Aquí les dejo el nuevo capítulo :D Por alguna extraña razón es más cortito u.u Perdón; pero pronto muy pronto se vendrá lo bueno. Lo prometo.

Aviso: respondo todos los reviews que dejan, así de buena persona soy ^^ Y muchas gracias a todos los que agregaron a favoritos y se dan un tiempo de leer esta historia.

Besos :3


¡Que fastidio!

Es el hombre más hermético y enigmático del mundo —sin contar a mi padre— hemos pasado la tarde juntos recorriendo gran parte de Dubái y sus calles abarrotadas de personas de tez morena y hermosa; luego nos hemos dirigido hacia Abu Dabi la ciudad capital y hemos paseado por la parte turística, cerca de los monumentos de arquitectura moderna y lujosa.

A pesar de todas las horas que hemos caminado juntos, hombro con hombro, no he podido descubrir nada de él, aunque también he tenido miedo de hacerle tantas preguntas y quedar como cotilla. Hay veces que le temo.

Pero he descubierto al hombre no al empresario, son personas diferentes en un mismo cuerpo, que se comportan de distinta manera. Pero el de hoy ha sido el hombre que tiene humor, que sonríe y es un perfecto caballero.

Hemos vuelto al hotel y subimos juntos en el ascensor, vuelvo a sentir esa corriente eléctrica entre ambos, aunque no nos estamos tocando ni siquiera rosando levemente nuestros cuerpos es tan fuerte que tengo que observarlo para saber si el siente lo mismo y no es solo producto de mi imaginación.

Me está observando de reojo, su boca es una fina línea y sus brazos caen de manera tensa a cada lado de su cuerpo.

Suspiro.

Por fin se abren las puertas, y siento un leve alivio.

—Te esperaré en la entrada del restaurante, Anastasia — Lo dice tan calmadamente y sus ojos fijos en los míos.

Asiento.

Esto está mal. Toda esta situación no debería de haber ocurrido, yo no debí viajar y él no debía estar aquí.

Salgo rápidamente sin ni siquiera mirar atrás. Camino hacia la puerta del dormitorio y me apoyo en ella. Los nervios están volviendo a atacarme, tengo las manos sudadas mientras mi mente va a toda velocidad pensando en que vestido usaré y en lo que estoy haciendo.

Obviamente no utilizaré este vestidillo amarillo, para una cena como esa con el Señor Grey. Pero tampoco quiero verme como si lo estuviese seduciendo.

Reviso el armario de estilo árabe y elijo un vestido que a mi parecer es sencillo, de un color azul francés, con un dobladillo mini y con escote de un solo hombro. El tul de la falda va en pliegues en degradé, que lo hace ver como si flotara. Las cuentas sobre el vestido en el hombro derecho son el único adorno.

Lo dejo sobre la cama junto con las bragas de encaje y corro hacia el baño, la ducha dura menos que un suspiro y me visto rápidamente, me maquillo solo un poco, decido si el cabello dejarlo suelto o en una coleta; hago poses en el espejo y me inclino por el cabello suelto.

Un poco de perfume y ya está.

Me encamino por el pasillo de colores fuertes rojizos y negros hasta el ascensor. Pero en vez de subir como lo hice esta mañana aprieto el botón azul con letras blancas "subterráneo". Un hilillo musical suena dentro de la caja de metal mientras los números van pasando vertiginosamente en el contador apostado junto a la pared.

Cuando se detiene y se abren las puertas, un hombre alto y moreno me recibe con una cálida sonrisa, me da la bienvenida y cuando levanto la vista, ahí está. Con las manos en los bolsillo de sus jeans azules, camisa blanca y saco negro. También se ha cambiado de atuendo.

Inspiro profundamente y me armo de valor.

¡Tu puedes Steele!

Camino hacia él con paso decidido, mirándolo fijamente, mientras me evalúa de pies a cabeza; me siento como en un desfile de modas y una sonrisa se me escapa.

Su rostro es inexpresivo pero le brillan los ojos.

Cuando estoy a dos pasos de su cuerpo, me saluda con un beso en los nudillos de mi mano derecha — cual princesa de cuento— y la extraña corriente recorre mi cuerpo.

—Anastasia. —Lo dice aun besando mi mano, su cálido aliento me hace cosquillas y mi nombre suena a pecado en su voz.

—Christian. —susurro. Me sonrojo como solo yo puedo hacerlo en esta situación.

Me toma de la mano y caminamos hacia una mesa que se encuentra en el centro de la estancia alargada. Tomamos asiento, el se retira el saco y cuando la burbuja en la que estoy se rompe, me doy cuenta de mi alrededor. No hay nadie más excepto nosotros, giro mi cabeza hacia todos lados. Pero nada ni nadie.

—Estamos solos, tu y yo —Y me suena a una promesa y el pánico amenaza con salir.

¡Por Dios, ni siquiera lo conozco!; pero lo deseas, susurra mi subconsciente.

— ¿Por qué? —Mi boca jamás dejando de hacer preguntas. Me regaño a mí misma.

—Porque lo prefiero así. —Me responde en tono duro.

Pego un respingo cuando de la nada aparece un camarero sirviendo champán. Christian suelta una breve carcajada.

Él toma su copa y yo hago lo mismo.

—Un brindis por estar en esta hermosa ciudad y tener a la mujer más bella frente a mí. —Sonríe y chocamos copas.

Bajo la mirada porque ya no puedo seguir reteniéndosela, de él emana cierta fuerza que es tan brutal que me hace temblar.

Todo el día de hoy me la he pasado preguntando que diablos hace él aquí. Quizás obtenga la respuesta en este instante.

— ¿Qué está haciendo aquí?; y le digo desde ya que puede ahorrarse la excusa de que ha venido por negocios. —Así directamente se lo digo mientras dejo la copa sobre la mesa.

Coloca los codos sobre ésta, se inclina un poco más y su boca queda cerca. La miro y tiene una forma sensual que pide ser besada. Sonríe y subo mi mirada hacia sus ojos.

Se está riendo de mí el muy maldito. Sabe perfectamente el efecto que tiene y siento miedo de que pueda saber lo que pienso.

—He venido porque sé que estaría aquí. —Lo dice tan tranquilo e imperturbable.

—Me está siguiendo. —Lo acuso.

—Culpable. —Sonríe.

Loa camareros hacen su aparición justo en ese momento. ¡Maldición!

Dejan los platos frente a nosotros y se retiran silenciosos. Revuelvo la comida, todo apetito ha desaparecido y siento el estómago apretado. Solo espero que las mariposas no hagan su aparición.

—Si come, le prometo que responderé sus preguntas, —Lo dice tan serio, tan autoritario— Y deje de morderse el labio… me distrae.

Ou. No sabía que lo estaba haciendo, él me pone tan nerviosa. Me dan ganas de levantarme e irme corriendo hacia mi habitación; pero como mujer madura y responsable me quedo allí comiendo una deliciosa comida que no conozco.