Bien, nos sabemos de memoria la historia: los personajes de las CLAMP no me pertenecen si no a ellas, yo podría a llegar a utilizar personajes de mi imaginación pero casi todos serán de ellas (todos por el momento. Yo diré cuando no). La historia es de mi total autoría y pues… X a leer!

Summary: Sakura Kinomoto ha sido prometida a Shaoran Li como un pago a Hien Li por haber curado a la madre de la chica de una terrible enfermedad. Al cumplir 18 años de edad, sin previo aviso y sin aguantar más, Shaoran decide que ya es tiempo de reclamar a su mujer.

El secuestro de sakura

Pensamientos y recuerdos: "&&&&&&&&"

Sueños: "&&&&&&"

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Inmediatamente después de haber atravesado el umbral, Mei ling se dirigió hacia su interlocutora. La escrutó llevándose una gran sorpresa, que era demasiado hermosa como para competir con ella.

En el pasado, Mei ling había competido por el amor de Shaoran con chicas bonitas pero nunca le llegaban ni a los talones. Claro, con su 1.73 de altura, un cuerpo con forma de reloj de arena, piel bronceada, y atributos lo suficientemente bondadosos como los de ella, cualquiera le podría ganar a la mayoría. El caso era que Sakura no pertenecía a esta mayoría.

Mei ling no era fea, muy por el contrario, sus ojos eran de un color muy raro, rubís. Tenía una boca mediana pero carnosa y piel tersa, su nariz no era ni respingada ni chata ni grande. A decir verdad su nariz no tenía ningún carácter. Su cabello era lacio hasta la cintura y muy sedoso. A la morena le encantaba vestir con atuendos muy cortos y apretados, como si fueran una segunda piel, porque sabía que aquello resaltaría sus preciosas curvas. Además de que poseía un aire que si no rayaba en la vulgaridad era porque sus ojos le conferían un aire de misterio y de cierta belleza

Pero de lo que tenía en frente, no había absolutamente ninguna similitud con ella.

Esa "chiquilla" –la calificó de aquella manera por qué eso era – tenía un cuerpo que a toda vista podría denominar como "virgen" o "tierra no explorada" porque su cintura era más pequeña que la que Mei ling poseía, la piel de su cuerpo entero era porcelana muy tersa incluso a la vista. Uno fácilmente podría morir por lamer aquella piel.

Las piernas de aquella chica tenían una figura torneada, estaban muy bien delineadas y no eran delgadas, podrían pasar tal vez por "gorditas". Las caderas eran medianas pero con unos vaqueros podrían convertirse en unas de perfectas proporciones. Los pezones apuntaban hacia arriba y tenían un tamaño considerable, no eran ni pequeños ni grandes. El cuello era muy delgado y largo, sólo lo justo para alguien de 1.61 cm. como ella, y los huesos de las clavículas se denotaban claramente en esos pequeños hombros. Tenía el hombro derecho vendado junto con el brazo, aunque el brazo que no lo estaba era delgado y muy delicado. Pero lo que en definitiva la dejaba anonadada era la belleza de ese rostro perfecto, sin contar aquellos ojos color esmeralda que eran tan extraños de encontrar en una persona. Si Mei ling antes pensaba que sus ojos eran especiales, aquellos la superaban por mucho.

Y todo aquello estaba envuelto en una camiseta blanca de Shaoran que bien podría pasar por transparente.

–¿Quién eres tú y qué haces en casa de mi "marido"? –mintió sobre el status de Shaoran. La castaña rápidamente buscó su mano derecha, no tenía anillo de casada ni argollas que portaría una chica prometida.

–¿Su esposo es Shaoran? –preguntó mirándola directamente a la cara. Sakura nunca se había amilanado por ninguna chica, pues Tomoyo nunca se lo había permitido y siempre le recalcaba que era más preciosa incluso que ella, lo cual casi nunca creía.

–Por supuesto. –espetó la ojirubí molesta. –además, traes una camisa de él. – masculló escandalizada. –¿dónde está él?. –caminó por el vestíbulo buscándolo con la mirada.

Sakura no era celosa y mucho menos lo sería por Shaoran a quién apenas hacia un día acababa de conocer, pero tenía la impresión de que esta mujer molestaba al pobre. Aunque, si algo estaba antes que su captor esa era ella, y aquella podría ser su oportunidad de oro para escapar.

–Mire –su voz aterciopelada acarició los oídos de Mei ling. –yo no soy nadie por quien usted deba preocuparse. –vaciló por lo que diría a continuación. –de hecho, yo me escondí dentro de esta casa porque estaba huyendo de alguien, y su esposo, al ver que yo no disponía de algún tipo de pijama me prestó su camiseta para dormir en el sillón de la sala. Y me encerró esta mañana porque le dije que alguien me estaba persiguiendo, y no quería que nadie entrara, pero, si le molesta mi presencia, yo encantada de marcharme de este lugar. Al fin y al cabo el sujeto que me buscaba ya se habrá marchado Sólo deme unos minutos, mi ropa está en el baño de arriba. –cuando su ropa en realidad estaba en el cuarto del castaño. Rogó inmensamente por que la morena no le dijera que ella podría ir con ella o por ella.

. –Anda. –espetó muy contrariada la ojirubí, que sabía que aquello era mentira.

Mientras la castaña corría hacía el piso de arriba, Mei ling elucubraba en sus pensamientos intensamente. Esa "chiquilla" no se veía como las chicas con las que acostumbraba a acostarse Shaoran, no. Ella no era no era una golfita, además de que su rostro no tenía una sola pisca de maquillaje, como debería llevarlo al día siguiente una chica que había dormido con alguien. Sin embargo, el hermoso cabello castaño enmarañado y despeinado como estaba la delataba. Sí que había dormido con el castaño, la pregunta era, ¿de dónde había sacado a esa niña?

No era modelo, pues, le faltaba altura. Y tampoco tenía manchas por el sol como las que tenía ella, muy por el contrario, la tez de aquella chica era muy pálida y demasiado bien cuidada, como si nunca saliera a un solo lugar. No era una cualquiera, era alguien con dinero, mucho dinero, si podía tener la piel así. Seguramente era una niña de mami que sólo por experimentar había buscado tener su primera vez.

Cuando vio bajar a la castaña cambiada con un diminuto short y una blusa blanca sin mangas con estampado de estrellas rojas y negras, se dio cuenta de que no era más que una niña de mami y de que no tenía dinero, pues, de tenerlo no se vestiría así.

Al pasar por su lado, la morena tomó a Sakura por el brazo sano con fuerza, haciéndole daño.

. –Escúchame bien, perra. No te quiero volver a ver cerca de mi marido otra vez, o me encargaré de patearte el culo. –masculló con dientes apretados.

. –No me vuelvas a poner las manos encima. – se soltó de su agarre bruscamente. –yo no soy ninguna perra, en cambio tú, que mientes sobre la relación que tienes con Shaoran, lo único que provocas en mí es vergüenza –

En ese preciso instante la ojirubí asestó una fuerte cachetada en el rostro de la esmeralda. Sakura nunca se había peleado con nadie a golpes, pero tal parecía, aquella sería su primera vez. Recordando como Tomoyo se peleaba con las chicas de su escuela, Sakura tomó a Mei ling del cabello con su mano sana tan rápido que ni siquiera le dio tiempo de esquivar. Lo jaló hasta el piso, tumbándola en el acto, y seguido de eso se subió encima de ella. Le estiró el cabello nuevamente, haciendo que su cara quedara al frente.

Mei ling muy enfadada, se liberó del férreo agarre de la esmeralda, levantándose del suelo. Al ser Sakura más menuda que ella no había tenido muchos problemas. Tumbándola hacía el suelo, le lastimó el brazo herido en el proceso. La inmovilizó y después comenzó a abofetearla incontables veces.

–Maldita… puta… no me… vuelvas a… tocar. –decía entre bofetadas.

Mientras la morena la abofeteaba, Sakura zafó la mano sana del agarre de la ojirubí, y con toda la fuerza que tenía le asentó un fuerte puñetazo en la mejilla, quitándosela de encima.

Levantándose del suelo con dificultad, la esmeralda llegó hasta la entrada y justo cuando estaba por poner un pie fuera de la casa, apareció Shaoran frente a ella y la tomó por la cintura, levantándola en el acto.

– ¿A dónde? – murmuró entre dientes.

–Déjame. – gritó la esmeralda ya con lágrimas en el rostro.

Mei ling se levantó del suelo y fue justo en ese instante que Shaoran notó su presencia. Mirando a ambas chicas determinó que había llegado tarde, pues Sakura y Mei ling ya se habían peleado.

. – ¿Qué ocurre aquí?. –preguntó enfadado sin soltar a la castaña en ningún momento.

Tomando ventaja, la morena habló primero.

–Esa perra… esa perra me atacó sin motivo. – apuntó a la castaña. -vine para invitarte a comer conmigo... y se lo dije cuando preguntó a que venía… pero ella se puso como loca y se abalanzó contra mí sin motivo.

–No, no es cierto. –gritó Sakura llorando. –ella vino hacia mí diciéndome que era tu esposa y que no quería verme nuevamente junto a ti. Me dijo zorra y yo le respondí que me daba vergüenza por mentir como lo hizo, así que me abofeteó y entonces fue cuando me enfadé y la empecé a golpear. – Shaoran estaba enternecido por la manera en que Sakura estaba relatando aquello, parecía una niña pequeña que había peleado por un caramelo.

–Eso no es cierto. –espetó la morena.

–Cierra la puta boca, Mei. –el castaño alzó la voz hecho que asustó a la morena, pues nunca le había hablado así y luego miró a la castaña. –Sakura ¿estás bien?

La castaña asintió y Shaoran la pegó a su pecho. Comenzó a secar sus lágrimas y le susurró palabras lindas. Mei ling, muerta de envidia por aquella escena, gritó:

–Shaoran ¿quién es esa? ¿Es tu nueva puta, acaso?

Shaoran ni siquiera la miró y acompañó a la castaña al segundo piso. Al regresar, su rostro asustó a la morena, pues parecía más molesto que nunca. La tomó por los brazos y la agitó salvajemente.

–Escucha, Mei. Vuelves a ponerle una mano encima a Mi mujer y hago que te destierren de Japón, ¿entendiste?– la miró a los ojos.

–¿Tú mujer, Shaoran? ¿Tú mujer? Tú mujer soy yo, yo que te he dado todo, todo tal y como te gusta cuando quieres. Yo sí soy tu mujer. No una perdida que aparece un día de la nada. – reclamó llorando de rabia y decepción.

–Ella no es ninguna perdida, yo me la robé. Es mi mujer, mi prometida, así que aléjate de nosotros. –la soltó y ésta cayó al piso.

– Yo llegué primero. –lloriqueó como una niña.

–Claro que no. –exasperado se agarró el puente de la nariz. –mira, Mei ling, lárgate antes de que te saque por la fuerza. Ella se va a casar conmigo. Tú no me interesas, nunca me has interesado así que deja de joder. –luego señaló la puerta. – lárgate. –ordenó

Humillada, la morena salió de aquel lugar casi corriendo. No se rendiría hasta conseguir el amor del castaño. Era suyo por que ella había llegado primero. En parte no podría rendirse porque su padre la mataría si no lograba atraparlo. Pero él era suyo.

Mirando el lugar por el cual había salido corriendo la morena, Shaoran meditabundo cerró la puerta. Tenía que ir a ver a su mujer y hablar con ella. Cuando terminara haría una llamada al padre de Mei ling y le diría que ya no cuidaría de su hija, pues estaba a punto de casarse y establecerse. No se iría a China como planeó. No podría dejar lo que era suyo en manos de su padre, quién ya estaba bastante viejo como para hacerse cargo nuevamente de todo. Le haría frente al mundo con su mujer a su lado y saldría victorioso porque siempre encontraba una forma de serlo.

Subiendo de dos en dos las escaleras, Shaoran llegó a la habitación que compartía con su mujer. Al entrar la vio abrazando a su perrito, tratando de calmarse, seguramente. Cerró la puerta tras él y se acercó lentamente a ella.

– ¿Estás bien, no necesitas que algo? –habló en voz baja. La castaña alzó su hermoso rostro y lo miró muy seria. Tenía las mejillas rojas por las bofetadas.

– ¿Ella era tu esposa? – aquella pregunta lo hizo maldecir interiormente.

–Nada que se le acerque, por suerte. – serió tratando de quitarle hierro al asunto.

–Me ha golpeado por tu culpa. –susurró acusadoramente. Al escuchar aquello, Shaoran sintió como si le acabarán de asestar un fuerte golpe en el estomago.

–Quiero ofrecerte una disculpa por ello. –su voz sonó sincera, aunque también ahogada. –ella no es ni será nada mío nunca, sólo tú –la miró a los ojos con… ¿amor?

–¿Por qué yo? –preguntó a punto de las lágrimas.

Shaoran miró sus manos sobre el colchón, estas poco a poco se fueron volviendo puños que apretaban consigo al edredón rojo. ¿Por qué ella? Ni él mismo sabría decirlo. La amaba porque era hermosa pura e inocente, pero… ¿y luego qué? Sabía cuáles eran sus formas de ser, lo que le gustaba y lo que deseaba ser en la vida, pero no conocía lo verdaderamente importante. Sus sentimientos.

Prueba de ello era lo que había ocurrido esa mañana al despertar. Ella había mencionado el nombre de quien sabe quién y no el suyo. No sabía qué hacer porque desconocía el campo del amor. Sólo sabía que ella bien podría ser la razón de su existencia.

–Yo… sólo puedo decir que no quiero que me dejes. –le pidió.

Sakura comenzó a llorar. Ella quería irse, dejarlo y vivir junto a la persona que amaba. Pero el verlo así… tan destrozado… ella no era así. Ella era buena y de noble corazón. No podría marchare sabiendo que hacía daño a alguien con su partida. Soltando a Kero en la cama, tomó con su mano sana la barbilla de Shaoran para sorpresa de éste.

–¿Eso te haría feliz?–lo miró fijamente a los ojos.

La miró con sus profundos ámbares unos segundos y luego se abalanzó sobre ella. Sin delicadeza abrió las piernas de la castaña poniéndolas a cada lado de su cadera y se situó entre ellas. Le besó la frente y se quedó así por unos segundos. Su frente contra la de ella. ¿Qué si aquello lo haría feliz? la pregunta más bien era si ella sería feliz.

–¿Y a ti?–murmuró abriendo sus ojos y mirando las esmeraldas. –¿te haría eso a ti feliz?

–Ya sabes la respuesta. – susurró y se sumieron en un completo silencio.

No, él no sabía la respuesta. Cuándo se trataba de ella no sabía nada de sobre sus sentimientos. Poco a poco se separó de ella y volvió a sentarse dónde estaba.

–He visto sangre en la sábana. –se sentó también la esmeralda. –¿Estás bien?–lucía preocupada.

Shaoran la había visto también, aquella no era sangre suya si no de ella. Había sido su primera vez y era obvio que iba a sangrar, pero al parecer ella no lo sabía.

–Estoy bien, ¿tú lo estás? ¿No te duele allá abajo por lo que hicimos ayer? –preguntó con brusquedad. Sakura enrojeció. No le dolía nada, muy por el contrario, sentía una sensación muy placentera allá abajo. Tal vez se debiera a que nuevamente no traía nada de ropa interior.

–Es- estoy bien.

–Cámbiate. –ordenó sin mirarla siquiera.

–Pero no tengo nada que ponerme…

–Claro que sí, busca en las malditas bolsas de regalo. –caminó hacia la puerta y se detuvo unos segundos. Parecía querer decirle algo importante pero al fin dijo: –llevas dos días con esa ropa puesta. Está sucia –y sin voltear atrás salió de la habitación.

Shaoran salió dando un fuerte portazo, asustando a la castaña y al cachorro con dicho acto. Se sintió un poco abandonada cuando él se fue, pero necesitaba privacidad para bañarse y luego cambiarse. Lo raro de todo eso que le estaba pasando era lo que sentía cuando él se acercaba, desde la noche anterior que se sentía rara en su presencia, como si necesitara algo de él. Meneó la cabeza.

Ella no sería tonta, ese hombre era su secuestrador, sólo eso, y si le daba por sentir el maldito síndrome del Estocolmo, ella saldría perdiendo.

Shaoran por su parte se dirigió con paso rápido hacía su estudio. Tal vez debiera comprenderla, después de todo, él se la había llevado sin cortejarla siquiera. Ese había sido un error peor. Él habría deseado que ella creciera a su lado, pero como era natural, los padres de su mujer, incluso su padre no lo habría permitido.

Pasó al menos una hora y media recluido en su estudio arreglando los detalles del Clan que dejó inconclusos el día anterior. Y cuando tuvo tiempo, nuevamente se puso a cavilar.

Para su mujer él no era más que un secuestrador. Nunca se mostró ante ella antes por qué los padres de Sakura no lo permitieron. Y con justa razón, porque ella era tan hermosa que posiblemente Shaoran no se habría podido contener cuando sólo era un adolecente de 17 años.

Debía tener paciencia, enamorarla y demostrarle que podía confiar en él. Porque ella era su mujer y no habría poder humano que pudiera cambiar aquello. Así ella lo deseara con toda su alma, nunca la dejaría.

. ° - ° - ° - ° - ° - ° - °.

Nadeshiko se apeó del asiento del copiloto de su viejo auto y miró la sencilla casa que tenía al frente. Después se agachó para asomarse a la ventanilla del auto. Mirando a su esposo con una mueca indescifrable le pidió que la esperara al menos media hora. Necesitaba tiempo para llevar a cabo su plan. Tenía que convencer a esa mujer de que la ayudara, era su obligación. Después de todo, ella también había tenido que ver en todo aquello.

Se separó del auto y caminó sin voltear atrás. Abrió la sencilla verja blanca de la entrada y avanzó con paso firme hasta el umbral. Respiró hondo y tocó la puerta tres veces. Del otro lado de la puerta se oyó que alguien corría para abrir, y en ese instante, la entrada quedó libre.

–Buenos días, he venido buscando a Ieran. ¿De casualidad se encuentra?-preguntó Nadeshiko con su voz más dulce a un niño pequeño de no más de 11 años. El crio la miró atento y después se volteo hacía adentro.

–Mamá, te buscan. –gritó y se quedó ahí esperando que su madre llagara cuando ésta apareció le sonrió a una muy sorprendida Nadeshiko.

–Valla, ¿pero que tenemos aquí? Naddy, ¿cómo has estado todos estos años? –la abrazó con mucho placer

–Bien, bien. –no salía de su asombro. –Eres madre nuevamente. –dijo un poco perdida.

–Sí. –dijo la madre del castaña un poco apenada. –Kabuto quería tener uno más. Quién te abrió la puerta es mi hijo menor, Zue. Pero pasa, pasa por favor. Kabuto y Shin están en la sala.

–Preferiría que habláramos a solas. –pidió evidentemente incomoda.

– Oh, vamos, vieja amiga. Hace 15 años que no visitas a la familia, ¿por qué no entras y saludas a todos?. –la tomó del hombro y la pasó a su casa.

Más molesta que incomoda, Nadeshiko entró a casa de su vieja mejor amiga. Pensó que no tardaría en salir a patadas de ahí, después de lo que le pediría a Ieran, dudaba que se volvieran a hablar nuevamente.

. ° - ° - ° - ° - ° - ° - ° - °.

Shaoran se encontraba cocinando el omelet especial para su mujer. Tenía que enamorarla de alguna manera. Así tuviera que fingir ser sumamente caballeroso cuando no lo era, lo haría con tal de que ella se quedara a su lado para siempre. De repente, su celular vibró. Sacándolo de su bolsillo trasero dejó lo que estaba haciendo y contestó:

-Eso.

–Xiao lang, tengo algo muy importante que decirte, hijo. –era la voz de su padre.

–¿Qué ocurre?

–Hoy vinieron a verme Clow y su hija. Querían arreglar los acuerdos para tu matrimonio con Mei ling Red. –ante aquel comentario el castaño se puso helado. –tienes que tener mucho cuidado con esos dos. Conozco a Clow en los negocios y sé que puede jugar muy sucio si se trata de sus intereses, así que toma conciencia de lo que te digo, Shaoran.

–Gracias, padre, por la advertencia. Hace rato Mei ling vino y causó problemas. Pero ya los solucioné –miró hacía el suelo.

–Ten mucho cuidado, Xiao lang. Mei ling querrá embaucarte una criatura que seguramente llevará la sangre de otro. –hizo una pausa y cambió de tema. –Hace rato revisé las cuentas a pagar y los pendientes con el Clan, no había nada que yo pudiera hacer, ¿todo lo has hecho tú no es así? –inquirió el viejo.

–Así es.

–Estas teniendo mucho tiempo libre, hijo. Creí que por tener a esa muchacha donde la tienes, no tendrías tiempo para encargarte de nada. –se volvieron a sumir en el silencio, pero esta vez fue tenso. –Dime, ¿eres feliz?. –aquella pregunta al castaño le pareció tonta.

Claro que era feliz, ella estaba a su lado, y aunque no lo amara, ahora le pertenecía y lo amaría con el tiempo. Ella no lo dejaría, era demasiado buena como para alegrarse por el sufrimiento de alguien. Sabía que ella sólo sentía lastima por él pero aun así no le importaba. Ella ahora era suya.

Justo en ese momento de silencio, la castaña bajó las escaleras, montada en unas sandalias de tacón bajo y un vestido blanco muy bonito. Parecía haber buscado en todas las bolsas de regalo, pues se había puesto un poco de maquillaje en los ojos, mejillas y labios. Shaoran se quedó con la boca abierta y después le pidió a su padre que le llamara de nuevo al día siguiente. Cuando colgó el teléfono, se acercó a ella y la tomó de la mano.

– Te ves preciosa. –le dijo y la acercó a su pecho. Sintió el temblor de ella cuando la abrazó. Era miedo, lo sabía, pero aprovecharía cada oportunidad para tomarla en sus brazos. –He preparado el desayuno. –susurró en su oído. La soltó y de la mano, caminó con ella hacía el comedor.

Al llegar al lugar, Sakura quedó sorprendida. Pues Shaoran había puesto la mesa del desayuno cómo solían ponerla en el colegio al que asistía. Sólo que esta mesa tenía platillos preparados por él y eran sólo para dos personas, lo cual significaba que sin necesidad de pelear podría tomar lo que quería sin pensar en dejar para las demás. Osea, más panquesillos de chocolate.

Al castaño le sorprendía que después de lo ocurrido la noche anterior ella le siguiera teniendo miedo, pero luego recordó como le había hablado hacía rato y la entendió. No le había hablado con delicadeza, lo cual si bien no la hizo correr asustada, si la asustó al menos. Miró el rostro de su mujer. Parecía hipnotizada por los panquesillos de chocolate. Él sabía que le encantaban pero no hasta que punto.

Sonriendo le tendió una silla para que se sentara en ella. Sakura dudó un momento pero después se sentó con cautela sin despegar su mirada de la de él. Finalmente, Shaoran acercó su silla a la de ella y le preguntó:

–¿Tienes hambre? –sonrió con cariño.

La castaña asintió con fuerza, sonriente.

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Eriol miraba la espalda de la chica acostada boca abajo que tenía en frente. Era blanca y suave, muy pequeña y sin ninguna mancha. Miró después su rostro relajado por el sueño. No lo había notado antes, pero tenía unos rasgos muy bonitos, finos y delicados como los de una niña. Sin contar que su cuerpo parecía el de una modelo de las revistas del conejito. Su cabello largo, brilloso y negro lo seducía. Empezó a imaginar, ella montándolo, su cabello sedoso haciéndole cosquillas en el pecho y…

Poco a poco inclinó su rostro a la espalda de la chica, cuando el inoportuno sonido de golpes en la puerta principal de la academia lo interrumpieron.

Se vistió rápidamente y con cuidado de no hacer ningún ruido caminó hacia la puerta. Se asomó un poco y cuando vio quién era maldijo por lo bajo. Otra vez ella y sus malditos problemas.

–Cariño, necesito tu ayuda. Yamazaki no lo hará por que no es lo suficientemente atento para el trabajo. – dijo la morena entrando como si aquel lugar le perteneciera.

Exasperado, se pasó una mano por el cabello y la miró irritado.

–¿Qué quieres ahora, Mei?. –

–Necesito que desaparezcas a alguien. Prometo pagarte mucho dinero. - se le acercó y colgó sus brazos al cuello del moreno.

–¿A quién?–no tomó su cintura como ella esperaba que hiciera.

–La zorra se llama Sakura. –le dijo con voz melosa y una sonrisa seductora.

Estúpida al mencionar el nombre de aquella chica, porque cuando Eriol supo de quién hablaba la aventó bruscamente.

–No haré tal cosa, es la mujer de Xiao lang. Por mucho dinero que me pagues no haré lo que me pides. –La morena indignada le respondió.

–Lo sé, eres un cobarde. Jamás podrías ganarle. –espetó. Inmediatamente, el moreno se acercó y la tomó con mucha fuerza por los brazos.

–Mira, Mei ling. No estoy de humor para darte una buena zurra en estos instantes así que lárgate. –le advirtió.

–Vamos a jugar un rato, corazón. –le rogó con voz melosa nuevamente. –Shaoran me ha rechazado hoy, cosa que nunca hizo. No me digas que tú también ya tienes a alguien. – en ese momento hubo una alteración detrás de Eriol. Ambos miraron hacia atrás y vieron a Tomoyo cubriéndose con la ropa de cama y observándolos fijamente con ojos atemorizados.

–Ayúdame. –le suplicó a la morena.

–Pero qué… –Mei ling se quedó boquiabierta al ver la pinta de la chica.

–Lárgate ahora. – comenzó a decir Eriol, empujándola para sacarla del lugar.

–Eriol, ¿qué has hecho? . – lo miró asustada

–Es un favor. –le dijo y siguió empujando.

– No me jodas, sólo a Xiao lang le harías tal favor… –paró de hablar y lo miró aun más aterrorizada. –no me digas que… . –luego recordó las palabras del castaño

"Ella no es ninguna perdida, yo me la robé"…

–Lárgate ya, Mei ling. –gruñó y la sacó de la casa cerrándole la puerta en la cara.

–Eriol, déjala ir. – gritó. –o déjame siquiera ayudarla. –golpeaba la puerta con coraje. –Maldición. –juró

Dentro de la casa, el moreno miró a la pobre Tomoyo que lloraba amargamente, con enojo. Ya no la castigaría tan severamente, pero de que lo haría, lo haría. Por fuera, Mei ling maldecía y lo amenazaba con decirle a su tío sobre lo que estaba ocurriendo. Pero el moreno ya no la escuchaba, pues había llevado a la Daidoji al patio trasero.

. ° - ° - ° - ° - ° - ° - ° - °.

–De ninguna manera puedo hacer lo que me has pedido. –dijo una Ieran mortalmente pálida e indignada. –Hice un juramento de desaparecer para siempre de sus vidas si me iba y tú lo sabes. –se acercó nuevamente al sillón donde antes estaba sentada.

Se encontraban en la sala de la madre del castaño. Estaban acompañadas únicamente por Kabuto, quien miraba la escena sin interferir en absoluto.

–No puedo creer que no lo hagas por tu hijo. ¿Sabes que procederé legalmente contra él, verdad?–Nadeshiko estaba terriblemente enfada con la mujer que tenía enfrente.

–Tú y yo sabemos que serías muy estúpida si hicieras eso. –dijo con resentimiento. Se sentó nuevamente en su lugar entrelazó sus manos, bajó la cabeza y respiró hondo. –me niego a aparecer por ahí sabiendo lo que podrían hacerle a mis dos hijos. –

Esa había sido la gota que había derramado el vaso. Nadeshiko se acercó a ella, le levantó el rostro y la abofeteó.

–Shaoran también es tu hijo. No puedo creer que hables tan impropiamente de él. Eres su madre y pareciera como si no lo fueses. Siempre creí que eras una buena persona, que siempre responderías por los tuyos por que tus actos así me lo hacían ver. Pero no eres más que una madre desnaturalizada, porque a costa de la felicidad de tu hijo, lo abandonaste para buscar la tuya. –espetó con odio.

–Cállate. – gritando, Ieran se puso de pie. –tú no eres nadie para juzgarme, siempre fuiste mi cómplice en todas aquellas escapadas. Jamás podrías haberle pagado Hien el que te haya curado como lo hizo. Yo le sugerí que acordara un matrimonio entre nuestros hijos porque sabía que ustedes habrían muerto antes de pagar semejante deuda. No me acuses de algo que tú también eres, porque sabes tan bien cómo yo que pudiste haberte negado en cualquier momento, pero preferiste acomodarte también a costa de la felicidad de tu propia hija. –le gritó en el rostro.

–Pero al menos yo no la abandoné a su suerte para que fuera criada por un montón de asesinos sin escrúpulos. No me largué y la dejé sola, yo sí habría aguantado vivir al lado de un hombre al que no amaba por no separarme nunca de mi hija. Por qué eso es lo que haría una verdadera madre. – también gritó la madre de la castaña.

–Lárgate de mi casa. –ordenó. –lárgate y nunca vuelvas, Nadeshiko Kinomoto. Tú ya no eres bienvenida aquí. –le pidió dejando salir el llanto. Kabuto que no había interferido hasta el momento le pidió lo mismo de forma más amble.

Nadeshiko la miró unos segundos más y en silencio tomó sus cosas. Caminó hasta la puerta y antes de salir se volvió hacía ella y dijo:

.–Sé que no debo juzgarte, Ieran, pero escucha esto. He sufrido por tu causa durante 18 años, porque sé que no estuvo bien tapar tus mentiras. Me arrepiento de todas las veces que te ayudé a escaparte con Kabuto. –ambos miraron a la madre de la castaña. –pero si algo es completamente cierto es que por esas escapadas me debes mucho. Si no te hubiera ayudado jamás habrías podido vivir esto que ahora estás viviendo ahora, ¿eres feliz verdad?, pues ahora no seas mal pagana con quien una vez te ayudó aun por encima de la seguridad de su familia. Alguien que te consideraba su hermana. –dicho esto, salió sin mirar atrás.

Ieran lloró aún más fuerte cuando Nadeshiko se marchó de su casa. Era cierto a ella le debía todo, pero no sabía si podría enfrentarse nuevamente a Hien Li, o peor aún…

A su hijo.

Kabuto la consoló y mirándola atentamente le preguntó:

– ¿lo harás?. –entonces Ieran lo miró.

–sí. –su voz sonó fuerte y decidida. No sabía como lo haría, pero detendría a su hijo, al menos por unos años.

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Hola chicos:

Disculpen si el capítulo está provisto de imaginación, las circunstancias no me han permitido algo mejor. También si no tiene mucho EyT, el próximo si lo tendrá. Lo iba a subir ayer pero mi hermanito me pidió ayuda con una tarea.

Era un reporte del libro "El diario de Anne Frank", además de un dibujo de portada. Me iba a pagar así que se lo hice y cuando acordé ya le había dibujado un dragón de portada además de ponerle fondos de partes de dragones a las demás hojas y tenía ya listo el reporte. Échenle la culpa a Rin y Len K. que hicieron que me inspirara con sus canciones.

Por otro lado, por culpa de ese reporte perdí mi infancia ¿sabían ustedes que Anne, pudo haber sido bisexual? Tal vez estaba confundida o algo así… lo único que puedo decir es que cuando leí el libro estaba censurado.

Debo decirles mis queridos lectores que hoy por falta de tiempo no podré contestar su reviews. Es que me tengo que ir a una cena de compromiso. Por fin la solterona de mi prima se casa. Jajaja, ya tiene como 30 años,creo :) sólo no quería dejarlos sin capítulo porque me pareció muy feo de mi parte así que aquí está.

Quiero agradecerles a ustedes también queridos lectores que visitan con frecuencia esta historia pero no dejan reviews, son ustedes muy importantes :).

PROMETO, CHICAS, CONTESTAR SUS REVIEWS EL CAPI QUE ENTRA. PALABRA DE "DAMALLERO"

Sin más por el momento, me retiro…

Atte: Dalian Monthgomery.

Tengo la convicción de que no existes, y sin embargo te oigo cada noche.

3.