- Creo que será mejor que me vaya- dice Kate hablando rápidamente y mirando de soslayo a José.
Da media vuelta y desaparece por la puerta.
El ambiente se ha cargado de una fuerza tensa y demoledora.
Me he quedado de pie en medio de la sala, con zapatos en mano y mirando fijamente a ese hombre que hace unos meses me hacía feliz.
- Te he llamado toda la tarde y la noche- su voz es grave y tiene un leve toque de acusación.
Inspiro profundamente para darme un poco de valor, de pronto las piernas me flaquean y mis manos comienzan a sudar. Nunca lo había visto enojado.
- Olvidé el móvil en el auto de Kate. Lo siento- bajo la mirada porque ya no puedo seguir mirándolo. Me siento como una chiquilla que ha cometido una infracción.
De pronto se levanta del sofá, se acerca a mí y puedo sentir su inspección de mi cuerpo, toma de mis manos los zapatos de tacón para dejarlos en el suelo.
- Puedo deducir que lo has pasado bien- me susurra en el oído y su aliento a alcohol me golpea en la nariz.
Tiemblo. He perdido el habla.
- Has bebido, y tú nunca bebes- digo mirando al suelo del apartamento. Él toma mi mentón y me obliga a mirarlo a los ojos.
Se nota cansado y hay un brillo de furia contenida en su mirada.
- Te ves hermosa y lamento mucho haberme perdido esa fiesta. Me hubiese gustado ver la cara de deseo de todos esos hombres, que hubiesen querido meterse en tus bragas.
De pronto me toma fuertemente del brazo y me empuja a caminar hacia el dormitorio donde se detiene frente al espejo de cuerpo entero.
Estoy pálida y sudorosa. Estoy segura que su agarre me dejará una marca.
- Eres mía, grábatelo en esa hermosa cabecita tuya- me susurra mientras me mira directamente por el espejo.
- Mi brazo, me haces daño José- aprieta mucho más el agarre y me quejo de dolor.
- Ve a ducharte y a sacarte ese vestido- lo dice entre dientes y me empuja hacia el baño.
Cierra la puerta de un golpe sordo, lentamente comienzo a sacarme el vestido y deshago mi peinado. No tengo la fuerza para mirarme en el espejo, sé lo que veré.
Camino hacia la ducha y le doy a la manecilla del agua templada, doy un paso dentro y me quedo allí inmóvil, mientras miles de gotas resbalan por mi cuerpo. Espero que se lleven mi sufrimiento con ellas.
Lavo mi cuerpo lentamente, quitando los restos de crema y maquillaje. Luego me arropo con una gran toalla blanca de algodón. Giro lentamente la perilla de la puerta, pero él no está en el dormitorio, me coloco un pijama holgado para meterme rápido en la cama.
Me acomodo en mi lado y de pronto oigo que José entra en el dormitorio, se desprende de su ropa y entra en la cama.
Me tenso cuando lo siento acercarse a mí y colocar su mano en mi hombro, que baja hasta llegar a mi pierna y sube por mi costado levantando la camiseta hasta posarla en mi pecho derecho, aprieta mi pezón y reprimo un quejido de dolor. Me besa la nuca y aspira fuertemente contra mi cabello.
- Hueles muy bien- arrastra las palabras, mientras sigue su asalto en mi pecho.
Se mueve tan rápido que de pronto lo tengo sobre mí y me aplasta con su peso, me mira a los ojos y sonríe, me desviste a tirones y me besa.
¡Qué asco! Su sabor a licor me desagrada mucho.
Toma mi mentón demasiado fuerte y su lengua explora mi boca de manera salvaje y necesitada. Abre mis piernas y entra en mí sin importarle el grito de dolor que dejo salir, trato de empujarlo pero él se recuesta encima de mí y sus embistes son duros.
- No- susurro.
José hace caso omiso de mí, una lágrima resbala por mi mejilla tanto por el dolor y la humillación que siento.
Culmina dentro de mí, me besa en el cuello, se retira a su lado de la cama y se queda dormido. Me quedo allí tendida sobre mi espalda llorando silenciosamente.
Me tumbo de lado y acerco las rodillas a mi pecho mientras escucho la respiración tranquila de José.
En estos momentos lo odio.
A la mañana siguiente despierto cuando el sol recién está apareciendo en el horizonte, miro a mi lado y él sigue durmiendo se ve tan joven con los ojos cerrados y su rostro sereno.
Trato de incorporarme pero siento como si mi cuerpo hubiese sido sometido a una tortura.
¡Au!
Me doy una ducha fría, al salir me enfrento al espejo y encima de mis pezones hay marcas rojizas intensas, mi brazo tiene una marca amoratada de los dedos de José y mi zona íntima está enrojecida y arde.
Muevo la cabeza y me prometo que esto no volverá a suceder nunca más. Jamás me tocará sin mi consentimiento.
Me visto en silencio, le doy una última mirada a ese hombre que anoche no reconocí, y salgo por la puerta hacia la cocina. Gracias a Dios que Joseph aún no llega, no tengo ganas de darle explicaciones a nadie sobre mi estado de ánimo. Cierro la puerta del departamento esperando que por lo menos el trabajo llene mi mente hoy.
Cuando paso frente a la oficina de la señora Elena ella me llama y me dice que reserve una mesa para dos a la hora del almuerzo.
Hago la llamada y con solo decir que la reserva es a nombre de Elena Lincoln me dan pase a las 13:00 horas. Marco el número interno de mi jefa y le doy la información.
Son las 12:45 cuando apago el ordenador, cojo mi bolso y salgo de la oficina.
Al llegar a recepción veo a Claire muy arreglada.
- Hola Claire ¿Cómo estás?- la saludo.
- Hola Ana, de maravilla.
Apuesto que su felicidad se debe a un hombre.
- Te ves... Diferente- le digo mirando su nuevo corte de cabello.
- ¿Te gusta?- me pregunta mientras ahueca la melena- conocí a un chico hace un par de semanas y estamos saliendo- sonríe y sus mejillas se tornan coloradas.
Ajá ¡Lo sabía!
- Es muy bonito, ¿Alguien que conozco?- la miro levantando las cejas.
- No lo creo- vuelve a ponerse roja y suelta una risita.
Vaya, nunca la había visto ponerse así.
Cuando escucho las puertas del ascensor cerrarse volteo y veo a mi jefa, pasa por el lado mío pero hace como que no me ve, sus zapatos repiquetean en el piso mientras la veo abrir la puerta principal del edificio.
Miro a Claire que aún tiene la mirada puesta en Elena y sé que la odia.
- Tierra llamando a Claire - chasqueo mis dedos frente a su cara.
- Lo siento, detesto a esa mujer - frunce el ceño- ni siquiera la conozco bien, pero su presencia es molesta.
- Siento lo mismo- le susurro- bien, podríamos irnos ¿no?, con tanta charla llevamos 5 minutos de retraso.
- Sí, si vamos- me dice mientras coge su cartera.
Salimos juntas por las puertas de vidrio y ahí está, mi corazón se paraliza luego retoma un ritmo rápido y fuerte.
Ella le da un pequeño beso en los labios, sube rápido y elegantemente al Audi. Él no entra al auto, cuando levanta la cabeza nuestras miradas se encuentran, un jadeo involuntario sale de mi boca, siento mis mejillas arder y mi cuerpo entra en combustión.
Mi diosa interior se desmaya.
Sus ojos grises queman en los míos. Por dios es hermoso, alguien así debería estar prohibido. Su boca se abre un poco y se pasa la lengua por el labio superior.
Joder ¡su lengua!, siento que mis piernas comienzan a temblar.
- ¡Christian! - el grito nos hace saltar a todos.
Él parpadea y su cara se transforma en una mueca fría y distante, voltea y sube al auto.
- ¿Qué coño ha sido eso?- me pregunta Claire con los ojos abiertos como platos, mientras vemos como el Audi desaparece.
- Nada- susurro aun afectada por lo ocurrido.
Mi corazón sigue su ritmo desenfrenado y mis palmas sudan.
- ¡Como que nada! Su mirada rompe bragas no dijo lo mismo, pensé que no lo conocías - me dice con tono acusador.
- No lo conozco- respondo en tono cortante - vámonos.
Gracias por los review, fav y follows. Espero que la historia les siga gustando ;)
Si quieren pueden dejarme nombre de canciones para agregar en la historia.
Besos! :3
