Coincidencia o Destino

Ángeles y demonios

Es necesario que entre a pabellón ahora – La rubia conducía a toda velocidad por la carretera - Pero si la cirugía había sido programada para mañana... Pero aún no hay un corazón compatible - Frente a ella vio una luz blanca que la distrajo - Es tu hora - en su mente divagó unos momentos - Mi hora.

Doctor ha llegado un donante - Un hombre de rostro pálido estaba recostado en la cama, conectado a un respirador mecánico, el cual le permitía seguir con vida mientras encontraban un donante compatible. Levantó su mano con la poca energía que le permitía su estado - Terry tranquilo, ella llegará en cualquier momento - El doctor le intentó tranquilizar, pero sabía que algo andaba mal, entró otra enfermera que llamo al médico afuera, mientras que la que acompañaba a demacrado hombre le explicaba lo que seguía -Bien señor, hay que prepáralo para la cirugía, hemos encontrado un donante efectivo.

Luego de doce largas horas en el quirófano, la operación había sido un éxito, Terry Grandchestar era un luchador y ganador por excelencia, se había sobrepuesto a muchos desastres en su vida, era dueño de una gran empresa multinacional, nació en una cuna humilde, pero las enseñanzas de sus padres Eleonor y Richard lo habían hecho un hombre de éxito sin duda.

Por otro lado estaba su esposa Candy White, que había sido su soporte más importante desde la universidad, donde se conocieron en la fiesta de aniversario de la misma, ella de la carrera de enfermería y él de la ingeniería. Había sido un clic, amor a primera vista, un par de citas, un beso y en menos de un año matrimonio. Luego de eso se habían sobrevenido tiempos muy complicados, pero los habían logrado solucionar y salir victorioso… Esta no había sido la excepción. Juntos por siempre, esa promesa sería cumplida aunque el cielo y el infierno se interpusieran.

Porque estoy aquí - la mujer observó a su alrededor, era todo paz, tranquilidad y armonía - porque era tu hora - agachó - Me quedaba tanto por hacer - calló derrotada - Quería vivir, seguir amando - de sus ojos cayeron lagrimas - Ten fe, lo podrás hacer, además tu muerte tenía un gran propósito - Por un momento recordó los exámenes de que le habían realizado a su marido - Entonces mi corazón lo tiene él - la pregunta no fue respondida, porque unas grandes puertas de color plateadas se abrieron de par en par, un poco por curiosidad, un poco por resignación caminó entre ellas, para perderse en un hermoso jardín de flores.

Luego de operación, la recuperación había sido larga, días en los cuales había pasado en cama y prácticamente durmiendo, a ratos sentía la presencia de su esposa, así que no se había preocupado demasiado sobre aquello. Cuando recuperó por completo la conciencia y los días comenzaron a pasar, la ausencia de Candice se hizo notoria - Albert, porque Candy no ha venido - Fue la pregunta a quema ropa lanzó el castaño - Candy... Bueno... Ella - Entró una pequeña pelirroja de ojos azules - Candy está haciendo tu trabajo, así que mejórate pronto - Era la pequeña Karen, su prima y único familiar vivo que le quedaba, novia de su mejor amigo Albert Andry - ¿Cómo no amarla? - El castaño suspiró y su corazón comenzó a latir fuerte, cerró los ojos y sintió la calidez de su amada. Mientras que ambos jóvenes en la habitación se miraban con un poco de culpa en los ojos.

Era de tarde y las nubes rojas del cielo eran el panorama perfecto para relajarse, encendió la tv, ya era mucho el tiempo que había estado desconectado del mundo que lo rodeaba, sabía que su empresa estaba bien, por los dichos de Karen y Albert, pero que era del mundo en estos días que estuvo inconsciente -Durante esta tarde se realizan los funerales de la Esposa del connotado empresario Terrence Grandchester, el cual se encuentra hospitalizado por un trasplante de corazón. Su esposa Candice Withe, murió hace apenas una semana y tomó la determinación en su último respiro de vida que su órgano fuera trasplantado a su esposo- No podía creer lo que escuchaba de la televisión, estaba en shock. Aquella situación coincidió con que Albert ingresaba por la puerta de la habitación con un ramo de flores - Terry, mira lo que te envió Candy - los ojos de Terrence eran oscuros y sin vida, le apuntó a su amigo la televisión, donde se encontraban las grabaciones de la sepultura de Candy durante la mañana - ¡No me mientas más, ella está muerta! - el rubio, quien aún llevaba en las manos el ramos de rosas blanca - Terry yo... - empuño sus manos - ¡Sal de aquí... No vengan por aquí ni tú, ni Karen! - el hombre salió raudo, sabía que en situaciones graves la única que amainaba la furia del castaño era Candy y cuando eso no pasaba era mejor huir, la situación era comprensible, recordó.

Candy llegó moribunda al hospital, Karen y el corrieron a su encuentro - Candy - los paramédicos que estaban a su costado le entregaron una nota a los jóvenes - Ella está muerta, pero al lado de su cuerpo encontramos esto - Una nota, con rastros de sangre decía - Es mi destino... Quiero que mi corazón sea de Terry... No le digan nada hasta que se recupere... - Nada más estaba escrito en la hoja, es como si su vida se hubiera extinguido en aquellos momentos - Albert... Terry - abrazó a su novia - Es la voluntad de Candy, hizo algo por la vida de aquella persona que amó con todo el corazón - La pelirroja se abrazó más fuerte - El no querrá vivir.

2 Meses después

El automóvil se detuvo, esperó ver el tren pasar y que las luces de advertencia se apagaran, para continuar por el camino que cruzaba la línea ferroviaria, una lagrima se derramó por su mejilla, el pecho dolía y su respiración era entre cortada.

La lluvia caía fuerte y pegaba en el parabrisas del automóvil que recorría las carreteras de aquella zona. Observó por el retrovisor el camino que había recorrido y se fijó en las gotas una vez más. Marcaba la aguja de la velocidad 160 y en una curva perdió el control, el pavimento resbaladizo llevó al vehículo a dar contra la baranda de contención, giró un par de veces y calló en un pequeño barranco.

La luz del día comenzó irradiando calor, el cielo tras la lluvia reflejaba colores cálidos y acogedores, un celeste con mezclas azules y amarillas que agradaban a la vista. La vegetación con el rocío del alba se erguía en el bello paisaje que ahora era la morada de un Ferrari rojo y el cuerpo de un hombre que yacía inconsciente. En sus sueños rememoraba tiempos mejores.

"Contigo me siento bien... Ya no recuerdo el pasado... Eres un milagro - tomó su rostro y beso aquellos hermosos labios, para luego fundirse en un abrazo"

Se despertó con aquella vista - ¿Porque?, ¿Porque? - fue la única pregunta que se formuló, mientras levantaba su cabeza y se daba cuenta que por una maldita suerte estaba vivo, observó a su alrededor, verdaderamente maldita suerte, una desviación de 5 cm en su trayectoria y una parte de la carrocería que rompió el parabrisas, habría acabado con su pobre y maldita existencia.

Porque hiciste algo tan riesgoso - Karen se lanzó sobre su regazo - fue un accidente - aunque el mismo lo repitiera una y otra vez, sabía perfectamente que no lo había sido, el mismo fue a aquella carretera y corrió con el acelerador apretando hasta el fondo, con el fin de morir en el acto, pero algo había, algo lo protegía... Quería pensar que era fortuna, pero desde el rincón del cuarto lo miraba con cara de frustración una mujer de vestido blanco, risos y un par de alas que le daban el aspecto que siempre tuvo - Por favor déjenme solo - Albert y Karen salieron de la habitación - Se suponía que - El hombre se recostó y cerró los ojos - No me ignores, sé que puedes verme... Escucharme - el hombre siguió ignorando - Yo estaba condenada a muerte, fue la forma que tuvo de darte una nueva oportunidad de vivir, de que seas tan feliz como yo lo fui junto a ti todo este tiempo - El hombre en la cama lloraba de forma silenciosa, ella había sido su mejor anestesia, la conoció cuando perdió a sus padres en un accidente, dejando a su pequeña hermana sola y prima a su cargo, meses después su hermana era diagnosticada de cáncer terminal sin esperanzas de vida... Pero ella había estado ahí, había sido un milagro, gracias a ella se sobrepuso a su pasado.

Cada mañana era cálida y las noches sus cuerpos tibios reposaban juntos a la luz de la luna. Las pocas veces que discutían, él volvía una y otra vez hasta conseguir besar esos labios que saciaban su sed, todo al final era mejor, despertaba con ganas de ser mejor, solo por aquella mujer que tenía a su lado - Por favor... Aun duele - Las palabras del ángel se volvieron dagas que atravesaron por segunda vez el cuerpo destrozado del joven - No digas nada, no hables más... Eras tú la que me ayudaba a ganar las guerras, eras tú la que me daba fuerzas para conseguir lo que me proponía, eras tú por la que me levantaba cada mañana... Y ahora que... Pasan las horas y al llegar a nuestra casa al final del día, no tengo un final feliz... Ya no puedo esconderme cada viernes de la soledad, porqué sé que el fin de semana no estarás ahí para hacer el amor conmigo... Un recuerdo, una voz y ahora hablas en mis silencios... - La joven de alas se acercó al hombre en la cama, observando desde arriba, dejó caer sus lágrimas y desapareció – No sé si Dios lo habrá hecho porque no me quiere ver feliz...

Espero a la noche, cuando la luna estaba en su punto más alto, se sentó en la cama y sintió la calidez, sabía que la muerte por un sacrificio significaba ser parte de la gracia de Dios y que la muerte por su lado era la sentencia a ser esclavo del demonio y al sufrimiento eterno. Caminó por el pasillo central del hospital, se había despojado de todo aquello que lo ataba a esta vida.

Al llegar a la azotea se sacó el anillo que los unió en vida, que irónico - Hasta que la muerte los separe - dijo en voz alta mientras besaba el anillo y lo lanzaba al vacío - No lo hagas, por favor no lo hagas - el ángel una vez más le susurraba al oído que no hiciera tal cosa, tal cual lo hizo el día anterior en la carretera - Pero prefiero ser un demonio que acose a un ángel, que un hombre que está muerto en vida - se lanzó al vacío, mientras el viento rozaba su cuerpo volvió a sentir paz y la calidez de los brazos de su ángel, quien lo acompaño en la caída.

Al abrir los ojos se encontró con el desierto, la arena caliente tocaba sus pies y el calor le comenzaba a secar la boca - Que te parece tu propio infierno - el joven muchacho observó al cielo, la voz venia de todos lados - Más agradable de lo que pensé - las carcajadas no se dejaron esperar - me agradas muchacho, me agradas, tu alma está tan torturada que no necesito seguir haciéndolo... ¿te parece que hagamos un pacto? - el joven lo pensó un momento y pensó sus opciones - si no acepto el pacto ¿que pasara? - la briza lo golpeó fuertemente y lo arrojó al suelo - nada que no se pueda controlar, vagarás eternamente en tu desierto, reviviendo una y mil veces la muerte de tus seres queridos - tocó su cabeza, no quería ver la muerte de sus padres, no quería revivir la agonía de su hermana, ni mucho menos la cara de dolor de su esposa, antes de que el entrara a pabellón - y de que se trata el pacto - se sentó en la arena por un momento - Volverás a la tierra, serás uno de mis emisarios, es necesario que hagas algunos ajustes allá en la tierra, cosas simples no sé... Tentar o incitar, por ser tan bueno solo te encargaré casos de gente que tienen su alma corrompida y que de alguna forma ya tienen un pie acá ¿te parece? - lo pensó un momento - Dime algo... Ya que todo lo sabes - la voz dudó - que quieres saber - miró su mano y aún estaba ahí el anillo - Por qué mi vida fue así - agachó su cabeza y la voz se demoró en contestar - Todo lo entenderás a su tiempo, por ahora eres uno de mis demonios favoritos.

Ya niñas… 2 capitulo al aire… Gracias por comentarios y por sus favoritos.

By Anngel