Bien, nos sabemos de memoria la historia: los personajes de las CLAMP no me pertenecen si no a ellas, yo podría a llegar a utilizar personajes de mi imaginación pero casi todos serán de ellas (todos por el momento. Yo diré cuando no). La historia es de mi total autoría y pues… X a leer!
Summary: Sakura Kinomoto ha sido prometida a Shaoran Li como un pago a Hien Li por haber curado a la madre de la chica de una terrible enfermedad. Al cumplir 18 años de edad, sin previo aviso y sin aguantar más, Shaoran decide que ya es tiempo de reclamar a su mujer.
El secuestro de Sakura
Pensamientos y recuerdos: "&&&&&&&&"
Sueños: "&&&&&&"
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Shaoran abrió los ojos lentamente. Sin moverse, se quedó observando el techo de madera. Se pasó una mano por la frente. Olía asqueroso. Necesitaba una ducha urgente, pero siguió en la cama, sin decidirse entre moverse o quedarse así por un buen rato.
La noche anterior había bebido, tanto, que entre alucinaciones había jurado ver a Mei ling. La chica se había portado muy bien, muy amable, nada comparado a como solía ser. Ella le había dicho que estaba teniendo problemas con su padre y que necesitaba una solución rápida. También le había aclarado que él la podría ayudar enormemente.
Shaoran se preguntó si tal vez con Mei ling a su lado la historia de su vida habría sido diferente. Tal vez en esos momentos se encontraría haciendo el amor con ella. Tal vez incluso ella ya hubiera quedado embarazada. Pero no, nada había ocurrido de esa manera y agradecía por eso.
Recordaba que se había negado rotundamente a cualquier petición de la morena, y que había abandonado el bar para irse a beber con alguien más.
En esos momentos en lo único que pensaba era en Sakura, y en lo que probablemente nunca podría ser. Ahora entendía a su padre. Se daba cuenta de por qué su frialdad. Porque nunca le dedicó demasiado tiempo. Estaba muy ocupado tratando de sanar heridas que sabía no podría borrar con nada, porque su padre si se hubo enamorado. Al igual que él.
Ese pensamiento a Shaoran le revolvió el estomago de manera inquietante.
Reconocer que amaba a Sakura le costaba bastante, y más porque ella no lo amaba. Era irónico como la vida le puso siempre muchas mujeres a su disposición. Mujeres hermosas, mujeres con todas las curvas que un hombre podría desear y la experiencia necesaria para tener un buen acostón. De las cuales nunca llegó a sentir ni la más mínima chispa de amor. Y ahora, que amaba a una, esa única mujer, inocente y con apariencia de ninfa, está no lo amaba. Era todo un castigo. Y el reto estaba dejando de ser divertido para volverse doloroso.
Shaoran suspiró. Incluso Mei ling estaba aún ahí.
No podía engañarse, con la morena habría sido completamente diferente. Ella lo engañaría a cada que así lo quisiera, sólo por vanidad, y él tendría que correr tras ella todo el tiempo, celándola y cuidándole los pasos. Esa no sería vida.
Y lo que tenía ahora tampoco lo era.
Optando por salir de la cama y darse una ducha rápida, Shaoran decidió sobreponerse. Se destruiría más si no hacía algo y solo se la pasaba pensando.
Sakura se encontraba en el piso de abajo, preparando un delicioso almuerzo. Se había esforzado bastante por darle una sorpresa Shaoran, ya que éste siempre le preparaba un desayuno delicioso.
No llevaba mucho tiempo dormido, pero le había dado el suficiente como para preparar algo decente.
Había horneado panquesillos de chocolate, una sopa de pollo muy picante por aquello de la resaca que posiblemente atenazaría al castaño. Había hecho jugo de arándano y si su hombre tenía más hambre, solo por si acaso, había cocinado huevos revueltos y tocino.
Estaba terminando de poner la mesa, cuando notó una presencia tras ella. Dedujo rápidamente que sería Shaoran y con una sonrisa tímida se dio la vuelta.
El castaño la miró de manera suspicaz y al segundo siguiente, su mirada se posó en la mesa bien elaborada que había preparado Sakura.
Nada de aquello le parecía normal. Sakura había hecho todo eso, pero, ¿por qué razón? ¿Acaso quería algo a cambio? ¿Deseaba congratularse con él para después pedirle que la dejara marchar? ¿O simplemente le traicionaría?
Sintiéndose más paranoico de lo que nunca en su vida había estado, Shaoran se acercó a la mesa, secándose los mechones de cabello castaño chocolate que aún tenía mojados. No llevaba camisa, solo unos pantalones. Sakura jugó con la deliciosa idea de que posiblemente no llevaría ropa interior, y un nudo se formó justo debajo de su vientre. A lado de Shaoran ella siempre se sentía deseosa de saber más. Pero está vez algo era diferente. Algo no iba bien.
La castaña se acercó y le retiró la toalla de las manos. Shaoran la miró, analizando todos sus movimientos y tratando de elucubrar en los pensamientos de Sakura. Pero todo parecía creíble y a la vez tan increíble que mejor se dedicó a observar la bien puesta mesa. Esa escuela que tantos años le hubo pagado si hubo servido de algo.
El pensamiento de que Sakura sería buena mujer y una perfecta madre para sus hijos, le hizo sentir mucha rabia. Él no sería el hombre que le diera todo eso, porque ella sin duda, no lo permitiría.
Cuando Sakura tomó asiento frente a él en la mesa, Shaoran decidió hablar.
– ¿Qué es todo esto? –su voz sonó muy seria.
Sakura, al oír aquel tono de voz, tragó un nudo de puro nerviosismo.
–Te he preparado el almuerzo por…
– ¿Qué es lo que deseas a cambio? –Preguntó tomando un tenedor con una mano y sirviéndose huevos revueltos y tocino con la otra, en un enorme plato.
Sakura se descolocó ante la pregunta.
– ¿Qué?... –observó como comía rápidamente y como tomaba el más grande panquesillo de todos.
–Te he preguntado que deseas a cambio de todo esto… –Ni siquiera la miraba. Estaba enfocado únicamente en la comida.
–Yo no deseo nada… –masculló frunciendo el ceño.
–Pues todo esto está tan bien elaborado que parece que sí quisieras algo a cambio. –Remarcó la palabra sí y empezó a devorarse la sopa de pollo.
La castaña sonrió por el cumplido. Observó a Shaoran comer de la sopa como si no le picara en absoluto. Miró su desayuno. Se había esforzado, pero la realidad es que todo lo había hecho para él, para impresionarlo. Porque lo amaba.
Saboreo las palabras en su mente.
Un te amo lo cambiaría todo.
–Shaoran yo… –En ese mismo instante miró como soltaba abruptamente el cubierto y alejaba la sopa de sí mismo. La miró unos segundos y después se levantó haciendo mucho ruido.
–Sabía que tarde o temprano me pedirías algo, pero no sabía que lo harías más temprano que tarde. –Dijo en voz baja y tomándose el jugo de arándanos de un solo sorbo.
–Yo no… –Intentó rebatirlo.
–No estoy de humor para discutir, Sakura, si deseabas algo, has perdido la oportunidad de decírmelo. –Entonces miró su reloj de muñeca y comenzó a salir del comedor. –Si quieres tener una oportunidad nuevamente, has otro almuerzo de estos mañana y ya lo hablaremos con calma. Hoy ya no.
– ¿Pero qué dices? –Se levantó y lo siguió escaleras arriba, hacia el baño, donde el castaño se lavó los dientes a conciencia.
Sakura no podía entender por qué razón Shaoran se estaba comportando de aquella manera. No la había dejado terminar una sola frase, se había comido todo más rápido de lo que debiera, como si le disgustara la comida y ahora se marchaba sin darle la oportunidad de conversar y decirle lo que sentía por él.
Lo miró enjuagarse la boca y terminar de vestirse. Entonces, él pasó a su lado, esquivando su mirada y el hecho de que ella esperaba por él. Bajó nuevamente las escaleras y justo cuando iba a llegar a la puerta, Sakura volvió a llamarlo.
– ¿A dónde vas? –Ella se detuvo en el último escalón.
Shaoran no detuvo su marcha.
–A trabajar. Me he tomado demasiadas vacaciones desde que estás aquí. Ya es hora de volver.
– ¿A qué hora regresarás? –Shaoran se detuvo justo cuando estaba girando el pomo para salir. Su espalda se había puesto rígida.
– ¿Pretendes hacer lo que hiciste hace rato, nuevamente? Si es así, créeme, me voy a tardar bastante. Así que no te esfuerces, y tampoco me esperes despierta. –Entonces salió, como alma que llevaba el diablo, del lugar.
Sakura contrajo el rostro por el dolor y la desesperación. Se dejó caer sobre el escalón y se tapó la cara con las manos. Iba a comenzar a llorar, pero no. Decidió que iba a ser fuerte.
Lo iba a esperar y no iba a permitir que está vez se escapara. Y cuando le confesara sus sentimientos, le haría el amor con toda la pasión que durante días llevaba reprimida.
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Mei ling llevaba buen rato observando a Shaoran entrenar con los Elits del Clan Li. Estaba a punto de llevar a cabo su brillante plan. Y era realmente brillante, al menos en su criterio.
Ser, o mejor dicho, parecerse a Sakura.
Llevaba puesta ropa muy decente, ropa que había comprado la noche anterior por que ese no era ni su estilo, ni sus gustos.
Se miró en el espejo retrovisor y se aplicó un labial rosado, que a decir verdad le parecía patético e insulso, pero era del color de los labios de la "zorra". Su maquillaje era básicamente, mascara de pestañas, demasiado pintadas para dar un aspecto de ojos grandes. No llevaba delineador en lápiz ni líquido en los ojos. Se había puesto un blush rosado en las mejillas, a pesar de su piel morena. El cabello –hermoso y negro hasta la cintura– lo llevaba recatadamente en una media cola con un listón negro y el cabello que quedaba suelto caía en ondas.
En cuanto a la vestimenta, llevaba una falda roja con encajes negros, por encima de la rodilla. Una blusa negra con un escote en cuadro que apenas si asomaba la parte superior de sus pechos, con mangas y un poco ajustada. Medias de encaje con flores, zapatos rojos en punta y para rematar, un perfume con fragancia a rosas.
Eso era todo lo femenina que podía ser, porque si se hubiera vestido de rosa o completamente de blanco el castaño sospecharía. Había estudiado la manera de ser de Sakura y su forma de vestir gracias a Yamazaki. El muy idiota no podía dejar de hablar de ella una vez que le dabas cuerda.
Se bajó del auto un poco nerviosa. Respiró hondo, imitar a una mojigata no era nada fácil cuando ya tenías un camino bastante recorrido. Uno al que ya le habías dado vuelta dos veces o incluso más.
Se acercó a la reja, cerca de los bebederos y se quedó allí hasta que terminaron con el entrenamiento de tiro al blanco.
Una vez concluido, Shaoran se acercó hacía ella, solo con la intención de tomar agua.
–Shaoran… –Lo llamó. El aludido la miró extrañado y un estremecimiento de puro nerviosismo la recorrió. Era tiempo de comportarse como monja. – ¿Podemos hablar?
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–No puedo creer que hayas aceptado ayudarlos, Kabuto. ¿Qué demonios estabas pensando? Y encima llevar a Shin… contigo… No puedo creer que hayas accedido. –estaba bastante nerviosa.
–Ya te dije, le debía unas mandas a los Hiraguizawa. Además, nos pagaron bastante bien. Tendremos incluso para pagarle una buena universidad a Shin. –respondió el hombre irritado. Su mujer llevaba al menos una hora reclamándole.
Kabuto caminó hacia el baño dispuesto a cepillarse los dientes.
–No importa el maldito dinero. Los pudieron haber asesinado por cruzar el territorio Li. ¿Qué no te das cuenta de la gravedad del asunto? –Preguntó histérica.
–Ya, detén esto. No nos ocurrió nada.
–Pudo haberle pasado algo a nuestro hijo, pero lo que a ti te interesa es el dinero, siempre el dinero. –dijo, provocando que su marido se girara molesto.
– ¿Y a ti que te interesa? –La miró a los ojos.
–Ustedes, por el amor de Dios, Kabuto… –Se tapó la cara con las manos un segundo y después lo miró. –Me sorprende que hicieras esto por un miembro del Clan Li. Ellos fueron quiénes te dejaron sin la posibilidad de conseguir trabajo aquí en Japón.
Kabuto la miró incrédulo.
–Y a mí me sorprende que siendo su madre no te interese en absoluto lo que pueda ocurrirle. De verdad Ieran, a veces me sorprendes con tu frialdad. –Replicó. – ¿Por qué te pones así? Ayudamos a tu hijo, le salvamos la vida. ¿Por qué te disgusta tanto?
–Por qué hubiera preferido que muriera. –Gritó ella.
Ambos quedaron en rotundo silencio. Kabuto miró a su mujer un segundo y después salió del cuarto de baño. Ieran ante la revelación que salió de sus labios se tapó la boca. Miró hacia atrás. Su esposo se estaba poniendo una chaqueta para marcharse.
– ¿A dónde vas? –Preguntó al borde del llanto y cercándose a su esposo por detrás.
–Déjame en paz, Ieran. –Le dijo él tomando las llaves del auto. –Deberías calmarte y tal vez pensar un poco en lo que has dicho, porque tienes severos problemas existenciales. –Entonces salió de ahí azotando la puerta.
Ieran Reed, azorada, cayó en el respaldo más cercano a ella, cubriéndose la boca.
Por fin lo había dicho. Había admitido lo que por tanto tiempo había guardado en su alma. Una imagen de Shaoran se formó en su mente, haciéndola derramar unas cuantas lágrimas. Si hubiera tenido la oportunidad, ¿Habría abortado a su primogénito?
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Mientras más hablaba Mei ling, más raro le parecía todo aquello al castaño. La chica se estaba comportando de una manera completamente diferente a como lo había sido toda su vida. Parecía tan relajada, tan seria y sin poses que le recordó a Sakura.
Al darse cuenta de esto, Mei ling le acarició la mejilla con ternura fingida y deseo apenas sí reprimido.
–Sé cuál es tu situación con ella, Xiao lang. –habló con lentitud. –Pero si no te hace feliz, deberías hablarlo con ella.
Ante dicho consejo, el castaño se quedó boquiabierto. La morena nunca había dado un consejo a nadie. Su frase siempre fue "Entre más, mejor" y lo llevaba al pie de la letra. No dijo nada, su semblante se volvió serio y sin decir más, se levantó de la banca de parque en la que estaban sentados.
–Llegó la hora de marcharme, Mei. –La miró con indiferencia. Demasiado absorto en lo que iba a hacer con su mujer.
–De acuerdo. –murmuró ella y antes de que él pudiera hacer algo, ésta le echó los brazos al cuello. –Shaoran, sé que nunca he sido buena persona, –comenzó a decir para distraerlo. –pero quiero que sepas que si necesitas algo, tal vez podría ayudarte en lo que necesites. –Y como si fuera el aleteo de una mariposa, con uno de sus dedos rozó su brillo labial y de manera delicada lo untó sobre el cuello de la playera bblanca del hombre. Poco a poco se separó de él.
Shaoran la miró con el ceño fruncido y asintió a la sonrisa tan extraña que la chica le dedicaba. Se dio media vuelta, abordó en su Cherokee y se perdió en el oscuro horizonte. Cuando Mei ling estuvo completamente segura de su marcha, abordó en su coche también y marcó un número.
–Padre, suspenda todo lo que tenía planeado. Tengo a Xiao lang en mis manos. –Dijo con una sonrisa que competía cínicamente con la del gato Cheshire.
–Más te vale que así sea, Mei ling. De lo contrario, sabes bien lo que te espera. –Advirtió el hombre al otro lado de la línea.
–No habrá de qué preocuparse. Deme 15 días, sino es que 10, y lo tendré en la palma de mi mano. –y entonces colgó. – ¡Hay, Shaoran! Eres más fácil de engatusar de lo que pensé.
Si no lo delataba el chismoso perfume, lo delataría la camisa. Cualquiera de las dos cosas obraría su magia para regalarle una bonita noche a la esmeralda.
–Perra… –Saboreó la palabra al recordar a Sakura y entonces, arrancó.
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Shaoran abrió la puerta y la primera visión que obtuvo en la oscuridad fue encontrar a su mujer sentada en el escalón del recibidor.
Miró al horizonte y nuevamente a ella. No quería tener esa conversación. Aún no quería dejarla marchar. Se preguntaba porque no podía estar con ella al menos un momento sin pensar o esperar que ella se fuera o que lo quisiera.
– ¿No te parece que ya es muy tarde para que estés despierta? Te dije que no deseaba que me esperaras.
Podía verla en la oscuridad aún sin encender la luz y la visión que la chica le estaba dando era increíble. Llevaba un conjunto de Victoria´s Secret en color rojo que enmarcaba sus curvas de una manera totalmente sensual. Pero eso no era lo mejor de todo, lo mejor de todo era que el conjunto llevaba liguero, era de encaje y de tamaño diminuto. Lo acompañaba con unas medias en color piel y unos tacones del color del las prendas que vestía. Su cabello, había sido de alguna manera, rizado en las puntas y estaba maquillada de manera llamativa.
Al encender la luz, Shaoran se llevó una mejor vista de su mujer. Inmediatamente se puso duro. Evitando lamerse los labios pasó a su lado y se fue directo a la cocina. Ella le estaba poniendo el juego muy duro, y él no le daría la liberación tan fácil.
–Vístete. Está haciendo frio. Cogerás un resfriado. –habló con indiferencia.
Sakura frunció el ceño y se levantó del piso al ver que él no le prestaba más atención. Lo siguió a la cocina dónde lo vio tomarse rápidamente un vaso con agua. El repiquetear de los tacones de su mujer lo estaba matando. Dejó el vaso en la repisa y se giró para encararla. No lo hubiera hecho, porque sus piernas y su diminuta cintura, aunado a la curva de los senos casi lo hacen babear. La intensidad de los ojos esmeraldas, enmarcados por las larguísimas pestañas lo hizo tragar.
– ¿Qué intentas hacer? –preguntó, aún creyendo saber la respuesta.
–Yo sólo… –Trató de decir Sakura. Comenzó a acercarse a él.
–Basta, no tengo tiempo para esto. –Dijo y se apartó de ella.
–Pero, ¡Shaoran! Yo sólo quiero decirte que…
–Ya sé que quieres de mí. Sé lo que dirás y debo decirte que no me importa. Tal vez tú pienses que vistiéndote así o preparándome un desayuno como el de esta mañana te daré lo que pides. Pero te equivocas. No tengo intención de hacerlo. Ahora vete a la cama, mujer, que en estos momentos no tengo ganas de verte ni de escucharte. –La corrió. –Ahora –ordenó.
Sakura lo miró con desdicha y sin decir una sola palabra, pasó al lado del castaño.
Eso era lo mejor. Si quería conservarla hasta que se cansara de verla, el camino que estaba tomando era el correcto. La miró subir las escaleras con rapidez y acto seguido, escuchó el portazo que sabía que escucharía. Creía tener una idea de la argucia que ella utilizaría para marcharse y dejarlo. Se entregaría a cambio de su libertad.
Bajó la vista con cansancio, cerró todas las puertas y ventanas con llave y se fue a su estudio. Entró y se encerró, no quería verla esa noche por nada del mundo. Tomó una botella de Brandy y se quitó la playera, aventándola lejos de él.
Iba a ahogar las penas con alcohol nuevamente, pero antes, se iba a echar una mano allá abajo.
Tomando un sorbo de la botella que tenía en la mano, se dejó caer en la silla y se abrió el pantalón, liberando la erección que presionaba sus vaqueros desde que llegó y encontró a la esmeralda en aquella finta. Dejó la botella en el escritorio y con ambas manos agarró su enorme erección. Poco a poco comenzó a masajearse los testículos y estirar el falo. Rozó con su pulgar el glande y aplicó más presión en su agarre.
–Sakura… –susurró. Bajó la mano y volvió a subirla con lentitud. –Nena… eres tan deliciosa. –gruñó. Imaginaba que tenía a su mujer acostada en una cama y él le estaba comiendo la vagina.
Cerró los ojos y apretó los dientes. Haría que aquel dulce suplicio durara lo suficiente como para dejarlo satisfecho al menos por un día.
Comenzó a mover las manos más rápido, mientras imaginaba que su dulce castaña le hacía una felación con movimientos lentos. La veía en su mente con una mirada de total ternura y goce mientras lo chupaba y lamía. Alternando el ritmo, Shaoran fue más lento y luego más rápido.
–Eso es… –Siseó y dejó caer la cabeza hacia atrás al rozarse el frenillo.
Con movimientos circulares y una mano en su glande, se masturbó rítmicamente. Ora pensando que la tenía de rodillas, ora pensando que la penetraba. Duró torturándose al menos dos horas, hasta que se la imaginó boca abajo, con su perfecto trasero y cintura a su disposición y ella recostada en la cama. Imaginó que tomaba sus caderas y que como loco comenzaba a embestir. Entonces tomo un ritmo más rápido con la mano. La giró al revés y se acarició donde llevaba tiempo que no lo hacía. Las gotas de pre-semen ya comenzaban a perlarse más grandes en su glande y una vez más rugió de puro placer.
–Necesito más… quiero tu coño, tu boca… Quiero tu culo, nena… pero también te quiero a ti…–Jadeaba.
Imaginó que besaba su hermosa boca y que ella le susurraba algo, algo que en la vida él deseaba con toda su alma. Un "Te amo" y, tomando ambas manos y simulando que era la apretada vaina de la esmeralda, comenzó a embestir frenéticamente y a jalar, llegando así al orgasmo. Los chorros de semen salían a raudales, efecto provocado por la abstinencia de todos los días en que no estuvo con ella. No dejó de acariciarse hasta que salió la última gota del líquido blanco, y entonces, sólo entonces, pudo estar en paz por unos momentos.
–Sakura… –Volvió a susurrar.
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La esmeralda se hallaba en su cama. Llorando desconsolada. Ella se había arreglado de aquella manera para darle una sorpresa a él y Shaoran… Shaoran ni siquiera la había mirado.
Abrazó a Kerberous con más fuerza, mientras el animal le lamía la mejilla, limpiando sus lágrimas como si quisiera consolarla de alguna manera.
Sakura no sabía qué era lo que había querido decir el castaño. Ella solo trataba de estar con él y él ni siquiera la dejaba hablar. Parecía evitarla de manera determinante. Sakura se hizo un ovillo. ¿Acaso ya no la amaba? Porque las palabras que le hubo dicho le dieron a entender eso.
Tal vez Shaoran ya se había cansado de esperar que ella lo quisiera. O tal vez fueron muchos los desaires de su parte que lograron alejar al castaño en tan solo 20 días. ¿Cómo era eso posible? Él había luchado por ella y había llegado hasta los extremos solo para tenerla a su lado, y ahora…
Sakura se durmió con el más desagradable pensamiento que se puede tener.
Shaoran ya no la amaba. Y todo había sido por culpa suya.
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Tomoyo miraba a Eriol con ojos de amor, y este se recreaba más en ella a cada certero envite que le daba. Sentía una rara presión en el pecho, muy inquietante. No quería abundar en ese sentimiento, quería quedarse fuera de él. Pero cada vez que la miraba a los ojos, cada vez que ella gemía, gritaba o suspiraba su nombre, él buscaba más de eso. No podía detenerse.
Acariciando el delicado cuello de la Daidoji, Eriol decidió que era momento de correrse. Trató de penetrarla en círculos, pero la acción era un poco imposible, considerando que ella estaba sobre él ya que Eriol le había pedido que llevara el ritmo. Eso aunado a que estaba atada y sus movimientos eran un poco torpes, pero no menos perfectos. Sentía que ella se estaba robando su alma, cual bruja, y no podía hacer nada por detenerla. Ya ni siquiera estaba seguro de querer detenerla.
Tomándola por la nuca, la acercó hacia sí y le plantó un beso muy tierno en los labios. Con una mano rodeó su cintura. Al separarse, la miró hacer muecas de placer que lo dejaron aún más encendido.
–No… no pue-do, má…s… amo… –Chilló Tomoyo. Eriol acarició su nuca y pegó su frente contra la de ella.
–Lo sé… –Jadeó extasiado. La acercó más a sí.
La recargó en su pecho y comenzó a desatarla. Cuando lo hubo hecho, le pidió que lo abrazara con fuerza. Ahora sólo eran un manojo de nervios sensibilizados a punto del orgasmo. Ella lo había llamado "amo" y eso casi lo hacía correrse. Había soñado tantas veces con que ella le llamara de aquella manera, que ahora que lo había hecho sentía que se iba a consumir.
Tomándola por las caderas, comenzó a dirigirlos. Está vez, con todo el frenetismo del que sus cuerpos eran capaces.
Tocó su espalda, sus caderas y finalmente, una mano llegó hasta el rosado anillo que era la cavidad anal de la morena. Con mucho cuidado y delicadeza, comenzó a masajearlo, mientras le susurraba palabras de amor y unas cuantas promesas. Finalmente, Tomoyo comenzó a gritar desesperada.
Eriol le había hallado el punto G.
Y en una marea de los líquidos de ambos, Eriol se corrió gritando el nombre de Tomoyo y apretándola como si no hubiera mañana. Cayendo rendidos en la cama. La aceró a sí mismo y comenzó a besar sus hombros. Cuando paró la miró a los ojos. Ella alzó una mano para acariciar su mandíbula.
–Eriol… –susurró sin fuerzas. Pasados unos segundos, se quedó dormida.
El moreno rió con ternura. Nuevamente la había hecho tocar las estrellas, ¿y por qué no? Ella a él también. Retirándole algunos mechones azabaches del cuello, Eriol lo besó y lamió con sutileza. Entonces escuchó algo que lo dejó atontado.
–Eriol, te amo…
La miró sorprendido, creyendo que ella estaba consciente de lo que había dicho. Pero ella estaba dormida, en cambio.
Una ola de amor arrasó con su corazón, y tomándola por las nalgas, entrecruzó sus piernas con las de ella. Sólo entonces pudo quedarse en paz. Justo cuando iba a dormir su celular comenzó a sonar.
Lo tomó de la mesa de noche y miró en la pantalla quién era. Número desconocido, y no era una llamada, era un mensaje. En seguida lo abrió y leyó el contenido:
"Sé lo que has hecho, para de pervertirla. No te hagas ilusiones"
Ese mensaje lo dejó helado. Miró por la ventana, pero el negro de la noche solo revelaba sombras, únicamente.
Sintiéndose sumamente incomodo, regresó a dónde estaba. Abrazó a la morena y trató de dormir, al menos un poco. Pero sabía que aquello era ya imposible. Había quedado alerta, y aquello no iba a cambiar a partir de ese momento.
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En los días que siguieron, las cosas fueron empeorando para Shaoran y Sakura. Ya casi no se hablaban y él castaño le había prohibido acercarse a su oficina. Él no la tocaba más, ni siquiera la miraba a los ojos y cuando Sakura trataba de acercarse un poco a él, Shaoran la rechazaba. Temeroso de que ella le pidiera que la dejara ir.
En conclusión, parecían un viejo y gastado matrimonio, el cual acabaría en cualquier momento.
Ella había estado muy cansada últimamente y no deseaba comer nada, solo jugos. Cuando Shaoran la reprendía, ella solo bajaba la cabeza y el castaño dejaba de regañarla.
Las cosas parecían empeorar y así lo constató una mañana que se levantó corriendo al baño para vomitar. Casi no llegaba, porque se encontraba durmiendo cuando la asaltó la nausea.
Se sentía enferma y asqueada, completamente desesperada, pero no informó sobre sus padecimientos al castaño, quién había pasado por alto el estado de su mujer.
Continuó con los mareos y vómitos durante 4 días más, pero no parecía estar enferma, pues no había tenido problemas estomacales en absoluto. Fue entonces que se dio cuenta de lo evidente.
– ¡Por Dios! –había susurrado con los ojos llenos de lágrimas, llena de alegría. –Voy a ser mamá…
Había hecho el cálculo mental. Hacía más de un mes que no le bajaba. Y se había quedado en el piso de la habitación. Completamente sola y acariciando su vientre.
Había considerado el hecho de decirle a Shaoran, pero había desechado la idea al segundo por completo. Si Shaoran no la amaba a ella, tampoco amaría a su bebé. Por muy hijo suyo que fuera.
Así que, con muchísima pena en el corazón, optó por aguantarse y cerrar la boca. Al menos, hasta que la situación con el castaño se arreglara.
Pero eso no era lo peor. Lo peor era Mei ling Reed, que cada día iba acercándose más a Shaoran. Llegaba directamente en los puntos débiles del castaño. Preguntando por su relación con Sakura, dándole consejos, que más bien eran persuasiones casi imperceptibles para que dejara a la castaña. Shaoran se sentía muy solo. Quería confiar en Mei ling preguntarle y que ella le dijera como debía de llevar la situación, pero no confiaba en ella. Y no iba a correr con Eriol para contarle sobre sus cosas. Estaba desesperado. Fue justo en la sexta noche cuando Mei ling dijo algo que lo dejó muy confundido y fuera de lugar.
–"Creo que ella te quiere, pero también creo que sólo está lastimándote al no saber cómo demostrarte sus sentimientos. Supongo que para ti ha de ser muy doloroso. Pero, ¿qué tal si ella ama otro chico? Tal vez debieras pensarte mejor las cosas con respecto a su relación". –Esas habían sido sus palabras. Palabras que no habían aportado nada. Pero que dejaban a Shaoran demasiado irritado y más indefenso ante la situación.
Procuraba no revelar nada de sí mismo, pero llegó el día en que explotó todo lo que llevaba dentro.
Durante 11 días había soportado que Sakura le hiciera el desayuno, para terminar comiéndolo en un absoluto y discordante silencio. Pero esa mañana decidió que ya no deseaba más pasar por aquello.
Justo Sakura estaba preparando el jugo que se beberían aquella mañana, cuando lo vio pasar de largo hacía la recepción
–Shaoran. –Balbuceó con voz débil. – ¿No te quedarás a desayunar? –No lo miraba a los ojos.
Eso irritó más que nada a Shaoran, quién ofendido respondió:
–Almorzar contigo es como almorzar con una tabla. No aportas nada y te quedas rígida, sin mirarme a la cara. Ya estoy harto de esta situación. Me aburre…
Y sin decir más salió de la cabaña. No le importó que al salir, hubiera escuchado un sollozo de Sakura. En lo único que podía pensar era en correr lejos de ahí.
Llegó hacía la academia y encontró ahí, ya estacionado el hermoso Ferrari rojo de Mei ling. Sonrió para sí mismo. Mei ling o estaba ayudando mucho, y aunque sabía que tarde o temprano pagaría un precio, él la necesitaba más de lo que había creído necesario.
Incluso, hacía dos días se había preguntado si alguna vez podría llegar a sentir algo por la morena y con gran sorpresa se dio cuenta de que ahora le agradaba más que antes. Ya no le parecía tan absurda la idea de quedarse platicando con ella y esa nueva apariencia que había tomado tan de repente y que le sentaba tan bien, no le parecía nada chocante a como le parecía la antigua.
Se acercó al auto buscándola con la mirada y cuando la encontró, un raro sentimiento de calidez lo invadió. Eso no le gustó para nada.
Se veía muy tranquila, sentada en la paleta frente a la Academia. Con esos listones rojos que desde hacía unos días no dejaba de utilizar y que a Shaoran le parecían delicados y sutiles en su larga melena azabache.
–Hola. –Susurró, pero ella sí lo escuchó.
–Hola. –Soltó con una sonrisa tímida.
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Sakura se hallaba llorando y acariciándose el vientre en casa de Shaoran, Kerberous no paraba de ladrar. Se estaba deshaciendo en un mar de lágrimas, así que se puso a hacer lo que sabía que la calmaría en aquellos momentos. Limpiar completamente la cabaña, otra vez. Si eso la ayudaba a distraerse en los momentos de ocio en los que no hacía más que pensar, entonces lo haría así le estuviesen sangrando las manos.
Y así se la pasó todo el día, hasta que la noche cayó y ella terminó de limpiar el pequeño armario debajo de las escaleras, justo al lado de la oficina de Shaoran.
Miró la puerta con extrema curiosidad y miedo. Shaoran le había advertido severamente que no entrara ahí. Pero en cambio, seguro la habitación debía estar hecha un caos, porque Shaoran dormía ahí todas las noches y no estaba refrigerada por un ducto o una ventana. Lo cual podría provocar que aquel cuarto oliera terrible.
Por otro lado, Shaoran llegaba muy noche a la cabaña y ella apostaba que él no se enfadaría si ella limpiaba la habitación. Seguramente se lo agradecería.
Puso la mano en el picaporte con una extraña sensación de peligro en el vientre, que la dejó temblorosa. Algo le decía que no entrara ahí. Su estomago se reveló en el último instante en que abrió la puerta y tuvo que salir corriendo a la cocina.
Cuando volvió, algo más despejada, entró en la habitación. Y, efectivamente como lo había previsto, el lugar apestaba a resaca. Había botellas de vino por todas partes, rotas, enteras, vacías o medio llenas, pero nunca enteras. Había una especie de cama improvisada en el sillón, con mantas, que apestaban y se veían sucias. Seguro Shaoran ya ni siquiera dormía ahí. Ropa tirada por todas partes y el escritorio completamente desordenado. Parecía que un tornado había arrasado con el lugar.
Comenzó por recoger las botellas. Le daba pena y coraje que Shaoran se estuviera acabando por su culpa. Arregló el escritorio y retiró las mantas del sillón, el cual aspiró y talló un poco para que el mal olor se le fuera. Aromatizó la habitación, y justo cuando estaba recogiendo la ropa del suelo de madera, se encontró con algo que la dejó estática.
Una mancha rosa en el cuello de una camisa blanca de Shaoran.
Rígida por el susto, sus movimientos se volvieron lentos y temblorosos. Examinó la tela con atención y se dio cuenta de lo triste de la situación.
Era una mancha de labial, una mancha de labial rosa en la camisa, la camisa de su Shaoran.
Completamente incrédula, se arrodilló en el piso. Y está vez, las lágrimas comenzaron a caer sin cesar.
Shaoran la estaba engañando. Ya no la amaba más.
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–Ya veo… Shaoran, Sakura no te ama. Debes dejarla ir. –Decía Mei ling con una mueca triste en su rostro. Shaoran le había contado todo lo que venía ocurriendo con Sakura.
Mirándola atónito, el castaño sopesó aquella posibilidad detenidamente. Sintió en el pecho ese dolor tan agonizante que desde hacía unos días conocía bien. Mei ling lo miró seriamente al él quedarse callado.
–No puedo, ella es…
–Tu destrucción. Honestamente, Shaoran ¿vas a dejar que esa niña te arruine la vida? Me da coraje solo ver cómo estás por su causa en estos instantes y tú… sigues queriéndola, ¡no lo soporto! –Soltó rabiosa.
–No puedes entenderlo… –Dijo él un poco molesto.
–Claro que lo entiendo. –contraatacó ella. –Es decir, mírame. Soy Mei ling Reed, la chica que siempre ha estado enamorada del mismo hombre. Un hombre valeroso, fuerte, poderoso y bondadoso, aunque él lo niegue. Pero ese mismo hombre me ha roto el corazón un sinfín de veces. Y hoy estoy aquí consolándolo, sabiendo que pude haber hecho más porque él se enamorara de mí, pero fracasé. –Shaoran la miraba atónito ante aquella declaración de amor –Sabes bien que ese hombre eres tú, Shaoran. Siempre pensé que dándote celos y provocándote tú irías tras de mí. Pero no fue así y ahora que estás con ella, no puedo hacer nada por recuperarte. Incluso sabiendo que todo está mal entre ustedes yo no puedo meterme. –Se limpió unos hilos de lágrimas que, escurridizos, bajaban sin fin por su cara. Bajó la mirada y esperó unos segundos para decir. –Y sé que a su lado no eres feliz. Eso me duele más que nada. Porque si yo supiera que ella en realidad te ama, yo me retiraría tranquila, sabiendo que estás bien. Pero no es así. Por eso estoy aquí, para… ti. –terminó en un susurro.
Shaoran la miraba impactado ante aquella vehemente declaración.
Miró el horizonte. La realidad era que todo lo que había dicho Mei ling era tan cierto como el agua. Y aunque en algunas partes no la creía, sabía que la confesión de ella había sido muy sincera. Sin embargo, no podría enamorarse así como así de la morena. Primero tenía que hacer la cosa más dolorosa para él hasta esos días.
Dejar a su mujer.
–Debo irme. –Declaró. Mei ling solo alzó la cabeza cuando él se retiró y con una sonrisa maliciosa, se limpió las lágrimas.
–Ya te tengo, Shaoran –Rió con picardía. –Ya te tengo… –y se fue del parque que ahora era el que acostumbraban visitar para verse y charlar.
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Shaoran no tardó mucho en llegar a la cabaña. Desesperado como estaba, llegó en un santiamén. Todo estaba ya oscuro como de costumbre. Seguramente ella ya estaría durmiendo. Como siempre.
Entró en silencio en la casa y cerró la puerta con seguro, mañana hablaría con ella, y la dejaría libre. Como ella deseaba ser.
Caminó en dirección a su oficina, y justo antes de abrir la puerta, supo que ella estaba del otro lado. Un gran acceso de ira lo inundó y abrió la puerta con fuerza contenida.
– ¿Qué demonios haces aquí? –Preguntó observando la habitación bien recogida. Encendió la luz, pues ella no estaba acostumbrada a la oscuridad.
Sakura estaba en una esquina de la habitación, de espaldas a él. Temblaba visiblemente. Shaoran frunció el ceño.
–Yo, sólo… sólo quería ordenar está habitación. –su voz era apenas un murmullo, pero Shaoran pudo oírla a la perfección.
–Te prohibí, que entraras aquí, ¿por qué nunca me obedeces? –Preguntó más que irritado. Ella se habría dado ya cuenta de su miseria. La miró levantarse muy lentamente. Escuchó el sorbido de su nariz y se dio cuenta de que ella había estado llorando. Aquello llamó mucho su atención.
–No volverá a ocurrir jamás. – Entonces la miró darse la vuelta y vio que llevaba una camisa suya en sus manos.
– ¿Por qué…
–Lamento, muchas cosas, Shaoran, pero ninguna como está. –dijo y estiró la prenda hacia él. Shaoran la miró y se acercó para tomarla. Al hacerlo, notó de lo que hablaba la castaña. La miró con una mueca de horror. –No tenías que engañarme. –Dijo ella, está vez llorando con amargura. –Sólo tenías que decirlo y ya. –Su voz estaba completamente rota.
–Sakura, jamás te he engañado, créeme…
–¡Hay, Shaoran! –Ella estaba completamente rota. – Dime ¿qué es eso entonces? Sé que piensas que soy estúpida, pero no lo soy. Y me da mucha pena que quieras engañarme otra vez. ¿Valió la pena estar con ella? Espero que sí, porque yo ya me voy. –Dicho esto, comenzó a caminar hacia la salida. Shaoran la detuvo.
–Sakura, ¿crees, que después de todo lo que hice para que estuviéramos juntos, te he engañado solo porque no me amas? –La tomó fuertemente por las muñecas.
– ¡No me toques! –Gritó muy enfadada. –Hueles a ella. –dijo notando el perfume a flores de Mei ling. –Estás diciendo estupideces. ¿Estoy aquí, no es así? –Shaoran la miró sin entenderla.
–Tú no me amas. Yo necesitaba hablar con alguien. Ella es solo una amiga. –el castaño miraba los ojos de su mujer y se dio cuenta de que tenía una tristeza tan profunda, que parecía, se rompería en cualquier momento.
– ¿Por qué?–dijo ella liberándose de su agarre y tapándose el rostro. Su llanto era descontrolado. –Dime, ¿no soy suficiente, no te lleno, acaso? ¿Qué te ha dado ella? Dime. –exigió saber.
–No he hecho nada, Sakura, créeme. Me parece muy estúpido que me reclames por algo así, sabiendo que no me amas. –se defendió.
– ¿De qué hablas? –Preguntó mirándolo muy extrañada.
–Tú misma me lo hiciste saber. Una mañana que desperté muy temprano, lo mencionaste y dijiste te amo. No dije nada porque creí que podría enamorarte, pero no pude. – dijo limpiándose una lágrima traicionera. Que hacía mucho contenía.
–Yo te amo. – Gritó ella. –Jamás me habría quedado contigo tanto tiempo de no haberlo hecho… Y tú… tú me engañaste. Y apuesto todo lo que tengo a que fue con Mei ling. –Se estiró un poco el cabello con desesperación. Sin poder soportarlo más, salió de la habitación.
Shaoran miró al piso sin poder creerlo. Aquello no podía ser cierto, él se habría dado cuenta de inmediato. Después recordó que fue hasta que la tuvo en sus brazos, ella amó a otro hombre.
–Sakura… –La llamó, ésta apenas iba cruzando el recibidor. Como ella no se detuvo, corrió tras ella. Tomándola del brazo, la obligó a volverse hacia él. – ¿Me amas? Repítelo, porque no puedo creerte.
–Déjame, no quiero volver a verte jamás. –luchaba por liberarse de él. Esquivaba su mirada.
–Sakura, mírame. –le pedía batallando contra ella.
Finalmente, Sakura se dejó caer al piso de rodillas, con la mirada hacia abajo.
–Tú me ignorabas. –Dijo en un hilo de voz. –Hoy quiero ignorarte yo.
Shaoran la siguió y con delicadeza, tomó el rostro femenino en sus manos. Sakura volteaba la cara y él la volvía a tomar.
–Mírame. –Le pidió. Sakura había cerrado los ojos. – ¡Amor, mío, mírame! –le pidió con más fuerza. Ella no cedió. –Sakura, Cerecita, estás lastimándome. Mírame, por favor. – buscaba su mirada.
–Tú también me has lastimado, mucho. –las lágrimas salían silenciosas de sus ojos.
–Sakura, yo no sabía que me amabas. Créeme, jamás te he engañado. Yo te amo.
Ante esa declaración, Sakura al fin lo miró con ojos entrecerrados. Sus mejillas rojas delataban que estaba sufriendo mucho.
–No te creo… –murmuró con voz ahogada.
–Nena, Cerecita. Te amo, más que a mí mismo. –la besó en los labios, luchando con la reticencia de ella.
–No… –murmuraba ella.
–Sí. –y la besó largo y tendido. Acariciando sus labios con los propios y tomándola por la nuca, para asegurar el beso. –Si te amo, te amo mucho, más que a mí mismo. Te amo. –Decía él entre besos. –Nunca he estado con Mei ling después de tí. Jamás la tocaría a ella sabiendo que te estoy traicionando. –una nueva lágrima se derramó de sus ojos ámbares. Volvió a besarla.
Sakura ya correspondía a sus besos.
–Shaoran… –susurró con voz débil. –Me has hecho mucho daño. –las lágrimas no la abandonaban. –No sé como creerte. –confesó.
–No confiaba en nadie, bebé. Por eso no pude tratarte bien, por eso hice todo esto. Sabes bien lo que me ocurrió. Creí que me dejarías, por eso te ignoraba, para que tú no me pidieras que te dejara ir. Entonces llegó Mei ling y comenzó a platicar conmigo, solo eso. Jamás la toqué de la manera en que tú piensas. Créeme. – dijo él acariciando su rostro. – Dímelo, dime que me amas. – Le pidió besándola nuevamente y aferrándola entre sus fuertes brazos.
Sakura pegó su frente a la suya y miró al suelo.
–Te amo… –Fue interrumpida por uno de los besos de Shaoran. Muy largo y muy tierno. Luego el castaño besó su frente. –Shaoran, quiero decirte algo… ahh… –un beso de Shaoran en el cuello la hizo gemir de placer. Se sostuvo de sus brazos.
–Dime, Cerecita. –él seguía besándola en aquella zona y bajando sus manos hasta sus caderas. Hacía mucho que no la tocaba, y ahora que lo estaba haciendo se estaba quemando por hacerla suya.
–Shaoran… –Jadeó. –Estoy… embarazada… –gimió.
Al escuchar aquello, Shaoran abrió los ojos de par en par. La miró al rostro incrédulo.
– ¿De verdad? –se había puesto rígido.
–Sí. –murmuró ella, llevándose las manos al pecho, como forma de protección al notar que él se había congelado. –Hace un más de un mes que no… ya sabes… –su voz sonaba aterrorizada.
Dentro de Shaoran todo se volvió un caos. Un niño. Sin duda quería tener hijos con Sakura, pero no sabía si estaba preparado, después de lo que le ocurrió a él, para ser padre. Ni siquiera la había pedido en matrimonio y ella era aún muy joven. Sus emociones iban desde la alegría hasta el desconcierto.
–Un niño… un hijo. –susurró él y comenzó a tocarle el vientre. Le besó la mejilla tratando de borrar la mueca de miedo en la cara de su mujer. Después se dirigió a su boca con fervor. –Te amo. Los amo. –finalizó y comenzó a besarla con mucho amor.
Sakura sintió una infinita felicidad. Ella que creía que Shaoran la rechazaría al enterarse de la existencia de su bebé, sintió una infinita paz.
Con urgencia, Shaoran comenzó a acariciarla por todo el cuerpo. Rodaba sus manos por las piernas de su mujer. Su trasero, su espalda, su sedoso cabello color miel. Mientras besaba sus labios con ternura. Por la forma en que Sakura estaba siendo besada y tocada, se estaba volviendo loca.
–Llévame arriba. –ronroneó ella. –Quiero hacerlo…
–Sí. –gruñó él. Acomodándose el enorme bulto que era su erección en los pantalones, se levantó con ella en brazos y se dirigió a las escaleras.
Subió uno a uno los peldaños, murmurándole palabras de amor a su mujer para encenderla más, como preliminar. Harían el amor de una manera lenta, se gozarían, a pesar de que Shaoran se estuviera muriendo por poseerla como un loco.
Entrando en la habitación, se acercó a la cama y la dejó de rodillas en está. Cerró la puerta para dar más intimidad y encendió el fuego de la chimenea, como acostumbraba a hacer para verla mejor y dar un ambiente demasiado romántico. Se acercó a ella, quitándose la camisa y dejando a Sakura con la boca hecha agua. Siempre la dejaba extasiada con su físico y el saber eso lo hacía sentirse poderoso. Lo hacía excitarse mucho más.
La erección en sus vaqueros pugnaba por salir y aquello era doloroso para él. Se acercó a ella y la besó en los rosados labios.
–Acuéstate, quiero enseñarte algo. –Pero ella no obedeció y se quedó en ese lugar.
–No, yo quiero… –inmediatamente bajó la vista a su pene.
Shaoran sintió una extraña sensación nueva de placer y tomó nuevamente su boca.
– ¿Segura? –su voz se había convertido en una poderosa arma sensual. Su mirada oscurecida por el deseo, sus músculos tensionados por el placer que le supondría aquella experiencia. Si le hacía una felación iba a morir de placer.
Ella asintió únicamente. Sus esmeraldas estaban más brillosas que nunca y sus labios entre abiertos lo hacían sisear de placer. Sus mejillas rojas y su piel blanca, aunado a su tierna expresión lo hicieron acceder a tal petición.
–Ven. –susurró y la acercó más al bulto de sus pantalones. –Te voy a enseñar a hacerlo. –dijo y se bajó los vaqueros.
Sakura se chupó los labios de inmediato y tragó con miedo al ver la enorme erección de Shaoran ante sí. Eso no iba a caber en su boca de ninguna manera. Era enorme.
–No tengas miedo. –Se pasó una mano por el pene y comenzó a acariciarse. –voy a enseñarte cómo hacerlo. – la tomó por la nuca y acercó su erección a escasos centímetros de ella. – saca la lengua. Pruébame primero, de ésta manera sabré si estás de acuerdo. –ella obedeció y sacó la lengua. Hubo un segundo de duda y finalmente, Sakura pasó la lengua, tímidamente, por el glande rosado de Shaoran. –Grrrrrrrrr...–gruñó él. –Abre bien la boca, Cerecita. –la apremió. Sakura lo hizo sin vacilaciones. La tomó por la quijada y por la cima de la cabeza y con un movimiento circular, rozó la cabeza de su pene contra los labios carnosos y rosados de ella.
Shaoran entró poco a poco en su boca, jadeando, y cuando se dio cuenta de que ella ya no podía retener más de él salió con lentitud. No necesitaba decirle que lo apretara con los labios su boca era pequeña. En ella solo entraba la mitad de su pene.
–Escucha, Cerecita, no entro completamente, así que con tu mano tendrás que estimular lo que quedó fuera de tu preciosa boca, ¿de acuerdo? –Ella asintió con él dentro de su boca y mirándolo a los ojos. Provocando que un delicioso escalofrío le bajara hasta las nalgas a Shaoran. – ¡Ho si, muñeca!… –entonces, Shaoran la dejó explorar.
Por instinto, Sakura comenzó a estirar el pene y a adentrarlo a su boca al mismo tiempo. Luego lo jalaba hacía atrás y retiraba de su cavidad. Aquellas acciones le parecieron la gloria a Shaoran, quien no dejaba de gruñir y jadear. Sakura apenas alcanzaba a mirar su rostro, pero aún así podía ver la mueca de placer grabada en él. Shaoran le pidió que, con la lengua al retirar el pene, le acariciara el glande. Y ésta así lo hizo.
Estaba cerca. Muy cerca. Esa imagen que tenía frente a él, era una de las mejores que había tenido en su vida. Su mujer le estaba dando placer y lo mejor de todo era que ella lo disfrutaba también.
Tomándola por la nuca con ambas manos, la obligó a detenerse. Si no lo hacía, juraba, explotaría.
–Espera, Shaoran… –Ella intentó protestar pero él la acalló con un beso. Probándose a sí mismo.
–No me vendré en tu boca, muñequita. No mientras lleves un niño mío en tu vientre. – dicho esto volvió a besarla y comenzó a desvestirla, acariciando su piel en el proceso.
Él quedó encima de ella. Besándole el cuello mientras que con movimientos lentos, su pelvis arremetía contra la de ella. Estaban muy ansiosos. Necesitaban sentirse el uno muy cerca del otro. Cuando por fin Sakura quedó desnuda, Shaoran dejó un reguero de besos desde su cuello, donde se había demorado bastante hasta el valle de sus pechos. Dónde se recreó tomando las rojas puntas en su boca una y otra vez. Con una de sus manos, masajeaba su cadera. Provocándole a ella genuinos suspiros de placer.
Shaoran dejó sus senos y comenzó a besar su estomago y su vientre. El cual acarició con infinita ternura.
–Si hay un bebé dentro de ti, me encargaré de que tenga lo mejor. Me encargaré de estar con él como no lo hicieron conmigo. Me encargaré de regalarle la mejor de las infancias. Jamás les hará falta nada ni a ti ni a él. Porque lo tendrán todo a mi lado. Sólo no me dejes, Sakura. Porque si tú te vas y me dejas, si me dejan, yo jamás podré reponerme. Moriría sin ustedes. Promete que no me dejarás. –le rogó mirándola a los ojos esmeraldas.
Ante aquellas palabras, Sakura derramó una lágrima de felicidad pura.
–No podría dejarte aunque quisiera. No hay manera de que pueda olvidarte. Has sido el primero. Por mucho que lo intente. Jamás te olvidaré. ¡Te amo! –Soltó y Shaoran no pudo evitar besarla con fervor. –Jamás me traicionarás, ¿verdad? –Preguntó ella muy insegura.
Shaoran volvió a besarla.
–No quiero, ni puedo. –susurró y la besó una última vez antes de bajar nuevamente a su vientre y depositar una hilera de besos de cadera a cadera.
Tomándola fuertemente por estas, buscó su monte de Venus con la lengua aún cuando ella tenía las piernas cerradas. La masajeó frenéticamente con las manos mientras que con la lengua, daba largas pasadas desde su clítoris hasta su entrada femenina. Sakura gritó de placer y se aferró a las sábanas.
–Shaoran… –El castaño la abrió de piernas y se sentó entre estas. Tomándola por las caderas, la elevó hasta su boca, dónde comenzó a succionarla con fruición. Sakura lo miraba desde abajo con inmenso placer y gemidos que poco faltaba para que fueran gritos.
Con sus manos, aprovechaba para tocarla completamente. No había lugar que él descuidara. Toda ella merecía su atención. No había un solo pedazo que descuidar.
Shaoran no cejaba en su intento por hacerla correrse y con mucha maestría, introdujo dos dedos en su vagina, acariciándola rápidamente. A Sakura aquella intromisión le dio molestias unos segundos para después, sentirse volar.
–Shaoraaaaan… –Su alarido de placer hizo ladrar a Kerberous, quien estaba del otro lado de la puerta.
Cuando Sakura bajó de su nube, Shaoran la dejó en la cama con lentitud. No había prisa para que ellos dos se amaran. Tenían toda la noche, el día. La vida entera para tomarse justo como lo estaban haciendo en esos momentos.
Besándola con amor, Shaoran comenzó a acariciar sus senos con delicadeza.
–Quiero hacerte mía… –Le susurró al oído, lamiéndoselo en el proceso. Sakura gemía y temblaba aún de placer por el reciente orgasmo.
–Si… –jadeaba.
–Voy a tomarte en cada posición que se me ocurra. Durante toda la noche. Voy a darte rápido y lento. Duro y suave. Picante y dulce. Tan dulce que vas a empalagarte. –Decía besándole el cuello, las mejillas, los párpados y finalmente la boca. –Vas a gritar mi nombre hasta que ya no puedas más. Me rogarás que pare. Pero no me detendré, porque quiero que está noche se quede grabada en tí. –Le prometió mirándola a los ojos con los intensos ámbares. –Que mis caricias se queden tan impresas en tu memoria haciendo que incluso repudies la sola mirada de otros hombres. Quiero que mientras te hago mía una y otra vez me digas que me amas. Quiero hacerte el amor. Durante toda la vida. Para siempre. Solo tú.
–Sí, quiero eso… lo quiero… te necesito… –pedía ella en voz suave y baja. Desesperada por la intensidad de todo aquello y las palabras tan mágicas. Alzando los brazos para atraerlo hacia sí.
–Dí mi nombre. –Pidió justo como en la primera vez.
–Shaoran. –susurró ella con voz débil. El castaño comenzó a posicionarse para entrar en ella.
–Dilo otra vez. –Le dijo rozándose contra ella. Gruñendo por la fricción.
–S… Shaoran-n… –Gimió ella removiéndose un poco por el delicioso movimiento.
–Una vez más. –ordenó.
–¡Shaor… aaaann! –Gritó ella con placer. El castaño había entrado en ella de una certera y profunda estocada.
– ¡Cerecita! –Gruñó él, distorsionando los rasgos cuando estuvo completamente en ella. –Estás tan apretada como la primera vez. Te sientes… –Comenzó a mover las caderas con mucha lentitud.
Con sus manos, ahueco el bello rostro femenino y comenzó a besarla con los ojos entrecerrados. Disfrutando de las muecas de placer que su mujer hacía mientras la penetraba. Ella estaba disfrutando profundamente de aquellas sensaciones. Y como para dejarlo claro, estaba enterrando sus uñas en la espalda del castaño.
Shaoran pensaba, mientras la penetraba, que su mujer era la cosa más hermosa que el cielo puedo haberle enviado. Era sin duda lo mejor que en la vida le hubo pasado hasta ahora. Y al pensar que ya llevaba un hijo suyo, lo hizo envestir con más fuerza.
–Ahhh… -Gimió ella, arqueando la espalda y el cuello, liberándose del beso del castaño.
Shaoran entonces pudo recordar una ocasión, en la que la vida le pareció un tanto injusta al saberse completamente atado a una niña que solo conocía por fotos e informes. Aquella vez había sido rechazado por una chica de buena familia que le gustaba y le había parecido terrible ser el hijo de quién era. Pero entonces, la foto de la castaña había caído de su cartera y él la había mirado con atención. Sakura tenía en ella al menos 13 o 14 años. En aquella época se estaba formando apenas, tan delicada y bella como una flor. Pero aún así le había parecido muy hermosa, incluso para su corta edad. Entonces había mirado hacía el horizonte y sin darse cuenta, había guardado la foto en sus bolsillos. Se determinó a amarla, a costa de lo que fuera, porque ese había sido siempre su destino y porque de alguna manera, sabía que ella era la indicada. Con ese pensamiento en mente, había ordenado más de las seis fotos que solía recibir. Ella sería su mujer y nadie podría cambiar aquello.
Y ahora, mientras le hacía el amor con ternura, agradecía a Dios no haber llegado tan lejos con aquella otra chica, quién solo estuvo con él un par de ocasiones.
–Mírame. –Le ordenó con voz gutural. Ella lo obedeció. Sus orbes esmeraldas lo poseían a alturas que él no podía describir. – Eres mía. Sólo mía. Mi mujer. –La reclamó.
Sakura solo podía gemir y contonearse desesperadamente.
Girando sobre sí, la dejó encima de él y la besó nuevamente. La embistió un par de veces más y finalmente le pidió al oído y acariciando desde sus hombros hasta sus nalgas.
–Móntame…
Sakura sin saber qué hacer se desconcertó un poco. Shaoran volvió a animarla y ella con nerviosismo accedió. Al sentarse sobre él, un pequeño dolor la recorrió.
–No… no pue-do… eres, dueles… eres muy grande… –Habló con los ojos cerrados.
–Nena, mírame… –estiró una mano y le acarició los labios rojos e hinchados por los besos. –Tienes que hacer un pequeño esfuerzo… por nosotros. –Shaoran la sentía estremecerse de dolor y aquello lo hizo sentirse terrible. –Vamos, Cerecita.
Sakura, mordiéndose un labio, comenzó a marcar un pequeño ritmo, para empezar a aclimatarse a él. Contenía una pequeña lágrima en sus ojos, para demostrarle que podía soportarlo dentro de sí. Era un pequeño esfuerzo, por los dos.
–Perfecta… ¡Deliciosa! –Decía Shaoran mientras la veía montarlo con indecisión e inexperiencia.
Sakura ya comenzaba a gemir y a moverse un poco más. Las palabras del castaño la hacían entrar en una especie de limbo de la que no quería salir. Shaoran estaba embrujado. Tomó su cadera con ambas manos y la hizo bajar completamente. Esa acción la hizo sentir mucho placer y volvió a arquear la espalda. Ronroneando, lo observó completamente hechizada. El hueso pubinario rozaba el clítoris de Sakura conforme se movía.
El castaño la hizo girar en círculos. Entonces la sintió apretarse demasiado en torno a él.
–Eso es… apriétame, Cerecita. Quiero sentir como tu cuerpo me pide a gritos que lo libere. –Jadeaba.
–Ya… ya no pued-o má…s! –soltó enterrando las uñas en los bien trabajados abdominales de Shaoran.
Sin previo aviso, Shaoran la acostó sobre él y ella casi se corre al sentir un roce más íntimo en su pelvis. La abrazó con fuerza y comenzó a besarla en los labios. Finalmente, cuando estaba a punto de correrse, Shaoran la miró a los ojos y con voz gutural murmuró.
–Te amo…
Entonces ella perdió la noción de todo. Todo excepto de las caricias o los fuertes gruñidos que indicaban la liberación de Shaoran, quien la había seguido a aquel hermoso suplicio.
Por alguna extraña razón, Shaoran no podía creer que aquello estuviera ocurriendo.
–Sakura. –Jadeó en el oído femenino cuando ella dejó de gemir. –Sonará estúpido, pero deseo que me pellizques. –rió tímidamente.
Desde su lugar, la castaña levantó la cabeza, aún sobre el pecho del castaño, quien aún no la había liberado. Sus hermosos ojos esmeraldas miraron el perfecto rostro masculino y se llenaron de lágrimas. ¡Era tan perfecto que no soportaba verlo sin poder comerlo de nuevo!
–Estoy contigo. –Movió las caderas y ambos gimieron al unísono. Como pudo sonrió.
Shaoran tomó un mechón de sedosos cabellos castaños como la miel y los besó. Después tomó un dedo de la mano de ella y se lo llevó a la boca. Lo succionó y lengüeteó con amor viéndola a los ojos.
–Vamos a jugar un rato… –Le susurró al oído.
La veía juguetonamente. Deseaba poseerla de todas la maneras como se lo había prometido hacía unos momentos.
–Sí. –Ella asintió y entonces la levantó de la cama y la cargó hasta la pared más cercana.
No la soltó. La hizo aferrarse a sus caderas y la besó con fervor. A esto, le siguieron la serie de juegos preliminares. Tocarla por todas partes y a la inversa besarla, comérsela y ella lo mismo. Se estaban demostrando el amor que sentían el uno por el otro de una manera admirable. Cada uno guardó secretos del otro en su memoria.
Cuando finalmente llegó el momento, Shaoran la hizo descender sobre su miembro, que ahora parecía incluso, palpitar.
–Te necesito otra vez. –Le dijo él.
–Aquí estoy. –Lo consoló al verlo temblar desesperado.
–Muñequita, no me voy a detener. Te voy a dar muy duro. Si te lastimo, perdóname. –La advirtió.
Al imaginar el placer que aquel encuentro le provocaría, la castaña frunció el ceño. Producto de un pequeño escalofrío en la columna. Shaoran entendió el gesto y pasó su dedo pulgar por los labios de ella. Le encantaba verla y sentirla así para él.
Posicionándose en ella correctamente, se introdujo mirándola a los ojos, sin pestañear siquiera. La intensidad de esa mirada hizo que Sakura retirara la suya varias veces. Pero Shaoran la hacía volver a mirarlo una y otra vez.
La tomaba por las caderas y con fuerza casi brutal la dejaba caer encima de su pene. El placer de ambos era tan enorme que no podían respirar y sus cuerpos estaban bañados por una fina capa de sudor. Sakura se le pegaba como sanguijuela. Ella comenzó un lento vaivén robándole incontables promesas al castaño, quién no podía dejar de decirle lo perfecta que era.
Por último, Shaoran le introdujo la lengua en el oído, haciéndola gritar de placer. Con un dedo penetró su pequeña cavidad anal, haciéndola arquearse y chillar.
–Dilo, dime que me amas. –Besaba aún su oído.
–Te… a-mo… . –Lloriqueó ella.
–Una vez más… –La embistió con más fuerza.
–Te amo… Ahhhh… –Se había corrido nuevamente.
Sin poder parar, Shaoran continuó con su brutal danza. Haciéndola volar una vez más y otra y otra. Había tenido un orgasmo múltiple gracias a él. Sin poder soportarlo más, él también la siguió. Cuando finalmente estuvieron saciados, la llevó a la cama y la dejó recostada. Se fue solo por unos momentos, pero ella ni siquiera lo había notado. Estaba exhausta por lo ocurrido con el castaño.
Regresó con un pañuelo blanco mojado y se lo puso entre las piernas. Ella jadeó al sentir que la limpiaba delicadamente. Por último, Shaoran la besó allá abajo y ella solo alzó las caderas. Unos segundos después, desapareció por la puerta y regreso nuevamente. Ésta vez para quedarse junto a ella.
La atrajo a su pecho y la abrazó con fuerza. Aquella, sin duda, había sido la mejor reconciliación que tuvieron ambos alguna vez.
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Sakura estaba aún dormida cuando comenzó a gemir. Shaoran estaba nuevamente haciéndole el amor. Tomándola desprevenida y jurándole mucho más. La tomó 2 veces esa ocasión.
Después, tuvieron un día un poco fuera de lo normal, pues había que llevar a Sakura con un medico para que le hicieran un ultrasonido.
Hien Li tenía muchos aliados y uno de ellos era el doctor Ikino Yamagushi, quien fuera un excelente medico en sus tiempos. Acudieron a él y éste se encargó de revisar a la castaña.
Efectivamente, estaba embarazada y el niño tenía ya 1 mes de gestación. Sakura había quedado embarazada la primera vez que Shaoran la hubo tomado. Al ver la pequeña bolita en la pantalla, Shaoran rió incrédulo y sostuvo la mano de su mujer con firmeza. Estaba demasiado orgulloso.
Sakura, por su parte, no podía dejar de llorar. Había dado vida a un pequeño ser que ahora vivía dentro de ella. Se sentía la mujer más feliz del mundo, nada podría opacar su felicidad.
Sin embargo, en eso se equivocaba, porque mientras ellos estaban viendo a su hijo por primera vez, Mei ling se hallaba en la Academia, esperando por Shaoran. Cuando se dio cuenta de que el castaño no aparecería, fue a buscarlo a su cabaña. Entró más no encontró a nadie y muy molesta se marchó.
–Te doy un día, Shaoran. Si mañana no te veo en la Academia, juro que te haré pagar. –Se dijo así misma en voz alta.
Mientras tanto, el médico le terminaba el ultrasonido y le hacía un exámen de chequeo a Sakura. Le regañó por estar tan delgada y pálida como estaba y le recetó un sinfín de vitaminas de todo tipo, aunadas a tranquilos paseos por las tardes en el lugar de su preferencia.
A Shaoran le pidió que se relajara y que se tomara unas vacaciones, lo cual no sería posible. Ya había descuidado bastante al Clan.
Saliendo de ahí. Shaoran decidió ir a la Academia por unas horas. Entrenó un poco y enseñó muchas técnicas, todo con el fin de tomarse el día siguiente como descanso. Sin embargo, cuando estaba retirándose al fin a las 8 de la noche a casa, una sombra llamó su atención. La siguió con mucho cuidado y fue así como finalmente descubrió a la morena entre los arbustos.
–Es ya muy tarde. –Habló a sus espaldas, sorprendiéndola. Por el ángulo en que estaba dedujo que estaba espiando y por las marcas en el piso de sus zapatos, supo que llevaba ya bastante tiempo.
–Oh sí… am, lo lamento. Es que, quería verte. –Le sonrió fingiendo la tímida sonrisa de siempre.
Shaoran se pasó una mano por el cabello y suspiró con cansancio.
–Mei ling, debemos hablar…
–Dime. –Lo interrumpió suspicaz.
–Yo… arreglé las cosas con Sakura. Ella me ama y… lo mejor será que tú y yo nos distanciemos hasta que mi relación con ella sea lo suficientemente fuerte como para que acepte que seas mi amiga. ¿Qué dices? –Propuso.
– ¿Qué? –Peguntó incrédula.
–Debemos alejarnos u tiempo, luego todo volverá a ser como ahora. Serás mi amiga y de Sakura…
–No, no, no, no, no, no. –Meneó la cabeza con rabia. –No puedes simplemente un día necesitarme y al siguiente desecharme así como si nada. No puedes dejarme…
–Mei ling…
– ¡Puta madre, Shaoran! Creí terminarías con ella. Creí que tenía una oportunidad. Todos estos días he estado fingiendo ser alguien que no soy ¿y todo para nada?
El castaño la miró con rabia y al segundo después desapareció de la vista de Mei ling.
– ¡Hijo de putaaaa! –Gritó a todo pulmón. –Te arrepentirás, Shaoran. Pagarás por esto. –Masculló y marcó un número. Cuando le contestaron murmuró. –Padre, haga lo que tenía planeado hacer. ¡Hunda a Shaoran Li! –espetó.
Nadie le contestó del otro lado. Hubo un silencio de unos segundos que parecieron minutos.
–Padre… –Lo llamó insegura.
–…Me las vas a pagar Mei ling. –Y fue lo último que escuchó antes de que la línea volviera a estar desocupada.
.°-°-°-°-°-°-°-°.
Era aún muy temprano para despertar. Shaoran se había llevado a Sakura el día anterior a un montón de tiendas argumentando que necesitaría ropa y cosas nuevas, para ella y para el bebé. Sakura había reído y había contestado que aún era muy pronto para eso, pues no sabrían el sexo del niño hasta después de mucho tiempo. Pero en realidad eso al castaño no le había importado, y le había comprado muchas cosas.
Después se la había llevado a comer a un lugar muy exclusivo, el cual, con influencias, había cerrado únicamente para ellos dos. Luego de esto, la llevó a comer helado. Sakura estaba completamente llena, pero Shaoran quería consentirla aún más con comida. No fue hasta que ella le pidió, de manera amable, que se detuviera, o ella engordaría como pelota. El castaño rió al escuchar aquello y la había besado en la frente. A él no le importaba aquello, lo suyo iba más allá de la apariencia ahora.
Sakura había estado preocupada al final del día, pensando en todas las cosas que se había comido ese día por obligación de Shaoran, pues ella no tuvo hambre en absoluto. Agradecía no haber vomitado en medio de la calle o del restaurante, pero fue hasta la noche que este suceso ocurrió. Y lo descargó todo en ese momento.
Shaoran la hubo ayudado y después la dejó sola para que ella se aseara, mientras éste alimentaba y atendía a Kerberous, quién durante todo el día se había quedado solo.
Finalmente, cuando ambos estuvieron aseados y preparados, fueron a la cama e hicieron el amor con suma ternura.
Y estaban durmiendo aún, cuando un terrible estrépito los sacó de su ensoñación.
Las puertas de la cabaña fueron azotadas y abiertas con violencia y se oían pasos subir por las escaleras.
–Sakura… –La llamó Shaoran desesperado. – ¡Escóndete ahora mismo! –Ordenó. Sakura, alterada como estaba, no supo a donde correr. –Detrás de tí, en el closet hay en el piso una compuerta que conduce a un escondite que diseñé. Sólo metete ahí ahora mismo. –Y la empujó contra dicho lugar.
Apenas si le dio tiempo de ocultarla debidamente, cuando un escuadrón completo de oficiales, entró en la habitación, sin darle tiempo de escapar. Inmediatamente lo apuntaron con sus armas.
Uno de ellos se acercó a él. Y con movimientos bruscos lo obligó a poner las manos en la espalda.
–Shaoran Li, quedas arrestado por el secuestro de Sakura Kinomoto y Tomoyo Daidoji…
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Hola, hay alguien ahí?
Bueno pues no tengo mucho que decir más que he estado un poco (¿un poco?) atareada. De verdad quiero agradecer a todas aquella personas que se toman su tiempo para leer esto. muchas gracias.
Y pues antes de retirarme, quisiera exponer una duda que tengo :)
De qué sexo desean que sea el bebé de nuestros castaños?
Lo sé, lo sé! Es como muy precipitado, pero está historia ya se va a terminar así que por eso pregunto.
Y pues, a quienes sean fans del fic "Guerra por Amor" chicas, déjenme decirles que la autora ha actualizado hace poco. Muchas gracias a Isabel por avisármelo :)
Y pues un saludito a todos aquellos que siguen está historia y también a todos aquellos que dedican una pasadita sin dejar huella.
Cómo ando súper cortísima de tiempo pues no dejaré review pero quiero que sepan que contestaré a la próxima.
Isabelangelica: Gracias por todo! ;)
Roxelani: Hey! siempre me alegra leer tus reviews. muchas gracias!
Caramelito: Hazme caso, de verdad, no te arrepentirás ;)
Guest: Holis, claro que dejaré un final feliz, te lo prometo!
Guest: Jajajaj, Mei, jamás tendrá a Shaor ;)
FLEER99: Caliente, solo para tí :) Espero no te haya parecido excesivamente caliente!
Puasloma: Gracias :) Espero te guste este capi!
Anaiza18:Por supuesto que dejaré final feliz :) Besos! :*
Inkdestiny: ¡Bienvenida! Gracias por tu review y espero también te haya gustado este cap. :)
Rilly: Amiga, ya entiendo a que te referías cuando decías que estabas muy exhausta! Besos...
Lunabsc: Me encantó tu review. Muchas gracias y espero este capi también te haya gustado Besos!
Vero: Hey ;) Cómo estás? Espero este capi te haya parecido bueno. Ntp. Mei ling no tendrá oportunidad con Shao nunca :)
Chica Malfoy: ¡Bienvenida! Disfruta del capi ;) lindo día…
Anairamellark18:¡Bienvenida! Espero te guste el cap :) muchos besos!
carGian: ¡Bienvenida! Gracias por tu review me hizo el día en aquel momento;)
Alejandra kagamine: Ya te había dado la bienvenida? Si no, entonces ¡Bienvenida! Espero que te guste el capi de hoy :)
Samantha Parark: Supongo que si los antiguos capítulos te asustaron, este te asustó más! jajaj, Gracias por tu review.
KilalaSelene: Lamento que mi capítulo te haya parecido corto. Espero que este si te halla parecido mejor. Besitos
didi87: Hola :3 Espero este capi te haya aclarado muchas dudas. Fueron fuertes revelaciones! Muchas gracias por estar presente desde el inicio :*
Sakura Kinomoto Amamiya 26: ¡Bienvenida! bien, pues mi face es:
www. facebook dalian. ferreronamis, lo pongo así porque esta página borra todos los enlaces :)
Guest: De nada :)¡ Saludos!
Como verán, solo pude dejar bienvenidas, pero prometo responder al siguiente.
Besos y muchos buenos días les desea:
Dalian Monthgomery…
"Lamento no poder amarte, no es que no quiera, es que no deseo perder eso que, para mí, es lo más mágico que jamás he tenido con otro ser humano que no lleva mi sangre".
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Hasta luego...!
