ES MI PROMESA
Capitulo 7: ¿Quién dejo salir a los perros?
Por Okashira Janet
—Déjame ver si entendí. —En la frente de Naruto pulsaba una vena que parecía querer explotar—. ¿Viste a Hinata-chan y no hiciste nada?
—Corrección, —Sasuke arqueó una ceja—, ustedes dijeron que antes de hacer cualquier cosa teníamos que conseguir información.
—¡Pero tu dijiste que habláramos por nosotros! —Naruto contraatacó exaltado.
—Bien, la próxima vez que la vea la matare para tu comodidad. —Sasuke arqueó una ceja con su aire insensible de siempre.
—Olvida eso, —Neji intervino separándolos de un aventón—, ¿qué descubriste?
—Su amada princesita esta en busca de venganza. —Sasuke chasqueó la lengua, no le agradaba que nadie lo tocara y tanto Neji como Naruto eran muy dados a hacerlo.
—¿Venganza? —Por primera vez Karin pareció interesarse en la conversación, su mano delicada ajustó los lentes en torno a su nariz.
—Contra un samurai. —El Uchiha colocó ambas manos en su cadera—. Y no cualquiera.
—¿Quién? —La pegunta del rubio fue como un siseó.
—Okisuke, no sé si lo recuerden, era…
—La escolta de Mifune-san. —Neji meneó la cabeza—. Esto es malo.
—¿Por qué es malo? —Naruto soltó lentamente el aire que contenían sus pulmones.
—Mifune-san es el general de país del Hierro, —Neji se dirigió a Naruto con aire pesimista—, era el general de la quinta división durante la guerra.
—¿Qué? —El joven sintió que la lengua se le secaba, la cosa no era grave, era lo que le seguía, intentar acabar con ese tal Okisuke era lo mismo como si alguien quisiera dañar a Shizune, era demasiado cercana a Tsunade.
—¿Por qué? —Neji apretó los puños girando hacía Sasuke.
—No sé, —el último Uchiha se cruzó de brazos—, Suigetsu llegó antes de que pudiera interrogarla y se la llevo.
—¿Y no trataste de seguirlos idiota? —El chillido de Karin de verdad podía lastimar sus oídos.
—¿Para que?, —sin embargo contestó con la seriedad de siempre—, esa chica no va a cesar en su empeño a pesar de lo que hagamos.
—¿Cómo lo sabes? —Los ojos azules de Naruto se achicaron.
—Por la oscuridad, —una sonrisa que tenía muy poco de humana se pintó en el rostro de Sasuke, era la sonrisa que le recordaba a todos que a pesar de las apariencias dentro de él había habitado un demonio—, la oscuridad en ella me habló.
—Tonterías. —Aunque el rubio tuvo que contener un escalofrío—. Tú mismo dijiste que no conocías demasiado a Hinata-chan.
—La oscuridad puede reconocerse, —la sonrisa se borró del rostro Uchiha, como si nunca hubiese estado ahí—, debes recordar que Gaara reconoció en mí la oscuridad con solo ver mis ojos cuando éramos niños, esa cualidad no cambia a pesar del tiempo, los ojos que vivieron en oscuridad reconocen a sus iguales.
—Decidamos quieren, —antes de que Naruto pudiera replicar la voz de Neji lo interrumpió—, ¿vamos a seguir esta misión?
—Sí. —Sasuke y Karin dijeron al tiempo.
—¡No! —Naruto se cruzó de brazos.
—Bah, no hay que hacerle caso, nunca fue miembro verdadero de la misión de cualquier manera. —Karin lo vio de reojo.
—¡¿Qué dices?
—Yo opino que sigamos la misión cambiando un punto, —Neji acotó despacio—, hay que atraparlos vivos.
—Eso resulta bastante cómodo para ti, ¿no Hyuuga? —Sasuke arqueó ambas cejas.
—¡Yo estoy con Neji! —Naruto alzó rápidamente la mano—. ¡Kurama también vota por esa opción!
—¡No valen los votos de bestias interiores! —Karin contraatacó apretando ambos puños.
—¡Claro que sí! —Naruto se empeñó en su punto como un niño pequeño.
—¡Que no!
—¡Que si! —Por su parte tanto Neji como Sasuke negaron con la cabeza, ese par era imposible.
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—¿A dónde vamos? —Hinata preguntó sintiendo la garganta rasposa.
—¿Has escuchado acerca de la isla de los perros? —La chica negó lentamente con la cabeza, llevaba el estomago fuertemente vendado, pero aún así la mancha carmesí evidenciaba una herida mal cuidada—. No es una isla en realidad, —Suigetsu explicó dándole un largo trago a su cantimplora—, es lo más bajo de lo más bajo del mundo ilícito.
—Suena acogedor. —Hinata murmuró despacio, se estaba dando cuenta que últimamente sus comentarios más sarcásticos escapaban antes de que pudiera frenarlos, como si dieciséis años de recato Hyuuga se hubieran ido al caño en unos pocos meses.
—Sí que lo es. —Suigetsu acotó con humor—. Podríamos escondernos de Sasuke ahí por un tiempo, recuperar fuerzas y con algo de suerte hacer un par de trabajitos para ganar plata.
—¿Dónde esta?
—Seguro es lo que más te gustara, —Suigetsu le guiñó un ojo—, esta en la frontera con el país del Hierro, no exactamente la frontera, claro, es un mundillo aparte, no es muy seguro cruzar fronteras de cualquier forma.
—¿Bandidos? —Hinata preguntó sin muchas fuerzas.
—Bandidos, secuestros, robos, además, ¿lo habías pensado?, —Suigetsu arqueó ambas cejas—, ¿cómo cruzaremos la frontera al país del Hierro?, somos prófugos de las cinco aldeas ninja.
—Será difícil. —Hinata contestó sin prestarle demasiada atención, sentía que de vez en cuando la visión se le ponía borrosa y oscura.
—¡Será más que difícil! —Suigetsu gritó, pero por alguna razón lucía emocionado. Ambos siguieron caminando sin más palabras de por medio, estaban atravesando el desierto bordeando la aldea de la arena, tratando de no llamar demasiado la atención, aquello era un suplicio para ambos, Hinata estaba guardando la mitad de su agua para dársela a su compañero que sudaba como si fuera un hielo puesto sobre el asador.
Se habían colocado capas con capuchas para protegerse del sol, pero a cada paso el pie se les hundía más en la arena evidenciando su cansancio y el peso de su cuerpo cada vez más torpe sobre sus pies.
Cuando el viento empezó a ponerse helado y la luna a tintinear en el cielo Suigetsu sugirió que acamparan junto a un árbol marchito, Hinata no hizo comentario alguno acerca de que en el desierto no había árboles, aquello era a causa de un jutsu y la única persona capaz de manipular la madera era Yamato si no se equivocaba, ¿habría pasado por ahí alguna escuadra de Konoha?
—¿Podemos dormir espalda con espalda? —Suigetsu sugirió abrazándose los hombros—. Tengo frío. —Sin más se colocó a espaldas de su compañera y ambos apoyaron la cabeza en el otro, Hinata había tenido que depender de su antiguo equipo en muchas ocasiones, más de una vez Kiba y Shino la habían salvado en algún momento crucial, pero no recordaba nunca un momento como aquel con uno de ellos. Cerró los ojos cansada, no se habían puesto de acuerdo para hacer guardias y a ser sincera no creía que ninguno soportara despierto después de semejante caminata. Sabiendo que quizás estaba cometiendo un error dejo su consciencia perderse.
Se encontró de pie sobre el mismo jardín marchito dónde su hermana había muerto, la luna llena brillaba en lo alto y ella vestía la yukata de esa noche, su cabello suelto ondeaba en el viento y entonces la vio, su hermanita estaba de pie en medio del pasto moribundo, había sangre en su ropa.
—¡Hanabi-chan! —Pero la niña no le contestó, apenas ladeó un poco la cabeza, llevaba una venda alrededor de los ojos.
—¡Hanabi-chan! —Quiso correr, pero el chico que había matado luego de salir de Konoha la sujetó de la mano, era una mano fría que se clavaba en su muñeca.
—¡Hanabi-chan! —El escuadrón completo de la aldea de las nubes (el mismo que Suigetsu y ella habían destruido) estaba ahí, todos estaban fríos y tenían los ojos fijos en la nada, pero jalaban de ella enterrando las uñas en su carne, Hanabi cada vez estaba más lejos y un perro negro estaba echado a pocos pasos, era enorme y amenazador, sus ojos eran sangre líquida y parecía burlarse de sus intentos de soltarse de sus captores.
—Suéltame, —lo escuchó susurrarle como si estuviera hablándole en su oreja—, suéltame.
Despertó de golpe sintiendo que sus dientes chocaban el uno contra el otro, Suigetsu seguía durmiendo, su cabeza de blancos cabellos estaba recargada en su hombro, podía observar su largo flequillo cubriéndole parcialmente los ojos. Asustada y aterida se abrazó a si misma, a ser sincera quería darse la vuelta y aferrarse a Suigetsu, pero se suponía que ya no era la misma niña tonta y débil.
Faltaba para el amanecer pero no podía volver a dormir, aquel perro la había estremecido de una manera extraña, le tenía pavor, pero por otro lado sabía que de soltarlo el camino sería más fácil. La mañana la descubrió con los ojos fijos en las dunas de arena mientras Suigetsu se desperezaba a sus espaldas.
—¡No sabes cuan duro y congelado esta mi trasero! —Aquel fue su saludo de buenos días, en otra ocasión y en otro momento se hubiera sonrojado, pero en ese instante apenas le sonrió sin prestarle mucha atención—. ¿Tu como dormiste?
—Tuve una pesadilla. —También ella se puso de pie, apenas se acomodaron las capas y recogieron su equipaje volvieron a echar a andar.
—¿Qué soñaste?
—Con mi hermana.
—¿No es eso bueno?
—Estaba muerta.
—Ok. Suena un poco perturbador.
—También había un perro.
—¿Qué clase de perro?
—No sé… —Hinata giró a ver el cielo que lentamente se pintaba de un rojo encendido—. Era negro y aterrador.
—Que mal plan, —Suigetsu se pasó ambas manos tras la nuca—, yo soñé que tenía un frío de la jodida, pero no era un sueño, ¿por qué tiene que estar tan helado el maldito desierto nocturno? —Hinata se encogió de hombros, últimamente Suigetsu hablaba mucho y ella apenas asentía con la cabeza, las cosas estaban así desde que había tenido un pequeño ataque de histeria por su debilidad (Suigetsu había acabado por darle una bofetada), hubo silencio entre ellos por al menos dos días después de eso, pero al final Hinata admitió que se lo merecía, quizás si sus amigos le hubieran dado una lección como esa (un golpe y "tranquilízate con una mierda") podría haberse sobrepuesto más rápido de muchas cosas, pero ya era demasiado tarde para eso y su compañero de ese momento era Suigetsu, no Kiba, no Shino y estaba bien así.
—Vamos a tener que parar en un abrevadero. —Suigetsu hizo mala cara, el agua revuelta con la que le daban de tomar a los caballos civiles no le agradaba demasiado, pero necesitaba agua urgentemente, en ese aspecto era bastante más delicado que cualquier otra persona, de verdad pitaba por llegar a la isla de los perros, el clima ahí sería como en el país del hierro, con un poquito de suerte incluso habría nieve.
Caminaron casi por cinco horas casi sin hablar, de vez en cuando paraban porque su sandalia se había llenado demasiado de arena o porque debían esconderse porque pasaba una caravana, lo cierto es que ir de prófugo era un dolor de muelas y ambos parecían compartir el sentimiento. Al llegar al abrevadero Suigetsu metió la cabeza dentro como si fuera una bestia más, Hinata se sentó a un lado y tomó un poco de agua con la mano, no estaba fresca como supuestamente eran los oasis, era agua sucia, tibia y de un gusto insalubre, pero se lo tomaron de todas formas.
—Te lo digo Tsubame, —un muchachito moreno como un esclavo iba siguiendo a una chica de cabello corto y castaño que guiaba a un caballo hacía el abrevadero—, no es buena idea que viajemos tan solos en… —Al instante de ver a Hinata y Suigetsu cerró la boca con espanto.
—No vamos a robarles, —Suigetsu aclaró poniendo las palmas hacía arriba—, no estafo críos. —Hinata no sabía si hablaba en serio o no (hasta el momento no habían precisado robar nada).
—Buenas tardes, —la chica era a todas luces una simple civil sin mayor encanto—, estamos viajando…
—Nosotros también, —Hinata echó ligeramente hacía atrás su capa, al ver su rostro los chicos parecieron relajarse, Suigetsu rodó los ojos, oh sí, bajen las armas solo por un rostro hermoso de mujer—, ¿a dónde van? —Hacía demasiado calor para sutilezas.
—Somos comerciantes, —el muchachito se cruzó de brazos mirando a Suigetsu como si sopesara su potencial—, vamos al país de seda.
—¿Podríamos viajar con ustedes? —Hinata dejo que su largo cabello escapara al encierro de la capa, pudo notar el asombro y la apreciación en los ojos castaños del muchacho—. Estamos cansados de la caminata por el desierto, les aseguramos que no intentaremos nada en su contra.
—La carreta es pequeña… —La jovencita acarició al descuido su caballo—. Tendrían que viajar en el pescante…
—Esta bien, —con su desparpajo habitual Suigetsu le guiñó un ojo—, puede que no lo parezca pero sé conducir caballos. —Así fue sellado el trato, los jovencitos se metieron a la carreta y tanto Suigetsu como Hinata treparon al pescante, el calor era igual de espantoso, pero por lo menos ya no tenían que caminar. Hinata quiso preguntarle a Suigetsu dónde había aprendido a dirigir una carreta, pero al final terminó adormilándose en el hombro de su compañero.
—¡Hanabi-chan! —De nuevo se encontraba en el mismo lugar, sus pies descalzos sobre el pasto marchito, los muertos pasados jalándola hacía atrás, clavando sus dedos en su carne, impidiéndole avanzar.
—Déjame salir. —El perro negro estaba ahí, observándola, con la enorme lengua apenas asomando entre sus colmillos, esta vez pudo ver sus cadenas, eran pesadas y gruesas, tenía muchos candados, sería difícil quitarlos todos.
—¡Hanabi-chan! —La chica Chunnin logró sacarle sangre de un hombro, sintió dolor, pero por más que gritaba su hermana seguía demasiado lejos y no parecía que pudiera acercarse por su propia voluntad, la venda en torno a los ojos le impedía orientarse.
—Suéltame. —El perro volvió a jadear con un tono malignamente humano, quizás si lo soltaba alcanzaría a su hermana, pero le daba pánico hacerlo, el perro era grande, demasiado, podría atacarla y matarla y sin embargo parecía la única forma.
—Suéltame…
—Despierta, despierta. —Sintió unas palmaditas en las mejillas y la voz de Suigetsu que la alentaba—. Aquí nos bajamos. —Se sorprendió enormemente de ver que estaba amaneciendo, seguramente su compañero había estado despierto toda la noche, pero no parecía cansado.
—Lo siento Suigetsu-kun.
—Cuando dices cosas como esa me acuerdo de cómo eras antes. —El muchacho le ayudo a apearse y luego agitó la mano en el aire para despedirse de los chicos que seguían su camino al país de la seda—. Hemos avanzado mucho.
—¿En serio? —Hinata tuvo que sacudir un poco la cabeza.
—Sí. —Suigetsu sonrió feliz, como si estuviera regresando a un perdido hogar—. Debemos caminar en línea recta y a buen paso puede que estemos allí en la noche.
—¿De verdad? —Se sentía un poco adormilada y un poco temerosa aún así que tuvo que obligarse a volver a la realidad, a alzar su mochila del arenoso suelo y colgársela a la espalda. Suigetsu empezó a parlotear de buen humor, Hinata lo miró de reojo, no era la primera vez que se preguntaba porqué él la estaba siguiendo, no estaba muy segura de que sus mejores amigos hicieran lo que él estaba haciendo por una perfecta desconocida, cierto, había dicho que era por diversión, ¿pero acaso eso era lo único importante en su vida?, aunque quizás las cosas hubieran cambiado, quizás y ya no eran tan desconocidos.
Pero intentar decírselo (o preguntárselo) era una perdida de tiempo, él había dicho que no serían nada y aunque ella sabía que el trato ya se había roto (por su parte y por la de él) haría como que las cosas seguían su curso normal avanzando por simple distracción.
Avanzaron, con arena que se les metía en los ojos y los pies cansados, con la lengua empezando a desollarse y las heridas calentándose en el vapor de su propio sudor apestado. Llegado un punto, sin embargo, el aire empezó a volverse frío, Hinata giró a ver el cielo, pero no parecía que fuera a oscurecer aún.
—Odio los cambios de clima abruptos. —Suigetsu mugió—. Si de repente ya no puedo caminar me habré congelado, asegúrate de asarme a fuego lento.
—Entendido.
—Era broma.
—…
—No me ases… —Hinata apenas sonrió, de alguna manera Suigetsu era igual de infantil que Kiba, últimamente sentía que lo extrañaba, su cabello castaño y su cara de niño mientras dormía.
—Estamos llegando. —Suigetsu se tapó aún más con la capucha—. Y deja te digo que no será un recibimiento cordial. —Hinata asintió con la cabeza, el cambio de clima fue demoledor a pesar de que tuvieron que avanzar varios kilómetros antes de que se les empezaran a entumir los huesos.
La isla de los perros.
Hinata supo que había entrado en ella cuando empezaron a aparecer edificios con mala pinta, pisos sucios, un desagradable hedor que parecía envolver el lugar por entero, vidrios rotos, podredumbre.
—Nunca pensé en decir esto, —Suigetsu le susurró por lo bajo—, pero trata de no meterte en problemas. —Hinata realmente no supo si aquella recomendación fue profética, avanzaron cerca de dos cuadras y entonces lo vieron, apenas empezaba a anochecer, pero aquel prostíbulo ya estaba abierto, un hombre enorme sujetaba a un chico contra la pared, parecía tener unos once o doce años, tenía el labio reventado y se debatía con ímpetu.
—¡He pagado y pienso cobrarme! —El hombre relinchó, su rostro era espantoso, ojos oscuros y piel curtida.
—¡Ya he dicho que yo no trabajo aquí! —El muchachito era flaco, su piel muy oscura y el cabello tieso como si llevara varios días sin bañarse.
—¡Me importa un bledo! —El hombre lo sujetó por el cuello, por un momento Hinata tuvo la espantosa impresión de que se lo quebraría—. He pedido a un mocoso y tú lo eres.
—¡Suéltame! —El terror empezó a dibujarse en el rostro del chico.
—Los perros no tienen derecho a quejarse. —El hombre lamió la mejilla del muchacho, Hinata pudo ver la maldad en sus ojos, en sus manos que apretaban el cuerpo flaco y joven. Dio un paso enfrente, la mochila resbaló de sus hombros y en la lejanía pudo escuchar el llamado de Suigetsu "no", pero algo se había activado dentro de ella sin oportunidad de un retroceso.
Aquel chico era casi de la edad de Hanabi, alguien había matado a Hanabi, ahora ese chico estaba a merced de un hombre, que podrido estaba el mundo.
—¡Hinata! —Escuchó a Suigetsu atrás, pero ya había golpeado al hombre en el brazo haciendo que soltara al chico, no había usado más que taijutsu, los civiles no sabían reconocerlo, no sabrían que era ninja.
—¡¿Qué? —El hombre giró hacía ella, lo que vio le hizo reír, una chica delgada, piel demasiado blanca y ojos sin color que parecían no tener alma—. ¿Qué quieres gata perdida? —Supo que ya no estaba en su mundo cuando aquel hombre la llamó así, ella no era ya la mil veces cuidada princesa Hyuuga, ya no había rango ni honor ni respeto, era ahí una chica sucia y maloliente que podía pasar por cualquier perdida más de la ciudad.
—Déjalo ir. —Su voz no tembló, últimamente ya no lo hacía, quizás era cansancio o quizás simplemente estaba cambiando.
—¿Y tu tomaras su lugar perrita? —La sujetó de la mano, Suigetsu estaba parado atrás, luciendo tan débil y niño como ella misma, el rostro con ligeros síntomas de deshidratación.
—No. —Zanjó con decisión y tuvo deseos de matarlo, no sólo de apartarlo, realmente quiso matarlo, por la muerte de Hanabi que no había podido evitar, por su reciente fallo contra el hombre que más odiaba en el mundo.
—¿Qué dices? —La voz del hombre se volvió un rugido, la gente alrededor empezó a disiparse y a correr, el chico había caído al piso, no parecía por la labor de huir, estaba ahí con el labio reventado, ahora que le prestaba atención parecía tener un ojo morado.
—He dicho que te marches. —Sintió odio en sus palabras, odio palpable.
—¿No sabes quien soy perrita? —La sujetó del cabello alzándole la barbilla, ella lo dejo hacer, acumulando el odio, acumulando la oscuridad.
—No y no me importa. —Le hubiera gustado ser más audaz, más valiente y escupirle en el rostro, pero no lo hizo.
—¡Pues ya te enteraras! —Alzó una rodilla, Hinata colocó las manos en defensa en automático, Suigetsu se adelantó con la espada por delante, sólo hasta entonces sintió su chakra y supo que había estado jugando con algo demasiado peligroso.
—¡Abajo!
—¡Byakugan! —Se deslizó por el piso mientras Suigetsu intentaba en vano atravesarlo con su espada, el hombre había vuelto su puño hierro, era un ninja. El chico esta vez sí intentó correr, pero fue lanzado por los aires y se estrelló en la pared echando sangre por la boca.
Hinata no recordaba haber estado tan enojada antes, con ella, con el hombre, con el mundo. Nunca lo habían intentado en una batalla real, pero se pusieron de acuerdo con una sola mirada, ella se lanzó hacía delante en un ataque Junken, Suigetsu se volvió agua, el agua cayó sobre el cuerpo del hombre y al instante se desplomó reducido con el cuerpo vuelto un hematoma de un espantoso morado.
—Muérete idiota. —Pero Suigetsu no tuvo la menor clemencia, la espada le cercenó la cabeza de un solo movimiento—. ¡Joder! —Parecía que la furia le había borrado de la mente que todo había sido a causa de los arrebatos de su compañera—. ¿Valdrá éste algo en el mercado de cadáveres? —Habló con ironía, pero no parecía que estuviera de buen humor.
—Sí que vale. —El chico se acercó arrastrando un poco el pie—. Es puño de hierro de la Nube.
—¿Tu quien eres? —Suigetsu le preguntó de malas pulgas recordando que todo el asunto había empezado por él.
—Maru.
—Maru no es un nombre. —Suigetsu entrecerró los ojos.
—Los perros no tienen nombres de todas formas. —El chico se cruzó de brazos intentando parecer rudo, pero falló estrepitosamente por su pie cojeante, el ojo morado y la sangre que le había empapado la sucia camisa.
—¿Perro? —Hinata repitió por lo bajo, se sentía un poco culpable y bastante avergonzada de contradecir las ordenes de Suigetsu, a pesar de que él aún no le reclamaba.
—Se llama la isla de los perros porque hay muchos perros. —Suigetsu recitó como si lo supiera de memoria, aunque dejo a la chica en las mismas.
—Pueden traerlo, —el chico señaló el cuerpo en el piso—, les diré dónde venderlo, ¿tienen recompensa?
—Cien grandes bebe. —Suigetsu se echó el cuerpo decapitado sobre un hombro y para el horror de Hinata le pasó a ella la cabeza, después de todo se lo merecía por ignorar sus indicaciones, no le quedo de otra que tomarla del cabello y tratar de no pensar demasiado en ella mientras la balanceaba por la calle, seguro no era una buena forma de entrar a un nuevo lugar y, seguro, aquello no les granjearía demasiados amigos.
—¿Cien?, —el chico abrió la boca impresionado—, ¿de verdad?
—Soy Suigetsu de la Niebla. —El ojo violeta de Suigetsu se cerró en un guiño—. ¿Qué hacías en un prostíbulo? —El chico se sonrojó.
—¡Yo sólo iba pasando!, ese hombre loco me sujetó por atrás y me arrastró a su cuarto, me estaba queriendo sacar la camisa cuando le di una patada y me ha dejado el ojo morado, yo sólo escapé por la ventana pero…
—Suficiente. —Suigetsu lo detuvo con la mano—. Había olvidado las pintorescas historias de éste lugar. —Hinata en cambio sentía que el estomago se le revolvía, un chico casi abusado, una cabeza apenas separada de su tronco en su mano, un pueblo de bandidos y ella ahí, ella ahí…
—Es por ahí. —El chico señaló un tétrico establecimiento, Suigetsu asintió con la cabeza y lo siguió por una puerta que chirriaba como mil cuervos juntos. Aquello fue como vender carne en el mercado, lo sopesaron, lo observaron, comprobaron que fuera el tipo correcto y les pagaron.
Hinata sentía que todo pasaba demasiado rápido y que ella estaba ahí, medio perdida, medio aturdida y sin embargo no podía irse, no podía ni debía.
—Entonces Maru, —Suigetsu le revolvió los tiesos cabellos al niño al salir del establecimiento—, ¿serás un perro agradecido?
—Por supuesto, —por primera vez el niño giró hacía Hinata—, tú tienes la protección de los perros. —Sinceramente Hinata no entendía que significaba eso, pero al parecer hacía muy feliz a Suigetsu.
—¿Dónde esta tu…?
—Manada, —el niño completó la frase—, pueden quedarse en casa el tiempo que gusten, los demás estarán de acuerdo. —Hinata pronto descubrió que "los demás" eran chicos de todas las edades, desde niños harapientos hasta hombres hechos y derechos que asentían con la cabeza cuando pasaban.
—Los perros deben cuidarse entre ellos, —Suigetsu le aclaró cuando estuvieron en su habitación, al parecer habían dado por hecho que eran pareja y los habían metido juntos en un cuarto—, si alguien más cuida de un perro tiene el apoyo de los demás, ¡y yo que no quería que ayudaras al niño!
—¿Qué es eso de perro? —Hinata preguntó despacio dejando sus cosas en una mugrienta esquina del salón.
—Gente sin nombre, huérfanos, repudiados, rechazados, exiliados, la basura de la sociedad. —Suigetsu se sacó la playera y se echó agua en la cara dejando que corriera por sus pectorales, Hinata desvió la mirada y él largó una carcajada.
—Eres una mujer rara.
—¿Por qué?
—No desvías la mirada cuando mato a un hombre y en cambio lo haces ante mi desnudez.
—No tiene que ver una cosa con la otra… —Hinata apuntó insegura.
—Por lo general la oscuridad viene de la mano de las perversiones, ¿no lo sabías? —La chica enrojeció y nuevamente Suigetsu soltó una carcajada—. No te preocupes, si no quieres me estaré quietecito en el futon.
—Suigetsu-kun…
—Bien, bien, no habrá acercamientos carnales, que estirada. —Pero la mirada juguetona en sus ojos violetas era contagiosa, el dinero lo había puesto de buen humor después de una larga caminata, de hecho parecía como si las cosas repentinamente se les hubieran puesto bastante favorables.
—Tengo sueño.
—Pues duerme.
Volvió a verla, Hanabi estaba ahí, un poco más cerca, pero la venda en sus ojos no le permitía moverse con libertad, simplemente adelantaba una mano como queriendo encontrar una pista que le indicara a donde dirigirse.
—¡Hanabi-chan! —Esta vez el hombre del prostíbulo la sujetaba por la cintura, Hinata tenía su cabeza decapitada sujeta por los cabellos en su mano, la cabeza estaba tirando sangre por la boca, intentaba hablar pero aquello era un gorgoreo chapoteado en líquido carmesí.
—¡Hanabi-chan! —De nuevo aquellas figuras frías que ya estaban muertas le arañaban la piel produciéndole daño, se abrazaban a sus piernas para que no pudiera caminar. El perro estaba echado a un lado, lucía más grande, más fuerte, más espantoso que nunca y sonreía de esa maligna manera humana.
—Suéltame, así nunca la alcanzaras.
Hinata despertó gritando, en la oscuridad sintió como Suigetsu le tomaba la mano y se acurrucaba contra ella.
—Duérmete Mangetsu-baka. —Y supo que ambos habían soñado algo, pero que el sentimiento era diametralmente opuesto.
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Naaruto se arrebujó contra su sabana, dio una vuelta para un lado, una vuelta para el otro lado y finalmente recibió un almohadazo en la cara de parte de Neji que musitó entre sueños que no lo dejaba dormir. No le quedo de otra que pararse y vagar un rato por ahí, Karin estuvo más que feliz de cederle su guardia, se arqueó hacía arriba como un gato y se fue a meter a su tienda, Naruto la observó sintiendo (como siempre que la veía) que tenía una extraña conexión con esa chica, aunque al parecer ambos lo ignoraban.
—"¿Por qué la caminata nocturna cachorro?" —Kurama preguntó con su desparpajo habitual.
—"No podía dormir". —Naruto reconoció encogiéndose de hombros y brincando de un salto a la rama de un árbol.
—"Tengo muchas ganas de capturar a esa chica." —El Kyuubi reconoció con un gran menear de colas.
—"¿Por qué?" —Naruto parpadeó.
—"Porque quizás cuando lo haga tu cuerpo haga algo que convenza a tu mente de chorlito de lo que de verdad sientes".
—"¡Oye!" —El enorme zorro soltó una carcajada y luego se sumió en el silencio, Naruto bufó y miró el horizonte, nuevamente le habían perdido la pista a Hinata, pero no parecía que ninguno de ellos estuviera muy decidido a poner la misión en movimiento de nuevo. Naruto no sabía mucho de política y papeleo, pero algo le decía que no iba a poder librar a Hinata tan fácilmente del encierro luego de haber avanzado contra sus aliados.
¿Y por qué querría venganza?, todo aquello parecía un acertijo y le hubiera gustado que Shikamaru estuviera cerca para que le ayudara a resolverlo. Se pasó lo que restaba de la noche viendo el cielo hasta que Neji salió a mear, aquello obviamente lo regresó al mundo mortal.
—¿Qué haces? —El Hyuuga siguió en lo suyo sin siquiera girar a verlo—. Deja de mirarme.
—Idiota. —Muy a su pesar Naruto se sonrojó—. Eres tú quien interrumpe el silencio.
—Ni siquiera te atrevas a hablar, —terminadas sus necesidades básicas el castaño giró hacía él entrecerrando los ojos—, tus ventosidades nocturnas pueden matar a cualquiera.
—¡¿Qué?, —Naruto sintió todo el peso del bochorno caer sobre él—, ¡cuando me duermo se me afloja el cuerpo!
—Ya lo notamos. —Neji se dirigió a la palangana en medio del campamento y se echó agua en la cara—. Nuestra tienda tiene aromatizante a mofeta contigo adentro.
—Como si tú olieras muy bien. —El rubio apretó los dientes—. ¿Hace cuanto que no te bañas?
—Pues sí paráramos en un hostal con baños… —Neji enrojeció tenuemente.
—Dejen de parlotear. —Sasuke asomó la cabeza fuera de mal humor, su cabello asemejaba mucho a un nido de golondrinas—. Son las seis de la mañana.
—Casi van a ser las siete. —Neji lo corrigió sentándose sobre una piedra.
—Seis, siete… —La mirada de Sasuke auguraba problemas—. Vayan a arreglar sus pleitos de novias en otro lado.
—Y mira quien viene a hablar, —Neji empezó a peinarse el largo y enredado cabello con las yemas de los dedos—, el que anoche lloraba por su hermano.
—¡Oye!, —Naruto saltó—, ese es golpe bajo.
—¡No estaba llorando!, —ahora sí Sasuke salió por completo de la tienda, la ropa bastante arrugada y desacomodada—, a veces hablo dormido.
—A veces toda la semana. —Parecía que el mal humor de Neji lo ponía bastante sarcástico y esa era un área donde probablemente pocos le ganaban.
—¡Cállense todos! —La erizada cabellera roja de Karin provocó que los tres hombres dieran un salto—. ¡Si alguno vuelve a gritar le voy a dar una patada de aquí a Suna! —Acto seguido desapareció dentro de su tienda.
—Hay mujeres insoportables. —Sasuke siseó lo suficientemente bajo para que ella no lo oyera, a veces como que extrañaba un poquito a la Karin enamorada.
—Que carácter. —Neji se veía genuinamente sorprendido, Naruto que estaba más que acostumbrado a los desplantes de Sakura se encogió de hombros.
—Bah, todas las mujeres son iguales.
—¿Qué? —Esta vez tanto Naruto como Sasuke giraron a donde un joven castaño parecía perdido en dimensión desconocida.
—¿Qué quieres decir con ese "qué"? —Naruto arqueó una ceja.
—Las mujeres no son así. —Neji declaró con firmeza.
—Claro que sí. —Naruto sintió que el parpado le brincaba, Karin encajaba muy bien con la descripción que se podía hacer de Sakura o Ino cuando estaban en un mal momento.
—Tenten jamás ha tenido un ataque histérico como ese, —Neji frunció un poco el ceño—, si no esta de acuerdo con algo de lo que Lee o yo hacemos se sienta a debatirlo con nosotros como una persona razonable.
—Pues ella debe ser un caso raro. —Sasuke se cruzó de brazos, aún recordaba a todas esas mujeres locas de la academia que lo seguían como posesas.
—Pues Hinata-sama tampoco me ha alzado nunca la voz de esa manera, —Neji giró a ver la tienda de Karin como si en ella habitara una serpiente peligrosa—, es amable y dulce, si tiene alguna idea es firme en su punto, pero intenta llegar a un acuerdo civilizado con los demás.
—Pues ya esta, —Sasuke chasqueó la lengua con irritación—, ya son dos los casos raros. —La verdad estaba empezando a envidiar los contactos femeninos de Neji, con razón él siempre parecía tan tranquilo, con semejantes mujeres quien no.
—Hanabi-sama tampoco…
—Ya entendimos. —Naruto giró la mirada indignado—. Nunca te las has tenido que ver con la mujer prototipo.
—Yo pensé… —Neji movió los dedos en el aire, clara señal de que se había puesto nervioso.
—¿Creíste que las mujeres eran como las que tú conocías? —Sasuke tuvo el sano impulso de reírse en su cara, aunque se frenó—. Pobre hombre engañado.
—¡Ellas están tan llenas de hormonas siempre! —Naruto agitó los brazos en el aire luciendo desdichado—. ¡Sakura-chan me golpea si se siente irritada aunque yo no tenga la culpa!
—¿Y tu lo permites? —Intrigado Neji se inclinó un poco hacía él, ahora que caía el Hyuuga no era tan cercano a su persona como para saber que su compañera solía tratarlo como su piñata personal.
—Oh bueno, —carraspeó atontado—, no duele tanto en realidad.
—Eres un caso perdido.
—En verdad lo es. —Si que era odioso cuando Sasuke y Neji se unían en una causa común.
—Bueno, basta de eso. —Neji se amarró el cabello en una coleta alta, se veía diferente así, los ojos plateados eran más evidentes en su rostro—. Karin ha dicho que no ha sentido ninguna presencia conocida en un buen rango de kilómetros. —Desde que la misión era imprecisa habían pasado de llamarse por sus nombres clave (de cualquier manera Naruto nunca lo había hecho).
—Aunque ahora el rumbo es fijo, ¿no? —Sasuke tomó un palo y dibujó un par de líneas en el suelo.
—¿Qué es eso? —Naruto arrugó toda la cara intentando hallarle forma—. ¿Un plan para una emboscada?
—No, —Neji se cruzó de brazos dándose aires de importancia—, es el río Kememeo.
—Es el país del Hierro. —Sasuke murmuró enojado.
—Pues dibujas más feo que Gai-sensei cuando le dio Parkinson. —Neji asintió repetidas veces con la cabeza.
—¿Qué es el Parkinson? —Naruto preguntó con cautela.
—¡Cállense los dos! —Sasuke no estaba para que le criticaran sus garabatos en la tierra.
—¡Les dije que cerraran el pico! —Los tres se agacharon cuando un kunai pasó peligrosamente cerca de sus cabezas, si que se ponían insoportables las chicas cuando les llegaba la visita del mes.
—En fin, —por precaución (jamás temor, claro que no) Sasuke bajó un poco la voz—, el hecho es que esa chica avanza hacía éste lugar.
—Pero les será difícil cruzar las fronteras. —Neji colocó una piedra frente a la bola que Sasuke había bautizado como el país de los samuráis—. Los carteles con sus recompensas habrán llegado ya a las fronteras de todos los países.
—¿Entonces? —Naruto se puso en cuclillas para seguir al ras del suelo los eventos.
—Tienen dos opciones, una es conseguir un salvoconducto.
—¿Eso como se hace? —Curioso Naruto giró la mirada hacía arriba, nunca había tenido problemas para cruzar las fronteras de ningún país.
—Para los ninjas solo es mostrar el papel de misión, —Neji giró la mirada hacía Sasuke—, ¿cómo hiciste tú para cruzar las fronteras cuando fuiste renegado?
—Genjutsu. —El Uchiha se encogió de hombros—. Fue fácil.
—Pero ni Hinata-sama ni Suigetsu saben usarlo. —Neji colocó dos piedritas frente a la línea-frontera—. Así que solo les queda entrar por la fuerza y después esconderse.
—En tal caso parece que nuestro destino es sencillo. —Sasuke hizo girar su mascara de Cazador en su dedo índice—. Vayamos al país del Hierro y esperemos hasta que aparezcan.
—Buena idea. —Neji se pasó una mano por el cuello—. Y ahora que tenemos un plan, ¿podríamos detenernos en algún lugar con baños públicos?
—¡Yo apoyo esa idea! —Karin salió al instante de la tienda provocando que nuevamente los tres chicos retrocedieran—. No soporto más esta suciedad.
—Entre chicas se entienden. —Naruto le susurró a Sasuke al oído, al instante en el Uchiha se dibujó una sonrisa que se borró al segundo siguiente, cuando estaba con Naruto era tan fácil volver a ser quien había sido en el pasado que le provocaba una pésima idea de si mismo, ¿tan manipulable era?
—¡Avanzando! —Karin ordenó empezando a levantar la tienda, Naruto y Sasuke palmearon a Neji en la espalda, ya iba siendo hora de que el siempre perfecto chico Hyuuga conociera el verdadero comportamiento femenino.
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—Escucha Hinata-hime. —El hombre frente a ella dibujó una línea sobre un papel—. Existen solo un par de formas para cruzar la frontera, una es teniendo un salvoconducto, la otra a la fuerza.
—¿Y la tercera? —Suigetsu se acodó en la mesa, sus orbes moradas brillando con diversión.
—Disfrazarse. —El hombre se encogió de hombros—. Cosa que es casi imposible, los guardias de la frontera les revisaran hasta debajo de las uñas.
—Me gusta lo de "a la fuerza". —Suigetsu ladeó la cabeza—. Suena divertido.
—¿Qué tan difícil sería? —Hinata colocó lentamente los dedos sobre la mugrienta mesa.
—Existen lugares más fáciles de penetrar que otros y los perros los conocemos todos, pero invariablemente se hará un escándalo, tendrán que esconderse y todo el país estará en alerta para encontrarlos.
—¿Nos ayudaran? —Hinata intentó que la voz le sonara indiferente, pero hasta ella notó un deje de angustia.
—Salvaste a Maru, —el hombre sonrió—, los perros son fieles a sus amos Hinata-hime.
—Gracias. —La tensión en sus brazos desapareció.
—Podemos provocar un gran tumulto y darles tiempo a esconderse, pero será difícil.
—Bueno, sería una tontería quedarnos de este lado a ver cuándo a ese tipo se le ocurre salir. —Suigetsu se encogió de hombros.
—Van tras Okisuke, —el hombre arqueó una ceja—, es un pez realmente grande.
—A esta chica le gustan los retos. —Coqueto Suigetsu guiñó un ojo y señaló a Hinata que lucía tan quieta como una muñeca de porcelana, la herida de su estomago por fin se encontraba cicatrizada correctamente, no había logrado recuperar mucho peso pero ya no lucía tan mal como hacía unos días, además que bañarse le daba mejor aspecto a cualquiera.
—¿Con cuantos hombres cuento? —Hinata se puso lentamente de pie.
—Treinta, unas cinco mujeres, somos los que estamos aquí ahora.
—Entiendo. —La chica extendió los dedos de ambas manos, se había pasado varios días practicando con Suigetsu, era su única carta, pero era una carta fuerte, ni siquiera le habían puesto nombre, se pregunto si una técnica en conjunto podía llevar nombre o era solo trabajo en equipo.
—Parece como si estuvieras pensando otra cosa. —Suigetsu la miró de reojo.
—¿Todo el mundo esperara que pasemos la frontera por la fuerza, no? —Hinata colocó un delgado dedo bajo su barbilla.
—Bueno, no tenemos muchas opciones. —Suigetsu concedió encogiéndose de hombros.
—Quizás sí. —La chica se dirigió a su cuarto, con lentitud acarició un largo mechón de su cabello, le había prometido a Hanabi que cumpliría su promesa pasara lo que pasara, ¿cierto?
Hanabi había empezado a llorar y sus lágrimas rojas mojaban la venda que cubría sus ojos, estaba sufriendo, podía sentirlo, el corazón le latía desesperado intentando consolarla.
—¡Hanabi-chan! —Y todos los muertos se aferraban a sus piernas, la iban a hacer caer, intentó avanzar a pesar de sus agarres, pero no podía arrastrar con tantas personas, la cabeza decapitada parecía adherida a sus dedos, no podía soltarla.
El perro negro estaba ahí, la enorme cabeza entre las patas y la sonrisa de colmillos blancos y puntiagudos como relamiéndose en espera de ella.
—Suéltame. —Tenía miedo de hablarle, pero parecía como si no hubiera otra opción.
—¿Qué ganare si te suelto? —Sintió su propia voz tambaleante y asustada.
—Lo que quieras. —El perro sonrío—. Lo que quieras.
—Suigetsu-kun, —era de noche y la luna entraba por la ventana cuando despertó, Suigetsu estaba a su lado quejándose porque la frazada no era suficiente para mantenerlo calientito—, ¿quién es Mangetsu-san?
—¿Mangetsu-baka? —El joven sonrío ampliamente—. Es mi hermano, ¿por qué?
—Oh, —por una vez su timidez propia regresó a ella—. E-es solo que en la noche…
—Esta muerto, —Suigetsu la interrumpió sin lucir desanimado en lo absoluto—, era un genio con la espada, un asesino nato, el más grande de las siete espadas de la Niebla.
—¡Oh!
—Era un buen hermano (en el sentido retorcido de la Niebla, claro).
—Entiendo…
—Siento como que tienes un plan para pasar la frontera y no me lo quieres contar. —Suigetsu se colocó boca abajo, el rostro de lado para poder verla—. ¿Me lo dirás?
—Estaba pensando que soy demasiado reconocible en cualquier lado. —Hinata se hizo un ovillo al lado del chico—. Por mis ojos.
—Hyuuga. —Suigetsu se encogió de hombros—. ¿Qué con eso?
—Hay algo en mis sueños que me esta molestando. —La chica miró fijamente a su compañero, a sus hermosas orbes violetas, quizás lo más hermoso de su persona.
—¿Las pesadillas continúan?
—Supongo que sabrás que el ojo blanco de los Hyuuga lo puede ver todo, —Hinata llevo una mano a su cara—, el pasado, el futuro, el presente, nada puede esconderse a nuestra visión.
—¿Es como una bola de cristal?, —Suigetsu se emocionó enseguida—, dime, ¿tendré niños y una esposa amable?
—Será violenta. —Hinata le contestó sin inflexiones en la voz.
—Diablos, entonces prefiero pasar de unir mi vida eternamente.
—El caso, —como si nunca la hubiera interrumpido ella continuó—, es que creo que he despertado mi visión absoluta mientras me encuentro inconsciente.
—Creo que no te estoy entendiendo. —El joven negó con la cabeza.
—Pero me seguirás, ¿verdad?
—Siempre a sus ordenes Hinata-hime. —Y bajo la frazada ambos sonrieron.
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—¿Quién dejo salir a los perros? —El guardia de la frontera se frotó la nariz con asco desde mucho antes de que la lenta caravana llegara a su portón, nevaba con lentitud, pero aún así el hedor era espantoso.
—¡Alto! —Su compañero se plantó frente a la comitiva poniendo una mano enfrente y con los ojos llorosos por el picor en su nariz.
—Buenos días. —Una muchacha envuelta en una pesada gabardina se apeó del pescante—. Venimos a ofrecer nuestros vinos al país.
—Apestan. —El hombre se tapó la nariz.
—Venimos de muy lejos. —La chica suplicó, sus manos eran pálidas como las de los civiles de la montaña.
—Los conozco. —El otro guardia avanzó con un palo en la diestra—. Son de la isla de los perros.
—De algo tenemos que ganarnos el sustento. —Un hombretón se bajo tras la muchacha, tenía mala cara—. Y vender vino no es algo ilícito según tengo entendido.
—Pasen a revisión. —Ciertamente el guardia no quería hacerlo, todos apestaban y lo que menos quería era meterles mano entre sus hediondas pieles. Unas diez personas (entre hombres y mujeres) bajaron de las carretas, todos se colocaron contra la pared, la primera era una chica de cabello corto y tan negro que podía pasar por azul, dos largos mechones enmarcaban su rostro, pero por lo demás el corte era bastante masculino, tenía unos bastante comunes ojos castaños, o mejor dicho, sólo tenía un ojo, el otro estaba tapado por un parche.
—¿Qué te pasó en ese? —El guardia se lo señaló.
—Me lo vaciaron en una pelea. —A pesar de lucir tan endeble la chica le contestó con valentía.
—Eres muy joven para meterte en tales líos, —el guardia le bajó el parche de un solo y grosero movimiento, una cicatriz recorría su ojo izquierdo de arriba abajo, era una lastima, hubiera sido considerablemente guapa sin eso—, te has echado a perder. —La chica se encogió de hombros, llevaba los labios apretados, aunque debía ser por el frío.
—Ya podríamos acabar. —Su compañero le siseó—. Estoy haciendo esfuerzos por no voltear el estomago.
—Espera, —era una lata pero tenían que revisar el cargamento—, enséñame el vino.
—De acuerdo. —El hombretón del principio, quien parecía ser el líder, medio gruñó, la chica tuerta entrecruzó los dedos como si estuviera ligeramente nerviosa. Ambos, el hombre y el guardia, avanzaron hacía la última carreta en donde viajaba la mercancía, por lo menos veinte tarrajas de vino esperaban alineadas una al lado de la otra.
—Destápalas todas. —El guardia ordenó y al instante las veinte mostraban inocentemente su líquido rojo tinto. Apenas verlo sintió que la boca se le secaba, ser guardia en aquella perdida parte de la frontera era la mar de aburrido, nunca pasaba nada y siempre tenía que abandonar la calidez del cuarto de vigía para certificar a borrachos, ninjas, samurais y demás bestiezuelas que se pasaban por ahí, ¿alguien tenía que regresarle el favor, no?
—Tomaré un poco. —Adelantó un vaso hacía la tarraja de la segunda fila, pero al instante el hombre lo detuvo.
—Esa no, le ha caído un poco de polvo en el camino, usted sabe, pero la de aquí ha estado bien cerrada. —Cualquier sospecha que hubiera podido tener se borró en cuanto el vigorizante licor pasó por su garganta así que regresó de mucho mejor humor con su compañero que se abrazaba a sí mismo rugiendo por el congelamiento de su trasero.
—¿Ninguno esta en la lista de recompensas, cierto?
—No. —El otro gruñó con los dientes apretados—. Como dije deben ser perros de la isla que vienen a ensuciar, no deberíamos dejarlos pasar, apestan.
—No puedes detener a alguien de la isla porque apesta. —El otro lo aleccionó—. Además el vino es bueno.
—Debiste traerme un poco. —Su compañero se quejo—. Así también los dejaría pasar de buena gana.
—Tienen diez días para vender y largarse. —El que había tomado el vino se dirigió hacía la muchacha de cabello corto sintiéndose benevolente—. Aquí esta su pase.
—Gracias. —Ella se inclinó en una pequeña reverencia, luego todos volvieron a subir con paso lento a las carretas y arrancaron con el crujir de las ruedas medio ajadas. Anduvieron por al menos dos horas sin que nadie dijera gran cosa, finalmente pararon en algo que parecía una taberna de muy mala muerte, la nieve estaba cayendo con mayor fuerza y todos corrieron a refugiarse dentro del hostal, no así la muchacha que caminó hasta la última carreta y abrió la tarraja de la segunda fila.
—¿Suigetsu-kun?
—Por fin nena. —En el vino se formó un mechón de cabello blanco, luego unos ojos y lentamente un rostro.
—¿Algún imprevisto?
—Fuera de que intentaron beberme y creo que estoy un poquitín tomado nada de que preocuparse. —El muchacho colocó ambas manos a los costados del barril y se impulsó para salir del vino, al sentir el coletazo del frío volvió a sumirse de lleno en el líquido rojizo—. Mejor me quedo aquí.
—Suigetsu-kun, —la chica lo jaló por los hombros—, estas tomado.
—Ya dije que un poquito. —Al final el muchacho accedió a salir—. Odio ese censor de chakra, de no ser por eso simplemente tomaríamos la apariencia de alguien más para pasar.
—Es un engorro. —La chica asintió, el cabello corto como cuando era niña le dejaba al descubierto el cuello y aquello no era precisamente agradable en semejante clima.
—Me gusta tu nuevo look. —Suigetsu se apoyó en su hombro dejando las piernas flojas, no sólo estaba un poco tomado, estaba completamente borracho—. Chica mala.
—¿Chica mala? —Ella tuvo que aguantar una risita, nunca (en toda su vida) a nadie se le hubiera ocurrido definirla de esa forma.
—¿Te gusta a ti Hinata-hime?
—No he resentido aún el cambio porque este ojo ve igual que el pasado. —Hinata se llevo la mano hacía aquel simple ojo castaño—. Supongo que se notara la diferencia cuando active el Byakugan y sólo funcione en el ojo izquierdo.
—¿Fue buena idea hacer una cicatriz por encima, verdad? —Suigetsu sonrió de esa manera tonta que tenían los borrachos de hacerlo.
—Sí, —ella le reconoció con humildad—, bajaron el parche como dijiste que harían.
—Y cayeron en el farol de la cicatriz. —Ella asintió con la cabeza, su ojo se asemejaba mucho al de Kakashi ahora, cubierto y con una cicatriz en vertical, en otros momentos quizás le hubiera preocupado su aspecto físico, pero no ahora, no para lo que estaba buscando.
—¿Pero no será una desventaja tener un solo ojo con el Byakugan? —Suigetsu preguntó por décima vez (por lo menos) desde que le había planteado su plan.
—Quizás. —Hinata lo arrastró con suavidad al hostal, adentro reinaba un clima tibio y el resto de los perros ya se habían acomodado en alguna butaca o en un rincón cerca de la chimenea—. Pero no lo creo.
—Tus predicciones no cuentan como argumento. —Suigetsu hipó—. Última vez que viajo con la mercancía, para la otra usaremos la fuerza bruta.
—De acuerdo. —Ella le concedió sin prestarle demasiada importancia y lo ayudo a subir las escaleras, les habían otorgado un cuarto y gracias a los perros tenían diez días antes de que empezaran a buscarlos y aún así solo buscarían a una gata perdida, si corría con suerte nadie le daría demasiada importancia. Ahora ya podían trazar un plan, una emboscada y la posterior venganza sin contratiempos ni preocupaciones.
—Oye nena, —Suigetsu trató de frotarse la enrojecida nariz—, ¿qué le hiciste a tu ojo?
—No confió demasiado en nadie. —Hinata se sonrojó por primera vez en días.
—¿Lo destruiste? —Parecía que Suigetsu fuera a echarse a llorar.
—Me pareció lo más apropiado.
—¿Aún sigues protegiendo a tu familia y tu aldea? —Suigetsu refunfuñó—. Ya no me vas a gustar tanto con los ojos bicolor.
—Es una lástima. —Ella le sonrió con tristeza acomodándolo en la cama, en el fondo de su mente bailoteó la imagen de un Naruto sonriente, pero se forzó a desecharla, ella nunca le había gustado de ninguna manera, no había diferencia.
A los segundos Suigetsu ya se había abandonado en los brazos de Morfeo y ella se dejo caer a su lado con los brazos abiertos y los ojos fijos en el techo, trató de no pensar en nada, pero una solitaria lágrima bajó por su ojo nuevo y se perdió tras su barbilla, eso fue todo, por lo menos podía estar segura de que aquel hombre que la había operado lo había hecho bien. Una risa que tenía poco de natural sofocó por un momento su garganta, pero desapareció con el aire mientras cerraba los ojos.
Había dejado salir pasear al perro, ¿ahora que?
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Notas de Okashira Janet: A ser sincera me da un poco de (¿depresión, angustia, miedo?) escribir este fic, pero vamos tirando.
Agradezco a:
Kage ni Hime
Gynee
Jan di-chan
Haibara21
Noelialuna
Rocio Hyuga
Namikaze Rock
Ro0w'z
Alabdiel
Maribelteka
Gaby L
Kik
MariiDii
Ania-coug
PrincesaLoto
Rociio Uzumaki
Sin
A todos muchas gracias por leer, Seduciendo a Neji-niisan ya termino pero me esperare un rato antes de escribir el fic de Gaara (hasta echar fuera otra historia porque tengo 4 y eso de actualizar cada siglo no es de Dios).
Un beso, gracias por leer
25 de Julio del 2012 Miércoles
