TODOS LOS DERECHOS DE LOS PERSONAJES LE PERTENECEN A SU CREADOR EL GUAPÍSIMO Y SENSUAL ALEX HIRSCH

Este es la antesala del final de una historia de amor protagonizada por un increíblemente interesante hombre mayor y una joven que a pesar de su edad sabe más de la vida de lo que aparenta, escrita por una persona que ama el romance pero odia los finales cursis, no, no voy a matar nadie, sino algo peor.

CAPÍTULO VI: CAMINO (parte A)

Esa semana fue tan corta, tan breve, tan nimia, tan fugaz y al mismo tiempo se trasformaba en algo infinito, que no podía ser capturado en una sola palabra, en una experiencia que por siempre tendría un lugar en mi mente, una pequeña marca imborrable en mi corazón, eso era y serían para mi esos pocos días. Visitamos muchos de los más bellos lugares de Nueva York, jugueteamos por Times Square, recorrimos en carreta el Central Park, Stan estuvo fascinado ante la idea de todo el efectivo que se manejaba en las calles de Wall Street, caminamos tomados de la mano en High Line, ahí observamos el atardecer, nos sentimos rodeados por ese cálida luz anaranjada, un pequeño milagro que tenía la promesa de volver al día siguiente.

-Incluso lo más maravilloso, en algún momento tiene que extinguirse –dijo mientras observaba el horizonte.

No supe bien cómo interpretar sus palabras, pero me dolieron, lastimaron ese instante en el que nos encontrábamos. Quise decirle que no me importaba que le tiempo que tuviéramos fuera un año, diez o incluso más, para mi cada experiencia valía la pena. Que cada una de sus palabras, de sus caricias, de sus besos, incluso cada parte de su cuerpo, se habían convertido en un tesoro que guardaría el resto de mi vida en el pecho.

-Por ahora únicamente tenemos el presente, y es lo que importa –respondí para después besar sus labios.

Él sonrió, continuo besándome a la par que me abrazaba. – Tienes razón, eso es lo único que importa ahora –me dijo al oído.

Seguimos caminando un rato más sin decir ninguna palabra, simplemente me fascinaba sentir su calor a través de nuestros dedos entrelazados.

El día anterior antes de partir era mi cumpleaños, mi regalo sería una linda cena en un elegante restaurante y una pequeña sorpresa. Me sonroje porque no había empacado nada para una ocasión como esa, se rio de mí, fruncí los labios y el ceño ante su repuesta, no creo que los jeans así como una blusa a cuadros sean la mejor opción para ir al restaurante.

-Eso no es un problema, es más tiene una fácil solución. Agarra tu chaqueta, ¡Vamos de compras! –dijo mientras se levantaba de la mesa del pequeño café donde estábamos.

Stan no era precisamente la persona más dadivosa del mundo, bueno al menos eso le gustaba aparentar. Desde que los gemelos comenzaron a ir cada verano era él quien corría con los gastos, aunque siempre les dijera que no estaba hecho de billetes, incluso tenía dinero ahorrado para la universidad de estos, claro eso ninguno de los dos lo sabía. Les compraba las cosas que deseaban cómo el telescopio de Mabel o ese loco libro escrito en sanscrito que tanto quería Dipper, no les decía si gasto dinero o lo consiguió de "otra" manera, casi siempre les decía aprovéchenlo antes de que me arrepienta.

Deje escapar una leve risa porque justamente pensaba eso cuando lo dijo. –Aprovecha antes de que me arrepienta Wendy.

Lo tome de la mano, le sonríe. –Muy bien, entonces ¡vámonos de compras!

Recorrimos la Quinta Avenida, las distintas tiendas que esta alberga, en busca de ese vestido que me hiciera verme especial, al menos eso era lo que yo imaginaba. Sabía que él había empacado un smoking negro de tres piezas, quería algo que hiciera juego con este, después de una docena de tiendas lo encontré, era un vestido negro satinado de Swing con tirantes muy finos, pecho drapeado, fajín ancho con lazo en la espalda y amplio vuelo, en un estilo vintage inconfundible.

Salí del probador y le pregunte. -¿Qué te parece?

-Parece haber sido hecho para ti –respondió mirándome de arriba abajo.

-¡Creo que debí de nacer en otra época! –dije mirándome al espejo.

-Sin duda, ahora tú tendrías ochenta años. Bueno tal vez eso sería menos raro, ¡serias toda una pantera! Decía mientras dejaba escapar una risita.

También reí, cuando tenía quince los tres años que me separaban de Dipper parecían una inmensidad, ahora al estar del otro lado las décadas que me alejan de Stan sólo son un suspiro.

Pago el vestido y los demás accesorios, no soy muy buena caminando en tacones pero haría el intento. La empleada, me dio las bolsas y dijo:

-Tienes un papá muy generoso.

Por un instante pensé en decirle que no era mi padre, pero qué ganaría con eso, tal vez únicamente un gesto de desaprobación, una mirada de incredulidad, o como en otras ocasiones sólo un silencio incómodo.

-Él es maravilloso –fue todo lo que conteste.

Esa noche nos volvimos a entregar a la pasión, al cuerpo, a las caricias pero sobre todo al amor. Llenarnos de esa sensación de plenitud, de confundirse con el otro y transformarse en uno solo, y no querer que ese momento termine sino que continúe para poder seguir gozando esas sensaciones, tan placenteras, tan eróticas, tan únicas, tan inconfundibles, tan irrepetibles, tan nuestras. Conseguir ese acto nacido de la imaginación, de mis sueños e ilusiones más profundas, de mis pensamientos más originales, de mis sentimientos más osados, de todo lo que me provocaba Stan Pines.

A la mañana siguiente volvimos a pasear por esas gigantescas calles, llenas de gente tan común como tan estrambótica. Fotografiaba cada cosa que me gustara con mi móvil, lo malo es que la persona que más me gustaba no me dejaba hacerlo, me decía que aquí no había ningún problema si nos "expresábamos" de vez en cuando nuestro amor pero si alguien de Gravity Falls veía esas fotos no sería algo que aun con los argumentos más convincentes pudiera ser explicado. Así que no me quedo de otra más que seguir su consejo, pero sin que lo notara le saque algunas sobre todo cuando dormía a mi lado.

Sabía que esa seria nuestra última noche ahí, las últimas horas donde no era necesario escondernos de los demás, dejaríamos de ser únicamente él y yo, volveríamos al juego del jefe y la empleada, eso me hizo suspirar una incontable cantidad de veces. La reservación para la cena era a las 9 de noche, así que tuve tiempo el tiempo justo para arreglarme, de hecho creo que utiliza más de la cuenta. Me maquille cosa que a decir verdad rara vez hacía, simplemente un delineado cat eye así como un labial rojo, peine mi cabello hacía arriba emulando un estilo de la época en la que estaba inspirado el vestido sujetado por una horquilla, pensé benditos tutoriales de internet.*

Mire el celular faltaban cuarenta y cinco minutos para la hora acordada, tiempo justo para estar unos minutos a solas para después ir a cenar. Salí del baño, él me esperaba sentado en el sofá leyendo uno de los tantos libros que le obsequia Mabel.

-¿Qué te parece? –pregunte un tanto insegura, a decir verdad no me sentía tan cómoda como hubiese querido, sobre todo al usar zapatos altos.

Él me miró con detenimiento, sentí como repasó cada parte de mi cuerpo, esto me hacía sonrojar, no podía dejar de emocionarme con la mirada tan intensa, tan apasionada, tan única, tan misteriosa con la que Stan me solía mirar además sonreía con cierta satisfacción. Cerro el libro y fue hacia mí, se veía tan atractivo en ese smoking de tres piezas, peinado a la perfección, sin su fez aunque a mí me gustaba no lo había usado en todo el viaje, con una corbata de color rojo carmesí además de esa colonia de cedros que tanto me fascinaba.

Me sujeto de la cintura, comenzó a besarme de esa forma tan apasionada que tiene la virtud de enloquecerme.

-Maravillosa, simplemente maravillosa –me decía –fantásticamente irónica porque lo único que deseo en este instante es arrancarte la ropa.

-Bobo –conteste para volverlo a besar.

Entre sus labios, entre sus besos, poco o casi nada importaba, lentamente incluso olvidada respirar, sentía como un poco de mi vida se me escapaba a través de su aliento y al mismo tiempo me daba un poco de la suya.

-Bueno es hora de marcharnos –decía mientras ambos recuperábamos el aliento.

Antes de salir de la habitación los dos nos detuvimos frente al espejo que adornaba la pared, él se limpió los restos de mi labial rojo, al mismo tiempo yo lo retocaba. Fue algo que nos dio risa a los dos, ninguno podía ser considerado alguien al que le importara su apariencia física en exceso.

Durante el trayecto a la entrada del Hotel camine sujetándolo del brazo, también recordé lo que le había querido decir hace un rato.

-Stan luces sumamente atractivo –dije mientras me apretaba contra él.

-¿En serio lo crees? –pregunto.

-Claro, eres un hombre increíblemente atractivo –solté un risita.

-Lástima que también sea un hombre tan viejo –dijo Stan.

-Eso a mí no me importa, yo lo amo tal y como es usted Señor Misterio. Sonreí al decir esto.

Subimos al taxi, mientras llegábamos al restaurante nos besábamos, el conductor nos miró con cierta curiosidad. Sin embargo eso a ninguno le importo, el tiempo que nos quedaba era breve y no valía la pena perderlo en cosas tontas como esas.

Sin duda aquel era un lugar elegante, con una mirada espectacular de la ciudad, ahora cada vez que viera el cielo con sus infinitas estrellas pensaría en esta maravillosa ciudad y sus miles de luces, y sobre todo en lo que viví en ella.

Platicamos un rato, después cenamos con toda calma, disfrutando cada bocado, cada sorbo de la copa, incluso deleitarnos con las palabras y la miradas que intercambiábamos. El lugar tenía un pequeña pista de baile, comenzó a tocar una pequeña banda, sin duda era música de antaño, no pude recocerla bien, sin embargo por un momento me recordó a aquella que ponía mamá durante su aniversario, esas fueron de las pocas veces en que vi a mi padre en su "modo" romántico.

-¿Bailamos? –pregunto mientras estiraba su mano.

-Por supuesto –conteste sujetándolo.

Nos dejamos llevar por el ritmo, a veces era alegre y movido, otras más simple y acompasado, otras más lento y cadencioso.

-¡Vaya que lo haces bien! –me dijo.

-Tú también era muy bueno –conteste.

-¿Dónde has aprendido a bailar? Nunca me imaginé que fueras tan buena bailarina –decía mientras me daba una voltereta.

-Te confesare el más grande secreto de Dan Corduroy, es un magnifico bailarín –le dije.

-¡Nunca lo hubiera imaginado! –contesto sinceramente impactado.

-Sí, mis padres solían bailar cuando creían que ninguno de nosotros los veía. Después lo de mi mamá le pedí a mi papá que me enseñara.

-Lo siento, no quería que recordaras algo doloroso el día de tu cumpleaños –decía mientras sujetaba mi cintura y seguíamos bailando.

-No es algo doloroso, ni remotamente triste, era algo que ellos amaban hacer, y ahora es algo que comparto con mi padre. Eso era verdad, era de esas pocas cosas que compartía con mi padre, que además me recordaban a mí madre, aunque sólo unos pocos lo supieran realmente me gustaba bailar.

-No cabe duda que eres maravillosa, yo a tu edad digamos que me metía en muchos problemas –dijo riendo.

-Eso ya no importa, por ahora lo que más deseo es seguir bailando contigo –lo besé con dulzura.

Continuamos bailando, me sujetaba de la cintura con una mano, con la otra sostenía una de las mías, mientras yo lo agarraba suavemente del hombro, recargaba mi cabeza contra su pecho, nos deslizábamos con la música romántica y tranquila. Cada nota musical, cada movimiento, cada paso parecían contar nuestra historia de amor, de este amor tan extraño, tan misterioso, tan mágico, de esto que tanto me asustaba que se acabara. Al pensar esto instintivamente apreté su hombro y me hundí en su pecho.

-¿Estas bien? –me pregunto.

-Sí, fue algo sin importancia – le conteste.

Bailamos un rato más, después fuimos a la mesa ya que era mi cumpleaños no podía faltar un pastel. Habíamos ordenado una pequeña tartaleta de fresas la cual era mi favorita, el mesero le puso una pequeña velita, todo iba estupendo nos interrumpieron una vez pero nada que valga la pena recordar.

-Bueno pecosa pide un deseo –dijo sonriendo.

-La verdad no sé qué pedir, tengo todo lo que quería para mi cumpleaños. Sobre todo estoy con la persona que más deseaba estar –cuando dije esto él se sonrojo.

Soplé la velita, realmente esperaba que aquello se volviera realidad. No sería fácil pero haría todo lo posible para que pasara.

-Es hora de que abras tu regalo –sacó una pequeña caja de su traje. –Espero que te guste. ¡Feliz cumpleaños!

La abrí, era una brújula, se podía ver su antigüedad, estaba tallada finamente, además de tener una cadenita de oro para sujetarla. Al verla con atención note que no apuntaba hacia el norte.

-¿Hacia dónde apunta? -pregunte sumamente interesada.

-Esa brújula me la regalo mi nerd hermano antes de que nos dejáramos de ver por diez años, a veces nos encontrábamos de manera intermitente. En esos días me dijo que me llevaría al lugar donde había encontrado por así llamarlo un "hogar", que después también se convirtió en el mío, sabes que esa historia se complicó mucho más de lo imaginado además de que aún no termina. -Tomó mi mano y continuo diciendo – cuando te encuentres lejos y extrañes a los que te aman, cuando no sepas hacia dónde dirigirte, cuando dudes de tu camino, cuando necesites recordar tu hogar, mira esa pequeña brújula que siempre te mostrara la dirección hacia Gravity Falls.*

Unas pequeñas lágrimas surcaron mi rostro, me sentí tonta ya que en su cumpleaños le regale una navaja suiza y ahora él me daba algo tan hermoso, bellamente significativo, tal profundo y pensado, ese era el Stan al que tanto amaba, el que siempre me sorprendía y al que no terminaba de conocer. Casi me subí a la mesa para poder abrazarlo.

-¡Muchas gracias! –dije mientras lo llenaba de besos.

-De nada –decía limpiando mis lágrimas con su mano.

La noche siguió avanzando, comimos el postre, nos perdimos por varios minutos solamente mirándonos a los ojos, sumergidos en un silencio reconfortante. Nos fuimos del restaurante después de medianoche, antes de regresar al hotel caminamos tomados de la mano, comenzó a hacer un poco de frio por lo que me dio su saco. No podía creer como incluso las palabras a veces eran innecesarias entre nosotros, cuando nos besamos en medio de esa todavía transitada calle supe que no podía esperar más. Nos resultó obvio que nuestra última noche de amor en Nueva York fuera donde había iniciado, en esa hermosa habitación, no faltaron los lugares excitantes para hacerlo como el jardín botánico, los probadores de algunas tiendas, el baño de ciertos restaurantes, las escaleras de emergencia del teatro y varios elevadores. Pero ese encuentro exigía calma, tiempo para dedicarnos el uno al otro, estar ahí los dos uno para el otro y nada más.

Mientras subía el elevador que nos llevaría a nuestra habitación, nos dejábamos consumir a través de nuestros labios, lo bueno es que por la hora no lo utilizaba nadie más. Estábamos una vez más en esa libertad que nos otorgaban esas cuatro paredes, colgué su saco en la percha, él se servía un trago, eso me causaba risa lo hacía siempre antes de estar juntos, pareciera que quisiera darse valor para lo que haríamos, lo tome de las manos y lo guie hasta la cama.

Estaba por quitarme el vestido cuando dijo. –Déjame hacerlo.

Se puso detrás de mí, primero me saco la horquilla que sujetaba mi pelo, este cayo suavemente, lo hizo a un lado lentamente, beso mi nuca y mi cuello, bajo gentilmente el cierre del vestido, poco a poco lo fue deslizando por mi mis hombros, también comenzó a besarlos incluso les dio pequeñas mordidas, continuo bajándolo hasta mi cintura, acaricio mi espalda, sus labios también la surcaron, ahora la prenda se encontraba en mi cadera de ahí la gravedad hizo lo suyo y cayo. Llevaba un sensual conjunto negro de encaje además de un ligero y medias de red, recorrió mi cuerpo con sus manos, mis labios, mis senos, mi estómago, mis caderas, mis nalgas, mi pubis, mis piernas, todo lo que era mío. Me sentó en la cama para zafarme los zapatos, estaba ahí arrodillado frente a mí, mirándome con ese profundo deseo que nunca creí poderle inspirar a alguien, se acercó para besarme, sus hábiles manos desabrocharon mi bra, después bajaron para quitarme la ropa interior para únicamente dejar el ligero. Me gustaba estar desnuda para él, sentía que con él todo era natural, no debía fingir, podía ser yo, quise levantarme para hacer lo mismo con Stan pero en mi mente surgió algo mejor.

-Desnúdate para mí –le dije.

No dijo nada sólo levanto los hombros en señal de aprobación, primero se quitó su corbata carmesí, después el chaleco botón por botón, lo lanzó al sillón, después la camisa, estaba simplemente en su camiseta blanca, se desabrocho sus pantalones, le dijo también adiós a estos y a sus zapatos. Lentamente se deshizo de la playera, únicamente quedaba el bóxer, ahora podía ver su palpitante excitación en toda su magnitud, era yo quien lo necesitaba vorazmente en ese momento, lo quería para mí y ya no estaba dispuesta a esperar. Lo arrastre hasta la cama, nos fundimos en un abrazo lleno de caricias, para disfrutar del aumento en la temperatura de nuestros cuerpos, de la sensación de la piel al hacer contacto, de los labios que parecían morir en ansias por encontrarse unidos, esa pequeña batalla de lenguas que no paraba hasta perder el aliento.

Cada caricia de sus manos hacia arder mi piel, su tacto arrebata mis inhibiciones, elevaba mi pasión a lugares insospechados. Le pedí que lo hiciera, aquella espera por ser uno no podía ser prolongada, lo hizo, se tomó su tiempo para marcar el ritmo, solía ser un poco rudo pero ahora existía cierta delicadeza en sus movimientos, en su roce, su dedos estimulando otro punto exacto de mi íntima anatomía, únicamente podía aferrarme a él, a su espalda, a sus labios en un vano afán de controlar mi excitación y mis gemidos. Lo sujete fuertemente con mis piernas, quería maximizar esa desbordante sensación, sus embestidas se volvieron más fuertes y rápidas llegando profundamente en mi interior, el placer de su boca en mi pecho, de la mía en su cuello y labios, de la proximidad de la realización. Esa emoción que tiene que ver con lo que sentimos, pero también con el amar, con el confiar y entregarse, es ver, tocar, escuchar y al mismo tiempo olvidarlo todo. Es dejar de ser por un instante…

Nuestras respiraciones todavía luchaban por controlarse, seguimos en esa posición, no queríamos deshacer nuestra intima unión. Me abrazo, bueno más bien nos abrazamos y continuamos besándonos, pero fueron las palabras que llegaron a mis oídos las que me sorprendieron.

-Wendy, quisiera tener todas las palabras necesarias para decirte lo que significas para mí. Lo que tu existencia me provoca, como el ver tu dulce sonrisa hace que mi corazón lata más rápido, el que tu amor ha curado algunas de las heridas que pensé que jamás sanarían, el que me permitas encontrar cierta redención al final de mi vida. Simplemente te amo pecosa.

Escuche sus palabras con mucha atención, las repetía dentro de cabeza, una enorme sonrisa apareció en mi rostro a la par que mis ojos se llenaban de lágrimas, así que esto es lo que llaman llorar de alegría, una sensación bastante contradictoria y gratificante.

-¡Stan te amo más de lo que creo que jamás podre amar a alguien! –le dije con mi risa llorosa.

-¡Yo te amo más! –contesto riendo.

Nuestra noche se prologo por más horas, un sólo encuentro nunca resulto suficiente, hacer el amor tenía que ser más que un simple desfogue cosa que ahora sabia. Entendí que cada parte de mi cuerpo podía ser erógena y estimulada, una parte del placer sexual, que no existía una única forma de hacerlo, podíamos construir varias, experimentar muchísimos goces, aunque algunos necesitaran cierta cantidad de lubricante como lo que hicimos sobre la mesa. Podría decirse que la meta final es como abandonar nuestro propio cuerpo y sentir que no existe tiempo ni espacio. Durante el éxtasis orgásmico todo se pierde y todo se gana, es terminar inmerso en un mundo nuevo y hermosamente impensable.

Descansaba sobre su cuerpo, siempre disfrute de los momentos después de amor, en esos instantes donde el silencio parecía una bella música, las miradas de complicidad nos hacían sonreír y las reparaciones todavía agitadas contaban una vez más la historia de lo vivido.

-¿Puedo preguntarte algo? –me dijo mientras recorría mi espalda con sus dedos.

-Por puesto –respondí viéndolo a los ojos.

-¿Cómo averiguaste la combinación de la caja fuerte? –pregunto con suma curiosidad.

-Bueno no te mentiré, no lo logre al primer intento, de hecho fueron varios, comenzaba a desesperarme cuando pensé en ti, en las cosas que conocía sobre Stan Pines. –Continúe diciendo. –Trece es el número de países donde tienes órdenes de aprensión, cuarenta y cuatro era la edad que tenías cuando te atreviste a regresar Nueva Jersey para visitar la tumba de tus padres, ochenta y dos fue el año en que perdiste a tu hermano. ¡Bingo! Ahí estaba la combinación.

No dijo nada por un par de minutos, al final simplemente pronuncio. –Sí que me conoces pecosa.

-Bueno ahora me toca preguntar –le dije mientras jugaba con su pelo.

-Adelante, te escucho –decía tranquilamente.

-¿Stan qué somos? –quise preguntárselo, este era el momento preciso, lo dejaba sin otra alternativa, él tendría que responder.

De nuevo los minutos pasaron, me di cuenta de cómo la tensión se apoderaba de su cuerpo, me sentí un poco culpable porque yo tampoco tenía la respuesta.

-Dos personas que se aman –fue lo dijo -¿Tú qué piensas que somos?

-Un par de locos agarrados al sinsentido de la existencia, somos todo y nada, solamente Stan y Wendy pero en efecto dos personas que se aman –fue lo que conteste.

Me sonrío, tal vez por un momento imagino algún reproche de mi parte por no tener un "nombre" que utilizar, pero yo no lo necesitaba, lo único que quería era a él, y ese viaje así como sus palabras me daban cierta certeza de que el Señor Misterio era mío. Nos acurrucamos el uno al lado del otro y nos dispusimos a dormir, esas eran nuestras últimas horas en la ciudad de Nueva York.

El viaje de regreso fue tranquilo y no muy cansado a pesar de lo poco que habíamos dormido, descansamos varias veces, comimos mucha chatarra e incluso nos dimos un rápido momento para la pasión en el asiento trasero. Incluso cuando pasamos por ese restaurante donde esas viejas amargadas nos señalaron, volvía a sacar mi mano y deje escapar de nuevo el mismo gesto, los dos reímos un buen rato. Llegamos a Gravity Falls un poco antes de la siete de las diez de la noche, le marque a Tambry para saber si ella también había regresado, me dijo que tenía alrededor de media hora que se encontraba en su casa. Lástima el momento de separarse había llegado, me llevo hasta mi casa, si mi padre preguntaba diríamos que lo encontré en el camino y se ofreció a llevarme. Antes de dar vuelta a unos escasos metros de mi hogar lo besé, esa era mi última oportunidad desde que arribamos al pueblo, una vez más le agradecí la experiencia y le dije que estaba segura de que nunca la olvidaría. Baje mis cosas, desde la entrada me despedí con la mano y lo vi alejarse, por un momento tuve un mal presentimiento pero lo deseche de mi mente ¿qué cosa tan mala podía pasar entre los dos?

Un par de días después llegaron los gemelos, la Cabaña del Misterio se llenó otra vez de vida y bullicio, de las risas estridentes de Mabel y los gritos tan agudos de Dipper. De sus locas anécdotas de Piedmont, y de las nuevas aventuras que parecían seguirlos en Gravity Falls. Me gustaba verlo con ellos, era obvio que amaba a ese par, incluso con el pasar de los años se permitía ser más cariñoso con ellos. Nos habíamos convertido en una especia de familia todos aquellos que estábamos en ese lugar, lo genial es que todos nos habíamos conocido y hecho amigos gracias a Stan, al loco Señor Misterio. Era casi mitad de verano cuando llego su hermano, los chicos bajaron corriendo a recibirlo también se les unió Stan, los miraba con atención desde la registradora, Mabel lo abrazaba sujetándolo por el cuello mientras Dipper agitaba sus brazos y dejaba salir uno de sus característicos gritos de emoción, Stan se limitaba a decirle algo mientras cruzaba los brazos.

-¿Ya llego el otro Stan? –me preguntaba Soos al entrar a la tienda de regalos.

-Sí, justamente acaba de llegar –respondí y fingí seguir leyendo mi revista.

-Bien, sin duda este será un verano interesante. Tendremos a los dos Stan's y a los gemelos, estoy seguro que abra mucha acción –dijo emocionado.

-Por supuesto que sí –dije mirándolos a los dos. Los chicos bajaban las cosas del auto de su tío, mientras que los dos Pines mayores seguían hablando, no pude dejar de mirarlos con atención, disfrutaba de sus movimientos sincronizados, de sus gestos compartidos, incluso de esas miradas tan sutiles que se daban con la finalidad de no decir nada fuera de lugar frente a sus sobrinos. De repente me encontré son la mirada de su hermano, este me miro con intriga, no pude dejar de sonrojarme en cierta manera su miraba me recordaba a la de Stan y eso hacía que mi corazón latiera como loco. Tome de nuevo mi revista y me oculte detrás de ella, los cuatro entraron para ir a la cocina, los escuche a todos reír, por un instante me sentí triste porque a pesar de amar tanto a Stan en nuestra relación esos momentos quedaban excluidos, él era tío y hermano pero nada más. Él decidió cocinar para todos una gran barbacoa cosa que pronto se convirtió en una pequeña fiesta, la cabaña cerró temprano, llegaron la abuelita de Soos y Melody que pasaría unos días con ellos, también llegaron Candy y Grenda e incluso Pacífica, al poco rato llego McGucket y su hijo Ranger. Todos se la pasaban muy bien, los chicos platicaban emocionados, los mayores también, los "old man" estaban hablando de construir un nuevo aparato en cuanto escucho esto Dipper se apartó de las chicas y fue a ver en que los podía ayudar. Stan los dejo un momento ya que iba por un poco más de suministros, en ese instante yo hablaba con Melody y Mabel, me disculpe con la excusa de ayudarlo y fui con él. Estaba en la cocina sacando un poco más de carne así como unas cervezas y otras cosas.

-Sabes me fascina verte tan feliz –dije en cuanto entre.

-A mi también me gusta quitarme la máscara de "gruñón" de vez en cuando, pero no se lo digas a nadie –me dijo mientras acomodaba las cosas en una cesta.

-Conmigo no la necesitas –decía acercándome cada vez más.

-No, claro que no –ahora estábamos frente a frente. Nos dimos un tímido beso, que poco a poco iba aumentado de intensidad, además de ese exquisito abrazo.

-¿Stan dónde estas? –se escuchó la voz de su hermano.

Al instante nos separamos, enseguida él entro, tome las cosas y me fui. Al pasar a su lado no pude quitarme la sensación de que me observaba con una gran intensidad. Soos se encargaba de la parrilla, yo tome una cerveza y fui donde todas las chicas estaban reunidas, ellos se tardaron varios minutos en salir de la cabaña. Me sentí aliviada cuando los dos regresaron riendo, estaba casi segura que él sabía lo nuestro, la pequeña e improvisada reunión continuó hasta después de anochecer. Los hombres Pines improvisaron unos juegos artificiales con varios químicos mientras que McGucket construyo un dispositivo desde donde los dispararían, el cielo nocturno se cubrió de un gran multicolor, puede ver como Soos y Melody se tomaban de la mano y besaban discretamente, la rubia intento algo similar con Dipper pero este es todavía bastante torpe por lo que no se dio cuanta de las intenciones de Pacífica, al final Mabel acabo abrazando a los dos. Stan señalaba las luces mientras le decía algo a Ranger, lo mire por unos segundos, él le daba un sorbo a su bebida cuando nuestros ojos se encontraron, le sonreí y con mis labios silenciosos dibuje un "te amo" y él me regreso un "yo también". Con el pasar de los años muchas cosas cambiaron en este pequeño lugar, unas no salieron tan bien otras si, pero lentamente comenzaban a tomar un curso sobre todo aquellas que tenían que ver con la familia Pines.

Sin duda los demás días del verano fueron bastante interesantes, tres veces estallaron el laboratorio, tuvimos que salvar a Mabel de una manada de hombres lobo que la querían hacer su reina, bueno me divertí usando mi hacha otra vez además ver el punching de Stan en acción era sorprendente. También hicimos ese viaje ligeramente interdimencional para rescatar a Dipper y su inseparable diario tres, no hicimos nada que no fuera posible de pasar en Gravity Falls.

Los días se fueron rápidos y divertidos, aunque teníamos nuestros momentos de intimidad limitados además que su hermano parecía tener un radar para siempre interrumpirnos, pudimos reunirnos varias veces en un pequeño motel a las afueras del pueblo. Los encuentros eran fascinantes, intoxicantes y sobre todo deseados, la espera los convertía en algo magníficamente delicioso. También pude salir con mis amigos, porque Tambry no estaría feliz ni me dejaría en paz hasta que le contara todo lo hicimos en Nueva York, cosa que hice gustosa además era a la única que le podía enseñar mis recuerdos fotográficos. Los chicos fueron los primeros en marcharse, claro con la promesa de regresar en Navidad junto con sus padres, Stan y su hermano siguieron trabajando junto a McGucket unos días más después de haber iniciado las clases.

Estaba en mi casa con Tambry, estudiando para el examen de ciencias, además de hablar de un sinfín de cosas sin sentido. Le pude mostrar el hermoso vestido que me había regalado Stan, así como los demás accesorios, miraba con detenimiento la cartera, la revisaba según ella sin duda era bella pero bastante inútil debido a su tamaño.

-¿Wendy quién te dio esto? –me pregunto mostrándome un pequeña tarjeta.

-Ya te lo había dicho, me la dio el sujeto que nos interrumpió en la cena. ¡Como lo odie ese era mi momento con Stan! –dije resoplando un poco.

-¡¿Por Dios sabes quién es Antón Benedikt?! –señalo un poco eufórica.

-No, ni la más remota idea –conteste mientras leía el libro de ciencias.

Boto mi libro y me sujeto de los hombros -¡Es el director de la agencia de modelos más famosa del país!

-Algo por el estilo me dijo, que me veía "potencial" que si me interesaba lo llamara. La verdad no estaba interesada en el asunto, volvía agarrar mi libro.

-¿Qué es lo que esperas? –pregunto de manera directa.

-No, entiendo a que te refieres –respondí mirándola.

-¿Qué esperas de esto que juegas con Stan Pines? –me pregunto, tal cuestionamiento me tomó por sorpresa.

-No se que responderte, la verdad no he pensado mucho al respecto –conteste mintiéndole porque vaya que si lo había pensado.

-Exacto, hasta cuando vas a seguir jugando al cuento de hadas. ¿Acaso esperas cumplir veintiuno para poder casarte con él? ¿Vas a ser la madre de sus hijos? ¿Dime Wendy que carajos piensas hacer? –dijo bastante enojada.

-¡Maldita sea!, ¡No lo sé!, ¡No tengo una jodida respuesta!, ¡¿Estas contenta?! –decía mientras comenzaba a sollozar.

-Aplique para la Universidad de Bostón, Wendy en año nuevo me voy de pueblo.-Dijo más tranquila.

-Me alegro por ti –respondí tratando de controlar mi llanto.

-Recuerdas que siempre dijimos que alguna vez dejaríamos Gravity Falls y saldríamos a conocer el mundo, ese era nuestro sueño ¿acaso ya lo olvidaste? –me volvía a cuestionar.

-¡No, por supuesto que no! Pero esta él, yo lo amo, no quiero dejarlo –dije enjugando mis la lágrimas.

-¿Serán amantes a escondidas hasta que se muera?, ¡Ya se lo dirás a tu padre y te iras a vivir con él! –dijo llena de sarcasmo.

-¡No, claro que no Tambry!, ¡Pero no quiero dejarlo!, ¡No puedo vivir sin él! –respondí ahogada en mi llanto.

-¡Viviste sin el 17 jodidos años!, ¡Eres Wendy con y sin Stan!, ¿Qué derecho tiene para retenerte a su lado? –No dejaba de atormentarme con sus preguntas.

-¡Stan no me ha obligado a hacer nada que yo no quiera!, ¡Yo estoy con él porque lo deseo!, ¡¿Qué sabes tu del amor si te conformaste con mis sobras?! –le grite, por un instante espere sentir un golpe estrellarse contra mi cara, pero no fue así, únicamente apretó los puños.

-¿Tú si lo sabes? ¿Eh? ¿Acaso lo descubriste en sus brazos? ¿Pero dime qué clase de amor ese que se vive desde la oscuridad? ¿Qué amor puede permanecer si exige ser callado? –ahora también se le escapaban unas cuantas lágrimas.

-¡No lo sé! ¡Pero con Stan no existe el miedo, el dolor o los problemas! ¡Con él soy feliz! –conteste con la voz que me salía entre los sollozos.

-¡Sólo vio la oportunidad de acostarse contigo y lo hizo! –me dejo petrificada, también lo que hice, estampe mi mano en su rostro, sonido del golpe nos dejo en silencio a ambas. Levanto sus cosas pero antes de irse me dijo.

-Wendy decidas lo que decidas te apoyo, pero esa tarjeta representa una oportunidad única para dejar este maldito pueblo. Una oportunidad por las que muchas matarían, una oportunidad para que tú seas algo más que una simple pueblerina, por favor no la deseches sin pensarlo.

Me dejo sola en mi habitación, sus preguntas no dejaban de sonar en mi cabeza, esas temidas preguntas que yo misma me había hecho con respecto a Stan, ¿realmente no había un futuro entre nosotros?

Pase toda la noche pensando, no me gustaba hacer muchos planes a largo plazo, prefería vivir en el aquí y ahora, eso lo hacia desde la muerte de mamá ya que todas esas cosas que alguna vez soñamos madre e hija nunca pudieron hacerse. Mire el techo por horas, ¿la decisión era únicamente mía?, no lo sé, en efecto podría conformarme con ser una simple habitante más de Gravity Falls. Ni siquiera sabia que podía estudiar, ir a la universidad tampoco significaba el alejarme tanto de mi hogar, no era más que una alumna promedio, no destacaba, sorteaba la preparatoria lo mejor que podía, me gustaba construir cosas tal vez podía ser arquitecta, también era buena actriz el ser modelo me podía ayudar, ser modelo no suena tan descabellado.

En los días siguientes no puede dejar de sentirme triste y angustiada, incluso Stan lo noto, estamos viendo una película en la sala, acostumbraba acurrucarme en su costado, creo que mi exceso de suspiros me delato.

-¿Ocurre algo pecosa? Te noto distraída –dijo acariciándome la cabeza.

-Bueno el otoño ya está aquí, tengo que decidir que hare después de graduarme –dije mientras hundía mi cara en su pecho. ¿Por qué rayos huele tan bien?

-¿Quieres ir a la universidad? ¿No? –pregunto ahora abrazándome.

-No lo sé, una parte de mi lo desea otra quiere quedarse contigo para siempre –conteste aspirando otro poco de él.

-Debes vivir tu vida, yo estaré aquí siempre para ti –dijo apretándome un poquito más fuerte.

-Lo sé, el hecho es que quiero vivir mi vida a tu lado –mi voz comenzaba a hacerse más tenue.

-Estoy seguro que hagas lo que hagas será lo correcto –me decía mientras besaba mi mejilla.

Los días continuaron pasando, la escuela, el trabajo en la Cabaña del Misterio, salir con mis amigos incluso las cosas con Tambry estaban mejor, las dos acordamos que habíamos hablado de más, seguía disfrutando del amor y el cuerpo de Stan pero no podía conseguir una respuesta para mi futuro. Pese a mi propia lógica no quería dejarlo, pensé que lo mejor seria asistir a una universidad cercana que me permitiera seguir viviendo en el pueblo y así continuar a su lado. ¿Y después qué? Esa respuesta todavía no la tenía.

Aquel era mi día libre, a los seis nos gustaba hacer recorridos en bicicleta, casi siempre la misma ruta iniciábamos en la gasolinera y terminábamos en "The Club", si ese único como exclusivo restaurante, no era el establecimiento sino el lugar donde se encontraba ubicado, después del mirador este sitio tenia una vista asombrosa de Gravity Falls.

Todos llegamos exhaustos, sacamos las botellas de agua de las mochilas y bebíamos con tranquilidad.

-¡Hey ya vieron!-dijo Robbie señalando a las ventanas del restaurante.

-¿No es tu jefe Wendy? –pregunto Nate.

-Si, es el Señor Pines jajaja nunca imagine que aun le interesaran esas cosas –decía Lee mientras bebía agua.

-Los ancianos tienen derecho al amor, además es una mujer muy atractiva –señalo Thomson.

Mi mente estaba en shock, en efecto era Stan, estaba acompañada de una mujer madura pero bastante hermosa. No quise sacar conclusiones apresuradas, pero mi corazón comenzaba a doler, fue un breve instante, una simple fracción de segundo, la tomo de la mano y ahora la besaba. ¡¿Qué carajos acabada de pasar?! La besaba como a mí, con esos labios que me dijo que eran míos. ¿Por qué en ese preciso lugar? ¿Por qué los tenia que haber visto? Tome mi mochila, me subí en la bici y pedalee hasta perder el aliento, no me importo dejar a mis amigo llenos de preguntas en ese lugar. No podía dejar que me vieran en ese estado, cuando por fin me detuve pude darme cuenta que estaba en el cementerio a una cuantas tumbas de donde descansaba mamá. Llegue hasta ella y me deje caer, llore por horas, hasta que no pude más, hasta que mis ojos se quedaron secos.

¿Acaso siempre jugo conmigo? ¿Realmente no significaba nada para él? ¿Sólo era un pasatiempo mientras encontraba a alguien más? ¿Estuvo conmigo porque lo deje que me follara?

Estuve ahí hasta que anocheció, envuelta en un profundo silencio, por un momento se cerro mi garganta, abrí mi mochila en busca del agua, algo brillo dentro de ella era la tarjeta del agente de modelos, la mire un buen rato hasta que una voz interrumpió mis pensamientos.

-Así que aquí estabas –decía Tambry mientras se sentaba a mi lado.

-¿Cómo estas? –pregunto abrazándome.

-He tomado una decisión –fue todo lo que respondí.

Ese día dentro de la pelirroja algo cambio, se fracturo pero aun así se negaba a romperse del todo. Se dio cuenta que los senderos surgen a veces de la nada, otras de la alegría, de los errores, del miedo pero sobre todo del dolor, ahora era ella quién debía de trazar su propio camino pero a pesar de estar determinada no podía dejar de pensar en el Señor Misterio.

FIN

CAPÍTULO VI: CAMINO (parte B)

Relativo, él nerd siempre dijo que su frase favorita era "El tiempo es relativo", no me parecía ni las palabras mejor pensadas ni las más profundas pero después de 30 años que habían parecido siglos, y ahora uno cuantos meses que se tornaban una eternidad y al mismo tiempo sólo una ráfaga me doy cuenta de su auténtico significado. Esa semana trascurrió más rápido de lo que me hubiera gustado, pero aun así cada experiencia vivida parecía convertirse en recuerdo único. Visitamos muchos de los más atractivos e interesantes lugares de Nueva York, era diferente hacerlo de esa manera, sin duda más fácil que cuando la mafia te persigue, jugueteamos por Times Square, recorrimos en carreta el Central Park, no pude esconder mi fascinación ante la idea de todo el efectivo que se manejaba en las calles de Wall Street e incluso le toque los testículos al Toro de bronce*, Wendy se negó pero se burlaba de mi mientras lo hacía. Caminamos tomados de la mano en High Line, ahí observamos el atardecer, a veces lo que sentía por ella me parecía viejo casi eterno, tal vez en efecto recorrí todos esos camino para llegar a ella, la cálida luz anaranjada nos daba una hermosa postal neoyorquina.

-Incluso lo más maravilloso, en algún momento tiene que extinguirse –dije mientras observaba el horizonte.

No era mi intención romper el momento, pero la culpa era constante incluso en ese lugar. En efecto la vida me enseño que no importa que tanto ames a alguien o a algo, en determinado momento esto tendría que terminar, porque así como el tiempo era relativo tampoco se detenía, nada se puede parar por siempre en algún instante las cosas tendrían que avanzar. Sin embargo pese a lo que pensaba, sabia y creía sentir, deseaba congelar para toda la eternidad esos días y permanecer a su lado.

-Por ahora únicamente tenemos el presente, y es lo que importa –me dijo para después besar mis labios.

Le sonreí, continúe besándola a la par que la abrazaba. – Tienes razón, eso es lo único que importa ahora –le dijo al oído. Tenía razón en esos instantes no importaba nada, sólo nosotros dos, y esa ligera penumbra que ahora nos envolvía y permitía expresar nuestro amor con más tranquilidad.

Seguimos caminando un rato más sin decir ninguna palabra, simplemente me fascinaba sentir su calor a través de nuestros dedos entrelazados.

El día anterior antes de partir era su cumpleaños, su regalo sería una linda cena en un elegante restaurante y una pequeña sorpresa, la cual me tomo mucho tiempo pensar. Se sonrojó porque no había empacado nada para una ocasión como esa, yo lo había hecho más por costumbre que por otra cosa, no pude dejar de reírme por su preocupación. Frunció los labios y el ceño ante mi repuesta, para mi ella era perfecta no importa que trajera puesto, pero supongo que a una adolescente eso le importa.

-Eso no es un problema, es más tiene una fácil solución. Agarra tu chaqueta, ¡Vamos de compras! –dije mientras me levantaba de la mesa del pequeño café donde estábamos.

Por muchos años quise hacer una gran fortuna, tener mucho dinero, porque pensaba que eso me convertiría en alguien, que restauraría un poco de esas tantas cosas que perdí y sin embargo fracaso y soledad fue lo único que encontré. El dinero resultaba ser sólo eso dinero, nada más, tenía cierta felicidad, cierto cariño, bueno es más no pierdo nada con admitirlo, amo a esos chicos como si fueran mis propios hijos. Cuando paso lo de la pequeña escoria llamada Gideon, me dolió tanto no poderlos mantener que me prometí que mientras yo estuviera sobre esta jodida tierra no les faltaría nada, claro que eso no se los dije. Le regale a Mabel ese telescopio que le permitía observar todas las noches el cielo y encontrar algo distinto, además de que me dijo que le gustaba saber que ese mismo firmamento estaba siempre sobre nuestras cabezas y eso la hacía sentirse junto a mí, esa chiquilla sí que tiene el poder de desarmarme. Luego esta ese mocoso presumido, sabiondo, obstinado sin duda todo un Pines, pasé varias horas al teléfono escuchando como ni el nerd ni su padre le querían ayudar a conseguir un libro en sanscrito que necesitaba para una de sus investigaciones en California. Unas cuantas llamadas, unos favores cobrados y en menos de una semana ya lo tenía en sus manos, casi me deja más sordo cuando me lo agradeció por teléfono. Cuando me preguntaban de donde sacaba las cosas siempre les respondía –aprovechen antes de que me arrepienta

La vi sonreír levemente cuando utilice la misma frase en ella. –Aprovecha antes de que me arrepienta Wendy.

Me tomó de la mano, me volvió a sonreír y dijo. –Muy bien, entonces ¡vámonos de compras!

Recorrimos la Quinta Avenida, las distintas tiendas que esta alberga, no es que me emocionara en exceso saber que pasaría toda la tarde entre tiendas pero valía la pena porque estaría con ella. Entramos a varias, a mi parecer en todos se veía hermosa sin embargo ella no lo creía así, yo no reparaba tanto en esas cosas aunque claro que me gustaba vestir bien de vez en cuando, por eso había empacado un smoking negro de tres piezas y una corbata rojo carmín.

Salió del probador y me preguntó. -¿Qué te parece?

-Parece haber sido hecho para ti –respondí mirándola de arriba abajo. Ahora sin duda que encontró lo que buscaba, sí que lucía fantástica en ese vestido.

-¡Creo que debí de nacer en otra época! –dijo mirándose al espejo.

-Sin duda, ahora tú tendrías ochenta años. Bueno tal vez eso sería menos raro, ¡serias toda una pantera! -dije mientras dejaba escapar una risita. Maldita sea por qué en efecto no había nacido en otra época, con unas cuantas décadas más y esto no sería tan imposible.

También rió, digamos que en cuanto amantes nunca me importo en exceso la edad, de hecho hasta hace unos años me seguía viendo con un viejo amor que de vez en cuando exigía ser revivido, no importaba que ambos fuéramos un par de ancianos.

Pague el vestido y los demás accesorios, mientras esperaba mi factura otra empleada le dio las cosas a Wendy, ella seguía vendo la ropa de los aparadores.

-Es un papá muy generoso –dijo la encargada.

Que estúpido soy, eso lastimo un tanto mi ego pero que carajos esperaba, eso era preferible a que pensaran que era un pervertido, tal vez en cierta manera lo soy. Al menos fue generosa y me dio el título de padre aunque también puedo llamarme abuelo, si su loco y senil abuelo. Pero me aferraba a que yo para ella significaba algo mucho más importante.

-Ella es extraordinaria –fue todo lo que conteste.

Esa noche nos volvimos a entregar a la pasión, al cuerpo, a las caricias pero sobre todo al amor. Perdernos en esa sensación absolutamente subjetiva, sentir que toda nuestra existencia se condensa en un instante, se expande y explota en un grito de plenitud y triunfo. Para dejarnos perder por instantes en el infinito y salir de este, no detenernos y buscar un poco más, prologarlo tanto como se pueda, colmarnos de las más indescriptibles experiencias de placer, sensaciones tan arrebatadoras que anulan los pensamientos y las palabras. Volver a llenarnos de esa tensión corpórea que tiene como finalidad el desborde de las emociones, sentidos que se agudizan, fundirnos y ser uno.

A la mañana siguiente volvimos a pasear por esas gigantescas calles, llenas de gente tan común como tan extravagante. Ella fotografiaba cada cosa que le gustara con su móvil, me pidió que nos tomáramos algunas juntos, no es que me desagradara la idea, le dije que no había problema de "expresarnos" de vez en cuando nuestro amor pero si alguien de Gravity Falls veía esas fotos no sería algo que aun con los argumentos más convincentes pudiera ser explicado. Hizo algunos gestos de enfado pero siguió mi consejo, por mi parte intentaba grabar cada uno de esos momentos en mi mente, y pretendía recordarlos cuando me ahogara en mi soledad.

Sabía que esa seria nuestra última noche ahí, las últimas horas donde no era necesario escondernos de los demás, dejaríamos de ser únicamente ella y yo, volveríamos al juego del jefe y la empleada, eso me hizo apretar más fuerte su mano mientras Wendy suspiraba una incontable cantidad de veces, creo que nuestros sentimientos se entrelazaban. La reservación para la cena era a las 9 de noche, regresamos al hotel cerca de las seis de la tarde, tome un baño y me arregle un poco, peine mi cabello, me rasure, un poco de colonia y estaría listo, terminaría de arreglarme en la habitación. Me mire con atención varios minutos la espejo, no estaba tan mal para ser un viejo, esa cejas pobladas y mis gafas sí que me daban personalidad. ¿Acaso era tan incorrecto el sentirme tan joven? ¿Era tan malo el estar dispuesto a vivir un poco más?

Salí del baño y ella entro, me dijo que no la perturbara mientras llevaba a cabo sus escasos rituales femeninos, continué leyendo el último libro que me había enviado Mabel, ese uruguayo parecía haber escrito esas palabras para mí, cada una se tornaba llena de sentido y un poco de angustia, sobre todo porque me acercaba al final.

No me di cuenta de cuánto tiempo paso, la puerta del baño se abrió lentamente y se mostró para mí.

-¿Qué te parece? –preguntó un tanto insegura, me gustaba que por instantes me dejara ver su fragilidad.

La mire con detenimiento, quisiera decir que únicamente me enfoque en las partes de su cuerpo que más me gustaban pero toda ella me fascinaba. Surgía en mi pecho esa opresión, ese nudo en la garganta que por un momento no me dejaba articular palabra, ese aumento de temperatura e incluso ese nerviosismo que aceleraba mi corazón, todo aquello que nacía de la locura que era amarla. Cerré el libro y fui hacia ella, se veía tan hermosa en ese vestido negro, su peinado simplemente sujetado con una horquilla, un ligero perfume de violetas, su piel blanca y reluciente todo coronado con el rojo carmesí que pintaba sus labios, sí que me encantaba.

La sujete de la cintura, comencé a besarla de forma tan apasionada, tan demandante, quería sentirla mía.

-Maravillosa, simplemente maravillosa –le dije –fantásticamente irónica porque lo único que deseo en este instante es arrancarte la ropa. ¡Vaya que si lo deseaba!

-Bobo –contestó volviéndome a besar.

Carajo en esa boca mi cordura se diluía, únicamente el probar el sabor de tu respiración extinguía la mía, me dejaba ir hundiéndome en ese sensación poco a poco, siempre me tomaba el tiempo necesario para recorrer tus labios mientras el mundo dejaba de importar.

-Bueno es hora de marcharnos –dije mientras ambos recuperábamos el aliento. Sabía que si no parábamos no saldríamos de la habitación.

Antes de salir los dos nos detuvimos frente al espejo que adornaba la pared, me limpie los restos de su labial rojo, al mismo tiempo ella lo retocaba. Fue algo que nos dio risa a los dos, ninguno podía ser considerado alguien al que le importara su apariencia física en exceso.

Durante el trayecto a la entrada del Hotel camino sujétenme del brazo, me gustaba esos pequeños detalles que ella me solía mostrar.

-Stan luces sumamente atractivo –dijo mientras se apretó contra mí.

-¿En serio lo crees? –pregunte. No me consideraba "guapo", pero siempre tuve eso que mis amores designaban como "interesante".

-Claro, eres un hombre increíblemente atractivo – contesto soltando un risita.

-Lástima que también sea un hombre tan viejo –dije porque después de todo era verdad.

-Eso a mí no me importa, yo lo amo tal y como es usted Señor Misterio. Sonrío al decir esto.

Subimos al taxi, mientras llegábamos al restaurante nos besábamos, el conductor nos miró con cierta curiosidad. Sin embargo eso a ninguno le importo, el tiempo que nos quedaba era breve y no valía la pena perderlo en cosas tontas como esas.

Aquel era un lugar elegante, con una mirada espectacular de la ciudad, no era que lo extremadamente caro fuera mi primera opción pero hacer estas cosas por ella me daba cierta satisfacción, y para mí era volver a vivir las cosas que ya conocía desde otra perspectiva.

Platicamos un rato, después cenamos con toda calma, disfrutando cada bocado, cada sorbo de la copa, incluso deleitarnos con las palabras y la miradas que intercambiábamos. El lugar tenía un pequeña pista de baile, de hecho fue justamente por eso que lo había escogido, comenzó a tocar una pequeña banda, sin duda era música de antaño, música que conocía y me producía cierta melancolía, casi siempre era por recordar a alguien de mi pasado.

-¿Bailamos? –pregunte mientras estiraba mi mano.

-Por supuesto –contesto sujetándome.

Nos dejamos llevar por el ritmo, a veces era alegre y movido, otras más simple y acompasado, otras más lento y cadencioso.

-¡Vaya que lo haces bien! –le dije. Sin duda me sorprendía su habilidad.

-Tú también era muy bueno –contestó.

-¿Dónde has aprendido a bailar? Nunca me imaginé que fueras tan buena bailarina –preguntaba mientras le daba una voltereta.

-Te confesare el más grande secreto de Dan Corduroy, es un magnifico bailarín –me dijo.

-¡Nunca lo hubiera imaginado! –conteste sinceramente impactado. Al parecer hay muchas cosas que todavía desconozco de ella, sobre todo de su familia.

-Sí, mis padres solían bailar cuando creían que ninguno de nosotros los veía. Después lo de mi mamá le pedí a mi papá que me enseñara –decía mientras nos ajustábamos al nuevo ritmo.

-Lo siento, no quería que recordaras algo doloroso el día de tu cumpleaños –le dije a la par que sujetaba su cintura y seguíamos bailando.

-No es algo doloroso, ni remotamente triste, era algo que ellos amaban hacer, y ahora es algo que comparto con mi padre. –Dijo con mucha tranquilidad, a mí me costaba tanto hablar de mi pasado sobre todo porque eso implicaba abrir siempre viejas heridas.

-No cabe duda que eres maravillosa, yo a tu edad digamos que me metía en muchos problemas –dije riendo.

-Eso ya no importa, por ahora lo que más deseo es seguir bailando contigo –dijo y me beso con dulzura.

Continuamos bailando, la sujetaba de la cintura con una mano, con la otra sostenía una de las suyas, mientras ella me agarraba suavemente del hombro, recargaba su cabeza contra mi pecho, nos deslizábamos con la música romántica y tranquila. Cada nota musical, cada movimiento, cada paso parecían contar nuestra historia de amor, de este amor tan extraño, tan misterioso, tan mágico, de esto que tanto me asustaba que se acabara. Era un pensamiento bastante patético como real, de deje llevar un poco por mi inconformidad hasta que sentí que apretó mi hombro y se hundió en mi pecho.

-¿Estas bien? –le pregunte.

-Sí, fue algo sin importancia – me contestó.

Bailamos un rato más, después fuimos a la mesa ya que era su cumpleaños no podía faltar un pastel. Habíamos ordenado una pequeña tartaleta de fresas la cual era su favorita, el mesero le puso una pequeña velita, todo iba estupendo hasta que un tipo nos interrumpió. Le dijo que era extremadamente bella, además le dio una tarjeta supuestamente era un agente de modelos y que le veía gran "potencial", ello no fue descortés y la recibió pero yo le regale una mirada de ojala mueras en los próximos diez minutos. Después de eso seguimos donde nos quedamos.

-Bueno pecosa pide un deseo –dije sonriendo.

-La verdad no sé qué pedir, tengo todo lo que quería para mi cumpleaños. Sobre todo estoy con la persona que más deseaba estar –al escuchar esto me sonroje, yo sentía exactamente lo mismo.

Sopló la velita, no me enteraría que había pedido pero en lo más profundo de mi corazón esperaba que se volviera realidad.

-Es hora de que abras tu regalo –saqué una pequeña caja de mi traje. –Espero que te guste. ¡Feliz cumpleaños!

La abrió, era una brújula, se podía ver su antigüedad, estaba tallada finamente, además de tener una cadenita de oro para sujetarla. La miro con mucha atención por lo que inmediatamente notó la singularidad de la misma.

-¿Hacia dónde apunta? -preguntó sumamente interesada.

-Esa brújula me la regalo mi nerd hermano antes de que nos dejáramos de ver por diez años, a veces nos encontrábamos de manera intermitente. En esos días me dijo que me llevaría al lugar donde había encontrado por así llamarlo un "hogar", que después también se convirtió en el mío, sabes que esa historia se complicó mucho más de lo imaginado además de que aún no termina. -Tome su mano y continué diciendo – cuando te encuentres lejos y extrañes a los que te aman, cuando no sepas hacia dónde dirigirte, cuando dudes de tu camino, cuando necesites recordar tu hogar, mira esa pequeña brújula que siempre te mostrara la dirección hacia Gravity Falls.

Unas pequeñas lágrimas surcaron su rostro, de cierta manera quise pensar que cuando al fin se alejara y su vida continuara ese pequeño aparato la traería de vuelta a mí. Sin duda era un maldito egoísta, un viejo lleno de contracciones, deseaba que conociera el mundo, viviera sus propias aventuras, creara las experiencias y recuerdos más únicos pero al mismo tiempo soñaba con que se quedara a mi lado. Casi se subió a la mesa para poder abrazarme.

-¡Muchas gracias! –dijo mientras me llenaba de besos.

-De nada –dije limpiando sus lágrimas con mi mano.

La noche siguió avanzando, comimos el postre, nos perdimos por varios minutos solamente mirándonos a los ojos, sumergidos en un silencio reconfortante. Nos fuimos del restaurante después de medianoche, antes de regresar al hotel caminamos tomados de la mano, comenzó a hacer un poco de frio por lo que le dio mi saco. No podía creer como incluso las palabras a veces eran innecesarias entre nosotros, cuando nos besamos en medio de esa todavía transitada calle supe que no podía esperar más. Nos resultó obvio que nuestra última noche de amor en Nueva York fuera donde había iniciado, en esa hermosa habitación, no faltaron los lugares excitantes para hacerlo como el jardín botánico, los probadores de algunas tiendas, el baño de ciertos restaurantes, las escaleras de emergencia del teatro y varios elevadores. Pero ese encuentro exigía calma, tiempo para dedicarnos el uno al otro, estar ahí los dos uno para el otro y nada más.

Mientras subía el elevador que nos llevaría a nuestra habitación, nos dejábamos consumir a través de nuestros labios, lo bueno es que por la hora no lo utilizaba nadie más. Estábamos una vez más en esa libertad que nos otorgaban esas cuatro paredes, colgó mi saco en la percha, yo servía un trago lo hacía siempre antes de estar juntos, buscaba un poco de valor para lo que haríamos pero sobre todo algo que acallara la culpa, me tome de las manos y me guió hasta la cama.

Estaba por quitarse el vestido cuando le dije. –Déjame hacerlo.

Me coloque detrás de ella, primero le quite la horquilla que sujetaba su pelo, este cayo suavemente, lo hice a un lado lentamente, sentí su olor, ese que ahora que no dejaba de hechizarme. Besé su nuca y cuello, su piel era tan blanca y suave, bajé gentilmente el cierre del vestido, poco a poco lo deslice por sus hombros, también comencé a besarlos incluso les di unas pequeñas mordidas, saboreaba las hermosas pecas que los adornaban. Continué bajándolo hasta su cintura, acaricié su fina espalda, mis labios también la surcaron y probaron un poco más de ella, ahora la prenda se encontraba en su cadera de ahí la gravedad hizo lo suyo y cayo. Llevaba un sensual conjunto negro de encaje además de un ligero y medias de red, me deleitaba ante tal visión, recorrí mi cuerpo con mis manos, sus labios, sus senos, su estómago, sus caderas, sus nalgas, su pubis, sus piernas, todo lo que era suyo y deseaba que fuera sólo mío. La senté en la cama para zafarle los zapatos, estaba ahí arrodillado frente a ella, mirándola con ese profundo deseo que nunca creí sentir por alguien, me acerque para besarla, no podía estar un poco más sin esos labios, mi ágiles manos desabrocharon su sensual sostén, después bajé para quitarle la ropa interior para únicamente dejar el ligero, porque eso sí que me excitaba. Verla ahí desnuda frente a mí, luciendo tan natural, me decía que no debía fingir, podía ser yo, por un momento se quiso levantar pero se detuvo, estaba mirándome fijamente, en sus ojos se reflejaba el deseo y la lujuria, algo estaba tramando.

-Desnúdate para mí –me dijo.

Me sorprendió su petición pero yo le había dicho lo mismo tantas veces que porque no hacerlo, no dije nada sólo levante los hombros en señal de aprobación, primero me quité la corbata carmesí, después el chaleco botón por botón, lo lance al sillón, después la camisa, estaba simplemente en mi camiseta blanca, me desabroche los pantalones, le dije también adiós a estos y a los zapatos. Lentamente me deshice de la playera, únicamente me quedaba el bóxer, lo baje quedamente, ahora ella podía ver mi palpitante excitación en toda su magnitud, la deseaba ferozmente en ese momento, la quería para mí y ya no estaba dispuesto a esperar. Ella también lo necesitaba, me arrastro hasta la cama, nos fundimos en un abrazo lleno de caricias, para disfrutar del aumento en la temperatura de nuestros cuerpos, de la sensación de la piel al hacer contacto, de los labios que parecían morir en ansias por encontrarse unidos, esa pequeña batalla de lenguas que no paraba hasta perder el aliento.

Con cada caricia de mis manos esperaba dejar mí marca, que sintiera todo lo que me provocaba, que mi tacto le arrebatara toda inhibición y amarnos libremente, elevar nuestra pasión a lugares inalcanzables. Entre sus delicados gemido me pidió que lo hiciera, aquella espera por ser uno no podía ser prolongada, lo hice, a diferencia de otras veces me tomé mi tiempo para marcar el ritmo, solía ser un poco rudo pero ahora existía cierta delicadeza en mis movimientos, en mi roce, mis dedos también estimulaban otro punto exacto de su íntima anatomía, únicamente podía aferrarme a mí, a mi espalda, a mis labios en un vano afán de controlar su excitación y sobre todo sus asombrosos gemidos. Me sujeto fuertemente con las piernas, quería maximizar esa desbordante sensación, no lo resistí aquello era enloquecedor, mis embestidas se volvieron más fuertes y rápidas llegando profundamente en su interior, el placer extasiarme con sus senos y su sabor derritiéndose en mi boca, la ella se clavaba en mi cuello y mis labios, de la proximidad de la realización. Esa emoción que tiene que ver con lo que sentimos, pero también con el amar, con el confiar y entregarse, es ver, tocar, escuchar y al mismo tiempo olvidarlo todo. Es dejar de ser por un instante…

Nuestras respiraciones todavía luchaban por controlarse, seguimos en esa posición, no queríamos deshacer nuestra intima unión. La abrace, ella intensifico ese abrazo y continuamos besándonos, las palabras que estaba callando, que por alguna razón temía decir por fin fueron pronunciadas desde mis labios.

-Wendy, quisiera tener todas las palabras necesarias para decirte lo que significas para mí. Lo que tu existencia me provoca, como el ver tu dulce sonrisa hace que mi corazón lata más rápido, el que tu amor ha curado algunas de las heridas que pensé que jamás sanarían, el que me permitas encontrar cierta redención al final de mi vida. Simplemente te amo pecosa.

Aquello que había dicho resultaba ser extremadamente sincero, muchas veces dije "te amo" pero conocía perfectamente las veces y a las personas que se las dije cuando eran verdad, porque siempre llego esa sensación de felicidad a mi pecho. Vi su rostro, en este se dibujaba una gran sonrisa y también se le escapaban unas lágrimas, mi corazón repico conmovido.

-¡Stan te amo más de lo que creo que jamás podre amar a alguien! –me dijo con su risa llorosa.

-¡Yo te amo más! –contesté riendo. Muchas veces buscaba una explicación a esto, a lo que sentía, hasta ahora no la había encontrado pero era maravilloso vivirlo.

Nuestra noche se prologo por más horas, un sólo encuentro nunca resulto suficiente, hacer el amor tenía que ser más que un simple desfogue. Cada parte de ella me fascinaba, me estimulaba, me excitaba, era lo que más deseaba, lo que me llevaba al máximo goce, a través del tiempo descubrí muchas formas de hacer el amor pero sobre todo construirlo. Quería experimentar a su lado, y tal vez enseñarle un poco pero sobre todo aprender de ella, como el hecho de que la excitara el que utilizáramos las entradas no convencionales, claro siempre con juegos previos y cierta cantidad de lubricante además de un buen lugar para recargarse. Volvimos a escribir ese poema que no necesita palabras, que se compone solamente de sentimientos y sensaciones, que nos desconecta de la cordura arrastrándonos hasta el éxtasis de lo no dicho, es la creación de un universo totalmente nuevo.

Descansaba sobre mmi cuerpo, disfrutábamos de los momentos después de amor, en esos instantes donde el silencio parecía una bella música, las miradas de complicidad nos hacían sonreír y las reparaciones todavía agitadas contaban una vez más la historia de lo vivido. Había algo que tenía varios meses que deseaba preguntarle y aquello parecía ser el momento preciso.

-¿Puedo preguntarte algo? –le dije mientras recorría su espalda con mis dedos.

-Por puesto –respondió viéndome a los ojos.

-¿Cómo averiguaste la combinación de la caja fuerte? –pregunte con suma curiosidad. Era algo que todavía me sorprendía.

-Bueno no te mentiré, no lo logre al primer intento, de hecho fueron varios, comenzaba a desesperarme cuando pensé en ti, en las cosas que conocía sobre Stan Pines. –Continuó diciendo. –Trece era el número de países donde tienes órdenes de aprensión, cuarenta y cuatro era la edad que tenías cuando te atreviste a regresar Nueva Jersey para visitar la tumba de tus padres, ochenta y dos fue el año en que perdiste a tu hermano. ¡Bingo! Ahí estaba la combinación.

No dije nada, ahora era yo el que dejaba escapar unas lágrimas sin que me viera, como es que esa joven mujer, esa adolescente me había llegado a conocer mucho más que tantos a lo largo de mi vida. Me sentí feliz porque el saber que alguien sabía tantas de cosas sobre mí simplemente me reconfortaba. –Sí que me conoces pecosa. –Finalmente respondí.

-Bueno ahora me toca preguntar –me dijo mientras jugaba con mi pelo.

-Adelante, te escucho –le dije tranquilamente.

-¿Stan qué somos? –ahí estaba la tan temida pregunta, a la cual no tenía una repuesta, me tenía acorralado, me dejo sin otra alternativa, tendría que responder.

De nuevo los minutos pasaron, la tensión se apoderaba de mi cuerpo, quería articular las mejores palabras, las más adecuadas, las que no dejaran dudas, pero al final dije lo que sentía.

-Dos personas que se aman –fue lo que dije -¿Tú qué piensas que somos?

-Un par de locos agarrados al sinsentido de la existencia, somos todo y nada, solamente Stan y Wendy pero en efecto dos personas que se aman –fue lo que contestó.

Le sonreí, por qué no dejaba de sorprenderme lo que era capaz de pensar, de decir y de sentir. Ella no necesitaba una etiqueta para vivir esto, era yo quien se empeñaba en buscarla, tal vez ella siempre fue y sería más libre de lo que yo nunca fui, tal vez por eso ella me podía amar, tal vez por eso nos habíamos encontrado. Nos acurrucamos el uno al lado del otro y nos dispusimos a dormir, esas eran nuestras últimas horas en la ciudad de Nueva York, que perfecto era sentirla en mis brazos.

El viaje de regreso fue tranquilo y no muy cansado a pesar de lo poco que habíamos dormido, descansamos varias veces, comimos mucha chatarra e incluso nos dimos un rápido momento para la pasión en el asiento trasero. Incluso cuando pasamos por ese restaurante donde esas viejas amargadas nos señalaron, volvió a sacar su mano y dejó escapar de nuevo el mismo gesto, los dos reímos un buen rato. Llegamos a Gravity Falls un poco antes de la siete de las diez de la noche, le marque a su amiga para saber si ella también había regresado, le dijo que tenía alrededor de media hora que se encontraba en su casa. Lástima el momento de separarse había llegado, la lleve hasta su casa, si Dan preguntaba le diríamos que la encontré en el camino y se ofrecí llevarla. Antes de dar vuelta a unos escasos metros de su hogar me besó, mi corazón dio un vuelco ante el hecho tan atrevido pero tan gratificante, esa era mi última oportunidad de hacerlo desde que arribamos al pueblo, una vez más me agradeció la experiencia y me dijo que estaba segura de que nunca la olvidaría. Bajó sus cosas, en la entrada se despidió con la mano, desde el retrovisor pude ver como se desvanecía hasta que se perdió por completo, en mi pecho un sentimiento de dolor se formó y pensé que estaba por perderla pero ¿qué cosa tan mala podía pasar entre los dos?

Días después llegaron los gemelos, la Cabaña del Misterio se llenó otra vez de vida y bullicio, de las risas estridentes de Mabel y los gritos tan agudos de Dipper. De sus locas anécdotas de Piedmont, y de las nuevas aventuras que parecían seguirlos en Gravity Falls. No podía esconder la emoción que me daba el que ese par regresara, en lo más profundo de mi alma sentía que a través de ellos podía zurcir un poco a esta familia rota desde hace tantos años. Soos, su novia y su abuelita se volvieron lentamente en parte de nosotros, de esta loca familia de apellido Pines, y por supuesto estaba ella que era tan importante para mí. Este pueblo que en un principio parecía un terrible purgatorio se volvió para todos nosotros un hogar, no importaba que tal lejos estuviéramos entre todos, siempre tendríamos este raro lugar situado en Oregón. Pasamos mucho tiempo los cuatro como en ese lejano verano, antes sin duda aprecie mí soledad que me permitió conocerme y entender muchas cosas pero ahora no sé qué haría sin todos ellos. Era casi mitad de verano cuando llego el nerd, los chicos bajaron corriendo a recibirlo también me les uní, Mabel lo abrazaba sujetándolo por el cuello mientras Dipper agitaba sus brazos y dejaba salir uno de sus característicos gritos de emoción, simplemente lo salude y le pregunte cómo había estado el trayecto.

-Bastante tranquilo –dijo para después pedirme a Mabel que lo soltara o terminaría por romperle el cuello.

-¡Hey ustedes! Bajen las cosa del cerebrito –les dije, cosa que hicieron inmediatamente.

-¿Tú cómo has estado? –preguntó.

-Bastante bien, nada del otro mundo, nada que no pudiera hacer aquí –le respondí.

-Dipper me dijo que fuiste a Nueva York. ¿Qué necesitabas de ese lugar? –me cuestiono dejando salir ese tono de sabelotodo que me jodia bastante.

-Necesitaba un tiempo para mí sólo –le conteste fastidiosamente.

-Para ti "solo", por supuesto no lo dudo –ahí estaba el desgraciado sacando sus conjeturas, no teníamos ni media hora juntos y ya quería romperle el cuello.

-Listo ya dejamos sus cosas en la habitación –dijeron al unísono lo gemelos.

-Perfecto –dijimos también nosotros al unísono.

Mabel decía unas cuantas cosas sobre sus padres, puede ver como él estaba concentrado mirando a Wendy, eso sólo era un augurio de las miles de preguntas que estaban por venir.

Los cuatro entramos para ir a la cocina, les decía que tenía la intención de preparar una barbacoa ahora que estábamos todos reunidos.

-¿Puedo llamar a mis amigas? –pregunto Mabel.

-Por supuesto cariño –le dije.

-También puedes invitar a Pacifica si quieres Dipper –le decía a mi inepto sobrino, pobre rubia derrapa por él y este lo ni lo notaba.

-Claro, también es nuestra amiga –dijo tontamente.

Mabel lo sujeto por las mejillas y le dijo -¡Pobre de mí lento hermano, pero algún día crecerás!

Al escuchar estos nos soltamos a reír, ni el nerd se pudo contener, nuestro sobrino era todo un caso. Pero tenía esperanzas al final también era un Pines, o eso queríamos pensar con respecto a las mujeres. La barbacoa pronto se convirtió en una pequeña fiesta, la cabaña cerró temprano, llegaron la Señora Ramírez y la novia de Soos que pasaría unos días con ellos, también llegaron Candy y Grenda e incluso Pacífica, al poco rato llego McGucket y su hijo Ranger quienes habían sido invitados por el nerd, supongo que nuestra relación no era la única que buscaba reparar. Los chicos platicaban emocionados, nosotros también, éramos un grupo de hombres viejos que buscaban crear cosas nuevas, mi hermano había descubierto una fluctuación entre uno de los "muchos universos" y deseaba investigarlo, ni siquiera había terminado la frase cuando Dipper ya preguntaba en qué podía ayudar. McGucket le dijo que por ahora no en mucho pero que si era bueno con los cálculos estaba bienvenido, ese asintió como loco, el trio de nerds siguió hablando de sus múltiples posibilidades, note que Soos se quedaba sin provisiones le había cedido el honor de preparar la comida por lo que fui a la cocina a buscar más. Ella hablaba con Melody y Mabel, pero le sonreí cunado pase a su lado, estaba en la cocina sacando un poco más de carne así como unas cervezas y otras cosas cuando su voz me hizo voltear.

-Sabes me fascina verte tan feliz –dijo en cuando entro.

-A mi también me gusta quitarme la máscara de "gruñón" de vez en cuando, pero no se lo digas a nadie –le dije mientras acomodaba las cosas en una cesta.

-Conmigo no la necesitas –decía acercándose cada vez más.

-No, claro que no –ahora estábamos frente a frente. Nos dimos un tímido beso, que poco a poco iba aumentado de intensidad, además de ese exquisito abrazo. Sabía que el que no pudiéramos querernos libremente la molestaba aunque no lo admitiera, por ahora la que más pesaba era la careta de jefe, por eso quise estar en cierta intimidad por unos momentos.

-¿Stan dónde estas? –se escuchó la voz del sabiondo.

Al instante nos separamos, enseguida él entro, ella tomo las cosas y se fue, al pasar a su lado este se le quedo viendo gran intensidad.

-Creí que habías entendido que tenías que terminar esto –dijo mirándome y ladeando la cabeza.

-Lo sé, pero no he encontrado la oportunidad –le dije destapando una cerveza.

-¿Una oportunidad? Ni siquiera lo intentas –decía tomado una para él.

-Di lo que tengas que decir, no te andes con rodeos –le dije, después bebí todo el contenido de una sola vez.

-Mira que si eres imbécil, no te das cuenta de todo el daño que le haces esa adolescente incrédula – dijo con suma tranquilidad.

-Me imagino que tu si lo sabes –le dije con sarcasmo.

-No más que tú, ahhh pero lo olvidaba la amas. Es cierto, la amas tanto que no te importa destruirle el futuro –dijo fríamente.

Lo sujete del cuello, por un momento quise partirle la estúpida cara que compartíamos. –No tienes derecho a juzgarme, no tú, o acaso ya te olvidaste de lo que le hiciste a ese pobre desgraciado al cual llamas "amigo".

-Lo de Fiddleford, es algo totalmente distinto –contesto.

-¿Distinto? Dices que le destruyo el futuro a Wendy por estar con ella. Tú le jodiste la vida, la familia y la reputación a ese hombre por treinta malditos años –ahora sí que estaba furioso al hablar.

Suspire y lo solté. –Dejemos esta conversación para otra ocasión, no me gustaría que alguno de los chicos nos viera pelear eso sin duda les arruinaría el verano. Los dos nos dirigimos hacía la fiesta, antes de salir le dije –ahora por favor simula que te diviertes, al hacer esto solté una fingida carcajada no le quedo de otra más que imitarme.

La tarde siguió sin mayores contratiempos, nadie se percató de lo paso en la cocina, Dipper sugirió que hiciéramos unos juegos artificiales con varios químicos del laboratorio cosa que a todos nos agradó. Mientras los hacían McGucket construyo un dispositivo desde donde los dispararían, el cielo nocturno se cubrió de un gran multicolor, Soos y Melody se tomaban de la mano y besaban discretamente, la rubia intento algo similar con mi sobrino pero este es todavía bastante torpe por lo que no se dio cuanta de las intenciones de Pacífica, al final Mabel acabo abrazando a los dos. Le señalaba la trayectoria de las luces a Ranger no cabe duda que tú padre es un genio dije, sorbía un poco de mi cerveza cuando nuestros ojos se encontraron, me sonrió y con sus labios silenciosos dibujo un "te amo", en medio de la oscuridad disipada brevemente por las luces radiantes de la esa pirotecnia improvisada le decía "yo también".

Sin duda los demás días del verano fueron bastante interesantes, tres veces estallamos el laboratorio, tuvimos que salvar a Mabel de una manada de degenerados hombres lobo que la querían hacer su reina, bueno me divertí al ver usar a Wendy su hacha vaya que era hábil, y desempolvar mi punching tampoco estaba de más. Después esa anomalía que "revisaban" nos hizo dar un viaje ligeramente interdimencional para rescatar a Dipper y su inseparable diario tres, no hicimos nada que no fuera posible de pasar en Gravity Falls por supuesto nada que no le pudiera suceder a un Pines.

Los días se fueron rápidos y divertidos, aunque teníamos nuestros momentos de intimidad limitados además mi jodido hermano no dejaba de interrumpirnos, pudimos reunirnos varias veces en un pequeño motel a las afueras del pueblo. Los encuentros eran fascinantes, intoxicantes y sobre todo deseados, la espera los convertía en algo magníficamente delicioso. También tuvimos tiempo para estar únicamente los gemelos Pines, el salir como una simple común y corriente familia cosa que para nosotros resultaba a veces ser muy raro, Mabel y yo éramos lo que más disfrutábamos esto. Los chicos fueron los primeros en marcharse, claro con la promesa de regresar en Navidad junto con sus padres, el nerd se quedaría unos días más para junto a McGucket para sellar la anomalía que nos causo problemas.

Estaba empacado sus cosas al día siguiente partiría de nuevo, el ambiente se comenzó a tornar un poco tenso, únicamente espera el momento en el que comenzara a hablar. Me enoje, por qué se tardaba tanto, sabía a la perfección aquello de lo que quería hablar. Cerró su maleta y se sentó en el sofá, yo lo miraba desde una silla.

-¿Qué piensas hacer? –por fin dijo.

-No lo sé, no tengo una respuesta –dije tomando aire.

-Stan esto que haces no es un juego sin consecuencias –decía exasperándose un poco.

-Nunca he dicho que lo sea –conteste.

-Parece que no estás consiente de las cosas, ¿esperaras a que cumpla veintiuno para casarte con ella?, ¡ya se huiran y vivirás tu telenovela! –Seguía diciendo –Has pensado en que pasara si ella sale embarazada, ¡no!, ¡por supuesto que no! Bueno te pusiste a jugar a ser su amante, ¿por qué no jugar también a ser padre?

-Mide tus palabras o no respondo de mis acciones –dije resoplando tratando de contenerme.

-¡El que no mide sus acciones eres tú idiota! Me has llamado egoísta un sinfín de veces, que puede ser más egoísta que esperar que alguien que apenas comienza su vida se quede junto a ti. ¿Quieres que te cuide hasta que envejezcas todavía más? ¿Hasta que seas un despojo que únicamente sea capaz de defecar en sus pantalones? ¿En serio eso quieres para ella? –Sí que podía llegar a ser un maldito.

-¡Nunca he dicho que quiera eso para ella! –respondí casi gritando e increíblemente enojado.

-¿Entonces qué es lo que quieres para ella? ¿Alguna vez le has preguntado que quiere hacer de su vida? Estoy seguro que no, te aterra la posibilidad de perderla, acéptalo únicamente somos un par de fracasados, sumidos en nuestros propios infiernos ¿por qué la quieres arrastrar contigo? –maldita sea ese desgraciado de nuevo tenía razón.

-¡Puta madre!, ¡No lo sé!, ¡No tengo una jodida respuesta!, ¡¿Estas feliz?! –decía mientras me comenzaba a quebrar.

-No tienes derecho a quitarle la oportunidad de conocer el mundo fuera de este pueblo, sólo porque quiera estar contigo –él sus jodidos argumentos.

-¡No pienso quitárselo es sólo…! –no pude terminar la frase.

-¡Es sólo qué Stan! No basta con que digas que la amas, no tienes nada que ofrecerle, no le puedes dar un futuro. ¡Esto es únicamente una ilusión! Eres un adulto sabes que la vida no funciona así. –Cada una de sus palabras resonaba en mi cabeza.

Él tenía razón sabia perfectamente que no podía ofrecerle nada, no podía seguir aferrándome a esto por más hermoso que fuera, pero al mismo tiempo la amaba con todo mi corazón y no estaba dispuesto a perderla. No sin luchar, no sin intentarlo, ¿acaso en este mundo hostil no existía un lugar para los amantes desdichados fuera de las novelas románticas?

-Sé que no puedo darle nada, pero sin ella siento que me desvanezco, sin su cuerpo, sin su amor, sin sus palabras, sin Wendy ¿qué me queda? –dije con la voz quebrada.

-Stan –dijo sosteniéndome de los hombros. –Nuestra vida no fue fácil, sobre todo la tuya, cometimos muchos errores, lo único que conseguimos fue olvido y soledad, pero fue la decisión que tomamos, sólo nos queda asumir con las consecuencias. Ella no tiene por qué lidiar con esto.

-¡No quiero perderla! ¡No quiero volver a sentir ese vacío! ¡No me importan las malditas consecuencias! ¡¿Por qué no entiendes que la amo?! –conteste quitándome sus manos.

-¿La amas? ¿Cómo puedes decir eso con tanta seguridad? Si la obligas a vivir en los límites, en la oscuridad, a vivir algo de lo que ni siquiera puede hablar. ¿Qué pasara si en el pueblo se enteran de esto? ¡La has reducido a ser la puta que se acuesta con su jefe! –al decir esto lo golpee en la boca.

Sangraba del labio había cruzado la línea, dijo más allá de lo que podía tolerar, tenía esa facilidad para herirme, sin embargo algo en el fondo no dejaba de molestarme, en mi cabeza únicamente podía pensar que él tenía razón.

Tomo su maleta, se iría en ese instante, no esperaría a que llegara la mañana, sabía que éramos propensos a dejarnos arrastrar por la furia.

-Stan, espero que lo que decidas sea lo sea estés dispuesto a asumir las consecuencias. Sin embargo, si tanto la amas por favor cuando tomes una decisión piensa en ella. Tomo su equipaje y se fue, escuche el motor del auto después únicamente dentro de la Cabaña existió el silencio.

Me quede solo en mi habitación, sus preguntas no dejaban de sonar en mi cabeza, esas mismas preguntas que yo mismo me había hecho con respecto a Wendy. ¿Realmente no había un futuro entre nosotros? ¿Por qué me asustaba tanto perderla?

Pase toda la noche pensando, sobre todo en los errores de ni vida, en las personas que lastime, en algunas ocasiones tuve la oportunidad de ser feliz al lado de alguien sin embargo las rechace por seguir ese ridículo sueño de ser alguien cosa que nunca conseguí. Había perdido mi nombre, mi familia, mi vida, muchas otras cosas y aquí seguía lleno de remordimientos por todo lo que alguna vez hice. Ahora estaba ella, si esa chiquilla a la que me gustaba ver como mujer, además no como cualquier mujer sino como mi mujer, era ella era lo mejor que me había pasado en treinta estúpidos años, y sin embargo sabía que estaba mal pero a pesar de eso ahí estaba yo amándola.

Los días siguieron pasando, lentamente se llegó el otoño, en mi menta las preguntas del nerd no dejaban de dar vueltas, me molestaban, me entristecían, me confundían pero ella no tenía por qué saberlo por lo que me esforzaba ocultado mis sentimientos. Pero Wendy también lucia distinta, también algo la estaba fastidiando, estamos viendo una película en la sala, acostumbraba acurrucarse en mi costado, sus suspiros no dejaron de llamarme la atención.

-¿Ocurre algo pecosa? Te noto distraída –dije acariciándole la cabeza.

-Bueno el otoño ya está aquí, tengo que decidir que hare después de graduarme –dijo mientras hundía mi cara en su pecho. ¿Por qué estar con ella se tan bien?

-¿Quieres ir a la universidad? ¿No? –pregunte ahora abrazándola, necesitaba sentirla en mis brazos.

-No lo sé, una parte de mi lo desea otra quiere quedarse contigo para siempre –contesto, pero sus palabras me llenaron de inconformidad.

-Debes vivir tu vida, yo estaré aquí siempre para ti –dije apretándola un poquito más fuerte, como si la decir eso ella fuera a escaparse de mi manos.

-Lo sé, el hecho es que quiero vivir mi vida a tu lado –su voz comenzaba a hacerse más tenue.

-Estoy seguro que hagas lo que hagas será lo correcto –le decía mientras besaba su mejilla y yo moría un poco por dentro.

Se marchó como siempre apenas dieran las diez de la noche, cerré la puerta y me di cuenta de lo que pasaba, ella estaba dispuesta a quedarse en Gravity Falls sólo por estar conmigo. Las palabras de mi hermano ahora sí que retumbaban en mi cabeza, le estaba quitando sus sueños, la oportunidad de ser alguien, de conocer el mundo, le estaba quitando su vida. Tome el teléfono y marqué ese número que sabía a la perfección.

-Hola –dijo la voz del otro lado.

-Necesito pedirte un favor –dije tristemente.

Aquel era su día libre, le gustaba hacer recorridos en bicicleta con sus amigos, casi siempre la misma ruta iniciábamos en la gasolinera y terminaban en "The Club", ahí estaba yo con ella, con esa vieja amiga. Hablábamos un poco de las cosas viejas del pasado, de las cosas que nos unían y a la vez de las que nos habían separado, no podía ocultar mi nerviosismo sabía que en cualquier momento Wendy llegaría.

-¿No te basta con terminar con ella también tienes que romperle el corazón? –me pregunto.

-También el mío se romperá – conteste sonriendo.

-Puede ser pero es porque así lo decides –dijo bebiendo un poco de su copa.

Pude ver como desde lejos como llegaban, como reía con sus amigos, de nuevo se presentó la culpa ahí estaba viviendo como una chica normal, como alguien de su edad, en espera de todo lo que aun podía hacer y conocer. En un santiamén su mirada estaba en nosotros, tome la mano de mi acompañante, la mire como si mirara a Wendy y la bese, como hace muchos años nos besábamos, como cuando al igual que pecosa también creía conocer lo que era el amor. Cerré los ojos, por un rato tratando de ordenar mis pensamientos y seguir fingiendo ese beso, fue ella quien paro y me dijo.

-Se fue –dijo ella.

Mire por la ventana, en efecto ya no estaba ahí, sus amigos todavía estaba en ese lugar parecían un poco confundidos. Pude sentir la mirada de su amiga fija en mí, sí que podía ver el odio en sus ojos, en ese instante confirme lo que sospechaba Wendy le había contado sobre nosotros. Estuvieron unos minutos más y después todos se marcharon, un enorme hueco comenzaba a formarse en mi pecho.

-¿Qué pensabas Stan es casi un niña? –me pregunto.

-Ese es el problema no estaba pensando, sólo me deje llevar –le conteste para después beber toda mi copa.

En esos momentos no dejaba de pensar en Wendy, no sabía lo que estaría pensando o sintiendo pero estaba seguro de que me estaba odiando.

-¿En realidad era necesario todo esto? –me dijo.

-Tal vez no, pero quiero que me olvide –le respondí.

-¿Lastimarla te pareció la mejor opción? Bueno en ese eres un experto. –Siguió bebiendo de su copa.

-El dolor es parte de la vida, mucho en el caso de la mía –me servía otro poco de vino.

-¿Ahora que harás sabes que tarde o temprano te pedirá una explicación? –Me pregunto.

-Mentir, soy también en eso soy experto –dije con ironía.

-No lo discuto, ahora cuéntame cómo es que todo esto comenzó –decía mirando a los ojos.

-Es una larga historia, ¿estas segura de quererla escuchar? –le pregunte.

-Somos un par de viejos, el tiempo ya no importa. –Me contesto con cierta dulzura.

-Gracias Carla…dije y comencé a hablar.

Ese hombre Misterioso había recorrido un sinfín de caminos, trazado y hecho otros desde los lugares más insólitos pero este que ahora comenzaba a transitar le lastimaba de verdad. Se acostumbró a perder cosas, a no aferrarse a nada, incluso a no permitirse amar, fue cediendo poco a poco por el afecto de sus sobrinos pero fue la pelirroja quien hizo su propio camino hasta el alma de Stan y ahora eso tenía que terminar. Aunque su corazón le dijera que nunca la dejaría de amar, que se rompería una vez más, pero ella le era tan importante que no le importaba, perderse a sí mismo con tal de ella siguiera viviendo, aun entre las palabras de su antigua amiga únicamente podía pensar en la pelirroja.

FIN

Notas del Autor:

Primero muchas gracias si has leído esto, realmente agradezco que hayas seguido esta historia que está por terminar.

Fue un capítulo que en su primera parte tuvo la intención de ser sumamente romántica, quería realmente que se sintiera el amor que existe entre ellos. Bueno entonces te preguntaras ¿Qué carajos paso al final? Mi respuesta es la vida no es perfecta, ni nada es eterno.

Acerca de las conversaciones de Tambry y Ford, los cuestionaron y llevaron al límite no porque los quisieran joder (bueno tal vez sólo un poquito) primordialmente lo hicieron ya que los quieren y se preocupan por ellos. Les he de confesar que amo escribir esa conversaciones uno a uno que tienen la intención de ser profundas, sobre todo las de los Stans's.

En cuanto a Carla, necesitaba un personaje femenino para dicha situación por un momento pensé en un OC, tal vez una acompañante pagada pero el momento resultaba ser una íntima y dolorosa situación por lo necesite de alguien más. Además el que ellos no terminaras bien en su época no significa que después no pudieran ser amigos, si sé que la mate en otro de mis fics pero digamos que este es un AU.

Este es el penúltimo capítulo, me esmerare en el final sobre todo porque quiero que refleje lo que he intentado trasmitir a lo largo de mi historia. Si abra epilogo eso todavía no lo he decidido.

Fic dedicado a Alejandro2404921, en efecto era de Mario Benedetti al mismo tiempo creo que la historia se parece un tanto a la Tregua, si no conocen el libro léanlo y entenderán el porque.

*Créanlo o no he aprendido a hacer muchas cosas gracias a los tutoriales de Internet, entre esas cosas cupcakes, fondant y algunas prendas de vestir.

*Toda esa frase es lo más ridículamente cursi que alguna vez he escrito pero la verdad me gusto.

*Charging Bull es una de las grandes postales de la ciudad de Nueva York, además de todo un amuleto para la buena suerte, pues acaricias su hocico o sus testículos la fortuna económica aparecerá en tu vida, o eso dicen.

En otras cosas, esta semana regrese a una parte de mi vida adulta sobre todo la que tiene que ver con la actualización de mis profesiones. Estaré estudiando sobre la psicosis y las perversiones, ¡Yeah!

Entonces estábamos revisando ciertas cosas, llegamos al Edipo y por supuesto a la prohibición del incesto, como buena PINCESTERA no lo puede evitar pregunte acerca de la instauración de este entre los hermanos. Si bien el buen Freud nos habla acerca de cómo funciona este y se instaura permitiéndonos no sólo la elección de objeto de afecto, si no también introyectandonos la ley que nos permitirá transitar en esta vida es, únicamente hace referencia con aquellos que cumplen la función paterna. Así que por ahí hay cierto vació en cuanto a la relación entre hermanos, por lo que investigare al respecto para saber que dicen otros autores.

La conclusión de esa clase fue: Todos aquellos que tenemos hermanos en algún punto tuvimos nuestros goces incestuosos con ellos lo recordemos o no. (Si leen esto no se traumen)

¿Para que este choro? Es para poder dar sustento a la respuesta de la pregunta de express22.

¿Por qué considero a Dipper y Mabel como pareja?

En primer lugar no los considero pareja ya que es algo muy distinto a que te guste el Piencest, ¿entonces por qué me gusta el Pinecest? Me gusta por lo que representa, que es ante todo una jodida imposibilidad, eso que jamás va a pasar, es la ilógico, tan prohibido, que desde mi más humilde opinión es lo que lo ha hecho tan popular entre los miembros del Fandom.

La serie busca sobre todo enarbolar los valores de la familia y sobre todo de la hermandad (cosa que yo pondría en duda después de capítulo de los STAN'S), pero el Fandom no es la serie, he leído por ahí tanto en inglés como en español que si te gusta el Pinecest es como decir que Alex Hirsch está de acuerdo con el incesto cosa que me parece una tremenda barbaridad. Sería como afirmar que cuando escriben una historia yaoi es porque el Señor H. es homosexual (aunque lo fuera eso tampoco tendría relevancia), o todas esas historias raras del Dipcifica y decir que está de acuerdo con el sexo entre adolescentes. Los temas y circunstancias que se desprendan del Fandom se vuelvan populares o no dependerán de su respectivo autor y de los goces de este, de incluso sus propias perversiones y lo que pretenda trasmitir con su texto. Lo que se muestre de la serie original si es responsabilidad de Alex Hirsch y aun así esto es bastante subjetivo ya que el observador lo mirara a través de su propia realidad.

Entonces el Pinecest no dejara de existir porque unos lo odien pero tampoco afectara la serie porque a otros nos guste, en fin me gusta simplemente gusta.

Pd: ¡Perdí uno de mis tennis dentro de la lavadora! ¿Cómo fue eso posible? Soy muy despistada, ¿ustedes son despistados?

"GRACIAS POR LEER Y ESPERO SUS COMENTARIOS"