TODOS LOS DERECHOS DE LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A SU CREADOR EL GUAPÍSIMO Y SENSUAL ALEX HIRSCH
CAPÍTULO V: VIAJE (parte A)
Unos cuantos rayos de sol se cuelan por la ventana, molestan un poco en mi rostro pero al mismo tiempo son cálidos, desentumen mi cuerpo dejan ver un poco de mi pereza, me siento tan cómoda. Estiro mis manos y piernas, me doy cuenta de mi desnudes, de que esta no es mi cama y sobre todo del brazo que esta sobre mis pechos, siento como su aliento roza mi cuello, me doy la vuelta para verlo a él, si en efecto duerme profundamente a mi lado. Pellizco mi mejilla para asegurarme que no estoy soñando, el dolor me lo confirma, aquella habitación de un hotel se convierte en el mejor lugar del mundo porque al fin hemos pasado una noche juntos. Mi corazón retumba y no puedo dejar de sentirme tonta, no es que me moleste nuestra piel expuesta, o que quien me abraza sea un hombre tan mayor, es el saber que comparto la cama con la persona que más amo, me hace sentir mariposas en el estómago, esas pequeñas mariposas que describen en las comedias románticas que tanto detesto, si esas diminutas sensaciones que te gritan que estas enamorada.
Sentirme idiota por parecer adolescente enamorada, darme cuenta de mi estupidez por en efecto serlo, ruborizarme por recordar todo lo hecho la noche anterior, dejar escapar una sonrisa por querer volver a hacerlo. Golpearme un poco la frente por no encontrar respuesta lógica a esta situación, volver a sonreír porque no importa una mierda la lógica, experimentar culpa por querer escapar de sus brazos, perder toda defensa cuando él al sentir mis movimientos me sujeta contra su dorso.
No pensar en otra cosa que en ese hombre al sentir su olor y calor, no recordar ni mi edad ni a mi familia por estar con él unos cuantos días. Llenarme de temor por la posibilidad de que todo termine, dejar fluir una pequeña lágrima por haberle abierto mi corazón. Dejar que todo a mí alrededor sucumba y volver a dormir un rato más entre sus brazos.
Nuestra relación ya tenía varios meses, muchos más que cualquiera otra que haya tenido. Había iniciado en otoño y ahora el verano se aproximaba incluso en navidad había podido pasar un considerable tiempo a solas con él, lástima que viajo a California para pasar esa fechas con su familia. Por un momento pensé que no recordaba su promesa de conseguir la manera de pasar unos días solo él y yo, no me importaba que nuestro tiempo siempre fuera contado o sujeto a horarios sobre todo el mío, pero más de una vez soñaba despierta con amanecer a en su cama, entre sus brazos, ser si es que era humanamente posible una con Stan.
Faltaba poco menos de quince días para que iniciara el verano, como en la mayoría de los días fingía que atendía la caja registradora sobre todo porque él no estaba. No tardó mucho, en verdad fue poco el tiempo considerando que a veces sus raras misiones le tomaban horas e incluso días, atravesó la puerta y me sonrió a distancia.
-¿Qué pasa Sr. Pines? –pregunte seria.
-¿Dónde está Soos? –fue su respuesta.
-Por si no lo recuerda hoy es su día de descanso –dije con mi disimulada seriedad.
-¡Es verdad! –decía mientras golpeaba su cabeza.
-Cada día más olvidadizo Sr. Pines – por fin deje salir la risa.
-Tienes razón, lo bueno es que no olvido esto. Me abrazo y comenzó a besarme, no podía contener mi emoción cuando él tomada la iniciativa y por llamarlo de alguna manera se portaba "romántico".
-¿A qué se debe ese beso Sr. Pines? –pregunte coquetamente.
-Bueno Señorita Corduroy es porque le vengo a proponer algo – me dijiste sonriendo.
-¿Una propuesta indecorosa? Pero si usted ya me a hecho de todo, no sé qué otra cosa me puede pedir –respondí todavía riendo. Puede ver tu sonrojo.
-No te burles pecosa –contestaste y me volviste a besar.
-Bien Señor Misterio, ¿cuál es su propuesta? –miraba tus ojos fijamente.
-Vayamos la primera semana del verano a Nueva York, si solos tu y yo. ¿Qué te parece? –realmente tus palabras me conmovieron, me hicieron darme cuenta de que pensabas en mí y no olvidaste tu promesa.
-¡Claro que sí! –respondí mientras daba unos saltitos, creo que me poseyó Mabel por unos instantes.
-Bueno ya le avise a Dipper y Mabel que lleguen hasta la segunda semana, pero eso niño no dejaba de atormentarme con sus preguntas sin embargo cedió cuando le dije que era un asunto de hombres –dijo riendo. –Ahora falta el saber cómo te escaparas de tu casa una semana.
-Bueno eso será un poco complicado pero lograre escaparme, además también en esa semana cumplo 18 tomare este viaje como tu regalo –le decía para volverlo a besar.
Creo que la emoción de poder pasar una semana juntos nos conmociono a los dos, terminamos haciéndolo en la cocina, como en todo este tiempo me tuve que ir apenas dieran las nueve de la noche. Mientras trataba de dormir dando un sinfín de vueltas en la cama, me fascinaba la idea de por una vez estar juntos sin escondernos, sin temor a que alguien nos juzgara, porque esa semana se convertía en promesa de ser un pequeño paraíso.
En los primeros meses de nuestra relación me atormentaba buscando una etiqueta para definirnos, ¿qué éramos tu y yo?, ¿qué somos? Ninguna de las repuestas me convencían, ¿amantes?, tal vez, ¿novios?, sólo decirlo me hacia reír, ¿pareja?, eso era de viejos. Al parecer nada nos quedaba, nada estaba hecho para nosotros, pero no me atrevo a preguntarte posiblemente por temor a la respuesta.
La semana pasaba rápido más de lo que me gustaba, todavía no tenía pensado lo que le diría a mi padre. No es que fuera el más estricto o el más pendiente de mi persona, pero aun así una semana de pretexto tendría que ser algo realmente convincente. Aquel sería el último verano que pasaría en la preparatoria, tal vez podría alegar un viaje de autodescubrimiento, o tal vez un asunto de mujeres, mi padre oía esto y salía corriendo, sin embargo sabía que preguntaría con quien iría y lo corroboraría. Estábamos en el almuerzo como siempre tonteando y quejándonos de nuestras vidas cuando Tambry me dio la solución.
-Mis estúpidos padres me llevaran la primera semana de vacaciones a visitar a mis abuelos en Illinois –dijo refunfuñando.
Mis ojos se abrieron como platos, ahí estaba la excusa y la solución. Únicamente tenía que convencer a Tambry para que fuera mi tapadera, cosa que no me costaría trabajo ya que muchas veces fui la suya. Pero aun así preguntaría acerca de lo que voy a hacer y con quién cosa que no le podía decir, tendría que inventar a un hombre fantasma para no delatar al verdadero. Pase el resto de las horas de clases ideando la manera de hablar con ella, no tendría por qué ser tan difícil después de todo es mi mejor amiga. En la última clase recibí un mensaje de ella.
-¡Vamos por un café y de compras Wendy! –me decía.
Oportunidad y momento perfecto para actuar -¡OK! –fue mi tan elaborada respuesta.
En esos días no iría a la Cabaña ya que su hermano estaba de visita y deseaba pasar tiempo con él cosa que me parecía muy linda, aunque me gustaba verlos juntos y notar sus tan pocas diferencias pero tenían un relación complicada que exigía su espacio vital. Recorrimos un buen rato el centro comercial, pasamos por muchas tiendas, compramos varias cosas realmente innecesarias, nos reímos de los chicos, fuimos de nueva cuenta amigas algo que estuvo un poco tenso durante mucho tiempo.
-Gracias Wendy realmente me divertí –decía mientras texteaba algo.
-Yo también –le daba un sorbo a mi café. Estábamos en un pequeño negocio en el centro de Gravity Falls.
Seguimos hablando de cosas de chicas, en la mayoría eran quejas de Robbie y su relación, de cómo a pesar de que en muchas ocasiones lo había querido terminar era como si estuviera hechizada por él.
-¿Cómo te va con tu novio misterioso? –me pregunto, cosa que casi me hace escupir mi bebida.
-Bien –conteste tímidamente por un momento pensé en negarlo en automático pero necesitaba pedirle su ayuda, el iniciar mintiéndole no era una buena idea. Le sorprendió mi respuesta tanto que por un instante levanto la vista del celular.
-¡Vaya hasta que lo admites! Ya me había hastiado verte con cara de imbécil felicidad y no saber quién o qué era la causa. –Esa era Tambry y sus siempre sutiles palabras.
-De hecho necesito pedirte un favor – decía mientras me apretaba los dedos.
-Sabes que somos amigas ¿verdad? –respondió en tono irónico.
-Él me invito una semana a Nueva York y… pues…necesito… que le digas a mi papá… que iré contigo y tu familia a Illinois –nunca las palabras me parecieron ser tan difíciles de pronunciar.
No contesto de inmediato seguía sumida en su móvil, sin embargo sabía que analizaba perfectamente su respuesta ya que ella podría ser un tanto arrogante, desinteresada, superficial, pero era todo menos estúpida de hecho era la primera de nuestra clase.
-Bien lo hare –mi corazón se aceleró –pero… –ahí estaba la palabra que temía escuchar.
-Pero me tienes que decir quién es él – al decirlo me miró fijamente a los ojos.
-Quiero saber cuánto tiempo tienes con él, cómo se conocieron, si lo amas y sobre todo por qué salen a escondidas – esas fueron las condiciones de Tambry.
Sin duda era lista, me acorralaba para no dejarme otra opción, pero ella era necesaria para poder viajar con Stan. Respire profundo y por fin le conteste.
-Está bien pero te lo diré en un lugar más privado – le daba otro sorbo a mi café.
-Perfecto, no hay nadie en mi casa ahí podemos hablar –contesto ella.
Durante el camino a su casa mi cabeza trabajo a mil por hora, qué le diría, tenía que inventar algo o más bien a alguien el problema de vivir en un pueblo tan pequeño como Gravity Falls es que la mayoría se conocía. Tal vez un novio de internet, no, jamás me creería eso además porque siempre me burle de los romances a distancia, se me acaban las opciones, lo mejor era decir que había conocido a alguien en un pueblo vecino. Ahora únicamente me faltaba inventar un motivo convincente para no poder salir en público, ya se era mayor que yo, bueno esa era una verdad a medias, tal vez que era casado, no, eso era complicar las cosas, que pertenecía a un secta y quería escapar o mejor aún que era iluminati*, mi cabeza no encontraba una razón que no sonara estúpida y completamente inverosímil. Entramos a su casa, fuimos directamente a la habitación, de hecho incluso le puso seguro, tenía bastante tiempo que no estábamos solas, de hecho echaba de menos el poder contarle mis secretos. Nos sentamos en unos puff, me miro con por unos segundos antes de volver al teléfono.
-¡Escúpelo todo Wendolyn! –como odiaba que me llamara por mi nombre completo.
Aspire profundamente y lo dije, aunque no sé porque dije lo que dije, pero ya estaba dicho.
-Es Stan –escuche como su móvil caía al suelo. Hubo un silencio profundo e incómodo.
Existió una larga espera en la que me rehusaba siquiera mirarla a los ojos, maldita sea me había equivocado, nos expuse a los dos y ya no existía vuelta de hoja.
-Estas diciendo que sales con tu jefe, ¿con Stan Pines?, ¿con el tipo loco de la Cabaña del Misterio?, ¿con un hombre que podría ser tu padre?, ¿es más tu abuelo? –fue lo que por fin dijo.
-Si –respondí mirando el piso.
-Por Dios Wendy sabía que me dirías algo loco pero no esperaba esto, me hubiera imaginado que dirías que volviste con Lee, o que por fin le hiciste caso a Thomson o que incluso me engañaba Robbie contigo pero jamás me pensé esto.
-Lo sé, es demasiado loco pero es la mejor cosa que me ha pasado. La amo como no tienes idea –fue lo que conteste.
-¿En serio lo amas? –pregunto mirándome a los ojos.
-Si –ahora entendía porque Stan no siempre responde, a veces aunque tengas las palabras no existe la respuesta.
-Cuéntamelo todo, te escucho –apago su móvil y comencé a hablar.
No le conté todo al final había cosas, gestos, palabras que consideraba demasiado íntimas para ser reveladas pero aun así no retrocedí ni me desdije. Tal vez yo no soy tan buena guardando secretos, en mi naturaleza la palabras siempre pesaban, lo que callamos te envuelve y se revela aunque no sea a través de palabras, o tal ves era el simple deseo que alguien escuchara lo feliz que me hace Stan. Al terminar del hablar con Tambry mi pecho estaba más liviano, ahora alguien en este mundo conocía mi amor por el Sr. Misterio.
-Bien te ayudare – fue lo que dijo, no me di cuenta pero habían pasado horas.
-Gracias, te verdad te lo agradezco –respondí con sinceridad.
Antes de marcharme le dije algo que resultaba obvio –Sabes que no puedes decírselo a alguien más verdad, ni siquiera a Robbie.
-No soy estúpida Wendy, además a quién le importa lo que pasa en la Cabaña del Misterio después de cierra. Sólo espero que no salgas herida.
De hecho yo esperaba lo mismo, pero era un riesgo que estuve dispuesta a correr desde ese primer beso bajo la lluvia, la situación por un momento se sintió tensa por lo que dije –Entendido Señor –hice una señal militar y ella rió.
-¡Wendy! –me llamo unos a unos cuantos pasos de la puerta de su casa, voltee y la vi hacer ese gesto que desde niñas compartíamos, ese pequeño candado que significaba complicidad.
A decir verdad recordé el porque éramos amigas desde hace más de diez años, fue de las pocas personas que permaneció conmigo después de que mamá muriera, fue después de mi padre quien me volvió a hacer reír. Al parecer nuestras personalidades tan distintas nos permitía ser mejores amigas, e incluso me sonroje porque con ella practicábamos los besos, recordé las largas conversaciones de cuando teníamos doce, que después de cada correspondiente ruptura amorosa siempre podíamos ir beber una cerveza al bosque, si pese al tiempo e incluso la distancia ella siempre seria mi amiga.
Ella realmente no hacia muchas preguntas al respecto de lo que sabía, creo que incluso era yo quien disfrutaba contarle lo que hacía con Stan, como aquellas flores que llegaron a mi casa con una nota de que decía "La vida es un misterio". No le dije a Stan que tuve que contarle lo nuestro a Tambry, sé que puede ser igual e incluso más paranoico que Dipper, me limite a decirle que le cobre algunos favores del pasado.
Deseaba tanto que la campana sonara y diera inicio el verano, tenía mi maleta arreglada todo listo, quería que ese viaje iniciara. En realidad sacarle el permiso a mi padre fue muy fácil sobre todo porque Tambry fue quien lo hizo, por supuesto que pregunto cosas pero nada fuera del tema además le pidió el teléfono de sus abuelos en Illinois, que resulto ser otro celular que le pertenecía a mi amiga, pero que tenía un número de ese estado pequeña genio malvada. Fue una noche larga, repasaba en mi cabeza lo que tenía que hacer, la familia de Tambry saldría a las ocho de la mañana por lo que yo saldría de la mía a las siete y media, por suerte mi padre trabajaba desde la seis por lo que no me llevaría, y mis hermanos como todo los veranos le ayudarían, estaría sola pero tenía que ir con mucho cuidado a la Cabaña para que nadie me viera llegar, tal vez demasiadas precauciones para un pueblo lleno de gente la cual parece vivir felizmente ignorante.
Todo el trayecto mi corazón latió tan fuerte que podía sentirlo, tampoco podía dejar de sonreír, esa sería una de las mejores semanas de mi vida y ya deseaba que comenzara. Lo vi mientras guardaba unas cosas en su auto, lo salude a lo lejos, abrió el cajuela para que colocara mi maleta, un beso en los labios, subí al coche y ese viaje inicio.
El paisaje boscoso de Oregón poco a poco se fue quedando atrás, sería un viaje de casi nueve horas tal vez de un poco más por las veces que nos detuvimos a ver y conocer ciertos lugares. Me reía de las cosas que decía ¿acaso no hay lugar que no conozca Stan?, a mitad del camino nos detuvimos en uno de esos restaurantes que parecen sacados de una película antigua, comimos, seguimos riendo e incluso nos besamos, todo parecía mágico hasta que él dijo es hora de continuar pago y salimos rápidamente. Puede escuchar a la gente murmurar, pese a mi ilusión infantil aquel viaje no sería del todo perfecto, siempre abría quien mirara y juzgara nuestra relación, sobre todo por la obvia diferencia de edad. Antes de marcharnos vi a unas mujeres cuchicheando y señalándonos, mientras arrancaba les di una buena vista de mi dedo medio, aquello hizo reír a Stan.
-¡Estás loca! –decía riendo.
-No, sólo que no me gusto su actitud y cara de amargura –conteste también riendo. –Espero no volverme una anciana amargada.
-Más bien serás un excéntrica mujer viviendo en una casa en medio de la nada –dijo sin dejar de reír.
-Me describes a mí en un futuro o a ti actualmente, jajajaja mejor aún eso insinúa que me heredaras la cabaña ¿eh? –continuaba riendo.
-Tal vez, ¿quién sabe? Sólo espero que no te asusten todas mis cosas de anciano –su voz sonaba tan feliz.
-Yo AMO todo de ti Stan eso incluye tus raras cosas de anciano –respondí sonriéndole.
El recorrido continúo sin mucho contratiempo, nos dividimos el viaje por tramos en los cuales cada uno conduciría, presuntamente seguía las instrucciones de Stan pero también utilizaba el GPS de mi móvil. Cuando llegamos al hotel eran casi las ocho de la noche, fuimos directamente a la habitación ya que estaba reservada, nadie nos miró con curiosidad, ni siquiera el encargado de la recepción lo cual fue grato. Al entrar puede ver dos camas, lo cual me hizo fruncir un poco el labio pero bueno eso no levantaría ninguna sospecha, tal vez el empleado pensó que éramos padre e hija o no sé algo parecido, tampoco me interesaba averiguarlo.
-¿Qué te parece pecosa? -preguntó mientras acomodaba las maletas.
-Muy lindo lugar, aunque veo que usaremos dos camas. –dije dejando me caer en una.
-Eso es un detalle sin importancia, ¿quieres salir a cenar? –me dijo.
-La verdad es que no, preferiría bañarme y cenar aquí –me estiraba sobre la cama.
-Perfecto, ordenare algo a la habitación mientras te duchas –comenzaste a marcar.
Saque mi ropa y me dirigí al baño, escuche que me preguntabas que quería de cenar lo que sea fue mi respuesta. El agua descendía cálida y ligera por mi cuerpo, el ritmo de mi corazón se aceleraba, por fin pasaríamos una noche juntos, no era el hacer el amor contigo cosa que me fascinaba, era el poder estar entre tus brazos sin temer que alguien nos viera, era el poder estar abrazados sin contar los minutos para tener que regresar a mi casa. Era poder experimentar nuestro amor sin restricciones, sin ataduras, sin sociedad, sin moralidad, sin que nadie nos juzgara, sin edad, sin miedo, sin familia, sin nombres, solo tú y yo dentro de esa habitación.
Salí y estabas viendo televisión, te me quedaste viendo lo que me hizo sonrojar.
-¿Qué tanto ve Señor Misterio? –pregunte.
-Lo maravillosa que eres –respondiste de inmediato.
-Sólo llevo una playera y un short, no es nada del otro mundo. –Dije avergonzada tal vez debí de haber buscado algo más de acorde a la situación.
-Así luces perfecta, bueno es mi turno. Por favor recibe la comida no creo que tarde mucho en llegar.
Siempre tus palabras me sorprendían, no importaba que me dijeras lo que ya se ha dicho, pero con otras palabras o incluso con las mismas. Era tu voz, tu sentimiento, tu amor y eso consistía en encontrar un secreto que jamás me confesaron.
Recibí la cena, salió del baño unos minutos después, traías unos pantalones de pijama largos y tu clásica playera blanca sin mangas. Había acomodado la pequeña mesa de la habitación de tal manera que se viera elegante, ordenaste también una botella de vino, todo parecía ideal incluso nuestras ropas comunes nada elegantes, nada que ver con una cena romántica, nada fingido. De eso trataba este viaje, la oportunidad de ser nosotros dos y nada más, sin simular apariencias, sin dar respuestas a los demás, ser entre cuatro paredes libres.
Comimos, fue un fino corte de carne para cada uno, acompañado con una copa de vino, para finalizar con un puro bueno de mi parte sólo unas cuantas caladas. Seguimos hablando, no me canso de escuchar tus historias, tan extrañas, tan improbables, tan fascinantes, tan tú. Seria terriblemente feliz si pudiera llenar mi vida con la mitad de las aventuras que has vivido, claro que también ríes y escuchas atento cuando te hablo de mis locuras de adolescente, como perforarle la ceja a Nate sin anestesia. Las horas pasan y es hora de ir a dormir, es casi media noche, miro el reloj por costumbre aunque sé que nadie nos interrumpirá, que no sonara la alarma e incluso que mi padre no llamara y aun así temo que algo nos separe. Dejas tus lentes en la mesa y te acuestas, haces un pequeño gesto para que te acompañe, me alegra que ambas camas sean matrimoniales. Regulo la luz, ahora es una tenue y delicada iridiscencia la que nos envuelve, entro a la cama, la sabanas son suaves pero no tanto como tus brazos.
No decimos nada solo nos besamos, besos dulces y delicados que poco a poco elevan su intensidad hasta volverse pasionales y desenfrenados. Caricias suaves que recorren nuestros cuerpos, transitar una vez más los senderos de la piel, elevar la temperatura, el entrecortar la respiración, el arrancarnos la ropa porque nos estorba. Mirarnos totalmente desnudos, el ya no necesitar las palabras entre nosotros, siento como tus labios recorren mi ser, son tan suaves, se detienen cuando desean saborear algo del mí, la caliente y húmeda sensación de tu lengua me hace estremecer, estas sobre mi vientre y lo besas mientras tu manos acaricias mis piernas, se perfectamente a donde te diriges. Me excita de manera descomunal tu rasposa barbilla sobre mi carne más íntima, separas mis piernas y comienzas, es tan bueno haciéndolo, su boca, su lengua, sus manos, sus dedos pareciera que conoce cada lugar de mí, cada punto que me hace estallar.
Describir lo que ocurre entre mis piernas me parece casi imposible, es sentir conectados cada uno de mis sentidos, responder a cada caricia, a cada toque, es estar consiente de mi cuerpo y al mismo tiempo dejarme ir. El tocar el cielo desde esta jodida tierra, soportar la descarga eléctrica que nubla los sentidos y borra las inhibiciones, el dejar que mi sonidos más primitivos salgan de mi garganta, que todas mis sensaciones se escapen de mi cuerpo porque no se pueden contener. Ser egoísta por concentrarme sólo en mi placer, que no me importe porque deseo más, quiero que me haga alcanzar el primer orgasmo de la noche.
No puedo creer que haya terminada en su boca otra vez, lo veo sonreír y limpiarse los labios, le encanta verme fuera de mi poca racionalidad. Intento controlar mi respiración e ideas, ahora es mi turno, me gusta pensar que es una pequeña batalla a muerte entre su experiencia y mi juventud. Todavía con la respiración entre cortada voy hacia él, lo beso frenéticamente, me fascina descubrir mi propio sabor en sus labios, hago que se siente en la orilla de la cama, dejo que sus manos recorran mi cuerpo desnudo una vez más. Lo beso y desciendo lentamente, me encanta el pelo en tu pecho e incluso tu pequeña barriga, tu olor a cedros, a coñac, a puro, todo me fascina. Estoy de rodillas frente a ti, utilizando mi cara más suplicante, mordiéndome el labio inferior, tomándolo con ambas manos te miro a los ojos y pregunto.
-¿Puedo? –digo melosamente.
-Es todo tuyo –respondes y te dejas caer en la cama.
No tengo tanta experiencia en esto, pero me gusta aprender, estoy atenta a tus reacciones, a tus gemidos, a tu cuerpo, ha sido así desde que estamos juntos. Utilizo mi lengua y viajo de abajo hacia arriba, mis papilas gustativas de llenan de ese sabor agridulce, no puedo dejar evitar no sonreír maliciosamente al darme cuenta de lo mucho que disfruto hacer esto. Acaricio la base sin parar de lamerlo, tus gruñidos llenos de excitación me emocionan, ahora está dentro de mi boca, movimientos sutiles y consistentes para después envolver la punta con mi lengua y saborear más de esa esencia. Volver a bajar para darle un poco de atención a las otras partes de tu anatomía, mi boca gustosa no se inhibe, no al menos desde la primera vez que me pediste que lo hiciera, mi lógica más inocente puesta en acción me dijo que si había puesto lo demás en mi boca por qué no también a ese par, yo y mi jodido razonamiento. Mientras me deleitaba con las partes más al sur de tu cuerpo mis manos no dejaban de acariciarte, sentía la palpitación, el espasmo, el movimiento de tu cadera, te sentía a ti entre mis dedos. Los minutos transcurrían lentos y líquidos mientras daba mi mejor esfuerzo, te disfrutaba de nueva cuenta en mi boca, siempre eras atento con tu voz cargada de excitación me decías lo que yo de ante mano ya sabía, pero me gustaba disfrutar de ese espeso sabor porque seguías siendo tú. Lo trague como otras muchas veces, levante la mirada y encontré tus ojos fijos, concentrados además de excitados sabia que te enloquecía que hiciera eso.
Me levantaste en brazos, no supe bien a donde te dirigías pero necesitaba que siguiéramos, sentí el helado tacto del vidrio que nos separaba del balcón, me pusiste frente a este, aquella sensación gélida en mis senos me excito mucho más. Entraste sin alguna consideración dejándote llevar por tu deseo, cada embate era profundo y constante, mis gemidos más altos y agudos, ni tu nombre podía articular. Pero en esta pequeña guerra aun me quedaba un has bajo la manga, estire mi mano y de un fuerte tirón la persiana se había recorrido, si quería que el mundo, bueno Nueva York se enterara de lo que pasaba en la habitación. Las luces de los distintos edificios titilaban, los ruidos de los autos, del incesante movimiento, de las sirenas, las historias que en ese instante se escribían eran muchas, pero en nuestro diminuto universo únicamente existíamos tú y yo. Me diste la vuelta ahora el combate era frente a frente, mi cuerpo era pequeño en comparación al tuyo, enrede mis piernas a tu cintura, las embestidas eran rápidas y profundas, los besos intensos y magníficos, arañaba tu espalda por el goce desenfrenado del momento. Respiración agitada, cuerpo vibrante de excitación y deseo, pensamiento desarticulado, esa sensación electrificada que comenzaba el la punta de los pies y recorría todo el cuerpo, para simplemente decir te amo al mismo tiempo que siento tu descarga dentro de mi.
La noche se prolongo entre besos, orgasmos y caricias además de no dejar sin utilizar algún sitio o mueble de la habitación, al final regresamos a la cama donde todo inicio. No había palabras innecesarias sólo nos abrazábamos, sentía como acariciabas mi cabello, tu pecho aun se movía agitado, yo me arrullaba al escuchar como tu corazón se tranquilizaba. Me gustaría preguntarte muchas cosas cómo el que significo yo para ti, pero en ese instante parecían palabras demasiado vanas, sin embargo todo al mismo tiempo tenía un significado al menos para mí. Deseaba tener grandes pensamientos que me revelaran a través de tus caricias el significado del amor, lo que era amar ha alguien, lo que se revela después de encontrar una gran verdad, pero al final tan sólo tenia 18 años y las palabras me parecían redundantes e incluso insuficientes para algo tan maravilloso como el hecho de haberte encontrado.
Al final la pelirroja no dijo ninguna palabra, sin darse cuenta se quedo dormida en lo brazos del hombre al que estaba segura amar, ahí entre sus sueños no existía ni la duda, ni el miedo, ni la realidad. Se dejo llevar por la fantasía de ese pequeño viaje y soñó con la posibilidad que su historia con el Señor Misterio no tuviera un desenlace, sin embargo los sueños tienen la desventaja de que tarde o temprano hay que despertar pero por hora simplemente se permite soñar…
FIN
CAPÍTULO V: VIAJE (parte B)
El silencio poco a poco se apodera de la habitación, si de ese lugar que hasta hace unos pocos minutos era testigo de un inusual encuentro de amor. Me gusta acariciar tu pelo, siento como el sueño comienza a vencerte, te refugias en mi pecho, te envuelvo con mis brazos, tal vez sea la culpa que al final de cada encuentro me invade pero hoy no tengo a donde escapar, peor aun es el miedo a que todo se desvanezca y por eso es que necesito sentirte. Nuestra piel guarda la tibieza de la excitación vivida, nuestro olor combinado, nuestras caricias sincronizas, cuentan esta extraña historia de amor. Digo su nombre y ella ya no responde ahora duerme profundamente, la observo acurrucada en mi dorso parece incluso más joven y más indefensa de lo que en realidad es, me golpeo la frente porque todo aquello es demasiado irreal, demasiado frustrante, demasiado maravilloso. Soy tan imbécil, tan desgraciado, tan malditamente egoísta, soy un HIJO DE PUTA, por verla aquí y amarla tanto, por engañarla, por arrastrarla conmigo, por desear que esto jamás termine, por sólo con ella ser feliz. Pero no puedo dejar de verla, dejar de sentir esto, sin embargo la posibilidad del retorno hace mucho que desapareció, en más estoy seguro que lo volvería hacer sin siquiera pensarlo una vez.
Sin embargo por ahora estamos a salvo en esta fantasía de cuatro paredes, por ahora sólo sonrió al ver como su cuerpo se dibuja debajo de la sabana, me sonrojo al pensar en todo lo que hacíamos hasta hace una media hora y sonrió porque no estoy dispuesto perder la oportunidad de hacerlo todas la veces que se pueda. Que diablos me pasa, mi vida siempre fueron los limites de la ley, lo ilegal, claro que la estar aquí con ella eso es lo que pasa y de todas manera vale la pena arriesgar todo por estos momentos de efímera felicidad. La culpa comienza a asfixiarme, siento que me ahogan mis sentimientos, quiero escapar, pero todo eso se va cuando ella entre sueños se da la vuelta toma mi brazo y lo coloca sobre su pecho.
Por ahora lo único que importa es su calor, su olor, al mierda todo, no importan nuestras edades, su familia, esta es nuestra primera noche compartida. Mi respiración se tranquiliza, ahora soy yo quien siente sus latidos a través de mi brazo, no me arrepiento de haberte dado mi corazón. Que más da si termino en la cárcel o posiblemente muerto, la oportunidad dormir juntos valdrá la pena incluso después de esta vida, por ahora quiero seguir soñando contigo.
Hacia bastante tiempo que lo que sucedía con Wendy comenzó, siempre tenía en la mente la idea que terminaría pronto, que un buen día llegaría y me diría que estaba enamorada de alguien, que en instante de nuevo la cordura regresaría a mí y le diría "fue bueno pero esto es el fin" pero nada de eso paso ahora incluso el verano se acercaba. Aunque hubo muchas ocasiones en las cuales no estuvimos juntos como en la Navidad ya que los chicos sobre todo Mabel me pidieron ir a California, pese a eso pasamos mucho tiempo juntos en esas fechas tal vez más del necesario pero como hastiarme de ella. En mi cabeza daba vueltas aquella promesa que le hice de encontrar la manera de pasar unos días solos, no es que en otras ocasiones el no cumplir una promesa me hubiera importado un soberano carajo. Era engañarme también anhelaba verla despertar entre mis brazos, el pasar toda una noche juntos, el sentir que en este deleznable mundo existía alguien por la cual valía la pena perder todo.
En casi dos semanas iniciaría en verano, el flujo de clientes había aumentado considerablemente. Aquel día salí un rato para recoger algunas facturas de un pequeño apartado portal que tenía en el pueblo, además de confirmar ciertas reservaciones, el tiempo que ocupe fue realmente poco considerando que incluso puedo tardarme días enteros para realizar alguna de mis "cosas de anciano". Entre a la tienda de regalos y estaba ahí leyendo una revista, pude ver que se sorprendía por mi rápido regreso, pero no puede evitar sonreír al verla.
-¿Qué pasa Sr. Pines? –preguntó seria.
-¿Dónde está Soos? –dije sin responder a su pregunta, estaba emocionado por lo que le diría.
-Por si no lo recuerda hoy es su día de descanso –contesto con seriedad.
-¡Es verdad! –me cabeza golpee la cabeza, era tal mi emoción que olvide que ese día estaríamos solos en la Cabaña.
-Cada día más olvidadizo Sr. Pines – decía riendo, esa pequeña pecosa tenía la habilidad de hacerme sentir feliz con únicamente escuchar su risa.
-Tienes razón, lo bueno es que no olvido esto –respondí, me acerque lentamente a ella, la abrace y comencé a besarla. Con Wendy mis límites no eran del todo precisos, pero poco a poco dejaba de cuestionarme tanto y me permitía vivir lo que sentía.
-¿A qué se debe ese beso Sr. Pines? –preguntó coquetamente.
-Bueno Señorita Corduroy es porque le vengo a proponer algo – dije sonriendo.
-¿Una propuesta indecorosa? Pero si usted ya me a hecho de todo, no sé qué otra cosa me puede pedir –respondió riendo. Aunque tenía razón porque me gustaba llevar ciertas cosas al extremo, me sonroje al pensar en lo que en días pasados habíamos hecho en mi oficina.
-No te burles pecosa –conteste para después volverla a besar.
-Bien Señor Misterio, ¿cuál es su propuesta? –dijo mirándome directamente a los ojos.
-Vayamos la primera semana del verano a Nueva York, si solos tu y yo. ¿Qué te parece? – Era algo que pensé por unos cuantos días parecía algo arriesgado, pero en un sinfín de veces puse me vida en riesgo por cosas insignificantes como sociedades secretas que más daba que el aventurarme por la pelirroja.
-¡Claro que sí! –respondió mientras daba unos saltitos, creo queel pasar tanto tiempo con Mabel la empezaba a afectar.
-Bueno ya le avise a Dipper y Mabel que lleguen hasta la segunda semana, pero eso niño no dejaba de atormentarme con sus preguntas sin embargo cedió cuando le dije que era un asunto de hombres –dije riendo. Ese chico no dejaba de preguntar además era un magnifico radar de mis mentiras, los Pines no somos fáciles de engañar aunque somos maestros al hacerlo, pero me gustaba la confianza que me tenían sobre todo él. En alguna ocasión me quise reír o simplemente ignorar sus boberías, pero a sus quince años me miraba fijamente con su seriedad de hombre prematuro y le daba solemnidad al asunto invocando es cuestión de "HOMBRES" por lo que en ocasiones hablábamos hasta por tres horas. Cosa que su hermana no dejaba pasar y nos molestaba diciendo que utilizábamos más el teléfono que ella.
-Ahora falta el saber cómo te escaparas de tu casa una semana –decía con cierta incertidumbre ya que eso era un gran obstáculo.
-Bueno eso será un poco complicado pero lograre escaparme, además también en esa semana cumplo 18 tomare este viaje como tu regalo – contesto volviéndome a besar, además claro que recordaba su cumpleaños por eso mismo me atrevía a semejante locura.
Seguimos hablando un rato más sobre las cosas del viaje así como de nosotros, claro que entre toda esa emocionante charla nos dejamos arrastrar por el deseo y lo hicimos en la cocina, que bueno que esos viejos muebles sean tan resistentes, lástima que nuestro tiempo sea tan corto, maravilloso y desesperante. En ese ritual infalible de todas las noches donde bebía un poco de coñac mientras fumaba un puro, ese era el momento de la noche donde me dejaba arrastrar por mis pensamientos. Me sorprendía y al mismo tiempo temía que alguna vez preguntara ¿qué somos?, me aterraba el no tener la respuesta, que irónico que ni las criaturas sobre naturales, los agentes de gobierno o los demonios ancestrales no me dieran tanto miedo como el confrontarme a la verdad. Además que le podía responder, que era mi novia, solté una carcajada al imaginarme pidiéndole que fuera mi novia como lo hice a los dieciséis con esa morena. Ponerla en la categoría de amante tal vez era lo que más se acercaba, pero un amante siempre es alguien con quien se sabe que abra un final y yo quería todo menos que esto terminara. Podía decir que éramos pareja, sin embargo las parejas tienen un futuro en común, sueños que se comparten, oportunidades de vivir juntos y en el nuestro eso no existía. Por ahora dejaría esa respuesta en el aire, no lo pensaría hasta el instante en que ella lo pregunta y aun así estoy seguro que no tendría la respuesta.
Arreglaba los distintos asuntos de la Cabaña, no es que fueran muchos a decir verdad además aunque le di la semana del viaje libre a Soos este prometió darle una vuelta al lugar. Lo bueno de ser un viejo casi ermitaño es que son pocas las personas a las que les importa tu proceder, es más siempre reía ante la idea que muy probablemente encontrarían mi cadáver putrefacto muchos meses después de mi muerte. Claro estaban los gemelos pero ellos vivían al mayor tiempo en Piedmont, además lo más probable es que el gusto de visitarme duraría hasta que entraran a la universidad. También estaba Soos pero ahora tenía novia e incluso podría volverse su mujer, tendría una familia y se concentraría en esta, por supuesto existía el nerd de mi hermano, pero esas cosas que por más de treinta años fueron fracturadas no son fáciles de reparar, siempre nos tendremos el uno al otro pero a veces incluso desde que éramos niños no importaba que compartiéramos el mismo rostro nos veíamos y éramos un par de extraños.
De hecho estaría de visita por unos días, muchas de sus cosas permanecían en la Cabaña era una buena oportunidad para pasar un rato como hermanos, como amigos, como cuando lo hacíamos hace unas cuantas décadas.
-Soos tendrás unos días libres en lo que el sabelotodo está de visita, si te llegara a ocupar me pongo en contacto por medio del radio. –Le dije a mi confiable ayudante.
-No se preocupe Sr. Pines además utilizare estos días para seguir con la ampliación de mi casa –contesto sonriendo.
-¿Vas enserio con esa chica verdad? –pregunte curioso.
-Si, de hecho –jamás me imagine ver a Soos en esa situación hablando de formalizar con Melody incluso de vivir juntos, el escuchar todas esas cosas me hacían sentir increíblemente viejo.
-Disculpe que le diga esto pero creí que después de todo lo que pasamos hace tres veranos ustedes serían cómo decirlo mucho más unidos. –Decía haciendo gala de una madures inimaginable en su persona.
-Mientras más viejo te vuelves más complicadas son las cosas, los resentimientos se vuelven profundos y es inevitable no mirar nuestras cicatrices y preguntarse ¿realmente valió la pena? –fue una respuesta sincera aunque no sé si del todo convincente.
-Bueno espero que mientras esta de vistia el otro Sr. Pines no terminen matándose o volando la Cabaña –dijo en un tono bastante divertido.
-Eso si no te no puedo asegurar Soos –dije riendo.
El resto del día se fue rápido y sin complicaciones, no la vería a ella en esos días no es que no lo deseara, sin embargo ese nerd podía leerme tan perfectamente que sabía que con sólo vernos unas cuantas horas juntos sacaría las más acertadas conclusiones. Compartimos los más horrendos secretos pero aun así no sería algo fácil de explicar, por lo que prefería mantener cierta distancia por esos momentos ya después sería un buen pretexto para ponernos al día. Eran casi las seis de la tarde cuando lo escuche llegar yo bebía tranquilamente algo en el sofá.
-No cabe duda cuando lo deseas puedes ser un completo haragán, el mundo podría estar terminando allá fuera y tu aquí viendo pelas de bebés –dijo mientras dejaba caer su maletín.
-No sería la primera vez que el mundo este por colapsar y yo sólo quiera beber algo y ver televisión -dije en todo sarcástico.
-Justamente he ahí el problema –contesto ahí.
-¿Qué te trae por acá nerd?
-Por Dios Stan tenemos 62 años cuando me dejaras de llamar nerd –replico el sentándose sobre el cráneo de dinosaurio y sirviéndose un poco de coñac.
-Simple, cuando dejes de serlo –conteste sarcásticamente.
-No en este ni en ningún otro universo –bebió de un sólo trago todo el licor –necesito varias de mis viejas bitácoras con algunos de mi cálculos para mi investigación además es un buen pretexto para pasar tiempo juntos.
-Así que me extrañas NERD –decía arrastrando las palabras.
-Por su puesto IMBÉCIL –contesto con su típico todo de condescendencia.
-Aún sigo siendo el gemelo ALFA –dije bebiendo otro trago.
-Por supuesto –dijo riendo al mismo tiempo que golpeada mi hombro.
-Muero de hambre, ¿qué vamos a cenar Bro? –pregunto impaciente.
-Si me das una hora preparare unas costillas al estilo Jersey, ¿te parece? –dije levantándome del sofá.
-Por supuesto, siempre vale la pena esperar por algo cocinado por ti –dijo sonriendo.
Espero en lo que preparaba la cena, desde la cocina lo escucha reír mientras veía una de esa pésimas películas que se transmiten en Gratity Falls, recordé esos días de universidad donde lo sobornaba para que dejara sus investigaciones como lo hacía nuestra madre prometiéndole que le prepararía su comida favorita. Después de un rato lo llame a la mesa, costillas con una buena salsa, puré y algo de ensalada en que fuéramos viejos no quería decir que necesitábamos adelantarnos a los hechos además de una frías como refrescantes cervezas.
-¡Hey mira lo que traje! –dijo enseñando una botella de vodka.
-Jajaja, en serio. ¿Qué pretendes Bro? –dije riendo.
-No lo sé, tal vez emborracharnos como la primera vez además en esa ocasión también fue con vodka –contesto riendo.
-Si con el vodka de papá, lo peor es que nos descubrió a la mañana siguiente y nos mandó a darle corriendo veinte vueltas a la cuadra –conteste alegremente recordando eso aunque cuando paso fue todo menos divertido.
-Lo he traído desde San Petersburgo, hace un par de meses fui a ver unos reactores a Rusia –dijo con extraña alegría, no cabe duda a los Pines nos gusta meternos en problemas.
-He guardado otra para Robert* y Dipper, la próxima vez que nos reunamos la beberemos todo los hombres Pines –me di cuenta que extrañaba mucho más a la familia de lo que admitiría después de todo en muchas cosas nos parecíamos.
-Creo que Robert beberá a la par pero no creo que Dipper aguante más de dos tragos, además le daremos la borrachera de su vida y no creo que a su madre le agrade la idea después de todo apenas tiene quince años –dije en una frase demasiado conciliadora.
-Tendría la misma edad que nosotros, además siempre podrá mandarnos a correr otras veinte vueltas a la cuadra aunque creo que caeré muerto desde la primera –dijo riendo.
-Tienes toda la razón pero no creo que Mabel se queda quieta, tengo la impresión que esa niña nos puede dejar noqueados a los cuatro –dije carcajeándome – bueno a cenar que esto se enfría.
La cena fue divertida, llena de recuerdos, nostalgias, añoranza e incluso un poco de dolor y resentimiento pero después de todo éramos mortales. En efecto la comida, la cerveza, el vodka y el coñac no fueron para nada la mejor combinación, tenía muchos años que no sentía ese adormecimiento mental y falta de coordinación por culpa del alcohol. Fuimos al lugar secreto de los gemelos y ahí destapamos la botella, bebimos de ella directamente emulando esa primera borrachera. Lo grandioso del alcohol es que nos permitió decir esas cosas que callábamos, los Pines no nos caracterizábamos por ser muy elocuentes y utilizar las palabras para otras cosa que fuera molestarnos o insultarnos. El vodka pareció ser poco ya que en menos de cuarenta minutos se había terminado y como el objetivo era emborracharnos decidimos continuar bebiéndonos el coñac, no sé cómo llegue a la cama únicamente recuerdo que el nerd se quedó dormido en el ático, creo que después de vivir tantos años en la cabaña llegue instintivamente a la habitación.
Cuando abrí los era tarde de eso estaba seguro, mi cabeza me mataba, todo daba vueltas además de esas tremendas nauseas no cabe duda fue igual que en aquella ocasión. Me senté un rato en la cama para poder recuperarme un poco, además de que si era necesario podía salir corriendo al baño. Escuche ruidos que provenían de la sala, me levante conteniendo las ganas de vomitar.
-¿Tienes mucho tiempo despierto? –pregunte al ver a mi hermano recargado en el sillón.
-No, tiene unos minutos que desperté. Me duele todo, no sé cómo Dipper duerme en esa cama hay que cambiarla –dijo mientras se agarraba la cabeza. -¿Cómo estás tú?
No puede contestar salí corriendo al baño, mientras vomitaba escuchaba como se reía en la sala como en esa lejana vez era yo quien vaciaba el estómago primero. Estuve en el baño unos veinte minutos, no puede contener la carcajada cuando lo encontré sobre el lavabo de la cocina.
-Al parecer tú también olvidaste que somos un par de sesentones –decía riendo.
-Si lo sé, pero carajo sí que valió la pena –dijo para después volver a vomitar.
-Muy bien hermano date un baño, mientras yo preparare algo para esta peculiar resaca –le dije –sólo que primero limpia ese lavabo porque yo no me le pienso acercar.
Prepare un almuerzo bastante picoso eso lo aprendí de los países que conocía de Latinoamérica, donde la tradición dicta que para la resaca nada mejor que algo con mucho picante además de una cerveza. Me bañe mientras la comida terminaba de sazonarse, ambos comimos claro él se quejó de aquello con un poco más de picor podría ser un buen ácido, sin embargo su malestar aminoro. Nos dividimos la tarea de buscar la bitácoras, le ayuda a rastrear sobre todo las del laboratorio que moví en varias ocasiones con el pasar de los años, pero no me costó mucho trabajo encontrarlas. Escuche que me llamaba desde la parte de arriba, subí cargando sus ridículamente pesados libros.
-¿Dónde estás? –grite al salir de la expendedora.
-En tu oficina –escuche su voz un tanto sería.
Atravesé la puerta cargando sus bitácoras, estaba bastante entretenido viendo las grabaciones de seguridad de la tienda de regalos para después voltear y preguntarme.
-¿Stan qué diablos significa esto? – pauso la imagen, se me cayeron las bitácoras y no supe que responder. Cómo había sido tan descuidado para no recordar las cámaras de seguridad, tarde un momento en reaccionar.
-¡Por Dios Stan! Wendy tiene que por mucho dieciocho años, ¿qué mierdas estás pensando? –dijo con una voz terriblemente acusadora.
-Sólo ha sido una vez –trate de justificarme.
-No mientas, al menos hay tres distintos encuentros en las cintas, solamente en las que alcance a ver –decía con su tono de sabelotodo.
-Es más complicado de lo que crees –respondí tratando de articular mis pensamientos.
- ¿Complicado? Te estás follando a una adolescente, es más que eso ¡es ilegal! –Ahí estaba de nuevo su tono acusador –podrías ir a dar a cárcel o peor aún acaso no pensaste eso.
-Claro que sí, sé que no es correcto lo que hago pero ¡vale la pena! –dije con una certeza increíble.
-¿Qué vale la pena? No actúes como un imbécil, sé que tienes tus necesidades Stan pero para eso existen las Putas, no vas y te follas a tu cajera –como odio su estúpido razonamiento.
-La AMO –lo dije, una vez más le confesaba mis amores secretos a mi hermano, ahora era él quien dejaba caer el control de la videocasetera.
-¿La AMAS? No me hagas reír, ya no tienes dieciséis años para que me salgas con cursilerías baratas como estar enamorado –decía con toda la frialdad que era capaz de expresar.
-Aunque te lo dijera no lo entenderías, tú no sabes lo que es sacrificarse por amar a alguien, dar treinta años de tu vida sólo por volverlo a ver –dije con una voz que se entrecortaba.
-Eso fue realmente bajo incluso para un estafador como tú, tienes razón no sé qué es sacrificarse por alguien por más de treinta años pero si sé lo que es hacerlo por toda la humanidad. Por eso y por el simple hecho de que soy tu jodido hermano y aunque te cueste trabajo creerlo yo te quiero estoy dispuesto a escucharte, así que empieza a hablar de una buena vez. –Decía con un tono se solemne seriedad.
-Muy bien, vamos a la sala esto es más largo de lo que imaginas –conteste mientras salía de la oficina.
Sin duda como cuando tenía dieciséis le confesaba a mi hermano mi amor por una mujer, aunque esta no era cualquier mujer eran Wendy, si esa chiquilla pelirroja a la cual conozco de toda la vida, que además era cuarenta y cinco años menor que yo. Pero que lentamente se había convertido en alguien sumamente importante, que su presencia me hacía vibrar, me recordaba que vivir valía la pena, que tal vez todos los sacrificios me condujeron hasta ella. Ahí estaba revelando uno de mis grandes secretos, me sentía expuesto ante él además de ser juzgado, de que podría decir y decidir muchas cosas al respecto y sabía que en varias probablemente tendría razón. A pesar de todo, de mis dudas, de mi miedo continúe hablando sobre los dos, como se podía esperar no le conté todo ya que eso iba en contra de toda la naturaleza Pines y él lo sabía bien.
-Lo siento Stan, creo que me adelante en sacar conclusiones pero eso no significa que esté de acuerdo –dijo cuando termine de hablar.
-Lo sé, también estoy consciente de que lo que hacemos no está bien y que quien puede perder más es ella. Al fin y al cabo yo ya soy un viejo –dije hundiéndome un poco en la silla.
-Tienes razón, no te diré nada tampoco juzgo tus acciones únicamente medítalo bien y hagas lo que hagas espero que sea lo mejor para ambos –dijo levantándose de la silla –creo que necesito un poco más de jugo de Baco.
-En la oficina hay más coñac y en la nevera hay cerveza – conteste sin mucho entusiasmo.
-Creo que prefiero la cerveza –fue a la cocina.
-¡Hey tú! –dijo para hacerme voltear, me lanzo una lata la cual por poco no atrapo.
-¡Bro los Pines siempre seremos algo idiotas! –decía riendo mientras le daba su primer trago a la cerveza.
-¡Brindo por eso! –destape la mía y comencé a beberla.
Los demás días que permaneció en la Cabaña fueron tranquilos como los de hace muchos años, le ayude a revisar los cálculos de sus bitácoras e incluso revisamos y reformulamos algunos. No hizo demasiadas preguntas con respecto a Wendy, pero en ocasiones su curiosidad le ganaba y terminaba preguntándome cosas tan absurdas como íntimas, tan personales como emocionales por lo que siempre tenía que andar con cuidado para no decir algo demasiado comprometedor. La ultima que hizo fue preguntarme si usaba algún tipo de "viagra" modificado para durar tanto, además que ese desgraciado termino revisando las todas las cintas de seguridad, ya no era un mozuelo para tener tal brío, mi respuesta fue.
-¿Qué puede ser más excitante que lo prohibido? –utilice mi todo más seductor.
-Tienes razón pero por si acaso te haré una revisión, ahora estira tu brazo necesito sacarte sangre –así de ridículas eran las cosas que él hacía.
Recogió todas sus bitácoras, nos despedimos con la promesa de vernos pronto además el verano se acercaba le había prometido a los gemelos pasarlo en Gravity Falls, tal vez no todo el tiempo pero si al menos dos semanas.
-Incomodo abrazo de hermanos –decíamos ambos mientras golpeábamos nuestras espaldas.
-Nos vemos pronto –dije desde el viejo sofá.
-¡Suerte en tu viaje! –decía abriendo la cajuela de su auto.
-¡Gracias, también cuídate nerd! –conteste moviendo la mano para decir adiós.
Antes de subir a su auto dijo –Enserio espero que no termines demasiado lastimado…
-Eso espero conteste –eso era algo que sabía perfectamente bien en algún momento los dos saldríamos heridos.
Se alejó rápidamente en cuestión de minutos ya ni siquiera quedaba el polvo del automóvil, me quede sentado en el viejo sofá pensado en las cosas que dijo. Odiaba admitirlo pero tenía razón en muchas cosas sobre todo en el hecho de que era yo quien debía de terminar esa situación, ¿qué derecho tengo para arrastrarla a mis más profundos infiernos?
La vida regreso a la normalidad en la cabaña, Soos reparando las cosas le alegro ver que ni nos asesinamos mutuamente ni tampoco la casa exploto, cosa que estando ebrios por un momento paso cuando decidió mostrarme algunas reacciones químicas que había descubierto en su viaje a Rusia. Sobre todo me alegro poder de nuevo estar a solas con ella, me dio la sorpresa que ya todo estaba arreglado gracias a una de sus amigas, parecía algo demasiado fácil pero no quise indagar mucho al respecto ya que cuando ella preguntó de lo que habían hablado los clásicos gemelos Pines tuve que inventar algo.
Todo se encontraba arreglado al día siguiente comenzaría el viaje de una semana a Nueva York, no podía despejar mis dudad al respecto sobre todo si nos sorprendían, incluso en algunas ocasiones imaginaba como Dan llagaba y me rompía la cara. Sin embargo mi lógica más primitiva, es más mi sentido común me decía que era ahora o nunca que esta sería la última oportunidad de sentirme de esa forma, al final acalle mis miedos y continúe.
Por ella el mundo y yo mismo podríamos arder en llamas hasta consumirnos en su totalidad.
Revisaba por última vez el automóvil, metí la maleta en la cajuela, revise que todo estuviera cerrado de todas maneras por si acaso Soos tenía mi número y un juego de llaves adicionales de la cabaña. La vi desde lo lejos, tranquila, quieta casi gatuna, tomaba demasiado enserio eso de que nadie la viera, creo que ese chico me contagia su paranoico sentido del cuidado además Gravity Falls no se destaca por tener a los habitantes más "suspicaces del mundo". Le dije que guardara sus cosas, nos besamos tiernamente, subimos al coche y el viaje inicio.
Oregón y sus paisajes boscosos poco a poco se fueron quedando atrás, esperaba que fuera un viaje de alrededor de nueve horas, tal vez de un poco más porque sabía que nos detendríamos algunas veces, en efecto nos detuvimos a ver y conocer ciertos lugares. Wendy reía de las cosas que le decía, no podía creer que tenía una anécdota de cada estado que atravesamos, a mitad del camino nos detuvimos en uno de esos restaurantes de época. Comimos seguimos riendo e incluso nos besamos, todo estaba bien hasta que note que varios de los clientes se nos quedaban mirando, lo último que deseaba era tener problemas y que este viaje terminara más rápido de lo imaginado. Le dije es hora de continuar, pague y salimos rápidamente, pudimos escuchar a la gente murmurar, era obvia que nuestra diferencia de edad y no pasaría desapercibida. Antes de marcharnos vimos a unas mujeres cuchicheando y señalándonos, mientras arrancaba el auto Wendy les hizo un gesto con el dedo medio lo cual me hizo reír.
-¡Estás loca! –dije riendo.
-No, sólo que no me gusto su actitud y cara de amargura –contestó también riendo. –Espero no volverme una anciana amargada.
-Más bien serás un excéntrica mujer viviendo en una casa en medio de la nada –dije sin dejar de reír.
-Me describes a mí en un futuro o a ti actualmente, jajajaja mejor aún eso insinúa que me heredaras la cabaña ¿eh? –continuaba diciendo mientras reía.
-Tal vez, ¿quién sabe? Sólo espero que no te asusten todas mis cosas de anciano –mi voz no ocultaba mi felicidad, la felicidad que me hacía sentir esa pecosa.
-Yo AMO todo de ti Stan eso incluye tu raras cosas de anciano –respondió sonriéndome.
El recorrido continúo sin mucho contratiempo, nos dividimos el viaje por tramos en los cuales cada uno conduciría, yo le daba indicaciones pero ella decía que con el GPS de su móvil no nos perderíamos. Cuando llegamos al hotel eran casi las ocho de la noche, fuimos directamente a la habitación ya que había reservado, nadie nos miró con curiosidad, ni siquiera el empleado de la recepción lo cual fue agradable. La habitación era doble aunque con camas matrimoniales, de tal manera lo que se podía pensar o pasar por la fachada de ser padre e hija, aunque tal vez a nadie le importaba nuestra existencia en esa gran ciudad.
-¿Qué te parece pecosa? –le pregunte.
-Muy lindo lugar, aunque veo que usaremos dos camas. –dijo dejándose caer en una.
-Eso es un detalle sin importancia, ¿quieres salir a cenar? –dije además de preguntarle si deseaba salir.
-La verdad es que no, preferiría bañarme y cenar aquí – respondió estirándose sobre la cama.
-Perfecto, ordenare algo a la habitación mientras te duchas –al decir esto comencé a marcar.
Saco su ropa y de fue al baño, escuche como el agua empezaba a caer, le grite que era lo que deseaba cenar sólo respondió que lo que fuera estaría bien. Termine ordenando dos cortes de carne y una botella de vino, mientras se bañaba saque también mi ropa y me puse a ver la televisión. Sentía como el ritmo de mi corazón se aceleraba detrás de esa puerta estaba la joven por la cual me arriesgaba a esta locura, esperaba poder experimentar nuestro amor sin restricciones, sin ataduras, sin sociedad, sin moralidad, sin que nadie nos juzgara, sin edad, sin miedo, sin familia, sin nombres, solo ella y yo dentro de esa habitación.
Salió del baño mientras veía televisión, no lo puede evitar me le quede viendo fijamente hasta que dijo.
-¿Qué tanto ve Señor Misterio?
-Lo maravillosa que eres –respondí de inmediato, se veía dulce, tranquila, tan joven cosa que me gustaba y molestaba al mismo tiempo.
-Sólo llevo una playera y un short, no es nada del otro mundo. –Dijo avergonzada, ella era con cualquier cosa hermosa bueno únicamente su desnudes superaba sus atuendos.
-Así luces perfecta, bueno es mi turno. Por favor recibe la comida no creo que tarde mucho en llegar –dije tomado mi ropa.
Dentro de la ducha no podía dejar de sorprenderme la facilidad con la que le decía las cosas, en mi juventud recordé lo mucho que tarde en confesarle mi amor a Carla valió la pena claro está pero al final eso no termino nada bien, recordé ese otro amor que también era tan ilógico como el de Wendy que finalizo horriblemente mal. Al parecer todo lo que quería no se podía, no cabe duda soy fanático de lo prohibido.*
Al salir del baño pude ver que había acomodado la pequeña mesa de la habitación de tal manera que se viera elegante, había transformado aquello en una pequeña cena romántica, me sentí tonto por estar en pijama y playera blanca. Todo parecía ideal incluso nuestras ropas comunes, nada elegantes, nada que ver con una cena elaborada de las que se veían en televisión, nada fingido. De eso trataba este viaje, la oportunidad de ser nosotros dos y nada más, sin simular apariencias, sin dar respuestas a los demás, ser entre cuatro paredes libres, de ser Wendy y Stan nadie más.
Comimos, fue un fino corte de carne para cada uno, acompañado con una copa de vino para finalizar con un puro, sonreí cuando tosiste después de unas cuantas caladas me dijiste que cómo era posible que eso fuera más fuerte que la mariguana, muy sencillo respondí, es porque son una auténtica delicia cubana y lo que ustedes fuman muy probablemente sale de un invernadero de porquería. Seguimos hablando, te gusta escuchar mis historias y por supuesto yo adoro contártelas, eres una gran escucha, me fascina tu cara de sorpresa, me encanta que seas tan tú. También disfruto de tus locuras de adolescente como perforarle la ceja a tu amigo sin anestesia, a los dieciocho me gustaba iniciar una que otra pelea nunca imagine que ahora los jóvenes disfrutaran haciéndose daño a sí mismos. Las horas pasan y es hora de ir a dormir, son casi las doce de la noche, te noto inquieta no dejas de mirar el reloj, entiendo tu angustia pero en esta noche nada nos molestara, será nuestra. Dejo mis lentes en la mesa y me acuesto, hago un pequeño gesto para que me acompañes, hay dos camas pero es obvio que compartiremos una todas las noches. Regulas la luz, ahora es una tenue y delicada iridiscencia la que nos envuelve, entras a la cama e inmediatamente te envuelvo en mis brazos.
No decimos nada solo nos besamos, besos dulces y delicados que poco a poco elevan su intensidad hasta volverse pasionales y desenfrenados. Caricias suaves que recorren nuestros cuerpos, transitar una vez más los senderos de la piel, elevar la temperatura, el entrecortar la respiración, el arrancarnos la ropa porque nos estorba. Mirarnos totalmente desnudos, el ya no necesitar las palabras entre nosotros, mis labios recorren su ser, ella es tan suave, tan delicada, tan exquisita, me detengo cuando deseo degustar algo, mi lengua se dedica a saborearla hasta hacerla estremecer, estoy sobre su vientre lo beso mientras mis manos acarician sus piernas, sabe perfectamente a donde me dirijo. Sé que excita intensamente el sentir mi rasposa barbilla sobre su carne más íntima, separó sus piernas y comienzo, sonare pretencioso pero tengo una técnica insuperable nunca fui un amante egoísta siempre regrese el placer que me dieron. Mi boca, mi lengua, mis manos, mis dedos saben perfectamente que lugares tocar, que sitios estimular, cada punto que la hace estallar.
Quiero que cada caricia, que cada toque, la lleve a un lugar que todavía no conozca de sí misma, de su cuerpo, de sus sensaciones, de cada fibra, de cada conexión nerviosa y que se funda, el que deje que sus sonidos más primitivos salgan de su garganta, que sus inhibiciones desaparecen, que su cuerpo no se pueda contener, en pocas palabras que llegue a lo que los franceses llaman "la petit mort".
Sonrió porque terminó en mi boca, veo que mira como me limpio los labios, sabe que me excita verla de esa manera tan fuera de sí. Dejo que se componga un poco, sus ojos se quedan fijamente en los míos y comienza a sonreír, todavía con la respiración entre cortada viene a mí, me besa frenéticamente, es un beso con su propio sabor en los labios, hace que me siente en la orilla de la cama, deja que mis manos recorran su cuerpo desnudo una vez más. De nuevo me besa y desciende lentamente, baja por mi cuello, mi pecho, mi estómago, dejo escapar unos gruñidos de placer, sus labios son tan suaves. Esta de rodillas frente a mí, utiliza su cara más suplicante, se muerde el labio inferior, lo toma con ambas manos, me miro a los ojos y pregunta.
-¿Puedo? –dice melosamente.
Esa visión va más allá de lo que cualquier mortal podría soportar, era el ver a un ángel deseoso del paraíso y quién soy para negárselo, simplemente digo -Es todo tuyo –y me dejo caer en la cama.
No me importa saber de dónde has sacado la experiencia o es que te he llevado a lugares insospechados, pero por ahora sólo me dedicare a disfrutar las preguntas pueden esperar. Utiliza su lengua y viajas de abajo hacia arriba, yo dejo que todo lo que tenga que salir comience a fluir, no puedo dejar evitar sonrojarme al verte reír maliciosamente y darme cuenta de lo mucho que disfrutas hacer esto. Acaricias la base sin parar de lamerlo, mis gemidos llenos de excitación te emocionan, lo haces con más ánimo, puedo sentir tu boca, tus movimientos son sutiles y consistentes, después envuelves la punta con tu lengua y saboreas más de mi esencia, el verte y escucharte me estremecen casi al límite. Bajas para darle un poco de atención a las otras partes de mi más esencial anatomía, tu boca gustosa no se inhibe, recuerdo la primera vez que te pedí que lo hicieras por un instante me miraste con curiosidad, esperaba un "no" por repuesta pero al final solamente contestaste si, te dije que yo te iría guiando pero al parecer es algo que has aprendido a la perfección. Mientras te deleitabas con las partes más al sur de mi cuerpo tus manos no dejaban de acariciarme, la palpitación era cada vez más rápida, también los espasmos, el movimiento de mi cadera era involuntario, me tenías entre tus dedos. Los minutos transcurrían lentos y líquidos, me esforzaba por no terminar prematuramente mientras seguías en tu labor, de nueva cuenta estaba dentro de tu boca, siempre fui atento y entre mis gruñidos cargados de excitación quise decirle que pronto terminaría, claro que imagino que eso ya lo sabia. Me descargue en tu boca, lo tragaste como otras muchas veces, levantaste la mirada y encontraste mis ojos fijos en ti, excitados porque sabias que me enloquecía que hicieras eso.
Te levante en brazos, sabia perfectamente a donde iba, donde continuaríamos nuestro exquisito deleite sexual, te recargue contra el vidrio de la puerta del balcón, cuando sentiste el frío contra tus senos note como tu cuerpo se estremeció. Entre sin alguna consideración dejándome llevar por el deseo, cada embate era profundo y constante, tus gemidos más altos y agudos, ni mi nombre podías decir lo cual sólo me excitaba más. Sin que me diera cuenta estiraste tu mano y de un fuerte tirón la persiana se había recorrido, ahora los dos estábamos expuestos en ese acto tan íntimo y que al mismo tiempo era tan básico y primordial, aquello resultaba jodidamente genial. Las luces de los distintos edificios titilaban, los ruidos de los autos, del incesante movimiento, de las sirenas, las historias que en ese instante se escribían eran muchas pero en nuestro diminuto universo únicamente existíamos tú y yo. Te di la vuelta ahora el combate era frente a frente, mi cuerpo es grande en comparación al tuyo, pero enredaste tus piernas a mi cintura, las embestidas eran más rápidas y profundas, los besos intensos y magníficos, arañabas mi espalda por el goce desenfrenado del momento. Respiración agitada, cuerpo vibrante de excitación y deseo, pensamiento desarticulado, esa sensación electrificada que comenzaba el la punta de los pies y recorría todo el cuerpo, para simplemente escuchar un te amo al mismo tiempo que terminaba dentro de ti.
La noche se prolongo entre besos, orgasmos y caricias además de no dejar sin utilizar algún sitio o mueble de la habitación, al final regresamos a la cama donde todo inicio. No había palabras innecesarias sólo nos abrazábamos, acariciaba tu cabello, mi pecho aun se movía agitado, pero te gustaba tener la cabeza sobre él. Te miraba y deseaba encontrar el coraje para decirte que esto no estaba bien, que lo teníamos que terminar, que sobre todo era una horrible persona por hacerte esto ya que no tenía derecho de hacerlo. Que encontrarías a alguien que te amara mucho más que yo, que además te podría ofrecer un futuro, que simplemente te pudiera hacer una promesa y cumplirla, que jamás te mentiría como lo hacía yo. Voltee a verte y ya dormías, el mirarte ahí entre mis brazos basto para que toda lógica, todo razonamiento se fuera a la mierda, no importaba que el universo se destruyera, que mi vida se extinguiera, por ahora sólo deseaba dormir contigo en mi regazo.
Al final ese hombre maduro no pudo alejar del todo la culpa pero tampoco dijo ninguna palabra, sin darse cuenta se quedó dormido abrazando a la pelirroja que aseguraba amar, ahí aun entre sus sueños existía la duda, el miedo, y la asquerosa realidad. Sin embargo por un breve instante se dejó llevar, arrastrarse por es pequeño viaje de imposibilidad deseando que este no terminara jamás, el Señor Misterio hizo lo que por mucho tiempo no se permitió, se dejó soñar, soñar con ella una eternidad aunque sabía que tarde o temprano tenía que despertar…
FIN
Notas del autor:
Gracias, muchas gracias si has llegado hasta este punto, déjame felicitarte mi querido lector porque acabaste de leer 23 paginas si como lo ves 23 páginas de Word en Calibri al once, además de que fueron 11,597 palabras cuando inicie este capítulo no tenía la intención de que fuera tan largo sin embargo la trama así lo requirió ya que fertiliza el suelo para su final.
Este episodio está dedicado a alejandro2404921 que en efecto acertó que la frase que le dedico Wendy a Stan era de la siempre genial Frida Kahlo.
La pregunta de este capítulo es de qué escritor es la frase que usa están sobre lo prohibido, si bien no está de manera literal sino más bien parafraseada. Una pista es uruguayo, y en lo personal uno de sus cuentos fue el que me metió al mundo de la escritura.
Lo que más disfrute de este fic fueron las conversaciones tanto de Wendy con Tambry, sobre todo porque puede profundizar en su amistad la cual será vital en el final.
En el caso de los Pines, me gusto hablar de su relación tengo la intención de escribir sobre ellos dos pero por ahora me hacen falta elementos. No quise mostrarlos tan unidos como Dipper y Mabel ya que como lo dije "algo" entre ellos se rompió por lo que aunque se amen no es fácil recuperar su relación del todo. He de confesar que por un momento mientras bebían quise escribir un poco de Stancest pero mi fic no trata de eso, bueno ya tendré tiempo para explayarme en otro.
*Iluminati: esto lo utilice porque como ya sabrán a Hirsch lo acusan de serlo, creo que él aprovecha para darle cierta publicidad oscura a su serie. Es tan genial.
*Robert: en muchoooooooos de lo fics que he leído siempre bautizan al padre de los gemelos como Alex obviamente por su creador, en lo personal no me suena a un nombre muy paternal por lo que decidí usar Robert porque el nombre completo de Hirsch es Alexander Robert Hirsch.
En estos días no me sentí muy bien que digamos pero el preview del capítulo de "A Tale of Two Stans" me revivió, porque bueno mi teoría se comprueba, es decir, el cambio de identidades o sea el Tío Stan que tanto amamos es Stanley y el creador de los diarios es Stanford jajaja eso me hizo dar un grito por ahí de las tres de la mañana (hora en la que veía el video). Los motivos de su cambio a mí me parecen bastantes obvios pero esperare a que sean revelados este trece de julio, mi otra parte de la teoría es que el abuelo de los gemelos es el Tío Stan/Stanley cruzo lo dedos para que así sea además estoy segura que el verdadero "enemigo" aun no es revelado porque estoy 100% segura que no es Bill.
En datos relacionados con el capítulo este durara media hora sin cortes comerciales, cosa que en lo personal me asusta un poco porque siempre está la posibilidad de que quieran abarcar mucho en un sólo episodio y este termine quedándose corto. Bueno eso ya se revelara pronto.
En mi costumbre de invitarlos a que me cuenten algo diré que me hacen muy feliz sus peticiones y las cumpliré todas, que he de decir que son un Wendip y varios Dipcifica lo que le lleva a lo siguiente en los fandoms siempre encontraremos cosas que nos gusten. En GF hay muchos seguidores del pinecest (como yo) y también muchos detractores por lo que les diré que no me gusta del fandom de GF.
El Bipper o el Mabil: en qué sentido no me gusta, no en el literal que es poseer un cuerpo creo que desde ahí hay mucho potencial. En el sentido romántico se me hace horrible ya que desde mis parámetros y entendimiento del personaje de Bill Cipher que es un demonio ancestral, un demonio de los sueños en serio que no entiendo porque mierda desearía un cuerpo "físico" para terminar enamorado de Dipper o Mabel. Además de que cuando lo relacionan con Dipper en mucho de los fics lo vuelven un maldito estereotipo de homosexual cosa que también pasa con el castaño, en fin yo pienso que si quiera un cuerpo seria para torturarlo o lastimar a alguien más. Bueno esa es mi impresión muy personal.
El Dipcifica: por qué no me gusta tan linda pareja, bueno simplemente porque es lo más jodidamente obvio de relaciones de puede existir, no le veo nada de original, de hecho odie a Hirsch cuando lo hizo algo legitimo dentro de la serie. Es el clásico de niñ mal que cambia y termina enamorad del genial, bueno e introvertido protagonista, además de que invade el fandom y pues todas las historias se parecen.
Pero no se preocupen aquellos que me pidieron el Dipcifica lo escribiré porque pese a todo es una pareja que puedo soportar, sólo que me tomare mi tiempo para escribir de ellos de una forma que me parezca original.
Sé que no es de este fandom pero cosa que no soporto para nada, de hecho hace que mis ojos sangren y vomite es el Pan x Trunks, lo odio con todo mi jodido corazón. Bueno porque una de mis más viejas obsesiones es Dragón Ball (de hecho hace un par de horas vi el primer capítulo de DB Super) casi 20 años con ella, por mucho tiempo fui otaku ahora ya no lo soy porque creo (arriesgándome a sonar tan vieja como Stan) que el Anime de ahora es una porquería, que es todo menos original pero bueno esa es harina de otro costal.
Entonces los invito a que me cuenten que cosas nos les gustan del fandom de GF o de cualquier otro y el porque.
"GRACIAS POR LEER Y ESPERO SUS COMENTARIOS"
