CAPÍTULO 8. Emociones Encontradas.
Saori quedó completamente pasmada ante el repentino cambio de actitud del Pegaso. No podía entender por qué se había mostrado amable, y de un momento a otro la había dejado con aparente disgusto. Su mente daba vueltas, tratando de buscar una explicación para todo esto, pero una parte de ella le decía que si bien el castaño parecía ser rudo y tosco, no era así como debería ser. Se levantó del suelo y se sentó en la litera, mirando al horizonte, más allá de las paredes que la encerraban. ¿Cuál sería ahora su destino?
Fuera de la habitación, el muchacho se había quedado apoyado contra la puerta haciendo completo silencio. Aquella muchacha lo inquietaba y le provocaba sentimientos encontrados. Una parte de él la odiaba, por hacerse pasar por la diosa Athena, pero cuando la miraba a los ojos sentía una punzada en el pecho que le descomponía. Era como si ella tuviese un efecto absurdo sobre él. ¿Sería acaso una bruja? ¿Lo estaba tratando de hechizar para que la liberara? Frunció el ceño. La cercanía con ella no le hacía bien, además, su lealtad y convicción eran únicamente para su maestra; la dueña de sus acciones y también de sus emociones. Se apresuró a volver a su camarote, dónde se quedó mirando el techo un par de horas antes de quedarse dormido.
Mansión Kido, a media noche
Luego de haber llevado a Tatsumi al hospital, y tener que dar varias explicaciones poco creíbles para los médicos de turno, Mu había regresado a la Mansión Kido, parcialmente devastada por el ataque. Shun atendía las heridas de Esmeralda, mientras Shiryu e Ikki montaban guardia. El viejo maestro se encontraba con la mirada perdida; parecía como si estuviese esforzándose por recordar asuntos ocurridos hace innumerables años. Mu se acercó con sutileza al guardián de Libra y habló con serenidad.
- Maestro, noto su inquietud ante estos acontecimientos. ¿Hay algo que debamos saber?
- Creo que la historia ha cambiado. –Fue la única respuesta del anciano.
- ¿Qué quiere decir con eso? –Preguntó Mu en un tono bastante serio.
- Ahora mismo no podría explicarlo, hasta que no confirme mis sospechas. –El viejo volteó para verlo directamente.- Por un momento creí que no atenderías a mi mensaje, pero creo que tu sentido de la sabiduría sigue intacto.
- Desde que dejé de comunicarme con mi maestro, supe de que algo extraño pasaba en el Santuario. Su mensaje no hizo otra cosa que confirmar mis sospechas. Temo en verdad que mi mentor esté muerto… -dijo con voz entrecortada- y estoy más que seguro que el Patriarca actual es un impostor.
- Lo es, indudablemente. Pero algo me dice que Shion aún permanece con vida, aunque no estoy del todo seguro... –Su voz sonaba lejana, llena de dudas e inseguridad.
Mu no preguntó nada. Si el guardián de libra no decía más, era porque en este momento no era prudente. Se dirigió hacia donde los otros caballeros hacían guardia. Tenían que decidir pronto cómo actuarían. Ikki lo miró con recelo. No confiaba en el recién aparecido tan fácilmente.
- Entonces un caballero dorado se ha revelado contra el santuario… Eso es bastante extraño.
- La mayoría de los caballeros desconocen que el Patriarca actual no es el mismo que estuvo gobernando el Santuario por más de 200 años. –Replicó Mu, sin inmutarse.
- ¿Y cómo puedes asegurar que no sea la misma persona, solo que corrompida por el poder?
- El Maestro Shion no se dejaría corromper por algo tan simple como el poder terrenal.
El Fénix era hombre de pocas palabras, y por lo tanto captó enseguida la idea de que Shion había instruido al actual caballero de Aries. Prosiguió entonces a resolver sus demás dudas.
- ¿Crees que los demás caballeros dorados se unan a nosotros para rescatar a Athena?
Mu se quedó pensativo, haciendo un recuento mental de sus compañeros, a quienes no veía hace varios años, pero a quienes conocía lo suficiente como para juzgar qué posición adoptarían en esta guerra.
- Tauro, fuerte y noble, aceptará la verdad sin demasiados prejuicios. Cáncer, cruel y despiadado, sirve ciegamente las órdenes del líder actual. Leo, temperamental y orgulloso, nos seguirá si podemos probarle que su hermano no fue traidor. Virgo, sereno y reflexivo, es posible que se haya percatado de la maldad que cubre el Santuario, sin embargo no puedo estar seguro de qué decisión tomará; podría luchar a nuestro por nuestra causa, o podría hacerse a un lado de este conflicto. Libra… -volvió la mirada hacia el anciano- está de nuestro lado. Escorpión, apasionado pero justo, se unirá a la causa que considere más recta. Capricornio, considerado el más leal a Athena, pero cegado por su misma fidelidad al recinto de la diosa, seguramente nos dará una batalla muy dura. Acuario, frío y sagaz, hasta ahora ha demostrado ser inflexible en su servicio al Santuario. No se convencerá de la verdad tan fácilmente. Y Piscis, cuya ambición ha demostrado con creces, no renunciará tan fácilmente al favor del Patriarca, quien hasta ahora le ha concedido bastantes beneficios.
Ikki estaba realmente molesto. La explicación de Mu le parecía completamente innecesaria.
- Lo que quieres decir es que básicamente contamos contigo, con Tauro y con el viejito chato. Tenemos por lo menos tres indecisos, y cuatro que nos harán la guerra a como dé lugar. Son diez… ¿qué hay de los otros dos?
- Géminis desapareció hace varios años, un par de meses antes que el actual Patriarca mandara matar a Aioros de Sagitario. Ambos eran candidatos a ser el sucesor de mi Maestro, por lo que creo que ambos fueron quitados del camino por la malvada identidad del traidor. Ignoro quién haya podido tener el poder suficiente como para vencer a mi Maestro y a otros dos caballeros dorados.
Ikki tomó aire. Esta causa parecía más que perdida, pero seguramente los demás no se darían por vencidos tan fácilmente.
- ¿Entonces iremos a rescatar a Athena?
- Por supuesto. En lo posible debemos impedir que llegue al Santuario, pero para ello… -El ariano dirigió la mirada hacia la muchacha de cabellos rubios.- Tendremos que ir sin ella. Solo retrasaría nuestro viaje.
Ikki hizo una mueca de descontento. No le apetecía dejar sola a Esmeralda, y no le gustaba que la trataran como si fuese un estorbo, pero en algo tenía razón el caballero dorado, era mejor no exponerla a esta clase de peligros. Lo mejor para ella era quedarse a cuidar a Tatsumi en su lenta recuperación. Por lo pronto, lo mejor era prepararse para el viaje, que seguramente comenzaría al amanecer.
China, una semana después
Luego de desembarcar en Asia, el camino de los caballeros de Plata se había retrasado en gran manera. Shaina se impacientaba cada vez que Saori se desmayaba por las condiciones en las que viajaban, y todos tenían que turnarse para cargar la pesada caja de piedra en la que estaba contenida la armadura de Sagitario. De cuando en cuando habían contratado vehículos clandestinos que les ahorraban parte del viaje, pero apenas estaban llegando a la frontera occidental de China. Seiya se percataba de la incomodidad de la mujer, y cada que podía le ofrecía sus atenciones. Los demás notaban como crecía la tensión entre ambos a medida que pasaban los días, sospechando que algo extraño estaba sucediendo. Esa tarde habían decidido acampar desde el mediodía hasta el día siguiente, para reponer fuerzas. June de Camaleón había sido encargada de la seguridad de la raptada, quien cada vez lucía más débil. La santo de bronce comenzaba a sospechar que probablemente no aguantaría el viaje hasta Grecia.
Shaina se sentía completamente frustrada, pues algo le decía que Mu no se quedaría de brazos cruzados, e incluso era posible que en ese mismo momento estuviesen buscándolos. Dejó el campamento un momento para escabullirse hacia un arroyo cercano y allí despejarse un poco. No se percató que su alumno había ido en esa misma dirección hacía una hora más o menos, y al llegar cerca de unas rocas, logró contemplarlo pensativo, sin las prendas superiores, descansando de aquel largo trayecto. Shaina sintió que su corazón acelerarse. No era la primera vez que lo observaba semidesnudo, pero las cosas habían cambiado mucho entre ambos ese último mes. El Pegaso se percató de la presencia ajena y le miró sonriendo, aunque sus ojos no tenían el brillo acostumbrado. La maestra se acercó lentamente y se sentó a escasos centímetros del muchacho.
- ¿Descansando?
- Sí… necesitaba un poco de aire fresco. Espero que no te incomode mi presentación. –Dijo el castaño, ignorante de lo que producía ahora en la joven.-
- No es la primera vez que te veo de ese modo…
- Pero sí es la primera vez que no me reprendes por ello.
La muchacha sintió el calor en sus mejillas y agradeció llevar puesta su máscara, sin embargo, Seiya percibió las ligeras fluctuaciones en la onda de cosmos que manaba de su mentora.
- ¿Shaina? –Su mano se dirigió suavemente hacia el cuello desnudo de la amazona y percibió el exceso de temperatura.- No pareciera que estés bien. Deberías tomar algo de aire fresco…
- E-estoy bien… -Balbuceó la peliverde, en un tono que solo logró inquietar más a su alumno.
- No, no lo estás… -Arriesgándose a ser acribillado allí mismo, Seiya deslizó sus dedos hacia el borde de la máscara para retirarla con suavidad.
El corazón de Shaina latía con fuerza. De nuevo las sombras de la noche comenzaban a caer y velaban parcialmente su piel, ahora sonrojada por el movimiento del muchacho. Sus instintos afloraron a tal punto que ya no era capaz de reprimirlos, y colocó su mano delicadamente sobre la del joven, que aún sostenía la máscara.
- Seiya… ¿Sabes cuál es la ley de las amazonas?
- Que si veo tu rostro tendrás que matarme… –Respondió el Pegaso atrevidamente, sin quitarle los ojos de encima al rostro de su bella maestra.
- En realidad hay una segunda opción… -Susurró Shaina con cierta vergüenza.- El hombre que vea mi rostro solo puede recibir dos cosas de mi parte… mi sentencia de muerte… o mi amor.
Aquella situación era más de lo que Seiya podía contener. Cerró el espacio que había entre ambos, apoyando las manos en la roca a lado y lado de la muchacha, acercándose peligrosamente a su boca. "Entonces ámame", susurró antes de sellar los labios de su maestra en un cálido, pero intenso beso.
Ambos se dejaron llevar por el momento, mientras sentían el ardor del primer beso. Ni ella ni él tenían experiencia alguna, pues para los dos su único objetivo siempre había sido convertirse en santos de la orden de Athena, pero aquello no impidió que sus instintos básicos les guiaran en aquel armónico juego de labios, que aunque breve, había congelado el tiempo para ambos. El chico se separó delicadamente de la boca ajena, sintiendo su corazón galopante en el pecho, mientras esperaba la ansiada respuesta de la mujer que enloquecía sus sentidos.
Shaina estaba contrariada, pero ya no podía negar que sus sentimientos hacia Seiya habían dado un vuelco total desde que él la viese sin máscara por primera vez. "De acuerdo…" susurró, mientras los ojos del joven se iluminaban de emoción.
