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Aviso importante: Esta historia ya había sido publicada en esta página. He perdido los capítulos y me preguntó si alguna de las personas que la seguían antes, tienen una copia del capitulo 5.
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I want to fuck you 2
Muchas gracias por los review, lamento que la historia tenga que empezar de ceros, antes contaba con muchos seguidores.
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La luz dio directo en sus ojos rojos de tantas lágrimas que la inundaban, el resplandor la cegó y la abrumo por unos segundos en los que se creyó como despertando de un sueño, más bien una pesadilla…quería correr, deseaba gritar "¡me han violado!" y que todos a su alrededor se enteraran, "¡atrápenle antes de que se escape, mátenlo!" aunque ni ella misma daba por sentado lo que le había pasado hace algunos minutos, pero no podía, simplemente porque no tenía fuerzas ni ganas, ni tampoco pensaba coherentemente en aquel momento.
A paso lento se alejó de aquel apartamento dejando la puerta entre abierta, ¿a ella que le importaba eso?, si haya echado un vistazo hacia atrás podría ver la figura de Sai expectante en el marco de la puerta esperando a que ella desapareciera entre las calles. La tierra parecía retenerle los pies y las botas con certeza pesaban mil kilos. Se abrazó a sí misma mientras andaba por las calles del pueblo, nadie parecía notar nada, nadie la miraba, nadie decía nada, nadie la ayudaba, no sabe si es porque adoptó una posición de "estoy normal" o porque caminaba tan lento que era imposible que algo le pasase.
-"Konoha´s café-bar"- leyó un enorme letrero frente a ella, sin pensarlo mucho entro en el lugar que estaba más bien vació, solo algunos cuantos desconocidos tomaban algo allí y tenían conversaciones que le eran indiferentes. Se sentó en una de las mesillas del lugar y se encontró arrugando el entrecejo porque todo le dolía.
-¿Está usted bien señorita?- preguntó un amable camarero que se dio el lujo de observar a la perfección al cliente. La chica de no más de 16 años tenía la ropa rasgada, el rostro golpeado y sangre en sus labios. –Está usted muy lastimada- dijo preocupado el muchacho que lucía un atuendo muy casual.
-No…no se preocupe- sonrió falsamente. -Podría traerme un vaso de agua helada por favor…y decirme donde está su baño- pidió sin mirarle.
-venga conmigo por favor- ¿qué podía decir él?, estaban en una tierra donde casi todos son ninjas, se entrena a los muchachos para que sean fuertes e inmunes al dolor, ¿qué podía decir un simple camarero como él que no entendía en absoluto qué estaba pasando? La chica estaba completamente débil y magullada, la ayudo a levantarse de la silla y la condujo hasta la entrada del lavado.
-Gracias- murmuro ella girando el pasador para poder entrar por fin. El sitio era tan blanco que le pareció el cielo, uno en silencio y puro…como ella lo era hasta hace algunas horas, ¿quién iba a decir que perdería su virginidad de una forma tan cruel como esa?...los pasos del jovencito que le había atendido se alejaban de su percepción. El lugar era pequeño, con un lavamanos, un retrete y toallas de mano a un lado, todo estaba en perfecto estado, también allí había un espejo ovalado situado en medio de la pared justo encima de la palangana.
Una chica de ojos verdes y el rostro magullado le devolvía la mirada, parecía ida y tranquila al mismo tiempo, la contemplo un poco más, ella tenía la camisa rota y el sostén hasta se alcanzaba a vislumbrar. Esa pelirrosa tenía el cabello revuelto en la parte de atrás y algo aplanado al frente porque en algún intento aleatorio se medio arreglo para no parecer tan desaliñada. Ni se atrevió a mirarse la entrepierna, solo sabía que sentía incómodamente pegajoso y húmedo, daba asco y le impedía moverse correctamente. Ella podía escuchar algunas risas tras la puerta, la gente no sabía nada de lo que le pasaba, estaba sola, sola… ¡sola!
Con dedos trémulos y desconfiados adentro la palma de su mano hasta su intimidad donde al tacto un liquido viscoso y denso se le quedo pegado a las uñas, al pasar unos segundos vacilantes se atrevió a mirar, estaban manchados de rojo, era sangre, sangre de su cuerpo. Entonces se rompió otra vez, porque aquella clara muestra en sus manos le gritaba "¡te han violado!", y tapo sus labios lastimados y secos con la mano que tenía libre, lloro nuevamente con rabia y con impotencia, no se pudo defender, no hizo nada por hacerse respetar porque aquel Anbu le tendió una trampa horrible.
Abrió el grifo dejando que agua limpia y fría cayera por el hasta irse por el sifón, tomo muchas toallas sin tener cuidado de gastarlas todas en un mismo instante, las humedeció con el liquido vital y se bajo la parte inferior de su atuendo, se limpió la cara interna de sus muslos, el contacto con el papel empapado le hizo pasar un escalofrió porque esa zona de su cuerpo estaba bastante caliente, repitió la misma acción tres veces más hasta sentir que había mejorado un poco pero no era así, quería restregarse una y otra vez hasta que todo desapareciera, sus labios vaginales dolían pero no le importaba, deseaba quitarse esa sensación de "usada". El suelo estaba cubierto por toallas desechables aquí y allá, algunas sin usar y otras realmente sucias, el agua todavía corría libre por el lavado y ella se permitía mirar el trasfondo de sus pantaletas, estaba manchado, sucio y desagradable, arrugando el entrecejo puso papel higiénico como haciendo una cubierta en ellas, así se protegería al menos hasta llegar a casa donde desecharía toda esa ropa. Ya con el atuendo algo compuesto y la piel más aseada se concentro en limpiar su rostro, tomo el jabón que había hacia un lado sin importar cuantas personas lo hayan utilizado antes y lo froto con fuerza sobre la piel de sus brazos y cara, mientras hacía todo esto no dejaba de llorar en una pena muda.
-Sai…me violo- musito alisando el cabello entre sus dedos, estaba toda mojada al igual que el piso y todo por que ella no tuvo ningún cuidado al momento de limpiarse, de sus mejillas caían gotas de agua entremezcladas con sal de su llanto, sus pómulos se tornaron de un color violeta por que él la había golpeado sin compasión, sus muñecas casi ni respondían, es como si la circulación estuviese cortada y no le diera el tono habitual a su piel. –ese…maldito- susurro con rabia.
La puerta estaba siendo golpeada por alguien que deseaba usar el servicio de W, entonces se dio una última mirada y se encontró algo más cuidada, creyó que sería mejor caminar así, pero cuando se dirigió a la puerta para salir de allí descubrió que la misma sensación de ardor seguía en su entrepierna. Salió sin más y se dirigió a la mesa donde había dejado su mochila y que de seguro se encontraba su orden servida.
El chico que la había atendido momentos atrás la vio bebiendo agua de una copa grande rebosante en hielo, ella la bebió de un solo trago y dejo un billete de gran denominación sobre la mesa justo antes de salir de aquel lugar. Él no alcanzo a decirle a la pelirrosa que el agua era gratis y el mismo chico leería después, al final de la jornada laboral, "los baños en esta cafetería son una porquería", cuando revisó el buzón de sugerencias.
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-¿Sakura?-
-Kakashi-sensei- le saludo haciendo una reverencia antes de entrar en el cuarto donde reposaba su maestro.
-Naruto te estuvo esperando hasta hace poco- le informo a la chica. Se sentó recostándose en el espaldar de la cama y entonces la ojijade se apresuró a acomodarle la almohada. –ya lo conoces, gritaba "¿dónde está Sakura-chan?", "Nadie me saca de aquí hasta que llegue Sakura-chan, ¡vaya que si!"- imito con voz cansada.
-ya me lo ha dicho Shizune. Disculpa mi tardanza Kakashi-sensei, he llegado tan agotada de la misión que me recosté y me quede dormida, sin darme cuenta se hizo de noche, mira, ya son casi las 9- mintió y el peliplateado sonrió mientras buscaba algo debajo de las mantas. Icha Icha hizo una triunfante aparición entre las manos del ninja copia.
-lo han tenido que sacar a la fuerza- dijo el Hatake riéndose ante el recuerdo de los gritos del rubio sin importar que se encontraban en un hospital. Su ex-alumna se sentó en un borde de la camilla en la que se encontraba él acostado.
-¿Estás mejor sensei?- preguntó la chica con una sonrisa fingida en su rostro.
Miro a la kunoichi y frunció el seño –ahora veo que Naruto no exageraba cuando dijo que estuviste en peligro.- Naruto siempre había sido sobre protector con Sakura, él también, aún a sabiendas que ella era fuerte y se podía proteger sola. –deberías dejar que te traten, mírate Sakura, estas muy lastimada- la regañó.
Frunció el seño, en parte por qué quien sabe que chismes había llevado el rubio y segundo por que aquellas magulladuras en su rostro, brazos y cuerpo, no habían sido ocasionadas por la misión. Fue Sai, solamente Sai. – ¡deja de subestimarme Kakashi!- le riño tratando de parecer normal.
-OK- se rasco la cabeza y abrió el libro en una página central. Jiraiya se lo había regalado recién, era un ejemplar que aún nadie tenia y eso lo emocionaba mucho. Pero con tantas visitas recibidas no había adelantado en nada su lectura, ¡tenia que recuperar el tiempo perdido!
-yo…quería preguntarte algo sensei-
-te escucho- le informo a pesar de que no aparto la mirada de las líneas de la hoja 23.
-antes, estaba llevando un caso en el hospital. Una niña fue violada por un conocido suyo…no quiere decirle a nadie, tiene miedo. ¿Qué crees que debería hacer?- preguntó en voz baja y sin mirar a su tutor. Sus ojos se habían puesto vidriosos sin poderlo evitar y eso no paso desapercibido para el peliplateado.
-debe informar a las autoridades- aseguro.
Esta vez las lágrimas resbalaron por sus mejillas sin ninguna restricción, entonces apretó las sabanas blancas del soporte –no puede…Kakashi…sensei…ella, tiene miedo- entonces sollozo y se tapo la boca por que creyó que en cualquier momento se pondría a gritar que la niña de la que hablaba era ella.
Fue en aquel tiempo que se sintió abrazada y dejo que aquellos brazos la asieran con fuerza. – ¿que te hicieron Sakura?, ¿quién fue?- preguntó con voz temblosa el peliplateado. A él no le paso por alto como sufría aquella muchacha, noto claramente su preocupación. Fue entonces que se maldijo internamente por haber caído en el Mangyoku sharingan de Itachi y entonces no poder ir a aquella importante misión de espionaje en la que todo había salido mal, maldito Kami-sama, si es que existía alguno, por no permitirle estar allí para acompañar a sus alumnos, primero lo sucedido con Kiuuby, donde Naruto casi mata a sus compañeros de equipo y a él mismo tras liberar gran parte del chakra del zorro de nueve colas, y ahora esto, Sakura ultrajada. – ¡Sakura!- ella correspondió al abrazo y le apretó con el mismo nervio o quizá con más. –Kakashi-sensei- sollozo, ya, no había podido ocultarlo, y es que de hecho había aguantado toda una tarde en silencio en el que se estaba destrozando emocionalmente, al menos ahora sentía la carga sobre sus hombros aminorada por que se sentía apoyada.
Hatake tomo el rostro de la pelirrosa entre sus manos y la miro fijamente, ella no cesaba de llorar y gimotear, se encontró a si mismo perder el control de sus emociones pues Sakura era su consentida, la niña de sus ojos, la mujer que más quería y deseaba proteger en este mundo, Rin había muerto hace muchos años ya, era su pequeña, y entonces un impulso en su interior grito que le habían hecho cosas horribles, que la habían mancillado, maltratado, corrompido, ¡que no le habían hecho a su muchachita! -¿Quién fue Sakura?, ¿quién?- reiteró deseando que solo fuera su imaginación, que ella respondiera "claro que no sensei, que cosas pasan por tu mente, ¡pervertido!", pero eso no pasaba…que si le conoce al infeliz, ¡le mata!, sin importar que eso manche su hoja de vida o que lo tomen preso porque eso no era ninguna misión.
-yo…yo…no le conozco- mintió sin saber muy bien el por qué, tal vez vergüenza, miedo de lo que pudiese llegar a hacer el Anbu, de nuevo, cuando se enterase de que ella le había delatado, por Dios que tenía un miedo tremendo.
Kakashi arrugo el entrecejo. Está bien que él sea sobre protector con Sakura, y que ella siempre le reñía, entonces, ¡¿cómo demonios dejo que le hiciesen algo?! –escúchame, sé que esto es difícil para ti, pero necesito que me digas todo, no podemos dejar esto así- ella afirmo enjugando las lágrimas de sus pómulos violáceos.
-fue…fue en medio de la misión, me vi engañada por un hombre que no había visto nunca en mi vida-
-¡¿y donde carajos estaba Naruto?!- grito enojado, exasperado, no con ella si no con el rubio por haber permitido aquella cosa.
Entonces Sakura supo que debía inventar algo que no tuviese perdida, que no hubiera algunos otros implicados, por que la culpa de eso era totalmente de Sai, traidor de mierda. –No, no lo culpes a él, Kakashi-sensei fue mi culpa…- lloro de nuevo ocultando el rostro entre sus pequeñas manitas.
Cayendo en la cuenta de su error y de que tenía los nervios exaltados, el ninja copia suspiro y abrazo de nuevo a la oji verde. – ¿Alguien más sabe de esto Sakura?- preguntó con voz queda. –No señor- respondió acongojada, ni si quiera se lo había dicho a su madre. –Sakura, sé que esto deber ser horrible para ti, pero tenemos que hacer que te revisen- ella negó rotundamente con la cabeza, pidiéndole en silencio que no le contara a nadie, le daba vergüenza dejar que otras personas vieran su debilidad, de lo que se había dejado hacer, ¡no quería!
-Sakura, Sakura, es por tu salud- ella pareció entender un poco y entonces se calmo sin dejar de llorar aún. –que te parece si le decimos a la doctora que tu prefieras, ¿eh?- trato de parecer amistoso mientras le acariciaba el cabello a la muchacha. – ¿Alguien en especial?-
-…Tsu…Tsunade-sama- la única persona en la que tenía plena confianza con respecto a su cuerpo, ambas eran mujeres, ella era casi como una madre, ella la entendería, la confortaría. Hatake asintió y le abrazo de nuevo para seguido mandar llamar a Shizune.
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-ne, ne, Yamato-taicho, ¿Por qué Sakura-chan no ha venido hoy tampoco?- preguntó el muy curioso jinchuriki.
El jefe Anbu sonrió ante la insistencia del rubio que a veces podía llegar a ser exasperante. Ya habían pasado casi tres días desde que habían regresado de la peligrosa misión, se entendió que tendrían un día de descanso pero que a los que les seguían las actividades transcurrirían con normalidad –ya te dije Naruto, son órdenes de Hokage-sama-
-ya has repetido eso muchas veces, yo lo que quiero saber son los motivos de la vieja para darle tanto tiempo libre a Sakura-chan, ¡datebayo!- y es que él ya había intentado averiguarlo muchas veces por su propia cuenta, pero un misterio difícil de descifrar para su mente corta se desenvolvía como una maraña trepando por un muro antiguo; tenia la entrada prohibida a la torre de la Hokage y aunque intentase escabullirse con sus súper poderes de ninja "mejor que todos los demás, próximo Hokage", siempre había un Anbu o dos o quizás más que lo sacaban de las orejas de aquel lugar; entonces decidido fue hasta la casa de su compañero de equipo, empezaba a aturdirle tanto secreto, al llegar al apartamento de soltera de su la kunoichi, le abrió la puerta una mujer que no era ella, al ver a la madre de Sakura-chan justo bajo el umbral, él salio corriendo, que le importaba a él que algunos años después se le tachase como el "líder cobarde", prefería un desliz en su experiencia perfecta que enfrentarse con la señora, monstruosa, enfadadiza, peor carácter que Sakura-chan, come amigos, Haruno, es por todo eso y más que tenia la duda picándole el cerebro.
-y yo, ya te dije a ti, que dejes de preguntarme- suspiro Yamato.
Sai por su parte no se había pronunciado con respecto al tema, ya tenía sus propias conclusiones, lo que le extrañaba es que un equipo Elite no hubiese ido aún a apresarle y hacerle pagar por los daños cometidos; y no huía, ¿para que huir si la paso terriblemente bien ejecutando su venganza?, empezaba a entender cada día un poquito más acerca de los sentimientos, y sabía que todo en la vida trae consecuencias.
…
-¡Sakura-chan!- grito eufórico el ninja numero uno en sorprender a la gente que resonó por toda la villa y un poco más allá de la tierra del fuego. Entonces Yamato giro sobre sus talones e hizo una reverencia a la susodicha que se encontraba con su ropa usual puesta parada justo frente a las rejas del campo de entrenamiento.
Sakura sintió ganas de abrazar a Naruto a pesar de su algarabía, ese rubio era una de las personas más importantes en su vida. Cortésmente respondió al saludo del capitán y le dio a Naruto una muy hermosa sonrisa que hizo sonrojar al muchacho; entonces sus orbes verdes, que no querían por miedo, se dirigieron a los negros de Sai que le devolvían una mirada sin expresión para seguido sonreír con la típica mueca de "niño bueno".
-¿Sakura-chan?- le llamo preocupado el ojiazul. Y es que la kunoichi, temblaba de repente y parecía bastante nerviosa o con ira, no podía saberlo con claridad. –Sakura-chan, ¿Qué ocurre?- preguntó acercándose a ella y tomándola de los hombros, ella tras unos segundos le miro con ojos vidriosos. Naruto creyó que en la mente de la pelirrosa aún se mantenía el, terrible, recuerdo de su transformación de cuatro colas. Naruto se sintió sombrío pues creyó que las memorias seguían grabadas en su Sakura-chan, se sintió muy mal.
Pero lo que no sabia Naruto es que ella en ese momento se encontraba de esa forma, no por él, lo que la había puesto así sin poder controlarse, era ver el cinismo de su compañero artista, Sai sonreía, le miraba con tranquilidad, y lo que más le humillo e indigno, él la veía sin ninguna clase de arrepentimiento.
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