El viento golpeaba su rostro con fuerza, la oscuridad de la noche la alteraba aun más, podía sentir como sus pies amenazaban con perder equilibrio y su corazón parecía que en cualquier momento terminaría deteniéndose de tan fuerte que latía. A su lado izquierdo se encontraba Mara con el rostro pálido y sudado, esta a cada minuto giraba la vista hacia atrás en busca de su hermano como si se tratase de algún extraño tic. Cerca de quince cadáveres andantes les seguían el paso, Anya con arma en mano miraba con nerviosismo hacia el frente buscando con la mirada al resto del grupo el cual se encontraban tratando de esquivar los coches que se encontraban estancados por toda la avenida kall.

Anya podía escuchar la pesada y desesperante respiración de su compañera y la suya misma, aquello causaba que todo su cuerpo se viera invadido por pequeñas descargas eléctricas que le hacían ponerse aun más nerviosa. De pronto sin aviso alguno paró en seco causando que el brazo izquierdo de Mara diera un fuerte tirón y esta soltara un leve gemido de dolor.

Antes de que los reanimados ganaran la guerra en el refugio el General Coward había autorizado de emergencia que su familia y algunas personas importantes salieran en aquel camión que ahora Anya Patterson contemplaba agitadamente; las puertas se encontraba con las puertas abiertas y sin rastro de vida.

Aparto la vista del camión y comenzó a buscar con la mirada a los demás; estos habían dejado de correr cuando vieron que su única salida lo había hecho. Cabía la posibilidad de que las llaves se encontraran aun dentro, les hizo una señal con la mano para que no se movieran de donde estaban mientras ella comenzaba a caminar con cautelo hacia el camión.

Mara dudo un par de segundos en salir tras ella pero reacciono y comenzó a seguirle el paso a su compañera. Anya Volvió a parar cuando se dio cuenta de la presencia de dos reanimados que se encontraban devorando un cuerpo cerca de la puerta del conductor. Se giro hacia Mara la cual esta se detuvo a su lado con la mirada fija al frente; en su mirada podía verse todo el temor que sentía al ver aquellos seres devorando el cuerpo como si no hubiera mañana, y estaba en lo cierto, para ellos ya no lo había.

Instintivamente deslizo la mano hacia el machete que aún conservaba en el cinturón y lo saco con rapidez. No podía dispárales porque el ruido atraía a mas así que debía usar algo menos ruidoso. Eliminar a esos dos reanimados sería fácil, lo difícil iba ser alejar a los demás que les seguían el paso y que cada vez se sentían más cerca.

— Tú quédate aquí y vigila a los que tenemos detrás. — Le susurro a Mara comenzando a caminar sin darle tiempo a responder.

Estaba a unos cuantos pasos de aquel par de cadáveres vivientes cuando de pronto uno de ellos dejo de masticar y giro la cabeza hacia donde Anya se encontraba. Sin perder tiempo tomo aire y descargo un golpe con el machete contra el cráneo de aquel ser en el mismo momento en que él lanzó una mano que parecía una garra contra ella.

Sintió la fría extremidad aferrándose a su brazo, su golpe quebró el duro hueso y se introdujo casi por completo dentro de su cabeza, haciendo que unas gotas de espesa sangre negra salpicaran por todas partes.

La visión de aquello era repugnante, en cuanto el machete se introdujo en su cerebro cesaron los gruñidos y el agarre de su mano se relajó, pero todavía se tambaleaba ligeramente y gemía muy bajito, como un pequeño animal herido. Saco el machete de un tirón y volvió a clavárselo, esta vez en la coronilla. El reanimado todavía se sacudió una última vez antes de quedarse completamente quieto.

"Ya está… se ha acabado" pensó esbozando una sonrisa de satisfacción.

Pero aquello fue un error, de pronto escucho unas tenues pisadas, acompañadas de unos gimoteos, sabía perfectamente que se trataba del segundo reanimado del cual se había olvidado por completo y, antes de que pudiera incorporarse, unas frías manos llenas de sangre espesa tocaron su hombro.

Rápidamente Anya empujo al cadáver andante con todas sus fuerzas de una patada, este cayó al piso y antes de que pudiera ponerse de pie nuevamente su cráneo se vio perforado por el machete varias veces. Los odiaba, le causaban una rabia inexplicable.

Con respiración agitada y el rostro sudado volvió a sacar el machete de aquel putrefacto ser y se giro hacia Mara la cual se encontraba petrificada al ver cuántos reanimados estaban a punto de alcanzarles.

Anya sin pensarlo se acerco al camión militar rápidamente y entro en él a buscar las llaves; no fue gran problema ya que las encontró aun pegadas en el Switch de encendido. Sin perder tiempo les hizo una señal al resto del grupo para que se acercaran.

Al volver a mirar hacia los cadáveres que se encontraban a su lado logro distinguir entre la penumbra lo que parecía ser una culata de una escopeta. Camino entre los cadáveres y estiro aquella extraña cosa que sobresalía de debajo del cuerpo de quien al parecer fue uno de los militares que trato de defender el camión.

Al lograr sacar el extraño objeto Anya se dio cuenta de que se trataba de un subfusil mp5, al revisar el cartucho vio que le quedaba un poco más de la mitad.

Finalmente el resto llego y comenzaron a mirar hacia todos lados en busca de mas reanimados; habían logrando despistar a algunos y solo quedaban cerca de diez intentando llegar hacia ellos.

Con el semblante preocupado al ver la cantidad de seres que deseaban devorarla Anya miro el machete que aun de él goteaba sangre espesa; si le había costado acabar con dos reanimados solamente con aquel viejo machete le iba a ser imposible acabar con los que estaban a punto de tener frente.

— Es hora de irnos o esta vez no la contaremos. —Susurro la mujer rubia con voz entre cortada, se encontraba más pálida que la última vez que había pronunciado palabra y no podía apartar la vista de los cuerpos que se encontraban bajo sus pies.

La pareja que había logrado salir sana y salva junto con ellos subió al camión sin decir nada ni pensarlo dos veces.

— Pero mi hermano no ha regresado. —Le dijo Mara con voz quebrada tratando de mirar más allá en busca de Milán. Su rostro, apenas visible por la penumbra en la que se encontraban, reflejaban verdadera angustia y eso a Anya le encogió el corazón.

Los gruñidos se escuchaban cada vez más cerca y eso solo significaba una cosa; tenían los minutos contados, debía alejar a todos de aquellos seres que cada segundo que pasaba más cerca estaban o no saldrían de esa.

No estaba del todo segura de lo que pudo haberle impedido regresara a Milán, pero no podía decirle que probablemente no lo había logrado, sabía muy bien el dolor que se podía llegar a sentir perder a alguien pero no podía darle falsas esperanzas ni mentirle, debían irse lo antes posible.

— Mara, hay que irnos. —Le dijo tratando de fingir tranquilidad mientras se acercaba más a ella.

— El volverá, solo tenemos que esperar un… poco más. —Su tono de voz era muy apenas audible, pequeñas gotas comenzaban a correr lentamente por su mejillas sucias

— Si no nos vamos moriremos. —Sentencio tomándola del antebrazo con fuerza. No estaba para dramas en ese momento. No podía poner en peligro la vida de los demás ni la suya misma.

— Vete, es mi hermano y debo buscarlo. —Le dijo con tono molesto y confuso, no se perdonaría nunca si lo dejaba atrás con aquellos miles de seres deseando su carne.

— Bien, tú lo pediste. —La estiro con fuerza hacia el camión, la metería allí dentro y se largarían de aquel lugar costara lo que costara.

— Suéltame, debo buscarlo, por favor, es mi hermano. —Intentaba resistirse entre lágrimas y pequeños sollozos pero sabía que lo que estaba haciendo era realmente patético, por culpa de ella iban a morir todos y eso no quería que pasara.

Finalmente dejo de poner resistencia y sin decir nada se dirigió al camión y subió. Anya sin perder más tiempo se subió al asiento del piloto y giro la llave.

— ¡Joder! ¡Ostia puta! —Exclamo con rabia mientras copelaba el volante al escuchar como el motor hacia un pequeño ruido rechinante al intentar encenderlo. Dirigió la mirada al frente y los reanimados estaban ya a un par de pasos de ellos.

— ¡Cerrad las puertas con seguro! —Ordeno con frustración. Si no hacia algo rápido acabarían rodeados por aquellos cadáveres andantes.

Todos los presentes obedecieron y le colocaron el seguro a sus puertas, estaban realmente asustados por la situación tan grave en la que se encontraban.

Después de un par de segundos mirando al frente y en completo silencio logro pensar en algo, estaba segura que aquello que estaba a punto de realizar era realmente peligroso pero debía hacerlo si quería que el resto del grupo sobreviviera; iba a regresar nuevamente al refugio atrayendo a los reanimados hacia allá y de paso estar segura si Milán había muerto o estaba vivo y necesitaba ayuda. No estaba completamente decidida pues sabía muy bien que aquello era una misión suicida y que tal vez jamás regresaría de nuevo pero había aprendido en los últimos años de servicio y entrenamiento a proteger a los demás aunque ello le costara la vida.

Rápidamente cogió el subfusil, le quito el seguro y se giro hacia donde se encontraba Mara.

—Si uno de esos seres está a punto de entrar, no dudes en disparar directo al cráneo. —Después de segundos de meditar si lo que estaba a punto de hacer estaba bien o no miro el subfusil y se lo tendió a Mara.

Esta hizo una mueca de confusión sin apartarle la vista a Anya, pero después de segundos lo tomo. Anya trato de regalarle una sonrisa de tranquilidad pero solo logro mostrarle una pequeña y forzada media sonrisa. A su arma le quedaba un cartucho con catorce balas, probablemente se podía topar con una horda y no salir de ella pero no iba a permitirse acojonarse.

— Yo... no sé cómo usar esto. — Le dijo Mara con voz temblorosa intentando devolvérselo, tan solo imaginar que debía enfrentarse con alguno de esos cadáveres andantes le revolvía el estomago y el miedo se apoderaba de ella.

— Solo apunta directamente a la cabeza y jala el gatillo. Regresare al refugio a buscar a tu hermano, de paso me llevare conmigo a estos hijos de perra. Si logro salir de esta con vida y traer a tu hermano conmigo saldremos todos juntos de este lugar antes de que sea imposible hacerlo. —Anya podía sentir como una mescla de nervios y miedo recorrían todo su cuerpo —. Todos aquí dentro deben guardar silencio, el ruido los atrae.

— Ni pienses que nos vas a abandonar aquí dentro, moriremos. — Hablo el hombre de cabello corto y griseo en un susurro con un gesto de desesperación en su rostro. Su esposa, una mujer de grandes ojos negros y semblante relajado aunque pálido lo miro con reproche.

Asiendo caso omiso al comentario del hombre, Anya quito la llave, cogió la mano de Mara y la coloco sobre ella sin que nadie se diera cuenta. Mara la miro extrañada pero sabía lo que significaba, cerro la mano y se guardo la llave dentro del bolsillo de su Jeans mugriento.

Abrió rápidamente la puerta y antes de echarse a correr les dio una última mirada a todos. Definitivamente lo que estaba por hacer era un suicidio, pero tenía que hacerlo por ellos.

— Eh mal paridos, vengan a por mí, aquí estoy. —Comenzó a gritar al estar lo suficientemente alejada del camión. Los cadáveres andantes rápidamente se giraron hacia ella y comenzaron a dar trompicones hacia su dirección.

Mara la vio alegrase a paso moderado con los reanimados tras de ella hasta desaparecer entre arboles y vehículos en mal estado. El miedo la invadió; no tenía idea de cómo defenderse de aquellos seres y nunca creyó que iba estar en una situación similar. Miro el subfusil que le había entregado su compañera; era grande, pesado y algo viejo pero sin embargo podía sentir algo de seguridad con él. Sin más opciones opto por resignarse y esperar hasta que regresara. El hombre de cabellos gríseos y la mujer rubia la miraron con molestia.

—Regresaran y nos sacaran de aquí lo antes posible. — Intento mejorar la situación la mujer de grandes ojos.

—Sí, ellos regresaran. —Respondió tras segundos de silencio Mara. En su interior solo suplicaba a Dios que la mujer tuviese razón.

—Es inútil, tu hermano está muerto y ella lo estará dentro de poco, todos aquí hemos visto lo difícil que es tratar de salir de las garras de aquellos seres con vida. Debió hacer un intento por arrancar el camión y así poder largarnos de una jodida vez de este lugar lleno de muerte. — Hablo el esposo de la mujer con tono molesto. No estaba muy contento con la noticia ¿ahora quien los sacaría de aquel inferno? Eso lo frustraba y hacia que el miedo se apoderara de todo su cuerpo.

—Henry por Dios como puedes decirle eso, es su hermano de quien estamos hablando. —Le recrimino su esposa con cierto aire de enfado. —. Deberías de estar agradecido ya que nos saco a esas cosas de encima. Además ellos esta entrenados y tienen la capacidad para sobrevivir, seguro amos regresan.

— ¿Que no lo veis Sarah? , Es oficial… — El hombre llevo ambas manos a su cabeza en señal de desesperación—. ¡Moriremos devorados por esos asquerosos seres! —Grito con furia y dio un fuerte golpe al vidrio.

— Recuerda que nos dijo antes de irse que el ruido atraía a los reanimados así que discutan más despacio o si prefieren gritar váyanse lo más lejos del camión. — Les susurro la mujer rubia harta de todo. No quería morir y mucho menos por una patética discusión.

—. ¡Si tu hermanito no se hubiera creído el héroe desde un principio y no se hubiera separado del grupo lo hubiéramos logrado!—Volvió a hablar el hombre haciendo caso umiso al comentario de la rubia mirando a Mara con furia, esta solo lo miraba con ojos vidriosos.

— ¡De todos modos el maldito camión no arranca! — Le dijo la rubia elevando la voz cansada del hombre.

— ¡La muy desgraciada se llevo la llave! — Exclamo esta vez para sí mismo mientras miraba el Switch de encendido.