ES MI PROMESA

Capitulo 5: Cielo escarlata

Por Okashira Janet

—¡Neji-niisan! —Con lentitud un pequeño Neji giró a donde una chica de apenas tres años corría hacía él.

—¿Sucede algo Hinata-sama? —Le habló con el respeto de siempre, pues así se lo habían inculcado, pero sus ojos sonrieron para ella.

—¡Mira el cielo! —Los ojos de la chica resplandecieron, por un momento en lugar de hacer lo que ella decía Neji contempló el tinte rojizo que brillaba en las pupilas claras de su prima.

—¿El cielo? —Finalmente levantó la cabeza para ver lo que ella le mostraba.

—¡Esta rojo!

—Hum. —Ciertamente lo estaba, como algo que lentamente moría.

—¿No es hermoso?

—¿Hermoso? —Confundido Neji volvió a verla, a él le parecía algo melancólico.

—E-es… —La pequeña jugueteó con sus dedos, siempre le costaba expresar sus sentimientos—. E-es de un brillante rojo…

—Es cegador. —Neji hizo visor con su mano, a lo lejos el sol se despedía estampando sus últimos rayos en el cielo nocturno que se preparaba para hacer aparición.

—Pe-pero… —Hinata bajó la mirada—. De-de alguna manera el corazón late, late muy rápido al verlo.

—Hum. —Neji volvió a levantar la mirada intentando encontrar lo que ella le mostraba pero que no podía ver.

—Co-como las flores cuando ha llovido, co-como las rosas cuando el día muere…

—Había una canción acerca de algo como esto. —Neji se sentó en el pasto, Hinata se sentó a su lado sonrojándose furiosamente—. ¿Usted la conoce?

—Uh-uh, cre-creo que sí, pe-pero…

—¿Podrías cantarla? —Al instante Neji se sonrojó, la había tuteado sin querer, con aprehensión giró la mirada a todos lados, le reñirían si se daban cuenta de la manera en que se comportaba con su protegida.

E-ese cielo escarlata…—Hinata empezó a cantar muy despacito, era una vocecita dulce de una niña pequeña, Neji la miró con toda la ternura que podía entregar a otra persona a su escasa edad—… de un brillante rojo cegador, yo sé que dentro de ti lo puedes recordar… —Cerrando los ojos Neji se acostó a su lado, con el viento meciendo el pasto bajo sus dedos, con su prima cantando a su lado, arrullándolo— Arropados por el viento prometimos juntos siempre estar, unidos en una hermandad. —Sin abrir los ojos Neji buscó la mano de su prima, al poder estrecharla con la suya sintió como Hinata se encogía sobre si misma, era demasiado tímida.

—Hinata-sama, la voy a proteger por siempre.

—¿Po-por siempre?

—Sí.

—Si-siempre vamos a estar juntos, ¿ve-verdad?

—Sí.

Con lentitud Neji abrió los ojos, sus labios estaban dolorosamente resecos.

Ese cielo escarlata, de un brillante rojo cegador, dime que no has olvidado su bello color. —Era la misma canción, pero no era la dulce voz de su prima la que la cantaba.

—¿Podrías callarte? —Sasuke gruñó sacudiendo la cabeza.

—¡Yo canto lo que se me da en gana! —Karin le lanzó una cuchara de metal que el ex vengador pudo esquivar apenas por los pelos.

—Ya están peleando. —Naruto soltó un suspiro cansado—. ¿Tan temprano?

—Me ha despertado con sus chillidos. —Sasuke frunció el ceño poniéndose de pie.

—Eres idiota. —Karin colocó una mano en su cintura—. Ni siquiera estaba cantando fuerte.

—También despertaste al Hyuuga con tus graznidos, ¿cierto Hyuuga? —Pero Neji no respondió, en su mente seguía recordando aquella escena de su infancia, aquella canción que se había vuelto tan dolorosa. Seguramente había soñado con eso porque aquella mujer la estaba cantando y en algún lugar de su alma dolía…

—Oii Neji, —Naruto agitó una mano frente a él—, ¿no te sientes bien?

—¿No podrían usar los nombres clave que nos dieron? —Neji agitó su cabeza intentando apartar aquellos melancólicos recuerdos.

—Hasta acabado de despertar ya estas de gruñón. —Naruto saltó hacía atrás entrecerrando un poco los ojos, pero al instante siguiente se dio cuenta de que había algo extraño en la expresión del castaño—. Hey, ¿de verdad estas bien?

—Sí. —Neji se cubrió el rostro con una mano—. Voy a mojarme la cara.

—Yo también voy. —Sasuke gruñó de cualquier manera, no quería quedarse con una Karin enfurruñada de buena mañana, que se hiciera cargo Naruto que tenía basta experiencia con mujeres maniacas.

Ambos hombres caminaron al río sin mediar palabra, sin embargo no fue difícil para Sasuke darse cuenta de que su compañero lucía perturbado, en cualquier otra ocasión no le hubiera prestado atención, pero debía admitir que de entre las pocas personas que le parecían interesantes en cuanto a sus capacidades podía mencionar al genio Hyuuga.

—¿Malos sueños? —Le preguntó al descuido, también él los tenía, con sus padres, con Itachi, con el baño de sangre que había sido su infancia.

—No… —El castaño titubeó—. No del todo…

—Oh. —Iba a indagar más pero decidió dejarlo—. Maldita Karin, despertarnos de tan buena mañana con sus chillidos. —No esperaba que Neji le contestara, pero hubo un brillo en su mirada al agacharse a recoger agua que le indicó que había dado justo en el blanco—. ¿Fue la canción?

—Hinata-sama la cantaba.

—Oh. —Sasuke observó a su compañero de reojo, hasta el momento no le había prestado verdadera atención a la misión, sobre todo porque estaba seguro de que Naruto lo acabaría liando todo. Pero suponía que estar en el lugar de Neji… de hecho él había tenido ese lugar en el pasado, obligado a matar a Itachi, sangre de su sangre…

—¿Regresamos?

—Sí. —El Uchiha se echó agua de cualquier manera en la cara y dio media vuelta tras el castaño.

Mientras tanto en el campamento Naruto se ocupaba en guardar las tiendas dentro de la mochila mientras Karin preparaba el frugal almuerzo, seguía cantando en voz baja de mejor humor que antes, después de todo no tenía que fingir su humor espantoso cuando estaba sólo con el rubio.

Mi sonrisa la tengo que forzar, para esconder mi tristeza interior, por eso lo intento ignorar gritando de felicidad.

—Oye, —Naruto aguanto un escalofrío—, esa canción es muy triste.

—Jo. —La pelirroja arqueó una ceja presta a decir alguna barbaridad, pero luego volvió a relajarse, siempre la tranquilizaba ese chakra tan calido—. Pues lo siento, pero no había gran variedad sirviendo a Orochimaru, ¿qué cantabas tú?

—¿Yo? —El rubio se señaló a si mismo.

—¿Nadie te canto alguna vez?

—No que yo recuerde.

—Vaya niño triste. —Karin se miró las uñas.

—¡Oye!

—No es como si a mí mi mami me cantara. —Karin se echó el cabello hacía la espalda con un gesto petulante—. Pero había alguna gente extraña en las celdas de Orochimaru que lo hacían.

—¿Tu eras la celadora de una guarida cierto? —Naruto por fin logró guardar las campiñas en la mochila y se secó el sudor de la frente con gesto apremiante.

—Algo así. —La pelirroja arqueó ambas cejas.

—Debió haber sido duro. —Karin giró a verlo por encima de sus gafas, ese chico era así, a veces decía cosas que en los demás calaban duro de una manera demasiado simple.

—Ni tanto. —Aunque ella no era ni por asomo la clase de persona que iba por la vida quejándose de su pasado.

—¡Oh bien! —Naruto estaba por agregar otra cosa cuando vio que sus dos compañeros se acercaban de vuelta, los dos lucían serios, pero por lo menos no parecía que Neji fuera a desmayarse de un momento a otro.

—Traguen. —Karin les arrojó a ambos una lata, ninguno se quejó por la violencia, aunque ciertamente no estaban acostumbrados a que una chica pasara de tal manera de ellos.

De alguna manera a Naruto le caía bien por no andar tras Sasuke como perrito moviendo el rabo como el resto de las chicas, pero suponía que había ahí mucho de lo que él desconocía.

—¿Y bien? —La pelirroja se sentó sobre una roca arqueando ambas cejas—. ¿A dónde vamos?

—A la aldea del Remolino. —Sasuke medio gruñó en respuesta mientras se pasaba de cualquier modo el contenido de la lata, no es que Karin fuera una gran cocinera tampoco, seguro solo estaba un poco por encima del eminente peligro por intoxicación que podía producir la comida de Sakura.

—Pensé que esa aldea había desaparecido. —Neji acotó lentamente.

—¡Sí! —Naruto saltó como disparado—. Esa era… —"La aldea de mi madre" iba a añadir, pero por alguna razón las palabras murieron en su garganta.

—No es la original. —Sasuke se rascó al descuido la nuca—. Es una aldea de reciente confección.

—¿De donde ha salido? —Karin frunció un poco el ceño.

—Es una aldea de maleantes al parecer. —Sasuke arqueó una ceja terminando por fin de tragar su nauseabundo desayuno—. Como una burla a la antigua aldea de los Uzumaki, por lo menos algo así he escuchado.

—Es probable que se encuentren ahí, esta cerca del último lugar donde los vieron. —Karin acomodó sus gafas sin notar que Naruto apretaba los puños, que se burlaran de la aldea de su madre era una verdadera ofensa. Sasuke por su parte giró a ver disimuladamente a la chica del escuadrón, seguramente Karin estaba tan quitada de la pena porque no sabía que ella misma pertenecía a ese clan. De hecho de no ser porque Kabuto se lo había confesado en su pelea él mismo jamás lo hubiera imaginado.

—Busquémoslos. —Sasuke metió la lata en su mochila. Todos asintieron con la cabeza.

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—Ey nena. —Hinata alzó la mirada, su compañero estaba balanceando una bolsa con alimentos enfrente de ella—. ¿Cómo estas?

—Mejor. —Lentamente Hinata bajó los pies de la cama, se había tardado una eternidad en que le sanaran las heridas y sinceramente aún no estaba en condiciones de un enfrentamiento, pero no parecía como si Suigetsu tuviera mucha prisa a ser sincera.

—Que bueno. —El joven se sentó a su lado, las piernas abiertas y las manos apoyadas en medio—. Porque me han dicho que los de Konoha ya están aquí.

—¿Aquí donde? —Incluso ella misma se sorprendió de su voz aparentemente sin sentimiento, quizás y era cierto eso de que llegado a un punto de miseria la mente se negaba a seguir deleitándose en el dolor.

—Sólo sé que están rondando por la aldea, ¿a que no adivinas?

—¿Qué? —Tratando de reprimir una mueca alcanzó la bolsa que su compañero tenía sobre las rodillas, de verdad tenía hambre.

—¡Oye!, ya casi no tartamudeas.

—Me duele el estomago cuando lo hago. —Contestó apenas con un susurro, era cierto, desde que había estado a punto de morir no es que fuera uno de sus hobby el andar hablando, de hecho nunca lo había sido, pero ahora tenía que quitar obligatoriamente el tartamudeo que la hacía sofocarse más.

—Anda y yo que creía que habías avanzado por tu propio pie. —Con un suspiro Suigetsu colocó las manos tras su nuca y se dejo caer en la cama cerrando los ojos.

—Siento no ser tan rápida Suigetsu-kun. —En otra ocasión, en otro tiempo le habría sonreído dulcemente, pero en ese instante sólo se concentro en abrir lentamente el envoltorio que tenía en la mano.

—Ni que hacerle…

—¿Qué era lo que no adivinaba?

—¡Ah sí!, —el muchacho se reincorporo de golpe pegando escandalosamente su rostro con el de ella, sin embargo la chica no se sonrojo, consecuencias de perder casi la mitad de su sangre suponía…—, el escuadrón que han mandado es uno de elite.

—¿De elite? —La mano le quedo floja en el aire, sus ojos se abrieron con espanto.

—Cazadores.

—¿Po-por qué mandarían cazadores? —El tartamudeo involuntario le provocó una mueca de dolor.

—Supongo que por el apellido, los ojos y todo eso, bueno, creía que era por eso, ¿pero a que no sabes qué? —Los ojos de Suigetsu chispearon—. ¡Las recompensas aumentaron!

—¡Oh! —El jadeo desconsolado de Hinata no pareció afectarle demasiado.

—Tengo cien mil y tú creo que unos veinte.

—¿Po-por qué? —Y ahí iba a tartamudear de nuevo, de verdad que debía ser masoquista, del dolor tuvo que sostenerse el estomago.

—Debe ser porque nos enfrentamos con Darui, nadie sabe en realidad lo mal parados que salimos, sólo que matamos a su escuadrón, así que ya ves… —Suigetsu se dejo caer soñador sobre el colchón, las recompensas atraían a las chicas.

Hinata giró a verlo por un momento, había sido una suerte que se encontrara a esa clase de chico en su camino, la clase de persona que no parecía valorar correctamente la vida y se lanzaba a las malas por el camino. Ninguna otra persona hubiera aceptado seguirla en una empresa tan increíblemente mal planeada y riesgosa.

Con lentitud empezó a comer lo que su compañero le había llevado, había pasado todo su tiempo de recuperación comiendo comida instantánea, creía que ya era capaz de distinguir todos los empaques de ramen por marcas, color y textura.

Extrañaba un poco su comida casera, pero si al principio no podía pararse dudaba mucho que hubiera podido hacer algo con un sartén y fuego.

—Tenemos dinero por el tipo que vendimos. —Suigetsu se estiró completamente en la cama—. Nos ira bien por un tiempo así que, ¿algún plan? —Hinata giró a verlo de reojo, en toda su vida los planes no eran creados por ella sino por alguien más capaz e inteligente, ella siempre era el soldado al punto que cumplía las ordenes sin chistar. Decididamente esa situación había cambiado tomando en cuenta el destino que se había impuesto a si misma, así que por más miedo que tuviera tenía que abrir la boca y hablar.

—Por el momento no puedo enfrentarme a los de Konoha… —Sus ojos claros parecieron perderse en algún punto de la pared—. A nadie en realidad.

—Knock out. —Suigetsu ondeó una mano en el aire.

—Podríamos seguir escondiéndonos o tratar de escapar sin ser vistos.

—O podríamos intentar lo primero y si no se puede salir por patas con lo segundo.

—Eso suena mejor. —Lentamente Hinata siguió comiendo, sin poner mucha atención volvió a recorrer con la mirada el lugar donde se encontraba, no era ni por asomo un hospital, de hecho parecía una vieja alcantarilla que en cualquier momento fuera a caer sobre su cabeza, la lámpara se balanceaba de manera errática por encima de ellos, era en todo el sentido de la palabra un nido de ratas.

Se sonrió melancólicamente pensando en el pasado, en que había sido Hinata Hyuuga la princesa de cristal rodeada de comodidades y refinamiento. Aunque había sido una kunoichi lo cierto es que nunca se había enfrentado a situaciones como la presente. Su vida había sido básicamente servir como ninja de rastreo, siempre alejada de los peligros reales y de la podredumbre circundante.

Incluso cuando habían estado en plena guerra Neji siempre había estado lado a lado con ella, protegiendo con su amplia espalda de genio su debilidad de heredera.

—¡Oh mira!, —Suigetsu arrojó un poco de agua contra la pared—, una cucaracha. —Hinata apenas le lanzó una mirada de reojo, en aquel lugar había tantas alimañas que ya había pasado completamente de sobresaltarse cada que aparecía una nueva. Con cansancio dejo la mitad de su comida sobre un sucio buró y se recostó a un lado de Suigetsu, él no dijo nada, llevaban varias noches durmiendo así.

—Oye nena, —aunque él no era la clase de tipo que guardaba silencio por mucho tiempo—, ¿tienes idea de ha quien han mandado?

—No. —Hinata cerró los ojos—. Pero si son Cazadores serán un problema. —Cualquier ANBU de Konoha podía ser un cazador, era realmente frustrante que enviaran una fuerza como esa tras una chica como ella, lo único que hacía la aldea era ponerle más trabas a su camino.

—Sí que lo serán. —Suigetsu se colocó de pie de un salto—. Voy a dar una vuelta por ahí, ¿y tú?

—Más tarde. —Hinata miró sin aparente interés la lámpara que seguía balanceándose llenando de sombras la habitación.

—Ok. —Suigetsu le guiñó un ojo—. Te espero afuera.

—Bien. —El chico salió y Hinata volvió a mirar el techo, pensar en Neji le había traído el recuerdo de una canción lejana a la mente.

Ese cielo escarlata…

Tarareo un parte de la canción en su mente y luego sonrió, pero no era una sonrisa como las de antes, no, porque ella no volvería a ser la de antes, porque pasaría por encima de quien fuera para lograr lo que se había propuesto.

Esperando siempre estoy, sentado hasta anochecer tan sólo por saber, noches enteras por ti, también amaneceres sufrí, no sabes lo que me has hecho pasar.

Suigetsu corrió afuera del edificio donde se escondía con Hinata, no es que no estuviera acostumbrado a lugares como aquel, pero ciertamente ese en especial tenía un cierto aire deprimente.

Además no olía precisamente a rosas.

—¡Ey! —Saludo a unos tipos que subían con manchas de sangre en la ropa quienes sólo le dirigieron una mirada de reconocimiento. La noticia del aumento de su recompensa había corrido como pólvora, los débiles se apartaban de él pero para otros sólo se había convertido en un pez gordo. Ahora ya no sólo tenía que preocuparse por los que venían por los ojos de su compañera, sino por los que lo seguían por sus propios meritos.

—Ni modo. —Dejo escapar con un suspiro y se volvió agua casi a unos centímetros de alcanzar la puerta, la verdad le desagradaba un poquitín andarse arrastrando por el suelo, pero tampoco era cosa de que le cayera encima un Cazador apenas salir a tomar la luz del sol.

Sólo hasta que estuvo seguro de que no había nadie sospechoso por ahí volvió a materializarse en su maravillosa persona.

—Ya me hacía falta salir. —Con un suspiro alegre extendió ambas manos al cielo y justo en ese instante se dio cuenta de que la había cagado.

—Así que estabas aquí. —Y no pensó que fuera a escuchar esa voz tan pronto…

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—Ey Sasuke.

—Usa los nombres clave zopenco. —El Uchiha gruñó exasperado, no podían ir todos juntos por ahí sin darse a notar, pero por lo menos había decidido quedarse al lado del idiota de Naruto para que no le saliera con que había hecho una burrada.

—¿Cuál era el tuyo?

—Cuervo.

—Debió haber sido Hebi… —Naruto susurró por lo bajo, pero fue suficiente para que Sasuke lo fulminara con la mirada.

—Y el tuyo debió haber sido ramen.

—No suena tan mal. —El rubio iba a empezar a divagar sobre el asunto, pero tuvo que esconderse cuando un par de maleantes empezaron a darse bajo de ellos, realmente aquel lugar era sorprendente, apenas habían estado un par de horas y ya se habían atizado como cinco veces frente a ellos. Realmente le sentaba mal que hubiesen usado el nombre de la aldea de su madre para fundar un lugar así.

—Aka nos dijo que nos avisaría si es que los sentía.

—¿Quién es Aka? —De verdad un caso perdido.

—Cuidado. —Sasuke colocó una mano frente a él, Naruto giró a ver como los tipos de abajo empezaban a lanzarse shurikens, ¿de verdad Hinata estaría en un lugar como ese?, cada vez lo veía menos probable.

—Esto es estupido. —El rubio se cruzó de brazos, la mascara le daba calor y el complicado uniforme de Cazador (por muy bien equipado que estuviera) no se comparaba con la libertad de su chaqueta naranja.

—Fuiste tú quien chilló que quería venir. —Sasuke replicó con simpleza.

—Hinata-chan no puede estar aquí. —El joven miró el cielo, parecía que dentro de nada se pondría a llover, el firmamento se estaba poniendo naranja.

—Últimamente creo que hablas de esa chica como si supieras mucho sobre ella. —Sasuke le mandó una mirada oblicua.

—¡Hinata-chan es una persona buena y amable!, —el rubio apretó los puños—, no sé que es lo que esta ocurriendo, pero ella no podría ser capaz de…

—Dime otra cosa. —Sasuke lo cortó en seco—. ¿Por qué estas tan preocupado por ella?

—¿No es obvio?, —en los ojos del joven se leyó la seriedad—, es una buena amiga y…

—¿Harías esto por cualquier amigo?

—¡Por supuesto!, —el rubio saltó con brios—, porque de verdad aprecio a mis amigos y…

—En tal caso no creo que puedas con esto. —Sasuke giró a ver el cielo.

—¿Qué? —Sin entender Naruto lo miró fijamente.

—Quiero decir que no vas a llegar al corazón de esa chica diciendo que la vas a rescatar como harías con cualquiera de tus amigos, ella no te va a oír.

—¡¿Pero que dices? —Inconscientemente el rubio apretó los puños—. ¡Tú no conoces a Hinata-chan!

—Pero conozco la oscuridad. —Los ojos de Sasuke se volvieron turbios—. Ningún lazo tan débil como el que estas demostrando te salva de la oscuridad.

—Tú y Hinata-chan no tienen nada en común. —Resentido Naruto se recargó contra la pared tras su espalda—. Hinata es una chica buena y comprensible, estoy seguro de que si se le da la oportunidad todo este asunto quedara aclarado. —Sasuke simplemente giró a verlo de reojo, podría haber seguido insistiendo pero sabía que no serviría de nada, Naruto era estupido y obstinado por naturaleza, habían sido esas cualidades las que lo habían vuelto su amigo, no cambiaría por más que le hablara, de hecho dudaba mucho que su ideología cambiara así esa chica le diera una patada en la cara.

—Jum. —El Uchiha sonrió con ironía.

—¿Y ahora que?

—Nada, sólo que eres un idiota-

—¡¿Qué has dicho?

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—Así que si estaban aquí.

—Para ser una ninja rastreadora te has tardado un pelo en encontrarnos, ¿no crees? —Suigetsu curvó las comisuras de su boca hacía arriba, una mano en su cadera y los ojos chispeantes que auguraban malas palabras como mínimo.

—Tú sigues siendo un idiota. —Karin colocó ambas manos en su cintura, hacía tiempo que no veía a Suigetsu, se había puesto unos centímetros más alto y el cabello le había crecido considerablemente, en algún otro momento hubiera pensado que se vería incluso peor, pero lo cierto es que se le acomodaba muy bien.

—¿Así que te volviste un perro de la aldea que te atrapo, cierto zanahoria?

—Mucho mejor a rebotar de un lado a otro como cierta persona. —La chica arqueó una ceja, aunque supuso que con el rostro escondido tras la mascara no daría ningún aspecto en realidad.

—¡Oh!, —el chico alzó ambas manos—, discúlpame por no poder soltar tus falsas lágrimas de cocodrilo o tener un amigo idiota que interviniera por mí.

—Cada quien se salva como puede. —La pelirroja dejo resbalar una mano por el costado de su cuerpo, hablar con Suigetsu siempre la cabreaba, sonaba como que lo habían dejado tirado (y bien que lo hubiera podido hacer sin peso de consciencia), pero había sido él quien no había pedido clemencia.

—Claro, eso siempre ha funcionado bien en nuestro grupo. —El joven pareció escupir con desprecio, por un momento le dio la impresión de que estaba dolido, pero deshecho rápidamente el pensamiento, era el estupido dientes de tiburón después de todo.

—¿Qué quieres? —Finalmente le gruñó molesta.

—¿Qué quieres tú?, —el joven contraatacó—, eres tú quien esta frente a mi con ese ridículo uniforme.

—¿Dónde esta la chica?

—¿La nena? —Fue instantáneo, una patada voló sobre su cara, pero su cuerpo se hizo agua antes de que pudiera hacer contacto del todo—. ¿Estas celosa?

—Cállate. —Pero no había ningún tono de chanza en ninguno de los dos. Sus ojos se analizaban fríamente.

—¿Quién más esta contigo?

—¿Por qué habría de decírtelo?

—Estas aquí sola. —Suigetsu replicó con calma—. Y ambos sabemos que podría deshacerme de ti con los ojos cerrados.

—¿Por qué no lo haces?

—Podría hacerlo. —De un violento movimiento arrancó la mascara de su rostro, por un momento sólo fueron ojos rojos contra ojos violetas, tan cerca que podían escuchar sus respiraciones.

—Pues no parece que estés por la labor. —Finalmente Karin retrocedió un paso.

—¿Por qué has venido sola? —Su voz fue mortalmente seria, ella tuvo que morderse el labio.

—¿Cómo sabes que no hay…?

—Estas sola. —Aquello no dejaba lugar a replicas—. ¿Por qué?

—¿Qué te importa? —Sus dientes chirriaron. Cuando aún formaban parte de un equipo con Sasuke sus conversaciones siempre fueron de ese estilo, gritos, golpes, chirridos y maldiciones de ambas partes, pero ahora era diferente, como si las niñerías de antes se hubieran evaporado y sólo quedara la rabia propia del estado adulto.

Era tan diferente que parecía como si las palabras fueran capaces de cortar el aire.

—Eres imposible. —Los ojos del joven la observaron fijamente, como si la luz de sus ojos se hubiera ido a otro lado y estuviera siendo observada por un contenedor vacío.

—¡Tú eres el imposible! —Chilló porque nunca había tenido otra manera de comunicarse con él, no conocía otra forma.

—No me voy a dejar atrapar fácilmente. —Lentamente tomó un mechón de su largo cabello rojo y lo apretó entre sus dedos—. No esta vez.

—No es como si tuvieras escapatoria. —Karin se cruzó de brazos, incomoda por la mirada desenfocada de aquellas orbes moradas.

—¿Vas a matarme?

—Lo haría si pudiera. —La chica apretó los dientes.

—Oh claro. —Con lentitud él la soltó—. Pero no puedes. —La pelirroja tuvo que morderse la lengua para no hablar, cierto, era más débil que él, siempre lo había sido, pero no era por eso, era simplemente que no podía, no a él.

—Eres un condenado engorro con esa capacidad de distinguir el chakra, yo si que debería matarte. —Antes de que pudiera siquiera intentar defenderse Suigetsu ya la había sujetado por el cuello, su mano grande de hombre casi rodeándola por entero. Apenas apretó un poco, lo suficiente para que sus ojos rojos se abrieran con espanto, pero casi al instante la soltó con una sonrisa gastada, una de esas que surgía rasposa desde la garganta.

—Pero yo si que no puedo, que mierda. —Acto seguido dio media vuelta y metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón.

—¿Por qué me das la espalda? —Karin saltó al instante.

—No puedes tocarme zanahoria. —Él contestó con simpleza y echó a andar. Ella simplemente apretó los labios, quería gritarle y reñirle y zarandearlo hasta la muerte, pero no podía, porque realmente no podía tocarlo y de alguna manera su espalda ya no era la espalda del niño que se divertía a su costa, era la espalda del hombre que de alguna manera y de algún modo había dejado marchar.

—Idiota. —Y no supo si aquello iba para ella o para él o quizás fuera para los dos, a fin de cuentas su mundo siempre había girado en plural.

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Neji caminó lentamente hacía ella, no podía equivocarse, se lo decía aquel cabello largo con tintes azules que se mecía lentamente ante el fresco cielo de un temprano anochecer.

Estaba de espaldas a él pero no era necesario que se diera la vuelta para confirmarlo, se le veía más delgada y su ropa estaba gastada como si hubiesen pasado años desde que la traía puesta.

—Hinata-sama… —Automaticamente se quito la máscara. Estaban apenas a unos cuantos metros. Muchas veces se había preguntado que era lo que haría cuando estuviera frente a ella, ¿qué haría cuando por fin la encontrara?, ahora lo sabía, no podía hacerlo, la amaba demasiado, la había amado desde siempre, la amaba incluso más que a la aldea, más que a su deber, más que lo que había sido su destino.

—Neji-niisan, —ella habló aún sin girar a verlo—, ¿te acuerdas de esa canción?

—¿Canción? —Aturdido él sólo pudo contemplarla.

—Hoy el cielo esta escarlata. —Ambos giraron automáticamente a ver el cielo que se había teñido de rojo, sin venir a cuento el joven sintió un escalofrío, ellos habían estado pensando en el mismo momento, en la misma triste canción.

—Hinata-sama…

—¿Quién te ha enviado? —Lentamente su prima se giró para darle la cara, para él fue como si lo hubieran golpeado, sus calidos ojos claros no lucían más que como dos esferas sin color que se posaran en él solo porque tenían que mirar a algún lado y no porqué le prestara verdadera atención en realidad.

Su rostro estaba pálido, sin los sonrojos que le eran comunes, incluso su voz parecía haber cambiado.

—Hinata-sama, ¿Quién…?

—¿Acaso quieren matarte?

—¿Qué? —La pregunta tuvo la cualidad de aturdirlo.

—¿No lo recuerdas Nii-san? —Hinata dio un paso hacía él—. Yo puedo matarte.

—¿Hinata-sama?

—Sin pestañear. —No podía ser, aquella mujer con los hombros cansados y la mirada endurecida no podía ser su dulce prima, aquella mujer con voz fatigada que hablaba sin tartamudear no podía… Como golpe cayó en cuenta de algo que hasta el momento había pasado por alto. ¡El sello!

—Ya te has dado cuenta. —Hinata apenas lo miró cuando leyó en sus ojos el reconocimiento—. No creía que en Konoha fueran tan idiotas de pasarlo por alto.

—Ellos…

—¿Fue la Hokage?, quizás fue mi padre, ¿pensaron que no lo utilizaría contra ti?

—¿Lo usaría? —La voz le salió más firme de lo que hubiera planeado.

—¿Qué vas a hacer Nii-san? —De nada valía que usara aquel nombre si lo veía de ese modo, como si en realidad no hubiera nadie enfrente.

—¿Por qué esta haciendo esto?

—¿No lo sabes?

—¿Por qué habría de saberlo? —El joven apretó los puños, quería tocarla, quería abrazar esos frágiles hombros y ser su escudo como se lo había prometido un día, pero por alguna razón aquello no parecía posible.

—Cierto, ¿por qué? —La joven lo miró fijamente y por un momento fue como si el tiempo se detuviera y regresaran a una historia lejana, a los días en que se querían sin ponerle nombre al sentimiento, de cuando se amaban de la misma fraternal forma y juraron estar juntos para siempre.

—Hinata-sama. —En un impulso juntó su delgado cuerpo contra el suyo, ¡estaba tan maltrecho!, había perdido peso de una manera alarmante y la manera en que había trastabillado antes de estamparse contra su pecho hablaba de su debilidad, ¿cómo podían las aldeas ninjas estar persiguiéndola?, ¿cómo podía ser posible que su recompensa hubiera ascendido?

—Neji… —Por un momento cerró los ojos, sabía que sería demasiado fácil, demasiado simple perderse en el calor de Neji y dejar que él la protegiera como siempre, demasiado sencillo llorar y decir que no quería hacerlo, que no había querido hacerlo.

El calor de su primo la tentaba a dejar su palabra y su promesa de lado, si se dejaba perder en los brazos de Neji no podría seguir adelante.

—No entiendo que esta pasando, pero no puedo hacerle daño, yo jure ser su guardián, usted es mi Hinata-sama. —El aire se estampó con fuerza contra ellos, Hinata tuvo que apretar sus manos para obligarlas a no resbalar hasta el cuerpo de su primo y aferrarse a él. No podía seguir dependiendo de los demás, no podía arrastrar a nadie más por su oscuro camino.

—Yo ya no soy nada tuyo. —Lentamente le colocó las manos en el pecho y lo apartó de ella.

—¡Pero…!

—¿No lo entiendes Neji? —Sus ojos duros se clavaron en los de él—. Tú misión es matarme y si te atraviesas en mi camino te matare.

—¡Hinata-sama no…!

—¡Ya no soy la niña tonta que cuidabas! —La herida del estomago le dolió con el grito, pero no podía doblegarse, no cuando se trataba de Neji, no cuando aún tenía el poder de doblarla—. Podrás ser un genio, pero yo puedo acabar con tu vida con el pensamiento.

—Hinata-sama…

—¿Recuerdas la canción cierto?, —por un momento aquellos ojos vacíos lo hicieron estremecer, como si ninguna alma los habitara—, estoy rompiendo mi promesa contigo, ya nada nos ata contra el otro.

—¿Por qué? —Neji apretó los puños—. No puede simplemente echarme sin darme una razón.

—No estas en posición de pedir nada. —No había crueldad en sus ojos, no había maldad siquiera, era solo una mirada cansada, una voz decidida y un cuerpo demasiado endeble.

—Hinata-sama…

—Vuelve a odiarme como antes si eso te ayuda Neji. —Apretando los dientes para no gemir o algo parecido Hinata avanzó para pasar de él, pero al colocarse a su lado Neji la sujetó por el brazo con fuerza.

—¡No le creo!, ¡usted no podría…!, no podrías matarme…

—No soy la niña débil que dejaste Neji.

—¡Soy su guardián, nací para protegerla!, si me ordenara que bajara al infierno por usted…

—Basta. —Aquello le dolía, de verdad le dolía, porque en el último momento se había dado cuenta de lo mucho que amaba a ese hombre, de lo mucho que había dependido de él, de lo mucho que había esperado que algún día le dijera esas palabras. Pero ahora ya no podía escucharlo, hacer uso de él sería muy fácil, tan solo decirle que la siguiera, que la ayudara en su venganza, pero eso era algo que tenía que hacer sola, algo en lo que no podía enredarlo, no a él.

—Hinata-sama.

—Me estorbas Neji.

—No es posible… —Por un momento titubeó y fue suficiente para que ella se soltara.

—Regresa a Konoha, no eres de utilidad en tu escuadrón, no puedes tocarme.

—¿Qué ha sucedido con usted? —Era ella, pero no podía aceptarlo, no era posible que hubiera cambiado tanto en tan poco tiempo, no había manera que una persona se transformara de esa manera, ¿dónde estaba la persona suave que temía hacer daño a los demás y evitaba las confrontaciones?, ¿en donde se había metido esa chica que lo llamaba con dulzura y trataba de no serle una carga?

—Debo hacer algo Neji.

—¿Qué?, si me lo dijera podría ayudarla.

—Eres un shinobi de Konoha. —Ella apenas le lanzó una mirada—. Yo ya no.

—¿Qué…? —Hasta ese momento notó que el protector en torno a su cuello estaba marcado por una raya horizontal, por un espantoso instante no logró asimilar aquello. El tiempo se detuvo, ambos de espaldas, el cielo rojo a punto de languidecer y el viento meciendo sus largas cabelleras.

—No volveremos a estar juntos nunca más Neji.

—¿Por qué?

—Voy a olvidarte. —Ambos cerraron los ojos al mismo tiempo. En su mente volvió a aparecer aquel día, dos niños de diferentes ramas que aún así jugaban juntos bajo un hermoso cielo carmesí.

Al romper la promesa decidimos desaparecer y nunca debimos volver. —Hinata estaba cantando, su pequeña vocecita apenas alcanzando a escucharse, Neji estaba recostado a su lado, con la mano en alto jugueteaba a enredar y desenredar en su dedo los cortos mechones de cabello de su prima—. Tus ojos, perdieron su color, en mi habitación ya no hay calor, incluso ya olvide tu voz, dejaste un vacío en mi interior.

—Hinata-sama… —Por un momento Neji había dejado su entretenimiento, por alguna razón el pecho le había dolido con fuerza.

—¿S-sí Nii-san?

—Siempre vamos a estar juntos. —No era una pregunta, era una promesa.

—Cla-claro Nii-san. —Inmediatamente sus mejillas se habían coloreado.

—Cuando veamos un cielo como éste… —Neji giró la mirada a donde el rojo se confundía con el negro que auguraba la entrada de la noche—. Lo recordaremos.

—¿E-estar juntos?

—Sí.

Pero esos días estaban lejanos y las promesas de un par de niños que no conocían de la vida no valían de nada.

—Estoy rompiendo mis lazos contigo Neji.

No podríamos continuar, sólo aumentaría el rencor, por eso mejor dijimos adiós.

—No puedo creerlo, no es posible. —La garganta pareció arderle.

—Créelo. —Sabía que debía lastimarlo, no podía ser libre mientras el lazo con Neji siguiera ahí, había jurado que pasaría por encima de todo.

—Hinata-sama…

—Adiós Neji. —El joven giró violentamente, la espalda de su prima se alejaba lentamente de él y a pesar de ser tan delgada sus hombros estaban orgullosamente erguidos, nunca antes había tenido esa posición en el pasado, nunca antes había estado tan segura.

—¡Hinata-chan! —Ambos alzaron la mirada, en lo alto del acantilado se encontraba Naruto, sus cabellos rubios se mecían al aire, no traía puesta la mascara y su uniforme de Cazador estilizaba su varonil figura.

—Naruto-kun. —No supo si era porque estaba muy cansada o si ya había gastado todas sus emociones, pero la voz le salió hueca.

—Hi-Hinata-chan. —Por un momento Naruto no supo que decir, aquella era Hinata, pero no podía ser ella, sus ojos tímidos se habían transformado, incluso se asemejaban a la mirada que había tenido Sasuke en el pasado, como si todo aquello fuera solo una molestia que aplazaba sus planes.

—Así que tú eras el otro. —Hinata lo observó fijamente, esperaba oír a su corazón desbocado, sus mejillas sonrojadas, el sudor en las manos, pero no hubo nada, quizás es que de alguna manera ya había muerto y aunque suponía que aquello era lo mejor no pudo evitar sentir un poco de melancolía.

—Hinata-chan. —El rubio abrió la boca desorientado, aquella voz que le hablaba tan tranquilamente no podía ser de ella, ese cuerpo tan delgaducho y esa ropa tan gastada no podían pertenecerle, era como si se hubiera transformado por completo, como si el dolor impregnara su cuerpo.

—¿Vas a matarme Naruto-kun? —Al instante ambos hombres se tensaron.

—¡¿Cómo podría?, —pero Naruto fue el primero en reponerse—, Hinata-chan, ¡eres mi amiga!

—Eso me suponía. —La media sonrisa que apareció en aquel rostro lo hizo abrir los ojos bien grandes sintiendo que el corazón se le encogía.

No podía ser cierto, Hinata, quien siempre había sido la tierna y suave Hinata-chan, ¿acaso se estaba aprovechando del cariño que le guardaba?

—¡Explícame!, ¿qué es lo que esta pasando? —En algún punto sintió que la sangre le hervía.

—¿Por qué habría de hacerlo? —Con lentitud volvió a darse la vuelta y a caminar para alejarse de ellos, la pierna que le habían electrocutado se había recuperado más rápido que la herida en el estomago, pero de cualquier manera dolía, tenía que hacer esfuerzos para no arrastrarla un poco.

—¿Por qué estas haciendo esto Hinata-chan? —Desesperado el rubio apretó ambos puños, no podía ser cierto, aquello debía ser una pesadilla. Esa mujer no podía ser la misma que se había sacrificado a sí misma para salvar su vida en la batalla contra Pain, no podía ser la misma niña que le había dado ánimos cuando había entrado al torneo para Chunnin. No podía ser la misma que le había dicho que lo amaba.

—Sé que son tus órdenes Naruto-kun, —y la voz no le tembló en lo absoluto para decirlo—, pero si te atraviesas en mi camino no dudare en quitarte de él. —No era como si tuviera el poder para hacerle frente, pero sabía que aquello calaría hondo en el futuro Hokage de Konoha, por supuesto hacer que la odiara no le ganaría ninguna ventaja, pero de esa manera también renunciaba a él, de frente y con el corazón en la mano se alejaba de la luz que siempre la había guiado en su camino para entregarse a la oscura promesa que le debía a la persona más importante de su vida.

—Hi-Hinata-chan… —No pudo hacer otra cosa que abrir la boca con una expresión idiota en el rostro al ver como se alejaba, no es que no pudiera detenerla, ¡es que estaba demasiado aturdido para hacerlo!

—No deberías ir por ahí queriendo salvar a todos tus amigos. —Y era algo que le había querido decir hacía bastante tiempo.

Ningún lazo tan débil como el que estas demostrando te salva de la oscuridad.

Las palabras de Sasuke volvieron a repetirse en su cabeza.

—¡Hinata-sama! —Neji se irguió cuan alto era, sintió que el aire se escapaba de sus pulmones, porque él no era la clase de hombre que decía sus sentimientos con facilidad, porque había creído que aquello tenía que permanecer dentro de él—. Soy su guardián, nací para usted. —Al instante los ojos de Naruto se abrieron con sorpresa, por ese breve instante él desapareció de escena, sólo eran dos primos con los mismos ojos claros en una fúnebre despedida.

—Hubo un tiempo en que yo también creí eso. —Hinata tomó aire—. Pero es mi decisión cortar ese lazo contigo Neji.

—¡Hinata-sama!

—Espera Hinata. —La voz de Naruto se había puesto ronca y no entendía si era porque aquello le recordaba demasiado a si mismo en su despedida con Sasuke hacía tantos años o porqué le había dolido que el lazo más importante para ella fuera el que hacía con Neji.

—Si intentas detenerme matare a Neji Naruto-kun. —Y entonces lo supo, que de alguna manera Sasuke tenía razón, no podía alcanzarla, no cuando había decidido romper el lazo más fuerte que tenía.

—Hinata…chan… —Pero aunque extendió la mano hacía delante la chica se difuminó en una nube de humo antes de que pudiera siquiera pensar en tocarla.

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—Entonces ya tenemos la identidad de tres. —Suigetsu levantó tres dedos en el aire, estaban caminando lo más rápido que podían a través del bosque—. La zanahoria.

—Neji.

—Y Naruto. —Los dos dijeron el mismo nombre al tiempo.

—La zanahoria en realidad no es fuerte, tanto tú como yo podríamos dejarla fuera de combate, —el joven soltó un gemido—, pero es un engorro que pueda rastrearnos.

—Neji tampoco es problema. —En algún lugar del alma decir aquello le sonaba como a traición, pero había decidido quitarle el sufijo que lo avalaba como a su familia, Neji no volvería a suponerle una traba, aunque doliera—. Puedo matarlo en cualquier momento.

—Ese sello si que rockea. —Suigetsu arqueó ambas cejas. Pero luego entrecerró un poco los ojos—. Pero no lo mataras, ¿cierto?, aunque se atraviese.

—Quizás no. —Tenía que ser sincera, Neji no dejaba de ser Neji después de todo—. Pero no dudare en quitarlo del camino.

—Bueno, no puedo reclamarte. —El de la Niebla se encogió de hombros—. Yo tampoco pude matar a la zanahoria. —Por un momento ambos caminaron en silencio, pero luego Suigetsu volvió a mirarla de reojo—. ¿Y Naruto?

—Parece que no puede atacarme.

—¿Y eso?, bueno, ya sé que es un idiota y…

—Yo estaba enamorada de él y él lo sabía.

—¿En serio? —Suigetsu alzó divertido ambas cejas.

—Naruto-kun no es la clase de persona que olvide cosas como esa.

—¿Aún lo quieres?

—Sí. —Sería mentira negarlo.

—Pero también pasarías por encima de él, ¿cierto?

—Sí. —Después de todo él lo había dejado bien claro, ella siempre sería su preciada amiga, el lazo que la unía con él era demasiado endeble de su parte como para resultar importante, si es que había un lazo entre ellos lo había edificado ella, intentando hacerlo fuerte con sentimientos que habían sido unilaterales, con un amor de fantasía.

—Bueno, éste ha resultado ser un buen día. —Suigetsu colocó ambas manos tras su nuca con una sonrisa feliz—. Tres de los Cazadores que nos siguen no pueden atacarnos.

—¿Hay más?

—En el Remolino me dijeron que eran cuatro. —El de la Niebla arqueó ambas cejas.

—Me pregunto quien será…

—¿No le juraste amor eterno a alguien más que pudiera sernos de utilidad, cierto?

—No que yo recuerde.

—¡Oh!, una broma. —Suigetsu le picó ligeramente una costilla, ¡outsch, heridas, heridas!

—Suigetsu-kun…

—Esa venganza que cargas tiene demasiado dolor encima, ¿no podrías ser una vengadora más divertida?

—Lo siento.

—Oh bien. —Con un gesto despreocupado el chico le revolvió los cabellos—. Pondré la diversión para los dos en ese caso. —Y lentamente Hinata sonrió.

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Notas de Okashira Janet: Lamento la demora, exámenes, carreras, depresiones, emociones, pura de esa. La canción que me inspiró es el ending de FMAB, pienso que en estos momentos el lazo más fuerte que existe es de estos dos, era el lazo que Hinata tenía que romper para ser libre.

Agradecimientos a:

Namikaze Rock

Alabdiel

Jan di-chan

Haibara 21

Brujhah

Bella Uchiha Cullen

Lindakennedy

Peste21

Ale

Hyuuga

Joyce Hinata

Kage ni Hime

Maribelteka

Uchiha de taisho

Hinamel

KITSUNE-CHAN

Hinata uzumaki

Damon Yamato

Hinaneko 16

Hocino Tsuya

MeganWeasleyGranger

Gynee

Nadeshko

A todos muchas gracias por leer. Ciao

27 de mayo del 2012 domingo