Siendo niños, siendo hermanos
Archivald Cronwell, había vivido su infancia y adolescencia en una pequeña casa en los suburbios, sin dejar mucho a la imaginación, fueron tiempos felices junto a su hermano, la edad y sus carreras los habían distanciado, pero seguía en su corazón, como el mejor hermano mayor del mundo, sus padres de una u otra forma, habían sido ausentes, por lo que todo lo que sabía, desde como andar en bicicleta a como estudiar lo sabía por su querido hermano. Es por este motivo que cuando se decidió a hacer una visita a la casa de sus padres y saber del, su molestia había llegado a niveles inimaginables, la casa estaba en venta y él no lo sabía. Su primera reacción, fue pedir explicaciones, sabía que si eso estaba pasando era por alguna situación grave, con el pasar de los días, su esperanza de que Stear se comunicara con él, para informar lo que estaba ocurriendo, se fue mermando, no había señales del, y decidió llamarlo hace poco más de una semana:
¡Archi! Que alegría, ¿Cómo estás? – Alister contestaba con voz alegre el teléfono – Bien, aunque parece que tu mejor, supe lo de tu asenso – A Archi, se le encogió el corazón, ¿y si estaba haciendo algo mal y solo era un error? – Sí, estoy contento y Paty, también lo está… ¿Cómo está Annie y los gemelos? – Stear, presintió que algo estaba ocurriendo, luego de un silencio mediamente prolongado, su hermano contestaba – Si ellos están bien, tu sabes lo sobreprotectora que es mi esposa, no ha dejado ni que toquen el piso, ahora que empiezan a gatear… Stear, yo… - Una pequeña oleada de furia cruzó por su mente, se suponía que Alistar debía llamarlo, por lo menos para informarle lo que estaba ocurriendo – Dime, ¿pasa algo? – El castaño cambió su teléfono de oído y en voz neutral habló – Fui a la casa de nuestros padres, vi que está a la venta… ¿quiero saber si es verdad? – El joven doctor, sintió que caía un balde agua fría en la cabeza, no había reparado en hablar con su hermano por la venta, ni mucho menos por las razones que lo llevaban a ello – Si lo es… - Le respondió con un poco de temor – Si es así, quiero la mitad… - Poco a poco el castillo de naipes que había formado ante esa última esperanza, para financiar la operación, se iba cayendo – Hermano, déjame explicar, por favor – El castaño suspiró, pero la intransigencia llenó el espacio y negó – No quiero saber porque te desases de todos nuestros recuerdos y de nuestro pasado, la situación es fácil, necesitas dinero y yo también, y si es así, quiero la mitad – Quiso gritar y hacerle saber a su hermano, todo lo que estaba viviendo, pero su pequeño Archivald, no tenía porque cargar con los problemas del, así que de una forma un poco resignado, respondió –Está bien, apenas se realice la venta, depositaré el dinero en tu cuenta bancaria – Archivald cortó la comunicación luego de esas palabras.
Empezaba a calar un poco en su conciencia, jamás dio la oportunidad de preguntar por qué su hermano necesitaba vender la casa y él para variar, sacó rápidas conclusiones, desconfiando de quien fuera sangre de su sangre.
El semestre había concluido, tanto para los alumnos de primer año de enfermería, como para los profesores y apoyos docentes de la facultad. En menos de un mes, el nuevo jefe de carrera, había implementado una serie de reformas a la facultad, se veía vital en su puesto, pero este hecho le incomodaba de una o de otra forma a Terrence, hasta para un demonio como él, era extraño que luego de las advertencias de tu jefe, nada malo hubiera ocurrido aun, recorrió una vez más el salón, Candy se encontraba en la mesa principal – Dime que tu jefe te ha otorgado una nueva misión – la pregunta la tomó por sorpresa, Terry no se inmiscuía en su trabajo y ella por su parte cerraba los ojos y no escuchaba de su trabajo - ¿A qué viene esa pregunta? – La rubia lo observó de pies a cabeza, su encantó no había desaparecido, ni con la muerte sobre sus hombros – Simple curiosidad mon amour – El castaño le extendió la mano – ¿Vamos por el pequeño? – Candy negó – Hoy no, debo hacer un par de cosas antes, ¿Lo harás tú? – Se había vuelto una rutina constate, que uno de los dos o los dos fueran al departamento, para relevar a Annie y luego, se esperaran con la cena lista – Está bien, pero no me hagas esperar mucho – Le dio un beso en la cien y desapareció en su vista. Observando a todos lados, salió del salón y se infiltró en la oficina de Alister Cronwell – Bien Dios, dame fuerzas para encontrar la respuesta – Comenzó tocando las fotos, cada vez que pasaba su mano por sobre el rostro de Alister, la llenaba la angustia, fue cuando se percató de algo insólito – Dios, dime que él no está en la tierra – A sus ojos vino una visión que la dejó helada.
El fuego consumía un alma, los ojos desorbitados de Alister, eran producto de las llamas, y de unas larga cadenas tiraban de sus manos y piernas, provocando que estas a cada minuto se extendieran. Su débil boca decía – Patricia, hijo – Ese era el pequeño precio que debía pagar por el pacto realizado.
Salió de su terrible visión, ¿Qué había hecho ese pobre hombre?, ¿Qué había pedido a cambio?, la única forma de arreglar esto, era bajar al mismo infierno y rescatar a esa alma, ¿pero cómo?, ella estaba limitada al plano de la tierra – Dios, que misión haz puerto en mi camino – Acaso esto era un castigo por los hermosos momentos vividos al lado de un demonio, no debía pensar en ello, ahora debía buscar la forma de retornarlo a la tierra. Pero algo en su interior le dijo que no era tan simple, si Alister estaba en el infierno, ¿Quién era esa persona que se paseaba por la facultad?.
Como había ordenado su fiel ex – esposa, iba de camino al apartamento con el pequeño sol, cuando aquella voz chillona lo detuvo – Oh, querido Terrence, te ves tan bien como un padre de familia – El pequeño dormía tiernamente en los brazos del castaño, pero al escuchar la voz, se movió incomodo – ¿Buscas compañía Susana? – La demonio arqueó su boca, ese maldito era imperturbable, un exquisito espécimen del infierno y no quiera rendirse a sus pies – Si, y podría ser la tuya, ¿No te parece? – Terrence de forma coqueta sonrió y negó con la cabeza – Con demonios de baja categoría, se vería mal en mi prontuario – Rió de forma descarada para enfurecer a la rubia – pero no te aflijas, sé que hay varios principiantes que buscan compañía – El castaño siguió su camino, pero la mano de Susana, buscó retenerlo, pasando a llevar al pequeño, quien gritó. Susana con los ojos desorbitados, miró por primera vez el rostro del niño – No, no puedes tenerlo tú – La rubio retrocedió de forma instantánea, tapándose la vista – Esa maldito niño, sacado de mi vista – Hasta ahora, era un hecho desconocido como, ese niño había llegado a las manos de Candy, ahora se daba cuenta que algo tenía que ver la principiante en este pleito, tendría que preguntarle a su mujer.
El hijo de Satanás llegaba a su departamento, entró en silencio y encontró a Patricia sentada frente a la ventana – He llegado – Le sonrió de buena gana a la castaña, está le devolvió una débil sonrisa, mientras recibía su cálido abrazo - ¿Cómo estuvo tu día? – Pregunto la mujer mientras lo dirigía al sillón. Las últimas semanas había sido estupenda, como siempre soñó el dominio que sería, su "esposa lo complacía" y vivía para él y para ese pequeño paracito – Bien, no pudo ser mejor – Patricia se veía algo inquieta – Alister, necesito hablar contigo, es por eso que he llevado a Stear con mi hermana – Algo sonaba extraño en la voz de Paty, ella era siempre una mujer vital y tímida - ¿pasa algo? – La castaña suspiró – Necesito que nos demos un tiempo – El demonio se puso de pié - ¿Qué has dicho? – La mujer sintió un tono amenazador en la tonalidad en que su esposo hablaba, temió por primera vez de su marido, aun así, pese a las advertencia de cerebro y corazón, ella habló – jamás voy a negar que eres un estupendo esposo, es más, te amo demasiado, pero necesito recuperar mi vida – Espero ver en los ojos de su esposo, un poco de comprensión, pero no pudo notarlo, si es que alguna vez hubo en él – No… Tu eres mía – La cara del hombre se desfiguró y Patricia sintió recorrer por su cuerpo el terror, la mirada del pelinegro era gélida, en ese hombre ya no estaba aquel humano tierno y comprensivo, ese ya no era Alister - ¿Qué pasa contigo?, llevas días… Ya no te reconozco – Dijo la castaña con congojo, era un hombre fabuloso, pero desde la llegada al departamento ya no lo reconocía – Eres mía – Estiró la mano al rostro de su obsesión – No, no soy un objeto Alister – El hombre puso su mano en la cara y la mujer quedó congelada, con expresión de horror en su rostro – Te vez tan hermosa – Posó su lengua sobre los labios de la castaña – Eternamente mía.
Alberth, un joven normal y de buena familia, de procedencia humilde y de inteligencia promedio, característica que no le impidió sobresalir en los negocios, llegando a ser el gerente general de Grandchester S.A. durante el periodo de Richard y Terrence respectivamente. De alguna forma, durante los últimos días recordaba fuertemente como esto se había dado; conoció a Terry en su primer año de universidad, ambos eran compañeros en la facultad, solo que él deseaba especializarse en RRHH*, le gustaba el contacto con la gente y el poder ayudar a través de reformas consistentes en las empresas. Al término del 3 año, durante su primera práctica (en Grandchester S.A), realizó una propuesta consistente y de bajo costo en el mejoramiento del RRHH, lo que en pocos meses mejoró la calidad de vida de los trabajadores, mostrando números impresinantes en la calidad de los productos y en la productividad de los empleados. Esto, llevo a que aún sin título profesional comenzara a desempeñar el cargo de gerente en el área. Años después al morir Richard y ser Terrence quien tomara las nuevas directrices de la empresa, Alberth pasó a ser gerente general y parte vital del directorio de la empresa. Luego con los problemas ocurridos al momento del infarto de Terry, el rubio pasó a ser cabeza del directorio, esto de forma subrogante, pero a la muerte de su amigo, Karen, su mejor amiga, novia y única dueña viva que quedaba de la empresa, había cedido el mando de forma permanente a quien pronto seria su esposo.
Era lo que en esos momentos llenaba su cabeza, en que momento había pasado a ser prácticamente dueño de una empresa tan grande, amaba a Karen de una forma que jamás sospechó, durante la tarde de juerga en la casa de Terry, donde había conocido a la pelirroja, sabía que pronto sería su esposa, nadie podía ser más que él a pensarlo siquiera, más ahora que compartían a cuatro bellos niños, herencia conjunta de su amigo – Terrence – Salió de su boca. Recordó lo ocurrido hace algunos días en el parque.
El rubio no pudo creer el parecido – Nunca quise creer que todos tenemos un doble en el mundo, he aquí con la sorpresa, más grande de mi vida – El castaño sonrió – Si, algo me había contado mi esposa sobre una alumna – Candy se puso rígida y observó de medio lado al Castaño – Si no fuera porque yo mismo lancé la tierra sobre el ataúd de mis amigos, podría jurar sin miedo a equivocarme que son ustedes – Alberth era un excelente analítico de situaciones, así que tomó el camino arriesgado - Ya queda poco para las vacaciones, si no les incomoda, me gustaría que aceptaran una invitación a cenar en nuestro hogar – Observó nuevamente la reacción de la rubia, pues el castaño parecía sereno ante todo, pero ella estaba incomoda – Me parece una estupenda idea, ahí estaremos – Alberth extendió la mano realizando un movimiento que generalmente no se ve en un par de desconocidos, pero la rubia contesto a sus movimientos como si de años se tratase era forma de despedida, el rubio solo sonrió ante la reacción de la joven, mientras él desviaba su atención a la primera incomodidad del castaño.
RRHH: Recursos humanos
Hola chicos, ya sé que me demoro mucho con los capítulos, me lo ha dicho Liz y no tengo fundamento para decirle que no… En compensación, estaré publicando siempre dos capítulos seguidos y es probable que al menos durante las tres semanas siguiente esté publicando día por medio (Se viene las semanas de vacaciones para los profesores, he! He! He!)
Gracias a los que dejan su rastro en un rew y a las alertas y visitas.
By Anngel
PD: Liz, este capítulo te desanimará un poco, pero el siguiente, estoy completamente segura que te encantará.
