Nota de la autora: Gracias en serio por todo sus comentarios! Aquí está un capítulo nuevo y es más largo! Espero que les guste ^^ Esta es sólo la primera parte de una serie de Flashbacks de Kuvira antes de salir con el Coloso... Que lo disfruten...


~~~~~~~~~~Escena situada antes de salir de Zao Fu con el coloso hacia Ciudad República~~~~~~~~~~


Las hojas de los árboles caen con delicadeza hacia los pies de la Gran Unificadora, es una tarde cálida en las afueras de Zao Fu un día antes de la partida con el Coloso. Se encuentra caminando por las montañas que rodean la ciudad, haciendo el trabajo por ella misma, como le gusta, vigilando todo para la esperada partida del día siguiente. No se le escapará ningún detalle, y si eso significa asegurar el perímetro por ella misma, lo hará. Queda una hora para que empiece a anochecer, por ello, todavía tiene tiempo según lo que el sol le indica. El canto de los pájaros, el aroma de la naturaleza, la tranquilidad y serenidad que le brindaban esos amplios espacios realmente le hacía falta; el estrés causado por la presión de todo el imperio es notable. Toma una gran bocanada de aire fresco que llenan sus pulmones de manera placentera, cierra los ojos sintiendo la brisa chocar con todo su cuerpo, por fin un poco de paz y calma.

Sigue caminando por el sendero hasta que se detiene al observar un tronco, no es cualquier tronco. Podría reconocer las marcas donde sea, ahí es en donde se refugió cuando sus padres la abandonaron. Lo mira firme, construyendo el recuerdo. Se pone pálida, los músculos se le tensan y se estremece mientras más recuerda.


~~~~Flashback~~~~


-¡No eres más que una carga para nosotros! Eres el peor accidente que pudimos tener.- Le dice una voz fuerte y gruesa mientras le clava una bofetada en la pequeña mejilla de la niña.

-Papá, te pido que no me hables así. ¿Por qué me dices esas cosas?-Dice una pequeña niña de siete años entre sollozos sobándose la mejilla colorada por aquel golpe.

-Porque es nada más que la verdad.-Refuta el hombre empujándola haciendo que se caiga.

-Shun, creo que estás siendo muy duro con Kuvira. Sé que no fue un embarazo planeado, pero ya está aquí. Tiene derecho a vivir.-Dice por detrás una mujer intentando calmar la situación.

-No, Rina, ya me cansé de esta niña, lo único que ha hecho es traernos problemas y si dices que tiene derecho a vivir, no será en esta casa.

-Pero, ¿por qué me tratan así? Siempre he hecho lo que me dicen, he sido respetuosa y nunca me meto en problemas.

-Tan solo tu presencia es molestia.-Grita el hombre.- Largo de aquí, no te quiero volver a ver en esta casa.

-Lo siento, Kuvira...-Susurra la mujer.

-¡No! Por favor, no me abandonen. Haré lo que ustedes quieran, yo los quiero mucho. No quiero estar sola...-Sus lágrimas corren con más velocidad por sus mejillas al mismo tiempo que se acerca a Shun, el hombre al que le llamaba padre.

-¡Ya basta! Deja de ser tan débil. Fuera de aquí.-La agarra por los dos brazos y la saca de la pequeña y humilde casa donde viven.

La niña se aferra a la puerta de aquella humilde casa, la golpea con insistencia intentando que la dejen entrar, pero no obtiene ningún resultado. Lo que hace es empeorar la situación. El hombre que la sacó de la casa, sale con un bate en la mano, el mismo que usaba para ahuyentar a los criminales que intentaban robarlos. Consumido por la rabia y sin compasión alguna le clava un batazo en el estómago de la pequeña haciendo que ésta pierda el aliento. El siguiente es a un lado de la espalda, el dolor es insoportable y no es hasta el último golpe que empieza a sangrarle la zona del costado derecho, el cual había recibido la mayoría de ellos. El sujeto no se apiadó, tan solo volvió a entrar a la casa.

Cuando pudo recuperarse, sale corriendo de aquel lugar en busca de consuelo que por otro lado, sabe que no encontrará. Se adentra en el bosque, sola, y después de tanto correr se sienta bajo un árbol exhausta, adolorida, secándose rápidamente las lágrimas, con una frase retumbándole la mente: "Deja de ser tan débil... Débil... Débil..." Otras inevitables lágrimas salen desde sus pequeños ojos. Se cubre el rostro con las manos, en ese momento no tenía en mente qué iba a ser de su vida, tan solo le dolía fuertemente el hecho de que sus propios padres la habían abandonado, dejándola por ahí a su suerte. El costado sangriento se estaba secando, decide ir hasta un río que yacía cerca para lavarse.

Ya estaba anocheciendo así que se decidió buscar un pequeño rincón donde pueda dormir. Después de una hora revolviendo los arbustos apartando hojas y de más; encontró un buen lugar, un tronco hueco junto a un árbol y escondido entre arbustos. Se veía acogedor, por ello prosiguió a juntar un montón de hojas para acostarse en aquel sitio. Apenas terminó, se tumba en aquel lecho e instantáneamente se queda dormida.

Tras unas considerables horas durmiendo, comienza a escuchar unos cuantos pasos, es una sola persona, se levanta instantáneamente sin hacer mucho ruido escondiéndose detrás de un arbusto cercano. Es un hombre viajero con ropas muy finas, desde lejos se distingue que no le falta comida y que posee mucho dinero. La niña no tiene ni la menor idea de dónde se dirige ya que nunca había salido de su pueblo, solo a los alrededores para recoger algo de leña o a practicar sus movimientos de tierra control, los cuales los ocultaba porque no era nada experimentada y temía que se burlaran de ella.

Ante el codiciado hombre, se mantuvo siempre alerta, se considera ágil por lo que no se lo hizo difícil escabullirse entre los árboles y arbustos para seguirlo. Después de unos pocos minutos el viajero se sienta a descansar y a desayunar, era hora para ello, y la pequeña maestra se da cuenta que no había comido nada desde la tarde del día anterior, pero no le había mucha atención hasta que vio aquel panecillo que comía el hombre, también se percató que tenía una bolsa llena de ellos. Se le hacía agua la boca desde el arbusto donde se escondía a pocos metros del viajero, pensó en la terrible posibilidad de arrebatarle uno pero sería imposible porque los tenía junto a él. Lo que le quedaba era esperar el momento preciso, porque también de algo de lo cual se caracterizaba era por ser paciente, cautelosa, astuta e inteligente, cosa que sus padres nunca tomaron en cuenta ni apreciaron.

De pronto, el hombre toma su cantimplora de agua que parece estar vacía, un río se encuentra a unos cuantos metros de donde se encuentra sentado a si que se dirige al lugar para refrescarse un poco y llenar su garrafa. Aquel era el momento perfecto para acercarse a la gran bolsa de deliciosos panecillos y tomar por lo menos uno de los tantos que le sobra. Cuando el individuo se levanta hacia aquel limpio río, Kuvira procede rápidamente a hacer lo que había planeado anteriormente. Se escabulle del arbusto donde se escondía, llega hasta donde se encuentra la tan deseada bolsa y un olor exquisito de la misma haciendo que la niña se de cuenta que era panecillos realmente costosos los cuales una pequeña parte de la población era acreedora de ellos. Se apresuró a tomar 2 de ellos y a correr rápida pero sigilosamente hacia el sentido contrario perdiendo al hombre de vista. Se voltea para asegurarse que nadie la sigue pero sin darse cuenta accidentalmente se tropieza con un pequeño cangunejo.

-¡Ay!... Perdóname amiguito, no te vi, no sabes cuanto lo siento.- Dice la pequeña con voz culpable dejando a un lado los panecillos que había hurtado hace un instante y acercándose hacia el pobre animal que se encontraba tirado en el piso por el accidente.

Lo coge con las manos y lo acerca hacia ella, al parecer no está herido, pero sí muy asustado.

-Por lo menos no estás herido… Discúlpame… En serio.-Lo acaricia con delicadeza.- Y tú pequeño, ¿qué haces por estos lados sin tus padres?

Por lógica no obtiene ninguna respuesta del animal.

-Me recuerdas a mi… Tampoco estoy con mis padres ya. Pero a ti no te dejaré solo, yo te cuidaré hasta que encontremos a tus padres.

Vuelve a agarrar los panecillos con una mano y en el otro brazo está su nuevo amiguito. Ya más calmada, empieza a caminar hacia el tronco donde había pasado la noche, ese sería su refugio por los momentos. Al llegar, se sienta y coloca al animal a su lado.

-Debes tener hambre, ¿no?-Le dice y éste ya en confianza se acerca a la comida que tiene en las manos la niña. Ésta parte uno de ellos por la mitad para dárselo al pequeño cangunejo.

Los dos comiezan a comer satisfactoriamente, cada bocado es un gusto para aquella niña, por lo que no tarda mucho en acabarlo. Su pequeño amigo también se había devorado su pedazo y al acabar no hace mas nada que mirar a la niña con agradecimiento. Los dos se recuestan en el lecho de hojas que había hecho la noche anterior y se quedan dormidos toda la mañana.

Ya en la tarde, Kuvira se levanta sigilosamente para no despertar a su acompañante, se acerca al río donde el viajero había llenado su cantimplora y procede a lavarse las manos y la cara; también aprovecha para saciar la sed que la perseguía desde hace algunas horas atrás. Ya refrescada, vuelve a su escondite donde acaricia cuidadosamente al cangunejo aun dormido, pero éste se despierta con tan solo sentir la caricia que le brinda su nueva amiga.

-Ven, te enseñaré lo que sé. Es poco, pero quiero seguir practicando para ser una gran maestra.- Le dice al pequeño en tono alegre.

Se levanta y sale del pequeño refugio con su amigo en brazos. Se dirige a un lugar más llano que había visualizado cuando fue a hidratarse al río. Al llegar, coloca al cangunejo en un pequeño tronco y procede a ponerse en una posición firme, levanta los dos brazos con fuerza y en un movimiento levanta una roca; envuelve las manos en puños separados, su mano derecha se mueve hacia atrás y la redirige hacia adelante, la roca sale impulsada en dirección donde había movido su brazo. Aún está dolorida por aquella golpiza, pero eso no la detendrá.

-Eso es lo que mejor hago hasta ahora. Sé que iré mejorando mientras practique más…

Y en eso se les fue toda la tarde; moviendo rocas, apilándolas, jugando con ellas, practicando movimientos para mejorar su técnica de tierra control e inclusive mejoraron su humilde refugio. Ya agotada, la pequeña maestra tierra y su compañero se sientan a descansar un rato.

-Wow, hemos pasado un largo rato en todo esto…-Comenta la jovencita.- Yo estoy cansada, hasta me despeiné. -Suelta una pequeña risita.-Después de cualquier actividad siempre acabo despeinada y mi mamá me vuelve a hacer mi linda trenza.- Le cambia la expresión de su rostro.

Creo que he estado evitando el tema todo el día e intento ocupar mi mente… Pero la verdad es que extraño mucho a mis padres.- Empieza la niña- Ellos no han sido siempre los mejores, pero son la única familia que tengo y los perdono porque los quiero.-Suelta una pequeña lágrima.- Quisiera volver a mi casa, pero creo que están mejor sin mi y no quiero causarles molestias ni darles más trabajo con mi presencia…

El silencio estremecedor se hizo presente en aquel momento después de ser pronunciadas sus delicadas palabras con suma tristeza. Ya no quería pensar en ello, le dolía el hecho de que no la quisieran, de no tener a nadie con quien confiar; ahora tiene a su amiguito y no lo dejará solo pase lo que pase, ellos son la única compañía que se dan mutuamente.

-Bueno, ya no importa, ahora te tengo a ti. No me hace falta más nada en estos momentos.-Dice sonriente hacia el animalito.

Se queda viendo una singular marca en una de sus patas de su compañero.

-Veo que tienes una marca de nacimiento, es muy linda. Yo también tengo una aquí, debajo de mi ojo derecho.- Le dice señalando el lunar de su cara.- Mi mamá también tiene una a un lado de la boca. Siempre he dicho que esas marcas nos hacen especiales…

En eso pasó toda una semana. Hurtando comida, a viajeros con la particularidad de ser adinerados, practicando su tierra control y charlando con su amigo. Sorprendentemente casi todos los que pasaban por ese lugar lo eran, adinerados; cosa que llamó mucho la atención de la pequeña. Se preguntaba a dónde irían y que harían al lugar que iban con tanta prisa y ansias. La mayoría de ellos llevaban prendas de metal, Kuvira nunca hubiera usado algo parecido, ya que vivía en un entorno muy humilde.

En varios momentos consideraba la posibilidad de seguirlos hasta su destino, pero no se sentía segura en otros lugares que no conoce y menos teniendo a un ser vivo bajo su protección. Por ellos, siempre se queda en la seguridad que le brinda aquella arboleda.

Despierta un día más en su escondite ya mejorado durante la semana que pasó ahí. El sol esplendoroso y la brisa fresca hacen que el ambiente relajante se haga presente.

-Es hoy…-Susurra para ella misma.

Se levanta para realizar la misma rutina, va hacia el pozo de agua para lavarse la cara, pero de pronto escucha otros pasos acercándose, procede rápidamente a esconderse nuevamente detrás de un arbusto.

-No te escondas, sé que estás ahí. Puedo sentirte metros atrás.-Dice una mujer formal.

Kuvira no sabe de quién se trata a si que no se arriesgará a salir del arbusto.

-¿Quién eres?-Pregunta dudosamente.

-Una simple mujer vagando por estos senderos… ¿Y tú?- Pregunta curiosamente.

-Una niña sola con su pequeño amigo.-Responde

-Y... ¿Esa niña tiene nombre?

-Sí, pero usted tampoco dijo el suyo, así que no es lo justo.

-Buen punto... Eres muy inteligente. Me preguntaba si sabrías de un niñita así como tú que ha estado siguiendo a los viajeros que van a mi Ciudad... Porque me lo han comentado, hurta unos pocos pedazos de comida que son insignificantes para ellos, pero igual les llama la atención.

Kuvira sabe que se trata de ella, pero no se delataría tan fácilmente.

-No tengo idea de lo que dice, señora.

-Aparte de inteligente, cortés. Algo muy raro en los ladronzuelos como tú.

La niña se percata de que no puede mantener más la mentira a si que lo único que hace es echar a correr hacia la dirección contraria, no podía quedarse a averiguar quién era ella y que le haría si se enteraba que ella era la que estaba robando por esos senderos. Esquivaba ágilmente los árboles, huecos en el suelo, raíces que obstaculizaban su camino hasta que llega donde se encontraba a su amiguito apenas despertando. Ésta lo agarra. y sigue corriendo a toda velocidad hasta que algo la detiene. Una gigantesca pared de piedra aparece frente y a los lado de ella, solo queda un sitio para escapar que es por detrás, pero ahí se encuentra la mujer de la que escapaba. Acorralada y sin más nada que hacer, golpeó una de las paredes y con su tierra control genera un hueco, esa es su salida. Por un momento se siente orgullosa de lo que acaba de hacer, pero no dura mucho cuando este mismo hoyo es tapado por la mujer.

-Y veo que eres maestra tierra, cada momento me impresionas más. Por cierto, corres muy rápido... Me has dejado sin aliento. Me había hecho falta algo con que entretenerme. A veces se torna muy aburrida la ciudad.

-¿Qué es lo que quiere de mi?-Dice abrazando con fuerza a su compañero que lleva en brazos.

-Sinceramente al principio pensaba en ahuyentarte para que mis viajeros y ciudadanos no sigan siendo robados por una niñita, pero veo que lo estas haciendo por sobrevivencia. Me dijiste que estás sola con tu amiguito, ¿dónde están tus padres?

-Me abandonaron.-Responde apartando la mirada.

-Como lo siento…-Se disculpa pensando que su pregunta había sido imprudente.

-No quiero que me vea como alguien débil, porque no lo soy. No necesito su lástima.

-No es lástima, sino que me gustaría ayudarte.

-¿Cómo podría confiar en alguien que no conozco?-Pregunta dudosamente mirándola con sus ojos verde intenso.

-Confiando en la palabra de las personas.

-Hay mucha gente mala en el mundo.-Le hace ver la cruda realidad.

-Puedo preguntar ¿por qué te abandonaron?-Cambiando de tema.

-Tan solo no les hago falta, soy un estorbo para ellos.-Dice en tono seco.

-Una niña con tus cualidades no creo que sea un estorbo. ¿Ellos te hicieron esas heridas en los costados?

-Si… Pero ellos no piensan lo mismo.

-Ven conmigo a la ciudad. Sé que te encantará. Puedo ofrecerte un mejor futuro que éste. Además, siempre quise tener una niña. En casa sólo hay hombres...

-Mis padres siempre quisieron un varón... Fui su decepción más grande.

-Entonces, ¿qué dices? ¿Vienes conmigo?

-No puedo dejar a mi amigo solo. No tiene a más nadie…

-Eso se puede resolver, hacia el oeste no muy lejos de aquí, vi una familia de cangunejos que le faltaba una de sus crías, tenían dos y generalmente cada camada son de tres, estaban buscando al pequeño que les falta. Quizás sea él, ¿no te gustaría reunir a la familia?

-Sí, estaría bien...-Responde pensando en que es lo mejor para su amigo.

-Entonces, no perdamos el tiempo.-Le dice.

Y en ese momento, emprenden la búsqueda. Al irse alejando de aquel lugar, Kuvira se voltea para ver por última vez el lugar donde se había refugiado. Cada paso sonaba por aquella arboleda, las hojas y pequeñas ramas descuartizándose con cada pizada, el viento soplando en su contra haciendo que sus cabellos se alboroten. El sol sonrojando sus blancas pieles. Y el incómodo silencio que se apodera de la travesía por aquella montaña.

-Y por cierto, me llamo Su Yin Beifong. Ahora si es justo que me digas como te llamas.- Bromea para romper el hielo.

-Me llamo Kuvira.-Dice la niña con una pequeña sonrisa.

-Kuvira... Es un bonito nombre, y va muy bien con tu personalidad. ¿Sabes qué significa?

-No... ¿Usted sabe?

-Significa "Mujer Valiente"

-Que bien... ¿Eso significa que soy valiente?

-Lo averiguaremos con el paso del tiempo. Hasta ahora, has sido valiente, sé que te irá bien en la ciudad. Y por cierto, tienes madera para ser una excelente maestra tierra y futura metal.

-Creo que debería agradecerle. No siempre alguien viene y te ofrece una oportunidad después de hacer algo malo.

-Yo si creo en las segundas oportunidades en la vida...

Pasaron dos horas hablando de todos los lujos de la ciudad, la niña ya estaba emocionada por llegar, pero según lo que contaba, ella no encajaba mucho ahí... Ya que era tan solo una humilde ladronzuela que hurtaba panecillos para poder comer. Pero Su le hacía ver que tiene muchas cualidades para explotar, tenía mucho potencial.

De pronto, encuentran a una pareja de cangunejos con dos crías revolviendo los arbustos. El compañero de la niña empieza a ponerse nervioso, se movía mucho intentando zafarse de los brazos de la misma. Ella lo suelta y éste va saltando rápidamente donde se encuentran los demás. Por la alegría que emiten todos, saben que es su familia. El pequeño se vuelve hacia Kuvira en signo de agradecimiento y se va la familia ya reunida.

-Es lo mejor, Kuvira.

-Lo sé, estoy más feliz ahora que volvió con su familia. Gracias por ayudarme.

-No hay de que. Ahora, ¿nos vamos a Zao Fu?

-¿Qué estamos esperando?-Bromea la niña imitándola.


Unos pasos por detrás hacen que vuelva a la realidad, se voltea rápidamente y hace levitar unas hojillas de metal a sus lados en modo de amenaza.

-Ah, eres solo un cangunejo.- Dice haciendo volver las cuchillas a su sitio.- Me recuerdas a un viejo amigo...

Kuvira baja la mirada a una de sus patas donde podría reconocer si era su fiel compañero de la infancia. Se sorprende al notar la singular marca de nacimiento que notó cuando era una niña. Era su amigo, ya adulto y hasta con familia.

-No puedo creerlo... Eres tu...-Dice atónita mientras se acerca para acariciarlo.- Mira lo grande que estás.

El animal la reconoce rápidamente y disfruta la agradable caricia que ésta le brinda.

-Veo que eres feliz... Fue la mejor decisión.

Su viejo amigo se va dando saltos, su familia lo está esperando. Kuvira se queda más que satisfecha con la escena, lo que hace que el resto de la travesía por la montaña sea placentera.