CAPÍTULO 15. El cosmos de plata

Las órdenes de Shaina resonaron por todo el Santuario. Los caballeros de plata acudieron rápidamente y sus armaduras relucieron a la luz de la luna llena.

- Algheti, tú cuidarás el camino que lleva hacia la casa de Aries. Sirius, Marín, ustedes dos cubrirán la zona norte. Shiva y yo iremos a la zona sur. Por nada del mundo se atrevan a dejarlos pasar, o tendrán que vérselas conmigo.

La voz de Ofiuco sonaba iracunda e intimidante. Todos acudieron prestos al lugar al que habían sido enviados. Seiya se había adelantado y pronto se encontró de frente con los caballeros intrusos y un anciano que los acompañaba.

- Tú… -Susurró Seiya al reconocer al Dragón.

- Pegaso. –Contestó Shiryu en el mismo tono.

Ambos se miraron con desdén, como si tuviesen una cuenta pendiente que ajustar. Mu levantó su mano, pero el pelinegro lo detuvo.

- ¡No! ¡Yo pelearé con él!

- Shiryu, no podemos perder tiempo ni energías. –Reprendió el muviano con severidad.

- Es lo mismo que yo pienso, señor Mu. Tauro debe estar esperando por usted, y debe alcanzarlo lo antes posible. Además, Pegaso y yo tenemos un asunto inconcluso que resolver.

Seiya lo miró con el rostro lleno de indignación. No podía creer que lo estuvieran subestimando al punto de considerarlo un asunto menor.

- Vamos, Mu. Shiryu se encargará. –Dijo el viejo maestro de Libra.

Mu asintió y lanzó una última mirada a los dos caballeros de bronce, antes de seguir su camino hacia las doce casas. Dohko lo siguió sin decir nada más. Los dos oponentes se lanzaron miradas iracundas y cargadas de severidad.

- No entiendo cómo tienen el descaro de venir hasta este lugar y creer que serán capaces de desafiar a los caballeros de Athena. –Dijo Seiya alzando la voz en tono desafiante.

- No lo entiendes, Pegaso. Todos ustedes han sido engañados por el Patriarca. La Athena que está en este lugar no es la verdadera.

- ¡Cállate! ¡No sabes de lo que hablas! ¡Meteoros de Pegaso!

Al instante cientos de luces veloces se desprendieron del puño del castaño y dieron de lleno contra la armadura de Shiryu, haciendo que retrocediera y cayera al suelo.

- ¿Pero qué es este cosmos? –Preguntó el pelinegro, mientras se reincorporaba trabajosamente.

- Cometiste un gran error al subestimarme, Dragón. Vencerme no será tan fácil como creíste.

Shiryu se estremeció al sentir el cosmos del Pegaso elevándose vertiginosamente. No había sentido nada igual en un caballero de bronce, excepto tal vez por el intimidante cosmos del Fénix. Tardó un poco en reaccionar, pero pronto se dijo a sí mismo que si no elevaba su propio poder, sería derrotado allí mismo.

- ¡Meteoros de Pegaso!

- ¡Dragón Naciente!

Los dos ataques dieron en el blanco, lanzando a su oponente unos metros más allá. Mu se detuvo en seco y se volteó justo a tiempo para ver a los dos caballeros de bronce volando por los aires, para luego caer estrepitosamente contra el terreno. Buscó al maestro con ojos llenos de intriga, como si no entendiera lo que acababa de suceder.

- ¿Q-qué fue eso?

- Es el cosmos de los Legendarios Caballeros de Bronce. –Contestó el Maestro, con aire solemne.

- ¿Legendarios? ¿Qué significa eso, maestro?

- Ahora no lo entiendes, Mu. Pero pronto serás testigo del gran poder que pueden alcanzar los caballeros de bronce. Elevarán su cosmos hasta el nivel de un caballero dorado y presenciaremos batallas que no imaginaste jamás.

- ¿Me está diciendo que los caballeros de bronce elevarán su cosmos hasta el séptimo sentido?

El anciano se limitó a asentir con la cabeza y le hizo señas a Mu de que siguieran adelante, quien lo siguió vacilante.

Shiryu volvió a ponerse de pie, justo cuando Seiya se aproximaba sobre él con los ojos llenos de ira. El castaño sujetó de la pechera de su armadura y lo atrajo para mirarlo a los ojos de forma intimidante.

- Se arrepentirán de haber llegado hasta aquí. Los caballeros de plata los harán pedazos.

- Pegaso, no puedo creer que seas tan estúpido. –Soltó Shiryu jadeante.

- ¡¿Estúpido?! –Le gritó Seiya con la sangre hirviente.- ¿Te atreves a llamarme estúpido?

- Sí. –Le respondió el otro, frunciendo el ceño. También la ira había comenzado a correr por sus venas.- ¿Todo este tiempo estuviste custodiando a Athena y no te diste cuenta de su cosmos?

Seiya le lanzó un puñetazo a la cara que le rompió la piel del pómulo al pelinegro, haciendo brotar su sangre. Por supuesto, había sido un acto reflejo provocado por la indignación. Shiryu no se quedó atrás y pronto le lanzó un puño al abdomen, dejándolo sin aire un par de segundos.

- ¡No eres más que un bastardo traidor! –Le gritó Seiya en cuanto recuperó el aliento.

Shiryu le lanzó otro golpe a la mandíbula y le hizo sangrar la encía.

- ¡No puedo creer que no hayas sido capaz de sentir el cosmos de una deidad!

Seiya lo miraba con ojos de odio. Su interior le gritaba que en efecto, aquella muchacha le había perturbado una y otra vez mientras la había tenido cerca, pero su orgullo no le permitía admitir algo semejante. Por primera vez se cruzó por su mente que aquel poder que él se había atrevido a llamar brujería, no era otra cosa que el poder cósmico de la misma Athena. Su presunción se elevó por encima de la razón y contestó el cuestionamiento con lo primero que se le vino a la mente.

- ¡Solo un idiota como tú confundiría el cosmos de una diosa con el efecto que tiene esa mujer sobre los hombres!

El Dragón leyó entre líneas que el Pegaso había percibido en parte el poder de la diosa dormida, y una leve esperanza le inundó.

- No eres tan torpe como pensé, Pegaso. Tan solo estás cegado por los engaños del Patriarca. Busca en tu interior y sabrás la verdad. –Al tiempo que hablaba comenzó a elevar su cosmos más y más.

La expresión del castaño se suavizó parcialmente, aunque tampoco perdió el tiempo y comenzó a concentrar la fuerza de su interior, llevándola hasta niveles insospechados en un simple caballero de bronce.

Coliseo del Santuario

Shiva se había separado de Shaina, pues se habían dado cuenta que los cosmos de los intrusos provenían de dos lugares distintos. La amazona se había decidido por el camino que conducía a la entrada sur, en donde hace poco el Cisne había sucumbido, mientras que el caballero del Pavo Real había optado por dirigirse al Coliseo. Al llegar a la arena se encontró con una escena tan inesperada como indignante.

- ¿Qué demonios estás haciendo, June?

Los jóvenes caballeros de bronce se separaron de su abrazo y miraron intimidados al recién llegado. El aura del plateado chispeaba de furor.

- ¡Se supone que tenías que venir a enfrentar a los rebeldes, no a reconciliarte con ellos!

- ¡Shiva, espera!

Pero el grito de la muchacha fue acallado por el golpe cósmico que recibió y la envió contra las graderías. Shun solo pudo exclamar su nombre mientras la veía chocar contra el concreto.

- ¡¿Por qué hiciste algo así?! –Exclamó mientras miraba con ojos centelleantes al recién llegado.

- Porque las mujeres son débiles. Sucumben a los sentimientos y eso las lleva a perder la razón. Por algo Athena se negó a recibir sus servicios, a menos que renunciaran a su feminidad.

Shun lo miró con desprecio. En pleno siglo XX, este hombre se atrevía a hablar de esa forma de una mujer.

- Y ahora, por haber engañado a esta débil sirviente de Athena, tú deberás sucumbir ante mi poder. –Añadió el Santo de Plata.

- Tienes que detener esto, Pavo Real. June lo entendió. No hemos venido a enfrentarlos, sino a aclarar los engaños que se han cernido sobre el Recinto de Athena.

Shiva pareció no escuchar lo que Shun intentaba decirle. Colocó sus manos en posición Hakini y cerró los ojos, concentrando su cosmoenergía. El caballero de Andrómeda retrocedió instintivamente. La energía que desprendía el caballero de plata podría haber pasado desapercibida para la mayoría de las personas, pero no para alguien sensible a la dimensión espiritual, como lo era el joven japonés.

- Om namah shivaya… -Pronunció el Santo de Plata, despidiendo una onda energética que derribó al peliverde en segundos.

El dolor recorrió cada célula de su cuerpo, haciéndolo gemir y retorcerse. Shiva lo observó con aire de superioridad. Las enseñanzas de su maestro, Shaka de Virgo, habían hecho que se convirtiera en uno de los caballeros de plata más poderosos del Santuario, y también uno de los más temidos. Había adoptado el nombre de una de las principales divinidades del panteón dharmico, para dar a entender a todos que había alcanzado un nivel de iluminación que solo podía ser superado por el mismo Buda.

- Este es el momento en el que desearás no haber desafiado a la Orden Sagrada de los Caballeros de Athena, jovencito.

Shun se incorporó como pudo. El poder de los caballeros de plata era sin duda impresionante y dudaba mucho poder superarlo, pero llegado este momento, no tenía otra opción de entrar en batalla, si es que al menos quería salvar su vida.

- Shiva, en mi corazón detesto tener que luchar, pero no puedo permitir que la maldad alcance su cometido de destruir a Athena. Ella es la protectora del bien y la justicia, y yo lucharé por ella hasta la muerte.

El Pavo Real lo observó con rostro inexpresivo. No podía poner en tela de juicio que ese muchacho estaba siendo sincero, pero su deber como defensor del Santuario era destruirlo. Volvió a concentrar su cosmos por medio de la Hakini y cerró los ojos para preparar el próximo ataque. Shun también concentró su cosmos, haciendo que la atmósfera del coliseo se tornara inestable. Su cadena comenzó a agitarse mientras lo rodeaba, creando un escudo protector, mientras aguardaba por el mantra que Shiva estaba a punto de pronunciar.

Camino hacia la entrada sur

Shaina avanzaba de forma silenciosa, mientras sus agudos sentidos se elevaban al máximo de forma que pudiera percibir cualquier perturbación. Parecía como si el cosmos ajeno hubiese desaparecido casi por completo, aunque algo en su interior le decía que el emisor del mismo no estaba lejos. De pronto, escuchó un sonido detrás de ella y se giró justo a tiempo para ver pasar frente a sus ojos una ráfaga de fuego. Afirmó sus pies y su mirada alcanzó al dueño de la cosmoenergía que había estado buscando.

- Fénix…

- ¡Ahh, otra conocida! Tú eres la que lideraba el ataque la noche que se llevaron a Saori, ¿no es cierto?

Shaina cayó en la cuenta de con quién estaba hablando. Era el caballero que había tenido que noquear con su Garra del Trueno aquella noche, luego de que hubiese derribado a Sirius.

- Así que tú eres el de las ilusiones… Que forma tan baja de luchar.

- La bondad nunca ha sido mi característica más prominente, eso déjalo para mi hermano. En la guerra todo está permitido.

- Tú no sabes lo que es el honor, ¿no es así?

- Me importa muy poco lo que signifique esa palabra. El honor no es nada cuando se carece de poder y fuerza de voluntad.

- ¿Así que eso es lo que piensas? Pues déjame decirte que yo tampoco me caracterizo por ser precisamente gentil.

- Sí, eso pude notarlo cuando me atacaste por la espalda, bruja.

La ira de Shaina se encendió de inmediato. Si había algo que la podía sacar de sus casillas es que comenzaran a cuestionar las intenciones de sus acciones. Si bien había atacado a su oponente por la espalda, fue simplemente para salvar la vida de su compañero; jamás por un acto de cobardía. La atmosfera comenzó a cargarse eléctricamente alrededor de la santo de Ofiuco y el Fénix sonrió.

- Espero que puedas darme una mejor pelea que el pato congelado.