ES MI PROMESA
Capitulo 8: Planes
Por Okashira janet
Hinata sofocó un jadeo que le hizo doler los pulmones, era ridículo pero se había enfermado por el cambio de clima, ciertamente verse obligada de pasar del desierto a un mundo cubierto de nieve era un shock para su organismo.
Respirando entrecortadamente se dio media vuelta en la incomoda cama y sintió como el fleco humedecido se le pegaba a la frente, tenía un frío mortal pero a la vez no paraba de sudar, si se tapaba con las mantas se moría de calor y si se destapaba temblaba de frío.
Sintiendo que los oídos le zumbaban se pasó una mano por la caliente nuca sólo para comprobar que el cabello en ese sitio estaba tan corto como el de un hombre, había escuchado en una ocasión que cortarse el cabello en una mujer era como mutilarse, quizás eso era lo que había hecho, de cualquier manera no le importaba mucho, el reflejo que le regresaba el espejo era tan ajeno de lo que había sido en el pasado que ya había pasado de preocuparle.
Los perros ya se habían ido deseándoles buena suerte, Suigetsu no podía salir a pasear con libertad porque a diferencia de ella él no había cambiado ni un ápice, a menos que hiciera el Henge era completamente reconocible y de cualquier manera no era como si pudiera manejar al cien por ciento su chakra como lo hacía ella para pasar desapercibida.
Como consecuencia el joven se había quedado sentado en las escaleras jugando a volverse agua, llegar al descanso y volver a trepar en sentido contrario, en ocasiones como esa Hinata se preguntaba si acaso Suigetsu nunca había dejado de ser un niño.
La garganta le estaba empezando a doler y su nariz a moquear de tal manera que pensaba que mojar la almohada se volvía factible, nunca le había gustado enfermarse porque quien se hacía cargo de si misma era ella, nunca había nadie alrededor para prepararle una infusión caliente o mimarla, así había sido dentro del clan y así había sido en su equipo.
A veces Hinata veía a las madres que arropaban a sus hijos con bufandas en la academia y les daban consejos para no enfermarse, pero eso no había aplicado en ella, Koh era su guardián, pero casi no sabía nada de niños y de niñas menos que otra cosa, pensaba que estar a su alrededor y alejarla del peligro era su deber, no había espacio para nada más.
Aunque Koh no fuera un hombre especialmente cariñoso Hinata sentía que lo extrañaba, al final el papel de guardián se lo había quedado Neji, pero antes de eso, cuando apenas era una niña Koh había sido para ella la figura paternal que había estado buscando.
—Koh… —Susurró sin fuerzas, sentía el cuerpo cortado y la cabeza punzándole, tenía cosas mucho más importantes que hacer aparte de estar ahí, tirada intentando respirar con normalidad, pero todo el mundo sabía que una gripa era una gripa y no se iría así como así.
Afuera había un chirrido como el de un molino dando vueltas, era molesto pero no podía hacer nada por evitarlo, los dientes le estaban castañeando, Suigetsu le había dicho que estaban diez grados bajo cero y que afuera había un hermoso manto de nieve, a ser sincera a Hinata no le gustaba demasiado la nieve, en Konoha rara vez nevaba y el recuerdo más temprano que tenía acerca de la nieve venía envuelto en una escena con Hanabi.
Aún entonces, luego de tanto tiempo, cada que pensaba en Hanabi su mente volvía con precisión exacta al momento mismo en que su vida había cambiado por completo, el instante en que aquel hombre había matado a su hermana justo frente a sus ojos.
Patética.
Con sorpresa abrió los ojos, se había quedado dormida sin querer, en realidad lo único que pudo hacer fue abrir el ojo castaño el cual empezó a derramar lágrimas, el otro (el que poseía el Byakugan) se encontraba oculto bajo un parche.
Estaba nevando, en el país del Hierro siempre nevaba, Hinata giró la mirada hacía la ventana casi sin fuerzas, todo en ella estaba pesado, su cabeza, su cuerpo, su corazón… miró la nieve caer sin ánimos y pensó de nuevo en aquella escena.
—¿Qué es eso Hinata-neesan?
—Creo que nieve… —Ambas estaban mirando por la ventana sin parecer muy convencidas de la respuesta de la mayor.
—¿Por qué cae nieve?
—No lo sé, —Hinata se pegó a la ventana—, quizás las nubes se desmoronan…
¿Por qué caería la nieve?, aún no tenía la respuesta, quizás moriría sin saberlo y sí, era ilógico estar pensando en cosas como esa, después de todo, ¿Qué relevancia tenía saber por qué nevaba?, solo nevaba y ya, pero últimamente Hinata se fijaba en todo lo que ya no volvería a ver, en lo que ya no podría comprender.
Lo había sabido aquella noche cuando había dejado libre al perro, cuando con manos temblorosas le había soltado la correa.
—Tú morirás. —Aquella era la respuesta que le había dado y por alguna razón no le pareció tan descabellada, es decir, lo sabía desde el principio, que sería difícil, casi imposible para ella.
—¿Pero podré matarlo? —Los muertos la jalaban clavando sus cadavéricos dedos en su piel, pero ella había fijado los ojos en los del enorme perro frente a ella quien sonrió ampliamente, una sonrisa maligna.
—Sí. —Y aquello era todo lo que necesitaba saber. Ciertamente no había pensado que iba a ser de ella una vez culminara su venganza, pero ahora sabía que no debía preocuparse por eso, no tendría que ocuparse de Konoha o del deshonor que le había causado al clan, simplemente moriría.
Por eso no le había costado cortarse el cabello o deshacerse de uno de sus ojos, el Byakugan podía verlo todo y le estaba demostrando su futuro, si hacía eso podría matar al samurai, luego le sobrevendría la muerte, pero no importaba, no si lograba hacer valer su promesa.
Constipada volvió a rodar en la maloliente cama, hubiera querido que por lo menos sus últimos días fueran apacibles y llenos de armonía, de hecho siempre había soñado que moriría como un civil, que un día simplemente se acostaría a dormir siendo muy anciana y ya no despertaría, se quedaría sumida en recuerdos agradables de sueños de días mejores.
Pero aquello ya no iba a ocurrir.
Tosió encogiéndose sobre sí misma, estar enferma le hacía sentir más vulnerable que nunca, la fiebre le estaba provocando caer dormida y despertarse exaltada en cortos periodos de tiempo. Si pudiera hacer una última cosa antes de morir le hubiera gustado despedirse de Kiba y de Shino y ver al bebe de Kurenai. Lo cierto es que también le hubiera gustado ver una última vez la aldea, correr por el bosque donde Neji y ella se habían entrenado sin descanso mientras Naruto estaba fuera en su viaje con Jiraiya.
Y si se trataba de soñar también hubiera querido un abrazo de parte de Naruto, un último abrazo, apenas el adiós de un amor que había mimado con paciencia y dulcemente dentro de ella sin recibir nada a cambio.
Las chicas si que eran tontas cuando se enamoraban, ella lo era. Hubiera podido reírse de si misma, pero se encontraba demasiado débil para intentarlo, en lugar de eso cerró los ojos y se fortaleció con las únicas imágenes que podía ver en ese estado.
Hanabi
Hanabi
Hanabi
Todo era ella, Hanabi siendo bebe en sus brazos, Hanabi creciendo, comiendo una paleta, viéndose a los ojos intentando que su padre no lo notara, disculpándose por los golpes dados después de un combate, contándose sus sueños bajo la penumbra de las sábanas.
Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas mojando la almohada y haciendo aún más difícil su respiración. A veces, cuando la fortaleza le flaqueaba y lloriqueando se decía a si misma que no quería morir, sólo tenía que recordar a su hermana para que el impulso de la venganza volviera a nacer con impecable odio en su corazón.
Y no defraudaría su promesa.
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—¿No es raro? —Karin puso ambas manos en su cintura y se enfrentó a los tres hombres que se encontraban alrededor de un tablero de shoji en diferentes posiciones.
—Sí que lo es, —Naruto parecía enfurruñado—, no puede ser que Neji me éste ganando si apenas ha movido tres piezas.
—Yo no decía eso zopenco. —Karin sintió que su voz se elevaba unos cuantos decibeles—. Hablo de que esos dos ya deberían estar aquí.
—Hay carteles con sus rostros por toda la frontera. —Sasuke habló sin ganas—. Cuando entren al país nos daremos cuenta.
—¡De cualquier manera ha pasado mucho tiempo! —Karin miró enfurruñada al manto de nieve que podía apreciarse por la ventana—. ¡Hace demasiado frío aquí!
—No se puede hacer nada contra eso. —Neji movió otra pieza ante el horror de Naruto, ¡definitivamente ese juego ya no tenía salvación!
—Voy a salir. —Molesta por la falta de atención de sus compañeros Karin gruñó al tiempo que se ponía una gruesa chamarra negra encima.
—¡Espera!, —Naruto se paró de un salto—, yo también voy. —Eso era preferible a quedarse y ver la cara de satisfacción de Neji cuando anunciara el jaque mate.
—Como quieras. —Karin se cruzó de brazos esperando a que el joven se colocara encima un pesado abrigo que con el cuello alto apenas dejaba a la vista la nariz y sus ojos.
—¡Vamos! —Naruto echó a andar a la salida, a pesar de que ya antes había estado cerca del país del Hierro aún no acababa a acostumbrarse a su clima congelador, prefería por mucho darle una visita a Gaara antes que meterse de lleno en aquel refrigerador viviente.
Por un rato Karin y él caminaron lado a lado sin decirse nada, sinceramente Naruto empezaba a sentirse nervioso, nunca le había agradado demasiado el silencio.
—¿Y que hacías con Orochimaru? —La chica arqueó una ceja como si aquella pregunta estuviera completamente fuera de lugar.
—Era la carcelera de una de sus guaridas.
—¿No era eso peligroso? —La verdad no podía imaginarse a una chica como ella, a todas luces débil, haciendo un trabajo como ese.
—Tenía mis maneras. —Karin sonrió de medio lado, no por nada era la reina de la actuación.
—¿Por qué detestas tanto a Sasuke?
—Hasta la pregunta ofende. —La pelirroja se cruzó de brazos intentando aparentar molestia, pero ciertamente había algo que hacía poco menos que imposible enojarse con semejante rubio de pacotilla.
—¿Y bien?
—Para matar a Danzou atravesó mi cuerpo sin compasión. —Karin se acomodó las gafas—. Seguro no lo comprenderías, pero eso es algo que mata todas las pasiones en una chica enamorada. —Naruto abrió la boca y luego la volvió a cerrar, Sakura también había estado a punto de morir a manos de Sasuke, pero al contrario de Karin su amiga seguía amando al Uchiha, ¿eso que quería decir?, ¿el amor de Sakura era más fuerte que el de Karin?, o acaso Karin era más fuerte.
Si se aplicaba la razón podría decirse que la decisión de Karin de alejarse de Sasuke había sido la acertada, el dejar de amarlo había sido la elección más lógica al asunto, sin embargo él mismo había seguido en la búsqueda incansable de Sasuke aún cuando en innumerables ocasiones habían estado a punto de la muerte, aún cuando le había dado la espalda a todos, aún cuando rezumaba oscuridad.
Quizás simplemente Karin no estaba hecha para el amor apasionado que tanto él como Sakura compartían, el amor que lo soportaba todo, el amor de amigo y el amor romántico. Naruto estaba seguro de que seguiría a Sakura aún si ella cayera en un hondo vacío, porque así era él.
—¿En que piensas? —Karin giró a verlo curiosa, pero rápidamente cambió su atención hacía algo más—. ¡Panecillos calientes!, debemos comprar algunos. —Naruto fue jalado hacía el puesto y se quejó de que el chico tuviera que pagar, ni siquiera estaban en una cita.
A veces Karin era desesperante, pero la soportaba porque le gustaba su cabello, era rojo y vibrante como el de su madre, aunque quizás el de Karin fuera más atrevido, el cabello de Gaara también era rojo, pero era otro tipo de rojo, un rojo más serio. Le hubiera gustado tener él también cabello rojo, se hubiera visto tan guay como Gaara y además hubiera sido completamente igual a su madre.
No es que tener el cabello de su padre lo molestara, pero de alguna manera sabía dentro de él que quería muchísimo más a su madre que a su padre, la razón era simple, mientras su madre se había sacrificado entre lágrimas por él su padre había aceptado la muerte por razones puramente shinobis y por la cobardía de perderla a ella.
Siendo sinceros su padre había amado más a su madre de lo que lo había amado a él, era lógico, suponía, a Kushina la había conocido durante años y a él apenas lo había visto unos minutos, pero su madre lo había sentido crecer, lo había amado desde que había empezado a formarse en su vientre, si las cosas hubieran sido al revés, si su padre hubiese sido el jinchuriki y su madre la Hokage estaba seguro de que no hubiera crecido siendo un huérfano, Kushina se hubiera quedado con él, no lo habría dejado solo.
—¿Qué tanto me miras? —Karin giró de malas pulgas a dónde Naruto parecía perdido en sus pensamientos.
—Me gusta tu cabello. —El rubio sonrió—. Me recuerda a alguien.
—Pues eres apenas la segunda persona que me dice eso. —Karin arqueó ambas cejas, aunque no estaba muy segura de si "tu cabello de zanahoria es precioso en verdad" de Suigetsu contara como cumplido.
—¡Waa te acabaste los panes! —Naruto chilló al darse cuenta, no era posible, por lo general las chicas delgadas como Karin siempre estaban a dieta, ¡Sakura jamás se hubiera acabado sola tanta comida!
—Eso te pasa por no ponerte listo rubito. —Karin chupó sus dedos, pero luego se cruzó de brazos abrazándose a si misma—. Me regreso a la posada, hace demasiado frío.
—Yo me quedo otro rato. —Naruto se pasó las manos tras la nuca, no quería a Neji ganándole de nuevo ni a Sasuke molestándolo sin razón.
—No me culpes si te vuelves un cubo de hielo. —La chica se encogió de hombros, dio media vuelta y se alejó rápidamente.
Naruto la vio irse con una sonrisa despreocupada en el rostro, Karin era lo más alejado de compañero ideal que pudiera pedirse para una misión, pero en lo general él era bastante blando con las mujeres, Sakura hacía lo que quería con él, le tenía tanto miedo a los zamarreos de Ino que prefería seguirle la corriente, Tenten era más accesible así que las misiones con ella no eran difíciles y Hinata…
El aire escapó de sus pulmones y metió ambas manos en los bolsillos de su pantalón dando media vuelta, había salido en misiones con Hinata y su equipo varias veces cuando eran pequeños, luego habían compartido un par de veces siendo adolescentes, pero nada que destacar. Hinata era suave y agradable, parecía acostumbrada a seguir órdenes y nunca lo contradecía, estar con ella era como estar sobre algodón.
El viento frío le golpeó la cara, de lo único que podía vanagloriarse en aquel momento era de que el Kyuubi siempre lo había hecho resistente contra resfriados, dolores de garganta y sus derivados así que no tenía que preocuparse demasiado por eso.
Pateó una piedra y continuó el camino, había poca gente afuera, seguramente a pesar de ser nativos de la zona una calle llena de nieve no invitaba mucho a estar en el exterior.
No había mercados en las calles como en Konoha, no había niños chillando como ninjas con palitos de madera a modo de kunais, no había perros lanudos echados al sol ni gatos que atrapar. En cierta forma el país del Hierro era bastante soso, pero por otro lado la nieve formando aquel manto blanco era hermosa.
De cualquier manera Naruto prefería por mucho Konoha, aunque suponía que cada persona amaba el lugar en donde había nacido por muy extremas que fueran las condiciones de vida.
Estaba perdido en esas cavilaciones cuando entró a un pequeño parque y se sorprendió enormemente al notar un columpio colgando de la rama de un árbol y no era sólo que aquello le traía viejos recuerdos de días más tristes, si no que en esta ocasión también había una persona en el columpio y al igual que él en el pasado parecía acariciar la cuerda del balancín con aire melancólico.
El viento despeinó el cabello de Naruto dejando en sus ojos una mirada que parecía doler un poco, cuando era niño siempre había estado en soledad, si tan solo alguien le hubiera hablado, si alguien se hubiera acercado… una simple sonrisa podría haber hecho la diferencia, un simple saludo podría haber hecho su infancia un poquito más feliz, un poquito más agradable.
Sin pensarlo echó a andar hacía la persona sentada en el columpio, llevaba unos pantalones de mezclilla flojos y un enorme suéter gris que no parecía que la estuviera arropando todo lo bien que cabría esperar, sintió como si la soledad que irradiaba también lograra alcanzarlo a él.
—Hola. —Susurró despacio y la persona en el columpio dio un bote asustado y giró la mirada hacía él horrorizada, al parecer la había asustado sin querer, era una chica de piel tan blanca como la nieve, llevaba el corto cabello negro muy corto, pero dos largos mechones le caían casi hasta la barbilla y el fleco le cubría a medias los ojos—. ¿Te asuste?, lo siento. —Naruto sabía que tenía que ser cuidadoso, en sus tiempos de infancia era sumamente desconfiado, la gente a veces fingía para luego lastimarlo, quizás fuera el caso de esta chica.
—N-no. —La joven tartamudeó y al instante lo miró aún más asustada, aquello era extraño, Naruto la miró más fijamente a la cara y parpadeó, tenía un bonito ojo castaño rematado por largas pestañas negras, pero del otro lado tenía un parche.
—¿Qué te paso ahí? —Atrevido, como inconscientemente se comportaba, Naruto adelantó una mano, pero la chica se echó hacía atrás como si quemara—. ¿Alguien te lastimo? —Por alguna razón la idea de que alguien hubiera podido hacerle daño lo molesto demasiado, aquella chica era pequeña y se le notaba frágil, sus delgados dedos apenas alcanzaban a sobresalir de las pesadas mangas dándole un aspecto de niña pequeña, como una muñeca lastimada y triste.
—No. —Ella pasó saliva encogiendo la cara.
—¿Entonces? —Pero ella no contestó, de hecho parecía bastante presta a huir, como si no se decidiera acerca de sí él era confiable o no—. Bueno, ¿qué haces aquí? —La chica movió lentamente los dedos de las manos y luego volvió a aferrar las cuerdas del columpio, siempre con la cabeza gacha.
—Veía la nieve. —Su voz había sonado muy hueca, como si estuviera a punto de llorar o quizás como sí el estado permanente de su cuerpo fuera el de una tristeza mortal. Naruto sintió como si lo golpearan en el corazón, como si pudiera verse repetido en ella, en aquella soledad que arrasaba, que impedía respirar y llenaba los ojos de lágrimas.
—Hace mucho frío. —Naruto no pudo evitar verla en su desgastada sudadera poco abrigadora, se preguntaba que clase de muchacha sería aquella, que historia escondería.
—Sí, —despacio ella se puso de pie—, mejor me voy. —Estaba temblando y se abrazó a si misma, sin siquiera pensarlo Naruto la tomó de un hombro y la pegó junto a él.
—Te acompaño. —Incluso él se sintió sorprendido de su ofrecimiento, ciertamente siempre se había caracterizado por meter la nariz donde no lo llamaban, pero usualmente no era dado a acercamientos de ese tipo con las chicas.
—No es necesario. —La chica se tensó por completo, su voz salió quizás un poco arisca, pero definitivamente era comprensible, uno no espera que estando sentado en un columpio llegue de pronto un rubio loco diciendo que te llevara a tu casa. Naruto se consoló con esa idea.
—No tenía nada que hacer de cualquier manera. —El joven la soltó, pero se había decidido a acompañarla, no supo exactamente porqué, o quizás era porque su aspecto desamparado lo incitaba a ayudarla. Ella era bonita de algún modo, su cabello era brillante a pesar de que el resto de su persona parecía tener un aspecto descuidado y tenía una linda piel, no era una belleza pero le causaba una agridulce ternura a su corazón.
—No eres de aquí, ¿verdad? —La chica habló suavemente, Naruto estuvo casi seguro de que aquella voz le parecía conocida, pero al final no supo exactamente donde situarla.
—No, ¿tú sí? —La verdad no parecía alguien nacida en aquel país.
—No. —La chica seguía avanzando con la vista en el suelo—. Soy de la isla de los perros.
—Oh. —Naruto no sabía dónde quedaba aquel lugar, pero de cualquier manera el nombre mismo no lucía muy acogedor. Siguieron caminando en silencio.
—¿Qué haces aquí? —La chica pareció tambalearse un poco.
—Busco a alguien, ¿estas bien? —Naruto intentó ayudarla a mantener el equilibrio, pero nuevamente ella no se lo permitió, parecía que el contacto físico la estresaba, cada vez estaba más seguro de que alguien la había dañado.
—¿A quien buscas? —La chica se cruzó de brazos tosiendo.
—A una amiga, ¿estas enferma? —Naruto parpadeó. —Las personas enfermas no deberían salir de sus casas con semejante clima.
—No tuve opción. —La chica pareció volver a perder el paso, esta vez Naruto si que la sujetó por un hombro, al hacerlo sintió como si algo calido recorriera su cuerpo.
—¿No nos hemos visto antes? —Lo preguntó con extrañeza aún estando seguro que de haber visto a una chica tan sola como aquella lo recordaría.
—¡No! —La joven chilló zafándose de su agarre y empezando a dar tumbos por la nieve como si quisiera alejarse de él.
—Espera, —Naruto corrió tras ella justo a tiempo para agarrarla de un brazo antes de que cayera—, ¡estas ardiendo en fiebre! —Seguro no había persona más idiota que él, preocupado le dio la vuelta y le puso una mano sobre la frente, al hacerlo le removió el fleco, las mejillas de la joven se sonrojaron como tomates maduros y entonces…
—Hinata… —Naruto entreabrió los labios y por un momento sólo existieron ellos dos, él sujetándola por el brazo, con una mano sobre su sudorosa frente, mirándola desde un ángulo superior por su altura y ella frente a él, ropa demasiado grande para su talla, cuerpo afiebrado, hombros cansados y cabello suave.
—¿Quién es Hinata? —La chica tosió llevando una mano a su boca y doblando el cuerpo ligeramente hacía delante, Naruto la soltó, que tonto había sido, por un momento había creído por completo que aquella chica de mirada castaña era su antigua compañera. Hinata tenía el cabello largo como una cascada, ojos del color de la luna y era una chica muy linda, rara, pero linda.
Como un recuerdo vago le llegó la imagen de la última vez que la había visto, en ese entonces su mirada era fría, su pie arrastraba un poco, parecía una mujer de guerra que se da cuenta repentinamente que la batalla aún no ha acabado y debe buscar la fiereza para seguir peleando. Sintió tristeza y apretó los puños.
—Como sea, —sacudiendo la cabeza decidió no pensar en Hinata, por lo menos no de momento, había una chica frente a él que necesitaba su atención—, debes ir a casa, esa fiebre esta muy alta.
—¿Siempre eres tan amable con los extraños? —La chica echó a andar con las escasas fuerzas que le daba su enfermedad.
—No estoy seguro… —Naruto frunció un poco el ceño, antes que llamarlo amable Sasuke habría dicho seguramente que era un metiche.
—Hum… —Los brazos de la chica se volvieron flojos de improviso, Naruto fue rápido, había visto a mucha gente desmayarse como para no poder impedir que aquella joven se fuera al suelo, extendió el brazo y ella cayó como bola de algodón en él, girarla y hacer que se acunara contra su pecho fue apenas un suspiro, ¡ella de verdad estaba ardiendo!
—¡Oye!, ¿estas bien? —La sujetó por las piernas y la espalda para acunarla contra su cuerpo, así como estaba, con el flequillo cubriéndole los ojos y las mejillas sonrojadas no podía evitar pensar que era Hinata, aunque si lo fuera tendría que haber perdido una cantidad de peso espantosa.
—S-sí. —Ella susurró intentando pararse, no podía ser cierto pero cada vez… si no fuera porque los ojos de Hinata eran plateados… ¡incluso esa voz había sonado como la de Hinata!, a lo mejor se estaba obsesionando demasiado con encontrarla y ya la veía en todos lados.
—Oye, te llevare a tu casa. —Sin darle pie a replicas Naruto echó a andar con ella bien sujeta entre los brazos—. ¿Por dónde?
—No, —ella soltó un suspiro—, no la vas a encontrar.
—¿Por qué no? —Naruto arqueó una ceja pero entonces su propia crueldad envuelta en ignorancia lo golpeó directo en la cara, ¿por qué otra razón estaría una persona sentada en un columpio con unas temperaturas tan congelantes?—. Lo siento.
—No te preocupes, —la voz de la chica parecía cansada—, no me importa.
—Pero…
—Dime, —mientras avanzaban el cabello oscuro de ella se movía con el viento reflejando destellos azules—, si tú hubieras hecho una promesa… algo muy importante… ¿lo cumplirías a pesar de todo?
—Claro, —sin entender muy bien Naruto parpadeó—, yo nunca retiro mis palabras.
—Si… si fuera muy difícil…
—Seguir mi palabra es mi camino ninja. —Naruto habló con confianza, recordó los días en que seguía a Sasuke sin descanso, cuando a pesar de todos los pronósticos exhalo hasta su último aliento por llevarlo de vuelta a su hogar, a la aldea—. Una promesa es una promesa, los que retiran sus palabras como si fuera fácil, esas personas son basura. —Sus ojos azules se tiñeron de recuerdos, si hubiera sido fácil rendirse, si no se hubiera aferrado a sus palabras entonces Sasuke estaría muerto, hubiese seguido en la oscuridad, ninguna mano lo habría jalado con fuerza hacía el que era su camino.
—Entiendo. —Una sonrisa extraña apareció en el rostro de la chica, Naruto no sabía si era amargura, ironía, desprecio o si simplemente era una sonrisa falsa, le sorprendió tanto que detuvo su andar.
—Oye… —Pero entonces la chica golpeó su propio pecho, Naruto casi pudo jurar ver una chispa azul desprenderse de aquel movimiento. Al instante saltó de sus brazos como si una nueva descarga de vida hubiese iluminado su cuerpo.
—Gracias… Naruto-kun. —Acto seguido dio un salto, llego hasta un techo y se echó a correr como un gato callejero, de tan impresionado el rubio sólo pudo atinar a extender una mano hacía ella, ¿Naruto-kun?, ¡él nunca le había dicho su nombre!
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Hinata tuvo que salir de la posada cuando Suigetsu lo gritó por la ventana, estaban buscando a la chica que venía con los perros. Ya habían pasado los diez días que les habían dado de estancia pacifica en el país, tenían que irse. A pesar de la fiebre Hinata saltó por la ventana y corrió, vio a Suigetsu tomar otro camino, la única que corría peligro en aquel instante era ella y no tanto por lo que pudieran hacerle si no porque su coartada de civil cualquiera podría caerse, ambos lo sabían, el equipo Cazador ya había llegado al país del Hierro y desde entonces la seguridad se había triplicado en torno a las fronteras, sus caras eran buscadas una y otra vez en las personas que pedían el pase, no podía dejar caer su coartada ahora que estaba adentro.
Fatigada por la carrera intentó serenarse y orientarse, era imposible, la cabeza le pulsaba y la fiebre le provocaba ver el sendero doble, aunque la nieve le abrazaba las botas sentía que el calor la deshacía y su cuerpo entero temblaba. No había salido de la posada con la mejor ropa para aquel clima, de hecho podía pasar por un perro cualquiera, aunque suponía que así estaba mejor, robaría la identidad de la chica que le había regalado su ojo.
Pensar en eso le hizo sentir un poco de nauseas, aún recordaba el cadáver de aquella chica sobre la mesa de exploración.
—Es de tu edad y acaba de morir, el ojo esta fresco. —Aquella chica que había muerto de manera tan espantosa, aquella carnicería de vísceras, su ojo, el Byakugan, siendo extraído. Y el enorme perro negro que jadeaba a su lado.
—Solo así alcanzaras a tu hermana… —El Byakugan podía verlo todo, pero no siempre era muy claro, se tenían que descifrar las señales, Hinata empezaba a comprender, sólo un poco, ella no era un genio como Neji, pero cuando veía a Hanabi en sus sueños ella tenía una venda sobre los ojos…
Sin poderlo evitar comenzó a marearse y llevó una mano a su pecho que se agitaba con cada respiración, realmente estaba mal, ¿dónde estaría Suigetsu?, no se sentía con fuerzas para activar el Byakugan y buscarlo. A lo lejos vio un columpio, vagamente recordó una escena familiar en la academia, hacía mucho frío pero de cualquier manera se sentó en él aferrando las cuerdas, la cabeza gacha. Había activado el Byakugan varias veces antes, la primera vez con miedo, pero el ojo que se escondía bajo el parche seguía siendo tan bueno como siempre y el junken no cambiaba sólo porque ahora tuviera un solo ojo.
Su cuerpo volvió a estremecerse, sentía como si de un momento a otro fuera a perder el sentido, era ridículo que una fiebre fuera capaz de tal cosa, Suigetsu se había burlado mucho de ella. Aunque de cualquier manera cada vez se estaba acostumbrando más a que su cuerpo padeciera dificultades, quizás fuera el precio para que su mente se fortaleciera.
—Hola. —Alguien susurró a sus espaldas y al instante todo su cuerpo revolucionó en un chispazo, no pudo evitar girar la mirada con horror, ¡era él!, ¡era Naruto!, no estaba alucinando, por un espantoso momento sólo pudo verlo con la boca abierta, llevaba el rubio cabello tan revuelto como le era habitual, la bandana de Konoha no estaba presente, pero aquello era lógico tomando en cuenta que iba como Cazador y se suponía no debía dejar huellas de sus pasos, el abrigo negro lo hacía lucir más adulto, un poco más apuesto, casi como si destilara caballerosidad—. ¿Te asuste?, lo siento. —Su voz era suave, ¡no podía ser cierto!, había tomado mil precauciones para no ser descubierta y de pronto se encontraba de frente con la persona que le hacía doler el corazón de una manera tan espantosa.
—N-no. —Tartamudeó aún demasiado sorprendida para ocultar a la verdadera Hinata, a esa que lo amaba, pero al instante se dio cuenta de su propia idiotez, sintió el miedo escrito en su cara, los planes se le habían caído al suelo como un castillo de naipes, pero entonces algo hizo eco en su cabeza mientras Naruto la miraba fijamente.
Él no sabía que era ella.
Si ella misma no podía reconocerse al espejo era lógico que él tampoco pudiera hacerlo, nunca habían sido allegados, no había manera de que la descubriera, casi sintió como su corazón volvía a latir regularmente.
—¿Qué te paso ahí? —Antes de darse cuenta Naruto adelantó una mano hacía el parche en su ojo izquierdo, instintivamente se retiró asustada, el Bayakugan se escondía bajo aquel trozo de tela—. ¿Alguien te lastimo? —No pudo creer que Naruto le estuviera preguntando eso, su rostro mientras la cuestionaba era serio, como si ella en verdad le interesara, ¡ja!, ni siquiera sabía quien era, Naruto era tan tonto… por eso se había enamorado de él.
—No. —Pasó saliva encogiendo la cara. Aquel momento de indecisión y cobardía estaba durando demasiado, ¿qué estaba haciendo?, frente a ella tenía al hombre cuya misión era atraparla, ¿se podía ser tan estupida?
—¿Entonces? —Nuevamente esa voz, la voz de Naruto cuando estaba siendo amable, pocas veces esa voz había sido dirigida a ella en el pasado, ¡necesitaba irse ahora!, había subestimado sus sentimientos hacía él, había subestimado lo que le impulsaba a sentir, confusa miró a los lados con la intención de escapar, pero se encontraba demasiado enferma, no alcanzaría a huir—. Bueno, ¿qué haces aquí? —Estuvo a punto de juguetear con sus dedos pero se detuvo a tiempo aferrando las cuerdas del columpio, aunque él aún no la reconocía (y dudaba que lo hiciera) mantenía el rostro agachado, su promesa, sus palabras, todo lo que había sacrificado para llegar a ese punto podían perderse en un segundo si él la reconocía.
—Veía la nieve. —Así que cerró los ojos y endureció su voz, ya lo había decidido, si esta era la última pagina por cerrar lo haría, ¿no era en si mismo una burla?, ¡estaba frente a él y no la reconocía!, aquello debería ser suficiente para comprender de una vez por todas que aquel amor había sido una quimera.
—Hace mucho frío. —Naruto comentó al descuido, ella tomó aire, la fiebre estaba volviendo con más fuerza, era eso o que por un instante la llegada de Naruto la había hecho olvidarlo. De cualquier manera debía salir de ahí.
—Sí, —despacio se puso de pie—, mejor me voy. —Estaba temblando y se abrazó a si misma, ¿dónde estaría Suigetsu?, ¡lo necesitaba!, lo necesitaba en ese momento mucho más de lo que había necesitado nunca a alguien, no solo físicamente sentía que perdería la consciencia de un momento a otro, también emocionalmente, debía alejarse de Naruto.
Apenas intentó trastabillar hacía delante cuando una mano del rubio se posó sobre su hombro tirando de ella hacía él.
—Te acompaño.
—No es necesario. —Su cuerpo se tensó al instante y la voz le salió demasiado agresiva para poder pasar desapercibida, ¿qué clase de actuación estaba llevando a cabo?
—No tenía nada que hacer de cualquier manera. —Naruto la soltó con suavidad, ¿lo había herido?, ¿había sido demasiado arisca con él?, bueno, ¡y a ella que le importaba!
—"No eres la de antes, no eres la de antes". —Se lo repitió una y otra vez en la mente mientras intentaba caminar medianamente derecho, para colmo él echó a andar a su lado, ¿qué se suponía que tenía que hacer?, en el pasado sabía que aquella escena la había soñado una y otra vez en su mente, pero en la presente circunstancia era solo un peso más sobre sus bastante doblados hombros. ¿Qué hacer?, y entonces la respuesta vino por sí misma.
Aprovéchalo.
Él no sabía quien era, no lo sospechaba siquiera.
—No eres de aquí, ¿verdad? —Intentó suavizar la voz, pero al final era demasiado parecida a la suya (a la de antes por lo menos) así que apretó los labios esperando que él no lo hubiera notado.
—No, ¿tú sí?
—No. —Siguió avanzando con la vista en el suelo—. Soy de la isla de los perros. —Bueno, aquella chica (a quien pertenecía aquel ojo) era de ahí, no era una mentira completa.
—Oh.
—¿Qué haces aquí? —Hinata intentó parecer despreocupada, pero justo en ese momento la visión se le volvió doble y no pudo evitar tambalearse, ¡realmente estaba enferma!
—Busco a alguien, ¿estas bien? —Naruto intentó ayudarla a mantener el equilibrio así que lo esquivó de mala manera, ¿por qué tenía que ser tan amable?, ¿por qué tenía que seguir lastimando su corazón aún sin saberlo?, todo habría sido más fácil si él no estuviera ahí, si no tuviera una sonrisa tan franca, un chakra tan calido, si tan solo no fuera él.
—¿A quien buscas? —Siguió preguntando porque solo así podía olvidar, escapar de aquel momento, sin embargo las palabras se volvieron un rasposo ataque de tos en su garganta.
—A una amiga, ¿estas enferma? —Naruto parpadeó. —Las personas enfermas no deberían salir de sus casas con semejante clima.
—No tuve opción. —Hinata agachó la mirada y sonrío, Naruto podía ser encantador incluso cuando estaba rompiendo sin querer un corazón. Sin poderlo evitar perdió el paso, esta vez Naruto si que la sujetó por un hombro.
—¿No nos hemos visto antes? —La pregunta del rubio tuvo la cualidad de helarla.
—¡No! —Chilló zafándose de su agarre y empezando a dar tumbos por la nieve, estaba bajando la guardia, debía alejarse de él.
—Espera, —Naruto corrió tras ella justo a tiempo para agarrarla de un brazo antes de que cayera—, ¡estas ardiendo en fiebre! —Hinata ni siquiera pudo oponerse él le dio la vuelta y le puso una mano sobre la frente, al hacerlo le removió el fleco, las mejillas de la joven se sonrojaron como tomates maduros y entonces…
—Hinata… —Naruto entreabrió los labios y ella sintió como si su corazón fuera estrujado, por un ínfimo instante todo fue una montaña rusa de terror, su único ojo castaño vio a los azules frente a ella intentando no ahogarse en su inmensidad y entonces la misma oscuridad que le había hablado antes volvió a susurrarle en la oreja la respuesta: Confúndelo.
—¿Quién es Hinata? —La chica tosió llevando una mano a su boca y doblando el cuerpo ligeramente hacía delante, Naruto la soltó, no parecía que fuera a dar explicaciones.
—Como sea, debes ir a casa, esa fiebre esta muy alta.
—¿Siempre eres tan amable con los extraños? —Hinata preguntó con algo parecido a la ironía mientras intentaba echar a andar, él no mentía, estaba ardiendo en fiebre, pero, ¿cómo iba a ir a casa?, ya no tenía casa, no tenía ningún lugar, no había nada, ni siquiera sabía dónde estaba Suigetsu.
—No estoy seguro… —Naruto murmuró pero sinceramente ya no lo podía escuchar correctamente, ¡iba a desmayarse!, intentó forzar sus piernas, por favor, solo un poco más, solo hasta que se le ocurriera algo, solo hasta que Naruto Uzumaki desapareciera en el viento y dejara su consciencia tranquila.
—Hum… —Pero no lo logró, apenas fue consciente de que sus brazos se volvieron flojos de improviso, sintió que caía hacía delante pero el brazo del rubio la atrapó en el aire acunándola contra su pecho.
—¡Oye!, ¿estas bien? —Quería decirle que no, que por favor la dejara en paz, que no la abrazara contra su cuerpo, que no le hiciera dudar de su camino con la calidez de su alma, que por favor, que por favor no la viera llorar.
—S-sí. —Susurró intentando pararse, pero no lo logro, los ojos se le habían cristalizado, ahí estaba ella, pérdida en un país extraño, enferma, asustada y entonces llegaba él, el príncipe que había soñado tantas noches en la soledad de su cuarto, el príncipe que ya no podía aceptar.
—Oye, te llevare a tu casa. —Sin darle pie a replicas Naruto echó a andar con ella bien sujeta entre los brazos—. ¿Por dónde?
—No, —ella soltó un suspiro—, no la vas a encontrar. —No había, esa era la realidad, debía recordarlo, ya no había esperanza para ella.
—¿Por qué no? —Naruto arqueó una ceja pero luego pareció llegar a alguna conclusión triste porque bajó la cara apenado—. Lo siento.
—No te preocupes, —pero las lágrimas se secaban en sus ojos debido a la fiebre, ni siquiera tenía fuerzas para eso—, no me importa.
—Pero…
—Dime, —su último deseo antes de morir había sido que Naruto la abrazara y lo estaba haciendo, pero justo en ese momento se daba cuenta con tristeza que no quería morir, que si pudiera, si solo tuviera una oportunidad…—, si tú hubieras hecho una promesa… algo muy importante… ¿lo cumplirías a pesar de todo?
—Claro, yo nunca retiro mis palabras. —Aunque lo sabía, aquello fue una loza contra su pecho.
—Si… si fuera muy difícil…
—Seguir mi palabra es mi camino ninja. —Naruto habló con confianza—. Una promesa es una promesa, los que retiran sus palabras como si fuera fácil, esas personas son basura. —Por un momento hubo silencio, Hinata cerró los ojos, incluso sin saberlo, incluso de esa manera el mismo Naruto la arrojaba hacía su destino, ya no había manera de dar media vuelta, aquello estaba trazado desde antes, su muerte era una serie de eventos que terminaban ahí.
—Entiendo. —Y sonrió, sonrió porque hasta ese momento se dio cuenta de que con una sola frase él había logrado lo que no había podido por si misma: hundir su corazón en las tinieblas.
—Oye… —Naruto pareció que iba a decir algo, pero ella ya tenía la manera de cómo escapar, golpeó su pecho, no necesitaba el Byakugan para saber dónde estaba el punto que quería abrir, lo había practicado hasta el cansancio con Suigetsu. Sintió su chakra corriendo con renovadas fuerzas por su cuerpo, por supuesto, aquello le pasaría el costo en una hora seguramente, pero no importaba. Al instante saltó de los brazos del rubio como si una nueva chispa de vida hubiese iluminado su cuerpo.
—Gracias… Naruto-kun. —Sabía que llamarlo por su nombre era una soberana tontería, pero así como sabía que moriría también estaba segura de que no volvería a verlo. Había tenido un par de minutos en sus brazos, aquello había sido más de lo que jamás hubiera podido pedir, no volvería la vista atrás una vez más, el camino por fin estaba trazado. Con agilidad saltó a un techo y echó a correr.
Naruto no hizo el intento de seguirla, cerró los ojos, los volvió a abrir y luego respiró con fuerza, ahora sabía lo que tenía que hacer.
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Suigetsu metió las manos en las bolsas de su chamarra y hundió la nariz dentro de la bufanda que le había robado a un chiquillo, así escondía sus característicos dientes, pero su cabello seguía siendo tan llamativo como siempre.
Se suponía que no debería andar por ahí paseando, pero se había visto en la necesidad de salir y despejarse. Él no era de los que daban paso atrás, le gustaba la aventura, la adrenalina, molestar y vivir desenfrenadamente, ¿para que negarlo?, por eso había decidido acompañar a Hinata Hyuuga, porque parecía divertido y no tenía nada que hacer.
En el pasado había seguido a Sasuke de la misma forma, porque Sasuke tenía la cualidad de entretenerlo. Pero ahora había pasado algo que no entraba en sus planes, algo que nunca se había planteado.
La mirada se le enturbió mientras pateaba una piedra, recordó lo que había pasado hacía apenas un par de minutos.
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—¿Qué dices? —El joven abrió enormes sus ojos violetas.
—Vi a Naruto. —Por alguna razón la voz de su compañera lucía demasiado apagada como para creerle.
—¿Y…?
—No me reconoció. —Hinata se sentó sobre la cama, se había abierto un punto de chakra para poder llegar hasta ahí (al final habían tenido que cambiarse a una posada de muy mala muerte), pero ahora que el efecto pasaba parecía que se desmayaría en cualquier momento.
—Pero… —El de la Niebla no supo que decir y terminó por agitar los brazos—. ¿No le dijiste nada?, ¿No…?
—Suigetsu-kun… —Hinata apretó sus dedos pulgares uno contra el otro, no había vuelto a hacer eso desde el lejano día en que le había dicho que la venganza era oscura, algo estaba pasando—. ¿Te acuerdas cuando te dije que tu esposa sería violenta?
—Sí. —Le hubiera preguntado porqué hacía cuestionamientos tan raros, pero prefirió callarse, parecía como si estuviera haciendo uso de todo su autocontrol para dirigirse a él.
—Te mentí.
—¿No será violenta? —Una sonrisa de medio lado se pintó en su rostro.
—No, —pero el tono sombrío de Hinata le borró el intento de risa—, si vienes conmigo… si me sigues…
—¿Qué?
—Voy a morir. —Hinata levantó la mirada hacía él, su rostro estaba sonrojado por la enfermedad, el flequillo sudado se le pegaba a la frente—, lo sé. —En cualquier otra ocasión Suigetsu hubiera bromeado, pero supo que no era el caso, si ella estaba tan segura de no salir con vida seguramente también había visto su muerte, aquel "voy a morir" quería decir en realidad "tú también morirás si me sigues".
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Hinata no había dicho nada cuando él había salido de la habitación sin mediar palabra, quizás es que solo estaba muy cansada, quizás le estaba dando la oportunidad de huir.
¿Huir?, él era Hozuki de la Niebla, los ninjas de la Niebla no huían, mataban a sus propios compañeros y se desgarraban entre hermanos cuando el momento se los exigía.
Eran los sanguinarios ninjas de la Niebla, los que no daban un paso atrás, temidos por el resto de las naciones ninja.
Lo había decidido antes, pero ahora lo reforzaría, iba a seguirla y estaba dispuesto a vender caro el pellejo, ¿qué había visto su muerte?, ¡ja!, seguro el Byakugan se equivocaba, todas las líneas sanguíneas tenían sus defectos, además no iba a detenerse en sus aventuras solo porque su vida corría peligro, si algo como eso lo detuviera no hubiera sido ninja en primer lugar.
Ella le divertía y había llegado el punto donde incluso la sentía como una extensión de él, Hinata Hyuuga era la mujer suave y dulce que había visto caer poco a poco en la desesperación y no se iría hasta que el final de la historia se escribiera, no era dado a dejar las cosas a medias de cualquier manera.
Morir, vivir, el mundo ninja no respetaba juventud ni habilidades, si lograba salir vivo de esa entonces tendría una nueva cicatriz y un nuevo reto añadido a su larga vida de proezas, ¡algo que contarle a sus nietos! (si es que llegaba a tenerlos).
La sonrisa puntiaguda se dibujó en su rostro y sus ojos violetas chispearon, no tenía que darle mayor vuelta al asunto, había decidido que viviría su vida divirtiéndose y no iba a negarse a si mismo la satisfacción.
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Hinata movió sus dedos en pequeños círculos, Suigetsu estaba sentado a su lado afilando una estaca de madera, no tenía idea de porqué haría algo como eso, pero tampoco iba a preguntarle, Suigetsu a veces hacía cosas que no comprendía del todo.
—¿Descubriste algo? —El chico siguió en lo suyo sin girar a verla, Hinata apretó un poco los labios, habían pasado tres semanas desde que se había topado por error a Naruto y desde que su mirada había cambiado por entero.
—El grupo Cazador esta desorientado, no creo que debamos preocuparnos por ellos.
—Aún están esperando que crucemos la frontera. —Suigetsu sonrió de medio lado—. No pensé que Sasuke fuera tan ingenuo.
—Eso nos conviene. —Hinata tenía los pies colgando en el aire, las manos apoyadas sobre la mesa y la mirada fija al frente.
—¿Vamos a atacar ya? —Suigetsu dejo de tallar la estaca y alzó los brazos por encima de su cabeza estirándose—. Se me va a dormir el culo si seguimos observando y esperando.
—Sólo tenemos una oportunidad Suigetsu-kun. —Los hombros de Hinata se pusieron rígidos, pero luego volvieron a relajarse—. No podemos fallar.
—Lo sé. —El joven se rascó un brazo, pero debido a la enorme chamarra que llevaba encima no parecía que hiciera mucho efecto.
—De cualquier manera el momento ha llegado. —Hinata llevo una mano a su ojo izquierdo, se había quitado el parche así que el ojo blanco era visible.
—¿Mañana? —Hinata asintió lentamente con la cabeza.
—Mañana en la noche.
—Tú samurai sale del castillo a dar su ronda de reconocimiento a las siete de la noche, tomando en cuenta que estamos en un país invernal a esa hora ya ha oscurecido.
—Me gustaría hacerlo más tarde… —Hinata susurró, sabía que aquel era un capricho puramente suyo, quería que la oscuridad se lo tragara como se había tragado a Hanabi.
—Ya quedamos en que es nuestra única oportunidad. —Suigetsu sonrió divertido—. Pero si quieres que nos infiltremos en su dormitorio y lo matemos a medianoche mientras duerme…
—No. —Hinata giró a ver a su compañero, a veces Suigetsu era tan infantil…—Quiero una pelea.
—Entre los dos es obvio que podremos ganarle. —El de la Niebla se rascó la nariz—. Pero si alguien se da cuenta y llega vamos a palmarla.
—Por eso debemos asegurarnos de emboscarlo cuando este en el punto más alejado del patio, Suigetsu-kun yo lo atacare mientras tú dejas fuera de combate a los guardias de la torre.
—¿Puedo matarlos? —El chico preguntó con un alborozo malsano. Hinata estaba casi segura de que en el pasado su respuesta habría sido diferente, pero en ese instante se escuchó a si misma al momento de encogerse débilmente de hombros:
—Haz lo que quieras.
—Es más fácil matar que dejar fuera de combate, —el joven se explicó pasando las manos tras su nuca—, además, si de todas maneras la vamos a palmar por lo menos deberíamos divertirnos antes. —De reojo giró a verla, Hinata ya estaba pálida de antes así que era imposible saber si la idea de la muerte le asustaba.
Hasta el momento el plan para infiltrarse y llegar a su objetivo estaba hecho al tun-tun y ninguno de los dos había parado a preguntarse cómo iban a escapar si es que lograban cumplir con su objetivo, de hecho todo estaba preparado como si aquel fuera un combate que terminaría con los oponentes de ambos lados.
—Ya que mañana vamos a morir, —Suigetsu siguió en su punto sonriendo maligno, pero Hinata ni siquiera dio muestras de sobresaltarse—, deberíamos cenar en grande hoy, también deberíamos liberar pasiones, ya sabes…
—Gracias, —Hinata seguía mirando al frente—, pero no.
—¿De verdad vas a dejar que se lo coman los gusanos? —Suigetsu se paró de un salto de la mesa y negó con la cabeza—. Que chica tan egoísta.
—Lo lamento Suigetsu-kun. —Por primera vez en toda la conversación giró a verlo, ser contemplado por aquellos ojos de diferente color era de alguna manera perturbador, por decirlo de alguna forma.
—En vez de lamentarlo deberías dármelo. —El chico se cruzó de brazos haciéndose el ofendido.
—Por pertenecer al clan Hyuuga se me omite de las misiones de seducción, esto debido a que la virginidad es importante para hacer tratos como parte de la familia principal del clan…
—¡Pero ya no perteneces a los Hyuuga!, —Suigetsu se cruzó de brazos, giró la cabeza y sus mejillas se colorearon—, ni siquiera a la aldea y si estabas esperando el momento para hacer un trato deberías hacerlo ahora, de todas formas vamos a morir mañana. —Hinata no dijo nada así que rendido soltó un suspiro y volvió a mirarla, para su sorpresa ella lo veía fijamente, como si estuviera considerando la posibilidad, un calor inmenso lo recorrió desde la punta de los pies hasta la cabeza, ¿ahora como iba a decirle que estaba bromeando y que en realidad (por muy buena que estuviera) no creía poder verla de esa manera?
—¿Has estado con muchas mujeres Suigetsu-kun?
—Con las suficientes. —Olvidando sus resquemores Suigetsu se pavoneo.
—¿Y… cómo es?
—Como un chispazo de colores, —Suigetsu asintió con la cabeza—, como morir sin morir. —Hinata ladeó un poco la cabeza, mientras había ido creciendo su educación acerca de la sexualidad siempre había sido muy tradicional, aunado a eso ella era del tipo de persona que se desmayaba cuando llamaban a las cosas por sus nombres propios, viéndolo en reversa había sido realmente una persona patética.
De cualquier manera en su mente siempre había relacionado las relaciones sexuales con el matrimonio y el amor, aunque ahora sabía que eso no era precisamente cierto, la princesa Hyuuga había ido a caer en medio de la podredumbre del planeta, la isla de los perros se lo había enseñado, que el sexo era una moneda de cambio, un acumulo de sensaciones que explotaban sin que hubiera un solo sentimiento de por medio, solo el salvajismo de un cuerpo expresándose.
El sexo se pedía, se intercambiaba, se esclavizaba y por encima de todo se gozaba.
Sabía que moriría al día siguiente, no buscaba encontrar una solución a eso, pero aún había cosas que su cuerpo jamás había experimentado, cosas que ya no experimentaría, había sido demasiado tímida para lograr un simple y casto beso, demasiado torpe como para explorar su cuerpo y darle lo que a veces le pedía mientras daba vueltas angustiadas en su futón por la noche, demasiado endeble como para que aquel cuerpo latiente de mujer lograra aunque sea por una vez sentirse vivo.
—¿En que estas pensando? —Suigetsu se puso frente a ella con las manos en la cintura, sus ojos violetas la vieron fijamente, él tenía unos lindos ojos, de hecho los ojos de Suigetsu le gustaban incluso más que los de Naruto porque era esos ojos violetas los que la entendían sin necesidad de palabras.
—En lo que no pude hacer.
—No importa. —Cerrando los ojos el joven se tronó los huesos del cuello—. La única razón por la que sigues respirando es para matar a ese hombre, ¿cierto?
—Sí.
—Entonces si acaso mueres mañana no tendrás nada de que arrepentirte.
—Suigetsu-kun…
—¿Eh?
—Gracias. —Por un momento deseó sujetarlo del cuello de la chamarra y besarlo, no porque le gustara, no de ese modo al menos, pero habían pasado tanto tiempo juntos, habían entrenado tantas horas, habían platicado tantas veces… Suigetsu estaba dispuesto a morir a su lado si se daba el caso, no lo entendía, el lazo que los unía, ¿tan fuerte era? O simplemente aquella era la esencia de él, aventarse a ciegas y a tontas… De cualquier manera era más, mucho más de lo que hubiera podido esperar de cualquiera y no tenía manera de pagarle, le estaba pidiendo su vida y él (tonta e ingenuamente) se la estaba ofreciendo.
¿Cómo pagar eso?, si Suigetsu la deseara ella podría entregarse, hacerlo sin amor, porque ya no le quedaba nada, pero había algo en el fondo de aquellas pupilas chispeantes que le decían la verdad, ella tampoco le gustaba de esa manera, de cualquier manera era lógico, no era bonita, nunca lo había sido, no como para tentar a un hombre.
Cerrando los ojos aspiró con fuerza el olor de aquel cuartucho, el lugar dónde esperaría pacientemente hasta que el reloj dejara de correr y el momento tan ansiado como temido llegara. Cuando ese instante hiciera su aparición no podía permitirse tener dudas en el corazón, mataría y luego moriría, ¿cómo?, no estaba segura, pero era un hecho, no tenía que preocuparse por el futuro y aquello, aunque aterrador, era un alivio.
—Siempre he querido morir peleando. —Suigetsu se sentó a su lado de nuevo, esta vez tan cerca que sus muslos estaban juntos, pero ninguno de los dos dijo nada—. Sentir la adrenalina hasta su último instante.
—Cuando era pequeña… me daba miedo pelear. —Hinata sonrió, apenas un recuerdo vago y melancólico.
—¿No es extraño que estemos aquí ahora? —Suigetsu sonrió también—. Tú y yo.
—Lo es. —Hinata miró el suelo—. ¿Te arrepientes de haberme encontrado ese día en el bosque?
—En lo absoluto. —Suigetsu río con gracia, su risa siempre era igual de refrescante.
—Pienso que encontrarte es lo mejor que pudo haberme pasado. —Hinata apretó sus dedos—. Pero el destino no fue amable contigo.
—Te equivocas. —Con desenfado le revolvió el cabello que le había crecido un poco, apenas rebasando su nuca, él también tenía el cabello más largo de lo normal—.¿No quieres cortarme el cabello?
—¿Cortarlo? —El cambio de tema fue tan abrupto que no pudo evitar abrir con sorpresa los ojos.
—Es una burla que lo tenga más largo que la mujer a mí lado. —El joven se cruzó de brazos—. Córtalo de la nuca, más corto que el tuyo.
—¿Seguro? —Hinata parpadeó—. Pero solo tengo un kunai…
—Siempre que no pierda piel… —Ambos sonrieron tenuemente ante la broma, Suigetsu se sentó en el suelo y Hinata se puso de rodillas tras él, lentamente pequeños mechones blancos fueron cayendo al suelo en graciosas espirales, Suigetsu sonrió sintiendo los calidos dedos de ella moviéndose por su cabeza.
Antes, cuando Sasuke solo buscaba matar a su hermano él también había sido así, aunque la venganza ocupaba por completo su mente enmarcando su camino en la oscuridad aún podía ser amable en ocasiones, aún su chakra era cálido. Hinata estaba parada justo en el borde dónde su alma aún no acaba de pudrirse, ella aún era el Sasuke que buscaba su meta sin reparar en lo demás, pero sin acabar de morir.
Se preguntó como hubiera sido conocerla en otras circunstancias, cuando aún era la chica buena del Souke, supuso que algo como eso no podía ser posible, él era Hozuki de la Niebla y como tal las personas a su alrededor no podían ser agradables y nobles, ya se sabe, zapatero a su zapato.
—Listo. —Hinata terminó y se hizo ligeramente hacía atrás, Suigetsu se pasó la mano por su nuca, pudo sentir unos pequeños pelitos apenas pararse estirados, al frente el cabello corto lo hacía lucir mayor y un poco más peligroso, por alguna razón sin los mechones blancos que le caían al lado de la cara sus ojos violetas habían perdido su aire infantil.
—Y bien, —de buen humor giró hacía su compañera—, ¿ahora si te acostaras conmigo?
—No. —Porque había algunas cosas que a pesar de todo no podía cambiar—. Pero… —Y Suigetsu supo, porque había veces antes de una pelea a muerte que eso pasaba, que ninguno de los dos iba a arrepentirse.
—¿Pero…?
—Si vamos a morir… —Y ambos leyeron en los ojos del otro que aquella era su última oportunidad de ser los niños que ambos habían dejado escapar.
—¿Rollos de canela y té caliente?
—¿Y le agregamos un miso ramen? —De no ser porque hacía demasiado frío ambos se habrían sonrojado.
—¿Y sake? —Después de todo el día antes de morir solo ocurría una vez en la vida.
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Notas de Okashira janet: Sinceramente iba a hacer que Suigetsu y Hinata tuvieran un encuentro pasional por decirlo de alguna manera, pero curiosamente ambos se resistieron con valor y cuando los personajes me hacen algo como eso no puedo forzarlos. Creo que a pesar de todo Hinata no puede soltar sus valores y Suigetsu es demasiado infantil para darse cuenta de muchas cosas.
Agradezco por leer a:
Ania-coug
MariiDii
Senkirachan
Noelialuna
princesaLoto
Jan di-chan
Lilipili
Ro0w'z
Alabdiel
Namikaze Rock
Rociio Uzumaki
Kage Ni Hime
KK
HYUUGA
Joyce Hinata
Sin
Rocio Hyuga
Hinamel
Unmei100
Annie Thompson
Gaby L
Haibara21
Kena-ki
HoshiNoTsuya
Tengo la sensación de que voy a sorprenderlos con el curso que tomara el fic a partir de ahora, (quien sabe igual y me avientan una pierda a la cabeza). En cuanto a sus dudas intenté resolverlas (la mayoría) en este capitulo.
Muchas gracias por leer Ciao
24 de agosto del 2012 viernes
