Capítulo VIII.

Certes, territorio protegido por Kanpeki, dios de la Perfección. El poder de este reino no se lo agradecen todo a su dios a pesar de ser muy devotos a él, sus mágicas costumbres y perspectivas de la vida aún son un misterio para el resto del continente. Una nación considerada aislada de todo sinónimo de guerra, donde los deseos y la armonía se hacen uno para dar inicio a una era perfecta.

Dentro de las grandes paredes gris del palacio, ubicado en el centro del país, es el hogar de ciertas leyendas que son un secreto muy preciado de la realeza. A pocos miembros de la familia se le permiten leerlas, pues primero es necesario mostrar ante los tres dioses de Thena su valentía, coraje, sabiduría, fuerza y corazón. Pero, los rollos sagrados de igual manera fueron leídos por reyes y reinas de Byacuya o Anyah siglos atrás. Es por eso, que los certianos saben la verdadera pureza que guardan en su interior ambos reinos.

En la sala de entrenamiento del castillo, estaba la primogénita del rey luchando contra soldados. Y ella no era la que practicaba, sino los guardias que querían hacerse más fuertes.

─¿Cómo piensan ganarme si no ponen su mayor esfuerzo? ¡Olviden que soy una princesa y luchen de verdad! ─Dijo Baransu, derribando a un soldado más.

─P-princesa... es imposible que lo olvidemos. ─Repuso uno de los caudillos.

─Mmmmm... ─La mayor de las princesas envainó su espada escarlata─. Entonces regresen cuando estén listos.

Los cuarteleros y cuarteleras regresaron a su entrenamiento en otro sitio casi corriendo del susto, vista tal acción, Baransu solamente suspiró. Segundos después de la "huida" de los soldados, el rey de Certes entró por la puerta a paso lento, sus intentos por evitar soltar una risa fallaron y su hija logró escucharlo, aunque fuese una corta y silenciosa.

─Te veo de buen humor, padre, ¿Buenas noticias?

─Me río del miedo que les causas, Baransu. ─Contestó Arcthurus, sentándose en una de las bancas de madera─. Y, al contrario, ni Nainin ni Vincent aparecen.

─¿No crees que debería ir con el rey Dristan? Tal vez pueda hacer que vuelvan. ─La heredera al trono se sentó al lado del rey.

─No me arriesgaré a que ahora tú te vayas. Los dos regresarán pronto, hija, es muy rápido para sacar conclusiones. Además, Vincent está seguro de que se escapó y nadie lo vio... decepcionarlo me daría imagen de mal padre.

─La única que lo logró fue Nainin, ¿Cómo fue que los guardias no la vieron irse?

─Tranquila, no te desesperes. ─El canoso tomó de la mano a su hija mayor─. ¿Quieres que te deje ir a buscarla de nuevo?

─Sí, padre. No pudo ir tan lejos de Certes... y creo saber dónde puede estar.

─De acuerdo, Baransu, puedes... buscarla de nuevo. ─Dicho esto, la pelirroja hizo una reverencia y salió del lugar─. Dios Kanpeki, ayudadme a encontrarlos, no quiero perder a mi hija como lo hice con su madre.

─¡Señor! ─Un general se inclinó ante el monarca─. Ocurrió otra vez, parece que nuestro dios le ha hecho caso a las oraciones. Hemos capturado a fugitivos provenientes de Anyah que aseguran la retirada del príncipe Vincent hacia Byacuya.

─¿Y por qué ellos sabrían a dónde fue mi hijo? ─Inquirió con seriedad el soberano de Certes.

─Ellos nos dijeron que el rey Dristan obligó al príncipe a luchar contra los prisioneros. Esos fugitivos fueron salvados por un milagro de no tener el mismo destino que los anteriores.

─Ordena que los lleven a Anyah. Si Vincent está en Byacuya, tarde o temprano vendrá.

─¿No irá allá por él? Con suerte y la princesa Nainin se encuentra ahí también.

─No. Confío en mis hijos, sé que los veremos aquí... a los dos. ─Arcthurus cerró sus ojos rojo sangre─. Haz sólo lo que te he dicho.

─Entendido, señor. ─El general se retiró apropiadamente.

La princesa Baransu subió a uno cualquiera de sus caballos con su espada preparada, sabía que se encontraría con Annibal si iba al bosque en donde su hermana menor siempre iba. No dudaría en hacerlo hablar por las malas, seguro y ese bandido sabía algo que no le gustaría escuchar ni en lo más mínimo. Al estar a pocos kilómetros de la frontera, clavó su espada en la tierra e hizo que el caballo se detuviera de una manera muy extraña, luego bajó y caminando tranquilamente se dirigió a la arboleda. Sin embargo, antes de siquiera estar más cerca, el hombre apareció detrás suyo.

─Saludos, princesa bastarda. ─Annibal caminó hacia la pelirroja─. ¿Qué le trae por aquí?

─ ... Tú hiciste que mi hermano fuese a Anyah, ¿O me equivoco? ─Baransu empuñó con firmeza su espada─. Quiero la verdad.

─Es una mañana bastante tranquila, no hay que arruinarla. ─Dijo el bandido─. ¿Ha escuchado del fenómeno que ocurre en Byacuya? Seguro al príncipe Vincent le encantaría verlo, sí... eso es seguro.

─¡No me importa cómo sean los días! Responde lo que te he preguntado.

Luego de descubrirse la cara, el ladrón dejó ver un rubí. ─Este rubí... me lo dio el rey Dristan a cambio de que le prestara mis servicios como espía, ¿Qué me darás tú?

─Una muerte segura si no me respondes. ─Contestó la heredera al trono de Certes, levantando con su espada la barbilla del bandido.

─Yo sólo le dije lo que el rey me dijo, él decidió ir a Byacuya por sí mismo. ─Annibal dio tres pasos hacia atrás.

La princesa de ojos negros suspiró y subió a su caballo. Cerró su puño y partió de regreso al castillo. Cuando el ladrón la perdió de vista, comenzó a reírse y a arremedar cada una de las palabras que había escuchado de Su Majestad. Una tormenta de mañana se vendría, así que él optó por ponerse una capa y se quedó parado silenciosamente, sin hacer un movimiento. Una brisa helada hizo volar la capa y ya no había hombre tras ella al momento de caer.

En el palacio de Certes, una sensación de inquietud era la única protagonista. El rey Arcthurus, a pesar de mostrarse pacífico ante la situación, fue el principal afectado de la preocupación; sus dos hijos desaparecidos y su hija mayor también en las mismas condiciones. Inclusive, hubo gente que decía que la caída del reino que formaron se venía ya. Se negaban a echarle la culpa a la familia real, eso libraba de un problema al monarca.

En la puesta de Sol, Arcthurus, encerrado en su habitación, comenzó a leer algunos escritos antiguos. Esto con el fin de calmar sus angustias, más tarde alguien llegó para hacerle compañía. Los dos leían acompañados de la lluvia que entraba por las ventanas, de alguna forma eso no mostraba ninguna molestia para ellos. Los familiares iniciaron una conversación al instante en el que una gota de agua cayó en una hoja.

─Es increíble como la tormenta sigue siendo cómoda aquí, ¿No te parece? ─Preguntó la princesa de rojos cabellos.

─ ... Sí. Pero me sorprende más el hecho de ver cuánto has cambiado.

─Así ya no parezco hija de tu difunta esposa. ─Baransu cerró los ojos─. ¿Amabas a mi madre?

─Por supuesto. Mi seriedad aumentó luego de su muerte, incluso le lloré mucho. ─Respondió el soberano─. Las quise por igual, cada una me demostró su amor y... me fue difícil saber cuál me dio los mejores regalos: tú y tus hermanos.

─La anterior reina fue mi madre desde que...

─No hables. No eres una bastarda, Baransu, eres mi hija... la primera que tuve y que merece más respeto de ese bandido. ─Calló el rey─. Si quieres, cierra la ventana, por favor.

Baransu continuó leyendo junto a su padre sin importar la lluvia. El cielo pasaba de naranja a grisáceo y brillante, el día acababa, mañana seguirían con las esperanzas de volver a ver a los hijos menores del rey. Éstos estaban en Byacuya sin saber lo que pasaban su padre y hermana, no se lo habían puesto a pensar antes y menos ahora que empezaban a maravillarse con la luz que les iba a iluminar toda una noche.


La luminosidad seguía acogiendo el país del norte, sin ninguna señal de noche oscura que se veía en Byacuya. Cuando las personas se tomaron un descanso y recogieron las cosas del festival, se reunieron para tener un momento de concordia entre los ciudadanos, a los que se unirían la realeza de los tres países tan pronto como la reina apareciese e iniciara con una solemne peregrinación a la montaña Chinmoku. Se ubicaba en el sur del reino, no tan lejos de la capital, era una montaña importante para los byan y evidentemente sería un honor que sus invitados fueran a acompañarlos.

Mientras que se preparaban para salir, en la habitación donde se encontraba en príncipe Vincent, éste y su hermana igual se alistaban para acompañarlos hasta el monte. Vincent no preguntó nada ni regañó a Nainin, en cambio, se alegró mucho al saber que su hermanita no corría peligro, lo que sí iba a hacer era cuidarla y así que no cometiera tonterías de la misma magnitud como volverse a escapar. Para la sorpresa de todos, el príncipe Kenji se quedaría, alegando que tenía que cuidar a alguien.

Luego de tener las cosas preparadas, comenzó la caminata con tranquilidad. Algunos iban fastidiados, otros contentos, nadie iba guardando silencio; Aunque fueran murmullos, se escuchaban voces en todos lados. Y, como era de esperarse, hablaban de la repentina aparición del príncipe certiano.

─Al parecer, vuestra llegada es muy relevante, príncipe Vincent. ─Mencionó el príncipe Takeshi─. Hablando de eso, ¿Cómo os encontráis?

─Ya mejor. No fue algo tan grave. ─Respondió Vincent, sobándose el brazo.

─Eh, sí, sobre eso... ¿De dónde conoces a "Diego"? ─Susurró Mirai.

─Después hablamos de eso, princesa. Mi hermana me ha contado un poco de ello.

─Lo importante es que ya estáis bien, ¿No? Es un gusto saber que no pasó a mayores. ─Sonrió la princesa Yuki.

─"Cuando descubras

El tesoro que guardas

En el interior

De un corazón bondadoso

Viviendo dentro de la impureza... ─Escuchar esa canción dejó boquiabierta a la princesa Mirai.

La rosa se marchitará

A la par que un sufrimiento

Ofensivo en el averno

Bajo la tenue luz

De un ocaso

Estrellado y de ensueño."

─'¿Quién está cantando?' ─Se preguntó a sí misma, quien estaba atónita.

─'¿Quién más podría ser? Claramente es Nainin.' ─Entró en sus pensamientos ''Diego''─. '¿Qué estás esperando? ¡Corre, ve a comprobarlo tú misma!'

De esta forma, la princesa de Byacuya buscó a la castaña, dando a ver una expresión de asombro y desconcierto. ¿Por qué razón la princesa Nainin sabía la misma canción que ella? Fue en ese instante cuando se acordó de lo que dijo "Diego": Oh, esta niña también conoce esa parte. De lo que se entera uno. Ése -hombre invisible- ya estaba enterado de que la princesa menor certiana conocía la melodía. La duda seguía siendo ¿Por qué?

Al momento de acercarse sigilosamente lo suficiente, la princesa Mirai entonó un tarareo para llamar la atención de Nainin. Hecho esto, empezó a cantar la parte anterior de la balada.

─"Bendecid estas tierras

Con su infinita luz

Más intensa que el propio Sol.

Mirad como las nubes

Rodean al frío mundo

Gozador de una gloria." ─Continuó algo confundida la princesa de ojos rojos, a la vez que en su bolsillo un extraño destello resaltaba.

La luz se hizo opaca por uno tiempo, por los mismos segundos en que las dos chicas estuvieron cantando, cada una la parte que se había propuesto entonar. Cantar tan linda melodía a igual momento no fue lo que extrañó a los presentes, sino que de la tierra salían y salían flores de diferentes colores, árboles también comenzaron a sacar frutos e increíblemente una ardilla que parecía estar muerta, regresó a la vida con normalidad, los sucesos misteriosos alertaron a otros, a muchos les dejaron sin palabras.

Los susurros aumentaron hasta que las dos princesas se miraron con pasmo, sin poder decir ni una otra palabra. La reina Mizuki juntó sus manos y exclamó en medio de tantas miradas de confusión:

─¡Yo lo veo más que una coincidencia! Pero, ¡Me alegra que tengáis algo en común!

Esas palabras no tranquilizaron a nadie, lo único feliz en aquél instante fue la expresión de la soberana, su rostro de felicidad desapareció cuando vio ser la primera y última alegre con lo ocurrido.

─¡Lo sentimos! Ya que el día volvió a su color normal, ¿Podemos seguir con nuestra peregrinación? ─Preguntó la princesa de dorados cabellos.

─¡Me parece que es lo mejor! ─Lida sonrió─. Naomi, ¿Por dónde es?

─N-no lo sé...

─No tenemos remedio que esperarlos, se van a tardar mucho. ─La princesa menor Anyahn infló los cachetes.

─Nada de eso. Reina, voy a adelantarme junto con las dos. ─Intervino Camille─. ¿No es molestia?

─No puedo dejar a mi hermana menor en manos de una princesa enemiga. ¡Aparta, que yo las acompaño! ─Yuki corrió hacia Camille.

Poco a poco, las personas se fueron retirando para proseguir con el viaje, decidieron no meterse en ese día en problemas ajeno, aún así la reina sabía que quitarles tal recuerdo de la cabeza sería difícil. Ya que se fueron, dejaron a Mirai, Nainin, Max y "Diego" parados en medio de lo que tenía aspecto de llanura.

─En otras palabras, hay cosas de las que me gustaría una explicación. ─Dicho esto, el príncipe Max se fue.

─Las explicaciones se me han acumulado. ─Dijo simulando pena─. ¡Y todo por descubrir una pequeña cosa! A su tiempo, niñas, verán la luz.

CONTINUARÁ...


Exageré con la ardilla, pido perdón si eso fue... pasarse de la realidad. Sin embargo, en un capítulo anterior dije que la canción daba vida.

Hace mucho que no contesto reviews, lo haré pero con comentarios que no he contestado desde el IV.

En el capítulo IV: Sí, sí, Mirai tan mala 77. No es toda su culpa.

V: Las parejas se desarrollarán en otro momento de la historia, y pues, lo mejor sería que estuvieran de acuerdo en una. Y "Dieguito" *O*, tiene secretos que sho sólo sé. Ustedes pronto se enterarán de ellos.

VI: Pronto explicaré por qué "Diego" y Vincent se conocen, ¿O ya lo hice? También, los dos byan sufren demasiado... y el rey igual. Yo adoré lo que hizo Dristan (?)

VII: Bonitas, muy bonitas relaciones :3

¡Saludos!