Capítulo 8
Quentin se quedó mirando a su niña. Parecia mentira que ya fuera a hacerle abuelo. Cuando Nyssa había venido en un par de ocasiones a Starling le había enseñado las ecografias del bebé y había hablado con Sara varias veces por semana. Pero verla así de repente embarazada de casi 8 meses... Simplemente le había sorprendido verla tan enorme.
De repente, le vino la imagen de cuando él y Sara iban a pescar y como la enseñó a batear en la parte trasera de la casa. Como los domingos por la mañana se iban los dos a ver el partido de los Rockets y como criticaban a los jugadores del equipo rival al tiempo que comían un perrito caliente con un vaso gigante de Coca-Cola.
Quentin estaba de pies y gesticulando con las dos manos.-¡TOM ERES UN INÚTIL, NO SABES DARLE A LA BOLA! ¡TE VAS A IR FUERA,VAS A POR EL TERCER STRIKE!
Sara también estaba de pie. Puso sus dos manos cerca de su boca para usarlas a modo de megáfono. - Papá, cálmate. Así no vas a conseguir nada. ¡HASTA MI ABUELITA DARÍA A LA BOLA! ¡ERES UN INÚTIL, POR ESO TU MUJER TE ENGAÑA CON TU PITCHER! ¡CALZONAZOS!.
Quentin miró contrariado a su hija. -Sara, ¿qué sabes de tu eso? Eres una niña.
Sara, sonriendo, y con cara de saber de todo le dijo: - Papá, tengo 14 años. Es una forma de hablar. ¡HAS VISTO TOM, ERES UN INÚTIL, NO SIRVES PARA NADA!
Quentin se echó las manos a la cabeza. - Sabes Sara. Me encantaría que no crecieras nunca. Voy a echar de menos estos momentos.
Sara abrazó a su padre. - Nunca me perderás. Siempre serás mi papá.
Quentin puso cara de pena. Sabia que tarde o temprano su niña crecería. - Eso dices ahora Sara. Te queda poco para ser una adolescente y estarás loca por salir con tíos y ya no querrás ir con tu viejo a los sitios.
Sara dio un suspiro. - Papá, por favor, deja de hablar así. En serio, ¿tío y viejo? No uses esas palabras. En serio,no. Es muy triste cuando intentas hablar como la gente joven.
- Pero vosotros habláis así.
-Pero en ti suena muy raro.
También le vino a la mente como unos meses después de esta conversación Sara había cambiado. Habia vuelto de pasar el verano en casa de su abuela materna en Tampa como premio por sus buenas notas. Laurel, por el contrario, había preferido ir a un campamento a aprender alemán.
Pero Sara, su niña, con la que compartía tantas aficiones había decidido a la vuelta que ya era muy grande para ir a pescar e ir al estadio con su padre. Quentin recordó como había discutido con Dinah diciendo que seguro que Morgana, la madre de Dinah, había hecho que Sara se despendolara sólo para fastidiarle.
Morgana odiaba a Quentin desde el primer día que lo vió y nunca había cambiado .Morgana en su día le dijo a Quentin que le quitaría el cariño de Sara, como él le había quitado el cariño de Dinah.
Quentin llevaba una gorra de los Rockets puesta y otra en su mano. - ¡Vamos Sara! ¡Llegamos tarde! Va a empezar el partido.
Sara apareció bajando las escaleras, llevando una minifalda de color negro y un top blanco.- No puedo papá. He quedado con Steve.
Quentin se quedó mirando a su hija de arriba a abajo.- Uno, no vas a salir con esas pintas de casa. Dos, no vas a quedar con ese Steve ni con ningún otro que yo no conozca. Y tres, te vienes conmigo a ver a los Rockets.
Sara miró con mucho desprecio a Quentin. Le había costado mucho conseguir que Steve le pidiera una cita. Normalmente los chicos no se les acercaban nunca a Sara ni a Laurel. No ayudaba que su padre fuera policía y amenazara con la pistola a cualquier chico que trajeran a casa. – Uno, mi ropa está bien. Dos, voy a quedar con Steve, llevo mucho tiempo esperando que me pida salir. Y tres, ya no soy una niña para ir contigo al béisbol.
Quentin estaba que explotaba. –Uno, estas castigada. Y dos, no me copies cuando hablo.
Sara miró con cara de pena a su madre. -Vamos mamá, dile algo. No puedo faltar. Convencele. Por fi.
Dinah miró a Quentin y vio que si le llevaba la contraria iban a tener luego una discusión así que no le quedó más remedio que darle la razón a su marido aunque sabía que eso le iba a hacer daño a su hija. - Cariño, lo siento. Pero tu padre tiene razón. Tienes que hacerle caso.
Sara miró cabreada a los dos. No podía creérselo. Después de todo el tiempo que había pasado detrás de Steve, ¿no iba a poder estar con él? Así que empezó a subir las escaleras a su habitación bastante cabreada. - Bien. Pero luego no os extrañéis cuando prefiera a la abuela antes que a vosotros.
Pocos minutos después de esto, Sara usó las sábanas que había en su cuarto para bajar desde su habitación a la calle. Horas despues, Quentin había descubierto que Sara le había desobedecido y se había escapado. Quentin la había castigado por primera vez: un mes sin salir a la calle, sólo para ir y venir del instituto.
- Vaya, cariño. Nyssa ha sido muy generosa diciendo que habías engordado un poquito. Debe de quererte mucho. Estás ¡ENORME!
Sara miró con cara de pocos amigos a su padre. - ¿En serio papá? ¿Lo primero que haces al verme es interrumpir mi beso y llamarme gorda?
Quentin volvió a abrazar a su hija. -Perdona cariño. Se me había olvidado el tema de las hormonas. Tu madre también estaba muy susceptible. Vamos a subir, la cena está casi lista.
Sara miró con sorpresa a su padre. -¿Has dejado el pollo en el horno?
Quentin, muy seguro, le guiñó un ojo. - Sara, el pollo no va a salir corriendo. Ademas, tenía que bajar a la tienda a comprar vino.
Sara miró a su padre sorprendida. Su padre era alcohólico, no podía tomar ni una gota de alcohol. Y a ella no le gustaba el vino. - ¿Vino, papá?
- Que tu y yo no bebamos no implica que Nyssa no pueda beber. He comprado un vino de la región de Burdeos. Me dijiste que eran sus preferidos, ¿no?
Nyssa miró a Quentin. Parecía que al final las cosas entre ellos iban viento en popa. Quentin le había perdonado el secuestro y el envenenamiento. - Muchas gracias. No te tenías que haber molestado.
- Es un placer. Y ahora, vamos arriba chicas.
Nyssa probó el famoso pollo a la cazadora de la familia Lance. Esta vez, el pollo era una delicia y no lo que Sara había intentado hacer hace 3 años en Nanda Parbat cuando casi quemó la cocina. -Estaba todo delicioso, Quentin. Espero que nos de un día la receta para poder hacerla.
Quentin estaba sorprendido. - No hay problema querida. Pero Sara sabe la receta. Creo que ella podrá hacer esta comida cuando quieras.
Con ligera sorna Nyssa contestó: - Quentin, creo que Sara no sabe muy bien como hacer este plato o por lo menos no sabe los tiempos que tiene que estar en el horno.
Sara se cruzó de brazos. - Vamos Nyssa, sólo fue una vez.
Nyssa sacó la lengua a Sara. – Sí, Sara, una vez. Pero ese pollo parecía que había estado en una carbonera. Estaba negro por dentro y por , por llamarlo pollo, porque no se sabía lo que era aquello. Por no decir que casi quemas toda la cocina.
Sara le respondió también sacándole la lengua. -Ves, esa es la razón por la que no he vuelto a cocinar, Nyssa. No quiero provocar ningún incidente y que tu padre me vuelva a odiar.
Nyssa se ofreció a recoger la cocina para que Sara y Quentin se pusieran al día. Enseguida Sara y Quentin se fueron al sofá y se quedaron hablando hasta que Sara se quedó dormida. Estando el embarazo tan adelantado, Sara se pasaba la mitad de las horas durmiendo.
Con ironía en su voz Nyssa dijo: - Vaya, ya decía yo que Sara estaba tardando en quedarse dormida.
Quentin había cogido una manta y había tapado a Sara. – Sí, la verdad es que se ha quedado dormida enseguida.E staba muy cansada del viaje y eso que me ha dicho que ha dormido casi todo el tiempo. Me ha dicho que ha quedado mañana con la señorita Smoak y con Oliver Queen.
Nyssa forzó una sonrisa. - El señor Queen. Sí, algo he escuchado. Han quedado mañana por la mañana. Yo aprovecharé para ver si la casa está en orden.
Mientras Nyssa dijo esto, Sara comenzó a despertarse. - Vaya, me volví a quedar dormida. Vamos a tener que marcharnos papá, se ha hecho tarde.
Quentin miró a Nyssa. - ¿Por qué no os quedáis aquí esta noche? Ya es tarde. Y además, está la habitación de Sara por estrenar.
Nyssa dijo: - Ya veo de quién ha aprendido Sara a hacer pucheros. Por mi me parece perfecto. Creo que es buena idea. Nos quedamos esta noche aqui y ya mañana por la mañana Sara puede ir a ver a Felicity mientras yo coloco parte de la mudanza.
Sara sonrió mientras se levantaba y le daba la mano. - Bueno pues entonces vamos a la cama, que tengo sueño.
Cuando Sara iba a su dormitorio de la mano de Nyssa se oyó la voz de Quentin. - Ehhhh, una cosita chicas. ¿Estáis casadas?
Sara y Nyssa le miraron con incredulidad al tiempo que decían: - No.
Quentin puso sus manos en su cadera. - Bueno, por eso mientras no estéis casadas, no dormiréis juntas bajo mi techo. Asi que Nyssa, hay tienes una manta. El sofá es muy cómodo.
Sara se quejó. - Papá.
Quentin señaló el sofá. - Ni papá, ni papo, ni papi ni nada. Mi casa, mis reglas. Si queréis dormir juntas es muy sencillo. Casaos y os dejaré. Hasta entonces… el sofá es muy cómodo.
- Sara, no te preocupes, tu padre está en su derecho. De todas formas, es solo una noche. Ademas, la culpable de que no estemos casadas es tuya. Si me hubieras dicho que si las dos veces que te lo pedí, no tendríamos este problema.
Sara dio un breve suspiro. - Ya estamos otra vez. No era el momento.
- ¿Ninguna de las dos veces? Bueno , ya sabes lo que te dije. Si quieres que nos casemos un día, tendrás que pedírmelo tú.
- Espera... ¿le dijiste que no? ¿Dos veces?
- Sí, papá. Dos veces. Y ahora, ¿dejamos el temita?
- ¿Cómo se lo pediste?
Sara cogió e hizo una señal de que iba a cortar el cuello a su padre si no cerraba la boca. - ¡PAPÁ,YA!
- Vale, vale, no digo nada ya.
En mitad de la noche, Sara se levantó y salió de su habitación y entró de puntillas en el salón para no despertar a su padre. En voz baja y meneando suavemente el hombro de Nyssa: - Hola, ¿estas despierta?
Nyssa abrió un ojo y con paciencia en su voz: - No querida, ya no.
Sara se acercó más a Nyssa, dándole un dulce beso en los labios. Hacia tanto tiempo que no intentaba colar a una pareja en su habitación que le parecía de lo más dulce y apetecible. - Nyssa, ¿qué te parece si... vienes a mi habitación?
Nyssa miró a Sara con una sonrisa burlona. - Sara, tu padre ha dicho que no podemos.
Sara optó por poner un tono suplicante en su voz. Sabia muy bien que cuando Nyssa decía no era no. - Vamos Nyssa, por favor. Anda, que no te pido nunca nada.
Nyssa se incorporó en su asiento. No quería tener problemas con Quentin ahora que parece que se llevaban bien. Y no quería ni imaginarse que pasaría si Quentin las descubriera juntas cuando había dejado dicho que mientras estuvieran bajo su techo y no estuvieran casadas nada de dormir juntas. Ademas, sólo iba a ser esta noche, tampoco era tan grave. - ¿Que no me pides nunca nada? ¿Saco la lista de tus antojos en estos meses?
Sara cruzó sus brazos. - Esa no era yo, esa era nuestra hija.
Nyssa la miraba haciéndola burla. - Si, claro, ha sido todo cosa de ella.
Sara cogió la mano de Nyssa y tiró de ella para darle otro suave beso. - Vamos Nyssa, quiero dormir contigo. Mi padre no se tiene por qué enterar. Si no vamos a hacer nada, mira como estoy, apenas me puedo mover. ¡Por favor, ven conmigo!
Nyssa soltó la mano de Sara y con una voz suave pero decidida le susurró: - He dicho no. Y es mi última palabra.
De repente se encendió la luz principal del salón. Era Quentin. Se había despertado. - Por Dios Sara, ¿no puedes esperar a mañana? Te ha dicho que no. No seas tan pesada. Y deja de provocarla.
Sara señaló a Quentin y Nyssa con una mirada de una niña que no se ha salido con la suya. - Vosotros dos os estáis poniendo de acuerdo. Que sepáis que no me gusta.
Tanto Quentin como Nyssa se miraron, y se echaron a reír. Quentin le dijo a Nyssa: - Que sepas que con esto has ganado muchos puntos. Has respetado mi opinión a pesar de no estar de acuerdo, a pesar de los lloriqueos de mi hija.
Nyssa le miró con un profundo respeto. - Tu casa, tus reglas.
Sara estaba ya en el umbral de la puerta dispuesta a entrar en su habitación. - Que sepas Nyssa, que voy a soñar con el socorrista buenorro de Maui.
Quentin miró a Nyssa preguntándole ¿qué socorrista?
- Un socorrista que salvó a mi hermana de morir ahogada en una misión. En aquel entonces tu hija y yo no estábamos juntas y Sara estaba babeando por él cada vez que lo veía.
- Y tu tenías un celos terribles Nyssa. Y eso que no nos habíamos liado todavía.
Nyssa volvió a mirar a Sara. - Bien, sueña lo que quieras con él. Pero al final con quién estas es conmigo y mientras no hagas nada, sueña todo lo que quieras. Porque quieras o no, la que saldré al final en tus sueños seré yo. Ale querida,que duermas bien.
Quentin ya no podía reírse más. Viendo que se iban a respetar sus opiniones se fue a la cama dejando a Nyssa durmiendo en el sofá y a una Sara con un pequeño mosqueo en su habitación.
Cuando Sara se levantó, se fue a la cocina y se encontró a Quentin y Nyssa charlando amigablemente. A Sara se le iluminaron los ojos, ¡había tortitas!
- ¡DIOS TORTITAS! ¡OS QUIERO!
En el momento en el que Sara se dispuso a meterse el primer bocado de una de las tortitas en la boca soltó: - ¡MIERDA!
- ¿Qué pasa?
Sara se levantó. - Es que creo que he roto aguas.
Quentin y Nyssa fueron corriendo donde ella. - ¡Cariño, tienes un charco ahí debajo! ¡Ya viene el BEBÉ!
- Hija, pero, ¿como no te has enterado de las contracciones?
Sara dijo justificandose: - Es que... estoy aconstumbrada al dolor.
-Chicas... una preguntita... ehh, ¿dónde habéis aparcado el coche?
- No, papá. Nos trajeron los miembros de La Liga.
- Pues yo chicas... no tengo coche y hay huelga de ambulancias. Tenenos un problema.
Nyssa se puso muy sería. -Bueno, ante todo, tranquilidad. Yo he visto videos de partos por si llegado el momento hay que ayudar a traer un niño al mundo. Así que tranquilidad. Vamos a tumbarte primero en el sofá a ver si el bebé ha coronado.
Quentin se frotaba las manos. - Eso, tranquilidad. A las primerizas se les suele retrasar el parto, no al contrario.
Nyssa se echó las manos a la cabeza. - ¡RÁPIDO QUENTIN, HIERVE AGUA, TRAE UNAS SÁBANAS Y UNAS TIJERAS! ¡VEO LA CABEZA DEL BEBÉ!
- Sara hija, tranquila, todo va a salir bien. No te preocupes. Siento que no haya una epidural para pincharte. Aunque por tu tranquilidad, no parece que la necesites.
Sara intentó calmar a su padre mientras jadeaba. - Tranquilo, este dolor es llevadero. Los he tenido peores como cuando me cosieron la espalda sin anestesia. Asi que no te preocupes por el dolor.
Nyssa estaba enfrente de Sara cogiendo con suavidad la cabeza del bebé. Mientras Sara empujaba, Nyssa le susurraba frases de ánimo en árabe. - Chicas… no digo que no sea bonito pero por favor, hablad en inglés que nos enteremos todos.
- Perdón Quentin, es la costumbre. Vamos, pequeña empuja, un poco más, ya casi está.
- Cuando descubra quién es el padre le voy a estrujar, ahora si que dueleeeeee.
Nyssa seguía animando mientras sujetaba la mitad del cuerpo del bebé. - Venga vamos, que ya queda poco Sara.
- No me puedo creer que vaya a ver a mi nieto enseguida. Es tan bonito. Aunque tu madre, Sara, nos va a matar por no haberla avisado antes.
- Tranquilo Quentin, eso es lo de menos. Dentro de unos minutos podrá ver al bebé si quiere. Vamos. Un último empujón.
Sara estaba agotada, estaba sudando a mares y maldiciendo al padre de la criatura aunque no supiera su nombre. - Serás cabron, cuando te pille te voy a cortar en rodajas hijo de...
- Cariño, reserva tus fuerzas, ¡ya sólo queda el último empujón! ¡Tú puedes!
Como le había dicho Nyssa, con el último empujón terminó de salir el bebé.
Nyssa sujeto al bebé, le dió una pequeña palmadita en el culo y empezó a llorar. Al final, la intuición no le había fallado a Sara, era una niña. Con el pelo rubio, el poco que tenía por cierto. Y con unos ojos azules color cielo. Nyssa pensaba que era la cosita más bonita que había visto nunca y no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas.
Acto seguido, puso al bebé en brazos de Sara mientras a Quentin tambien se le caía alguna lagrimilla que otra. - Tenías razón Sara, es una niña. Una niña preciosa.
En el momento que Sara cogió a su hija en brazos sintió una emoción que jamás había sentido. - Hola, cosita bonita. Ya has nacido y estas aquí con tus dos mamás y el abuelito.
Nyssa dijo muy segura: - Si algo bueno ha tenido que se adelante el parto es que mañana no tengas que ver a Oliver Queen.
- Nyssa, no es por amargaste la fiesta querida, pero... seguramente vendrá él. Tanto Felicity como él me dijeron que tenían muchas ganas de verme. Así que al final me verá. Pero no tienes que preocuparte. No estoy interesada en él.
Quentin seguía mirando a su primera nieta y no pudo evitar también llorar. Se sacó un pañuelo del bolsillo y se secó las lágrimas. - Creo que vamos a necesitar tres baberos y no precisamente para la pequeña. Mi primera nieta. El orgullo de su abuelo. Eres igualita a tu mamá cuando nació. Bueno, no es que no me guste lo de cosita bonita pero... ¿qué nombre le vais a poner?
Sara miró a su bebé. - Atenea. La diosa de la guerra, la sabiduría y la estrategia.
Continuara
