Capítulo 2
Quiero morirme.
Eso fue lo primero que pasó por la mente de Shouyou Hinata cuando despertó aquella mañana. Tenía la boca seca y los párpados le pesaban demasiado como para abrirlos. Hundió la cabeza en la almohada en un intento de volver a dormir y huir de ese horrible dolor de cabeza, pero el fuerte olor a tabaco que de esta desprendía lo hizo imposible. ¿Qué mierda?
Con mucha pereza se irguió sobre el colchón y enseguida reconoció la habitación. Ah, cierto… estoy en casa de Kageyama. Poco a poco, uno tras otro, fueron llegando los recuerdos de la noche pasada. Mierda. Anoche, antes de dormir, Hinata le había contado cosas a Kageyama. Cosas personales. Personales y vergonzosas como el hecho de que el pequeño Hinata aún no había dado su primer beso. Uuugh, ¿se puede ser más patético?
Lo siguiente fue darse cuenta de que estaba desnudo, a excepción de sus calzoncillos. Encontró su ropa doblada sobre el escritorio de Kageyama, lo cual era extraño, porque recordaba que la había dejado tirada cuando se desvistió la noche anterior. Se puso su camiseta porque, de repente, sus pantalones vaqueros le parecían lo más incómodo del mundo. Bajó a la cocina, allí estaba Kageyama, con una camiseta gris y unos pantalones de chándal negros. Estaba cocinando.
–Buenos días.
–Buenos días. –respondió Kageyama sin apartar la vista de los fogones.
–¿Estás haciendo el desayuno? –que elocuente, Hinata.
Kageyama señaló el reloj. –El almuerzo.
–¡¿Qué?! ¡¿Es tan tarde?!
–Teniendo en cuenta a la hora a la que nos acostamos… Esto no tardará mucho, ve a ducharte mientras. Apestas.
–¡Oye! –pero era verdad
Hinata se preguntaba si Kageyama recordaba la conversación que mantuvieron anoche. Seguramente lo hacía porque parecía bastante más sobrio que Hinata. Que vergüenza. Lo cierto que es Kageyama había sido extrañamente comprensivo, había intentado animarlo incluso, pero estaba convencido de que a la mínima usaría esa información en su contra en alguna de sus peleas. Arg, mierda. Decidió que, hasta que llegara ese momento, actuaría como si nada hubiese pasado. Como si no acabara de confesarle a Kageyama una de sus mayores inseguridades. Suspiró mientras dejaba que el agua de la ducha se llevara los últimos restos de la pasada noche. Sudor, olor a tabaco. El aliento de Kageyama.
–No estarás intentando envenenarme, ¿verdad? –Hinata alzó una ceja mientras analizaba su plato.
–¡Estúpido!¡Si quisiera matarte lo habría hecho el día que descubrí que estábamos en el mismo equipo!
Hinata rió –Estaba de broma, Tonto-yama. –se llevó un pedazo a la boca –¡No me lo puedo creer!
–¿Qué pasa ahora? –se le estaba agotando la paciencia. Que no es que tuviera demasiada.
–Está bueno. –dijo serio.
Kageyama reprimió con todas sus fuerzas las ganas de lanzar el bote salsa de soja a la cabeza de Hinata.
La comida transcurrió silenciosamente, ninguno de los dos tenía la fuerza suficiente como para mantener una de sus típicas discusiones.
–Te ayudo a fregar. –se ofreció Hinata cuando Kageyama se levantó para recoger los platos.
–No hace falta, solo… solo lleva tus cosas al fregadero. –hablaba en voz baja, bastante más baja que su tono habitual. Se notaba que estaba cansado, así que Hinata pensó que lo mejor sería recoger sus cosas lo más rápido posible y dejarlo descansar.
–Gracias por todo. –dijo mientras se montaba en su bicicleta.
–No es nada. –Kageyama estaba apoyado en el marco de la puerta. –Ha estado bien. Puedes quedarte cuando quieras. –aquello había sonado algo extraño para Kageyama. Se rascó el cuello, lo hacía siempre que la situación le resultaba incómoda.
Hinata solo sonrío antes de salir de allí pedaleando a toda velocidad.
Kageyama resopló, dejándose caer sobre su cama. Acababa de cambiar las sábanas por unas limpias, pero le importaba más bien poco arrugarlas. Estaba tan cansado. La pasada noche, después de la conversación con Hinata, le había costado bastante conciliar el sueño. Y por si fuera poco, se había despertado temprano con unas ganas horribles de ir al baño y cuando regresó de este, la carita de Hinata mientras dormía había sido demasiado para él. No había sido capaz de volver a meterse en la cama, tenía miedo de despertarlo.
Así que sí, necesitaba una siesta y sus padres no volverían hasta la noche, era la oportunidad perfecta para pasar una tarde completa durmiendo sin nadie que pudiera molestarle. Pero las cosas no eran tan sencillas. No para Tobio Kageyama.
Se sentía raro. Todo lo que había pasado en las últimas veinticuatro horas había sido raro. Empezando por la conversación con Nishinoya en el baño, pasando por el juego de "Yo nunca", hasta dormir prácticamente abrazado a Hinata.
La cosa había sido rara de cojones.
Para empezar, Kageyama no podía parar de pensar en lo que le había respondido Noya cuando él había declarado "no ser gay". Eso ya lo habías pensado, ¿verdad? Tenía razón. Odiaba admitirlo, pero su senpai tenía toda la razón. Lo cierto era que Kageyama ya se había sentido de esta forma antes. Hace unos años, cuando aún estaba en Kitagawa Daiichi. Odiaba recordar esa época en la que se sintió tan confuso, no sólo por el incidente en el campo durante su último año, sino por el incidente que ocurrió durante el final del primero.
Por aquella época Tobio no era más que un mocoso para el cual solo había una cosa importante y era el voleibol, sin embargo, los chicos de su propio equipo tenían otros intereses y uno en especial eran, como no, las chicas.
Cuando estás en el equipo de Tooru Oikawa te acabas acostumbrando a que las chicas frecuenten los entrenamientos y partidos. Kageyama no hacía mucho caso al asunto, pero se daba cuenta de cómo sus compañeros se ponían nerviosos por ellas, cuando estaba claro que no estaba aquí para verlos a ellos.
La cosa terminó cuando Oikawa junto con el resto de sus senpais tuvieron que dejar el equipo al pasar de curso. Mientras que sus compañeros echaban de menos la compañía femenina, Kageyama daba gracias al cielo por no tener que escuchar sus voces chillonas "Oikawa-senpaaai~"
Fue ese el año en el que Kageyama presenció algo que no debía y que, sin lugar a dudas, supuso un giro de ciento ochenta grados en la vida del joven colocador. En concreto, ocurrió el día de la graduación de los de tercero. Tobio ya se había despedido de la mayoría de sus senpais, pero no encontraba por ningún lado al capitán y a la estrella del equipo. Lo cierto es que Kageyama se sentía algo intimidado por Oikawa, pero no podía permitir que Iwaizumi dejara el instituto sin agradecerle su ayuda durante toda la temporada –y por salvarle de Oikawa– el de primero aún no comprendía por qué su senpai la había tomado con él ese año.
El caso es que si buscas a Iwaizumi, busca a Oikawa, porque hay un 99% de posibilidades de que estén juntos.
Los encontró detrás de la escuela, bastante apartados del resto. Estaban ellos dos solos, Oikawa apoyado contra la pared e Iwaizumi parado enfrente suya, sus cuerpos demasiado juntos y el más bajo jugando con el cuello de la camisa del otro. El uniforme que vestían por última vez.
Kageyama sabía que aquel era un momento íntimo, que debía respetarlo y salir de allí cuanto antes. Pero no pudo. Le fue imposible apartar la vista de Oikawa, que parecía algo triste, susurrando algo al oído de Iwaizumi, que sonrío mientras tiraba del cuello de la camisa para unir sus labios en un beso.
El corazón de Kageyama se paró en ese momento, solo para comenzar a latir a mil por hora. Una sensación extraña que hacía arder su pecho mientras veía a sus senpais besarse como en aquellas novelas de sobremesa que de vez en cuando veía con su madre.
Kageyama no era imbécil, sabía de dónde venían los niños, sabía por qué los chicos de su clase babeaban por las chicas. Pero… dos chicos. Kageyama también había oído hablar sobre eso, comentarios que de vez en cuando otros chicos de su clase hacían. ¿Habéis oído eso? Dicen que el hermano de Izumi de segundo es gay. ¡¿No es asqueroso?! Y generalmente el resto de los chicos se reían mientras le daban la razón.
Gay. Kageyama siempre había escuchado esa palabra como algo negativo, algo que estaba mal, que era vergonzoso. A los chicos les gustan las chicas.
Pero aquello no podía ser cierto. No cuando sus senpais separaron sus labios y vio a Oikawa sonreír como nunca antes, juntando su frente con la de Iwaizumi mientras este acariciaba su mejilla. Era precioso. Se veían felices. A Kageyama le escocían los ojos, tenía ganas de llorar. Esto no puede ser malo.
Oh, pero lo era. Lo supo el día que Izumi llegó al instituto con un ojo morado y el labio inferior partido. La versión oficial decía que había sido una simple pelea entre chicos de instituto. Pero Kageyama sabía la verdad, todos la sabían pero nadie era lo suficientemente valiente como para decirlo. A Izumi le había dado una paliza porque defendió a su hermano.
Kageyama estaba asustado ¿Y si soy gay? Lo cierto es que tampoco estaba seguro de eso. Sabía que no le interesaban las chicas, nunca lo habían hecho y dudaba que eso cambiara en el futuro. Pero, ¿los chicos? Aquello tampoco terminaba de convencerlo. Kageyama nunca había tenido un flechazo por nadie, su primer y único amor siempre había sido el voleibol. Quizás esas cosas no son para mí.
Con su tercer año llegó la pubertad y Kageyama apenas era capaz de mantener las manos fuera de sus pantalones.
Ok, puede que estas cosas sí sean para mí.
Los veinte centímetros que había crecido en los últimos meses lo hicieron bastante popular y, a pesar de su fama por tener mal carácter, en la primavera de su tercer año se le confesaron por primera vez. Una chica, por supuesto. Y Kageyama le dijo que sí, por supuesto.
Estuvieron juntos dos semanas de las que Kageyama solo recuerda haberle comido la boca 24/7 a Aiko, que así se llamaba la chica, antes dejarlo. "Es el voleibol o yo" Kageyama no tuvo que pensárselo dos veces. De todas formas, se sentía un poco mal por liarse con Aiko cuando por las noches se tocaba pensando en el capitán del equipo de baseball.
No es que besarse con ella no estuviera bien, estaba muy bien pero en secreto deseaba ser él el que tuviera que ponerse de puntillas para el beso, deseaba cambiar las finas manos de Aiko por otras más grandes, que apretaran sus caderas con la fuerza suficiente para dejar marca. Quería sentir otra erección contra la suya, joder.
Al final de ese verano Kageyama llegó a la conclusión de que era gay, muy gay, y jodidamente en el fondo del armario.
Y hasta ahí la vida amorosa de Tobio Kageyama que Hinata tanto envidiaba.
Con un gruñido se levantó de la cama, estaba claro que no iba a ser capaz de dormir, cogió su balón y salió al patio trasero.
NOTAS: Y hasta ahí el segundo capítulo. No me llega a convencer del todo porque lo que busco es que quede real y bueno... espero estar haciéndolo bien.¡Me seguiré esforzando! También recordad que es lo primero que escribo en años...
Han sido algo más de 2000 palabras, creo, ya os dije que me iba a ser difícil escribir todos los capítulos de 6000 D:
Uuuuuggghhh quiero que Hinata y Kageyama se metan mano ya, ¿vosotros no? Qué cruel soy que os voy a hacer esperar. Pero no por mucho tiempo :3
Por último, GRACIAS GRACIAS GRACIAS por todos los comentarios y palabras de ánimo y por seguir esta historia, incluso si no comentáis. Ver como suben las visitas ya me hace muy feliz. Estaba un poco de bajón porque la primera vez la subí a ao3 (la sigo subiendo allí) y la gente como que pasó bastante del tema. Me alegro de haber probado a subirla aquí. Así que gracias y nos leemos en una semana o así :3
