Hola, perdonen si estos dos últimos capítulos son demasiado largos y la mayoría se trata de Milán. Pero creo yo que esto es necesario para que puedan entender un poco lo que viene. Ya los próximos capítulos tratare de hacerlos menos largos. También quería avisarles que no tendremos al grupo de Rick Grimes hasta algunos capítulos más adelante si tendremos a un personaje muy importante de la tercera temporada :) tratare de contar su pasado lo mejor que pueda. Sin más, les dejo leer.

Llego hasta el otro lado del campo sin cruzarse con ninguna otra persona viva. ¿Era posible que el fuera de los últimos vivos que había quedado en pie? Los reanimados que había ido dejando atrás le andaban siguiendo, eran por lo menos cincuenta y todos lo miraban con ojos vidriosos y rostros cadavéricos.

¿Cómo habían llegado a aquella situación? Se suponía que el refugio y algunas zonas seguras no muy lejos eran el único lugar a salvo de los cadáveres andantes. El y sus compañeros habían pedido a los civiles que fueran al refugio encarecidamente cuando ya no tenían opción si querían vivir ¿cómo pudo haber acabado todo así de mal?

Apartando a un par de seres con el fusil, salió del césped y entro al interior del estadio. Pensaba que si quedaba alguien con vida se encontraría allí, y no lo decepcionaron. De un disparo acabo con la poca vida restante de un hombre que tenía un mordisco en la muñeca antes de que pudiera pedirle socorro, y siguiendo el largo pasillo que recorría todo el estadio se encontró con pequeños grupos de muertos devorando el cadáver de alguien a quien habían logrado cazar.

Finalmente después de haber andado con cautelo se topó con otros soldados en las escaleras. Eran tres, iban armados con fusiles y pudo ver en ellos el mismo miedo que había tenido el unos minutos atrás, antes de darse cuenta de que ya estaban muertos y de lo que debía hacer.

Alrededor de ellos había una docena de cuerpos por el suelo, que por el estado de descomposición y el olor tenían que ser reanimados abatidos. Era posible que los soldados hubieran tenido tanto miedo como él, pero éste no les había paralizado. Les odio por ello.

Al verlo llegar le hicieron un gesto para que se acercara. Milán no tenía intención de dispararles, ellos tenían armas, tenían la capacidad de matarse ellos mismos cuando llegara el momento. Dos aún conservaban el casco, pero el otro debía haberlo perdido en la batalla; de los dos con casco, uno se pasaba la lengua por los labios a cada momento, y el tercero tenía todo el cuerpo lleno de pecas.

—¡Ven! Arriba hay civiles ¡Ayúdanos a cubrir la escalera! —Le dijo el que estaba más adelantado, el de las pecas.

Milán sabia que eran unos menudos idiotas, les habría disparado por estúpidos. Había muchas más escaleras que seguro que nadie estaba cubriendo y por donde podían subir los reanimados. Y aunque no fuera así ¿cuatro soldados para luchar contra una horda infinita de muertos vivientes?

Gilipollas! Subid arriba y matad a los civiles limpiamente antes de que los muertos los devoren" Le hubiera gustado gritarles. Eso y muchas más cosas, pero también tenía preguntas que hacerles, de modo que se acerco a ellos y se coloco en posición de cubrir la escalera.

—Las salidas, por donde no había reanimados. —Pregunto Milán—. ¿Las abrieron?

—Si tío, una de las laterales. —Le respondió el que no llevaba casco.

Milán lo analizo por momentos. Sabía que quizá debía tener su edad y no recordaba haberle visto nunca, como a los otros dos; pero antes de que el infierno se desatara en el refugio había más de cien hombres protegiendo las puertas, le fue imposible haber conocido a todos.

—Era tarde. —Continúo con nerviosismo—. Para cuando las abrimos ya no podían escapar demasiados, pero vi salir al menos a treinta personas y siguen abiertas, alguien más habrá salido. De la otra no sé nada.

Fue un alivio para Milán saber que al menos unos cuantos habían logrado escapar. La mayoría de las salidas habían sido selladas a cal y canto para evitar tener que vigilarlas, y para que los seres tuvieran menos puntos de entrada. No sabía exactamente cuántas salidas eran, ya que no fue trabajo suyo vigilarlas, pero sí sabía que la que utilizaban los que tenían misiones fuera del estadio, antes que de los muertos la bloquearan con su número, era la principal, y también que había un par más en los laterales.

—Si son listos irán al sur, hacia el área veinticuatro, allí seguro que no hay demasiados de estos mierdas. —masculló el pecoso—. Luego no sé, podrían intentar bajar hasta la estación y salir de la ciudad por las vías del tren. ¿No creéis?

Milán medito sobre su razonamiento durante un segundo. Para seguir esa ruta tendrían que atravesar sanos y salvos la avenida Salem. Un grupo de soldados lo tendría bastante difícil, por el centro de la ciudad los reanimados se contaban por millares, pero para un grupo grande de civiles era imposible. Un numero bajo de supervivientes podría salvarse viendo así morir a la mayoría. Era descorazonador pensar en ello.

Unos cuantos de aquellos seres se acercaban desde el fondo del pasillo. Milán les apunto al igual que los demás, pero nadie disparó; aun esperaban a que estuvieran mucho más cerca para eso, los reanimados eran previsibles en sus movimientos, y un tiro certero valía por dos.

—Mejor que nosotros van a estar. —Comento el que no llevaba casco; y Milán le dio razón, los que habían logrado salir al menos tenían una oportunidad.

Todos apretaron el gatillo y acabaron con las miserables existencias de aquellos penosos cadáveres andantes cuales todos deseaban ya acabarlos de una buena vez.

—¡Mierda! —Exclamo de pronto enseguida el tercer soldado, el que no había dicho palabra hasta aquel momento, y no podo haberlo definido mejor.

Por el pasillo se acercaba una horda de cadáveres putrefactos andantes demasiado numerosa. Milán estaba casi seguro que se trataba de la horda que hace minutos atrás lo estaba siguiendo. No había forma de despistarles en tan poco espacio. Comenzaron a disparar contra ellos. Les habían entrenado para apuntar a la cabeza, de modo que no usaban el automático del fusil de asalto; era importante que cada disparo contara, y si no les dabas en la cabeza no contaban para nada. Abatieron a varios pero eran demasiados.

—¡Mierda mierda y mierda! —Maldijo el de las pecas mientras daba un paso atrás.

Los demás no tardaron en imitarlo. Fueron retrocediendo por la escalera conforme se iban acercando, pero los reanimados les ganaban terreno paso a paso.

—¡Dispersémonos! —Les propuso Milán. Le pareció algo poco tonto lo que estaban haciendo, ¿de qué valía matar a diez más, si había cientos?

—Van a subir igual, intentemos dividirlos. —Le dijo el soldado que no llevaba casco.

Aquello último podía resultar, pero a Milán le daba igual; Su intención era apartarse de ellos y encontrar a los civiles. Tenía que matarlos antes de que esa horda que los acosaba llegara hasta ellos y murieran igual, pero de una forma mucho más inhumana.

Le hicieron caso, cuando terminaron de subir las escaleras el pecoso acabó con unos pocos más, mientras que los otros dos se iban cada uno a un lado del pasillo.

—¡Corred! ¡Corred! —Gritaban mientras ellos mismos seguían sus propias indicaciones.

"¿Correr a donde?" Pensó Milán. Las tres salidas estaban más allá de su capacidad para llegar hasta ellas. Estaban atrapados, los muertos subían por las escaleras, y seguramente les esperaban en ambas direcciones de los pasillos superiores.

El pecoso se fue por una dirección cuando se cansó de disparar a los que subían, y Milán se fue corriendo por la otra, precedido por el soldado sin casco y un grupo de civiles que corría delante de él. Al pasar junto a la salida a las gradas, varios de los supervivientes se separaron del grupo principal y tomaron esa dirección. El soldado siguió adelante con la mayor parte del grupo, solo él sabía a dónde, y Milán siguió a los otros.

La visión del campo desde un piso más arriba era dantesca. Docenas, cientos, quizá miles de cadáveres vivientes caminaban de un lado a otro, devoraban los cuerpos de los que acababan de matar, buscaban nuevas víctimas en las pocas tiendas de campaña que quedaban en pie, o simplemente merodeaban, que es lo que hacían siempre que no tenían a nadie contra quien lanzarse.

El grupo que seguía Milán estaba compuesto por seis personas, dos de ellos debían ser pareja por cómo se cogían de la mano el uno al otro; y todos eran jóvenes, solo la pareja y otro más no debía pasar de los cuarenta. Milán se aseguro de tener balas para todos y se acerco, estaban hablando entre ellos, mirando en todas direcciones y casi ajenos al horror del campo de juego. Al ver que se dirigía a hacia ellos una chica rubia y larguirucha se le acercó.

—¡Podemos ir por allí! —Gritó para hacerse oír por encima del ruido de la masacre que estaban presenciando—. ¿Nos ayudas?

La chica le señaló la entrada al vestuario, justo al otro lado del estadio y a nivel del suelo. Tan solo cuatro reanimados se interponían en el camino que pretendían seguir. No era extraño que hubiera tan pocos porque a los cadáveres andantes les resultaba difícil desenvolverse con los escalones, eran demasiado torpes para subirlos con soltura, carecían de la coordinación necesaria para ello; en bajar solían ser más rápidos, ya que la mitad terminaban cayendo rodando y arrastraban consigo a la otra mitad. Aun así, había muchos cuerpos a medio devorar desperdigados, pero en mucha menor concentración que en el propio campo de juego, eso desde luego.

—Es la salida que desbloquearon. — Insistió—. Ahora está abierta, si nos abres paso con el arma podemos salir.

Milán se detuvo un momento a pensar en su idea, ya que cabía la posibilidad de que fuera realizable. Llegar corriendo hasta el otro lado no era muy difícil, en la grada apenas había reanimados, y si la puerta estaba abierta como ella decía era una oportunidad. El inconveniente era que no sabían lo que podían encontrase una vez en el interior del estadio, pero quizá fuera una opción.

—Tengo esto. —Dijo la chica sacando una granada de mano de un bolsillo de su chaqueta—. Se la cogí a un soldado muerto, tal vez ayude.

Aunque a Milán no le hacía gracia volver a coger una granada después de lo que había tenido que hacer con la última, se la quito de la mano rápidamente. Sabía que nadie debía jugar con una granada de mano, mucho menos un civil que no sabía ni manejarla.

—Llevare esto conmigo, vamos. —Respondió guardando la granada y adelantándose. Se coloco en la cabecera del grupo para abrir la marcha.

No perdía nada por intentar buscar una salida con ellos, si al final no había otra solución siempre podía dispararles, pero si encontraban un lugar por donde escapar les habría salvado la vida llevándoles hasta él; no había cuestiones que hacerse.

Llegaron hasta el otro grado de la grada moviéndose entre los asientos, sin más contratiempo que un cadáver casi completamente devorado que se había revuelto al verlos pasar y había agarrado a la chica rubia del brazo. Pero el pobre desgraciado ya no tenía la musculatura necesaria para alzarse y morder, así que de un golpe con la culata del fusil Milán le quebró los huesos del brazo, haciendo que aquél monstruo la soltara.

No hubo tiempo de que la chica le diera las gracias, tenían que continuar o llamarían la atención de más reanimados.

En cuanto bajaron unas cuantas filas Milán tuvo que cargarse a dos seres más, no sin cierto fastidio; esas balas podía haberlas necesitado para las personas que le acompañaban si el camino que estaban siguiendo resultaba ser un callejón sin salida.

Finalmente entraron bajo techo de nuevo cuando saltaron de la grada y se metieron por el pasillo que llevaba a los vestuarios. La salida de la que había hablado la chica no quedaba muy lejos, pero los muertos andantes ya habían llegado allí.

Un reanimado a su lado devoraba el cuerpo de un hombre tirado boca abajo, pero al tener comida que llevarse al estómago no le prestó la menor atención. Milán tampoco le prestó atención por el momento, busco la salida con la mirada y no le hizo ninguna gracia lo que vio cuando la encontró.

Había una verdadera jauría de muertos custodiándola. La mayoría de ellos estaba en el suelo, devorando a la gente que había intentado salir y no lo habían conseguido; esos no eran preocupantes, ya que si se daban prisa podían pasar a su lado sin que se dieran cuenta, como el que tenía Milán al lado en ese momento. El verdadero problema era la docena que aún estaba de pie, merodeando entre sus congéneres y los cuerpos que se habían convertido en su almuerzo.

Si iban rápido podría pasar la mayoría, pero era probable que cogieran a alguien, y si disparaba para matarlos estarían aún más perdidos, porque el ruido llamaría la atención de los que comían y se les lanzarían en manada.

Cuando los demás se colocaron a espalda de Milán, el reanimado que tenía al lado levantó la vista y le lanzó un gruñido antes de que le reventara la cabeza contra la pared de una patada. La bota y el pantalón se le llenaron de sangre, y algunas gotas llegaron incluso hasta su cara, pero aquel ser no volvería a levantarse nuevamente.

Los demás apartaron la vista cuando vieron los restos destrozados de la cabeza del muerto caer al suelo. Milán hizo una pequeña mueca de desagrado, le pareció realmente patético que tuvieran tantos remilgos después de ver morir a miles de personas delante de sus narices un momento antes.

—¿Milán?

Aquella voz le hizo girarse casi por instinto. A diez metros de distancia por detrás de la mujer de piel oscura con cabello rizado, la que se encontraba hasta atrás de la fila que se había formado, se encontraba Mara Carter con los ojos rojos y mejillas envueltas en lagrimas. A su lado se encontraba Anya Patterson con expresión neutral y el fusil en alto.

Milán podía sentir como sus piernas no reaccionaban y su boca no emitía palabras, solo se dedicaba a mirar como su hermana se echaba a correr hacia él lo más rápido que sus piernas le permitían.

Sintió como el impacto que su hermana le había causado al lanzarse con todas sus fuerzas hacia él lo hacía retroceder algunos pasos.

Los brazos de Mara, que se encontraban rodeando la cintura de su hermano, casi lo asfixiaban por la fuerza que con esta lo abrazaba. Milán no tardo mucho en reaccionar y llevar ambos brazos hacia ella para así responderle el abrazo.

Cerró los ojos mientras recargaba su barbilla en el hombro de su hermana. Trataba de controlar aquel sentimiento que amenazaba con hacerle derramar lágrimas ya que no podía verse débil frente a un grupo de extraños a los que debía salvar. Podía escuchar la pesada respiración de Mara y los sollozos que esta imita.

— ¿Eres tu realmente? —Le susurro separándose un poco de ella para mirarla a los ojos.

Mara dio un leve asentimiento y volvió abrazarlo. Parecía que en cualquier momento su corazón dejaría de latir por tan rápido que este latía.

Anya se acerco a ambos y los miro inquita. Había tenido que correr detrás de Mara después de que esta saliera corriendo como una completa loca.

—Debemos movernos si no queremos terminar siendo como estos seres de mierda. —Les aviso con tono firme. Estaba cansada, asqueada y fastidiada de tener que ver los desfiguradas y feos rostros de los reanimados cada dos segundos

Milán desvió la mirada hacia Anya para luego asentir. Le dio un leve beso en la frente a su hermana y con la mirada busco nuevamente a todo el grupo.

— ¿Cuantas balas te quedan? —Le pregunto a Anya mirando el arma de esta.

— Tres cartuchos de veintiséis balas cada uno.

Milán desvió la mirada hacia la salida, aun se encontraba despejada pero no iba a durar así toda la noche.

—Hay muchos, ¿qué hacemos? — Le preguntó el hombre parte del matrimonio sin soltar la mano de su mujer, como si tuviera miedo de perderla si lo hacía.

Solo había una cosa que Milán podía hacer para sacarlos a todos de allí, no era el mejor de los planes, pero era el que se le había ocurrido.

—Vamos a correr hacia la puerta, ignorad a los reanimados. —les indico señalando la salida con el dedo; en sus rostros se podía ver la confusión producida por las ansias por salir de allí y el miedo por tener que de atravesar una horda de esos seres para conseguirlo—. Yo dispararé a los que se acerquen, eso llamará la atención de los demás, pero para entonces ya estaremos fuera.

—Yo también ayudare a dispararles. —Le dijo Anya levantando el fusil y lista para cualquier orden.

Milán la miro y asintió, esperaba que funcionara. En su cabeza sonaba bien, bueno, sonaba jodidamente mal, pero podía funcionar. Tenía que sacarlos así le costara la vida. Y si llegaba a fallar moriría como un héroe de mierda intentando salvar sus vidas. No estaba mal para alguien que un momento antes estaba demasiado acojonado para salir y luchar. Hubiera deseado que el resto de su familia estuviera con él, así podría haber acabado con el sufrimiento que debieron pasar. Estaba casi seguro de que iba asegurarse de darle una muerte indolora a su hermana así como a los demás.

—Esto no va a salir bien. — murmuró temerosa Mara.

—Saldrá bien. —Respondió Anya sabiendo que "bien" era un término muy relativo; al menos confiaba en que la mayoría de ellos lograría escapar.

—Mara, colócate al frente. —Ordeno de pronto Milán a lo que su hermana obedeció rápidamente. —. No hay tiempo que perder. ¡Vamos! — Dijo de pronto.

Todos se echaron a correr, Milán y Anya Se quedaron detrás porque los que iban delante era probable que pudieran salir sin problemas, pero los más rezagados iban a necesitar que les abrieran paso.

Y así ocurrió, la chica rubia, Mara y el matrimonio, que eran los primeros, saltaron por encima de un cadáver y, para cuando los reanimados se dieron cuenta de que estaban allí, ya estaban casi al lado de la puerta.

Anya disparo a los dos más cercanos, a uno lo mato y al otro le dio en el cuello. En cualquier otra circunstancia habrían sido dos disparos certeros, pero con aquellos seres un disparo en el cuello era lo mismo que fallar.

Los cadáveres vivientes que comían en el suelo comenzaron a enderezarse mientras Anya abría fuego de nuevo, abatiendo por fin al que había alcanzado antes y matando a otro más.

El matrimonio, Mara y la chica tocaron la puerta, los demás estaban casi cerca, pero los muertos los acorralaban contra la pared cada vez más.

— Tu, ve con tu hermana, yo me asegurare de que todos lleguen a la salida. — Le dijo de pronto Anya.

Milán se giro hacia ella al escucharla. No podía abandonarla, pero tampoco deseaba morir. Debía pensar en algo y rápido.

Un grito desesperado lo saco de sus pensamientos: un integrante del grupo, un hombre de cabello hasta el hombro y de ojos grandes, se encontraba siendo mordido por un reanimado a unos cinco metros de distancia.

No estaba seguro si fue por la desesperación y miedo que le causo ver aquella escena lo que le impulso a tomar a Anya por el antebrazo fuertemente y echarse a correr hacia la salida sin importarle dejar atrás a los dos últimos supervivientes.

Anya Patterson no lograba entender nada. Su mirada se clavo en la de los dos supervivientes que ya habían dejado algunos metros atrás. En ellos solo pudo ver una mirada llena de reproche y miedo.

Milán disparo a algunos cuantos reanimados que se interponían en su camino sin importar si los mataba o no. Al llegar a la salida se encontró con los demás mirando hacia donde se encontraban los últimos supervivientes aun luchando por salir.

— ¡No lo lograran! —Exclamo la mujer rubia con un hilo de voz.

—¡Rápido joder! —Les grito Anya e inmediatamente abrió fuego a los cadáveres andantes que amenazaban con alcanzarlos.

Los supervivientes faltantes, un hombre y una mujer para ser exactos, sollozaban tratando de esquivar a los reanimados.

Para desgracia a Milán se le habían acabado las balas y a Anya le quedaban pocas. Entonces fue cuando por la mente de Milán se cruzo algo realmente atroz, pero si no lo hacía probablemente aquellos supervivientes pasarían sus últimos minutos de vida en el infierno.

Saco la granada que la chica rubia le había entregado y dio un gran suspiro. Nuevamente tendría que volver hacerlo pero esta vez no con críos.

—¿Que estas pensando hacer? —Le pregunto Anya al verle la granada.

—Cuando le quite el seguro quiero que todos comiencen a correr. —Ordeno comenzando a caminar hacia el refugio.

— ¡No Milán!

Escucho gritar a su hermana.

Mara lo tomo por la mano y lo miro con un gesto de suplica. Las lágrimas comenzaron hacerse presente en sus mejillas nuevamente.

—No te preocupes, en cuanto la lance saldré corriendo tras de ti. —Fue lo único que le dijo mientras le apretaba la mano. Se acerco hacia ella y le dio un fuerte abrazo. Le dio un largo beso en la frente y volvió a tomar marcha hacia el refugio.

Para ese momento los dos últimos supervivientes que faltaban de escapar habían sido acorralados.

Milán los contemplo por una milésima de segundo y le quito el seguro a la granada.

— ¡Corred ya! — Ordeno Anya tomando a Mara por el antebrazo para echarse a correr.

No estaba seguro de que si todo lo que hizo y aria estaba bien o mal, pero estaba seguro que iba acabar con el sufrimiento de cuanto superviviente pudiera. Lanzo la granada y salió corriendo.

La explosión no hubiera sino tan fuerte si no hubiera estado un pequeño tanque con gas cerca. Las ondas expansivas causaron que la salida se derrumbara y Milán saliera volando fuera antes de que sucediera. Aun seguía con vida, pero lo que vio al levantar la mirada lo dejo atónito.