El llegar al departamento es cada día más difícil, ¿por qué?, porque nunca hay nadie allí. La soledad me invade instantáneamente al abrir la pesada puerta de madera. El piso se encuentra en el número 30 y las vistas son demasiado hermosas, es por eso que lo elegí.

Recuerdo que cuando tenía en mente mudarme me volví loca buscando anuncios de arriendo o venta de departamentos, visité bastantes pero lo que me importaba no era lo amplio del lugar sino más bien de las vistas que éste tuviese. Y cuando di con el indicado quedé maravillada y como estaba en venta, decidí comprarlo.

Mi piso es mi hogar literalmente, lo he decorado exquisitamente con pinturas, libros, algunas plantas y un mobiliario vanguardista y moderno. Lástima que no pase tanto tiempo como quisiera en el departamento, el trabajo está consumiendo mi vida por el momento.

Cuando entro el aroma a lavanda y limón inunda mi nariz, sé que la señora Morgan a estado aquí- es mi ama de llaves- y es un encanto de mujer, siempre llega antes de la hora para prepararme el desayuno, ordenar las cosas tiradas que dejo la noche anterior y limpiar las motas de polvo.

Dejo mi bolso en el sillón y voy a la cocina donde la señora Morgan, como todos los días, me deja una nota junto al refrigerador indicándome que ha dejado de cenar. ¿Ya les dije que es un amor?, no sé qué haría sin ella, posiblemente morirme de hambre.

Voy al dormitorio me cambio de atuendo a algo mucho más de estar en casa- pantalones anchos y una camiseta de tirantes- coloco la mesa y me dispongo a disfrutar de unos exquisitos ravioli cuatro quesos con una copa de vino blanco Chardonnay. Mi estómago agradece una comida caliente y ricamente sazonada.

Al terminar suspiro, nunca me imaginé que la soledad me pesara tanto, cuando estaba con Kate todo era mucho más ameno, nos dormíamos tarde contándonos lo que había sucedido en el día mientras nos tomábamos unas cuantas copas de vino, ahora bebo vino sola. He elegido esta vida, me digo a mí misma, no debo rezongar ni quejarme.

Al poner la cabeza en la almohada me quedo dormida de inmediato y pienso que quizás algo mejor está por venir.


A la mañana siguiente me despierta la voz de Ashcroft cantando History.

I wander lonely streets,

behind where the old Thames does flow

Sé por la canción que es José y una media sonrisa se posa en mis labios.

- Buenos días, preciosa.

- Buenos días, precioso- le contesto con la misma alegría.

- ¿Qué tal el trabajo?

- Bastante agotador, como siempre- suspiro.

Hay segundos de silencio.

- Ana, te extraño- me susurra.

- Yo también te extraño, la casa está demasiado sola sin ti. ¿Cuándo vuelves?

- Quizás en un mes más querida.

- ¿¡Qué!?- grito y me levanto rápidamente de la cama.

- Lo siento cariño, terminando aquí en Londres tengo que viajar a Rusia- su voz suena demasiado apenada.

- Pero me dijiste que volverías la otra semana- contesto caminando por la habitación de un lado a otro.

- Lo sé, pero me llamaron ayer y no me pude resistir a la oferta. Ana, es una gran oportunidad para mí.

- Bien, espero que te vaya estupendo y logres tu sueño José- no sé de dónde ha salido esa frialdad en mi voz.

- Sólo me llamas por mi nombre cuando estás enojada.

- Adiós.

Corto la llamada, miro por el gran ventanal el paisaje de la ciudad aún a oscuras y grito. Grito con todas mis fuerzas hasta que las lágrimas caen por mis mejillas.

Para que entiendan lo que siento ahora les explicaré que José Rodríguez es mi novio desde hace ocho meses, vivimos juntos- si es que se puede decir así-él nunca está en casa, desde que nos mudamos aquí sólo dos veces ha dormido en la cama conmigo.

¿Comprenden ahora mi problema?

Es fotógrafo y sé que es una gran oportunidad la que está viviendo pero ésta no es la vida que quiero para ambos.

Estoy dolida, furiosa y cansada de la situación, cada vez que hablamos pospone la llegada a casa, a veces siento que ni siquiera me ama.

Cuando miro el reloj digital en la mesita de noche marca las 6:45 de la mañana, no tengo sueño así que decido darme un baño, me tomo mi tiempo llenando la bañera, colocando velas, esencias y pétalos de rosa. Necesito amor, quizá yo misma me lo pueda dar.

Me desvisto y entro en el agua caliente, gimo de satisfacción y siento como mis músculos comienzan a relajarse. Mi mente vuelve a pensar en José y cuando nos conocimos en la Universidad, cuando me pidió ser su novia y nuestro primer beso; una punzada de dolor se asienta en mi pecho y muevo la cabeza para eliminar mis pensamientos.

Estoy frente al espejo y no me decido que conjunto elegir, hoy es viernes así que prefiero algo cómodo como mis jeans azules, tacones negros, una blusa color gris, una bufanda a juego y mi chaqueta de cuero negra. Me doy tiempo para maquillarme minuciosamente y tomarme el pelo en una coleta alta.

Al llegar a la cocina veo a la Señora Morgan.

- Buenos días Josephine.

- Buenos días señorita.

Deja sobre la encimera el té Twinings, le doy un sorbo y sonrío saboreando su sabor.

- ¿Quiere tostadas?- pregunta, mirándome con cariño.

- No gracias señora Morgan, comeré algo en el camino.

La verdad es que aún siento apretado el estómago y el dolor en el pecho sigue allí, pero lo reprimo. Miro la hora y me despido de ella, cojo mi bolso, tomo el ascensor y salgo del estacionamiento.


Son las 11:00 de la mañana, llevo dos cafés, nada de galletas ni pan y los ojos me están matando de tanto leer manuscritos. Me tomo un momento de descanso, reviso el correo y hay uno entrante de José. Tiemblo, no sé si abrirlo o no. Tomo una gran bocanada de aire y pincho en el e-mail.

De: José Rodríguez.

Para: Anastasia Steele.

Asunto: Culpable.

Ana… sé que te he dejado sola por mucho tiempo y es injusto para ti, pero te pido que tengas paciencia, nunca quise que las cosas llegaran a este punto. Sabes que la fotografía es lo segundo más importante para mí, después de ti.

Por favor no me dejes fuera, no rehúyas de mí. Besos José.

Vale, ni siquiera un te amo pero me dijo que era importante para él, vuelvo a tener esa opresión en el pecho. ¿Cómo que no rehúya de él?, si es él quien no está nunca en casa.

Decido no responderle, ya he tenido bastante para comenzar el día.

Termino el segundo café y vuelvo toda mi atención al último manuscrito. Cuando los tengo listos, los imprimo y los guardo en las carpetas para llevárselos a mi jefa.

Al salir de la oficina me siento de mucho mejor ánimo. Kate me manda un mensaje recordándome que es viernes, es decir, una noche de chicas y de pasarlo bien.

Gruño porque lo único que quiero es descansar y no despertar, pero también sé que mi mejor amiga no lo dejará pasar. Así que ¡a emborracharse se ha dicho!


He aquí el 2° capítulo, lamento la laaaarga espera :c

Espero- como siempre- que les guste :3 Besos! y dejen sus reviews!