Cuestión de Suerte

Ahora que este adiós es tan valiente, ahora que ya se apagó la luz, sabe Dios que fue cuestión de suerte, para hablar de mí… Me faltas tú… (Cuestión de Suerte; Amaia Montero 2; Amaia Montero)

Sus pensamientos viajaron al pasado, visitando recuerdos que ya creía olvidados, su primera cita:

El pequeño departamento en el centro de la ciudad, que era pagado con los frutos de dos trabajos y algunas ayudantías que realizaba en la universidad, estaba siendo invadido por una niña pelirroja de 15 años y una rubia de 16, ambas decían ser sus futuras cuñadas – No necesito ayuda, por Dios – ambas jóvenes sonreían – no te desharás de nosotras, Candy – expreso la rubia de ojos azules, Ángeles era su nombre, la pequeña hermana de Terry – Dinos que te pondrás, para la cita – Candy se tensó y observó directo al sofá – ¿Jeans y zapatillas? – Ambas mujeres negaron – No Candy, es por eso que hemos venido a ser tu asesoras – Karen, se instaló con una maleta en medio de la sala con distintos vestidos y modelos, mientras que Ángeles desplegaba otra maleta de maquillaje en el otro extremo – No, no me van a cambiar.

Esta vez ingresaría por la puerta y le daría un abrazo, sabía que a ella no le molestaba que apareciera en su estancia de un momento a otro, pero necesitaba intentar llevar una "muerte" relativamente normal, se vio como hace años en otra puerta:

Tomó un ramo de rosas blancas en la floristería del centro, se subió al auto y manejó, hasta detenerse en una esquina, el semáforo dio rojo y observó la tienda a su costado, en el un par de maniquí vestidos de novios, los muñecos eran tan reales, sonreían e iban de la mano. Miró sobre el tablero y la pequeña caja que esta noche cumpliría con el objetivo de obtener la total felicidad. Se estacionó y saludo al joven conserje, desde la entrada, este le devolvió el gesto con un saludo y preguntó - ¿Hoy es el día? – No podía dejar de sonreír – Si, espero que nada falle – Continuo escaleras arriba, sin mayor dificultad, su estómago dolía y las manos le comenzaban a sudar, el primer intento fue un fracaso, una y dos vueltas, nuevamente el intento fracasaba, ¿y si ella decía que no?, - No pienses eso, la tercera es la vencida – Presionó el pequeño botón en la muralla, los segundos parecían eternos, mientras que esperaba, esta se habría ante sus ojos y dejaba ver una pequeña enana pelirroja - ¿Qué hace aquí? – Una sonrisita de ardilla resonó en el lugar – Solo estamos haciendo de asesoras… Pero no te quedes ahí y pasa, la señorita Candy White, pronto estará lista – Pasó a la estancia, donde muchas veces antes, se había acomodado tomando un café o recostado en el sofá viendo una película – Ya basto, no me agrada el maquillaje – lo lleno de alegría ese comentario, que se escuchaba desde el interior de la habitación – No, porque hoy será único – era la respuesta de la joven rubia.

Era fascinante ver como pasaban los años y se encontraba hoy, con un niño en el regazo y un demonio casi en la puerta, pese a la circunstancias, su corazón le decía que nada había cambiado, solo sus cuerpos y sus estados, pero su esencia y almas, estaban aún ahí, puso su aro, en forma de estrella y su corazón comenzó a latir:

Déjame Ángeles, esta no soy yo – dio unos pasos fuera de la habitación – Terry – El hombre, quien a estas alturas ya estaba de pie observándola – Hermosa.

Toco, el timbre y su musa abrió la puerta dejándolo pasar, una vez más se enamoraba de esa mujer, como el día que le solicito su mano en matrimonio.

La vestía un traje blanco, con relieves dorados, el escote de su espalda, llegaba hasta la mitad de esta, mientras que un delicado velo caía por sus hombros en forma de capa; su cabello rizado, era parte de un peinado que se deslizaba por sus hombros, la forma del traje resaltaba sus curvas delicadas, mientras que el largo era perfecto, mostraba sus delicadas y esbeltas piernas en un par de zapatos de taco medio – Cada minuto, me enamoro más – Sus impulsos no fueron frenados y el abrazo concluyó en un beso tan dulce como la miel misma.

Estas hermosa – La rubia se sonrojó y dio paso al demonio en su entrada – haz llegado temprano – como había pensado, dio un paso y la contuvo en sus brazos – No, no digas nada, solo quiero sentirte – algo en su interior se quebró, algo que no supo que existía, hasta hoy – Sé que te hice daño, sé que el hecho que hoy estemos aquí, no hay más responsable que yo – la rubia levantó sus brazos y se apretó al castaño, devolviendo el gesto de amor – Eso ya no importa – el silencio inundó la estancia y el hombro del castaño se humedeció – Sin embargo, lo volvería a hacer – ambos respiraron hondo, él sabía por sobre todo, que ella daría su vida, mil y una vez por él – fue estúpido de mi parte culparte, porque yo habría hecho lo mismo – En aquel momento, se permitieron dar el siguiente paso, buscó su rostro y tomándolo a ambas manos, limpió sus ojos y los besó en un gesto de paz, para luego rozar sus labios en un mohín de infinita ternura – Tampoco cambiaría nuestro destino - En aquel momento un sobre, se posó en las manos de cada uno, Terry de forma brusca había destrozado el papel, pensando que su jefe estaba arruinando su velada obligada, leyó para sí.

"El infierno y el cielo han hecho una tregua, no se supone que un demonio trabaje con un ángel, pero lo que se viene es vital para que exista equilibrio, sin humanos no hay almas a las que atormentar"

Al terminar levantó el rostro y se quedó mirando fijamente los ojos turquesa de la rubia, ella comenzaba a concentrarse en su propia carta:

"El reconocer que no hay bien, sin mal; ni luz sin oscuridad, es prueba infinita del ego y la soberbia"

Esto es un juego – Candy regaló una sonrisa y sintió por fin paz, esta era la prueba de que Dios había disculpado su imprudencia y le permitía ser feliz, al menos por ahora – Como dije en nuestro matrimonio "Cuidarte, honrarte y respetarte, más allá de la muerte, aunque esta nos separe" – el volvió a abrazarla – Hasta que Dios o el Demonio nos separe – Ambos respiraron aliviados - No, esto no está bien – El castaño se sintió amedrentado ante los dichos de la rubia, ¿Qué era lo no estaba bien?, ¿Qué estuvieran abrazados?, ¿Qué un ángel y un demonio hicieran una tregua y criaran a un niño?, ¿Qué Dios y el diablo se hubieran puesto de acuerdo para quitarles la vida y luego devolvérselas? O ¿Qué el vestido le sentaba sensacional?, tragó en cuando se removió en sus brazos - ¿Qué pasó? – Ella suspiró al estar cerca de aquel que fue su esposo – ¿No crees que estamos abusando de Annie, para que cuide al pequeño, hoy en la noche también? – no pudo evitar sonreír ante tal cuestionamiento, eran polos opuestos, dos mitades de las grandes fuerzas que reinaban la tierra y ella se preocupaba si era un abuso que su niñera cuidara al niño, algo extraño estaba ocurriendo. Desde que la vio en el hospital cuidando sus pasos, no pudo volver a sentir lujuria por ella, ahora era un ser místico y puro, él solo podía ansiar sus labios, pues su amor, había llegado más allá de la vida – Espero Dios nos permita… – estrechó su pequeño cuerpo nuevamente buscó su boca, para culminar en un tierno y simple beso – Annie, llegará pronto – él sonrió – Te puedo decir que está en la puerta, justo tocando el timbre – Como profecía cumplida, este resonó en el departamento – Es hora de partir.

Karen – Fue la llamada con dulce voz que hacía al rubio a la pelirroja, mientras esta miraba con nostalgia una fotografía, donde aparecían sus primos, su cuñada y su novio – No llores – la mujer no pudo evitar derramar sus lágrimas – No lo puedo evitar amor, se supone que ellos debían estar aquí, Ángeles, Terry y Candy – Alberth con tanto congojo como su novia, la estrechó entre sus brazos – Ellos lo están, tal vez no en forma física, pero nos están cuidando, igual que a sus hijos – Pese a las palabras del rubio, tenía el presentimiento de que aquella pareja que hoy tendrían el honor de recibir, en parte eran piezas del rompecabezas que se había vuelto su vida, desde la muerte de parte de su familia – Los niños están dormidos – Ella afirmo con su cabeza, mientras ambos nuevamente observaban la fotografía en sus manos.

Hola, si amor, estoy en casa de Candy – Annie Cronwell, esposa de Archival, madre de hermosos gemelos, estupenda esposa y dedicada madre. Tubo la necesidad de salir a trabajar por horas, su marido, arquitecto y dueño de una pequeña empresa, que hasta hace unos meses había sido el sustento familiar, le habían sucedido una serie de problemas financieros, primero una construcción que fue rechaza por un estudio de suelo mal realizado; luego la muerte de uno de sus mejores clientes, mientras que vacacionaba con su familia en unas islas y para colmo de males, habían descubierto que el contador de la empresa, había estado arreglando los libros y desviando algunos fondos de la empresa y con ello evadía impuesto, por lo cual, no solo tenía deudas, si no que ahora también multas por evasión fiscal – Lo sé, los niños están con mi madre, yo llegaré más o menos tarde – Suspiró, cuando a su esposo se le metía algo entre cejas, nada en el mundo lo hacía cambiar de opinión – Bueno, si quieres venir, no creo que a Candice le moleste – a veces sentía que no podía más con toda la responsabilidad que se había cargado en los hombros, sus padres le ofrecieron volver con ellos, si dejaba Archie, pero ella se había negado, sabía que sus padres la amaban, aunque no fueran sus verdaderos padres, pero no podría dejar a su esposa, por más difícil que fuera su situación financiera. El timbre del departamento sonó y la pelinegra abrió la perta con el pequeño ángel en los brazos; no importaba cuán difícil fuera su vida, él siempre se salía con la suya – Hola amor – La sonrisa de Archie era la divina luz, no pudo escoger mejor.

Estoy nerviosa – Expresó Candy - ¿Qué piensas? – Preguntó el castaño – Pienso que tal vez Albert, algo sabe – Terrence por su parte, ya sospechaba eso luego de los encuentros que habían tenido, no dudaba que su antiguo amigo intuyera que ellos eran "especiales", pero ahora solo debía concentrarse en la cena y en disimular lo mejor posible su ignorancia frente al tema – No te preocupes, ahora solo disfrutemos la cena y luego, tengo una sorpresa – Terry siempre tuvo la especial característica de hacer que se olvidara de todo, se perdió en sus recuerdos…

No, bájame – El castaño ingresaba a la habitación del hotel, con su ya esposa en los brazos – No lo haré hasta que lleguemos a la cama – Su risa se escuchaba por los pasillos, la gente un poco sorprendida por los gritos, salía de sus habitaciones, para percatarse de los estrenados nuevos esposos – Estamos haciendo el ridículo – Terrence cerró la puerta con el pie y lanzó a la mujer en la cama, para caer sobre ella – Te amo – Dijo la rubia – Sé que soy irresistible – ambos sonrieron – Bien, señor Grandchester, me puede decir ahora, ¿Dónde estamos? – El besó sus labios y suspiró, para ponerse de pie frente a las cortinas – Estamos donde tus sueños se cumplenabrió las cortinas y desde el hotel se veía el templo de Sacsayhuamán (Perú) – Terry.

Sin duda había sido uno de los momentos más bellos de su vida, sin duda, jamás lo olvidaría ese momento, sería guardado como uno de sus grandes tesoros, sonrió, para ese entonces ya estaban en la puerta de su antigua casa – Solo ten fe – Candy lo observó de lado – Ten por seguro que no la pierdo – Las puerta de la casa se abrieron, para dejar ver a una adorable y cálida pareja.

Y esto sigue siendo complejo, de a poco la historia se va urdiendo de forma extraña… Y apareciendo personajes nuevos.

Saludos varios y Cariños, estas vacaciones serán muy productivas.

By Anngel