba admitirlo, pero de cierta forma el ambiente le agradaba.

Su tranquilidad desapareció cuando notó a los anyahn señalando a la princesa de Certes. Lo toleraría del pueblo byan, sin embargo, ¿Por qué el reino del oeste se tomaría el tiempo de venir a Byacuya y decir algo sobre la princesa de Certes? Aquel país no era tomado como uno de conflictos, pues poseían a la mejor guerrera, esa fue una de las razones por las que el rey Dristan jamás les tomó importancia.

─ ... Son soldados, eso es seguro, la gente no puede cruzar la frontera a menos que el rey lo ordene o apruebe. ─La silueta se hizo invisible─. Algo está mal.


En el oscuro castillo de Anyah, la risa maniática de su soberano se escuchaba por todos los rincones. Él disfrutaba de un vino tinto sentado en el trono real, la copa reflejaba sus ojos azul rey. Dristan se reía de alguien más, de alguien ingenuo que cayó en el peor de los engaños creados por un mismísimo amante de ambas patrias. Ahora le encantaba ser monarca de un reino temido, del reino que no se podía ganar la confianza de los demás ni aunque quisiesen. Anyah, un reino que salió adelante por medio de guerras a tierras conocidas y desconocidas.

─Es sorprendente la rapidez con la que habéis caído... ─Dijo Dristan cuando su risa vio el fin─. Contadme más sobre el problema... príncipe de Certes, Vincent. ¿De verdad que confiasteis en un pobre bandido como Annibal?

─No entiendo vuestra risa, ni tampoco sé a lo que os referís con caído. Tal vez haya venido en vano, tal vez no... ─El príncipe sacó una lanza y apuntó a Dristan─. Decidme dónde está mi hermana.

─Je, je, je... pronto la traerán. ¿Por qué no os tranquilizáis y esperáis unos días? ─Preguntó el rey antes de beber de su copa─. Ah... refrescante.

─Ya os lo dije, me tomáis como uno de vuestros guerreros más y dejáis a mi hermana.

─Sois un buen soldadito, príncipe. A lo mejor y me servís bastante bien. No obstante, la única que me asegurará la victoria es tu hermana mayor. ─La copa se rompió en manos del soberano─. Lastima que ella sea un animal que no se puede domesticar...

─¡No volváis a referiros así de mi hermana! ─Gritó con odio el castaño, tomando con firmeza su lanza.

Dristan se levantó del trono y anunció solemnemente. ─¡Que empiece la verdadera diversión!

─¿Qué? ─Enseguida, varios bandidos entraron al salón─. Entiendo, ¿Queréis que pruebe mi fuerza, eh? No soy como Baransu, ojalá que conmigo os baste para que Nainin se libre de vuestras garras.

─¿Y tu padre? No sabe nada de esto, ¿Verdad? Me preguntó qué pasaría si se enterara de que su hijo luchará en el bando de mi reino. ─El rubio canoso rió, mostrando una amarga felicidad─. A él. Y tú, dame más de eso... esto lo voy a disfrutar.

─Tenéis suerte de tener varios sirvientes y prisioneros... ¡Qué verán su muerte ahora! ─Vincent comenzó a asesinar a todo el que se le enfrentaba, con poca dificultad.

Transcurrieron unos minutos, casi llegando a la hora. El certiano ya no podía más; más que hora pareció año, eran muchos los que derrotaba. Pasada la primera media hora, dejó de acabar con la vida de sus contrincantes, ellos mismos eran curados por sacerdotes oscuros mientras que otros llegaban a su ataque. Vincent consideraba seriamente en volver a matarlos, pero eso iría en contra de lo que le habían enseñado en toda su vida.

─¡Ngh! No los debo... d-de... matar... no.

─Esto es divertido, ¿No lo crees? Lo absurdos que pueden ser los certianos.

─'Nainin... más te vale... estar bien'. ─Pensó el chico de ojos rojos, ya cansado.

─... ¿Qué se le va a hacer? Nadie puede alcanzar la fuerza física y emocional de la no domable, Baransu...

─ ... ¡Callaos! ─Exclamó el príncipe Vincent, saltando hacia el rey Dristan. Esto le causó una ligera cortadura al señor─. Ya os lo había dicho.

El de los ojos azul rey frunció el ceño, totalmente enojado. Dristan se dio la vuelta y con la yema de su dedo índice rosó la sangre de su mejilla, para luego lamerla y aumentar su semblante de ira y de querer matar a todos. Conservándose en su postura, le hace señal a sus soldados más fuertes que ataquen a Vincent, éste trataba de defenderse pero los otros lo superaban en número, y por lo tanto también en fuerza.

─¡Mátenlo! ─Ordenó el rey de Anyah─. ¡Rápido! ¡Enséñenle a respetarme!

─Podrás matarme... hazlo si quieres. En tu conciencia quedará que... despertarás una cólera en mi padre y mi hermana.

─¿Hm? Es verdad. ¡Alto! ─Dicho esto, los soldados se detuvieron─. Te dejaré ver mi lado bueno, muchacho, no te mataré... en cuanto tú no te metas conmigo ni en mis asuntos.

─¿Dónde quedó el respeto?

Antes de que Dristan pudiera responder, cada uno de los anyahn presentes se desmayó. El príncipe de Certes se sorprendió mucho y creyó que era una broma de parte del rey, así sería otra prueba para ver qué tan buen guerrero era. Sin embargo, todo fue obra que comprobó el poder que escondía aquélla presencia que llevaba pocos días dejándose mostrar. Eso le había salvado de un problema al príncipe.

─Agradece que te he salvado la vida. ─La figura blanca salió del cuerpo dormido de Dristan─. Tu hermana no está aquí, te llevaré con ella en un segundo. Con la condición de no preguntar cómo.

─¿Sería mucho pedir? No es cierto, sólo bromeaba, "Diego". ─Vincent sonrió feliz─. Qué alegría verte.

─Igual, Vincent, a mí me alegra haberte salvado de quedarte... en este reino sumido por la desesperación de no tener un dios protector.

─"Diego"... Gracias. Y espero que me expliques todo cuando Nainin esté presente, ¿De acuerdo?

─Sí. Ella igual querrá saber por qué nos conocemos...

El ojirojo le interrumpió. ─Yo me encargo de eso, le costará trabajo creerlo.

─Dile la verdad, al cabo que tú y ella... y todos, tienen las mismas dudas sobre mí. ─La voz miró por la ventana─. Esta gente no disfruta de un día así, es una pena. Oye, guardias de Anyah vigilan a tu hermana, verte en Byacuya los hará regresar rápido.

─Ja, quiero ver sus caras de sorpresa y miedo. ─Vincent rió antes de desaparecer lentamente.

CONTINUARÁ...


Trabajé bajo presión, buscaba actualizar rápido y aquí está :D

Lamento los errores ortográficos que hayan por ahí, una persona me hará el favor de leerlo y luego yo para corregir todos los errores que veamos. Si no hiciéramos eso, creo que sí habrán demasiados.

Tienen muchas dudas respecto lo que pasó en el castillo de Anyah, lo sé. Éstas serán aclaradas cuando "Diego" y Vincent le expliquen todo el lío a Nainin y Mirai.

Lo de los certianos... estuvo mal, ¿O me equivoco?

¡Saludos cordiales!