Estaba harto. Oberon estaba completamente harto. No pasaba un solo día sin tener que ignorar miradas psicóticas y alguna que otra herramienta lanzada hacia su persona con intención de derribarlo.
Todo, claramente, obra del huésped de su querida reina.
Ese lunático albino... Estaba seguro de que no era buena idea tenerlo ahí, viviendo con ellos. ¿Quién sabe cuándo podría tratar de robar el código de su reina? Pues como suelen decir, los viejos hábitos tardan en desaparecer. Si es que lo hacen.
Oberon odiaba profundamente al demente ese. ¿Por qué tenía que compartir el aire -no que realmente le hiciese falta, pero aún así- con él? ¿Qué tan importante era lo que tenía como para que su reina le permitiese quedarse?
-Desde luego... -habló para si mismo mientras andaba de un lado para el otro por la habitación- ¿Qué podría ser?
-Oberon -lo llamó Ophelia desde el marco de la puerta. Hacía apenas un par de horas que lo había desencadenado de la sala de estudio de Add. Si estaba preocupada por su estado físico o mental, no había dicho nada que lo confirmase.
-¿Qué será?
-Oberon -volvió a llamarlo, esta vez, sin poder reprimir el suspiro. ¿De verdad no lo sabía? ¿Es que no se daba cuenta?
El sirviente, claramente, no se daba por aludido ni al llamado de su nombre. Simplemente se dedicaba a vagar de un lado al otro de la sala, cada vez más rápido según aumentaba su frustración ante la incapacidad de encontrar una respuesta. Ophelia empezaba a pensar que acabaría haciendo un agujero en el suelo.
-Oberon.
Oberon se llevó las manos a la cabeza y se detuvo en seco.
-Mi reina... -dijo- ¿Qué es tan importante? ¿Por qué no me dice nada? Mi reina, ¿Por qué me deja con esta duda?
Desde la puerta, su compañera lo miró casi con pena.
Oberon no lo entendía. En absoluto.
Ciertamente, ese flacucho no podría tener nada de valor como pa-
Claro.
Nada de valor. Nada material. Eso solo dejaba una opción...
-¡Chantaje! -gritó, completamente histérico- ¡Ese sucio pelo-escoba pervertido está chantajeando a mi reina!
Ophelia se golpeó suavemente en la cara como muestra de exasperación.
-Oberon -pensó mientras se alejaba por el pasillo. Se cruzó con Add -que llevaba una bandeja de té en las manos- quien la saludó con un ligero asentimiento y siguió rumbo al estudio de su reina. Sonrió- Eres un idiota.
Como ya era costumbre, Elsword apareció en una de sus visitas. Esta vez, sin embargo, había traído compañía.
Al grupo entero, de hecho.
Oberon no le daba mucha importancia, la verdad.
-Si ella es feliz, entonces está bien.
Además, eso alejaría al albino por un buen rato, pues este no estaba en muy buenos términos con el pelirrojo, algo que a Oberon le iba perfecto.
Estuvieron toda la tarde dentro del estudio. Incluso había escuchado risas y alguna que otra bofetada sonora -seguida de más risas, por supuesto- propiciada, seguramente, al desdichado de Elsword.
El muchacho le agradaba, podía ser algo estúpido a veces e incluso lento, pero sabía que quería a su reina del mismo modo que él, y la protegería de cualquier cosa.
La forma de ese chico de valorar a sus amistades era increible. Siempre pasaba el tiempo rodeado de alguna, por eso le sorprendió encontrarlo solo, en el balcón al final del pasillo.
-¿Joven Elsword?
-¡Ah, Oberon! -sonrió- ¡Me has asustado, jajaja!
-Mis disculpas.
-¡No, no! ¡No ha sido nada, no te preocupes!
El sol estaba empezando a esconderse tras las montañas, dándole con sus rayos dorados un curioso efecto fuego en su cabello.
-Nos iremos pronto, ya va a anochecer -anunció, mirando de soslayo hacia la puerta del estudio de su amiga- ¡Gracias por recibirnos!
-Joven Elsword -dijo interrumpiéndolo en su afán por irse- ¿Le ocurre algo? ¿Tal vez algo le preocupa?
El pelirrojo no trató de negarlo y lo miró.
-No me gusta.
-¿Disculpe? -respondió sorprendido.
-No me gusta para nada, me da igual cuanto afirme haber cambiado, no quiero que esté con ella.
¿Era posible? Oberon no se lo creía. ¡Alguien que pensaba como él! ¡Elsword, nada menos! ¡Esto era maravilloso! Sin duda, su querida reina tendría en cuenta su opinión. No importaba la indiferencia que mostraba, él sabía que todo el grupo, sus amigos, eran muy importantes para ella.
¡Había esperanza!
-¿Por qué se está quedando aquí? ¿Esque nadie recuerda lo que pasó? ¿A nadie le importa? ¡Es un lunático! ¡Y cuando le pregunto la razón, Eve solo gira la cara y se sonroja mientras los demás me miran como si supieran algo que yo no sé! Excepto Raven -murmuró- Él siempre me mira así.
Oberon lo miró con simpatía.
-No sabes como te entiendo.
Era de noche ya. Los demás se habían ido de vuelta a Ruben y Oberon se preparaba para descansar hasta la mañana siguiente. Antes de eso, decidió comprobar si su reina necesitaba algo.
Pasó de largo la sala rumbo al dormitorio de la reina Nasod cuando se detuvo y retrocedió al escuchar un par de voces hablando suavemente. Se asomó por la puerta con cuidado para evitar ser visto.
Allí, en uno de los sofás, la joven y el albino estaban sentados de espaldas a él.
-¿Y bien? ¿Qué tal ha estado su día, majestad?
-Agradable.
-Uh. Si que los aprecias, pues.
Para su asombro, ella no lo negó ni fingió indiferencia como siempre hacía.
-Somos amigos -respondió con un ligero sonrojo.
Add sonrió.
-Eso es cierto. A mi también me agradan -hizo una mueca- Menos el enano pelirrojo. A ese no puedo verlo.
-A él no le gustas -respondió.
-¡Ja! ¡Pues claro que no le caigo bien! -exclamó en alto. Segundos después, sin embargo, su semblante se volvió serio. Melancólico- Claro que no...
-Lo harás.
Add la miró sorprendido.
-No quiero hacerte daño -susurró.
-Lo sé. Y él también lo sabrá. Elsword es una buena persona, también es estúpido y no puede verlo ahora, pero lo hará. Solo necesita tiempo -elevó su mano y le acarició la mejilla- Concédeselo y se dará cuenta de la verdad -le sonrió- "Add es una buena persona".
El peliblanco la miraba con la boca abierta y los ojos de par en par. No se esperaba tal discurso. Mucho menos de ella.
-Eve...
-Ambos sois muy parecidos.
Colocó una mano sobre la que ella tenía en su mejilla y juntó sus frentes.
-¿Acabas de llamarme estúpido? -dijo sonriendo de oreja a oreja.
-No se de qué me hablas -respondió ella del mismo modo.
Cuando Add eliminó la poca distancia que había entre ambos con un beso que ella correspondió, Oberon se retiró de su escondite de vuelta al pasillo por respeto a su reina. No estaba muy seguro de cómo se sentía en ese momento.
-Si ella es feliz, entonces está bien -dijo una voz a su espalda.
Ophelia lo miraba desde las escaleras.
-¿No fue eso lo que dijiste?
Desde luego. Y era completamente cierto. Su reina era lo más importante. Si ella era feliz, él también lo era. La alegría de un sirviente es la sonrisa de su amo.
Y ella había sonreído. Por él.
Suspiró.
-Supongo que, del mismo modo que ella afirma la futura aceptación del joven Elsword, yo también podría hacerlo.
Se dio media vuelta y caminó hacia las escaleras, comenzando a subirlas.
-Si le hace daño, seré yo quien le lance una llave inglesa.
Ophelia sonrió.
-No me cabe la menor duda.
