Obsesión
¿Qué quieren de desayuno? – La rubia preguntaba, mientras que el castaño, mecía al pequeño sol, por el comedor del lugar – Podrían ser unos huevos quemados – Se burló el, dejando en plena vista como Candy sacaba la lengua a su acompañante – Aprendí a cocinar muy bien, Terry – él sonrió al ver que este día seria único, en el calendario. El domingo por norma, ni el cielo, ni el infierno trabajaban, su jefe solía decir que era culpa del sindicado de Demonios y luego reía obtusamente, a sabiendas que él era el amo y señor de las tinieblas - ¿tendrás problemas por esto? – sin voltear y escapando un poco de la pregunta, ella tarareaba una canción de cuna – no lo sé, por ahora disfrutemos el día – No le quedaba otra que resignarse, sabía que ella no respondería a sus preguntas y si Dios, hubiera querido obrar, no se lo impediría un día, si en algo coincidía Terrence y su jefe, es que el Señor obraba en formas misteriosas.
Luego de desayunar, pasearon por el parque y disfrutaron de unos helados, el pequeño sol, no quería dejar los brazos, de aquel que sería su padre si las cosas hubieran sido distintas – No pequeño, mamá se enojará – dijo el castaño, mientras el pequeño tiraba sus juguetes en la arena, la rubia los miraba, pedía en su mente que ese instante nunca acabara, pero unas risas de niño desde la entrada del parque, desviaron su mirada. Cuatro niños que reconoció al instante, cuatro niños, que reían y jugaban, tras ellos Karen y Albeth venían de la mano, no pudo evitar soltar la pena contenida, por todo lo que aconteció y seguía sus pasos sin detenerse - ¿Qué pasa Candy? – Fue cuando también el demonio volteó sus ojos, eran ellos, los hijos que añoraban tener.
Una semana más tarde.
El cambio de casa, se llevaría a cabo hoy, era domingo, el único día que podían por tiempo y trabajo, cambiar las cosas de la casa familiar de los Cronwell y llevarlas a apartamento, unos ojos pendientes desde el ventanal, observaban a la feliz pareja bajar las cosas y entrar con ellas al edifico, fue cuando su presencia se hizo invisible.
Alister comenzó ordenando la habitación, casi la totalidad de las cosas estaban lista, pero en su cabeza lo único que podía pensar ahora era como solucionar el problema, había conseguido un comprador para la casa, la cual, en su venta total costearía completamente la operación, pero la llamada de su hermano, lo había dejado con los pies sobre la tierra nuevamente, debía entregar la mitad al segundo heredero de la casa, no había opción y su hermano, pese a las suplicas no había querido ceder, aunque el solo le pedía tiempo, para pagar recuperar su parte y pagarla integra después de la operación de su suegra – Amor, iré a comprar algo para comer – El hombre poco y nada escuchó, estaba solo, pues su hijo, estaba en la casa de su tía, mientras ellos preparaban su nueva casa, el sonido del celular lo sacó de sus pensamientos, era de la clínica – Diga… - no esperaba aquel aviso, el dinero ya no servía de nada, La abuela de Patricia había muerto hace algunos minutos, dejó caer el aparato y calló de rodillas, llorando por no haber hecho nada, él podía salvarla y no lo hizo a tiempo… Fue cuando un viento fuerte azotó la habitación y la puerta que nunca debía abrir, se mostró en toda plenitud, Alister se acercó al escritorio que estaba en el fondo y donde un libro dejó abierta las páginas precisas, para que él las leyera.
"Ven a mi"
Solo bastaban esas pequeñas e inocentes palabras, para que una sombra apareciera desde el rincón del cuarto – Me ha llamado – La primera reacción del peli-negro fue desconfianza, luego el dolor volvía a nublar su corazón – No… - un poco exasperado por la poca reacción del hombre, la sombra buscó un lugar más cercano – veo que necesitas algo, yo te puedo ofrecer lo que desees – Alister tardó un poco reaccionar a las palabras de aquella criatura – tu, podrías traer de vuelta a – preguntó mientras sus manos y piernas temblaban de una forma descomunal, ya no podría estar mucho tiempo de pie – por supuesto, puedo hacer eso y mucho más, pero a cambio tendrás que pagar un pequeño precio… – No espero a que la sombra terminara hablar – Lo acepto, pero ella tiene que vivir, por muchos años más – El joven de lentes, sintió una cortada en su dedo y una gota de sangre calló sobre un papel, viejo y ajado – trato hecho – La sombra había desaparecido y ahora Alister, observaba por la ventana, mientras que su esposa subía por la entrada del edificio.
Era el segundo fin de semana que pasaban juntos, Terry había seguido de cerca los pasos de Alister, pero no había cambio alguno en él, ni en su rutina, talvez su jefe, se había equivocado de sujeto, por otro lado, Dios tampoco había interferido en sus visitas, ni mucho menos en sus largas horas acompañando a Candy al que consideraba su hijo. Se sentaron en el pasto, justo al lado de la caja de arena de los bebes, mientras ellos charlaban trbialidades, como porque algunos demonios eran tan problemáticos, como él - Profesora Withe – Karen hacia señas con sus manos, desde el puesto de los helados – Terry, no lo puedo creer, ella… Ellos – El castaño, no sabía que decir, su amigo Alberth y su prima Karen, habían acogidos a sus hijos, luego de sus muertes – ¿Su marido? – La rubia no había alcanzado a responder, cuando la peli-roja, ya se encontraba a su lado, mirando fijamente al castaño – Si – respondió Terry, mientras que Karen comenzaba a llorar fuertemente – perdón, perdón, pero son el vivo retrato, usted de mi difunta cuñada y usted de mi primo, quien también murió, no puedo dejar de sorprenderme y sé que Alberth tampoco podrá hacerlo – por primera vez, se preguntaron tanto el castaño, como la rubia, que era estar en la otra vereda, que era sentir, como seres humanos el perder a una persona que parte de tu vida – ¿Los niños son tuyos? – Candy no se daba cuenta de su pregunta – no profesora, son los hijos de mis parientes, ellos adoptarían a estos cuatro hermosos, pero un accidente cuartó sus sueños, con mi novio quisimos seguir su legado – A cada palabra de Karen ambos interlocutores se sentían doblemente miserables – blurrsssg – los tres presentes voltearon a ver al pequeño – Hijo, disculpa – fue en aquel interludio cuando Albeth rezagado con los cuatro pequeños llegaban a su lado - ¿Terry? – El castaño afirmó con la cabeza y el rubio lo abrazó con fuerza – Amor, es solo coincidencia, ella es mi maestra y el su marido – El rubio no pudo creer el parecido – Nunca quise creer que todos tenemos un doble en el mundo, he aquí con la sorpresa, más grande de mi vida.
Apenas Patricia puso un pie en el departamento, Alister se acercó a grandes pasos a su esposa - ¿Cómo has abierto esta puerta? – No la dejó continuar con su repertorio, pues la beso de forma tan apasionada, que ella calló a su merced – mi vida – él, la silencio nuevamente con un beso, llevándola a la habitación. La dejó caer sobre el lecho y rápidamente sacó su polera y pantalón – Déjame ver, ese cuerpo, déjame – Paty, estaba sonrojada, su marido era un hombre tierno y respetuoso, era la primera vez que veía fuego en sus ojos, lo dejo hacer, cuando en sus manos exprimió, y lamio sus pequeños senos – Alister – La silencio, para luego bajar por su cintura y probar la miel entre sus piernas, la mujer ahí recostada no era comparable con ningún placer que en su vida hubiera probado, los gemidos que lanzaba su boca, hacían de este momento el mejor que pudo vivir en años, no dejó lugar en el sexo de su mujer sin degustar con afán, mientras ella se convulsionaba bajo el placer que su esposo le daba – basta – con un movimiento firme de parte de ella, movió su posición, para quedar arrodilla frente a aquel hombre, que no solo amaba, si no que respetaba por sobre todo, buscó con su boca, llevar el goce que ella había sentido hace solo unos instantes, beso su miembro y poco a poco fue succionando, era el momento del peli-negro de gritar con ganas – Paty – no pudo contener mucho esos labios cálidos que rozaban su virilidad, culminó rápidamente en su boca, suspirando y acariciando su cabello, ella estaba satisfecha, pero él aun no podía saciar su ímpetu, de un movimiento rápido y firme, la colocó sobre la cama boca abajo, exponiendo su caudal, con sus manos bajó la ropa interior, que se encontraba húmeda de tanto placer, beso nuevamente y afirmo sus manos a la espalda, entrando en ella de una estocada, Patricia gritó por la sorpresa, pero al sentir el miembro grueso de su marido en su interior, comenzó a suspirar de emoción – Sabes cuánto te amo – preguntó ella, sin obtener más respuesta, que la otra mano de un enamorada sujetando fuertemente su cabello – Stear… - cada vez que entraba en ella, era con fuertes envestidas, que hacían que ambos perdieran su estabilidad sobre la cama, acabaron al tiempo, mientras que el cuerpo de Alister, caía para reposar al lado del de su mujer – Eres mía – con un beso, una caricia, un dulce y sutil gemido,dijo en voz agitada – Lo soy – empezó a buscar en su memoria, donde y cuando fue que esa mujer se había vuelto su mayor deseo, primero intento seducirla, luego obligarla y someterla, no hubo forma de tenerla así como la tenía hoy… Recordó:
Su padre lo había dejar subir a la tierra, era una de esas extrañas ocasiones, donde Dios y el diablo hacían tregua y dejaban a demonios y ángeles vagar por los confines sin supervisión alguna, y la vio, sentada en un parque, con un libro en la mano, los sueños de un adolecente de más de 1000 años no son nada fáciles, aun en ese tiempo pensaba que él podía hacer las cosas bien y enamorar a esa joven de cabellos castaños y ojos cafés, no era una musa griega, pero su sonrisa era pura y sincera – ¿Te gustaría ser mi compañía? – Ella sonrió y negó con facilidad – Lo lamento me tengo que retirar, mi marido me espera – Era otra época, era otra persona, era sin duda su fiel retrato.
Esas palabras habían sido el detonante de su odio a la humanidad, esas palabras habían cavado la tumba de los nacientes e insípidos sentimientos que podía albergar en su roído y malogrado corazón. Juró un día volver a la tierra, juro un día poseerla y quitarle del rostro la felicidad, no solo a ella, sino a aquel escuálido humano que prefirió por sobre él, el hijo de belcebú, el príncipe de las tinieblas. Había esperado tranquilamente que llegase el momento, como su padre y el señor del cielo, no habían vuelto a abrir las puertas, debió ser paciente y buscar uno de aquellos miles, pero extraños portales, que los ángeles caídos dejaran abiertos a su paso, lo ubicó, el pasadizo llevaban a un antiguo departamento, donde el dueño, vendió su alma al mismo Satanás para salvar la vida de su hijo y primogénito, al precio de llevar su alma y la de su esposa al infierno, el hijo, que ahora engrosabas las filas del infierno, fue el gancho exacto, llevó a la feliz pareja a vivir ahí.
Candy despertó asustada, el día había sido una caja de sorpresas, primero Karen, luego Alberth, quien no dejaba de mirar en forma inquisitiva a Terrence y luego aquel sueño, donde el mismo hijo del Belcebú se encontraba en la tierra, solo esperaba que su misión no fuera esa, una cosa era aceptar que un dominio prácticamente viviera con ella y la otra era enfrentarse al hijo de Satán, respiró profundo, era solo un sueño, si un sueño, eso quería pensar.
Aquí yo denuevo… xD, esta sí que fui rápida, luego que me costara tanto escribir el capítulo anterior, este no me costó nada…
Saludos a todas y espero sus rew
By Anngel
