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Feliz Navidad y Feliz año a todos!
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I want to fuck you 3
Lo que no sabía Naruto, es que ella en ese momento se encontraba de esa forma, no por él, lo que la había puesto así sin poder controlarse, era ver el cinismo de su compañero artista, Sai sonreía, le miraba con tranquilidad, y lo que más le humillo e indigno, él la veía sin ninguna clase de arrepentimiento.
Tras un entrenamiento en el que la chica del equipo parecía bastante distraída, logrando que Naruto le diese un par de patadas -que por supuesto el siempre creyó ella detendría- que la estamparon contra el suelo en más de una ocasión, y Naruto corría gritando: "no fue mi intención Sakura-chan".
Yamato-taicho concluyó el entrenamiento diciendo algo como que el taijutsu lo dejaban para cuando regresara Kakashi-sensei.
Ella tras ese ataque de nervios que estuvo a punto de sufrir, pero que no paso desapercibido para ninguno de los allí presentes, había evitado por completo ver de nuevo hacia los ojos de Sai, es que el solo hacerlo le recordaba como aquellos mismos ojos la veían esa trágica tarde, con odio, con furia y con maldad, recordar aquello hizo a su cuerpo estremecerse y el dolor volver a su entrepierna a pesar de que su shisou ya la había curado en su totalidad.
-¿me…acompañas a casa Naruto?- pidió Sakura en voz baja. Naruto ya la había acompañado miles de veces, pero ella nunca se lo había pedido y esta ocasión tenía mucho de especial.
-¿pero, está tu madre en casa Sakura-chan?- para que decirnos mentiras, Naruto estaba alucinado por que la pelirrosa le había pedido acompañarla, pero el funesto recuerdo de la señora Haruno le hacía revolver las tripas y anteponer su seguridad a sus sentimientos.
¿Y es que acaso no vivías sola Sakura-san?- dijo el pelinegro dirigiéndole a si por primera vez en todo el rato la palabra, de hecho era lo primero que le decía desde que le había susurrado: "Disfruta de esto perra".
Yamato ya había desaparecido en una nube de humo tras hacerles una cordial inclinación y el sol ya se escondía tras las montañas de Konohagure.
-vayámonos Naruto- dijo, pero Sai lo escucho como una muy clara suplica, eso lo hizo ensanchar su sonrisa aun más de lo que ya la tenía. – ¿Puedo ir yo también Sakura-san?- pregunto inocente buscando que la oji jade le viera al menos una vez más, pero esta parecía negarse al contacto visual y lo que hizo fue jalar de la chaqueta naranja del rubio.
-¡claro que no puedes ir teme, solo yo tengo el derecho de acompañar a Sakura-chan, vaya que sí!- respondió entusiasmado. En otro momento Sakura le haya dado un puñetazo por hablador y por tratarla como un premio o algo así, pero ahora, ahora le daba gracias al cielo por que él había dado esa respuesta, lo que menos quería es que Sai supiera donde vivía y peor aun que se enterara de que residía sola en su departamento porque su madre sí la acompaño los días más difíciles de la crisis pero ya se había ido y de nuevo Sakura se encontraba sola en casa.
X…x…X
Naruto hablaba y seguía hablando de cómo sería un súper buen Hokage, de cómo le partiría la cara a quien se atravesase en su camino, de cómo Sakura-chan se veía cada día más hermosa, y como la chica no decía nada al respecto, entonces él prosiguió con todos los cumplidos que tenía en su repertorio.
De camino a casa las calles estaban más bien solitarias y el atardecer ya moría tras el monumento de los líderes de la villa. Naruto movía los labios y ella medio le veía sonreír, pero, ¿podría ella acompañarlo en su felicidad? Era bastante claro que no.
Sakura suspiro patéticamente, recordando…
Fue de noche, justo antes de regresar Hokage-sama- explico la oji verde. Se encontraba sentada en una camilla, con un camisón verde de hospital que le llegaba hasta las rodillas magulladas. –Estaba alejada del equipo, Salí del resguardo que había hecho para nosotros Yamato-taicho pues necesitaba tomar el aire…yo diría que rozaban la una de la mañana- Sakura sonrió melancólica, sorprendida de su capacidad de mentir, inventar, todo por encubrir a una persona que en definitiva no se lo merecía.
Tsunade miraba fijamente cada una de las expresiones de su pequeña, ¡Jesucristo! Sakura recién pasaba de los quince años, joder, joder.
-entonces un sujeto yacía recostado en el tronco de un árbol parecía aporreado e inconsciente, me acerque algo preocupada por su aspecto. "Señorita, es usted un ángel, unos bandidos me han dejado en este estado, sin dinero, lejos de mi hogar, si tan solo pudiese usted indicarme el pueblo más cercano…yo…", entonces cure sus heridas y prometí acompañarle, dejarle en un lugar seguro-
-espera, Sakura, describe a este sujeto, ¿tenía hitai-ate?, ¿te dijo a qué villa pertenecía?- pregunto Shizune.
-No. Era un campesino como cualquier otro, según dijo regresaba a casa tras finalizar algunos negocios en otra aldea. Su apariencia era confiable- informo la lastimada kunoichi, desvió su mirada hacia la ventana para ver como las personas transitaban tranquilas, sin saber nada, con normalidad, ella era una persona como cualquier otra, ¿por qué le había pasado aquello? –a lo lejos se divisaban las primeras luces citadinas, ya me encontraba bastante alejada del equipo pero me sentía en el deber de acompañar a aquel hombre que en todo el camino no había hecho más que agradecer al cielo por haber puesto a una persona como yo, desinteresada, en su camino- suspiro y sus ojos se aguaron, que buena mentirosa se había vuelto. –sin saber en qué momento este sujeto que se hacía llamar Aizu, golpeo mi cabeza, entonces no supe más. Desperté adolorida y con las ropas desgarradas y ustedes ya saben el resto de mi condición física. En aquel sitio llore como no pude más, me encontré limpia de todas mis pertenencias, el bastardo se llevo todo lo que tenía conmigo, gracias que mi equipaje no lo llevaba.-
Tsunade frunció el seño de tan solo imaginar la situación, bebió un trago de sake para seguido acercarse a su alumna. –Dejemos esto aquí- dijo abrazándola cariñosamente, la muchacha se cobijo en la caricia y lloro.
-Mañana tendremos el resultado de los exámenes Sakura-san.- informo Shizune que mantenía un rostro entristecido, ¿Por qué hay personas que abusan de otras?, es una pregunta que no podía responder.
X…x…X
Siete días, una semana. Las heridas físicas habían sanado, por fin, ¿pero y las psicológicas?, por supuesto que no.
Sakura no podía evitar temblar por las noches ante el recuerdo del Anbu lastimándola, hiriéndola, abusando de ella, y la entrepierna aun dolía, aunque ella bien sabía que era imposible, era cuestión mental.
Sakura no podía estar más sola, podía afirmar que había desarrollado un tipo de fobia a la soledad, se sentía vulnerable sin compañía, no importaba de que tipo, pero necesitaba saberse con alguien, era débil una vez más.
Los entrenamientos eran una tortura, no dirigía palabra alguna a Sai que se esforzaba por hacerla sufrir con sus sonrisas falsas, con sus aparentemente inocentes insinuaciones cargadas de malicia que solo ella podía percibir. Y todo era peor cuando debía comportarse frente a los demás como si no pasase nada, porque no estaba del todo segura de si su actitud estaba siendo bastante obvia y entonces hasta podía sonreírle al traidor. Apariencias indiscutiblemente.
Naruto le acompañaba a casa todos los días, por supuesto él no sabía nada de lo que le había pasado, porque, contarle a Naruto algo como aquello era romperlo aun más de lo que ya estaba, ella lo sabía, eso para Naruto sería un golpe más fuerte de lo que fue para ella misma, su dulce Naruto.
Y qué decir de Kakashi, a pesar de sus misiones y de su agitada vida de shinobi, siempre estaba ahí, procurando cuidarle como lo haría un buen padre, la estaba mal acostumbrando a sus mimos, a consentirla, a complacerla, a cuidarla, a no dejarla sola, Kakashi-sensei no había mencionado de nuevo el tema de la violación, tampoco le había regañado, ni preguntado nada acerca de "eso", era algo que Haruno agradecía pues no quería que la gente descubriera su mentira, y más importante aún, no quería cuestionarse a sí misma acerca del por qué no dijo la verdad.
Sus turnos en el hospital fueron reducidos drásticamente pues Hokage-sama creía que no se encontraba en un buen estado emocional como para que la vida de otros dependiera de ella, y de nuevo era débil, no apta, y entonces lloraba por sentirse incapaz, culpaba a Sai de su desgracia pero en verdad la culpa era de ella, ella que no se pudo defender, y se sentía sucia, utilizada. – ¡Maldito bastardo!- mascullo por lo bajo mientras apretaba el cubre camas azul de su alcoba y de nueva cuenta se puso a llorar.
¿En qué momento la vida había empezado a ser difícil?
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-Sakura-chan es tan hermosa- susurro el rubio.
Sai escucho claramente la frase antes mencionada por el Uzumaki pero no dijo nada, por el contrario observo a la chica de cabellos rosa que explicaba algunas tareas sencillas a los gennin de ese año. Sai estaba extrañado, ¿Por qué ella no le había delatado…aún?, y si lo había hecho ¿Por qué nada pasaba?, a lo mejor le había gustado a ella también, pensó el moreno. Y si a ella le gusto tanto a como a él, ¿podrían repetirlo?
Porque, Kami-sama, anhelaba entrar en contacto una vez más con aquel trozo de carne que tenía cabello rosado. Su cuerpo le pedía a gritos que la volviese a tomar otra vez, con fuerza, con ganas, quería satisfacerse, eliminar aquellas urgencias que lo carcomían, se encontraba tenso, el solo hecho de mirarla tan sumisa, además de sumisa, manipulable, él sabía que podía acomodar ese pequeño cuerpo a sus antojos, a todas sus pulsiones, sí, Sakura Haruno aunque fea, no muy hermosa, desagradable, gritona, poco femenina, era el objeto de sus deseos. Y tras aquel "incidente" en el que él había marcado a esa niña, una nueva faceta de ella se revelaba ante él, lo que veía ahora era una chiquilla asustada, una que apartaba la mirada con temor cada que se encontraba con sus ojos negros, una que huía a la posible cercanía, esta era una Sakura que se le escapaba y eso le hacía sentir…cómo decirlo…incomodo, sí es que realmente lo sentía. ¡Por favor! ¿Quién necesita de sentimientos si tu cuerpo experimenta sensaciones?, él no. No necesita sentir, ni tampoco saber qué es eso, lo único que realmente desea es hacer flotar a sus sentidos.
Justo como ahora.
Ahora que la erección duele entre sus pantalones porque desgraciadamente cada que piensa en todas las porquerías, según un libro de ética y moral que leyó por ahí, que podría hacerle a esa fea, su sangre hierve y todo su sistema se pone alerta, le arden las manos de las apetitos que tiene de arrancarle esa ropa, ¿No lo ha intentado? ¡Con un demonio!, claro que lo ha hecho, sin importar consecuencias ni el cómo, quiere tomarla de nuevo, en verdad lo desea.
Lastimosamente siempre hay alguien que le impide acercarse, empezando por ella misma que lo evita, pero no es solo por ella, no: o es Naruto acompañándola hasta su casa, invitándola a Ichiraku´s, o es Kakashi-san visitándola, dándole entrenamientos de vez en cuando; por una u otra razón Sakura está siempre acompañada. –No le veo nada hermoso Naruto-kun- dijo sonriendo tranquilamente.
-Sakura, Kakashi-sempai me ha pedido que te entregara esto- anuncio Yamato a Sakura, la kunoichi dio unas últimas palabras a los chiquillos para seguido saludar al recién aparecido Anbu.
Muy curioso Naruto se acerco hasta la chica pasando olímpicamente de Yamato –ábrelo, ábrelo, quiero saber que es datebayo!- tras una pequeña sonrisa de la pelirrosa esta abrió el sobre sin percatarse de que Sai también prestaba atención al contenido de aquel pergamino.
"una misión de última hora se ha presentado, te veo en dos días. Kakashi". Fue lo que leyó Sakura y entonces tembló porque recordó que su madre tampoco estaría esa tarde en la villa, ni turnos, ni planes, nada que hacer, tendría que quedarse en casa…terriblemente sola.
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Sakura apuro el paso.
Una cuadra más y llegaría a casa.
El reloj rondaba las 4 de la tarde.
Naruto no le había acompañado a casa aquel día pues estaba tan empeñado en que Yamato-taicho le explicara algunas técnicas secretas que ni cuenta dio de que ella prácticamente le estaba rogando irse de una vez. Iría sola a casa, estaría sola, no habría nadie…pero, ¿acaso no debía afrontar su temor de una vez?, porque, ¡joder!, ella no era una niñita indefensa y el que le haya pasado algo malo una vez, no quería decir que siempre le fuese a pasar lo mismo…estaba paranoica con el tema, después de todo, lo que paso fue por una cruel trampa, y si Sai no había hecho nada hasta el momento, que hasta parecía haber olvidado el tema, ¿por qué lo haría ahora?, era absurdo tener miedo…en todo caso podía gritar ¿no?
¡Con un demonio! Tenía miedo, terror, entonces corrió el trecho que quedaba con la respiración alterada y el pulso a todo latir, saco las llaves de su mochila al llegar al umbral de su apartamento, las manos le temblaban de una forma endiablada y sentía los latidos al borde de la faringe, ¡Jesús!, tan nerviosa estaba que el llavero de metal en sus manos resbalo más de una vez cayendo al suelo con un sonido hueco que le taladro la cabeza, de hecho fue difícil introducir con certeza las llaves en la ranura de la perilla. ¡Kami-sama!.
Un pie adentro y suspiro, al menos encerrada nada podría dañarla.
Medio cuerpo adentro, sus niveles de adrenalina bajaron drásticamente y podía jurar que su corazón se detuvo por un instante.
Por el rabillo del ojo percibió un cambio drástico en la luz que entraba a su hogar, ni tan siquiera se pudo girar.
…
Sakura gimió de dolor.
La puerta había sido abierta con tal brusquedad que le golpeo justo en la mejilla derecha, sentía magullado el costado del mismo lado y se sabía tendida en el tatami del recibidor de su casa pues ni siquiera pudo mantener el equilibrio tras aquel desbarajuste.
El corazón de la pelirrosa bombeo nuevamente con un frenesí agitador, quiso decir algo aunque no pudo hacerlo, sus labios solo atinaron a entreabrirse y las lagrimas rodar por sus mejillas, lagrimas traidoras que la delataban.
A tan solo unos pocos pasos de la entrada-salida, a contra luz, con la perilla entre sus manos y un brazo extendido, allí mismo estaba Sai mirándola sin ninguna expresión más que aquella sonrisa falsa, de nueva cuenta Sakura tembló, sollozó y sintió sangre resbalando de su nariz por el anterior porrazo, aquel hilillo se sentía tibio sobre su piel, y las extremidades no respondían, Inner parecía en shock, todo era un caos.
"No había motivos para temer nuevamente", se había dicho hace tan solo unos minutos. Que estúpida fue, delante de ella estaban todos los motivos para estar aterrorizada, dichos hechos disfrazados de un mohín ilusorio en el rostro.
Sakura sabía lo que seguía.
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Si ven esta u otra de mis fanfics publicadas sin mi permiso o sin las aclaraciones correspondientes en otra página por favor avisarme, no al plagio de las historias.
Gracias por los bellos reviews, gracias a los alert y favorits, obvio también hits.
¿Un review con su opinión?
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