Renuncia: todo de Kohske.
Advertencias: leves spoilers, primera vez escribiendo la ship así que posible ooc. Un Worick convenientemente ausente (?)
Ella no lo sabe.
Igual que captura el oxígeno con cada respiración, él guarda las miradas que ella le da tan libremente. Y no debe preguntarse el motivo, si tampoco se cuestiona el propósito de sus órganos sino el de ayudarlo a sobrevivir día a día y con premura, sin pausas. En cierta manera, con Alex es lo mismo, después de todo.
Alex lo contempla cuando cree que él no la nota. Ella ve su espalda ancha, sus manos grandes, los labios fruncidos. Ella se pregunta si están tan fuera de su alcance como parecen. Ella coge el libro de lenguaje de señas del escritorio al lado del teléfono y lo hojea y lo estudia con ahínco y esfuerzo (perdiéndose un cachito de sí en cada instrucción) en las ocasiones en que se encuentra solitaria— pero no sola, nunca más— cuando salen a trabajar Worick y él.
Más tarde encaja las uñas en la tapa del libro estando ellos dos juntos (muy cerca, tal vez demasiado lejos) sin hablar en lo absoluto y frustrada por ello.
Ahí no puede evitar la sensación de que se parecen, con una pizca de desagrado y confusión— porque Alex no debe ser similar a él, de ninguna manera. Y si baja la guardia al girarse Nicolas encuentra a una muchacha distinta, más blanca difuminada que morena y que le recuerda a viejos tiempos decadentes que saben a «Ve... ro... ni... ca».
A Nicolas no le agrada en particular la historia, menos si es antigua, y suya.
Esporádicamente Alex parece notarlo, pero son contadas las ocasiones. En general sus ojos destellan curiosidad, malsana curiosidad. (Un azul interestelar, casi místico). Pues son dos charcos en medio de la ciudad de Ergastulum, todavía no contaminados con la suciedad y podredumbre de ésta.
Y es un hábito que Nicolas se cierre como edificio que será demolido y que sus conocidos estén acostumbrados, pero Alex actúa muy terca con él (por qué, oh por qué, si ya lo tiene claro, tanto como sus semejanzas) y pese a los riesgos y las cosas desagradables que puedan haber dentro, ella intenta abrirlo aún así.
Con su característica sutileza, con paciencia. Alex ignora deliberadamente las señales que gritan «Peligro» en cada cicatriz, cada diente, cada cabello, cada mirada, cada todo.
Ella no lo sabe todavía.
A veces Nicolas necesita recordarse que Alex no es tan débil como aparenta.
Porque Alex carga con un fantasma muy pesado que provoca que sus piernas flaqueen, el "buen Barry" atormentando gente incluso después de fallecido, y también con un hermano extraviado en memorias y medicinas y tormentos, y sin embargo piensa en cómo salvarlo a él de sus demonios antes— como si su mera presencia no bastara. Es que en su vida muerta, plagada de crudeza y caos que no se limpia de la ropa llega Alex Benedetto para otorgarle escasos minutos de paz y sonrisas dubitativas, como Nina, aunque diferente.
(Siempre conservando ella dentro de sus bolsillos un pañuelo con espectros de motas de sangre).
Es más que suficiente, de alguna manera.
Se le contagia su mutismo por voluntad (y se acompañan y se abandonan y se desconocen y se comprenden) y Alex lo toma de su chaqueta, muy insegura, enroscando los dedos en la tela y con la vista en el suelo.
Y Nicolas piensa que ella aparenta nunca haber tocado a un hombre jamás— no con afecto, no como humana. Y Alex anhela decirle mucho: que no le teme, que le permita quedarse, que así como ella no es un pedazo de carne que sirve sólo para conceder placer él tampoco es un monstruo cuyo único talento es asesinar y oh, eso es, el parecido, lo que más los une.
No obstante, permanece callada.
Y más tarde que temprano ella entona melodías que él nunca podrá apreciar, estando o no, y mira a través de la ventana y el vaho, solitaria pero no sola, exhalando esperanzas minúsculas, cuando Nicolas y Worick desaparecen por algún callejón después de despedirse el segundo. Demorándose Nicolas un segundo de más en sumergirse en las sombras (obscuras, tan obscuras como su cabello, el de ella).
Alex se aferra fuerte a su silencio, a las conversaciones que con más frecuencia entablan sin diálogo alguno, a su particular lenguaje del alma magullada, de ambos.
Pero ella continúa sin saberlo.
Que mientras Alex procura repararlo Nicolas está aprendiendo a no romperla.
(porque quererla para él es tan sencillo y natural como respirar, sólo que menos doloroso,
y en medio del humo de los cigarrillos que es Worick y la contaminación violenta de Ergastulum es Alex anestesia para sus lacerados pulmones).
