Capítulo VII.

Sin notar la ausencia de "Diego", las princesas y príncipes continuaban viendo todo a su alrededor. Habían cosas de todo tipo: concursos, rifas, venta de objetos y comida, bailes, etcétera, hasta Matías comenzaba a interesarse por la cultura que tenían. Era algo muy importante para Byacuya, eso era obvio, y los rayos de una mañana bastante tranquila también jugaban un papel importante aquel día de primavera.

Existía una leyenda que sólo los que vivían el carnaval creían, ellos eran los testigos de algo mágico y bello. Hoy habrían más testigos, tales como personas que consideraban sus enemigos. La princesa Nainin vería no tan alegre el paisaje, pues necesitaba proteger su identidad para que alguien no le dijese a su padre dónde estaba... era casi imposible gozar teniendo en mente lo que le haría el rey si se enterara.

La reina Mizuki, junto con su hijo Kenji, pintó por primera vez un retrato de su diosa Shizukesa. Simplemente para celebrar que una era de paz estaba a punto de comenzar, así igual anunciaría el compromiso que su hija tenía con el príncipe mayor anyahn. Aunque ella tuviera una inmensa tristeza, la gente jamás la vio con tanta felicidad en su rostro, incluyendo a sus hijos. Terminando de pintar el retrato, ella pidió a sus invitados de reinos vecinos que se sentaran en una fuente. La fuente era de piedra, Mizuki les contó que su construcción fue varios siglos atrás, que era una maravilla seguir teniendo ese aspecto de vida, belleza resplandeciente y un agua purificada.

─ ... Se habla de una leyenda antigua aquí. ¿Queréis escucharla?

Los invitados asintieron como respuesta.

─En este día tan célebre, se dice que los rayos del alba duran hasta el siguiente amanecer. La luz, a pesar de no haber Sol que nos la dé, sigue alumbrando los rincones de este reino. Shizukesa... nuestra diosa es la razón, ¡Ella es la luz que nos ilumina todo el día de la creación! ─Exclamó la reina, alzando las manos al cielo y siendo alabada con aplausos de las personas─. También se cuenta que ella misma viene a visitarnos, pero los ojos mortales no son capaces de distinguir a las divinidades... es por eso que la tenemos que buscar.

─Es genial, ¿Verdad, Santiago? ─Lida abrazó al caballero.

─Sí. Eso me recuerda a lo que vuestra madre os decía, príncipe Max. ─Santiago miró al príncipe─. ¿Dije algo malo, señor?

─Nada. Es sólo que la reina dirá lo de mi compromiso con su hija. ─Max cerró los ojos─. No entiendo el egoísmo que tiene la princesa al querer quitarle la sonrisa de felicidad a su madre.

─Al menos tiene una. ─Murmuró indiferente Matías, cerrando el puño izquierdo.─. Yo jamás he sentido el cariño de una madre o de un padre. Mi tía Dalia era la única que me cuidaba y mostraba afecto hacia mí... nunca terminaré de entender el odio que me tiene el rey Dristan, por más inteligente que me haga.

─No deberías de seguir intentándolo, Matías. Ni yo puedo entender su comportamiento. ─Camille abrazó a su primo─. Ya encontraremos la forma de que no nos odie.

─¡Mi padre no odia a nadie! ¡Simplemente no les demuestra cariño! ─Reprochó Lida, cruzando los brazos.

─Como sea. ─Matías le sonrió─. Me alegra que al menos ustedes no me muestren la misma hostilidad.

─Sí... Te queremos como un gran miembro de la familia, no lo olvides. ─El príncipe de ojos plateados se levantó de la silla─. Iré a decirle a la reina Mizuki que no es necesario comunicarlo frente a todo el pueblo.

El príncipe fue con la monarca y le pidió un momento de su atención. Mirai convenció a su madre para que fuese con su prometido, aunque fue un problema que su reina aceptara, al final cedió. Lo que no aceptó fue que el hecho de no poder decir el compromiso de su hija. Mizuki, con el mayor respeto posible, dejó a Max con la palabra en la boca y llamó la atención de los presentes en la plaza.

La gente se veía intrigada por el anuncio de su soberana, mientras que los dos afectados estaban nerviosos y un poco molestos. La salvación de estos dos llegó cuando el príncipe de Certes apareció y detuvo todo, cabe mencionar que detuvo el festival porque se cayó de un árbol de frutos rojos, y manzanas le cayeron en la cabeza. Vincent se quedó unos segundos con la cabeza dando vueltas, hasta que por fin se desmayó.

─¡Herma...!¡Príncipe Vincent! ─Gritó desesperada la princesa castaña─. Ayuda, ¡Necesito que me ayuden con él!

─Ya voy. ─Alonso, con ayuda de otros guardias, cargó a Vincent.

─Qué desgracia, llevadlo al castillo. ─La reina Mizuki les acompañó hasta el palacio real, manteniendo su rostro de paz─. Tranquila, cuidaremos bien de él... por lo menos para que pueda moverse.

─La caída no fue tan alta, aún así creo que debí dejarlo en un lugar mejor. ─Habló "Diego".

─¿¡Tú lo trajiste aquí!? ¿¡Por qué!? ─Nainin comenzó a exigir explicaciones.

─Recuerda que soy in-vi-si-ble. Ahora te encuentras gritándole a un árbol enfrente de muchas personas.

─¿Eh? ─La princesa de Certes miró apenada a los byan y sonrió─. Esto no ha quedado aquí, "Diego".

─Lo mismo digo, Nainin, hay mucho que tenemos que explicarles a todos. ─Dicho esto, otra manzana le cayó a Nainin─. Eso es porque me gritaste sin razón.

─¿"Sin razón"? ¡Ah! ─La castaña se fue haciendo pucheros con su hermano.

─ ... Quién diría que la aparición repentina del príncipe Vincent te salvaría, ¿No lo crees? ─Preguntó Takeshi, caminando hacia su prima─. Oye, ¿Qué harás con eso de tu matrimonio, Mirai? Te has portado mejor desde que la familia anyahn vino al castillo... ¿Es por qué de verdad quieres casarte?

─No, Takeshi, todo lo contrario. Me he estado portando así para no causarle problemas a madre, pero haré lo posible para impedirlo.

La chica pelirosa entró en la conversación. ─Te conozco, Mirai, porque soy tu hermana mayor. Sé que no me va a gustar nada lo que planeas.

─¿Y qué harías si estuvieras en mi lugar? ─Mirai suspiró─. Ahora más que nunca, requiero de su apoyo... todo el que puedan.

─Cuentas conmigo, primita. ─Takeshi le sonrió a la princesa, apretando cariñosamente sus mejillas, y se dirigió a la multitud─. ¿Y la fiesta? ¡Sigan festejando la creación de nuestra patria!

─Tómatelo con calma, hermana. No apoyo a ninguna de las dos... ─Yuki desvió a propósito su sable en dirección a Matías mientras él iba pasando─. ... Es culpa de ya sabes quien. Perdón. ─La ojiverde se fue.

─Con vuestro permiso, princesa. Me gustaría deciros algo. ─Santiago apareció acompañado de Lida al frente de Yuki─. Comprendo el enojo que debéis sentir, pero eso no os da derecho a aprovecharos de esta visita... que por supuesto vuestra madre aceptó.

─No me aprovecho de nada, fue un error. Lamento que mi hoja haya causado temor. ─Se disculpó apropiadamente la princesa pelirosa.

─Si fuera por mí, haría que esa sonrisa de la reina desapareciera. ─Susurró molesto el primo rubio.

Todos los demás siguieron con el festival muy alegres, excepto Max y Mirai, quienes fueron a ver como estaba el príncipe Vincent. Éste era atendido por sacerdotes, y la realeza de Certes estaba muy preocupada por su salud a pesar de que él poseía una fuerza increíble. Vincent fue atendido en la primera sala del castillo: Un patio con arbustos y al aire libre, sería llevado a una habitación especial luego de comprobar su estado de salud.

─¿Por qué tanto alboroto si sólo fue una caída? ─Preguntó inquieta Nainin─. Debería estar bien, ¿No? ¿Verdad? ¡Díganme que sí!

─No. ─Contestó seriamente "Diego"─. Tu hermano había sufrido varias lesiones, lo acabo de salvar de una muerte lenta en el castillo de Anyah.

─¿Qué?

La princesa Mirai entró al patio y se acercó a la certiana. ─¿Cómo está? ¿Qué fue exactamente lo que le pasó?

─¿No sería molestia que nos explicases lo que ocurrió? ─Pidió Max.

─¡Sí! Antes de decirte gracias tengo que saber lo qué hiciste por él.

La figura blanca los llevó a un lugar cerca pero a la vez aislado. Ahí ya no era posible que los sacerdotes y la reina escucharan lo que les diría, ¿Acaso era algo malo? ¿Qué tan secreto podría ser?

─ ... Vincent fue a buscarte, un tal Annibal le había dicho que el rey Dristan te secuestró. ─Comenzó a dar explicaciones "Dieguito"─. Dristan lo obligó a luchar contra prisioneros durante mucho tiempo. El rey planeaba matarlo por su insolencia, por suerte pude "poseerlo" y dejar que olvidase esa loca idea de asesinar a tu hermano.

─¿Poseer a mi padre? ¿¡Por qué!? ─El príncipe de Anyah estaba enojado y sorprendido─. Si lo que dices es verdad...

─Es verdad, Max, duda todo lo que quieras... le he salvado la vida a ese chico.

─¿Y cómo se conocen? ─Inquirió Mirai─. ¿O sólo llegaste de la nada y él no te pidió un por qué?

─La cierto es que...

─G-gracias. ─La princesa de Certes interrumpió a la silueta dándole un abrazo─. No sé que habría hecho si mi hermano muriera.

─La princesita ha dejado su lado hostil hacia mí. Aún así, no necesito de tu agradecimiento, no te molestes. ─Dicho esto, Nainin se apartó─. Lo primero es ver si se encuentra bien. Ve a cuidarlo, se alegrará de ver que tú no estás en las garras... perdón, bajo custodia de Dristan.

El príncipe de ojos plata asintió con un semblante severo. ─Volveré con mis hermanos y Matías, Santiago debe de tener algo que ayude a pasar el malestar del príncipe certiano.

─Yo te acompaño. ─La princesa Mirai se adelantó.

─Eh, Max. Hay unos soldados de tu reino afuera, diles que se vayan.

─Creo que vinieron con Santiago, haré que vuelvan. ─Max salió del palacio.

─Y tú, ve a disfrutar del festejo. Yo me encargo de él. ─Dijo "Diego", dirigiéndose a la princesa.

─Gracias, de nuevo. Sin embargo, me quedaré cont... con mi hermano. ─La castaña en ese momento sufría un ligero sonrojo─. Si lo deseas, puedes irte. N-no quiero ser mala persona, tienes pinta de no haber disfrutado la vida desde hace años.

─No te equivocas, he estado buscando algo desde hace mile... años. Esa búsqueda ha sido eterna y me ha sido imposible disfrutar de algo, además de que he visto cosas horribles a lo largo de mi vida. ─La figura se hizo invisible─. ¿Qué puedo hacer? Ése es mi trabajo


Después de unos minutos, Vincent fue llevado a cama y supervisado por su hermana y "Diego". La reina Mizuki volvió a la plaza cuando comprobó que todo estuviera en orden, sonriente como era con su pueblo se retiró para seguir realizando actividades de convivencia. Mirai, al igual que su prometido, también continuaron juntos e inclusive permanecieron felices frente a Byacuya. Los integrantes de las dos familias, o simplemente los de Anyah, ya estaban muy cansados y optaron por regresar al castillo... dejando una impresión de -aguafiestas e insociables-.

El primero en caer cansado fue nuestro príncipe Matias, él fue seguido por Lida así que ella era la segunda en irse del carnaval. Lida se escabulló y entró al cuarto de su primo, para su desgracia, Matias hablaba con él mismo sobre cosas que a la menor le disgustarían mucho y le harían sentir un poco de miedo. Lo peor era que ni siquiera la princesa encontraba la forma de hacer que el rubio se callase, ¿Qué tan ofensivas o crueles pudieron ser las palabras de Su Alteza?

─No entiendo el odio de tal vejete de mil años hacia mí. ¿Por qué razón mi tío me ha tratado así desde bebé? ¡Soy pariente de él después de todo! ─Se quejaba Matias─. A mis primos no los trata igual. Estoy más que seguro que les dijo que me odiaran también... ¡Pero tu plan fracasó, rey Dristan! ¡FRACASÓ!

Su rostro de frustración e ira cambió al momento de recordar un pequeño detalle, haciendo que el ojiceleste se acostara en su cama y mirara una bella luz que poco a poco empezó a detestar. No tenía ni idea de por qué odiaba estar en Byacuya si esa era la única razón por la que ya no aguantaba a su tío, dentro de sí mismo se decía que era un alivio ya no escuchar indirectas ofensivas hacia él, pero por otra parte pensaba que el rey byan había asesinado a una sóla persona, la única persona que le tomó cariño en su niñez antes de Max.

─Es mejor que el rey Norax esté muerto... por matar a mi tía. Por eso... por eso yo le hice daño a la princesa Yuki, no tengo por qué sentirme culpable... ¡Ella debería agradecerme por no haberla asesinado en cuanto pude!

─¡Ah! ¡Así que fuiste tú! ─La niña de ojos azul rey puso sus manos en la boca por exclamar eso.

─¿Eh? ¿Lida? ─El príncipe buscó a su prima hasta hallarla detrás del ropero─. ¿Estabas escuchando? ¿Qué haces aquí?

─M-Matias... ¡Dices que no quieres ser como mi padre! Sin embargo, ¡Tienes la misma crueldad que él! ─Voceó casi en lágrimas Lida─. ¿Por qué matarla? No creí que tú fueras el que le hizo daño.

─Oh, Lida... ahora me tienes miedo, ¿Verdad?

─¡Sí! ¡No quiero vivir con un asesino como tú! ¡Vete! ─Gritó con temor la niña de cabello púrpura─. ¡No quiero que un asesino se me acerque!

─¿Y por qué vives con el rey Dristan, entonces? No, yo... ─El príncipe se agachó y abrazó a Lida─. Perdóname... no debí de hacer eso hace algunos años. No obstante, sabes lo que he dado para conseguir aunque sea la menor muestra de cariño de mi tío... igual que tú y que todos ustedes.

─Matias... ¡Para mí, él es un tonto por no ver lo valioso que es tenerte como primo! ─La menor de las princesas anyahn sonrió alegre cuando rompió el abrazo.

─Gracias, Lida. Ni una palabra de esto a nadie, ¿De acuerdo?

─Camille ya sabe... y Max igual, supongo.

─Me refiero a que no digas nada enfrente de la realeza byan. ¿O acaso quieres participar en una guerra?

─¡No le diré a nadie! ¡Te lo prometo! ─De nueva cuenta, los dos se abrazaron─. Te quiero mucho, primo.

─Yo te quiero más... Lida, más.

─Y dime que ya no harás lo que padre. Al menos él tiene una razón para matar, pero tú... ¡Tú no puedes desgraciar tu vida así! ─La princesita se secó las lágrimas─. No quiero que te odien.

─No lo haré, tenlo por seguro.

CONTINUARÁ...


Uy, Matias casi asesinó a Yuki u.u

Agradezco que se hayan tomado la molestia de leerlo, y quedó un poco largo, ¿No lo creen? Quise que el tema de Lida y Matias quedara aquí y no tuviera que agregarlo en el próximo. Bien, no tengo nada que decir para este capítulo.

¡Nos estamos leyendo!