ES MI PROMESA
Capitulo 2: Malas compañías
Por Okashira Janet
Hinata había pasado los primeros dos días caminando apresuradamente, creyendo que su padre movilizaría gente para seguirla, para su desconcierto aquello no había ocurrido, ¿era una trampa o algo parecido?, no estaba muy familiarizada con lo que se hacía cuando un ninja dejaba la aldea por su propia voluntad. Recordaba de manera lejana que cuando Sasuke había dejado la aldea lo habían seguido para regresarlo, en aquel entonces no se le consideraba un ninja desertor, entonces, ¿ella era o no una traidora?, suponía que a esas alturas no debía importarle porque su meta estaba bien trazada, pero aún así no podía evitar preguntárselo una y otra vez, no había remedio, su corazón añoraba Konoha a pesar de los malos ratos.
Con un suspiro siguió adelante ajustándose los tirantes de la mochila, había tenido que usar su Byakugan en dos ocasiones para quitarse del camino de escuadrones ninja que volvían a la aldea. Ahora que había huido y que sabía que no podría volver hasta haber acabado con su objetivo se sentía bastante perdida, ¿por donde empezar?, ni siquiera tenía idea de cómo llegar al País del Hierro, además no era como si cruzar las fronteras fuera fácil.
Para colmo lo único que sabía del agresor de su hermana era que tenía un dragón tatuado en la cabeza, esperaba que por lo menos aquello fuera suficiente.
—¡Y es tuerto! —Se lo dijo a si misma dándose ánimos sin dejar de caminar, no lo había distinguido en primera instancia, pero ahora estaba casi segura de que en la oscuridad de aquel día sólo había visto luz en uno de sus ojos, era eso o llevaba un parche, aunque que ella supiera los samuráis no tenían líneas sucesorias que esconder como lo hacía Kakashi o el mismo Danzo.
Giró a ver el cielo una vez más, dentro de poco empezaría a llover, pero sería idiota de su parte entrar a alguna aldea para pedir refugio, seguían demasiado cerca de Konoha, la gente la reconocería, para su desgracia sus ojos blancos eran demasiado bien conocidos por todas las naciones, pensó en hacer el Henge no Jutsu, pero dudó de poder mantener la transformación por mucho tiempo.
No había de otra, se mojaría, de cualquier manera no importaba mucho, su cabeza seguía perdida en una nebulosa de sentimientos agrietados, no había parado de caminar desde que había salido de Konoha, no sabía si lo estaba haciendo como un autocastigo, quizás sí, ahora por fin comprendía lo que debería sentir Lee cuando hacía las veinte vueltas a Konoha en pinillo, era una sensación de amarga satisfacción.
Frotó sus manos una contra la otra cuando la noche empezó a entrar, aún no hacía mucho frío pero el agua cayendo de lado como una cortina empezaba a empaparle la ropa, a pesar de la lluvia el cansancio y el sueño estaban por tumbarla. De ser posible a Hinata le hubiera gustado caminar y no detenerse, seguir caminando hasta que sus pasos la llevaran a un sitio en concreto, hasta que su mente formara un plan verdadero, pero no había manera, empezaba a ver los contornos borrosos.
Se acurrucó contra el hueco de un árbol, el lodo empezó a acumularse en torno a sus pies, ella lo contempló sin ninguna expresión en su rostro, sentía que estar hundida en el barro describía a la perfección el estado de su cuerpo y su alma en esos momentos. Cayó en un sueño intranquilo, como si su cabeza no le diera siquiera la oportunidad de una noche sin pesadillas. Se volvía a ver a sí misma con la yukata blanca pidiéndole al hombre que soltara a Hanabi.
Patética, patética.
Y no era la voz de su padre sino su propia voz la que se burlaba de ella, volvió a verse de rodillas en el suelo, volvía a escuchar el sonido de su brazo quebrándose, el hueso tronchado como una vara seca y aquel dolor infinito que no era tanto físico como mental.
—¡Ah! —Abrió de golpe los ojos y lo vio, el cabello blanco cayendo por su rostro, casi rozando sus hombros, los curiosos ojos violetas y los dientes aserrados que se curvaban en una maligna sonrisa.
—¿Qué haces ahí? —Una enorme espada colgaba en su espalda.
—¿Qui-quien es usted? —Hinata pasó saliva encogiendo instintivamente los pies.
—Eso podría preguntarlo yo. —El muchacho colocó ambas manos en su cadera inclinándose hacía ella—. Voy yo caminando tranquilamente a medianoche por un bosque maldito con una tormenta encima cuando me encuentro a un hada del bosque gritando enterrada en un tronco.
—¿Ha-hada? —Sin entender Hinata parpadeó.
—¿Siempre tienes que tartamudear? —El muchacho rodó los ojos—. Es desagradable.
—Lo-lo siento…
—Ya vas de nuevo, —El joven arqueó una ceja—, la verdad pensaba en robarte pero para que estés durmiendo en un tronco creo que estás más quebrada que yo.
—Uhm. —Hinata no supo que más decir, era obvio que aquel chico era un ninja, de hecho creía haberlo visto antes en algún lado.
—Hozuki Suigetsu, un gusto, asesinatos, limonadas y noches de placer a la orden. —El joven sonrió extendiendo una mano, al instante Hinata se estremeció, ¿cómo no recordarlo?, era el chico que estaba en el libro Bingo al lado de Sasuke Uchiha antes de que Konoha volviera a aceptarlo en sus filas. —¿Qué pasa? —El joven parpadeó y ella finalmente extendió la mano para responder el gesto, más por la cortesía que se le había inculcado en el clan que por otra cosa.
—Hyuuga Hinata.
—¿Eres de Konoha, no? —El chico estiró de su mano poniéndola de pie para gran susto de la joven—. ¿Debería matarte?
—¿Po-por qué haría eso? —Su corazón dio un bote inesperado, aquel joven frente a ella era un asesino, ninja renegado y perseguido en todas las aldeas ninjas, enfrentarse a él era casi un suicidio.
—No sé, yo soy quien esta preguntando. —Suigetsu la recorrió de arriba abajo buscando algo que le incitara a acabar con ella, al final pareció no encontrar nada interesante—. No parece que estés en misión, ¿qué estas haciendo aquí? —Hinata pasó saliva bajando ligeramente la mirada, a los ninjas de Konoha se les inculcaba no dar información acerca de nada que incluyera a la aldea, pero ¿por qué se preocupaba por eso?, ¿no se suponía que había decidido separarse de su hogar?, ¿por qué las enseñanzas de sus maestros seguían repitiéndose en su mente?
—Yo… yo decidí dejar la aldea.
—¿Ah sí? —Suigetsu arqueó ambas cejas—. ¿Y eso por qué?
—Mi… mi hermana menor fue asesinada.
—Oh sí, golpe bajo. —Suigetsu se encogió de hombros—. No me lo digas, déjame adivinar, ¿venganza quizá? —Ante la facilidad con la que él había adivinado sus propósitos la chica enrojeció dándole la respuesta que esperaba—. Déjame decirte una cosa chica, —el joven de la Niebla ladeó ligeramente la cabeza dado que era bastante más alto que ella—, no parece que tú estés hecha precisamente para la venganza.
—Yo… —Hinata apretó los puños bajando ligeramente la cabeza, no necesitaba que él se lo dijera, lo sabía de antemano, lo que estaba haciendo no obedecía su propio raciocinio sino una promesa de la que era esclava.
—Se nota que eres una persona debilucha y dulce. —Suigetsu llevo la mano a la empuñadura de su espada—. Si tuviéramos un enfrentamiento ahora mismo, ¿quién crees que ganaría?
—U-usted, quizás…
—Es mi punto. —Suigetsu volvió a dejar caer el brazo—. Deberías volver a Konoha, para obtener una venganza lo que se necesita antes que nada es poder.
—He estado en Konoha dieciséis años… —Hinata apretó ambos puños—. Y no he conseguido poder.
—Oh bueno, —Suigetsu se pasó ambas manos tras la nuca—. Cada quien sus traumas, cuando era chiquitín mate a mis compañeros de academia en el examen final. —El joven pintó una mueca en su rostro—. Por cierto que uno de ellos me debía dinero.
—Su-Sugeitsu-san… —Sin querer ponerse a pensar demasiado en el humor negro que el joven destilaba Hinata se armó de valor para volver a hablarle—. ¿Por qué quiere que desista de… de mi deseo?
—Hum, —el joven colocó una mano bajo su barbilla—, supongo que sólo empecé a hablar, cada quien es libre de hacer lo que quiera, si deseas ir por venganza allá tú, no es mi asunto. —Encogiéndose de hombros el joven volvió a echar a andar pero Hinata lo sujetó por la playera—. ¿Ah? —Suigetsu parpadeó—. ¿Es que se te ofrece una limonada?, no pareces la clase de persona que quiera una noche de placer en el bosque, aunque igual y puedo cumplir fantasías extrañas. —Muy a su pesar Hinata enrojeció y negó con la cabeza—. ¿Entonces? —Él parecía curioso así que decidió abordarlo cuando ese sentimiento siguiera patente en sus ojos.
—Yo ne-necesito volverme más fuerte.
—Oh vaya, pues suerte con eso. —Los ojos violetas chispearon bajo la lluvia.
—De-déjeme ir con usted Suigetsu-san.
—A ver, déjame lo pienso. —El joven caviló dos segundos y luego giró a ella con los ojos entrecerrados—. No.
—¡Pe-pero…!
—Yo no hago de niñera, una vez tuve un equipo y cuando empezaba a creer que éramos amigos o alguna mierda así todos se largaron sin más.
—Yo, yo haré lo que usted quiera.
—Mira niña, —el joven arqueó ambas cejas aunque lo cierto es que eran de la misma edad—, una persona no debería hacer ofrecimientos como ese tan a la ligera.
—¡No lo estoy haciendo a la ligera! —Hinata sintió como su corazón se desbocaba, tenía miedo, últimamente ese era un sentimiento que se había repetido incontables veces, pero el recuerdo de Hanabi era más fuerte, la decisión que había tomado irrevocable.
—¿Ah si? —Suigetsu volvió a repasarla por entero con la mirada, Hinata deseó con toda el alma que él viera algo que le gustara, algo que lo incitara a llevarla con él, aunque de por sí sabía que no era llamativa en lo absoluto—. Mira, cuando me uní a Sasuke me puso una prueba el muy bastardo, ¿qué te parece?, te pongo una prueba y si la pasas nos vamos entendiendo.
—De acuerdo. —Se obligó a si misma a no tartamudear esta vez, no quería que él se arrepintiera en último momento.
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Naruto despertó con un enorme bostezo, debido a que la misión anterior había sido en extremo larga le habían dado unas mini vacaciones, pensó en ir a molestar a Sasuke pero en el último momento decidió mejor darse vuelta en la cama y abrazar la almohada, justo estaba soñando en un bol caliente de ramen cuando el sol empezó a entrar por la ventana dándole de lleno en la cara, ¡maldito fuera Sai por dejar abierta la ventana el día anterior!
Su amigo había llegado diciendo algo acerca de "captar la destrucción en su sentido más puro" y se había puesto a pintar el recibidor de su departamento, lejanamente Naruto pensó que quizás aquello debía ofenderlo de alguna forma, pero bueno, Sai le había llevado una sandia de regalo así que cuando había acabado de zampársela la idea de que debía estar molesto se había evaporado con las semillas que había lanzado desde su boca hasta el patio.
Debido a lo molesto del sol Naruto terminó levantándose pesadamente, con un suspiro hondo estiró ambos brazos al techo y luego se talló fuerte los ojos, cómo siempre encontró su cocina devastada, una de las razones por las que prefería asaltar los almuerzos de Sasuke, sujetó el cartón de leche entre sus manos y lo meneó en el aire, caducado, para no perder la costumbre.
Desganado se puso unas bermudas azules y una playera con gorro naranja y salió de su apartamento casi arrastrando los pies, a esas horas seguro que el borde de Sasuke se encontraba entrenando, Sakura en el hospital y Sai de misión, no tenía de otra que buscar por ahí un lugar para desayunar, Sakura le había dicho infinidad de veces que el ramen no era exactamente un buen almuerzo, pero a él no le importaba mucho lo que dijera sobre la salud la verdad, después de todo era en extremo raro que un ninja muriera de causas naturales o problemas de salud, la mayor de las veces era con una espada en el estomago o un jutsu por el culo, cómo diría Kakashi.
—¡Buenos días! —En cuanto entró al restaurante su ánimo mejoro considerablemente, nada como Ichiraku para volver a ser feliz, para su sorpresa se encontró con que Kiba ocupaba un asiento en la barra, los hombros echados hacía delante y una mala leche que se notaba desde que se ponía un pie dentro, de cualquier manera lo saludó con la efusividad de siempre—. ¡Kiba!, ¿qué haces?
—Comiendo, idiota. —Bien, aquello no había sido amable.
—¡¿A quien llamas idiota, idiota?
—Naruto, ¿empiezas con un especial de la casa? —Akane se asomó desde atrás de la barra antes de que aquellos siguieran con su discusión.
—¡Ah sí!, —concentrado en el ramen Naruto sonrió ampliamente pero luego giró la mirada nuevamente hacía el castaño—, ¿qué pulga te picó?
—¡Bah!, —Kiba meneó el vaso de agua en el aire—, es sólo que me tiene hasta la coronilla que nadie me diga que diablos pasa con Hinata.
—¿Aún no logras verla? —Naruto parpadeó, habían pasado ya tres días desde la reunión en el bar.
—No. —Kiba sorbió sus fideos aún con el ceño fruncido—. Ya ni siquiera sale nadie a decirme nada, simplemente no me dejan entrar o me dicen que por favor me vaya, por lo menos la primera vez Hiashi tuvo la decencia de correrme en persona.
—¿Hiashi es el padre de Hinata, verdad?
—¿Pero es que no sabes nada? —Kiba lo observó como quien ve a un caso perdido—. Ni porque es el clan más importante de la Hoja.
—Ya sabes que a mi no me gusta eso de los rangos y prestigio y esas cosas. —Naruto sujetó los palillos al ver llegar el primer plato de esa mañana.
—Pues deberías irte interesando si planeas ser Hokage. —Kiba arqueó una ceja y terminando su bol de ramen se levantó dejando el importe sobre la barra—. Si logras ver a Hinata dile que la estoy buscando.
—Entendido. —Naruto le guiñó un ojo y el castaño dio media vuelta para acto seguido salir del establecimiento. Naruto siguió comiendo su bol, aunque esta vez lentamente, se preguntaba donde estaba Hinata, desde que había vuelto de la misión no la había visto y si Kiba tampoco la había logrado encontrar eso sumaba cerca de seis días sin que nadie la viera, claro, eso tomando en cuenta que Kiba la había buscado desde que había llegado de su propia misión, podría ser que nadie la hubiera visto desde antes.
—Que extraño. —El rubio sorbió lentamente su ramen, igual y si iba a preguntar a la mansión Hyuuga alguien le daría razones, no por nada se había vuelto el héroe de Konoha, pero no había suficientes motivos para que de un momento a otro fuera a preguntar por la heredera Hyuuga.
Ciertamente las cosas entre ellos no estaban claras o mejor dicho, nunca se habían aclarado, desde la vez que ella había dicho amarlo ya había pasado un año, a lo largo de ese tiempo Naruto había tenido tiempo para pensar, para meditarlo, mentiría si decía que la amaba de vuelta, pero el hecho de saber de su amor lo había hecho inmensamente feliz, una felicidad que no sabía que existía.
Aún recordaba aquella vez cuando en medio de la guerra había ido a rescatarla, no lo había pensado, simplemente había corrido hacía ella mientras dejaba que sus clones se enfrentaran en otras batallas. No era tampoco que Hinata estuviera en un peligro mortal porque de no haber llegado él lo más seguro es que Kiba y Neji hubieran alcanzado a rescatarla, entonces, ¿por qué había ido?, la respuesta era bastante clara si la analizaba, lo cierto es que había querido, por una vez en la vida, ser el príncipe azul de la chica que decía amarlo, quería que ella lo viera fuerte y gallardo, tan confiable y honorable como no lo había sido nunca, como no lo había sido en los días de academia.
—¿De que te ríes Naruto? —Akane lo observó curiosa y él negó con la cabeza acabándose de golpe su tazón.
—No, de nada.
—¿Te sirvo otro?
—Me gustaría, pero tengo un par de cosas que hacer.
—¿De verdad te sientes bien Naruto?
—De maravilla. —El joven le hizo el signo de la victoria con los dedos y salió del establecimiento mucho más animado que cuando había entrado. Remoloneó un rato por la calle mientras la gente de los puestos lo saludaba y los niños de la academia le pedían autógrafos, convertirse en el héroe de Konoha le había dado muchas satisfacciones que jamás había sentido. Cuando era niño luchaba porque lo dejaran entrar a las tiendas y ahora todo mundo quería tenerlo con él, a veces aquello era capaz de ponerle una sonrisota en la cara, pero en otras ocasiones le fastidiaba un poco, suponía que así era como se sentía Sasuke de chico.
Sin tener un rumbo definido empezó a andar hacía los jardines, inconscientemente alejándose de la gente que lo asediaba, con sorpresa descubrió a Konohamaru parado frente a la piedra de los caídos, la bufanda ondeando en el viento y ambas manos en los bolsillos de su pantalón.
—¿Konohamaru? —Al instante el chico dio un respingo, Naruto temió haber interrumpido algún momento sentimental pero el muchachito giró a él con gesto sorprendido, sin rastros de lágrimas o cosa parecida.
—¿Naruto-niichan? —Sus ojos oscuros lo enfocaron—. ¿Qué haces aquí?
—Nada en realidad, —el rubio se pasó una mano tras la nuca sonriendo—, ¿y tu?
—Humm, —Konohamaru volvió a posar su atención en la piedra—, vine a ver de nuevo los nombres, supongo…
—Ah. —Naruto dio un par de pasos hacía la piedra, hasta quedar frente a ella, el mausoleo de los caídos, con delicadeza pasó la yema de los dedos por encima de los nombres de sus padres.
Minato Namikaze
Kushina Uzumaki
Una sonrisa suave apareció en su rostro recordando los pocos momentos que había logrado compartir con ellos. Konohamaru también sonrió de la misma manera, él también tenía sus propios muertos que recordar, pero pensar en ellos sólo le daba fuerzas para seguir adelante.
—Estoy un poco preocupado. —Konohamaru se meció en sus pies, de adelante hacía atrás.
—¿Y eso por que? —Naruto arqueó una ceja.
—Es porque hace ya más de un mes que Hanabi-chan no se presenta con su equipo. —Naruto pensó vagamente que ese nombre le sonaba.
—¿Es una amiga tuya?
—Bah, —Konohamaru hizo un mohín—, es una princesa fría. —Sin embargo desvió el rostro sonrojado, al instante Naruto se puso en su modo tonto picándole las costillas.
—Ya veo, ya veo, es tu chica. —Al instante levantó el dedo meñique.
—¡Que no! —El chico se cruzó de brazos muy ufano—. Es sólo que resulta extraño, para colmo su jounnin sensei ha dicho que le pondrá un reemplazo y no ha querido dar más explicaciones, también fui a su casa pero nadie me hizo caso. —El niño alzó la barbilla poniendo mala cara—. Ahora ni siquiera me sirvió ser el nieto del tercero.
—Oh. —Naruto le pasó un brazo por los hombros—. Hay cosas que ni la fama nos puede traer.
—Supongo…
—De cualquier forma si es tu chica deberías buscarla con más ahínco. —Naruto le dio un ligero golpe en la cabeza y Konohamaru se largó mascullando que en realidad era un tío imposible, que en primera no entendía cómo es que lo había nombrado su sensei en algún momento de su existencia.
El rubio sonrió ampliamente al verlo alejarse, Konohamaru había sido uno de los primeros en hacerlo sentir aceptado, aún recordaba aquella sonrisa chimuela de cuando lo había conocido, en aquel instante no sabía quien era más burro si él o el niño.
—No hemos cambiado mucho a fin de cuentas. —Pasando sus manos tras su nuca el joven sonrió, desde que había acabado la gran cuarta guerra ninja sentía que su vida y el mundo en sí había dado una vuelta entera, el odio seguía existiendo, pero ahora creía que los shinobis podían entenderse los unos a los otros, habían acabado con el poder oscuro que intentaba hacerse con el mundo, entraban a una nueva etapa más luminosa.
—¡Naruto! —Sorpresivamente escuchó la voz de Sakura y giró hacía ella parpadeando.
—Sakura-chan, pensé que te tocaba turno en el hospital. —Su amiga se paró frente a él apoyándose en sus rodillas por el esfuerzo.
—Ah, ah, —jadeó intentando recuperar el aire—, sí, tengo que volver, pero me he escapado un momento.
—Sakura-chan, —el rubio arqueó sugestivamente ambas cejas—, ¿acaso querías verme? —Como recompensa se ganó un golpe en la cabeza que auguró un chipote de rápido crecimiento—. ¡Outch!
—Claro que no, idiota. —La joven por fin pudo dejar de resoplar y se irguió colocando las manos en su cintura—. Lo que pasa es que descubrí algo extraño.
—¿Extraño? —A Naruto que aún le punzaba el golpe le pareció que sus palabras dejaban mucho que desear.
—Escucha, —Sakura giró a ambos lados para asegurarse que se encontraban solos—, Tsunade-sama me ha mandado llamar a su oficina, lo único que sucedía es que había tomado de más así que tuve que hacerme cargo de ella, ni porque es la Hokage, maldición. —La chica entrecerró los ojos mientras una vena empezaba a palpitar en su frente.
—Bueno, así es Oba-chan. —Naruto intentó quitarle hierro al asunto.
—La cuestión es, —Sakura volvió a recuperar el aire de misterio de antes—, como no podía irme y dejarla ahí medio desmayada me puse a acomodar sus papeles, ya sabes que las fichas con los nombres de todos los ninjas de la aldea se encuentran ahí.
—Hum, sí.
—¿Te acuerdas que en el bar dije que la ficha de Hinata se encontraba libre de misión?
—Sí. —Sus ojos azules centellearon, esta vez prestándole mayor atención a la conversación.
—Bueno, ahora que me he fijado no esta entre los ninjas que se supone están dentro de la aldea.
—¿Entonces si esta de misión?
—Ese es el asunto, tampoco esta entre los ninjas que salieron a misión.
—¿Entonces? —Naruto la observó perplejo.
—No sé. —Sakura se encogió de hombros—. Busque su ficha por todos lados, pero simplemente no la encontré.
—Kiba me dijo hace poco que nadie ha querido decirle nada de ella con los Hyuuga.
—Esto es muy raro. —Sakura frunció un poco el ceño y luego miró el cielo—. Es muy tarde, debo irme o me regañaran en el hospital. —La joven agitó una mano en el aire, dio media vuelta y hecho a correr, sólo hasta entonces al rubio se le ocurrió una última pregunta.
—¡Oye Sakura-chan!, ¡¿Por qué viniste hasta acá a decírmelo? —Hizo altavoz con las manos para que ella pudiera escucharlo, pero la joven contestó sin girar a verlo.
—¡Pensé que siendo tú te interesaría! —Y sin más se perdió en la siguiente calle, Naruto parpadeó ladeando la cabeza, bueno, si que le interesaba aunque no le hubiera entendido de todo a Sakura en cuanto a su última expresión se refería, ¿cómo que siendo él?
—En fin. —El joven meditó un momento su plan de acción, pero al final le ganó la exaltación, tomando en cuenta que una Hokage tomada no le diría gran cosa partió hacía la mansión Hyuuga, igual y le daban la patada como a Kiba, pero no perdía nada con intentarlo. Cuando estuvo frente a los inmensos portales empezó a sentirse nervioso, nunca había estado ahí y era un lugar realmente imponente, oh bueno, no se iba a echar para atrás, era Naruto Uzumaki ni más ni menos.
—Err, ¡hola! —Gritó con toda la fuerza de sus pulmones y por lo mismo se asustó lo indecible cuando Hiashi Hyuuga se apareció frente a él casi al instante, como si lo estuviera esperando.
—¿A que debemos el honor de tener a Uzumaki Naruto en el umbral de nuestra casa? —La voz fría le hizo al rubio preguntarse si en realidad era un honor o se estaba burlando de él, nunca había sido particularmente bueno con el sarcasmo y eso que Sasuke era un experto en el mismo.
—Eh, sí. —Por alguna razón se sintió un colegial preguntando por su novia al padre de la misma—. Me preguntaba si podía hablar con Hinata.
—Lo lamento pero ella no esta disponible.
—Humm, —el rubio carraspeó—, ¿cuándo lo estará?
—Quien sabe. —El patriarca lo observó con aquellos ojos sin interés, Naruto sintió un escalofrío, era como ver la mirada de Neji corregida y aumentada.
—Pero esta aquí, ¿cierto?
—Obviamente no "aquí", —Hiashi hizo énfasis en la palabra—, por lo menos no creo que éste bajo su zapato y tampoco bajo el mío. —Naruto boqueó de manera que parecía un pez fuera del agua, aquello había sido grosero pero no sabía como regresársela.
—¿Cuándo podré verla?
—Ciertamente el ojo blanco no se caracteriza por ver el futuro, joven héroe. —Naruto empezaba a irritarse, ahora entendía porque se había encontrado a Kiba tan cabreado por la mañana.
—Volveré mañana. —Sentenció de una manera que no daba pie a contradicciones.
—Lo estaremos esperando. —Hiashi se quedo ahí parado, las manos metidas en las largas mangas de su yukata y los brazos cruzados al frente. Naruto se alejó con muestras de estar realmente enfadado, pero en cuanto notó que Hiashi se alejaba de la puerta corrió y se pegó a la pared del complejo, se suponía que no debía usar su modo Sannin ni su modo Kyuubi a menos que se tratara de una emergencia, pero esa era una emergencia.
Colocó a un Naruto a tomar energía de la naturaleza, concentrándose en eso y no en Hinata, de lo contrario terminaría hecho un sapo y cuando tuvo el poder suficiente sus ojos se volvieron dorados, sintió el poder recorrerlo y en un instante repasó el chakra de todos los integrantes del complejo Hyuuga, pudo distinguir a Neji entrenando en los patios traseros, al parecer alguien vigilaba su desempeño, distinguió chicos correteando por los pasillos, algunas personas haciendo comida, otros que estudiaban, pero no encontró a Hinata por ningún lado.
—No esta. —Deshizo su transformación volviendo sus ojos a la normalidad, si antes estaba un poco preocupado ahora no tenía manera de nombrar al nuevo sentimiento que se alojaba en su pecho.
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—Escucha, —Suigetsu le susurró a Hinata, ambos estaban agazapados tras unos matorrales, Hinata sentía que la sangre le corría tan rápidamente que de un momento a otro caería desmayada—, si es cierto lo que me contaste no te importa que tu aldea no te vuelva a aceptar, ¿cierto?
—Sí. —Sus dedos se apretaron unos contra otros con fuerza, la verdad es que no quería pensar en eso, le hubiera gustado terminar con lo que iba a hacer y regresar a la aldea, aunque no hubiera nadie esperándola ahí.
—Entonces esta es mi condición, —Suigetsu señaló al frente, a donde dos Chunnin de la aldea de las Nubes estaban sentados en el suelo comiendo un tardío desayuno—, demuéstrame que no te importa nada, mátalos.
—Pe-pero… —Hinata observó a Suigetsu y luego volvió la mirada a los ninjas que no le habían hecho nada—. Konoha mantiene una alianza con las grandes naciones ninja y si yo…
—Pensé que ya no te importaba tu aldea. —Suigetsu se miró las uñas fingiendo un gran interés en las mismas.
—E-es que… —Hinata volvió nuevamente la vista a los ninjas frente a ella, simplemente no podía, no creía que asesinar gente inocente fuera la manera de llevar a cabo su venganza, ¿no desencadenaría eso una espiral de odio sin fin?
—Si no lo haces no te dejare ir conmigo. —Suigetsu arqueó ambas cejas—. Para graduarse en mi academia debías matar a los compañeros con los que habías estudiado por años, claro que de esa manera podías vengarte de uno o dos pesados. —El joven caviló un momento, una sonrisa traviesa apareciendo en su rostro.
—Pero… —Hinata volvió nuevamente la vista hacía los ninjas, en su interior se debatía el sentimiento de cumplir su misión y su natural tendencia a la bondad, de esa manera no ganaría nada, pero de cualquier modo no podía traicionar tan fácilmente sus principios.
—Ya lo dije, si no los matas no vienes conmigo. —Suigetsu se cruzó de brazos categórico, ella apretó los puños bajando la vista al suelo, era por demás, no podía hacerlo, se mordió el labio con fuerza, quizás estaba perdiendo una terriblemente grande oportunidad, pero no podía, simplemente…
—¿Quién anda ahí? —Uno de los Chunnin se levantó, un kunai en su mano, el otro se puso en guardia al instante. Por un momento Hinata sintió su cuerpo tensarse, pero al instante siguiente Suigetsu la tomó de una mano y se paró jalándola con él.
—¿Qué hay muchachos?, nosotros por aquí paseando.
—Hozuki Suigetsu. —Uno de los Chunnin murmuró, el kunai temblando ligeramente en su mano.
—Oh, no tendré que presentarme. —Suigetsu sonrió con todos sus dientes aserrados.
—Un Hyuuga. —El otro se fijó en los ojos de Hinata, en el protector colgando de su cuello.
—Bueno muchachos, dos opciones. —Suigetsu levantó dos dedos al tiempo que guiñaba un ojo—. Atacar y morir o correr y probablemente morir, personalmente me agrada más perseguir a la presa, ya saben, le pone emoción al asunto.
—¡Maldito! —Uno de los Chunnin se lanzó hacía delante apretando los dientes, el otro hizo una serie de sellos y al instante un rayo apareció en su mano, Hinata ni siquiera tuvo tiempo de analizar las cosas, el bombeo de su corazón le dejo bien a las claras que se encontraba en una pelea a muerte. Rápidamente se colocó en la posición clásica de combate de su familia, Suigetsu se disolvió en el suelo y el líquido viscoso en el que se había convertido reptó hasta alcanzar al tipo con un rayo en la mano.
—¡Junken! —Hinata no pudo seguirlo por más tiempo con la vista, su propio combate no resultaba muy favorecedor, no alcanzó a conectar el golpe y su oponente si que la lanzó de una feroz patada, sintió que el aire se escapaba de sus pulmones cuando se paró como pudo para esquivar un ataque de electricidad directo a su cabeza.
—¿Sabías que el agua conduce a la electricidad? —Suigetsu que se había enroscado alrededor de su oponente sonrió de manera bastante aterradora y luego colocó la mano convertida en agua sobre la mano de su oponente, al instante el rayo que se concentraba entre los dedos del Chunnin empezó a recorrer el cuerpo de Suigetsu y como consecuencia su propio cuerpo, el hombre lanzó un grito desgarrador antes de caer fulminado al suelo, Suigetsu también se dejo caer de sentón al suelo sacudiendo su cabeza, si que había sido una experiencia electrizante.
Giró distraído la cabeza y se encontró con que la chica se encontraba en problemas, el hombre la seguía con relámpagos en ambas manos, si no salía de esa no pensaba ni por asomo ayudarla, si no era capaz ni siquiera de vencer a un Chunnin no le serviría ni cómo entretenimiento.
Hinata boqueó una vez más intentando mantener la guardia, sentía la adrenalina recorrerla, no quería matar a esa persona, no quería hacerle daño, no había sido su intención, si Suigetsu no la hubiera jalado con ella ni siquiera habría sido capaz de enfrentarse a él.
El ninja volvió a golpearla, esta vez en el brazo que se había roto hacía poco, Hinata sintió como el dolor la recorría por entero, casi pudo escuchar crujir las porciones óseas aún sin acabar de pegar, o quizás volviendo a quebrarse.
Pero entonces cómo si se tratara de una película en reversa le vino a la mente todo, la sangre tibia, el rostro sin vida de su hermana, una noche de luna llena, un samurai que la miraba desde lo alto.
Patética, patética.
Y una promesa, una que no podía negar, una que tenía que cumplir, que se había fijado sin importar las consecuencias. Sus ojos se abrieron grandes cuando algo desconocido dentro de ella la empujo hacía delante, ni siquiera lo pensó, el kunai dio un giro en su muñeca antes de encontrar el sitio adecuado, hundiéndose en el estomago de su contrincante, la sangre empezó a surgir tibia, como la sangre de Hanabi, no es que no hubiera matado antes, es que era la primera vez que no era por una misión.
—Oh vaya. —Suigetsu se paró a su lado y arqueó una ceja—. No fue muy elegante, pero supongo que sirve. —El ninja aún respiraba, dificultosamente, agonizando—. Morirá dentro de poco. —El joven de la Niebla pronosticó cómo si estuviera hablando del tiempo.
—¿Entonces…? —Hinata intentó que la voz le saliera libre de emoción pero no pudo evitar estremecerse un poco.
—Bueno, el trato era que mataras a los dos, pero supongo que tuve un poco de culpa por emocionarme. —Pasando una mano por su cabello el joven giró a ver el cielo, hacía rato que el sol brillaba en lo alto—. Esta bien, te vienes conmigo.
—¿En serio?
—Podría ser interesante. —El joven arqueó ambas cejas—. Aunque desde ya que te quede claro que no somos "tú y yo", si te pasa algo te dejare tirada, ¿esta claro?
—Sí.
—No somos un equipo, pareja, compañeros o como quieras llamarlo.
—E-entendido.
—Sólo estoy interesado en ayudarte a encontrar al samurai ese porque aún recuerdo cómo nos patearon el trasero a Juugo y a mí, sería bueno regresarles la delicadeza.
—De acuerdo Suigetsu-san.
—Con Suigetsu esta bien. —El joven giró a verla con una ceja arqueada. —Somos de la edad, no me hagas ver viejo.
—¿Su-Suigetsu-kun?
—Nadie me ha llamado así antes. —El joven frunció un poco el ceño y colocó una mano bajo su barbilla, luego su mirada se iluminó—. ¡Sí!, me gusta.
—E-entonces Suigetsu-kun…
—Sí, ahora vamos a buscar agua que me muero de sed. —Pasando ambas manos tras su nuca el muchacho echó a andar de nuevo, Hinata lo siguió tratando de no mirar al hombre que dejaban muriendo tras ellos, no quería pensar en él, lo borraría de su mente, alejaría esos ojos oscuros y aquel cabello castaño, olvidaría esa piel morena haciendo contraste con la playera blanca bajo el chaleco.
Cuando ya ambos se encontraban muy lejos del claro los dos compañeros de los Chunnin de la Nube llegaron al sitio de reunión, asustados de ver la condición de sus camaradas corrieron hacía ellos, uno estaba muerto desde hacía tiempo, su cuerpo completamente frío, el otro sin embargo alcanzó a decir algo antes de dejar escapar su vida con un suspiro.
—Suigetsu… de la Niebla… un Hyuuga… de Konoha… una chica… familia principal. —Aquellas fueron sus últimas palabras pero para sus compañeros fueron suficientes, al parecer la aparente paz no podía durar demasiado al fin y al cabo.
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Notas de Okashira Janet: Tengo bastantes ideas para esta historia, así que aún no sé muy bien que camino va a tomar. Sé que a la mayoría le emocionó el ver a una Hinata oscura, pero paciencia que una persona no se llena de odio de la noche a la mañana, agradezco profundamente a:
Tsuki Tsuruga
Brujhah
Haruto-kun
Adlgutie
Jan di-chan
Ridesh
Haibara20
Ketty
Ratka
Mary Uchiha-sama
Maribelteka
Bella Uchija
Aio hyuga
Pao Uchiuga
Hinata-Tsuki
Espero ir contestando todas sus dudas conforme pase la trama, por ahora espero que les haya gustado la entrada de Suigetsu, deje unas pequeñas pistas difusas en este capitulo, a ver si alguien las encuentra, un beso Ciao
26 de Octubre del 2011 Miércoles
