La familia Cronwell

Alister Cronwell, había estudiado en una reconocida universidad, a base de becas y esfuerzo, no era el primero de la clase, pero si el más rápido e inteligente, lo que llevó a que en los primeros años de ejercer, fuera nominado para hacer clases y pronto para tomar la facultad y comenzar a realizar cambios, necesario para el avance vertiginoso de la tecnología y la sociedad.

A los 26 años conoció a Patricia O´brian, una brillante bióloga marina, que al verse envuelta en su romance y posterior matrimonio, decidió abandonar su carrera y llegar a cumplir su mayor sueño, ser madre.

La noche había caído en la ciudad y Patricia esperaba a Alister, luego de una ardua jornada, la puerta se abría y como cada noche de los últimos 5 años, entraba su marido, con una sonrisa llena de amor y cansancio, ella lo besaba y cinco minutos más tarde su hijo se colgaba de su pierna – brazo papa- suspiraba y se sentaba con el pequeño ángel en sus piernas, mientras ellos hablaban de su día, tanto en la casa, como en la universidad.

Una típica familia, con sueños y esperanzas, mucha veces en los últimos años de matrimonio, no hubo para comer, ni mucho menos para pagar las cuentas, que poco a poco iban mermando el amor que sentían el uno por el otro. Esa noche, aquella noche las cosas comenzarían a cambiar. Luego de conversar aquella noche, el pequeño ángel abrazó a Morfeo a tempranas horas, en el pecho de su padre, Patricia con un poco de cansancio llevó al niño a su cuna. Al volver de la cuna, ella lo abrazó y lloraron juntos, no había otro remedio, debían vender la casa y trasladarse a vivir en un pequeño departamento rentado, el negaba con su cabeza y ella intentaba animarlo – Ya vendrán tiempos mejores.

Gracias por todo Annie – La joven que cuidaba al pequeño sol, se retiraba del departamento – Hasta mañana pequeño, nos vemos Candy – La rubia cerró la puerta tras la pelinegra y estrechó en sus brazos a la pequeña criatura – No sabía cómo llamarte, mi sol – El diño balbuceó, dejando una estela de tranquilidad en el lugar – Mi pequeño Terry – Parecía que el nombre le gustaba a la criatura, volvió al expresar en un lenguaje extraño, hasta que ella soltó un par de lagrimas – Eres mi sol y aquel que sería tu padre es mi oscuridad – Se volvió a la cocina por un biberón y se fue directo a la cama, necesitaba descansar de las emociones de aquel día, se recostó sobre la cama y lentamente se quedó dormida, mientras que sus ojos engañosos, veían como Terrence, se recostaba a su lado.

Tenía la necesidad de verla, era un arriesgado movimiento, pero no pudo evitar querer ver el rostro dulce al dormir, con solo pensarlo, ya se había trasladado al pequeño departamento que ella compartía con esa pequeña criatura – Candy perdóname – El sentimiento fue más fuerte y se acercó hasta la orilla de la cama, su aroma no había cambiado, quería poder abrazarla y dormir bajo esos pechos – Para ser demonio, soy bastante tentado querida – Sonrió, pensando en aquella ironia, lo humano de su vida, aun no desaparecía. Hizo un espacio entre sus brazos y se cobijó en aquella cama, rodeando a la rubia y al pequeño niño, como si nunca hubiera pasado nada, esta noche serian una familia.

De un gran salto el pequeño Stear saltó sobre sus padres – Mama – el niño acariciaba la cara de su madre, buscando que ella despertara – mama – la castaña arrugó los ojos y abrazó al pequeño ángel – Duerme un ratito más, hoy es domingo y papá no tiene que trabajar – el doctor Cronwell giró sobre su cuerpo y abrazó a su esposa e hijo – Que hermoso despertar con estas dos bellezas – dio un cálido beso en los labios a su esposa y en la cabecita a su hijo – Que les parece si nos vamos a un día de paseo – Patricia sonrió y tomó al niño en sus brazos – Crees que sea necesario – Preguntó con gran congojo en su rostro – Mientras antes resolvamos el problema, es mejor – Patricia se acercó al baño a dejar al niño – Amor, no es necesario que cargues con todo el problema – el joven de lentes se sentó sobre la cama y busco la aprobación en el rostro de su esposa – No te preocupes amor, el sacrificio es necesario y lo hago con gusto – Patricia se acercó a su esposo – Pero es la casa de tu familia, aquí han vivido desde siempre, yo no puedo pedirte este sacrificio – Besó tiernamente sus labios – Tu abuela, lo merece, ella fue en gran parte la responsable de que hoy seamos una familia, le debo mucho y aun así pienso que estoy en deuda con ella – ella se abrazó a su marido, sintiendo que Dios y la vida le obsequiaron a esa hermosa persona que compartía sus días.

Hace apenas dos semanas, su hermana la llamó, con los nervios de punta y llorando, había recibido a Alister aquella tarde, narrando con gran pena, que su abuela, aquella que en el pasado gozara de una estupenda salud, repentinamente había caído en coma, siendo diagnosticada con una falla hepática aguda, que estuvo presente de forma crónica, un fantasma, del que nadie se entera, hasta que termina por consumir tu vida. El único y posible tratamiento, consistía en un trasplante de hígado, de lo contrario terminaría en una muerte segura. Alister había viajado de forma urgente a realizar una evaluación, pero temprano había coincidido con sus colegas, que no podía tratar a su cuasi- suegra, pues había un conflicto sentimental, hizo los trámites pertinentes y la traslado a la clínica de la universidad, de esta forma absorbió todos los gastos médicos, agotando rápidamente sus ahorros y el dinero que había dispuesto para los estudios de su hijo y un pequeño viaje que pretendía realizar con su esposa e hijo, luego del que dinero se acabara, no encontró mejor solución que vender su casa, casa, en la que habían vivido sus padres y hermano; sus abuelos y los padres de ellos, era la casa Cronwell, no era una mansión, pero si una acogedora y codiciada casa en el centro de la ciudad, muchas de las grandes tiendas, se habían acercado

Comenzaron visitando los departamentos más económicos de la ciudad, con un de frustración, se dieron cuenta que no podrían vivir los tres en un lugar tan pequeño, tendrían que apretar más el cinturón si deseaban mantener su independencia, pues la otra alternativa, era pedir ayuda a su hermano, hermano que no veía desde hace diez años, por una pelea absurda y que al saber su paso de vender la casa de sus padres, se había comunicado con él, solicitando la mitad del dinero de la venta, no quiso pensar más en ello, tal vez en un futuro podría resolver el problema con su hermano, por ahora solo era necesario salvar la vida de aquella que lo adopto como un hijo más, tendiendo su mano, no solo de forma económica en sus tiempos de estudiante escaso de recursos, sino que también influyo en que su amada nieta Patricia se fijara en un doctor de pacotilla, como solía llamarlo con amor en sus palabras.

Al despertar, sintió como que había dormido un mes, se sentía descansada, pero a su vez cómoda, extendió sus brazos y atrajo a hacia sí, aquel calor que la deleitaba, recordó.

El calor rosaba su rostro y el cabello del castaño, conspiraba para que su sonrisa la delatara, de que sus ojos estaban cerrados, pero que no era el sueño lo que mantenía en ese estado, si no las ganas de pararse de la cama y acabar con la delicia de su contacto – Farsante – gruño al ser expuesta por su jugarreta – Buena actriz, solo eso – Terrence navegó bajo los cobertores, hasta llegar a su vientre y besarlo – No tan buena, si mi cabello de hace reír- extendió su manos, hasta abrazar su cabeza y bajar a besar sus labios – Es domingo, no me quiero levantar – un beso apasionado, junto a unos brazos inquietos, la acercaron, desnudando hábilmente su cuerpo – Amor… - con delicia se posicionó sobre la rubia, besando su cuello y dejando suspiros que humedecían su piel- Si te quieres quedar en la cama, debes recordar que este es mi territorio belleza – ya perdiendo la cordura, los gemidos no dejaron esperar, ambos al borde del clímax, perdían la cabeza… Cuando una muy alegre niña, saltaba sobre ellos – ¡Hermano!, llévame al parque.

En sus labios se curvo una sonrisa al recordar a la pequeña hermana de su esposo, siendo una risa juguetona que la sacara de su ensueño, se dio la vuelta a observar el pequeño sol que hacia burbujas con su boca y luego gritaba balbuceando, en algún extraño idioma – Dulzura, me dejas dormir un rato más – Su ojos sorprendidos, vieron como el demonio jugaba a ser padre, por un momento contuvo la respiración y sintió el temor en sus venas, luego no pudo contener el llanto – Terry - era como un sueño, por Dios sabía que no debía, pero era extraño, era lo que había deseado su corta existencia como humana en la tierra, y ahora veía a su esposo terrenal, jugando con el pequeño - ¿Cómo se llama? –Él preguntó y ella suspiró, estirando el cobertor sobre los tres – Terrence – Según los ángeles, los demonios no sentían, no eran dignos de aquello que llamábamos amor, pero de los ojos del castaño cayeron lágrimas gruesas – Será esto, una extraña y retorcida forma de cumplir los sueños - Solo por hoy se daría este gusto, esperaba que Dios no la castigara por compartir lecho, con el enemigo, pero solo por una vez, deseaba sentir que ese sueño que guardo en su corazón durante años, era concebido hoy, bajo un extraño, pero hermoso sueño.

Amor – Patricia había llamado su atención, mientras el cavilaba sobre su vida - ¿Paty? – Un aviso pegado en una ventana de un gran edificio antiguo, decía con letras claras "Renta departamento", la joven pareja ingresó al inmueble, preguntando en la entrada por el apartamento, una amable anciana les dio el valor y luego los guió hasta el segundo piso, por las escaleras hasta el fondo del pasillo. Una puerta imponente de roble, que en otro tiempo debió imponer majestuosidad y elegancia a la familia que habito aquellas paredes, con una perilla de bronce, ya enrarecido por los años, tras ella, se encontraba un recibidor estrecho, de unos tres metros, una mesita en el costado y una cuadro con flores sobre él. Al caminar por el pasillo se llegaba a una pequeña estancia, con un gran ventanal que daba a la ciudad, era un living comedor, que daba a cinco puertas, la primera habitación, que no tenía puerta, era la cocina, que a su vez, daba a un pequeño balcón; luego otra puerta de roble, que daba al cuarto matrimonial y que en su interior tenía la entrada a un baño; la tercera puerta una habitación de niño, que aún conservaba en papel de aquel que fue dueño de esa habitación; por último una puerta cerrada, la anciana les indicó que el hijo de los antiguos dueños, había cerrado el cuarto y al solicitarle que rentara el departamento, le suplico que esa habitación no fuera abierta, así que cerro con llave y la pieza fue cerrada. Los esposos miraron una vez más el departamento y ambos coincidieron que el espacio era suficiente y que precio era bastante económico para la extensión y el buen barrio, cerraron contrato en unos minutos e indicaron que la ocupación seria en una semana.

Una sombra se deslizaba por el pequeño departamento, había abierto la puerta de aquella extraña habitación, un libro dejaba ver unas figuras extrañas y unos signos sin traducción posible. La sombra se sentó junto a la ventana, observando la luna, era cuarto creciente, en una semana, cuando el astro estuviera completo en el cielo, sería la mejor opción de poseer aquel cuerpo y por fin, hacer lo que tanto deseaba, poseerla, que ser su dueño, por toda la eternidad.

Ya sé, me he demorado un montón, pero he hecho y deshecho el capítulo unas tres veces, no acababa de gustarme, pero por fin, quedó como pensaba…

Subiré el siguiente capítulo, cosa que si me demoro con los siguientes, por lo menos tengan dos episodios, seguidos…

Gracias por la lectura y por seguirme, aunque me demore actualizando…

By Anngel