Capítulo 4
Conociendo la verdad.
Ya habían pasado casi una semana de su exitoso escape de aquel horrible lugar de bestias. Desde ese momento no se había podido olvidar del enigmático caballero de melena negra. Quería verlo. Era realmente atractivo.
—Señorita, la están esperando abajo. Dicen que se apresure. —Hizo una reverencia y salió.
Bufó algo aburrida la chica de cabello rosa. Ese día era su cumpleaños y tendría lugar a una gigante celebración, estaba algo fastidiada, quería algo de diversión. Quería ver a su hermoso salvador… no toda esta gente hipócrita diciéndole cosas bonitas sólo porque era hija de un rey.
Máscaras… Ese había sido el tema escogido para su cumpleaños número dieciocho.
Estaba tan abrumada.
.
Una noche magnífica, habían muchos carruajes, personas caminando y charlando con sus elegantes vestidos de fiesta. Un hermoso jardín de rosas, alumbraba el paisaje en todo su esplendor. El castillo estaba simplemente reluciente.
—¡Wow!— Sopló un rubio de ojos azules.—Esta si es una celebración, eh teme.
—hmp.— Alzó su vista un poco, el balcón que estaba ahí, se veía perfecto para llevar a cabo su plan.
—Hay mucha comida aquí, me despido de ti teme, ¡Nos vemos!— dijo para escabullirse sigilosamente.
—Imbécil. —murmuró, para luego seguir su camino a la entrada.
Bajó por las escaleras con su elegante y precioso vestido color rojo - y sí, ese era su color favorito- sabiendo que era el centro de atención en ese momento, y ¡Vaya que le gustaba serlo! muy en el fondo estaba deseando que algo mejor que- una gran fiesta- sucediera en su dia de cumpleaños. Observó de reojo a todos los presentes enmascarados, y cuando llegó al último escalón, todos fueron abriendo paso ante ella.
Anastasia aceptó como buena anfitriona a todos los caballeros presentes que se se ofrecieron a bailar con ella, aunque muy adentro estaba hastiada. Luego de gentilmente pedir permiso salió de salón de bailes y se adentró al laberinto de jardín que su padre poseía.
Alzó un poco su precioso vestido para subir a un enorme banco de hierro adornado con muchas flores de color blanco, amarillo, y unas pequeñas florecillas de color morado.
—¡Ja, que aburrida fiesta!—gritó. Sabía que nada ni nadie la escuchaba. O eso pensó ella. —estúpida gente.
—Que vocabulario tan fino posees, princesa. — hizo una reverencia muy leve con todo el sarcasmo posible existente.
—hmp. ¿Quien es el caballero que tiene la osadía de hablarle así a la princesa?— preguntó viéndolo por encima del hombro., aunque este no respondió.
—No te vi en toda la celebración, ¿Quien eres?— siguió con su tono tan irritante.
—Molestia.— estuvo a punto de marcharse pero la engreída princesa de pelo rosa chillón lo agarró por la manga del elegante traje.
—Eres tú... Mi salvador.— fue casi una pregunta, sabiendo que en ningún momento de la dichosa fiesta habia visto ese caballero que tenía en frente, que aunque su rostro era tapado por una máscara muy elegante, no dudaba en lo absoluto que era muy apuesto el pelinegro.
Lo abrazó enseguida, sin el decir una palabra. Cosa que lo confundió.
—Gracias por salvarme.— dijo con las mejillas sonrojadas— le diré a mi padre que estás aquí.
Esa arrogante chica se esfumó. Ahora había una muy alegre y sonrojada pelirosa.
Que bipolaridad.
—Mi nombre es Anastasia... ¿Cual es tu nombre?
.
.
Abrió sus ojos lentamentes, pestañeó varias veces… que aunque la habitación no estaba alumbrada necesitaba cerciorarse de que lo ocurrido no era más que un mal sueño, o que "lo que soñó" era más que un invento de su alocada cabeza.
¿Era ella? la del sueño. Era muy muy parecida, se negó a ella misma aquello. Ya que después de todo...
No parecía ella.
Loca. Se dijo así misma.
.
—Nos marchamos al anochecer, Juugo.—Escuchó decir y reconoció la voz al instante. Sasuke.
¿A dónde va? ¿La va a dejar libre? Ya va… ¡¿Era prisionera de él?! Obvio si. Aunque él le había dicho que tenía que protegerla, pero… ¿De que? Estaba tan confundida.¡Mierda! ¿Alguien que se dignara a explicarle? Por favor.
Y Juugo era el nombre de ese grandulón que vio, que su rostro le era familiar y no sabía de donde.
—En cuanto Sakura despierte. —Dijo el pelinegro entregándole a Juugo en las manos una capa negra.
Juugo asintió con la cabeza. Y Sasuke desapareció, literalmente.
—Ya me encuentro despierta, Juugo-san.— Anunció un poco contrariada.
—Señorita Sakura.—Hizo una reverencia. —Sasuke-sama quiere que tenga esto.
Ella lo observó y tomó la capa.
Juugo no le dio mala pinta, aunque le triplicaba el tamaño a ella, sintió que podía confiar en el grandote de pelonaranja. Notó que se dirigió a Sasuke con mucho respeto, intrigándola, preguntó:
—¿Sasuke-sama? —
OW. Así que Sasuke era alguien realmente importante.
Correción, un demonio muy importante.
—¿Sabes por qué estoy aquí Juugo-san?—preguntó. El pelinaranja divagó por unos momentos y no supo qué decir. El no está autorizado para decir nada de ella. Y como es que ella... ¿conocía su nombre?
—eh.. yo lo he escuchado.—¿Le leyó el pensamiento? —etto… tu nombre, es Juugo, ¿No es cierto?
—Sí, señorita Sakura.—
—Sólo Sakura, por favor.—
—Sakura-san, no tengo permitido hablar acerca de usted. Mil disculpas.— Volvió a decir con aires de arrepentimiento.
—Entonces… ¿Quién podría decirme qué hago aquí? — Suspiró agotada y frustrada.
Sabiendo que Juugo no podría responder su pregunta.
—Juugo-san, sabiendo que no podrás hablar de mi. Dime algo acerca de ti. ¿Eres tú también un demonio?—rompió el silencio. Era muy persistente, he de admitir Juugo. ¿Estaría bien decir algo de él? Bueno, Sasuke le ordenó que no dijera nada de ella, pero de él mismo no. Supuso que no rompería las reglas.
—¿Y bien, Juugo-san?— Preguntó expectante.
—Ehm… se podría decir que sí.—
—¿Se podría decir? Explícamelo por favor.—
—Siendo un humano experimentaron conmigo.— Buscó las palabras correctas para que Sakura no se viera afectada ante tal maldad, vio como sus ojos se abrieron de par a par.
—¿Antes eras humano?— El asintió. —¿Quién haría algo tan atroz como eso?
—Alguien realmente demente. — dijo.
—¿Orochimaru? — preguntó ella. Quedó atónico. La pelirosa era mucho más perspicaz de lo que supuso. Él en ningún momento lo nombró.
—Por tu expresión, estoy en lo correcto, ¿Verdad?— Sonrió levemente como si intentara reconfortarlo.— Pero… ¿Cómo?
—Yo era alguien especial para ser simplemente humano, y él notó eso. Implantó en mi una marca de maldición.. como si él fuera un hechicero.
—¿Orochimaru usa magia?—
—Él quería buscar la perfección. Y siendo un demonio aprendió la hechicería.—
—Lo dices así, ¿Acaso un demonio no puede usar la hechicería?—
—No. Está totalmente prohibido. Sólo las hechiceras podían y sólo ellas lograban matar. —
—¿QUE?—
—Como lo oyes Sakura-chan. Sólo las hechiceras podían usar ese poder, son nuestras peor enemigas.—
—Un momento.. ¿Sólo mujeres?— El asintió. —¿Por qué? —Él respondió con un ligero movimiento de hombros.
—Lo único que sé al respecto, es que la primogénita de un linaje específico sería la hechicera con poder capaz de asesinarnos.
—Ya veo. Entonces Orochimaru quería ese poder también, ya que así nadie lo podría matar, ¿no?
—Algo así.
—umm. Entonces... el experimentó con un humano ya que así sería capaz de convertirlo en alguien fuerte—
—Exactamente
—Lo que no entiendo es que, ¿Por que te dices a ti mismo demonio? En todo caso serías un hechicero, ¿No?—
—Lo que sucede es que Orochimaru implantó células de él. Células de un demonio, y células de una hechicera en mi.
—¿QUE? No puedo creerlo, ese Orochimaru serpiente está en serio demente.— Atónica la pelirosa gritó a los vientos. Ese pelinegro de ojos como serpiente realmente estaba aburrido con su vida por llegar hacer algo así.
—Está sellado.
—¿Eh?—
—El poder. Sólo en algunas ocasiones sale a flote, es muy maligno, Sakura-san.—
—Lo lamento muchísimo, Juugo-san.—
Se levantó y lo abrazó. Dejando a un asombrado Juugo. ¿No iba a correr y temerle? Acaba de contarle que era alguien despreciable y repudiado. No era digno que ella, alguien tan gentil y bondadoso lo abrazara.
—No es tu culpa. Todo el culpa de ese loco de Orochimaru.
Juugo no supo qué decir, pero realmente se sintió apenado. Jamás alguien lo había abrazado, y de esa forma mucho menos. Se sintió como un niño pequeño y perdido, ese niño que pensó que había dejado atrás el día que Orochimaru experimentó con él.
—¿Por qué sigues con él?— preguntó confundida rompiendo el abrazo.— Sí ese Orochimaru es tan malo.
—No es por él.— Dijo lentamente. —Es por…
—¿Sasuke?—
Una vez más le sorprendía la pelirosa. No era para nada despistada. Era brillante y con un muy buen razonamiento deductivo.
—¿Por qué estás con él?—Preguntó interesada.
—Él me salvó.—
—¿Sasuke te salvó? ¿De que?—
—De perderme a mí mismo.—dijo lentamente.
—¿Por la marca de maldición? ¿Tan maligna es?— frunció el ceño con dolor, era como si también lo sintiera. Aunque jamás iba a poder entenderlo, ya que ella no sufría por algo parecido. Y se dio cuenta en ese momento de la realidad del mundo, tan cruel y despiadado, del cual ella era totalmente absorta, puesto que la pelirosa no conocía la maldad. En ese momento agradeció a su padre por no dejarla ver algo tan cruel como eso, algo tan despiadado como la realidad.
Ella estaba agradecida con su padre, aquel hombre le daba todo y aún más. Observó a Juugo, sintió en su corazón un pesar. Iba hacer lo que sea para ayudarlo a terminar con esa maldición. Para que el estuviera de bien, y se sintiera bien.
al instante pensó en su padre. Debe estar en estos momentos moviendo cielo y tierra para encontrarla… llegó a su mente un flash, y ¿Cómo salió del castillo? Era un recuerdo que estaba en el limbo. Lo único que recordaba era que aquel demonio (Sasuke, que salvó a Juugo) la sacó arrastras de aquella horrible prisión, y cómo llegó ahí, lo ignoraba completamente.
Muchas lagunas mentales para su gusto. En ese momento supo quién sería el indicado para explicarle toda aquella confusión. Sí, seguro era eso. ¡La estaban confundiendo con alguien más! Alguien más con pelo rosa.
—Juugo-san— Llamó la parlanchina.— ¿No me están confundiendo con otra pelirosa ojos verdes?
Juugo sonrió, vaya que era insistente Sakura.
—No lo creo, Sakura-san. Es usted.—
Botó el aire por su boca en síntoma de rendición.
¿Quién demonios tendría el pelo rosa a parte de ella? le dijo su mente, burlándose de ella.
Exactamente. Nadie más en el mundo.
Al cambio de unos cuantos largos minutos Sakura se sentó totalmente abatida en lo que parecía ser un buro de madera, bastante simple. Tenía que hacerlo de todas formas, necesitaba saber por qué mierdas estaba ella ahí, y todos hablaban como si lo supiera también.
Al instante, su estómago sonó apenándola hasta en la médula.
—Lo siento.— sonrió la pelirosa con las mejillas sonrojadas. Juugo la observó detenidamente. Irradiaba luz. Tan inocente. ¿Seguro que ella era esa persona temida? ¿Un arma capaz de quitar la vida? ¿Cómo podía serlo ella? No le entraba en su cabeza. Alguien que acaba de consolar de esa forma, no podía ser un arma. Sakura no era como él.
—hmp.— hizo la entrada el pelinegro demonio idiotamente guapo, según Sakura. Poniéndole los pelos de punta. ¿Es que acaso nunca iba a usar la puerta ese demonio? rugió Sakura por dentro.
Sasuke con pasos lentos llegó hasta l a pelirosa y colocó una canasta llena de comida.
—¿Para mi?— Se cacheteo mentalmente, ¿Era estúpida o que? Por el gesto que hizo el pelinegro sus mejillas tomaron un color rojo fuerte, bastante abochornada la pelirosa tomó la canasta.
—Muchas gracias, Sasuke.—sonrió, la misma risa que le mostró a Juugo atrajo al pelinegro.
—Sasuke-sama— llamó el gigante, dándose cuenta a donde iban los pensamientos de su amo.—Va atardecer dentro de unas dos horas. ¿Marco posición ya?
—No será necesario.—respondió fríamente para luego irse a la entrada dispuesto a marcharse y hacer uso necesario de la fulana puerta.
—No te vayas— Pidió Sakura, levantándose un poco de donde se encontraba.— eh… yo.. necesito preguntarte algunas cosas. Y Ju-uugo-san no puede contestarlas.
Un momento... ¿Que había dicho el pelinaranja? Sakura era muy irritante cuando quería serlo. Juugo es alguien débil ante eso, pensó enojado rapidamente.
—No tengo nada que responder.— Musitó con una leve molestia y con una total inexpresividad. Se giró para seguir su camino.
Sakura se levantó molesta. Ya estaba harta de que nunca dijera nada acerca de ella, a pesar de que él lo supiera.
—¡Quédate ahí!— gritó.
Sasuke se detuvo en seco. Maldita mocosa.
—Exijo saber por qué me tienes aquí. — comenzó.— y antes que me salgas con eso de que debo protegerte-intentó imitar su voz gruesa, algo que no le salió bien— Explicame por qué debes hacerlo.
Sasuke se giró sobre sus talones con los ojos rojos y se acercó a Sakura rápidamente. Debido a eso Sakura tuvo que verlo desde abajo, sin duda, el pelinegro demonio era más alto que ella.
Esos ojos. Se fuerte Sakura.
Juugo sólo observó, esperando que su amo no hiciera algo que pudiera afectar a la pelirosa. No podía involucrarse, aunque le costara verlo.
—No me darás miedo con esos ojos ro-jo..s.— sus pupilas se dilataron.. ahí va otra vez.
Ambos hombres se sorprendieron, no era algo muy fácil de dirigir, por dios, hablaban del Sharingan, el maldito sharingan de Sasuke.
— ¿Vas a lastimarme de nuevo? Sas…u..ke.
Bastó ese pensamiento para que Sasuke se detuviera en ese instante.
—¿M-me lo dirás Sasuke?— preguntó agitada. No pudo saber el por qué sintió unas infinitas ganas de llorar pero pese a eso no lo hizo. Necesita que Sasuke aclarara toda la tormenta que tenía en su cabeza, puesto que era el único que podía hacerlo. — No te entiendo… dices que d-debes protegerme y… y… haces eso… con esos ojos. ¿Por qué?
El expectante vio a Sasuke con los ojos abierto. Primera vez en la historia veía a Sasuke petrificado y sin saber qué responder.
—¿Por qué?— retó la pelirosa.
Ya va un momento, ¿Dóne está la miedosa Sakura? Al parecer estaba en un jaulita pequeña y aún no tenía permiso para salir.
—No lo entenderías. —
—Explícamelo.—
Sasuke no parecía ceder.
—¿Por qué te cuesta tanto? ¡Soy yo la afectada!— antes de que pudiera decir alguna palabra más sus piernas temblaron y estuvo a punto de caerse si no fuera por Sasuke que le detuvo en ese momento. —Y-yo… ¿Que me pasa?
—Come—
La pelirosa obedeció con pesar.
—Déjenme ir con mi padre.— pidió. Volvía la Sakura llorona.
—No puedes ir, Sakura-san— esta vez fue Juugo quien intervino
Sakura fijo su vista en Sasuke que se encontraba recostado de la pared con los brazos cruzados y los ojos cerrados, como si estuviera pensando en algo que le molestara.
—¿Por qué te sientes obligado a protegerme, eh Sasuke?—
—hmp.— Sasuke sonrió arrogante de medio lado. Sin abrir los ojos, sin inmutarse, sin hacer nada. Es que esa molestia no se daba por vencida.
Sakura rechinó los dientes.
—Acaso… ¿has prometido protegerme?— Touché.— y si es así… ¿A quién?
—A tu madre, Anastasia.—soltó Sasuke impactando a la pelirosa.
—La conociste… ¿no?— lo que tuvo de repuesta fue el silencio, entendiendo que era una afirmación.— ¿Tuviste algo con ella? di-digo..
—Sí.
Los ojos de la pelirosa se desorbitaron. ¿Acaso su padre sabía de eso?
—Mi madre murió al yo nacer… ¿Lo sabías?— tuvo como respuesta un asentar de cabeza.
—Entonces lo que dice el pelinegro serpiente de que mi madre no fue honesta, ¿A sue refiere al decir eso? No lo sé, estoy tan confundida. —
No supo por qué le causó gracias que se expresara así.
—¿De que debes protegerme? —
—Demonios—
—Los demonios… ¿Quieren matarme acaso?—
Pequeña niña… te quieren para algo peor que eso.
Sakura contuvo las lágrimas. Los demonios querían matarla.
—¿Por qué?— preguntó.—
No te quieren matar. No lo pueden hacer. Es imposible que lo hagan.
— Y… ¿Por qué tú no me quieres matar? No eres un demonio también, Sasuke…
Tenía que armar el rompecabezas. Sólo tenía muchas fichas muy pero muy mal encajadas.
—Te acabo de decir que prometí cui-—
—Ya entiendo. Aunque tú… muy en el fondo de esa promesa por ser demonio me quieres matar, ¿no?
Rió. Ella era tan tonta. ¿Por que estaba empeñada en él?
—No podría hacerlo.— la forma en como lo dijo intrigó a la chica.
—¿Por qué?
—Me salvaste—
Se escuchó un quejido de sorpresa por parte de la pelirosa. Que se confundió muchísimo más que antes.
—¿Te salvé? ¿Cómo?—
—Come— dijo para cruzarse de brazos nuevamente.
Sakura rodó los ojos, ese tipejo la hacía despelucarse de punta a punta de pura ira.
—Pero...
—come—
Bufó molesta. Aunque sonrió minutos después, había logrado sacarle algo de información a Sasuke, que después de todo no era algo tan sencillo. Ya pronto descubriría para qué estaba ella ahí.
De igual manera ella tenía hambre, y debía comer. No es como si nunca hubiera comido, pero en todos esos tres días que estuvo allí no había podido comer decentemente y venía él, Sasuke, ha ser tan considerado de llavarle una cesta de comida para ella, aunque estuviera molesta, en el fondo le daba las gracias por tal acto.
Ahora bien, Sasuke le dijo que tuvo algo con su madre, ¿Será de amistad o algo más? Eso explica por qué el otro dia lo escuchó decir el nombre de su pelirosa madre. Vio de reojo hacia donde el pelinegro se encontraba y no dudaría del porqué, él era muy misterioso y realmente guapo... Parecía de su edad, pero le resultaba poco creíble que la tuviera, ya que cuando él hablaba se notaba que no era ni un poco de jovencito.
Y si era así... Si tuvieron un romance, ¿Que era su padre? ¿No lo amó? No entendía. Tampoco estaba su madre para que le explicara ya que ella había fallecido al la pelirosa nacer. Entonces... ¿Cuál era la verdad? Suspiró desconcertada.
Luego estaba el hecho de que los malos demonios iban a por ella para aniquilarla y ¿Por qué? Lo desconocía. Sasuke lo sabía, y Juugo lo sabía, y hasta el pelinegro espantosamente igual a una serpiente lo sabia, menos ella. Su padre, sus allegados no lo sabían... ¿O sí? El punto era que no sabía nada acerca de esta historia rara y sin sentido.
Ya se encargaría de volver a obligar a Sasuke a contarle la parte de la historia que estaba perdiéndose.
Al anochecer se prepararon para salir. Sakura que antes tenía un vestido pomposo de un muy llamativo color rojo, ahora tenía uno muy sencillo de color verde pálido, estilo medieval. Su cabello caía como una cascada por su espalda mientras algunos pequeños rulos se habían formado por la humedad del lugar.
—¿Es muy necesaria?— peleó por enésima vez.
— sí— respondió seriamente.
—¿Por qué? Ustedes dos no la usarán. —hizo una pausa mientras veía la capa.
—Es muy llamativo.—hizo un movimiento de cabeza hacía su cabello.
¿Disculpa?
Tienes un pelo muy chillón. Se burló su mente.
Sintió una punzada en su corazón, ¿Era muy llamativo?
Obvio. ¿Quién rayos tenía el cabello rosa? De noche se vería mucho y llamaría la atención demasiado, luego pensó… ¡¿Quién mierdas estaría de noche por ahí?!
Los demonios que quieren matarte, torpe- volvió su querida Inner a responder de forma amorosa. Agotada movió los hombros aceptando lo obvio.
Después de todo Sasuke tenía razón, su cabello era demasiado llamativo. Resignada, se colocó la capa tapando todo su cuerpo y su cabello de igual forma.
—Ya estoy lista.— hizo una pausa.
Antes de decir otra cosa Sasuke la tomó como un saco de patatas y ambos desaparecieron, junto con el pelonaranja de Juugo. La pelirosa quería patalear y chillar como dios manda por tal avergonzador acto. ¿Quién se creía que era ese demonio?
Abrió sus ojos para encontrarse en un bosque para nada amigable. Nada de la pradera cercana al palacio se parecía a ese espantoso bosque. La palabra Muerte estaba escrito por todos lados, erizándole los vellos de la piel a la pelirosa.
El bosque de la muerte.
—Ese sería un nombre apropiado— pensó observando el espeluznante esplendor. Giró a ver a Sasuke suplicante… ¿A caso él la iba a matar? después de una sonora carcajada mental, borró ese absurdo pensamiento de su cabeza. Él no haría tal cosa. ¿Verdad?
Sasuke sonrió. ¿En serio pensaba eso? En ese momento sintió una pizca de diversión. Vio la cara de aterrada de la chica, una idea surcó su mente.
—Hay que adentrarnos al bosque. — el agudo sonido de sorpresa de sakura les detuvo el paso.
—¿Qué quieres decir con adentrarnos? — Sasuke rodó los ojos mientras Juugo se rascó la cabeza apenado.
—¿No es obvio?—hizo una pausa dramática — puedes quedarte aquí si lo deseas.
—¡Ni loca!—gritó para tomarle el brazo a Sasuke. — dijiste que ibas a protegerme, hmp. Hazlo.
Sasuke entrecerró los ojos. ¿Que rayos pensaba la mota rosa? Ideó un plan macabro al instante.
—hmp. Molestia. — soltó con infinita frialdad.
Comenzaron el paso, Juugo caminó unos metros de distancia, observando todo desde atrás. Le pareció algo cómico de ver, pero jamás de comentar. Si no quisiera ver a un Sasuke Uchiha realmente cabreado, mejor no decir nada.
—¿Qué hacemos aquí?— Rompió el silencio la pelirosa que tenía record de no haber hablado nada en todo el camino.
Nadie respondió.
—¿Por qué demonios son tan así?— soltó la pelirosa con algo de incredulidad.—¿Acaso hicieron un pacto de silencio?
Igual que antes ninguno respondió. Se detuvo Sakura para encarar a ambos que de los dos solo Juugo detuvo el paso. Y Sasuke la ignoró olímpicamente.
—Juugo-san ya que eres el único que tienes aquí modales, me podrías explicar brevemente qué hacemos en este espantoso bosque que, pareciera no tener fin. —
Vaciló un momento antes de sentir un cuarta presencia.
—¿Sasuke-sama?
Los ojos de Sasuke cambiaron de un negro profundo a un rojo muy intenso y desenvainó la katana. Sakura entró en estado de shock. ¿Tan malo era preguntar a dónde se dirigían? las piernas le temblaron como gelentina, sintió como Juugo se acercó a ella y la tomó en los brazos. Al instante Sasuke se colocó delante de ellos.
—Sal— rugió con desprecio.
—¡Vaya! Que rapido Sasuke— salió desde entre la sombras. Sakura no pudo observar bien de quien se trataba, realmente estaba muy oscuro para su gusto.—Oh vamos. ¿Es ella? Déjame verla.
Juugo sintió como Sakura se tensó bajo sus brazos. Él no iba a permitir que nada le sucediera, ni él ni Sasuke. Era casi como su deber.
—déjame ver a quién ha robado mi inmortalidad— pidió sonriendo.— Vamos Sasuke, Juugo.
Bajo esa sonrisa se veía claramente su odio. Nunca lo había visto… pues seguro era un demonio de un nivel muy inferior que sabía más de la cuanta.
—¿Madara te envió?— preguntó Sasuke.
—Nop. Madara no puede rastrearte. —argumentó moviendo su mano como si no le importara.—Aunque yo puedo sentir el poder de ella. Muy fuerte he de admitir.— su cara cambio a una muy sedienta.
—Sasuke, ella puede usar el poder hexagonal en tu contra. ¿Lo sabes?— rió.— La proteges para nada. Ella está para matar… y esa puta Anastasia la creó para matar..— antes de que pudiera decir otra cosa Sasuke rápidamente cortó su cabeza. Tras un chillido de sorpresa por parte de la pelirosa.
¿Qué demonios decía? Pero sabía que se refería a ella, dijo también el nombre de su madre, todo lo que decía,... no lo entendía. ¿Para matar? ¿La creó para asesinar? No, no, no ¡No puede ser eso verdad!
¿Que pasaba con todos esos demonios? ¡Estaban demente!
—Maldito.— susurró Sasuke con odio. Habló más de la cuenta, ahora tendría a una pelirosa muy asustada y preguntona, sin ser silenciada. Volteo su rostro para verla. Escondida en el pecho de Juugo, pudo saber que las palabras de ese maldito demonio poco importante les afectaron.
—¿Estás bien?— preguntó colocándose a un lado. Notó que las lágrimas estaban por salir y sus labios se encontraban temblando. Al momento de tocarla lo rechazó, escondiéndose mucho más de él en el pecho del gigante pelonaranja.
Maldición.—Pensó. Debió haberlo matado antes de que abriera la boca.
—Tenemos que llegar lo más pronto posible a la torre.—
Juugo asintió y observó a la mota rosa. Nuevamente ese sentimiento lo embargó. El era un demonio que no debía sentir eso, sin embargo, la pelirosa provocaba eso. No sabía la razón. A lo mejor era la culpa, él fue que la sacó de su protección y conocía bien, que ella ignoraba todo lo relacionado a su nacimiento, que nadie le había contado la verdad. Siguió su camino aun con esos pensamientos, sabía también que Sasuke sentía culpa de ello.
Sakura nació con una maldición que su madre decidió. La usó con un fin específico. ¿Acaso no sintió nada al hacerlo? ¿Que clase de madre era ella? ¿De verdad estaba tan demente así?
Él único que podía aclarar eso era Sasuke Uchiha, el único que podía decir algo al respecto era él. Nadie más, que aunque todos estaban involucrados, Sasuke era el ser que podía responder todas las incertidumbres que corrían por la cabeza de ambos, Sakura y Juugo.
Llegaron a la torre al casi amanecer. En todo ese momento Sakura no habló estaba ida en sus propios pensamiento, de los cuales Sasuke no quiso perturbar, ni entrometerse. La dejaría hasta que ella misma le pidiera que le explicara como siempre lo hacía. Al pensarlo en el fondo, ella era muy inocente para conocer de esto. Jamás pensó en algo tan incómodo, pero ahora sí que lo iba a conocer, la incomodidad en la máxima expresión.
Sasuke realizó unos sellos y luego de decir la palabra "Kai" la puerta de aquella torre abandonada apareció junto con unos sellos de color morado a penas visible para el ojo humano .
—Está en el subterráneo.— Se apresuró a decir Juugo.
—Sakura.— Llamó lentamente. La aludida solo alzo su rostro sin verlo.— tienes que caminar.
Sin responder Juugo la bajó con cuidado.
—Gracias Juugo-san.— Y prosiguió sin ver a Sasuke. El pelinegro entró y seguido de la pelirosa y más atrás Juugo.
Luego de unos segundos más tarde el gigante cayó en una de sus rodillas, bastante agitado con rastros de sudor en la frente.
—¿Juugo-san que te sucede?—preguntó rápidamente Sakura colocándose a la altura del peloanaranjado algo preocupada.
—Es la b-barrera—
—Sakura no lo toques.—ordenó demasiado tarde, la pelirosa había puesto sus manos en los brazos de Juugo para ayudarlo a levantarse, sin embargo, no contó con que la piel de el grandulón se colocaría roja bajo su toque, y que la cara de Juugo se transformaría a una que realmente le aterró.
—¡Tsk!—soltó Sasuke
—¡Te asesinare!— Gritó Juugo, antes de que impactara el golpe seco en la pelirosa estática, Sasuke actuó mucho más rápido.—¡Voy a matarte! —estaba fúrico.
Sakura abrió los ojos de par a par. ¿Ese era Juugo-san? No, no puede ser. En su cerebro hizo un click y recordó lo que Juugo temprano le había comentado. El poder maligno.
El pelinaranja estampó un fuerte golpe en una de las paredes derrumbándose por completo. Sakura contuvo la respiración, aquello era mucho más maligno de lo que imaginó. Ese no era Juugo. Ese era un ser demoníaco, ese no es Juugo. Se repetía una y otra vez en su mente.
—Juugo— sentenció Sasuke con una voz calmada al mismo tiempo autoritaria, mientras el Sharingan estaba girando en sus ojos.—Sal ahora mismo de aquí.
Después de rechinar los dientes, Juugo pareció tener una lucha mental. Una lucha entre el Juugo malo y el Juugo bueno. Luego de unos infinitos segundos, cedió.
—Mil disculpas.— susurró apenado con la cara gacha.
—Sal— Ordenó Sasuke.
—Hai, Sasuke-sama.—
Sakura sintió un nudo en su garganta y después de ver como el afligido grandulón saliera por aquella extraña puerta giró a ver a Sasuke.
—N-no es su culpa.—
—¿Que?
—No lo trates tan mal, que no es su culpa— Volvió a decir con una voz fuerte aún escondida en los brazos del Uchiha.
—¿Y de quién es, Sakura?—
—Esa bestia de Orochimaru— Soltó con desprecio notado en su rostro. Por la debilidad de Juugo omitió el hecho de preguntar cómo lo sabía. Sasuke supo al instante que Juugo le había contado su historia a Sakura, y siendo imposible luchar ante la persistencia de la chica, tuvo que contarle todo.
—Juugo-san me ha contado ciertas cosas. Me dijo que tú lo salvaste.— Dijo para volver a ver la entrada y no ver a pelinaranja.
—hmp. Camina.— ordena.
—De verdad que me caes mal, Sa-su-ke-— pensó irritada para seguir el camino indicado por Sasuke.
—No estoy para caerte bien.— Soltó Sasuke.
—No violes mi espacio personal.— Le ordenó molesta.
—No lo hago.—
—Leer mis pensamientos con tus poderes de demonio cuenta como violación al espacio personal—
—hmp.— muy pero muy en el fondo sonrió.
—grr.—
Unos breves minutos después cuando ya habían descendido bastante.
—¿Qué fue lo que le ocurrió a Juugo-san?— preguntó.— Su piel se ha puesto roja cuando lo he tocado. ¿Por qué?
Se maldijo mentalmente. Sasuke era DON SILENCIO y nada de las cosas que ella preguntaba tenían respuesta por parte de él.
—Se debilitó. La barrera que tiene este santuario no permite que los demonios entren.—respondió tranquilamente, Sakura escuchó atenta, ya que el pelinegro Don Silencio respondió su pregunta abiertamente.
—Mmm. ¿Y por que tu si puedes entrar?— Debía aprovechar la oportunidad que estaba respondiendo.
—Porque yo muy fuerte.— respondió y Sakura rodó los ojos. ¿Era broma verdad?— Soy inmortal.
—Un momento... ¿No son todos los demás igual?— pensó la pelirosa y las palabras de aquel demonio al que Sasuke le había quitado la cabeza sin piedad, llegaron a su mente y frunció el ceño.
—No. Yo soy el único demonio inmortal.—
—El otro tipo había nombrado algo sobre que alguien le había robado su inmortalidad... ¿Por qué se refirió a mi?— la pelirosa se detuvo un momento. Necesitaba la respuesta en ese mismo momento o su cabeza explotaría.
—Con tu nacimiento, suprimiste la inmortalidad de todos los demonios. — vio claramente como la pelirosa abrió los ojos de par en par.
—¿Mi nacimiento?— Puras loqueras. Ni que fuera un ser mágico o algo por el estilo. —No entiendo. Yo no soy alguien… capaz de...
—Tu madre lo hizo. Ella era una hechicera.
—¡¿QUE?!—
—No tengo el lujo de perder tiempo. Tienes que llegar rápido al cristal.— dijo para tomar la mano de Sakura y arrastrarla, y ambos adentrarse a la boca del lobo.
.
.
Wuuuuujo. ¿Que tal?
A los nuevos lectores: Bienvenidos, bienvenidos. -Besote grande-
Lo prometido es deuda.
En el siguiente capítulo, un encuentro muy especial.
—¡SAKURA-CHAN! Siempre quise conocerte—
—¿Quién eres tú? ¿Por qué me conoces?— Preguntó escondida detrás de la espalda de Sasuke.
—Oh vamos Sakura-chan, aléjate de ese teme. — lloró
—hmp.—
Ajaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, ¿Ya saben? No se lo pierdan jiji.
Nos leemos. XOXO
-Loveedh-
