CAPÍTULO 16. Lucha por el Santuario
- Solo lo venciste porque empleaste tus trucos sucios. –Respondió Shaina desafiante.
- No tengo la culpa de que la gente sea tan débil cuando se trata de sus emociones… El amor los vuelve vulnerables.
-¡Ah! Con que ese es el truco bajo la manga. ¿Quién te enseño algo tan bajo, Fénix?
- Eso es algo que a ti no te incumbe.
- Cielos, si hubieses sido mi alumno te habría enseñado modales cerrándote esa bocota que tienes.
Ikki se echó a reír.
- ¿Tú, maestra de un caballero? Quisiera ver que es lo que eres capaz de enseñar.
En ese momento el Santuario retumbó tras el choque de los caballeros de bronce que se encontraban luchando en la zona norte. El cosmos del Pegaso hizo eco declarándose vencedor, mientras el cosmos del Dragón menguaba.
- ¡No lo sé! –Replicó Shaina en tono burlón, causando que el Fénix volviese a fijar sus ojos en ella.- Tal vez tu compañero sea capaz de decírtelo, ya que parece que mi alumno le está dando una buena paliza.
Ikki la miró con desprecio. Lejos de lo que Shaina quería causar en él, al peliazul le dio igual lo que pudiese estarle pasando a Shiryu; por ahora solo le interesaba taparle la boca a esa víbora venenosa.
Entrada norte
El cuerpo de Shiryu había caído tendido en el suelo, aparentemente derrotado. Unos metros allá, Pegaso permanecía hincado y apoyado en una mano. Aunque aparentemente había resultado vencedor en el combate, la verdad era que la técnica del Dragón Naciente lo había dejado parcialmente molido. Para sorpresa suya, el pelinegro hizo un ademán de incorporarse.
- ¿Piensas levantarte? –Preguntó el castaño incrédulo.
- Aunque quisiera, no puedo quedarme en el suelo. –Masculló Shiryu antes de escupir la sangre resultante del sangrado interno en su boca.
Seiya también se limpió el labio inferior con el dorso de la mano. El frío metal se llevó parte de la sangre semi coagulada en sus comisuras. Luego del arduo combate, parecía como si el enojo se le hubiese esfumado, y la actitud de su oponente cada vez lo desconcertaba más. ¿Estaba alguien dispuesto a morir por una causa aparentemente falsa?
- ¿Tan convencido estás de que la nieta del viejo Kido es Athena? ¿No te importa morir por una estupidez como esa?
- Parece que por fin estás razonando, Pegaso. Es obvio que si hemos emprendido esta causa es porque tenemos razones suficientes para creer en la traición del Patriarca, de otro modo no habría razones para lanzarnos a una misión suicida.
Seiya se incorporó y caminó hasta su oponente caído, extendiéndole una mano, en lo que parecía ser una tregua. Shiryu tomó la mano del caballero y se colocó de pie de igual forma. Luego le echó un vistazo al rostro del castaño, tratando de descubrir las razones de su repentino cambio de actitud.
- ¿Me crees?
- No estoy seguro de que tus ideas estén en lo cierto, pero veo que eres honesto y estás luchando por lo que crees justo, así que perdonaré tu vida.
El Dragón lo miró receloso.
- ¿Te estás dando por vencedor?
- Por supuesto. –Confirmó el Pegaso, con una sonrisa cargada de suficiencia propia.- Tan solo mira tu armadura. No llegarás muy lejos con ella.
En efecto, la armadura se había resquebrajado luego de recibir repetidamente los Meteoros de Pegaso de Seiya. El orgullo de Shiryu estaba más que herido. No podía creer que aquel santo de bronce hubiese logrado agrietar de esa manera su armadura, aparentemente bendecida por los dioses. El castaño le echó una mirada muy seria, y luego se escabulló en la oscuridad, siguiendo los pasos del Mu y Dohko.
- ¡Esto no se ha terminado, Pegaso! –Exclamó Shiryu, más para sí mismo que para el otro.
Coliseo del Santuario.
- ¡Om navah shivaya! –Gritó Shiva mientras abría sus ojos y lanzaba su cosmoenergía contra el caballero de Andrómeda.
- ¡Defensa rodante!
La cadena de Andrómeda giró tan veloz que, para sorpresa del atacante, repelió la mayor parte de su energía. Shiva gruñó apretando la dentadura y elevando su cosmos.
- ¡Majá mritiun yaia!
Una fuerte descarga salió disparada de la mano de Shiva, dirigiéndose directamente hacia el pecho de Shun, pero fue interceptada por el cuerpo de alguien más. June salió disparada de nuevo, cayendo a los pies de su enamorado.
- ¡June! –Gritó Shun, saliéndose de todas sus casillas. Su voz salió cargada de resentimiento.- No permitiré que la toques de nuevo. ¡Cadena Nebular!
La cadena obedeció instantáneamente, alcanzando las manos de Shiva y rodeando sus muñecas, estrujándolas hasta hacerle crujir los huesos. Shiva contuvo el grito de dolor. El cosmos de Shun crecía extendiéndose hacia el infinito, causando que Shiva intentara retroceder, pero ya era demasiado tarde. El poder del caballero de bronce estremeció cada centímetro del coliseo.
- ¡Onda de Trueno!
- Majá mritiun yaia…
El choque de cosmos causó que las columnas del lugar se agrietaran violentamente. La onda de energía de Shiva alcanzó a Shun, haciéndolo chocar contra las graderías, pero al mismo tiempo la cadena rodeó su cuerpo y le ocasionó una fuerte descarga eléctrica que hizo caer al caballero de plata completamente inconsciente. La nariz de Andrómeda dejó caer un hilo de sangre, ocasionado por la alta presión de haber elevado su cosmos por encima del sexto sentido.
- June… -Murumuró entre dientes, mientras se arrastraba hacia ella.
La chica también estaba sangrando, aunque aún permanecía con vida. Shun solo alcanzó a sujetarle la mano antes de caer igualmente desmayado.
Camino a la entrada Sur
Shaina e Ikki se encontraban envueltos en un intenso combate mano a mano. Ambos jadeaban como resultado de los violentos golpes que iban y venían sobre ambos. Su combate había alcanzado la velocidad del sonido y pronto rompieron aquel límite, haciendo que la energía barriera con los árboles cercanos, y causando que los mismos perdieran buena parte de su follaje. Los puños de fuego de Ikki ya habían alcanzado en varias ocasiones el cuerpo de la amazona, haciendo que su piel bajo la armadura ardiera de dolor. Por su parte, las descargas eléctricas sobre el cuerpo del fénix le habían causado varias heridas de gravedad.
De pronto su intenso enfrentamiento se vio interrumpido por el choque de dos grandes cosmos. Ikki se detuvo enseguida, dejando a la amazona a medio golpe.
- ¡Shun! –Gritó el japonés con la voz cargada de enojo.
Shaina también percibió que el cosmos de Shiva se apagaba, pero no le dio importancia. "Seguramente volvió a confiarse demasiado", pensó para ella misma, recordando la arrogancia de Shiva. Ese era, sin duda, su punto débil y la causa por la que ella le había pateado el trasero en más de un duelo de entrenamiento.
- ¡Este no es momento para distraerse, Fénix! –Dijo, mientras le atestaba un fuerte golpe en la cara, dejando la marca de sus garras a la mejilla del peliazul.
La respuesta de Ikki no se hizo esperar, y su puño se dirigió directo contra la cabeza de la amazona, que alcanzó a esquivarlo a medias. El impacto dio sobre su máscara, que se rompió en la parte superior izquierda, dejando visible su iris verde y resplandeciente. La mujer resopló con ira, levantando su mano y cargándola con su cosmos.
- ¡Garra del Trueno!
Ikki sintió de nuevo aquella descarga que ya había experimentado la noche que Shaina lo había noqueado. Esta vez la resistió, pero no sin dejar escapar un alarido de dolor.
- ¡Maldita bruja! ¡No volverás a hacerme eso nunca más! ¡Alas del Fénix!
El cosmos ardiente del caballero dio de lleno contra una confundida Shaina que no entendía como era que su técnica no había dejado inconsciente al fénix. Cayó sobre su espalda en un golpe seco del que fue incapaz de reponerse en ese momento. A Ikki pareció bastarle con eso y salió disparado hacia el Coliseo.
Camino hacia las doce casas
Cuando Seiya alcanzó la primera porción del camino que conducía a los templos se encontró con una escena perturbadora. Marín y Sirius habían iniciado el combate contra Mu de Aries y se veían bastante afectados por los golpes que habían recibido. Mu también lucía algo alterado por el combate. Se disponía a ir a ayudarlos cuando sintió un fuerte impacto de cosmos que lo mandó al suelo.
- ¿A dónde crees que vas, jovencito? –Preguntó la voz del anciano Dohko.
- Aghh, maldición. –Gruñó Seiya por el dolor en su espalda.- ¿Quién diablos es usted, viejo loco?
- Más respeto para con tus mayores. –Exigió el maestro, dándole otra descarga de cosmos.- Eras mucho más educado cuando Marín fue tu maestra.
Seiya estaba completamente perdido. ¿Cuándo había sido Marín su maestra? Ese anciano estaba realmente desquiciado. Minutos después Shiryu alcanzó la escena, ya mucho más repuesto.
- ¡Maestro!
- Oh, Shiryu… ¿Qué es lo que pasa contigo? ¿Por qué te contuviste contra Pegaso?
Shiryu no sabía cómo explicarlo bien.
- Maestro, creo que este caballero es muy distinto a los demás.
- Por supuesto que lo es, al igual que tú. ¿Qué acaso ya olvidaste la leyenda que te conté?
- No, maestro. –Respondió Shiryu en tono de niño regañado.
- Entonces, ¿por qué dudas?
- Porque dudo mucho que yo pueda llegar a ser un caballero legendario, maestro.
El viejito lo miró con compasión. El Shiryu que recordaba del futuro pasado era mucho más arriesgado, pero desde que el jovencito había llegado a los cinco picos, siempre había manifestado esa falta de confianza en sí mismo. Supuso que la falta de experiencia en el combate lo había intimidado. Eran las consecuencias de haber entrenado en la soledad de China, aislado de los combates con otras personas.
- El poder está dentro de ti, Shiryu. Pronto lo descubrirás…
El maestro no alcanzó a terminar la frase cuando vieron a Sirius salir disparado por los aires. Marín también estaba de bruces en el suelo, tras recibir la Revolución de Polvo Estelar de Mu, la técnica suprema de Aries. Seiya, que había presenciado todo aquello confuso, no sabía qué hacer. En ese momento sintió el Cosmos de Shaina desaparecer en alguna parte hacia el sur. Aprovechando el descuido de maestro y alumno, se incorporó y salió corriendo en dirección hacia donde el cosmos de su mentora había sido reducido.
Entrada a la casa de Aries
Aldebarán estaba perdiendo la paciencia. Desde hacía más de una hora había percibido el intenso cosmos de Mu ingresar a los terrenos del Santuario, pero aún no llegaba al lugar acordado. Tal vez la guardia de bronce y plata había sido suficiente para mantenerlo lejos de las doce casas. No podía soportar más la espera y salió del templo apresurado, encontrándose a Algheti al final de las escaleras.
- ¡Heracles! –Dijo furia en su voz.- ¿Qué es lo que estás haciendo aquí?
El corpulento caballero de plata pareció asustarse ante la imponente voz del toro dorado.
- Estoy custodiando el paso hacia las doce casas, señor… Pero, ¿qué lo trae hasta aquí a estas horas? –Aquello le resultaba bastante sospechoso.
- Ya no tiene caso que lo oculte más. Estoy aquí para asegurarme que Mu y sus compañeros pasen hacia los doce templos.
La respuesta dejó totalmente confundido al plateado. ¿Estaba diciendo que iba a ayudar a los rebeldes?
- ¡¿P-por qué, Aldebarán?! ¿Por qué ayuda a ese grupo de traidores?
