Hola! Discúlpenme por ausentarme tanto tiempo, lo siento. Pero aquí está la segunda parte de Recuerdos Sepultados. Espero que les guste x3


Luego de toda la travesía al rededor de Zao Fu llega a la entrada de la ciudad, al entrar las calles están desoladas porque ya han divulgado el toque de queda. Los seguidores y soldados de Kuvira estaban trabajando forzosamente para la salida del día siguiente.

Ya sin las cúpulas, el atardecer esplendoroso ataca cada esquina de la ciudad, haciendo que se reflejen los rayos por sus innumerables construcciones de metal. La maestra metal recorre un parque que se encuentra cercano a la casa central, se detiene a contemplar el lugar. Posa su mirada en un singular columpio que adorna el parque, se le eriza la piel por la sencilla razón que no es un columpio cualquiera, tiene un especial significado para ella.

~Flashback~

La tarde es calurosa, las hojas caen secas de cada árbol, el parque cerca de la mansión Beifong. Éste está repleto de juegos entretenidos para que cualquier niño pueda pasar una tarde espléndida. En ese momento no hay nadie en aquel lugar. De repente entra a toda velocidad una niña perseguida por alguien más.

-¡Oye! No corras más, eres muy veloz. Sólo quiero hablar contigo.-Grita un niño de tan solo diez años de edad.

-¡Vete! Déjame sola.

La niña se dirige hacia un árbol de los que están en el parque, está exhausta. Al bajar la velocidad de su escape, se monta rápidamente en el primer árbol que atraviesa su camino. Sus manos y pies son ágiles por lo que en cuestión de segundos está a un nivel que no la puedan alcanzar. El niño ya en la base de aquel árbol, extrañado, le pregunta.

-¿Por qué te subiste ahí?

-Ahora no quiero hablar con nadie. Por favor vete.- Le grita con lágrimas en los ojos desde casi la copa.

-Está bien, te dejaré sola. Pero cuando decidas bajar, estaré esperándote en aquellos columpios.-Le señala el juego que está a una considerable distancia.- Me llamo Baatar... Nos vemos luego.

Baatar, se va abriendo uno de los libros que lleva consigo. Al llegar a los columpios ya no puede ver a la niña por la cantidad de hojas que aún tienen la arboleda del parque. La pequeña rompe a llorar, pensó que estaría mucho mejor en ese lugar, pero no es así. Extrañaba a sus padres, su casa, su vida. Ella sabía que su papá era el que obligaba a su mamá a maltratarla, el exceso de jugo de cactus mezclado con otros químicos causaba esa reacción agresiva en él. Y, aunque ella haya sido un accidente su mamá la quería mucho, no sabe si aún la quiere, pero si los extraña. Su padre la odiaba, la maltrataba y la rechazaba; a pesar de todo eso, también lo quería, los perdonaba todo por el simple hecho de ser sus padres.

Pero ya no quería más eso. No quería sufrir más por algo que no valía la pena, sabía que no podía volver a aquel lugar y que ellos están mejor sin ella.

Se seca delicadamente las lágrimas que corrían por sus mejillas, se acomoda la ropa fina que le había brindado Su Yin y decide bajar de aquel lugar. Una vez abajo, se acerca tímidamente donde se encontraba el chico que hace unos momentos la perseguía para hablar con ella.

-Oye, ¿por qué estabas escapando de mi? Yo no te he hecho nada...- Pregunta tímidamente el niño.

-Solo no quería hablar ni estar con nadie. Necesitaba un tiempo a solas- Responde apenada.

-Entiendo cómo te debes sentir en este nuevo ambiente, pero no quiero que te preocupes, yo seré tu nuevo amigo. Nunca antes pude tener algún otro a parte de mis hermanos, por eso es que leo tanto, disfruto mucho haciéndolo. Pero nunca tuve a alguien con quien compartir mis libros e historias ¿Te gustaría sentarte a leer alguna?- Pregunta intentando convencer a la niña.

-Siempre me han gustado las historias, sería agradable acompañarte.- Comenta la pequeña pensando que a pesar de todas las cosas por las que ha pasado, puede que él sería el amigo que nunca pudo tener.

-Y oye, ¿te puedo hacer una pregunta?

-Claro...

-Tienes 8 años, ¿verdad? Entonces, ¿cuándo es tu cumpleaños?

La niña al percatarse de tal pregunta agacha la cabeza en signo de tristeza.- Justamente cumplí años no hace mucho... Fue el día en que Su Yin me encontró.

-¿En serio? Eso no fue hace mucho, solo hace unos cuantos días. ¿Alguien de aquí lo sabía?

-No... No se lo dije a nadie, no quería causarles molestia alguna.

-Eso no es ninguna molestia, mas bien, ¡es algo para celebrar! Verás, te haré algo especial.

Esa fue su primera promesa, y la cumplió. Desde ese momento en adelante se hicieron casi inseparables, nunca pensó que se podía llevar tan bien con alguien pero se equivocó.

Es un recuerdo nostálgico según la expresión que denota su rostro, le recuerda lo que sintió cuando fue abandonada por sus padres, pero no todo era malo, la consolaba el hecho que ya tenía, por primera vez, un amigo. Con todos sus problemas que tenía con sus padres, nunca se pudo dar el lujo de tener amigos, siempre fue independiente, y creía que la gente se le acercaba por lástima, cosa que no soportaría. Voltea la mirada con signo de dolor, todo ese lugar le trae recuerdos, unos no tan buenos y otros inolvidablemente acogedores. Se lleva las dos manos a la cara que aun los cubren sus caracterizantes y pulcros guantes blancos, baja la cabeza, pero se recupera rápido. Toma una gran bocanada de aire y se acomoda, no puede arriesgarse a que algún subalterno la vea en ese estado depresivo.

Pero la máscara dura y firme no tarda mucho en caerse de nuevo. Más pesados son los recuerdos. Intenta moverse del lugar donde se encuentra para despejar su mente, pero cada esquina, cada rincón de aquel parque al lado de la mansión Beifong son revoltijos en la memoria de la mujer. A veces quisiera volver aquellos momentos, mejorar algunas cosas, disfrutarlos y sobretodo saber valorarlos cuando pudo.

Se rinde. No puede luchar más con todo lo que la atormenta, así que se dirige hacia el árbol que está en una de las esquinas del parque. Se sienta en la base del mismo y su mente ataca con otros recuerdos. Éstos son de todas las historias que Baatar le leyó, eran de todo tipo: romance, aventura, suspenso, entre otros; también todas aquellas veces que se veían por unos cuantos minutos cuando cruzaban sus caminos por casualidad, la sonrisa mutua que esbozaban y el penoso saludo a distancia... Tantas cosas buenas que pasaron cuando estaban juntos, quién iba a pensar que fue a causa del abandono de sus propios padres lo que llevó a que se conociesen.

Ya tan sólo en recordar lo bien que se sintió pasar buenos ratos con Baatar luego de todo lo ocurrido con sus padres, es motivo suficiente para valorarlo cada vez más. En ese momento Kuvira se dio cuenta de que Bataar ha hecho muchas cosas por ella comparado con las cosas que ha hecho ella por él, eso cambiaría en ese instante. Hará algo especial para Bataar para celebrar su pronta victoria en Ciudad República, la unificación del Imperio Tierra y en manera de agradecimiento por todo lo que ha hecho. No perderá tiempo, se levanta decidida, se sacude y procede rápidamente a dirigirse a la mansión Beifong.

Ya es de noche, Bataar se encuentra en la oficina principal terminando de afinar los últimos detalles del sistema interno del coloso. Kuvira pasa por ahí y se coloca por detrás para ojear los papeles que revisa.

-Está casi todo listo, están ajustando unos últimos detalles en la parte de la movilidad, yo estoy asegurándome que todos los planos estén en orden para nuestra salida mañana.- Dice un tanto ansioso Baatar revolviendo los planos sobre el escritorio.

-Me parece estupendo, ¿entonces la movilidad la controlaré con los meteoritos que recolectó Su Yin?

-Así es, ya los montaron, están en los últimas pruebas de funcionalidad.

-¿Sabes? Todo nos está saliendo muy bien, deberíamos celebrar. Y tengo la manera de hacerlo, tan sólo termina aquí y te espero en el salón central dentro de una hora.

-Está bien, espero con ansias esa sorpresa.

-Nos vemos.

Kuvira sale rápidamente de la habitación y se dispone a buscar unas cuantas cosas para que su velada sea placentera.

Ya transcurrida la hora, Baatar recoge los papeles y los guarda en una carpeta que deja a un lado del escritorio. Procede a levantarse y dirigirse al lugar donde le había indicado su prometida. Al llegar se deslumbra con el hermoso decorado de tal habitación.

-Esta noche tiene que ser inolvidable.- Dice la mujer encendiendo un reproductor de discos que se encontraba en ese lugar.

Kuvira se acerca hacia él y le toma una mano que la lleva hacia arriba y la otra se posa en su hombro, Baatar la pega más hacia él y la toma por la cintura. Comienzan a bailar lentamente al ritmo de la música. Ambos se sienten satisfechos por el momento, y, luego de unas cuantas pistas, se detienen al escuchar que alguien toca la puerta.

-Ahora ¿quién nos está interrumpiendo?

-No te preocupes Baatar, es parte de la velada.

Kuvira se dirige a la puerta y recoge la entrega que había pedido. Una cena bien elaborada por el chef de la casa. El mesero lleva el carrito con el bufet hasta la mesa en la que tiene en su centro unas cuantas velas, flores y un juego de platos con cubiertos y copas.

Baatar le ofrece la silla cordialmente a su prometida, la que se sienta y le agradece. Luego él procede a sentarse al otro lado y el mesero comienza a servirles la exquisita comida. Ya al terminar éstos le agradecen por su servicio al camarero y él sale del lugar.

-Como se nota que me conoces muy bien Gran Unificadora.-Comenta Baatar bromeando.

-Sé que es tu comida preferida, por ello la ordené, espero que te guste.-Responde Kuvira sonriente.

Comienzan a cenar gustosamente, sus paladares se llenan de sabores inigualables con el amplio bufet que tienen ante ellos. Después de un silencio que llega a ser placentero, Kuvira siente que ya como se ha ido todo el ambiente de tensión, es momento de hablar.

-Baatar, en serio quería agradecerte por todo lo que has hecho por mi y porque todo esto sea posible, sin ti no habría podido lograrlo. También por siempre haberme apoyado, amado y acompañado hasta en los momentos más difíciles de mi vida. Cuando llegué aquí a Zao Fu sabía que no encajaba en lo absoluto y me sentía más sola que nunca, pero tú siempre estuviste para mi y me enseñaste que nadie me impidiera seguir mis sueños y así lo he hecho. La verdad no tengo las palabras suficientes para agradecerte, tan solo puedo decir gracias.

A Baatar no le salen las palabras, lo único que hace es levantarse, acercarse a la silla donde se encuentra Kuvira, la levanta, la toma por la cintura y le da un tierno y cálido beso que saben que significa mucho para ellos, se siente todo el amor en tan solo un gesto. Luego de el beso, procede a abrazarla.

-Haz sido una persona muy importante en mi vida Kuvira, todo lo que hago es por la simple razón de que te amo. No puedo esperar más para casarme contigo y formar una familia.

-También te amo, que nunca se te olvide. Pase lo que pase siempre te amaré.- Dice culminando con otro beso.- ¿Por qué no terminamos de cenar? Aún nos quedan unas cosas más por hacer.

Baatar asiente obedientemente y se dirige nuevamente a su aciendo, Kuvira realiza lo mismo y terminan de degustar su magnífico manjar. Luego de esto, Se levantan de la mesa y ella lo dirige hacia el sofá que se encuentra ahí, ella va a buscar un libro en especial que está en la estantería en una de las esquinas de la habitación. Vuelve con el mismo en las manos y se sienta a un lado de su prometido. Se lo entrega y él reconoce rápidamente la portada, es uno de los que más les gusta a los dos, uno que leían infinidades de veces cuando eran más jóvenes, ese libro es parte importante en su amistad.

-¿Te acuerdas de este? Quedé fascinada el primer día que me lo leíste.

-¿Cómo olvidarme de él? Ese día fue cuando me di cuenta de lo perdidamente enamorado que estoy de ti, el abrazo que me diste me hizo sentir que en verdad tenía que pasar mi vida contigo.

Kuvira se ríe entre lo bajo y esboza una cálida sonrisa, y Baatar acaricia su rostro y la acerca hacia él para plantar en sus finos labios un beso de aquellos que forjan algo más entre ellos cada vez que se dan uno.

Luego, Baatar se acomodó y le brindó una sonrisa a su prometida la que en ese instante se recuesta sobre su hombro. Empieza a leer y satisfactoriamente Kuvira lo escucha mirando al infinito, evaluando cada palabra e imaginándose cada escena. Ella adoraba su voz, como se expresa en cada palabra y la flexibilidad con la que leía, era algo magnífico. Luego de aproximadamente una hora terminan el libro, el hombre lo cierra con cuidado y voltea a mirar a su compañera la cual está aún mirando la tapa del libro. Agradecía ese momento como muy pocos, porque aunque siempre trataba con gran firmeza a sus subalternos y en general a todo el mundo que la rodean con Baatar era algo diferente, porque se expresaba de manera delicada y sutil. Eso era lo que en verdad se llamaba amor. Preocuparse por el otro, disfrutar cada momento que pasaban juntos y sobre todo enamorarse cada día más.

-Aún queda una última sorpresa. Ven, pero debes cerrar los ojos.- Dice Kuvira levantándose del sillón tomando de la mano a Baatar para guiarlo.

-¿A dónde me llevarás Gran Unificadora?- Comenta sin esperar alguna respuesta mientras se tapa los ojos con la mano que queda libre.

-Ya lo verás...

Al salir de la habitación, Kuvira recorre el pasillo hasta una puerta que está entreabierta, desde lejos el general de los meca tanques los ve por casualidad y él mismo sabe que ocurrirá en esa habitación, porque la mujer hace unas horas atrás se encontraba muy agitada para encontrar algunas cosas que revelaban su velada de esta noche.

Ya una vez dentro de la misma, antes de cualquier cosa, se quitan las botas que llevan puestas ambos. Las velas que rodean todo el lugar son inconfundibles por su peculiar aroma afrodisíaco, un camino de pétalos de rosa que dirigen a una cama exageradamente amplia y todas las luces apagadas son el ambiente perfecto para terminar tal noche.

-Ya puedes abrir los ojos.- Dice Kuvira en tono pícaro.

El hombre apenas se descubre los ojos y mira con ansiedad el lugar, se voltea hacia la mujer y ésta, sin que Baatar pueda hacer algo al respecto, lo empuja delicadamente hasta la pared más cercana y procede a besarlo apasionadamente. Lo toma por el cuello y la espalda para intensificar la tensión. Entre sus cuerpos no existe espacio alguno, pareciera que fueran uno solo. El hombre está totalmente inmovilizado por la fuerza que aplica su prometida hacia él, pero a la vez es sutil y delicado cada roce y cada beso. Éste la toma por la espalda baja inclinando sus caderas hacia él y su torso hacia atrás. Por un momento el beso se detiene.

-Desde aquel momento apresurado en la carpa a las afueras de Zao Fu, me pareció que con todo este tema de la unificación del imperio hace un gran tiempo que no teníamos un momento romántico, a solas y como en verdad se debe.- Comenta Kuvira entre susurros por lo cerca que se encuentran.

-Te amo en verdad, Kuvira. Ahora es tiempo de disfrutar el momento.

Baatar pasa de estar contra la pared a dirigir a aquella mujer lentamente hacia la cama que se encuentra a unos cuantos pasos. La deja caer sobre el lecho en el que aún reposaban algunos pétalos de rosa con aroma. Él se coloca por encima con una pierna apoyada en la cama para no dejar todo su peso sobre Kuvira. La besa apasionadamente con suma delicadeza mientras que la mujer le retira los anteojos a su prometido colocándolos a un lado, con su metal control extrae las hombreras del mismo hasta una pequeña mesa que está al otro lado de la habitación y le quita la camisa dejándolo con una camiseta.

Por otro lado Baatar acaricia la espalda de aquella mujer, su pierna y con cuidado retira su armadura, la camisa y los pantalones. Quedando con finas ropas de encaje que hacían resaltar su deslumbrante figura.

-Tenías todo fríamente calculado Gran Unificadora... Bien pensado- Dice el hombre al ver tal aire seductor que le ofrece Kuvira.

La de ojos verdes sonríe con complicidad. Mientras hace una maniobra para colocar a su prometido bajo de ella y tomar por un instante el control de la situación. Se encarga de desprender todas las prendas que quedan en los cuerpos de ambos. Al terminar, se detiene antes de proseguir a cualquier acto. Kuvira siempre carga puesto su anillo de compromiso, pero al llevar sus caracterizantes guantes siempre puestos nadie sabía que lo tenía. Lo admira por un momento y recuerda el día de su compromiso.

~Flashback~

Baatar se encuentra realizando unas pruebas en el tren, mientras que Kuvira està en la carpa principal revisando con el capitán unos mapas con la posible ubicación de los bandidos que atacan a las ciudades.

De pronto, un grupo de bandidos irrumpen el tren donde se encuentra Baatar, atacàndolo y llevàndoselo. Los guardias que acompañaban a este mismo, no los pudieron detener y, en cuanto llega Kuvira, le explican lo sucedido.

-¿Qué pasó aquí?- Pregunta Kuvira en tono firme.

-Fuimos atacados, secuestraron a Baatar. Lo sentimos, no pudimos contra ellos, eran demasiados.- Dice uno de los hombres que se encuentran en el suelo por la golpiza recibida.

-Dejaron un mensaje.- Comenta otro guardia señalando un pequeño pergamino.

-Entrèguenmelo.

Al abrirlo, la Gran Unificadora no se sorprendió al saber que eran los bandidos buscando una recompensa. Kuvira no se quedarìa de brazos cruzados ni les daría lo que querían. Iría en busca de quien sea que haya planeado esto y le pondrá fin. Pero en esa nota también aparece que no puede hacerle daño a ninguno de esos "bandidos" o Baatar sufrirá las consecuencias. Por último, está una dirección de lo que parece ser un almacén.

-Ahora, ¿se supone que tengo que ir hasta allá para el trueque? ¿con quiénes creen que se están metiendo estos bandidos?- Reprocha Kuvira furiosa.- Iremos en este mismo instante. Me adelantaré primero sola, pero quiero que aseguren todo el perímetro para que Baatar regrese a salvo.

En ese momento, emprende la salida en uno de los vehículos. Luego de unos cuantos minutos de camino, Kuvira divisa el gran y viejo almacén donde solían guardar provisiones para el pueblo que se encontraba a unos kilómetros del lugar, pero fue abandonado por los saqueos que se realizaron en estos años de anarquía. Al llegar al lugar, está más desolado de lo que esperaba, no sabe lo que la espera dentro de aquel sitio. Al entrar, no veía a nadie en el perímetro, pero sentía la presencia de aquellos hombres. De pronto, desde la oscuridad salen a toda velocidad unos cables de metal, los cuales Kuvira esquiva con facilidad, se acerca hacia el lugar de donde salieron y más de ellos se le aproximan. La mujer logra golpear a dos de ellos con sus bandas de metal pero son demasiados y la logran atrapar de manos y pies haciendo que ella caiga de rodillas al suelo.

Unos segundos después se acercan a ella todos y el líder de aquella banda comienza a hablar.

-Gran Unificadora, usted más que nadie sabe que no nos gusta andar con juegos ni rodeos. La vimos desde una cierta distancia que no traía el paquete con nuestro dinero acordado. ¿Qué pensaba? ¿emboscarnos?. Creo que eso no le va a funcionar. Traigamos la próxima vez nuestro dinero, o se arrepentirá.- Dice en tono amenazante.

-El ejército se está acercando, hay que salir de aquí.- Comenta uno de sus cómplices.

-Al parecer usted no es de fiar... Veamos qué pasará con su querido "novio".- Finaliza riendo y tirando frente a ella la manga izquierda rasgada donde se encuentra el rango de Baatar.

-Ustedes lamentarán haber hecho todo esto. ¡Todo el peso del imperio caerá sobre ustedes!.- Grita mientras observa al hombre desvanecerse entre las sombras.

-Noquéenla.

De pronto, tiran otro pequeño pergamino al piso y el mismo hombre le cubre el rostro con un pañuelo que contiene una droga que la dormirá por un rato. Todos los bandidos salen de aquel lugar sin dejar rastro. Gran parte del ejército llega al lugar y ven a Kuvira tirada en el suelo, corren a ayuda, la colocan en una camilla al lado de uno de una de las camionetas. Le dan un medicamento que instantáneamente la despierta.

-¿Qué fue lo que ocurrió?- Le pregunta el general al mando.

-Me emboscaron, no los vi venir. Me ataron y me amenazaron, por último me dieron una droga que me noqueó y aquí estoy.- Dice Kuvira un tanto mareada.

-¿Qué hay de Baatar?

-No estaba allí, sólo me dejaron una nota y un pedazo de su manga que están allá adentro.

-Búscala.- Le ordena a un oficial de bajo rango.

El mismo, se dirige en seguida al lugar indicado y recoge lo que buscaba. Se devuelve donde están todos y se lo entrega a Kuvira.

-Aquí está la manga... Está toda rasgada y ensangrentada, espero que Baatar se encuentre bien.- Dice Kuvira con la susodicha entre sus manos.- Bueno, veamos qué dice ahora este pergamino.

Al abrirlo, la misma forma de la escritura está plasmada en el papel. Relata que no quieren más jueguitos y que por último se verán al atardecer en plaza del pueblo abandonado que está a unos kilómetros del lugar, ellos llevarán a Baatar aún con vida y ella tendrá que llevar el dinero de una forma u otra. Apenas era mediodía y faltaban unas cuantas horas para el encuentro, tenía que reunir el dinero, no iba a descansar hasta tener a Baatar a salvo de esos rufianes.

*5 horas más tarde*

Ya era el momento, Kuvira se encuentra en el punto de reunión indicado. Los bandidos estaban llegando, eran demasiados. Pero Kuvira llevaba a todo su ejército a sus espaldas, esta vez no iba a permitir que algo malo pasara. Frente a frente, toda la fuerza de un Imperio y los bandidos que se encargaron de apoderarse de tierras a la fuerza en ese tiempo de anarquía. El líder de aquel bando, da unos pasos al frente quedando cara a cara frente a Kuvira.

-Por lo menos fueron puntuales, eso es algo raro hoy en día.- Dice engreidamente el hombre.

-Basta de formalidades. ¿Dónde está Baatar?

El asistente situado a un lado silba, y de uno de las camionetas sale Baatar bien arreglado, con vestimenta formal y perfumado. Kuvira se impresiona ante tal aparición, el hombre se dirige hacia ella con gran nerviosismo y tensión, mientras que se acomoda el traje para disimularlo. La Gran Unificadora no sale de su confusión. Los dos grandes bandos, que en realidad es el mismo, saben lo que está por ocurrir y tan sólo esperan en silencio.

-¿Qué está pasando aquí? ¿Estás bien?- Pregunta Kuvira un tanto alterada.

-Estoy bien, no te preocupes. Gracias por preocuparte tanto por mi, no sabes cuánto lo aprecio Kuvira. Y es más, en este momento estaré mejor que nunca luego de que me respondas a algo...- Baatar se arrodilla frente a ella y saca de su bolsillo una pequeña cajita, que al abrirla tiene un anillo de diamantes dentro.- ¿Quiéres ser mi esposa y hacerme el hombre más feliz del mundo?

Kuvira queda anonadada con toda la situación, todavía no cae en cuenta de lo que está pasando, después de un instante comprende que tiene que dar una respuesta.

-¿Q-qué?- Responde muy confundida por la situación.

-Sé que todo esto es extraño, pero quiero decirte que en verdad te amo y me gustaría pasar el resto de mi vida junto a ti.

-Por supuesto que me encantaría, Baatar.- Dice Kuvira sonriendo inmediatamente.

El hombre use levanta dominado por la emoción, le quita el pulcro guante a Kuvira y le coloca el anillo en el dedo anular de la mano izquierda. Aquella mujer, antes de que él pueda hacer algo más, le da un pequeño golpe en el pecho a su prometido para luego besarlo y que todos los presentes empiecen a aplaudirles y a celebrar.

-No puedo creer que me hayas hecho pasar por esto, estaba muy preocupada de ti. Te odio.- Dice Kuvira mientras lo abraza.

-Bueno, tenía que darle algo de emoción al momento.- Concluye.

Todo eso pasó por su mente en unos instantes, la verdad que su propuesta fue algo fuera de lo común y en pocas palabras le gustó mucho. Baatar se encuentra debajo de ella admirando cada detalle de su fino rostro, cuando de repente se acerca a besarlo. El calor de sus cuerpos se impregna más con cada roce, movimiento y caricia. Su velada está más que completa, cuando todo acaba se colocan unas cuantas prendas de ropa y descansan hasta el día siguiente.

-Buenos días mi amor.- Dice Baatar con una gran bandeja llevando un desayuno exquisito.

-Buenos días, ¿qué es esto?- Pregunta algo confundida.

-Es nuestro desayuno, me levanté temprano a hacerlo.

-Gracias, se ve delicioso.- Contesta sonriente.

Comienzan a desayunar y al terminar se dirigen al baño a asearse. Luego que bañarse Kuvira toma la crema para afeitar y la coloca en la mandíbula de su prometido, con su metal control toma la hojilla y comienza a rasurarlo dejando su peculiar barba al rededor de los labios y en la barbilla. El ambiente es grato, un intercambio de miradas es suficiente para agradecer aveces no hacen falta las palabras. Al terminar prosiguen a vestirse, les espera un largo y duro día. Si todo sale bien, para mañana ya estarán organizando su boda. Todos están alistando los últimos detalles para salir en la tarde y llegar a Ciudad República por la mañana del día siguiente.

Baatar va a darle algunos ajustes finales al coloso y Kuvira se reúne con el capitán a revisar la ruta hacia aquel lugar.

El general de los meca tanques de pronto se le acerca a Baatar cuando está solo.

-¿Disfrutaron la velada?- Pregunta con aire bromista.

-¿Disculpa?- Responde Baatar claramente confundido y prestando toda la atención hacia el hombre.

-Me los topé por casualidad en el pasillo y claramente se veían las intenciones, además ya había pasado por ahí, el cuarto estaba entreabierto... Tu me entiendes.

Baatar agarra por el brazo a aquel hombre y lo jala hasta un lugar más apartado.

-Ok, tú no debes saber nada de eso. Llegas a contárselo a alguien y yo mismo me encargaré de que pases el resto de tu vida en el campo de reeducación. ¿Entendido?

-Claro, claro. Tampoco es para ponerse agresivo... Discúlpame.

El hombre se va con la mente clara. Por supuesto que no quiere perder su cargo, a si que lo mejor es que se quedara callado, le había costado mucho llegar a ese puesto.

Ya se acerca el momento en exactamente media hora saldrán a dar -literalmente- el paso más grande sus vidas. Kuvira sube hasta la cabina de control junto a dos ingenieros. Otros se dispersan en la cabina de las lianas, en el arma interna y en los pasillos. La mujer se instala en los mandos que están en el centro de la cabina, son esferas hechas con los meteoritos que había recolectado Su Yin. Éstas controlan todos los movimientos que realiza el coloso y Kuvira con su metal control las manipula a su conveniencia. Al tener un arma tan poderosa a su alcance, parece imparable e inclusive puede sentir la victoria ya en sus manos.

-¿Estamos listos para salir?- Pregunta Baatar por radio desde el dirigible.

-Sí, todo está hecho. Es el momento.- Responde con gran firmeza, y respirando profundo para ponerse en posición y encaminarse hacia aquella ciudad.

Primero salen unos cuantos tanques de guerra, seguido de camiones con soldados, luego el coloso y por último más tanques. Kuvira deja programado la gran máquina para que avance mientras ella acude a una de las cabinas que la solicitan. Al llegar le hacen unas preguntas y tan rápido como llegó, se retira de ahí. Al momento de subir a su puesto, un fuerte mareo la azota y hace que ésta se tambalee hasta recostarse en una de las paredes metálicas. Unos subalternos que iban pasando la visualizan y se dirigen rápidamente hacia ella para ayudarla.

-¿Qué le pasó? ¿está bien?- Le pregunta uno de ellos.

-Sí, sí. Sólo fue un mareo. Gracias.- Responde tratando de reincorporarse.

-¿Quiere que la ayudemos?- Contesta el otro.

-No, estoy bien. Sigan en lo suyo.

Aquellos obedecen y se retiran. Kuvira se va con dificultad a una especie de habitación que hicieron. Es simplemente un espacio con un pequeño mueble para recostarse, al principio la idea de crear eso le parecía absurda pero como sobraba bastante espacio accedió y ahora no se arrepiente de ello. Procede a entrar y acostarse. Sabe que no puede estar ahí mucho tiempo ya que tiene todo un ejército a su mando, a si que transcurridos 10 minutos se dirige de nuevo a la cabina principal. Una vez ahí recibe una llamada por radio de su prometido.

-Kuvira, me avisaron que estabas algo mal, ¿pasó algo?- Pregunta algo preocupado.

-Estoy bien, sólo me mareé. Ha de ser por el movimiento del coloso, no te preocupes.- Responde tomándose la cabeza y frotándola un poco.

-¿Quieres que nos detengamos un momento?

-Para nada. Hay que seguir, no te preocupes por mí, estaré bien.

-Está bien, no dudes en comunicarte conmigo si algo pasa.

-Por supuesto.

Ya pasadas unas cuantas horas se acercan a un punto de control ya dentro del territorio de Ciudad República. Es de noche pero igual saben que los visualizaron desde lejos y no pueden permitir que avisen de su pronta llegada al territorio. Este es el momento preciso para probar el arma en acción. A si que disparan y el rayo se estrella en toda aquella montaña, eliminando cualquier rastro de vida y haciendo que explote aquel lugar. Kuvira no se rendirá y desplegará todas sus fuerzas con tal de obtener lo que desea, no se detendrá ante nada, ni nadie.


Notas de la autora: Hola! Gracias en serio por leer :3 ¡Comenten, voten! Ya pronto viene el siguiente proyecto que estará situado después de la batalla en Ciudad República... Habrá muchos sucesos y emoción. ¡Nos leemos luego! 3

Aquí les dejo una pequeña galería de imágenes que son sobre este fanfic. Las encontré por internet y son específicamente lo que escribí representado gráficamente :3 Se los dejo en los comentarios. Gracias!