ES MI PROMESA
Capitulo 6: Entre vengadores
Por Okashira Janet
—Déjenme ver si entendí. —Sasuke se cruzó de brazos, estaba irritado, lo decía aquel tic que movía su ceja derecha en pequeñas pulsaciones—. Ustedes tres vieron a nuestro objetivo, hablaron con nuestro objetivo, ¡tuvieron la oportunidad de atraparlos!, pero no hicieron nada.
—Ya cállate teme. —Naruto realmente no estaba de humor para regaños, su mente seguía confusa y a pesar de que lo había visto no podía creerlo, ¿Hinata de verdad había amenazado con matar a Neji?, ¿de verdad le había dicho que se hiciera a un lado?
—Callarme nada. —Sasuke siseó de mala manera—. Parece que ustedes tres no recuerdan la parte de la misión que dice "vivos o muertos" y mucho menos parecen conocer el significado de atrapar.
—¿Podrías callarte? —Naruto, sentado sobre una piedra con la cabeza hundida entre las rodillas alzó la mirada apenas para alcanzar a fulminar a su amigo con la vista.
—Somos un grupo de Cazadores. —El Uchiha caminó frente a ellos con los brazos aún fuertemente cruzados sobre su pecho—. Esta misión me jode y no quiero alargarla por tiempo indefinido. —Ni Karin ni Neji dijeron nada al respecto, la primera se encontraba sentada, la mirada fija en un punto contrario a dónde Sasuke replicaba, con un gesto de fastidio en la cara. Neji por su parte se encontraba con la mirada fija en el suelo, Sasuke pensó con hastío que en realidad no le estaba prestando atención.
—¿Y que querías que hiciéramos? —Naruto se puso de pie empezando a lucir un grado más que fastidiado.
—No lo sé. —El joven habló con sarcasmo—. Quizás detener a una Chunnin, digo, pensé que el "gran Kurama" serviría para algo.
—"Dile que a mí no me meta". —El gran zorro gruñó meneando sus enormes colas de un lado a otro, el ceño fruncido, aún le guardaba un sano rencor a todo aquel que tuviera sangre Uchiha corriendo por sus venas.
—No metas a Kurama. —Naruto apreto los puños.
—Tengo que hacerlo, al parecer el héroe de Konoha es incapaz de atrapar a una simple chica Chunnin.
—Sabes perfectamente que esa no es la cuestión.
—¿Cuál es la cuestión entonces?, puedes enfrentarte al resto de los bijuus pero no puedes atrapar a una chica, ¿es eso?
—¡Hinata-chan es…!
—Por eso no deberías estar en esta misión. —Sasuke lo apuntó con el dedo—. Tus ridículos sentimientos…
—¿Mis ridículos sentimientos que…? —Ofuscado el rubio se puso de pie, pero Sasuke había descruzado los brazos dejándolos caer lentamente a sus costados.
—¿Qué pasa? —Neji pareció escapar de su letargo y dirigió la mirada hacía el antiguo vengador.
—¿No es extraño?
—¿Qué es extraño? —Naruto entrecerró los ojos, no le gustaba el cambio en la voz de su amigo, como si estuviera deshaciendo una conspiración.
—Este equipo.
—Por supuesto que es extraño. —Karin chilló de mala manera—. Te odio.
—Dejando de lado nuestras diferencias personales. —Neji habló con su voz monocorde de cuando estaba en medio de un pensamiento importante—. Si lo es. —Nuevamente el rubio se sintió fastidiado, esos dos estaban cocinando algo en sus mentes y era seguro que ni él ni Karin lo habían captado aún.
—Lo he estado pensando, —Neji colocó la barbilla entre sus manos tapando parcialmente su boca—, ¿por qué Hiashi-sama me envió a esta misión?
—Existen dos posibilidades, —Sasuke entrecerró los ojos—, que de verdad tenga a su hija en un pésimo concepto y haya creído que no defendería su vida de ti o…
—O que esto haya sido una treta para proteger a la familia principal. —Neji frunció el ceño, no debía sorprenderse, la familia secundaria servía para que la familia principal subsistiera, ¿qué era lo que pretendía Hiashi enviándolo a esa misión?, ¿de verdad quería deshacerse de su hija enviando al genio Hyuuga a acabarla?, ¿o por el contrario sabía que Hinata activaría el sello y lo reduciría a nada?
—¿Quieren decir…? —Naruto dejó la boca abierta, aquello no tenía sentido, todos en la aldea sabían lo mal que Hiashi trataba a su hija, que la menospreciaba y siempre le restregaba en la cara su debilidad, ¿por qué habría de arriesgar el futuro de su integrante más brillante por el de una renegada?
—Hay otra opción. —Sasuke se pasó una mano por el cabello, como si así pudiera despejar sus ideas—. Quizás Hiashi haya pensado que te unirías a ella.
—En ese caso fue mandado aquí no como cazador sino como guardián. —Karin arqueó ambas cejas.
—¿Hiashi-sama pensaría eso? —Neji cerró los ojos, ciertamente había actuado de esa manera, le había ofrecido todo lo que era a Hinata, se había puesto en charola de plata para que ella lo usara a voluntad, ¿habría sabido Hiashi-sama que eso ocurriría? Y en tal caso, ¿también contemplaba la posibilidad de que Hinata rechazara su ayuda?
—Además la Hokage aceptó la decisión del clan Hyuuga. —Los ojos de Sasuke parecían brillar en comprensión—. No es posible que tantas personas hayan pasado por alto el tema del sello.
—¿Quieres decir…? —Naruto iba a preguntar algo pero Karin lo interrumpió.
—Además él esta aquí. —Señaló a Naruto—. Y todos sabíamos que sería un problema desde el principio. —El rubio ni siquiera tuvo tiempo de protestar, Neji se le adelantó.
—Aquel día todos sabíamos que estaba escuchando tras la ventana, es poco probable que la Hokage no se haya percatado también.
—Esta misión parece hecha para fracasar. —Sasuke metió las manos en los bolsillos de su pantalón y acarició al descuido el centro de un shuriken—. Quizás Karin y yo no tenemos lazos con esa chica Hyuuga, pero es obvio que conocíamos a Suigetsu.
—Yo no puedo enfrentarme con Hinata-sama, —Neji bajó un dedo—, Karin no puede hacer nada en contra de ninguno de los dos por si sola, —Neji bajó otro dedo y la pelirroja hizo un mohín con la boca, bien que era débil, pero no tenía que decirlo de esa manera—, para finalizar… —Alzó la mirada y observó al rubio y luego al Uchiha.
—Si seguimos esa línea de pensamiento, —Sasuke sacó de su bolsillo el shuriken y lo hizo girar en su dedo—, la Hokage dejo que Naruto escuchara nuestra conversación a propósito para que se uniera a la misión, sabiendo perfectamente que mientras yo intentaría cumplir con mi deber él trataría de detenerme para salvar a esa chica.
—Los mando juntos para que se anularan. —Karin frunció exageradamente el ceño—. ¿Por qué?
—¿Por qué?, esa es la pregunta. —Neji se puso de pie.
—¿Por qué la aldea usaría sus mejores cartas para fracasar? —Sasuke detuvo el girar del shuriken, parecía concentrado en el filo del mismo.
—¿No estamos dándole demasiadas vueltas? —Naruto se sostuvo la cabeza con confusión, aquello parecía una elaborada trampa y decididamente nunca pensaría mal de Tsunade, bien que fuera espantosa con aquella fuerza monstruosa cuando lo golpeaba en la cabeza, pero eso no quitaba que fuera una maravillosa mujer que pensaba siempre en el bienestar de la aldea.
—¿Qué otra explicación tenemos? —Neji cerró un momento los ojos—. El equipo es disfuncional en más de un sentido.
—Sin embargo, —Karin habló lentamente—, ¿para que protegerían a Hinata Hyuuga?
—Es la heredera de los Hyuuga. —Neji se cruzó de brazos—. Aunque no lo parezca es bastante importante dentro de la aldea.
—Después de esto dudo que llegue a algún lado en su clan. —Sasuke cerró los ojos intentando encontrar la respuesta que se le escapaba.
—Esperen un momento. —Neji se puso de pie—. Hay algo que no sabemos.
—No sabemos muchas cosas. —Sasuke replicó fastidiado.
—¿Por qué Hinata-sama esta haciendo todo esto?
—¿Una misión encubierta? —El Uchiha arqueó una ceja.
—¡Un momento!, —Naruto saltó poniendo ambos brazos estirados, una mano parando a Neji y la otra contra Sasuke—. No estoy entendiendo nada.
—No es una novedad. —Los ojos negros de Sasuke chispearon con sarcasmo.
—Eres bastante lentito. —Neji de verdad que era espantoso.
—¿Quieren decir que la aldea esta protegiendo a Hinata-chan?
—Son suposiciones. —Sasuke apartó la mano que Naruto le estaba poniendo enfrente.
—¿Entonces para que nos mandaron a nosotros? —El rubio frunció el ceño—. ¿Por qué han puesto su rostro en un cartel?
—Es obvio que no lo sabemos. —Karin se acomodó las gafas arqueando una ceja.
—Para empezar nuestra misión parece haberse ido al carajo. —Sasuke sentenció mirando a sus compañeros con desdén—. Parece que soy el único que esta dispuesto a lo que sea para capturar a esos dos.
—El llanero solitario. —Karin murmuró lo suficientemente bajo para que Sasuke no la escuchara, pero Naruto no pudo evitar sonreír un poco para después sacudir la cabeza, (concentrarse, concentrarse).
—En vista de que la aldea puede que nos este usando podríamos cambiar un poco la misión. —Neji miró al frente, como si la respuesta estuviera en el camino que debían seguir dentro de poco.
—¿A que te refieres?
—Podríamos investigar porqué Hinata-sama esta haciendo esto, quizás de esa manera sabríamos si la aldea la esta usando o no.
—Eso solo sirve para quitarte a ti las dudas. —Sasuke lo encaró mirándolo fijamente.
—¿Prefieres actuar bajo ordenes establecidas sin cuestionarte nada?, —el Hyuuga arqueó una ceja—, te recuerdo que la última vez que hiciste algo como eso acabaste matando a tu querido hermano.
—¡Repite eso!
—¡Basta! —Naruto tuvo que meterse en medio de los dos, Neji no era la clase de hombre que se amedrentara ante una fuerza superior, de hecho se veía bastante dispuesto a repartir golpes con el Uchiha—. Tenemos que obtener respuestas antes de actuar, ¿esta bien?
—Hablen por ustedes. —Sasuke siseó dando media vuelta, aquel equipo era incluso más asqueroso que el que había tenido cuando tenía doce años.
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—¿A que no adivinas?, —Suigetsu infló el pecho un par de segundos antes de desinflarse como un globo y poner en su rostro una sonrisa enorme—, ¡tengo comida de verdad!
—Eso es un alivio Suigetsu-kun. —Hinata le dirigió una pequeña sonrisa, estaba vendando sus manos sentada en la rama de un árbol, por alguna razón (que por el momento habían decidido no discutir) el equipo de Cazadores había dejado de seguirlos, era eso o les habían perdido el rastro.
—¿Tofu? —El chico arrojó una bolsa hacía arriba, Hinata la atrapó al vuelo, gracias a la medicina que llevaba en su frugal morral había terminado sanando más rápido de lo que le habían pronosticado, por supuesto, no era como si pudiera forzar demasiado su estomago (la herida estaba cerrando bien, pero mejor no arriesgarse), sus piernas en cambio ya estaban como nuevas.
—¿A dónde vamos hoy Suigetsu-kun? —La joven abrió el envoltorio y empezó a comer lentamente.
—¿Por qué no entrenamos un rato? —El chico le sonrió feliz, habían empezado a entrenar de nuevo hacía relativamente muy poco tiempo.
—Sería una buena idea. —Hinata intentó corresponder su alborozo, pero apenas le salió una sonrisa que intentaba ser un poco más luminosa y fallaba estrepitosamente.
—Por cierto, —el joven cruzó las manos tras su nuca y se recargó en el tronco del árbol—, no he encontrado mucha información acerca de tu samurai dragón.
—Supongo que los datos son vagos. —Hinata miró con algo de tristeza su comida antes de darle un buen mordisco, sabía que no sería fácil, lo había sabido desde el momento mismo en que había abandonado la mansión Hyuuga, pero no podía echarse hacía atrás, no ahora, no cuando ya no tenía a donde volver.
—Si que lo son, —Suigetsu empezó a comer con rapidez, cuando hacía cosas como aquella Hinata no podía evitar recordar a Kiba, ¿cómo estaría su amigo?, pensar en él le causaba malestar, Kiba siempre había sido duro, en ocasiones incluso pecaba un poco de cruel, ¿entendería él lo que estaba intentando hacer?, ¿la juzgaría?, no tenía sentido pensar en si tenía o no la aprobación de Kiba, había decidido romper sus lazos y sin embargo su mente seguía siendo débil, seguía titubeando—, creo que para encontrar al tipo ese tenemos que entrar al país de Hierro. —Suigetsu continuó hablando al tiempo que engullía.
—No será fácil. —Hinata dejo su bol casi a la mitad, últimamente no tenía demasiada hambre.
—Vaya que no. —El chico empinó su bol para acabarse los últimos pedacitos, luego palmeó su estomago—. Contenta la barriga.
Hinata volvió a sonreír, muy levemente, luego observó el cielo que se extendía sobre su cabeza, era un día con nubes cargadas, sin embargo la lluvia no se decidía a caer, aquello era una lastima porque Suigetsu solía ser el hombre más feliz del mundo cuando se soltaba tormenta. Últimamente Hinata sentía que lo conocía de hacía mucho tiempo, la manera en que se quejaba cuando se estaba tomando el ultimo trago de su cantimplora, sus bromas subidas de color, la forma en que sus pupilas violetas brillaban ante la posibilidad de una nueva aventura, la sonrisa desigual de sus dientes aserrados. Suigetsu era en si mismo una persona especial y completamente original, jamás conocería a alguien como él, cuando había silencio él sabía animarlo hasta que pareciera una fiesta, incluso era capaz de hacer conversación con sus suaves monosílabos (aunque le había confesado que tenía experiencia siendo compañero de Sasuke).
Aunque nunca hablaban de sus pasados Hinata sentía que estaba bien así, que el presente era lo único que contaba, no importaba el pasado tormentoso ni el futuro incierto, Suigetsu era su compañero en ese momento y aquello era suficiente. No quería engañarse a si misma, era posible (bastante en realidad) que terminara desarrollando afecto hacía él, lo mismo le había pasado con Shino y Kiba, no podía negar esa parte de su personalidad. Pero por el bien de su promesa intentaría no demostrárselo demasiado, que de verdad le importaba, porque Suigetsu lo había dejado claro al principio, ellos no eran ni serían nunca amigos.
—¿Entrenamos ya? —No se había dado cuenta de cuanto tiempo se había pasado con la vista fija en el cielo.
—Hum, sí. —Bajó de un salto de la rama, estaba considerablemente alto y sintió como sus piernas resentían el impacto, pero era necesario, si no se fortalecía rápidamente —aunque fuera un poco— no podría alcanzar su meta.
—En guardia. —Suigetsu sacó la enorme espada que sujetó por la empuñadura en posición horizontal al lado de su cuerpo, definitivamente que se debía ser fuerte para aguantar el peso de semejante arma con una sola mano. Ella por su parte se colocó en la posición propia de su clan, la pierna derecha ligeramente adelante, los pies encogidos hacía dentro.
—¡Ahora! —Suigetsu se lanzó hacía delante, Hinata hizo un quiebre de cadera lanzándose hacía atrás, para un miembro del clan Hyuuga ese grado de flexibilidad era pan comido debido a que era necesario para su técnica del puño suave, sin embargo Suigetsu no podía dejar de asombrarse, sin poder remediarlo se le salió un silbidito de admiración.
Hinata colocó las manos en el suelo y dio una voltereta hacía atrás pateándolo en la cara, al instante el chico se volvió agua. Pelear con Suigetsu era todo un reto, en teoría ningún ataque de taijutsu podía hacerle daño, era preciso encontrar sus puntos de chakra e inutilizarlos, pero debido a su consistencia líquida aquello se volvía tarea de titanes. Por supuesto, pasar la mitad de su vida entrenando con agua le daba cierta ventaja, pero tampoco era como si aquello se notara demasiado.
—¡Vamos nena! —Suigetsu rugió, aquello le solía pasar con bastante frecuencia, los combates eran su pasión. Hinata se echó hacía delante con la palma de la mano cargada de chakra, él bloqueó el ataque con su espada. Recibir semejante bloqueo era triturarse los dedos contra el metal, Hinata tuvo que apretar los labios y dar un paso atrás reconsiderando el ataque, siempre era preferible el contraataque, pero con Suigetsu no es como si tuviera muchas opciones.
Finalmente se le ocurrió algo que ya había probado antes, cuando abría un punto de chakra de una de las extremidades del chico el resto de su cuerpo solía ponerse torpe al no saber medir la energía que se le escapaba. Por supuesto, abrir un punto de chakra en plena pelea era infinitamente difícil, pero…
—¡Ah! —Se lanzó adelante con la palma extendida, Suigetsu abrió las piernas y puso la espada en posición horizontal para bloquear, pero justo en ese instante el agua se les vino encima sin previo aviso.
Hubo un chispazo azul y luego los ojos de Suigetsu relampaguearon.
—¿Qué fue eso?
—¿Qué fue que? —Hinata también estaba aturdida.
—¡Eso! —Suigetsu dejó su posición de combate y miró su brazo, podía sentir el chakra corriendo con gran velocidad, como si hubiera adquirido una vida ajena a la suya.
—Yo sólo… —Hinata retrocedió un paso, la verdad no sabía que había pasado, iba a atacar a Suigetsu, pero el agua se había atravesado en su camino así que la había golpeado también, el caso es que no había podido tocar a su compañero, pero al parecer algún efecto había tenido el agua que había caído sobre él. Su brazo lucía diferente.
—Hazlo de nuevo.
—¿Qué?
—¡Eso!, —el de la Niebla hizo aspavientos con las manos—, pegarle a la lluvia, yo que sé. —Para ese entonces la tormenta que caía sobre ellos era épica.
—Bu-bueno… —Hinata volvió a ponerse en posición, el agua le dejaba una visibilidad casi nula y el cabello mojado se le pegaba a la cara—. ¡Byakugan! —En cuanto sus ojos adquirieron la técnica propia de su familia concentró la vista al frente sin ningún punto fijo en realidad. Sin saber bien a bien que esperar lanzó un ataque al frente, grande fue su sorpresa al notar que el agua se pintaba de azul.
—¡Lo sabía! —Suigetsu exclamó triunfal.
—¿Qué sabía? —Hinata se giró tímida hacía él.
—Bueno, no estoy muy seguro. —El joven se volvió una plasta de agua en el suelo y luego se materializo a unos centímetros de ella, Hinata estuvo a punto de gritar del susto—. A ver, hazlo de nuevo.
—¿Sobre usted?
—Intentare volverme agua unos segundos antes, vamos.
—Ok. —Nuevamente (y un poco indecisa) llevo a cabo la técnica, esta vez el cuerpo líquido de Suigetsu salió despedido hacía atrás envuelto en una tenue luz azul.
—¡Creo que ya lo tengo! —El joven volvió a recomponerse en sí mismo con una sonrisa enorme en su rostro—. El chakra entra en el agua. —Lucía particularmente acelerado.
—¿Entonces si coloco chakra en el agua…?
—¡Y le cae a alguien más abrirás los puntos de chakra aunque no sepas exactamente donde están! —Suigetsu se golpeó un puño con su palma y empezó a caminar de manera acelerada alrededor de ella—. Si yo me vuelvo agua sería como un medio de transporte, ¡podrías usarme como un arma!
—Pero… —Hinata entrelazó sus dedos ejerciendo presión en ellos—. ¿De que nos serviría abrir los puntos de chakra del enemigo?
—Tal vez podamos usarlo a la inversa. —Suigetsu entrecerró un poco los ojos—. Intenta cerrarlos.
—¿Usando el agua?
—Sí. —El joven se paró a unos dos metros de ella—. Intenta darme.
—Hu-hum, esta bien… —La verdad no le parecía que fuera una buena idea, pero mejor no molestar a su compañero. Volvió a concentrar chakra en su mano y observó fijamente al frente, tendría que darle la dirección y la fuerza correcta si quería que el agua golpeara a Suigetsu a dos metros de distancia.
—¡Junken! —En cuestión de un par de segundos Suigetsu ya había caído al suelo, anormalmente pálido.
—¡Suigetsu-kun!
—Parece… parece que si sirve a la inversa… —El joven se sujetó de ella entrecerrando los ojos con dolor—. Pero nena, para la otra no apuntes al corazón, ¿bien? —Aturdida Hinata asintió con la cabeza.
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—¿Qué estas haciendo? —Naruto giró la cabeza, empezaba a caer la noche y se había sentado en una roca desde donde podía ver el correr de un riachuelo enfrente. Se encontraba sumido en sus pensamientos hasta que Neji había llegado a interrumpirlo.
—Nada en realidad. —Con desgano el rubio tiró una piedra al centro del lago. Por un momento hubo silencio, pero luego el jinchuriki soltó un suspiro—. El teme es un idiota.
—Siendo correctos él es el único que se esta comportando como la misión lo requiere. —Con sus modales precisos de siempre Neji se sentó al lado del rubio.
—A veces no se pueden seguir las órdenes. —Naruto volvió a lanzar una piedra con molestia, detestaba cuando salía a relucir el lado sensato de Neji.
—Estoy fallando esta misión y estoy fallándole a Hinata-sama. —El joven Hyuuga elevó la mirada al cielo—. Me pregunto que es lo que debería hacer.
—No podemos hacer nada mientras no sepamos la verdad. —Naruto apretó un puño.
—Se supone que tanto ANBU como el grupo Cazador no debe hacer preguntas ni cuestionar nada. —Neji acarició al descuido la tierra bajo su mano, aquel lugar era tranquilo y acogedor, le hubiera gustado encontrar las respuestas que buscaba ahí.
—Ese es el sistema al que pretendíamos demoler cuando se llevo a cabo la cuarta guerra ninja. —El rubio también miró hacía el cielo—. Siento que en estos momentos soy demasiado pequeño y no me doy cuenta de nada, como cuando estaba encerrado en esa isla con el pulpo mientras todos los demás estaban luchando.
—¿Es cierto que te pusieron a clasificar a los animales por si eran machos o hembras?
—¿Te estas burlando de mí? —Naruto sintió como su rostro enrojecía de pura vergüenza, de verdad que a veces sus propios niveles de idiotez lo sorprendían.
—Entonces lo hiciste…
—El caso es que siento como si fuera lo mismo. —Con un bufido el rubio puso las manos a modo de almohada y se inclinó hacía atrás recostándose sobre la piedra—. Hinata-chan esta haciendo algo y no sé que es, me han dicho que tengo una misión, pero de nuevo me están engañando.
—Yo también lo siento. —Neji colocó una mano sobre su rodilla sin dejar de ver el cielo—. Estoy seguro de que Hinata-sama esta haciendo algo en la que no la puedo seguir, lo he estado pensando, quizás es que este equipo se ha conformado solo para que parezca que Konoha esta haciendo algo, aunque no sea así.
—¿Somos un farol? —Una mueca apareció en el rostro de Naruto.
—Aunque incluso esa hipótesis resulta harto fantasiosa, en primera no hay manera de que la Hokage hubiera predicho nuestras reacciones, bueno, la tuya tal vez.
—Muy gracioso. —Naruto gruñó, aunque por todos era conocido que era capaz de lo que fuera por sus amigos.
"—No deberías ir por ahí queriendo salvar a todos tus amigos."
Nuevamente sintió que se le encogía el estomago, ¿eso que quería decir?, ¿qué no requería su ayuda?, ¿qué la dejara en paz?
—Oye Neji… —Titubeó, pero al final recordó que Hinata misma había dicho que Neji era su lazo más fuerte, siendo así era él quien mejor la conocía.
—¿Si?
—Hace un tiempo… bueno, en la batalla contra Pain… bueno, Hinata-chan…
—¿Ella te dijo algo ese día? —Neji cerró los ojos, recordaba aquella batalla con horror, el momento en que creyó que había perdido a su prima, cuando su mundo pareció detenerse, cuando su papel de guardián se perdió al no tener a una persona a quien proteger.
—Ella… —Se estaba poniendo demasiado rojo, quizás no había sido buena idea intentar decirle a Neji.
—En aquel tiempo Hinata-sama te amaba.
—¿Eh? —Oírlo de labios de Neji le hizo brincar el corazón, como si se reafirmara de esa manera lo que ella le había confesado en pleno campo de batalla.
—Te amaba desde antes en realidad, siempre fuiste su meta a seguir.
—¿En serio? —Y era calido, infinitamente calido saber que alguien lo había reconocido mientras los otros creían que era un apestado.
—Sí. —Neji abrió lentamente los ojos—. Pensé que quizás Hinata-sama reaccionaría al verte, a ti, la persona que más admira en este mundo, pero no lo hizo, no había nada en sus ojos.
—¿A que te refieres? —Naruto sintió como si alguien estrujara su pecho.
—Los ojos que Hinata-sama nos mostró no eran los de ella, no eran esos ojos tímidos y dulces, no eran los ojos calidos de Hinata-sama, eran diferentes, como si solo existieran para cargar dolor…
—¿Dolor?
—Quizás Hinata-sama te amaba, pero yo soy la persona que mejor la conoce. —Neji se puso de pie, Naruto no supo que quería decir el castaño con aquello—. Yo era su guardián, la persona en quien podía confiar su vida. —Y entonces lo entendió, el dolor de Neji, el que ella lo rechazara era incluso peor que el rechazo amoroso, porque Neji había nacido justamente para protegerla, al perder eso todo lo que era él y para lo que había vivido se perdía.
—No dejare que nadie le haga daño a Hinata-chan. —Lentamente Naruto se medio incorporo para quedar sentado al lado de Neji, hombro con hombro—. Si esto se sale de tus manos yo te ayudare. —El joven Hyuuga no dijo nada, simplemente se paró colocando la mano sobre el hombro del rubio, momentos después se marchó en silencio.
—"¿Podrás sostener semejante promesa, cachorro idiota?" —La voz profunda y burlona de Kurama le provoco rodar los ojos.
—"¿A quien llamas cachorro idiota?" —Con lentitud se metió en su mente y empezó a caminar por los pasillos llenos de agua, una vez siendo niño aquel zorro había estado a punto de borrarlo del mapa de un furioso zarpazo, realmente aquellos no habían sido precisamente buenos tiempos.
—"No veo otro cachorro idiota por aquí". —El enorme zorro asomó las fauces por entre los barrotes de la jaula, a veces Naruto lo soltaba para que correteara por allí, pero normalmente lo tenía bien sujeto, caso contrario su chakra sufría unas variaciones espantosas.
—"¿Qué quieres?" —Naruto arqueó ambas cejas.
—"Me gustan los Hyuuga, siempre tan correctos". —Kurama sonrió de aquella manera demoníaca que hacía ver más grandes sus colmillos.
—"Al grano". —Realmente Naruto no tenía ganas de una larga charla filosófica con su prisionero.
—"¿Entonces esa chica ya no nos quiere?, lastima, me agradaba.
—"¿Podrías de dejar de bromear acerca de eso?"
—"Claro". —Con una última risita burlona el zorro volvió a perderse en las sombras de su celda, Naruto chasqueó la lengua, ahora que se había ido le hubiera gustado hablar más tiempo con él, por lo menos así se olvidaba de los problemas que parecían surgirle cada dos minutos.
Sin embargo no le habló para que volviera, aunque varias veces Kyuuby le hubiera ayudado eso no quería decir que fuera particularmente bueno en problemas sentimentales o amorosos. Y ya que tocaba ese punto, ¿amoroso?, ¿de verdad?, estaba seguro de que los sentimientos que albergaba por Hinata eran calidos y bellos, pero no estaba seguro de hasta que punto aquello rebasaba una simple amistad.
Solo sabía que verla en su nuevo aspecto lo había trastornado, había sido como si por un momento se hubiera visto impedido de reaccionar, ella lo amaba, Neji se lo había confirmado, ¿dónde había quedado aquel amor?, ¿a dónde se había ido?, era imposible que una persona que había puesto su vida en el filo por salvarlo lo dejara de querer así sin más.
No, Hinata lo seguía queriendo, en algún punto y en algún lugar de su ser los sentimientos que le había entregado aquel día seguían palpitando dentro de ella, el problema es que estaban muriendo. Naruto era consciente de lo cruel que había sido, de la manera tan poco amable que había tratado esos maravillosos sentimientos, cualquiera en el lugar de Hinata se habría sentido rechazada o por lo menos decaída.
Pero tan embotado como estaba con la guerra y la posterior recuperación de todo (salvar a Sasuke, los tratados de paz entre aldeas, reconstruir Konoha) no había prestado atención a aquello que en su momento le pareció tan importante.
Hinata
¿Cuánto daño le había hecho?, ¿cómo habría suspirado en soledad el que sus sentimientos fueran obviados de tal manera?. No había manera de zafarse, era probable que sin darse cuenta le hubiera roto el corazón, ¿qué podía decir a su favor?, incluso en esos instantes su mente era una confusión entera.
Sabía por ejemplo que ver su relación con Neji lo había sacado de sus casillas, pensar que Neji era más importante, que ella lo consideraba más importante…
—"Eso se llama celos, digo, por si te interesa". —Kurama se revolvió placidamente meneando sus colas de arriba abajo. Naruto simplemente arqueó ambas cejas como si pasara por alto su comentario, sin embargo el impacto fue fuerte.
Cuando niño había sentido celos de Sasuke, porque Sakura lo seguía sin descanso, porque sin hacer nada meritorio la chica que tanto amaba se desvivía por él, ¿qué tenía Sasuke que no tuviera él?, ahora su mente topaba con otra incógnita, ¿qué tenía Neji que no podía ofrecerle él a Hinata?
Al instante de hacerse la pregunta no pudo evitar abrir los ojos con sorpresa, ¿era verdad entonces que la quería de un modo mayor al de amigos? y si era así, ¿en que momento había ocurrido?, no quería equivocarse, no cuando una misión y la vida de Hinata se encontraban en juego.
—Me toca la guardia. —Sasuke lo sacó de sus pensamientos al ponerle una mano fría y pesada sobre un hombro.
—¿Eh?
—Estas en la luna. —El Uchiha arqueó una ceja—. Vete a dormir.
—No creo que pueda hacerlo…
—No me importa, mueve el culo. —Y así (acompañado de un poco de violencia física) el momento de introspección de Naruto Uzumaki terminó.
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Hinata giró la mirada a un lado y volvió a tantear el dinero en el fondo de su bolsillo, Suigetsu y ella habían entrado a una pequeña aldea donde se producía arroz, en su mayoría los habitantes eran personas bastante humildes, los niños corrían descalzos por las calles pedregosas.
Habían decidido que lo mejor para no llamar la atención era separarse, Hinata se había recogido todo el cabello en una cebolla, el fleco tapándole los ojos, llevaba una capa vieja y deslucida que le llegaba hasta los pies y Suigetsu le había aconsejado que caminara lentamente y pusiera cara de hambre, aunque a decir verdad no creía que aquel rostro pudiera dársele muy bien, lo cierto es que en la mansión Hyuuga muy pocas veces había pasado hambre.
Suigetsu por su parte se había puesto una capa por el estilo, se había echado todo el pelo hacía atrás como un aristócrata y había tomado un palo del camino.
"Este será mi bastón", había dicho, a Hinata le había causado gracia, no se lo imaginaba caminando encorvado como un anciano por más que su cabello blanco pudiera hacerse pasar por la cabellera de un viejo.
Su misión era muy sencilla, hacía rato que se les había acabado el alimento para el viaje, Suigetsu tenía que conseguir suficiente agua y armamento y ella tenía que comprar comida. En una aldea tan alejada del mundo shinobi como lo era aquella no corrían demasiados riesgos.
Con lentitud la joven siguió recorriendo los puestos, los vendedores anunciaban sus productos con voz ronca y cansada, la cuarta guerra shinobi había acabado afectando más a la población civil de lo que cualquiera podría haber imaginado.
Estaba decidiéndose a comprar unas mandarinas un poco ajadas cuando algo le hizo quedarse sin respiración.
—No encontré lo que buscaba.
—¿Qué buscabas?
—Un estuche para limpiar mi espada.
—Ah.
—Olvide el mío en el país.
—Ya… —La mandarina se resbaló de la mano de Hinata yendo a parar hasta el suelo, no podía ser, sintió como la sangre dentro de su cuerpo hervía, no podía equivocarse, ciertamente no había estado en lo que uno llamaría su mejor estado mental pero no podía confundirlo.
Ahí estaba.
El hombre que había acabado con su vida volviéndola un infierno.
Ambos hombres empezaron a avanzar, al parecer salían de la aldea, Hinata los siguió con el corazón golpeándole brutalmente en el pecho, ni siquiera considero el llamar a Suigetsu, no sabía donde estaba y no podía perder esa oportunidad.
Eran dos hombres, no portaban la armadura samurai pero no importaba, Hinata reconocía aquel dragón, el mismo que había cegado la vida de Hanabi y a ella la había enviado directamente al infierno, ¡lo mataría!, ¡tenía que matarlo!
Caminó despacio tras ellos, la respiración acelerada, los ojos fijos en su objetivo, sentía que el odio empezaba a acumularse como jamás antes había tenido sentimiento alguno, fue hasta ese momento que se dio cuenta cabal de cuanto lo odiaba, ella, Hinata Hyuuga, reconocida por su amabilidad y gentileza, ¡lo odiaba por encima de cualquier otro sentimiento!
—Alto. —Ya habían salido de la aldea y se encontraban en medio de un claro rodeado de árboles cuando el hombre con el dragón en su cabeza se detuvo y dio la orden a su compañero.
—¿Qué sucede? —Al parecer el otro no se había percatado de su presencia, Hinata supo que no valía la pena esconderse, ni su espíritu se lo permitiría ni podría engañarlo.
—Alguien nos sigue. —Al instante el otro hombre llevo una mano a la empuñadura de su espada.
—¿Quién?
—No se preocupe Urakaku-san. —El objetivo de Hinata, aquel espantoso samurai habló con la sequedad con la que lo había hecho aquella espantosa noche en la que su hermana había desaparecido del mundo—. No es nadie importante. —Hinata sintió que su pecho explotaría de ira, nunca le había importado que la menospreciaran, de hecho siempre había creído que era débil, pero no lo aceptaría de él, definitivamente no.
Lentamente avanzó hasta estar frente a ellos, tan acelerada que podía sentir su propia respiración agitando sus pulmones. Lo observó a consciencia y a detalle. Era un hombre joven y calvo, el tatuaje de dragón se encontraba sobre su ojo derecho, el otro, el izquierdo, tenía un parche y por encima de él se podía notar una enorme cicatriz en forma de cruz que lo atravesaba. Una pesada bufanda color vino cubría parcialmente su rostro provocando que su boca fuera invisible a la vista.
—Usted… —Sintió que la voz se le quebraba por la rabia—. Usted…
—Eres Hinata Hyuuga. —Sin embargo él la reconoció mucho más rápido dejándola impactada—. ¿Qué pretendes apareciendo así frente a mí?
—¿Qué pretendo?, —apretó tan fuerte los puños que estuvo a punto de sacarse sangre—, ¿cómo puede…?, ¡si estoy frente a usted es obviamente porque quiero que su sangre corra por el suelo! —Lo gritó con toda la rabia que tenía acumulada, sus ojos plata parecieron desbordarse de un sentimiento que hasta ese momento no había conocido, deseos asesinos, quería matarlo, de verdad quería hacerlo.
—Es muy valiente de tu parte. —Pero él simplemente se giró hacía ella, su compañero estaba por seguirlo, pero él puso un brazo frente a él cerrándole el paso, como para decirle que con él solo era suficiente—. Pero la valentía sin poder no tiene valor.
—He abandonado mi aldea, he cambiado mi destino, he rechazado a mi sangre, —cada palabra era como un golpe, como algo que raspaba y dolía, como algo que sangraba dentro de ella—, lo he dejado todo por este momento.
—Lamento escucharlo. —Su único ojo de verdad parecía sentirlo, Hinata sintió que le daba una bofetada, ¿cómo podía sentir lastima de ella?, ¿cómo se podía ser tan cínico?
—¡Byakugan! —Activó su línea sanguínea colocándose inmediatamente en la posición de batalla de su familia, sus manos temblaban por la rabia reprimida, sentía que las venas alrededor de sus ojos podían estallar por el poder acumulado.
—La ira dirigida de tan mala manera durante un combate te llevara irremediablemente al fracaso. —El hombre desenfundó su espada, se veía tan calmo que Hinata sintió nauseas—. Los sentimientos mal encausados llevan a la destrucción.
—Cállese. —Susurró en un jadeo ahogado.
—El sentimiento de venganza envenena el alma.
—Cállese. —Esta vez su voz fue un chillido que parecía a punto de perder los estribos.
—Mi muerte no te traerá a tu hermana de regreso.
—¡Cierre la boca! —Furiosa se lanzó hacía adelante con la palma de la mano cargada de chakra, él puso su espada en posición de bloqueo, pero ya demasiadas veces se había enfrentado a la espada de Suigetsu como para caer en ese truco, con un violento quiebre de cadera redirigió su mano hacía su pecho.
—¡Junken! —Pero en el último momento él avanzó un paso de costado, casi como si se deslizara sobre el agua.
—No lograras vencerme en ese estado. —Hinata solo alcanzó a abrir los ojos con sorpresa cuando él la sujetó del brazo y le susurró contra la oreja, aquel hombre que le repugnaba, estaba tan cerca, tan abrumadoramente cerca que podría vomitar.
—Shugohakke Rokujuu Yonsho. —Ya lo tenía cerca, no lo dejaría ir. Con rapidez elevó una mano que al instante dejó caer un hilo de chakra al suelo, su otra mano se movió con la misma velocidad, aquellos hilos de chakra combinados con el Byakugan eran capaces de cortar lo que fuera, tenía que ser lo suficientemente flexible, lo suficientemente fuerte para lograr su cometido.
—¡Okisuke-san! —El hombre que se había mantenido al margen dio un paso al frente luciendo sorprendido y temeroso por su compañero, pero al parecer semejante preocupación no había sido necesaria. Hinata dio un paso atrás, su boca se abrió y sin poder evitarlo escupió sangre.
—Tienes una herida. —El samurai la había golpeado con la empuñadura de su espada en el estomago, sintió como la herida volvía a abrirse—. No deberías pelear en semejante estado.
—Ugh. —Con toda la rabia que tenía conectó un golpe Junken en su brazo izquierdo que cayó inerte, pero él pareció no tomarlo en cuenta, sin ningún gesto en el rostro la tomó del cuello con la mano derecha y la levantó de tal manera que sus pies quedaron colgando en el aire.
—La venganza es un camino oscuro que no cualquiera puede seguir. —Hinata quería gritarle que la soltara, que no tenía deseo de escuchar sus razones ni su filosofía, quería matarlo, sólo eso, quería matarlo…
Sintió como el aire empezaba a faltarle, estaba resultando patética, tan patética como siempre, nunca dejaría de ser la endeble y débil Hinata Hyuuga.
—Si no tienes la suficiente fuerza para enfrentarte a tu adversario debes dejarlo. —Él seguía hablando con la calma de siempre, como si intentara convencer a una niña de no llorar por el helado que se le había caído, ¿cómo podía un hombre así haber cometido un asesinato tan espantoso?, ¿por qué se encontraba ahora bajo su mano como si todo lo que había pasado y sufrido no valiera de nada?
—Ugh. —La garganta se le estaba cerrando, débilmente empezó a patalear intentando soltarse.
—Si sigues tras de mí desperdiciaras tu vida. —Era humillante, humillante ver su mano apretando su cuello, poder ver su rostro impávido observándola desde un ángulo bajo, con su vida literalmente en sus manos.
Quiso gritar, quiso golpear, morirse o matarlo, lo que fuera, pero se dio cuenta una vez más que no era capaz, nunca había sido capaz de decidir su futuro, de cargar en sus hombros el peso de sus decisiones.
Y entonces se dio cuenta de que iba a morir, que el aire hacía un par de segundos había dejado de entrar a sus pulmones, que la consciencia empezaba a tambalearse, iba a morir…
De pronto la mano del hombre se abrió y ella cayó al suelo como un fardo, ni siquiera tuvo las fuerzas para toser, se quedo ahí tirada, el cabello se le había soltado y caía sobre la tierra enmarcando su rostro pálido.
—¿Qué sucede? —El samurai que se había quedado en la retaguardia volvió a poner la mano en la empuñadura.
—Un cazador. —Al instante la tétrica figura se recortó contra la sombra de los árboles.
—¿Konoha?
—Esto ya no es nuestro problema. —El samurai del dragón dio media vuelta y se alejó de ahí, titubeante su compañero lo siguió. Hinata pudo verlos desapareciendo entre las sombras, apenas podía respirar, pero le hubiera gustado más morir, morir o matarlo, siempre había creído que sus únicas opciones eran esas.
Escuchó que el Cazador se acercaba, no era Neji, las pisadas de Neji no sonaban así, además Neji ya se hubiera acercado a prestarle ayuda, tampoco parecía probable que fuera Naruto, el rubio era demasiado arrojado para avanzar con esa lentitud y los pasos eran demasiado pesados para pertenecerle a Karin.
Cerró los ojos, la herida del estomago se le había abierto y estaba sangrando, la garganta se le había apretado de tal manera que dudaba mucho que pudiera hablar. Si no se trataba de esos tres entonces era el último cazador, el cuarto, ¿quién sería?, no importaba, había sido derrotada.
Sasuke se acercó con lentitud, los samurais ya estaban muy lejos. No podía creer que en una simple vuelta de rutina (más por alejarse de las incoherencias de Naruto que por otra cosa) fuera a encontrarse con Hinata Hyuuga.
La escena había sido harto chocante, la chica colgando del cuello por la mano de su verdugo, la persona a quien quería matar diciéndole que no podía hacerlo.
Te falta odio
Aquella era una repetición exacta de Itachi cuando se habían encontrado y él tenía doce años. La venganza en los ojos de ella era palpable, impregnaba el aire con la fuerza de su rabia. El motivo que tanto habían discutido en esos días se acababa de revelar frente a sus ojos.
Hinata Hyuuga buscaba vengarse de alguien y ese alguien era un samurai del país del Hierro. ¿Cuál era la causa?, lo desconocía, pero lo que si podía decir a ciencia cierta es que justo en esos instantes aquella era la única razón que ponía en movimiento la vida de esa chica.
Con lentitud se puso en cuclillas frente a ella, una mano rozando el suelo, la otra apoyada en su rodilla, Hinata ni siquiera giró a verlo, sus ojos estaban perdidos en un mundo que Sasuke conocía muy bien, estaba en el vacío producido por la frustración, sus manos temblaban de rabia. Había estado al borde de la muerte, pero solo podía pensar en que había fallado, lo veía, aquella oscuridad que se la estaba tragando.
¿Así se habría visto él en sus tiempos?, claro, ella era como una repetición del Sasuke de doce años, ese que buscaba poder desesperadamente, el que se había equivocado por completo…
—Hyuuga Hinata. —Finalmente la voz le salió con aquel tono insensible de siempre—. Eres una desertora de la villa oculta de la Hoja y como tal quedas consignada a la autoridad correspondiente. —Hasta ese momento Hinata giró hacía él, en sus ojos no hubo ningún signo de reconocimiento, pero sus labios se entreabrieron para decir su nombre.
—Uchiha Sasuke. —La voz le había salido rasposa por el daño producido a su garganta, pero Sasuke no pudo evitar sorprenderse, ¿qué había hecho para delatarse?, lentamente se quito su mascara, con curiosidad observó aquel rostro pálido. Ella le devolvió la mirada sin interés o quizás es que estuviera demasiado cansada y débil para prestarle la debida atención.
—Ese hombre tiene razón, —no supo porqué, pero le habló en sus términos fríos de siempre—, no lograras tocarlo con ese nivel de poder.
—N-no… importa… —No había lágrimas ni tristeza, sólo estaba aquella rabia pisoteada, ese odio sin precedentes que se forzaba a si mismo a ponerse de pie.
—Solo lograras que te mate. —Él mismo había entrenado por tres años para que al final Itachi simplemente le regalara su vida como al niño protegido que siempre fue, si volvía a enfrentarse con ese samurai no habría nadie que la salvara de su destino.
—Matar o morir. —Aunque no agregó nada más él pudo entenderla, porque había sido consumido por esa misma oscuridad, porque en algún punto supo que ella había amado de la misma apabullante manera en que lo había hecho él, sólo alguien que había amado de aquella manera desgarradora podía odiar con la misma intensidad.
Verla a ella le recordó a si mismo perdido en una vorágine sin rumbo y supo que hiciera lo que hiciera no lograría cambiar el destino de aquella chica, si la encarcelaban no pensaría en otra cosa más que en escapar, si la dejaban probablemente moriría a manos de aquel a quien quería matar, pero aquella había sido su decisión.
—No puedo darte un sermón. —Sasuke la miró fijamente con sus penetrantes ojos oscuros—. Yo también tomé el camino que estas siguiendo. —Pero en su caso aquel había sido el camino equivocado, en su caso aquel había sido un camino de odio que al final se le había volteado en contra, al final de su venganza no había encontrado alivio para su alma, sólo había encontrado dolor y lágrimas.
Hinata intentó incorporarse a medias, aquello le causo un dolor punzante, nunca antes había estado tan cerca de Sasuke Uchiha, de hecho dudaba que en el pasado hubieran intercambiado palabra, quizás en la academia para algún recado o actividad, pero de ahí en más eran completos desconocidos.
Hasta ese momento no se le había pasado por la mente que tuviera algo en común con él, Sasuke era fuerte, era un demonio, un renegado con el suficiente coraje para enfrentarse a los cinco Kages juntos.
Ella era la débil y tímida Hinata Hyuuga, sin fuerza ni siquiera para reclamar el titulo de heredera que por nacimiento le correspondía. Pero ahora las cosas habían cambiado, nunca antes se había puesto a analizar los motivos que alentaban a Sasuke durante su tiempo de renegado, pero ahora le parecían claros como el cristal, ahora podía entender al Sasuke oscuro y vengador de antaño, ahora comprendía lo ilógico que resultaba el que lo buscaran en aquellos años, Sasuke no iba a volver con ellos, así como ella se negaba a regresar, así como ella había cerrado todas sus salidas para encontrar una sola meta.
El vengador que permanecía dormido en los sombríos recuerdos de Sasuke la comprendió y la sed de venganza que corría por las venas de ella en esos momentos también comprendió al Sasuke antiguo, al que había sacrificado su vida entera por cumplir el objetivo que se había trazado, acabar con la vida del hombre que había trozado su existencia.
Porque entre vengadores no había necesidad de más palabras.
Pero el hecho de que se comprendieran, el hecho de que pudieran entender aquello no quería decir que Sasuke fuera a dejarla marchar, porque Sasuke no era su amigo y nunca lo había sido, porque no la ataba ningún lazo con él.
Incluso podría matarla ahí y ahora sin ningún atisbo de culpa, en primera se suponía que aquella era su misión. Le hubiera gustado idear algo para escapar, pero aún se encontraba increíblemente frustrada, terriblemente hundida en las tinieblas por haber visto expuesta una vez más su debilidad.
No podía morir, no aún y sin embargo todo parecía tan gris, el mundo alrededor, el camino a seguir, el rostro de Sasuke tan cerca del suyo.
—Estas preocupando a Naruto. —Sasuke en realidad no supo porqué había dicho eso, quizás porque durante su largo peregrinar en los reinos de la oscuridad muchas personas le habían dicho lo mismo, quizás porque había sido Naruto y solo Naruto quien al final de cuentas lo había sacado de aquel pozo negro.
Pudo ver un brillo en sus ojos, apenas una chispa, que se apagó al momento siguiente, había un lazo entre esa chica y Naruto, un lazo que ninguno de los dos quería aceptar, quizás aquel era el lazo que podía salvarla. Y no sabía porqué simplemente no la tomaba de aquellas frágiles manos y la maniataba para cumplir su misión, no entendía porque teniéndola a su merced, pudiendo matarla o capturarla, le preocupaba más el impacto que aquello tendría sobre aquel idiota al que llamaba amigo.
O era quizás que no soportaba la idea de que alguien como ella, una persona que en esencia había sido buena y obediente, alguien que podía ofrecer calidez en un inicio no tuviera una segunda oportunidad a final de cuentas.
Si él, el demonio Uchiha, el desertor de Konoha, miembro de Akatsuki, ¡el hombre que se había atrevido a retar a todos los Kages!, había logrado volver a nacer con una segunda oportunidad, entonces, ¿quién era él?, ¿qué poder tenía para negarle el mismo derecho a ella? Y lo sabía, que después de la venganza solo quedaba el vacío, la sensación de que todo había sido en vano, que aquel camino era el equivocado, pero no era él quien podía ordenarle abandonarlo, no cuando había abrazado el mismo destino en su corazón.
Adelantó una mano hacía sus cabellos color ébano, era una bonita cabellera, brillante y oscura, casi como la de Itachi, pero al hacerlo notó (no sin cierta sorpresa) que había sido presa de un jutsu de reemplazo. Unos pasos más atrás Suigetsu mantenía el verdadero cuerpo de su compañera sujeto contra su regazo, el mensaje en sus ojos era muy claro.
"No me la quitaras, no de nuevo".
Luego ambos desaparecieron en una nube de humo, últimamente Sasuke sentía que siempre se escapaban de la misma manera y hablando de eso, ¿ahora como le iba a decir a su equipo que había cometido el mismo estupido error sentimentalista dejándolos escapar?, de verdad que había equipos completos que eran gilipollas.
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Notas de Okashira Janet: Tuve un día de asueto, así que trabaje a marchas forzadas para sacar este capitulo en una tarde (Oka Jan cae rendida). En fin, ahora tengo una idea más clara de hacía donde se dirige este fic, espero les agrade el resultado porque fueron sus reviews los que me dieron la idea.
Agradezco a:
Noelialuna
Pao Uchiuga
Haibara21
Jan di-chan
Hanonkurumi
Kage ni Hime
Hyuuga
Maribelteka
Gaby L
Namikaze rock
Nadeshko
Bella Uchiha Cullen
Alabdiel
Kik
Katyn
Yanu-chan
Adlgutie
Gynee
princesaLoto
HoshiNoTsuya
Ro0w'z
Joyce Hinata
Ace Angell
A todos muchas gracias por leer, Seduciendo a Neji-niisan, esta a punto de terminar y luego de ese le toca el turno a Gaara, pero con el poco tiempo que tengo ahora creo que me esperare un poco antes de echarme al ruedo con el pelirrojo.
Reitero mis agradecimientos, son geniales Ciao
21 de junio del 2012 Jueves
