Nuevo capítulo :3
Ojalá les siga gustando como va avanzando la historia :) me haría muy feliz.
Muchas gracias por los Fav y Reviews... son una parte importante para la motivación ^^
Besos!
La melodía de las olas del mar me despierta de una manera suave y agradable; me gusta estar en este lugar.
Es el paraíso en la tierra.
Me desperezo lentamente, retiro las sábanas de mi cuerpo y me acerco al enorme ventanal. Es una hermosa mañana con un sol deslumbrante, puedo observar el océano en su inmensidad de un azul turquesa que se mece al ritmo del viento. La playa con sus blancas arenas y quitasoles de colores.
Al lado izquierdo del gran dormitorio hay una puerta que da hacia el baño- que es mucho más grande que mi departamento entero- por donde se mire los azulejos azules y color granate brillan a luz de las pequeñas luces apostadas en el impoluto techo. Dejo en el suelo el camisón de seda color perla- cortesía del hotel-. Entro a la cabina de la ducha que está rodeada de vidrio y las doradas manecillas del agua.
¿Serán de oro? Es lo más probable.
Al terminar unto mi cuerpo con una crema con aroma a jazmín. Me visto con un vestido un poco más alto de la rodilla y sandalias bajas.
He avisado en recepción que me apetecía tomar el desayuno en el restaurante. Hacía allí me dirijo por un amplio pasillo de mármol de colores fuertes y brillantes.
Me he dado cuenta que en este lugar todo es tan colorido, limpio y sofisticado. Llega a doler la vista de los lustroso de todo.
Y de pronto se me pasa la absurda idea de qué método usaran para dejar todos esos pisos y paredes relucientes.
Al final del pasillo me encuentro con el ascensor de cristal, subo en el y me doy cuenta que el número veintisiete ya está en color verde, por lo tanto estas personas que van tras de mí han tenido mi misma idea.
El restaurante "Al Muntaha" se ubica en el último piso del hotel, en la parte posterior de éste y fuera de la gran estructura en forma de velero del edificio; rodeado de ventanas y con la sensación de estar flotando en el aire.
Una chica bajita y vestida de negro y con camisa blanca me da la bienvenida, me dirige hacia una mesa cuadrada con un mantel fino de lino blanco, tomo asiento en la cómoda silla azul turquesa y pido el desayuno.
Vale, me sobrecoge todo el lujo y lo grande de este lugar. Ni siquiera sé porque he decidido pasar mis vacaciones aquí aunque solo sean un par de días; he gastado todos mis ahorros de cinco años para venir aquí al otro lado del mundo.
He marchado unos días después de la partida de José, solo Kate es mi cómplice y sabe dónde me encuentro. No he querido avisarles a mis padres y tampoco a mi novio; no necesito que estén llamándome las veinticuatro horas del día y me ahoguen con sus interrogatorios.
La señorita aparece con el café, unas tostadas, zumo de manzana y unos pastelillos que se ven riquísimos;soy de comer poco por las mañanas, de todos modos pienso dar unas vueltas por la ciudad y es posible que allí encuentre locales para almorzar más tarde.
Café árabe es lo más exquisito que he probado, ni siquiera quiero pensar en el dinero que habré gastado solo por eso. Mi Diosa interior me mira con el ceño fruncido y moviendo la cabeza negativamente. Sabe que he despilfarrado un montón.
Me pierdo observando el océano y sus aguas tan profundas color azul que las mece un viento seco, propio del desierto. Sí, me encuentro en el único hotel siete estrellas del mundo, el "Burj Al Arab" en los Emiratos Árabes, su magnificencia me hace estremecer y saber que el edificio está construido en una isla artificial me da pánico.
Saco el móvil de la pequeña cartera y tomo unas cuantas fotos del paisaje tan deslumbrante que me rodea. Desde aquí arriba me siento otra persona, una que no tiene problemas, que no extraña a su novio y por sobre todas las cosas me siento protegida como si fuese la reina del mundo; intocable.
Al finalizar mi desayuno bajo nuevamente por el ascensor de cristal, porque por las escaleras no bajaría ni aunque mi vida dependiese de ello. La recepción es tan suntuosamente azul y dorada, una hermosa mujer árabe se me acerca saludándome, vestida con una túnica y su rostro semi tapado por un velo transparente.
- Señorita, ¿saldrá del hotel?- me pregunta en un perfecto inglés.
- Sí- respondo- iré a recorrer un poco la ciudad.
- Avisaré para que traigan el automóvil que la llevará a la ciudad.
Asiento y ella desaparece caminando raudamente por un pasillo, dejando la estela de su túnica detrás.
Camino hacia las puertas de grueso vidrio, salgo al exterior para respirar la rica brisa marina aunque algo seca para mi gusto. En Seattle el clima es mucho pero mucho más húmedo, la mayoría de las veces los días están nublados y la llovizna por las mañanas lo empapa todo a su paso.
Me coloco mis gafas de sol mientras espero el vehículo- cortesía también del hotel- es lo mínimo después de la cantidad de dólares que he invertido aquí.
Ese pensamiento me provoca una sonrisa tonta y me llena de felicidad estar en un país que nunca pensé que podría visitar. Recuerdo haberlo visto por la National Geographic, la cantidad de paisajes y ciudades luminosas junto con el contraste del desierto me provocó una sensación de euforia.
- ¡Anastasia!- escucho claramente el grito de mi nombre en la voz de un hombre.
Al girarme lo veo a él. Sí, a Christian Grey. El mismo multimillonario que debería estar en Estados Unidos no en la Península Arábiga.
Mi sonrisa desaparece y la sensación de felicidad es sobrepuesta por el pánico. No entiendo que está haciendo aquí.
Y la idea de que me esté siguiendo me genera sobresalto. Me parece absurdo e infantil.
Se acerca hacia mí con grandes pisadas, también lleva gafas de sol y la camisa blanca deja traslucir su generosa anatomía.
- ¿Qué está haciendo aquí?- digo apenas en un susurro tembloroso.
Nuestras miradas están conectadas a través de los lentes y lo veo- aunque por una milésima de segundos- veo al hombre de verdad no al empresario rey del mundo.
- Negocios- responde secamente. Y sé que está mintiendo. Este fantástico hombre me está siguiendo, pero prefiero hacerme la tonta y seguirle el juego.
Mi Diosa interior salta de satisfacción, mientras se abanica y se bebe un Martini.
No entiendo porque me está siguiendo, hasta hace unos días yo no existía para él, pero he ido a la fiesta con Kate y ¡Boom! He aparecido en su radar.
De pronto un hombre alto, rubio y ojos azules vestido de traje se para a unos pasos de distancia de Christian, mi mirada se dirige hacia él- Es Taylor, mi chofer y guardaespaldas- responde a mi pregunta no formulada.
¡Já!, me olvidaba que Don Milloneti no debería andar por ahí solo, sus millones corren peligro; mi mente a veces se pasa con las ironías.
- Ya veo... Un gusto haberlo visto- le digo mientras volteo y veo el coche aparecer.
Me toma suavemente del brazo y me hace mirarlo a los ojos, se ha quitado las gafas y sus orbes grises me envuelven como una cálida manta.
- Me gustaría pasear por la ciudad con usted, Anastasia- directo. Se me han ido las palabras. Qué manera tan tonta de comportarme, pero es que cuando tengo a este hombre cerca se me olvida hasta de pestañear- Taylor puede conducir e iremos donde usted quiera- prosigue- solo quiero un poco de su tiempo- ha sonado como un bonito ruego.
Solo soy capaz de asentir.
Grey avisa al hombre que dirige la salida y entrada de los vehículos al hotel que su guardaespaldas será el chofer, y que regresaremos a las 20:00 pm. ¡Oh mi dios! Serán casi nueve horas con el Señor Christian Grey.
No le ponen problemas porque aquí es el usuario quien manda.
Él abre la puerta del Rolls Royce y entro, me acomodo, me coloco el cinturón de seguridad y subo los lentes sobre mi cabeza. Huele a cuero y cuando Christian entra su aroma invade mis fosas nasales, me mira por unos breves segundos y Taylor pone en marcha el vehículo.
¿Debería entablar una conversación?, aunque no sé qué cosas podríamos tener en común él y yo.
Me estresa que seamos tan diferentes en lo socio-económico.
Mi vista sigue fija en la ventanilla polarizada, mientras vamos por la carretera privada del hotel rumbo a la ciudad, siento su mirada sobre mí; lo miro y lo pillo mirando mi pierna derecha. Sigo su mirada y veo que mi vestido se ha subido lo bastante para mostrar la parte superior de mi muslo.
Él me mira y sonríe de lado mientras yo me sonrojo. Pero no hago el intento de arreglarme el dobladillo del atuendo.
Roza mi mejilla con su pulgar- Me gusta el color en tus mejillas- sonrío como tonta y claro me vuelvo a sonrojar más fuerte. Creo que es la primera vez que me toca y lo hace con tanta dulzura que me estremezco.
Sonrío aún más, porque aunque esté muerta de nervios estoy viajando con el millonario y deseable Christian Grey. El hombre que todas las mujeres desean.
