ES MI PROMESA
Capitulo 10: Hora de morir
Por Okashira janet
Normalmente cuando Naruto regresaba a Konoha un sentimiento calido se levantaba en su pecho, a veces incluso se le escapaba un suspiro dulce, la sensación de estar regresando al hogar. A esas tierras que lo habían visto crecer, a esos paisajes donde había aprendido a ser un shinobi, a esos bosques que podían darle paz cuando la buscaba.
Aquel sentimiento había hecho mella en él desde que era gennin y había tenido sus primeras misiones fuera de la aldea, pero por alguna razón no se sentía de esa manera en esos justos momentos. Con nerviosismo giró a ver a Hinata en sus brazos, ella seguía inconsciente y terriblemente pálida. A su lado Karin caminaba con los brazos cruzados y el ceño fruncido, como si meditara acerca de lo que pasaría a continuación, Neji y Sasuke cerraban la comitiva luciendo oscuros y meditabundos.
—Estamos cumpliendo la misión, —finalmente Sasuke rompió el silencio—, pero eso no quiere decir que ella vaya a estar a salvo.
—¿Qué insinúas teme? —Naruto giró a verlo con malas pulgas, sin embargo Neji parecía ser de la misma opinión, tenía el rostro ensombrecido.
—Pudimos salvarla de morir sin más en el País del Hierro porque ellos tampoco eran tan inocentes como para reclamar, pero te recuerdo que la muerte de un samurai no es el único delito del que se le acusa. —Sasuke habló con frialdad, sabía lo dado que era Naruto a pensar en positivo y a pelear por causas que creía justas, también sabía que gozaba de gran prestigio por ser el salvador de ese mundo. Pero aquello no era cosa de niños, si trataban mal ese asunto podría resultar en una nueva guerra entre naciones ninja.
—¡¿Cómo puedes hablar de eso después de todo lo que tuvo que pasar Hinata-chan?! —Naruto rugió provocando que tanto Neji como Karin se sobresaltaran, Sasuke en cambio permaneció impasible mirándolo fijamente.
—Si alguien conoce el sentimiento que tuvo que soportar soy yo. —La oscuridad en la voz de Sasuke era palpable—. Pero eso no deja de lado que la reconozca como una criminal, yo también lo soy.
—Ya vas con eso. —Naruto bufó fastidiado y siguió su camino intentando ignorar a su amigo, no le importaban los presagios oscuros de Sasuke y tampoco la política pesimista de Neji, ¡había prometido que cuidaría de Hinata y lo haría!, debía haber una solución, si explicaban como habían ocurrido las cosas… ¡Seguro Hinata tendría una opinión valida de los hechos! Y él como una de las piezas fundamentales de la guerra le daría todo su apoyo, ¡además era Hinata de quien estaban hablando!, la amable heredera de los Hyuuga, la chica que había peleado en la línea de fuego en la guerra apoyándolo sin titubear un segundo, ¡los dirigentes no podían olvidarse de eso tan rápido!
Las hojas crujieron bajo sus pies mientras se adentraban más y más a la aldea, el invierno en Konoha no era muy crudo, pero de cualquier manera un viento helado lo golpeó en el rostro justo cuando cruzó el umbral que lo separaba de la aldea.
—¡Naruto! —En el momento en el que puso un pie dentro Kotetsu se abalanzó sobre él, como si lo hubiera estado esperando impacientemente.
—Eh… —El rubio intentó maniobrar con el cuerpo de Hinata entre los brazos, pero al final no pudo hacer gran cosa por saludar—. Hola.
—¡Supe que…! —La voz del Chunnin se apagó, sus ojos oscuros se posaron en la heredera Hyuuga, inconscientemente su boca se abrió. Por un momento Naruto creyó que algo había hecho conexión en su mente, que todos en la aldea estaban al tanto de la historia que había tenido que sufrir Hinata y que aquella reacción era por verla de regreso, pero cuando el rostro del hombre frente a él se empezó a sonrojar y su mirada tomó una expresión boba se dio cuenta de que solamente se había sentido atraído. Ofendido el rubio giró a Hinata contra él para que su rostro se ocultara contra los pliegues de su capa, ahora que lo pensaba era lógico que no reconociera a Hinata, ¡ni él la había reconocido la primera vez que la había visto con su nueva apariencia!
—Venimos de una misión. —Neji intervino ante el pequeño y silencioso altercado.
—¡Oh sí! —Kotetsu pasó saliva sintiéndose descubierto—. Pasen. —Naruto no esperó más y echó a andar. De reojo giró a ver a la chica en sus brazos. Antes (no lo negaba) había sido atractiva, con su hermoso y brillante cabello largo y su voluptuoso cuerpo a juego con su cara de muñeca. Pero ahora era diferente… era sexy… Sintió que su rostro enrojecía, ¿en que mierdas estaba pensando?
—"Pensé que nunca te vería crecer cachorro idiota". —La voz de Kurama resonó dentro de él.
—"Ni siquiera tengo planeado escucharte". —Tomando un aire digno Naruto elevó la barbilla como si pasara completamente de él.
—"¡Oh vamos!", —Kurama se río con sorna—, "no sabes cuanto estuve esperando que tuvieras un pensamiento sucio…"
—"¡Yo no tengo pensamientos sucios!" —Naruto chilló.
—"Claro", —el enorme zorro se acostó de medio lado meneando en el aire sus pesadas colas—"me pareció haberte visto un poquitín posesivo hace unos momentos". —El rubio abrió la boca para negar el hecho, pero por alguna razón no encontró argumentos para defenderse. Decidió seguir su caminata mientras tarareaba (bloqueo mental del bijuu activándose), pero el Kyuubi pareció ver aquello muy gracioso.
—"Dime cachorro, ¿qué se siente un cuerpo tan sensual pegado tan cerca?".
—"Cállate".
—"¿Se te alborotan los instintos?".
—"Estas enfermo". —El jinchuriki tragó saliva sintiendo que el que estaba enfermando en esa situación era él pues sentía el rostro rojo y el cuerpo caliente.
—"No me culpes", —Kurama volvió a mover lentamente sus colas—, "¿tienes idea de lo espantoso que fue cuando estaba dentro de Kushina?, ver como el Cuarto se introducía en un cuerpo que…"
—¡Cállate! —Naruto gritó aterrado.
—No he dicho ni media palabra. —Neji se giró hacía el rubio luciendo confundido.
—No, no te lo decía a ti. —El joven de ojos azules aún respiraba agitadamente, ¡por nada del mundo quería conocer acerca de las intimidades de sus padres!
—No le hagas caso, —Sasuke declaró con frialdad desde atrás—, gusta de perderse en divagaciones mentales con su amigo peludo. —Naruto ni siquiera se tomó la molestia de responder.
—Naruto. —Un joven pálido apareció de la nada frente al rubio y éste no pudo evitar abrir grandes los ojos.
—¡Sai!, ¡no asustes así a la gente!
—Hokage-sama me ha enviado por ella. —Señaló a Hinata como si hablara de un simple costal de papas.
—¿Para qué?, —inconscientemente la apretó más contra sí—, ¿a dónde…?
—Dijo que debía recibir atención medica.
—¡Yo puedo llevarla al hospital! —Naruto sentenció, pero Sai simplemente lo observó con aquellos ojos fijos, aunque se habían vuelto amigos y considerablemente cercanos seguía siendo imposible descifrarlo.
—Creo que no va exactamente al hospital. —Sasuke le puso una mano sobre el hombro, él también había pasado por eso cuando había llegado a la aldea en calidad de criminal, lo habían llevado a un sector oculto del hospital, una habitación que tenía una máxima seguridad y en cuanto había empezado a valerse por si mismo (aunque eso significara adelantar tembloroso una mano para tomar un vaso con agua) lo habían encerrado en una prisión con ANBU vigilándolo las veinticuatro horas.
—Pero… —El rubio titubeó.
—No deberíamos entorpecer los procedimientos ahora. —Neji se cruzó de brazos y a regañadientes el joven extendió los brazos ofreciendo su preciada carga, Sai la recibió de manera tan autómata que se preguntó si realmente se podía ser tan insensible.
—Gracias. —El joven de Raíz pareció percatarse que era correcto agradecer, acto seguido desapareció en una nube de humo.
—Bueno, —Neji se veía tan preocupado que daba la impresión de que los problemas apenas empezaban—, debo informarle al clan…
—Y yo a la Hokage. —Sasuke chasqueó la lengua malhumorado, ser el líder de un grupo apestaba.
—Yo voy a ver que van a hacer con ella. —Karin se acomodó las gafas con aire de suficiencia—. Ibiki y yo nos hemos hecho muy amigos de un tiempo para acá.
—No hables de ese viejo tan familiarmente. —Naruto sintió que lo recorría un escalofrío.
—Tú, —Sasuke le dio un golpe en la punta de la nariz que le hizo sujetársela adolorido—. No te metas en problemas.
—¡No soy un chiquillo que…!
—Naruto, —Neji lo sujetó de un hombro—, hay algo que debes hacer…
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Sasuke no era especialmente cercano a Hinata, ni un poco, pero no podía decir que no sintiera interés hacía el caso, sobretodo cuando había sido su misión llevarla de vuelta a la aldea, en momentos se había sentido irritado. Era como si hubiese estado desempeñando el papel que hacían Sakura y Naruto cuando querían regresarlo insistentemente a la aldea y él solo deseaba consumar su venganza, por lo menos esta chica había cumplido su objetivo.
Ni siquiera tocó a la puerta, se paró afuera con las manos metidas dentro de los bolsillos de su pantalón y esperó a que su chakra hablara por él.
—Adelante. —La voz imperativa de la Hokage no se hizo esperar.
—Vengo a traer mi informe, —Sasuke se posicionó justo en medio de la oficina, en el lugar donde su altura era más imponente—, y a pedir explicaciones.
—No sabía que un shinobi podía exigir algo como eso. —Tsunade arqueó una ceja—. ¿Qué ha sucedido?
—Hemos capturado a Hyuuga Hinata, su estado tanto físico como mental es precario.
—¿En que relación estamos con el país del Hierro?
—Culpables los dos. —Sasuke entrecerró la mirada, Tsunade sabía que habían estado en el país de los samuráis.
—Es probable que ambas naciones echen tierra sobre el asunto por el bien de sus respectivos intereses.
—Hyuuga Hanabi esta muerta. —Sasuke la miró fijamente—. Usted ya lo sabía.
—Lo sabía. —Tsunade caminó hacía la ventana y tocó con sus dedos el frío cristal.
—Y aún así mandó una patrulla Cazador para atrapar a su hermana. —Sasuke sintió rabia, no tanto por aquel par de chicas si no por los sentimientos que removía en su interior.
—Cada líder conoce a sus subordinados. —Tsunade dejó que los dedos resbalaran por el vidrio.
—¿Qué quiere decir?
—Has cumplido tu misión Sasuke, dile a Karin que cumpliré con lo que prometí.
—Dígaselo usted. —Los dientes del Uchiha se apretaron—. Esta aldea de mierda nos ha usado, la usaron a ella para que regresara el cuerpo de su hermana, para que no dejara que los secretos de los Hyuuga cayeran en manos extrañas, ¡y nos mandaron a nosotros para ser sus malditos niñeros! —Los ojos castaños de Tsunade se posaron con fijeza en él y algo que nunca había pasado antes sucedió, se sintió expuesto ante la mirada de la mujer.
—No sé que tonterías estas hablando Sasuke, ahora lárgate. —Aquella parecía más una frase que le diría a Naruto y no a él, pero de cualquier manera no tenía caso quedarse, no cuando los demonios parecían bailar en los ojos de su dirigente. Chasqueando la lengua con desprecio elevó la barbilla y salió de la oficina sabiendo que eso no se quedaría así, nadie manipulaba a Sasuke Uchiha.
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Naruto probablemente habría tenido una rutina diferente si hubiera regresado de una misión cualquiera, lo más factible es que hubiera salido disparado a Ichiraku y luego de unos veinte tazones de ramen se habría ido brincoteando a buscar a Sakura, ya fuera en el hospital o en su casa. Últimamente Sakura era buena escuchando, quizás es que ambos habían madurado (él ya no inventaba emocionantes técnicas y movimientos para impresionarla), pero justo en esos momentos no sentía grandes deseos de ver a su amiga, en lugar de eso se dirigió al monumento a los caídos y pasó la mano por encima de la piedra.
Había algo que tenía que hacer pero no lograba armarse de valor para hacerlo, Neji se lo había recordado y hubiera deseado que no lo hiciera. Con lentitud se sentó en el pasto y miró el cielo, a las nubes que corrían sin prisa, a Shikamaru observar aquello le traía paz, pero él no podía sosegarse.
Cerró los ojos y se mentalizó en la imagen de Hinata en el suelo, acariciando el cabello de su hermana, sus ojos fijos en ningún lado. Hinata no había vuelto a reaccionar y Karin había dicho que Suigetsu había dejado un regalito dentro de ella.
¿Estaría embarazada?, solo de pensarlo los nudillos se le pusieron blancos, ¿y si no volvía a ser la de antes?, ¿y si no volvía a reaccionar?, ¿quién cuidaría de ella?. Con un suspiro se tiró en el suelo con las manos a modo de almohada, sentía que su cabeza estaba pesada y oscuros pensamientos daban vuelta como predicciones de desdichas.
—Naruto. —Abrió los ojos, Shikamaru estaba frente a él, parecía agradablemente sorprendido—. Volviste.
—Oh. —El rubio se sentó y Shikamaru se dejó caer desganadamente a un lado de él.
—¿Te fue bien en la misión?
—Hum… —Naruto giró a verlo, hasta dónde tenía entendido su misión había sido secreta (nunca antes le había tocado una de esas así que no sabía si podía hablar con libertad o no).
—Toda la aldea sabe que Hinata es una traidora, estuvo a poco de entrar en el libro Bingo.
—¡Ella no es…! —Naruto sintió que las orejas se le ponían rojas de la ira.
—El clan Hyuuga la ha desconocido como miembro de su familia. —Naruto sintió que el aire se le iba debido a la frustración que estaba sintiendo—. Y su hermana menor ha desaparecido.
—¡No desapareció! —Naruto exclamó con vehemencia, Shikamaru ni siquiera lo giró a ver, tenía la mirada perdida al frente.
—Algunos dicen que Hinata la ha matado, que el Byakugan también evoluciona cuando asesinas a una persona muy cercana…
—¡Que mierdas estas diciendo! —Sin poder contenerse por más tiempo Naruto lo sujetó por el chaleco que lo reconocía como jounnin—. ¡Dime!
—¿Crees que no conocía a Hinata? —Los ojos de Shikamaru eran como carbón encendido, lentamente Naruto soltó su agarre—. No sé que sucedió, no sé que fue exactamente lo que ocurrió, pero es probable que un peón haya sido sacrificado.
—Ella…
—Ella aún no esta a salvo Naruto. —Shikamaru miró la piedra dónde el nombre de su padre estaba escrito pulcramente—. Pero a veces se debe sacrificar a alguien por un bien mayor.
—¡No lo admito! —Furioso Naruto se puso de pie—. ¡Y tú…!
—Por si no lo recuerdas mi padre y mi maestro han sido sacrificios. —Aunque se podía apreciar amargura en su voz sus ojos seguían tranquilamente posados en el horizonte—. La vorágine de odio que consume el mundo ninja no se ha acabado, quien sabe si se acabara algún día.
—¡No lo acepto! —El rubio sintió como temblaba su cuerpo.
—Y yo tampoco. —Finalmente Shikamaru sonrió, una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Quiero que los niños vivan felices, que los hombres puedan regresar a salvo a su hogar, que una mujer no deba perder la vida por un error que atañe intereses políticos. ¿Sabes que ha hecho Ino últimamente?, había estado rezando porque no atraparan a Hinata, para que escapara a algún lado, Sakura y ella lloraron toda una tarde pidiendo que no fueran a traerla de vuelta a la aldea.
—Yo… —Naruto abrió la boca sintiendo como si alguien lo hubiera golpeado muy fuerte en el estomago—. Pero si no la traíamos… ¡hubiera sido una renegada toda la vida!, ¡una criminal!
—Y aquí morirá como eso. —Shikamaru se puso lentamente de pie—. No sé cuales son tus sentimientos hacía ella, pero deberías tomar con valor lo que sea que tengas que afrontar, ya lo hiciste una vez con Sasuke.
—¡Yo nunca me rendí con Sasuke!
—Entonces no lo hagas con ella. —El joven Nara le apretó amablemente un hombro, luego echó a andar con la espalda ligeramente encorvada, como si la guerra hubiera dejado una huella imposible de borrar en él. Naruto nunca se había sentido tan desolado como en ese momento. Volvió a sentarse y miró el cielo como si la respuesta fuera a llegar a él con hacer eso, pensó en Hinata, en sus mejillas teñidas de rojo y la manera adorable en la que jugaba con sus dedos, pensó en aquella ocasión durante la guerra cuando lo había golpeado en la mejilla para que reaccionara, aquel golpe que era en realidad un grito de amor.
¿La quería?, sí, lo hacía. Cuando eran niños le agradaba, era la niña que no lo hacía sentir como un tonto y ante la cual no era necesario lucirse, frente a ella siempre había sido él mismo y nada más. Luego ambos habían crecido, se había sorprendido un poco de los cambios en su fisonomía, pero ni siquiera en aquel entonces se había sentido seducido por su cuerpo tentador, la razón es que ella era la chica rara que lo hacía sentir cómodo.
Y luego el mundo giraba y ella rompía cada una de sus trabas. Ella había sido su primer "te amo", ella había sido su primer amor real, ella había sido la primera a la que el Kyuubi había reconocido como su aliado prestándole su chakra. Ella había sido la representación de sus ideales durante la batalla.
¿Sería que también la amaba?, ¡no lo sabía!, era tan torpe para los sentimientos, podía ver que Sakura seguía amando a Sasuke y que su amigo por su parte aún no estaba listo para afrontar aquello, pero no podía visualizar sus propias inquietudes amorosas, su propio corazón.
—¡Naruto-niichan!, —alzó la cabeza y vio a Konohamaru parado frente a él, la luna se asomaba por un lado de la cabeza del niño, se había pasado la tarde en ese lugar—, ¿Naruto-nii? —El rostro de Konohamaru, sonriente hasta hace unos momentos, pareció apagarse—. ¿Estas bien? —Debía tener muy mal aspecto para que Konohamaru preguntara aquello.
—No, —quería mentirle, pero era el momento de ser un verdadero hermano mayor para el chico—, no lo estoy.
—Supe que regresaste… es decir, Shikamaru-nii dijo que… —Lentamente el muchachito se sentó al lado del rubio—. ¿Verdad que no es cierto?, —la voz le temblaba—, Hinata-neesan no pudo hacerle nada a Hanabi, ¡yo sabía cuanto se querían!, a Hanabi se le notaba, ¡no pudo haberla matado!, ¡no puede estar muerta! —Naruto hubiera querido no contestarle, hubiera querido sonreírle e invitarle ramen, montar una noche de chicos y quedar en su departamento para ver películas, en lugar de eso le puso una mano fría como el hielo sobre un hombro.
—Hinata-chan no lo hizo…
—¡Lo sabía! —Los ojos del jovencito brillaron, pero las pupilas azules de Naruto estaban apagadas, quiso decirle la verdad, a su mente volvió aquella imagen quebrada por el dolor, Hinata meciendo en sus piernas el cadáver de su hermana—. ¿Naruto-nii…? —Y entonces Konohamaru lo supo, lo comprendió cuando los brazos de Naruto lo rodearon y su cabeza quedo oculta en su hombro, se sintió como un niño, uno que estaba siendo consolado por su hermano mayor. Los brazos le colgaron flojos en el aire y el corazón se le rompió cuando comprendió que acababa de perder para siempre a su primer amor.
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Neji nunca había sentido un recibimiento más frío que el de ese momento. No estaba Hanabi mirándolo de reojo por algún pasillo y admirándolo secretamente, no estaba Hinata con sus ojos limpios y sus sonrojos habituales: "Bienvenido a casa Neji-niisan". Hasta ese momento fue consciente de que acababa de perder a su familia, aquellas dos niñas eran su verdadera familia, su verdadera razón de sentirse en casa cuando volvía de alguna misión.
—Neji. —La voz de Hiashi lo sorprendió, el patriarca Hyuuga se encontraba con los brazos cruzados, mirándolo seriamente.
—He cumplido la misión. —No sabía exactamente que sentir hacía aquel hombre, no podía leerlo, no podía descubrir lo que planeaba—. También he traído… tengo el cuerpo de Hanabi-sama… —Hiashi asintió con la cabeza, no parecía que aquello lo sorprendiera, secretamente Neji se preguntó que era lo que realmente esperaba su líder.
—Se hará la ceremonia. —El hombre dio media vuelta, hubo un temblor en la manga de su brazo, pero Neji se dijo que quizás había sido el aire—. Anunciare el hecho al resto del clan, se hará esta noche, puedes descansar Neji. —El joven Hyuuga hizo una pequeña reverencia sin estar seguro si aquello era lo correcto, sin saber a ciencia cierta que era lo que quería preguntar.
¿Sabía el líder Hyuuga que Hanabi estaba muerta desde el principio?, ¿sabía que Hinata la encontraría?, ¿sabía que él actuaría como guardián en lugar de cómo verdugo?, ¿acaso había sacrificado a su hija mayor por su afán de no perder los secretos Hyuuga?, ¿qué papel había jugado él en todo ese asunto?, ¿o todo había sido una coincidencia?
Sopesó el pergamino dónde escondía el cuerpo de Hanabi en una mano, esa misma noche su prima sería enterrada con todos los honores que se le hacía a un Hyuuga muerto en batalla, ¿pero como había muerto en realidad?, ¿Okisuke la había matado?, ¿Hinata lo había visto?, sabía que su prima podría esclarecer sus dudas pero…
—Hinata-sama… —Apretó los puños y sacudió la cabeza, no sabía nada, no, nada.
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Karin tomó aire, compuso su mejor sonrisa y dio vuelta a la puerta del hospital que rezaba "Prohibido el paso", no sabía exactamente donde quedaba la zona fantasma del hospital, pero suponía que si seguía los carteles con prohibiciones acabaría dando con su destino.
—¿Qué haces aquí? —Un enfermero la vio con malas pulgas.
—Me ha enviado la Hokage, —aquella era su primer mentira del día—, debo enviarle un informe a alguien.
—No hay nadie aquí que pueda recibir un informe. —El hombre aquel se cruzó de brazos frunciendo el ceño como una enorme estatua que sería imposible mover, Karin deseó darle una fuerte patada en los bajos.
—Pues ve y díselo tú a la Hokage. —La pelirroja se cruzó de brazos luciendo fastidiada—. Yo sólo estoy cumpliendo órdenes. —El enfermero apretó mucho las cejas como si estuviera en un profundo debate mental, finalmente soltó un suspiro.
—¿A quien vas a ver? —La mente de Karin trabajó a marchas forzadas, no creía que nadie le creyera que debía llevarle un informe a Hinata.
—Es confidencial. —Nuevamente puso cara de estarse exasperando, siempre era mejor eso a lucir culpable.
—Bueno, —el enfermero aflojó los hombros—, espera, voy a preguntar.
—¿Preguntar qué? —Karin arqueó ambas cejas.
—Si puedo dejarte pasar.
—¡Oh vamos!, ¿eres un bebe para que tengas que pedir permiso? —El enfermero la miró de mala manera así que adoptó su pose más profesional mientras se ajustaba los anteojos—. Esta bien, esta bien, aquí espero. —En cuanto su incomodo vigilante se hubo alejado en dirección a un pasillo Karin echó a correr por el pasaje que parecía más oscuro y poco transitado.
¿Dónde se habría metido aquella niña boba?, se detuvo un momento a tomar aire y se concentró en sentir su chakra… estaba tres pisos abajo y debía dar vuelta a la derecha, lo malo es que había considerable seguridad.
Sacudiendo la cabeza bufó y se pegó a la pared, necesitaba comprobar algo y la única manera de hacerlo…
—¡Ya he mandado a preguntar con la Hokage y ella no ha mencionado nada de un informe!
—¡Kya! —La pelirroja echó a correr, ¡no se podía tener tan mala suerte!
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Sai estaba sentado a un lado de la cama de Hinata con un libro sobre las piernas "Relaciones humanas entre individuos de diferente genero". A ser sincero le había sido de mucha ayuda últimamente para sortear a Sakura que se había puesto incluso más sensible desde que Naruto y Sasuke habían partido en su misión.
Sai no entendía muy bien del todo que era lo que se le escapaba en todo aquello, Sakura misma había dicho que no era especialmente cercana a Hinata Hyuuga y sin embargo se había deshecho en lágrimas cuando habían anunciado que si la atrapaban la sentencia que pagaría sería la muerte.
Ladeando la cabeza el muchacho observó a la chica sobre la cama, ciertamente no coincidía con la imagen mental que tenía de ella (ni tampoco con sus dibujos), la había dibujado varias veces cuando había acabado la guerra de acuerdo a los recuerdos que tenía de ella, por ejemplo, había plasmado con relativa fidelidad su imagen mental de Naruto sosteniendo su mano en medio del caos de las batallas, aquella escena lo había conmocionado mucho en su momento.
Pero ahora no era la misma chica de aquel entonces, aunque no lo comprendía del todo podía sentirlo. No era solamente que había cambiado en su aspecto físico, era otra cosa.
Sin saber que hacer giró a ver a dónde en condiciones normales estaría presente una ventana, pero luego recordó que estaba en la zona fantasma del hospital, era una habitación sellada y él era el guardián.
Desde que la guerra había acabado Sai había regresado a su antiguo puesto de ANBU, sólo que esta vez ya no era miembro de Raíz, Yamato en cambio se había quedado con el puesto de un jounnin y Kakashi a veces era un jounnin y a veces un ANBU, debía ser cansado eso de no tener definido el trabajo.
Para Sai regresar a ANBU había sido un verdadero alivio, si tuviera que describirlo con palabras hubiera dicho que era como volver al hogar. Durante la guerra había peleado al lado de sus compatriotas como un ninja más, como uno de elite, pero al volver a Konoha las cosas había vuelto a ser como antes. Naruto y Sakura vivían pendientes de Sasuke y él había sido hecho a un lado con una facilidad apabullante, bueno, ¿qué esperaba?, él había sido un reemplazo, uno que tanto Sakura como Naruto odiaron desde el primer momento y Kakashi estaba demasiado metido con sus demonios interiores como para pensar en él.
Yamato por otro lado se recuperaba de su secuestro a manos de Kabuto, pero a diferencia de él su capitán si tenía amigos que se preocupaban por su bienestar, él en cambio era el chico pálido sin apellido que no formaba parte de ningún lugar.
Guardarle rencor a Sasuke hubiera sido del todo irracional y Sai se preciaba de ser una persona muy razonable, no, el origen de sus problemas es que en realidad nunca había logrado crear lazos de verdadera amistad.
Naruto y Sakura eran sus amigos, pero de la clase de amigos que se acuerdan de ti en tu cumpleaños o cuando te ven en una fiesta, él no era parte importante de su vida, no calificaba en su mente como parte del sensacional equipo 7 que había tenido que pasar tantas penalidades para estar de nuevo junto.
Por eso cuando su pase a ANBU había regresado Sai sintió como si pudiera respirar tranquilo, él podía no ser un buen amigo, un buen consejero o una persona que dejara huella dentro de las demás, pero era un buen ninja, era un ANBU ejemplar y esa era su verdadera razón de seguir vivo.
Nuevamente giró a ver a Hinata Hyuuga, ella se había convertido en su misión especial, la Hokage en persona lo había vuelto su guardián.
—"Dependerá de ti Sai". —Por su largo tiempo llevando a cabos misiones sucias para Konoha tenía una idea más aproximada de lo que posiblemente iba a pasar, pero de cualquier manera no quería pensar demasiado en eso. Hinata Hyuuga era una chica tímida e introvertida que en medio de la guerra se había vuelto la novia de Naruto, bueno, eso decía la gente, la verdad Naruto era tan despistado para esas cosas que si le preguntaban diría un "¿eh?".
A Sai le causaba curiosidad en aquel entonces porque a pesar de ser tan insignificante en comparación había logrado cambiar el curso de la guerra al recordarle a Naruto la verdadera razón por la que estaban peleando y le causaba curiosidad ahora porque definitivamente no era la misma chica de antes.
—Hyuuga Hinata. —Murmuró despacio y colocó los codos sobre sus rodillas para inclinarse hacía ella. Era una mujer de contrastes, su apariencia externa hacía pensar que había sufrido mucho, su cuerpo era delgado y tenía vendas por todos lados, pero había una calmada belleza en sus rasgos, quizás porque era la princesa de los Hyuuga.
Sai entendía porqué lo habían puesto como su vigilante, él no era tan cercano como para que intentara enternecerlo con alguna ardid, pero tampoco era tan extraño como para que lastimarlo no le pesara en la consciencia. De cualquier manera se preguntaba si aquella chica era tan fuerte como para que se le tratara de esa manera, la última recompensa que había salido por ella era de 50,000 ryo, ¿no era eso mucho dinero?, además no se daban explicaciones para esa cantidad.
Ella no parecía tan poderosa, de hecho su imagen daba más la necesidad de protegerla que de lastimarla, aunque las mujeres usualmente usaban ese aspecto para cumplir sus misiones, como ANBU él lo sabía, no podía dejarse llevar por el exterior.
Una enfermera llegó antes de que cayera la noche y le pasó algo por la solución venosa que tenía sujeta en el dorso de su mano izquierda. Algunos doctores la habían tratado con jutsu medico, pero dijeron que tardaría en despertar y su misión era estar ahí cuando eso pasara.
Cerca de las tres de la madrugada Sai cabeceó, algo que no le había pasado nunca y que probablemente se debía al tiempo en el que no había ejercido como ANBU, el caso es que cuando abrió los ojos las pupilas bicolor de ella estaban fijas en él, si se hubiera tratado de cualquier otra persona se hubiera sobresaltado como mínimo, pero Sai tenía demasiado entrenamiento como asesino para que algo así lo perturbara. Sus ojos negros se quedaron fijos en los de ella, por largos segundos fue así, una mirada fija en la otra, la luz del pasillo colándose por debajo de la puerta.
—Hyuuga Hinata, —finalmente los labios de Sai se movieron sin energía—, te encuentras en el hospital de Konoha en calidad de criminal de alto riesgo, no por tu poder si no por los crímenes que cometiste y las probables consecuencias que esto puede traer en las relaciones entre aldeas. Se te encarcelara, se te llevara a juicio y luego se cumplirá la sentencia que te sea dada. —Sai se preguntó si es que lo había escuchado, los ojos de la chica seguían viéndolo sin expresar emoción—. Cualquier intento de escape será rápidamente atajado con tu muerte, así que te recomiendo no intentarlo. —Ella no movió un solo músculo, se encontraba sentada en la cama observándolo, las mantas tapándola hasta la cintura. Sai sabía que no se debía quitar ojo de un criminal cuando se encontraban en semejantes circunstancias… aquella noche ninguno de los dos durmió.
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—Buenos días. —La enfermera de la mañana entró con un montón de vendas, pero Sai alzó una mano en señal de que aquello no debía ser ejecutado, después de todo (y aunque no diera muestras de nada) Hinata Hyuuga se encontraba despierta y podía ser peligroso.
—Oh. —La mujer estuvo a punto de dejar caer el arsenal que traía en brazos—. Ha despertado. —Miraba a Hinata como si no hubiera otra cosa más interesante en el mundo, Sai sabía que la aldea ardía en chismorreos acerca de la heredera Hyuuga, se hablaba de que había asesinado a su hermana menor, se hacían conjeturas acerca de lo que podría haberla enloquecido, se asustaba a los niños con su historia.
—Recuerde que esto es confidencial. —Sai la miró fijamente a los ojos, la mujer se ruborizó, aún así volvió a ver a Hinata, pareció que quería decir algo, pero luego se encogió entre sus hombros luciendo tímida.
—Sí, claro… —Sai la vio retirarse y luego volvió a girar la mirada hacía su prisionera, Hinata le devolvió una mirada sin emoción.
—No sabía que había perdido un ojo. —Sai exclamó sin delicadeza, los labios resecos de ella apenas se entreabrieron como para poder respirar por la boca, fuera de eso no pareció prestarle mayor atención al joven. Volvieron al silencio, uno que era tenso, más por el papel que desempeñaban en aquella pequeña habitación que por otra cosa. Sai no había salido de ahí desde el día anterior en la mañana, la poca iluminación le hacía creer que había caído en una noche eterna.
A medio día le pasaron una charola con comida, Sai la compartió con ella, en aquella ocasión le pareció que hubo algo, como una chispita de curiosidad prenderse en ella cuando le extendió un pan, pero al segundo siguiente fue como si nada nunca hubiera ocurrido, ella comió mecánicamente, sin que pareciera tener demasiada hambre.
En la noche ambos se turnaron para usar el baño, Sai sabía que la habitación estaba custodiada por ANBU fuera de esas cuatro paredes, pero de cualquier manera tuvieron que hacer sus necesidades básicas sujetos por unas esposas con una cadena que apenas les daba el espacio suficiente para mover la mano de arriba hacía abajo, de cualquier manera él no se quejó y ella tampoco lo hizo.
Tomaron agua del mismo vaso y cuando ella se acostó en la cama para dormir él se sentó en la silla frente a ella, Hinata veía el techo, él veía su rostro, finalmente ella cerró los ojos y su respiración se acompaso, a Sai le hubiera gustado ser un novato, creer que se había dormido y dormir él también, pero no lo era, había pasado toda su vida como un ANBU de Raíz, esa noche tampoco durmió.
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Para el cuarto día Hinata puso los pies descalzos sobre el suelo, miró a Sai y él le regresó la mirada oscura y deductiva, lo supo. Ese día la trasladaban a prisión.
Le quitaron la bata medica y le pusieron un traje negro con calzado civil, le esposaron las manos y los pies con grilletes especiales que le absorbían el chakra, vendaron sus ojos y la ataron , fue un milagro que aún pudiera caminar en esas condiciones.
Había muchos chakras rodeándola cuando empezaron a avanzar, era de noche, el chakra de Sai caminaba a su lado, lo sabía porqué era difícil leer el chakra de ese chico, a veces como que se difuminaba en el aire, esa era la esencia de un verdadero ANBU. En un recodo del camino tropezó y fue la mano de Sai la que la sostuvo del brazo, el viento era frío, pero por lo menos no llovía. En algún momento sus pasos volvieron a chocar con cemento, supo que la estaban llevando a una de las celdas subterráneas cuando el aire empezó a viciarse.
La colocaron contra la pared, con los brazos en alto y volvieron a encadenarla, hubo un breve debate luego del cual le quitaron la venda de los ojos, de cualquier manera estaba muy oscuro así que casi no pudo ver nada, uno por uno sus captores fueron saliendo de la celda hasta que no quedo ninguno.
Hinata esperó, después de todo la paciencia siempre había sido una de sus grandes virtudes, lo hizo hasta que estuvo segura de que no había nadie cerca y entonces hizo lo que no se había atrevido a hacer desde que la descubrieron en el país del Hierro con el cuerpo de Hanabi inerte entre sus piernas… abrió la boca.
—¡Uff! —Suigetsu salió disparado en un río de algo que podía ser agua, saliva o algo más desagradable, de cualquier manera prefería no pensar en ello—. ¡Pensé que me iba a ahogar allí dentro!
—Lo siento. —Hinata murmuró, lucía cansada.
—Los jutsus que aprendí de Orochimaru son un asco, pero funcionan, ¿sabías que Orochimaru se selló dentro de Sasuke también? —Hinata negó lentamente con la cabeza, luego ambos miraron alrededor, la celda era sombría y poco acogedora.
—¿Quieres que te suelte los grilletes? —Suigetsu se pasó ambas manos tras la espalda.
—No en realidad. —Hinata alzó la cabeza para ver sus manos sujetas a la pared.
—Lamento la cachetada que te dio Karin, esa zanahoria suele ser muy temperamental, ¿de verdad, en que momento se supone que podríamos habernos metido en medio de una batalla?
—Creo que Karin-san sólo estaba dolida por los sentimientos que te tiene. —Hinata ladeó un poco la cabeza.
—Se siente tan bien que me tutees. —Suigetsu se infló como un pavo, pero luego relajó los hombros—. Sinceramente pensé que nos íbamos a morir los dos cuando se nos junto todo el pastel en aquel lugar.
—Fue buena idea pensar que Neji-nii me protegería. —Hinata murmuró despacio, aunque sus ojos enfocaban a Suigetsu parecían lejanos.
—Y mejor idea fue sellarme dentro de ti, a mí si que me hubieran pasado por el filo de la espada sin mayores averiguaciones. —Ambos guardaron silencio, luego Suigetsu se volvió agua y cuando volvió a aparecer había soltado los grilletes de Hinata, los brazos de la joven cayeron inertes a sus costados.
—Eso no era necesario. —Hinata miró sus manos, estaban maltratadas y un poco rojas de las muñecas.
—¡Oh vamos!, —Suigetsu rodó los ojos—, podemos escapar, nadie sabe que estoy aquí, será solo…
—No tengo intención de seguir viviendo. —Hinata se sentó con las piernas dobladas bajo su cuerpo.
—Por favor, —Suigetsu se río nerviosamente—, ¿sigues con la idea de que vas a morir?
—Yo lo vi. —Hinata miró hacía la lámpara en el pasillo que iluminaba tenuemente sus rostros.
—¿En esa predicción Hyuuga que tuviste? —El de la Niebla chasqueó la lengua incrédulo—. ¿Viste como te cortaban la cabeza o algo así?
—No. —Hinata juntó mucho las cejas—. Pero vi cuando la Hokage me condenaba a morir.
—Una sentencia de muerte y morir no es lo mismo. —Los ojos violetas del joven chispearon—. Podríamos irnos ahora, me vuelvo agua y buscó las llaves, tendríamos un par de minutos y…
—¿Y luego que Suigetsu-kun? —Hinata suspiró cansada—. ¿Convertirme en una desertora o una criminal?, mi cabeza tiene precio, ninguna aldea me aceptaría, hice lo que hice porque debía hacerlo, pero nunca me fue grato lastimar a otros.
—¿Y que ganaras si mueres? —Enfadado Suigetsu se cruzó de brazos.
—Paz.
—¿Paz?, —incrédulo el joven agitó los brazos—, ¿crees que tu hermana alcanzó la paz cuando murió?
—No. —Hinata apretó los dientes mirándolo fijamente.
—¿Crees que Okisuke la consiguió?
—No. —Hinata miró a su izquierda, Suigetsu ya sabía lo que era, lo había visto cuando había estado dentro de ella.
—¿Y que te hace pensar que tú tendrás paz?
—Porque yo elegiré la muerte por mi propia voluntad. —La mirada decidida de la joven se clavó en él.
—¿Y que hay de mí? —Sin saber a que más apelar Suigetsu se dejo caer de sentón frente a ella, su cabello corto se meció ligeramente en el aire y sus brazos se tensaron.
—Tú puedes escapar Suigetsu-kun.
—¿Qué te hace pensar que te dejare?
—Es porque yo no puedo acompañarte, no en tu sueño. —Hinata bajó la mirada.
—¿Y por qué yo si pude acompañarte?
—Ese no era un sueño, era una venganza. —Hinata alzó la mano titubeante, generalmente no había acercamientos de ese tipo entre ellos, pero suponía que ya no importaba, suavemente colocó la mano derecha sobre la de él—. Gracias.
—No quiero eso, —Suigetsu giró la mirada, Hinata no pudo evitar sonreír tristemente, él se veía mucho más adulto en ese momento que en todo el tiempo que habían pasado juntos—, ¿por qué nunca puedo ver un final feliz?
—Porque eso no existe en la vida real… creo. —Hinata retiró con suavidad la mano, pero él atrapó su dedo índice con el suyo.
—Hace tiempo me enamore de Karin, pero cuando acabo la guerra yo quede en el bando de los malos y tuve que escapar, por alguna razón Sasuke le ayudó a ella para que Konoha la aceptara, pero no hizo nada por mí, se suponía que éramos un equipo… sentí que Sasuke nos ponía en extremos en los que nunca más podríamos volver a estar juntos, si ella hubiera venido conmigo, si yo hubiera podido estar con ella… fue como si Sasuke me la quitara y al final ella no hizo nada, me vio partir, no, me vio huir. Quizás yo fui el cobarde…
—Suigetsu-kun…
—Pero no quiero ser un cobarde nunca más, —sus ojos brillaron—, quiero que nos vayamos juntos, ¡vamos Hinata! —Nunca había dicho su nombre de esa manera, fue como si algo la jalara hacía delante—. ¡Seamos libres! —Quiso decirle que sí, que Konoha la había usado y que ya no le importaba su aldea, que había pisoteado sus lazos, que su familia la había rechazado, que si se quedaba solo moriría. Pero en lugar de eso vio el rostro sonriente de Kiba.
—"¿Lista para el entrenamiento Hinata?"
A Shino acomodándose los lentes oscuros y girando hacía ella.
—"Los camaradas están para apoyarse".
Neji sonriéndole tranquilamente.
—"Lo esta logrando Hinata-sama"
Naruto sonriéndole.
—"Todo esta bien Hinata-chan".
—Lo siento Suigetsu-kun. —Su pecho se estremeció—. Pero de alguna manera esta sigue siendo mi casa.
—Nunca entenderé a los ninjas de Konoha, —El joven suspiró y luego le pasó una mano por el cabello—, y a ti menos que a ninguno.
—Suigetsu-kun. —Hinata parpadeó—. Deberías escapar ahora que tienes oportunidad.
—Lo siento, pero ya que no quieres venirte conmigo me quedare por aquí un rato.
—Pe-pero… —Sus ojos se abrieron con horror, su destino era morir y lo había aceptado desde el inicio, pero el único pecado que había cometido Suigetsu en todo aquello había sido conocerla.
—Sólo quiero ver el final. —El joven de la niebla se echó hacía atrás usando sus brazos de apoyo—. ¿Cerrar un círculo lo llaman?
—Hum… —Hinata miró el suelo como si fuera muy interesante—. Creo.
—Me quedaré contigo hasta el final y si te decapitan o algo así me asegurare de enterrar tu cabeza.
—Gracias. —Hinata le contestó seriamente, su mirada nuevamente parecía lejana.
—¡Lo decía en broma! —Suigetsu aclaró a las apuradas.
—Lo decía por todo, gracias Suigetsu-kun. —Porque ver a la muerte a la cara estando solo debía ser espantoso.
—Yo… —El muchacho parecía que fuera a decir algo más, pero en ese momento ambos abrieron ligeramente más los ojos, luego Suigetsu se volvió agua y se difuminó en un rincón de la mugrienta celda, no pasó mucho para que Sai llegara y se asomara entre los barrotes.
—¿Cómo te soltaste las muñecas? —Pero Hinata no contestó, simplemente lo miró fijamente, de cualquier manera el joven no esperaba una respuesta—. No importa. —Luego reinó el silencio.
Décimo día
Hinata supo que ese era el día en que moriría, el perro se había vuelto a aparecer en sus sueños. Era grande, era diabólico y tenía los ojos más rojos que nunca.
—Hoy vas a morir. —No supo porqué, pero no sintió el miedo que creyó que sentiría.
—Entiendo. —Lleno sus pulmones de aire—. Gracias por tu ayuda hasta ahora.
—No hay problema. —El perro movió lentamente su enorme cola—. Nunca me había divertido tanto.
—De todas maneras gracias. —Aunque hubo algo, un último rastro de lo que había sido antes que la hizo encogerse—. Lamento que mueras conmigo.
—Oh nena. —El perro le enseñó los puntiagudos colmillos en una mueca de burla—. ¿Quién dijo que moriría contigo?
Aquello era lo último que recordaba, aunque le daba la sensación de que el sueño había durado más tiempo. Al abrir los ojos se encontró con Sai mirándola desde afuera, nunca habían sido cercanos, no había nada que tuvieran que decirse, de cualquier manera Hinata esperaba que todo terminara rápido, ya no veía a Hanabi en sus sueños, su hermana por fin estaba descansando en paz y dentro de poco ella también lo haría. Disimuladamente giró la mirada hacía el suelo que estaba humedecido justo debajo de la cama, puso especial cuidado en no pisar aquella agua.
—De pie Hyuuga Hinata. —Ella obedeció, tuvo un ultimo pensamiento "no hagas nada estupido Suigetsu-kun" y luego caminó hacía la salida de la celda, desde que empezó a caminar ya la habían apresado en un jutsu de sombras de la familia Nara, volvieron a ponerle grilletes, a vendarla, a amarrarla y luego el camino fue de reversa, aquellos serían sus últimos minutos de aire, de respirar, de latir. Le pareció que era lo justo, merecía morir por matar por sus propios intereses, antes habría tenido miedo, pero desde que había matado a Okisuke sintió lo que era la verdadera justicia, aquel hombre que también era un guerrero había matado a su hermana por el bien de su país, ella lo había asesinado a él por el descanso de su corazón.
Caminó lo más derecha que pudo, las manos firmemente apresadas tras su espalda, la estaban llevando en medio de la calle y era de día, sentía el tibio sol sobre su rostro, los que la custodiaban pedían que se abriera el paso, escuchaba mucha gente murmurando, gritando y llorando alrededor, ¿no había dicho Sai que tendría un juicio?, ¿acaso iba a ser una ejecución publica?, hacía más de un siglo que no se usaba aquello.
Esperó fervientemente que Kiba y Shino no estuvieran ahí, que Kurenai tampoco, de preferencia tampoco Neji. Alguien gritó algo acerca de Hanabi, no entendió qué, pero alzó orgullosa la barbilla, no le tenía miedo a la muerte, no cuando había cumplido su promesa, no cuando Hanabi había alcanzado la paz, ahora no le importaba arder en el infierno.
Los murmullos empezaron a aumentar de intensidad, luego se volvieron gritos, la vergüenza del clan, la asesina de su hermana menor, la desertora de la aldea, la vergüenza de Konoha, un monstruo. No podía ver pero sentía las ganas de herir de las personas, el tumulto que estaba causando, alguien lanzó un jitomate podrido, lo sintió venir pero no hizo nada por evitarlo, le dio en la cara, hubo un largo silencio, sus guardias parecieron perplejos, entonces ella echó a andar con resolución, los hombros firmes, los pasos seguros y la barbilla en alto.
No le importaba lo que esas personas pensaran, esas mentes cerradas eran las mismas que habían hecho de la vida de Naruto un infierno, las mismas que habían condenado a Itachi Uchiha, los que habían alabado como a un Dios a Sasuke Uchiha a pesar de que su corazón se torcía hacía la oscuridad, ¿qué podía importarle la opinión de ellos?, había matado por Hanabi y moriría por eso, no le debía explicaciones a nadie y no intentaría probar nada a nadie.
Sus pasos firmes fue lo único que se escuchó "tac-tac" y luego el murmullo de la gente que empezaba a retroceder y sus guardianes que volvían a caminar para alcanzarla, Sai de nuevo a su lado, sintió como el muchacho le quitaba los restos de tomate de la mejilla, no supo que sentir, quizás es que ya no sentía nada.
Subió escaleras, llegó a un salón, la sentaron en una silla y la aseguraron a ella, había ruidos, movimientos, susurros, pero dentro de ella sólo había una calmada resignación, un vacío de sentimientos.
—Hyuuga Hinata. —Le quitaron la venda, sus ojos se entrecerraron por la fuerte luz que la iluminaba desde arriba, a su alrededor pudo ver a la Hokage, a Hiashi Hyuuga, un par de ancianos y a Sai, se preguntó que hacía él ahí.
—Hyuuga Hinata. —La Hokage repitió su nombre, Hinata alzó lentamente la mirada hacía ella, sus labios bien sellados y la mirada de alguien que esta siendo molestado momentáneamente—. Se te acusa de la muerte de tres Chunnin de una aldea aliada en compañía de Hozuki Suigetsu, reconocido desertor de la Niebla, así mismo has desertado de tu propia aldea, eres principal sospechosa en la muerte de Hyuuga Hanabi y Okisuke del país del Hierro. Se te ha encontrado de manera ilegal en el castillo del señor samurai Mifune y con pruebas contundentes de ambos homicidios. Dada la gravedad del caso y las relaciones que se ponen en riesgo y que involucran directamente a todas las aldeas y países afectados se te considera indigna de un debido juicio. —Todos los ojos se clavaron en ella cuando Tsunade entrelazó los dedos bajo su barbilla y la miró fijamente—. Por orden del concejo y en mi calidad de Hokage te condeno a muerte.
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Naruto había gritado, había reñido, había saltado, rugido, peleado, despotricado, pero en diez días no había logrado encontrar a Hinata. Había usado su modo Sannin y buscado su chakra, pero era como si hubiera desaparecido.
—"No lo lograras", —Shikamaru le puso una mano sobre el hombro—, "esta protegida con sellos de la más alta calidad para que no puedan encontrarla".
Sakura repetía una y otra vez que tenía que haber un juicio, que de una manera u otra se enterarían, que no le pasaría nada. Neji oía y callaba, Sasuke tenía el ceño fruncido, como si meditara las posibilidades y Karin no hacía otra cosa más que lucir nerviosa, como si supiera algo que los demás no.
Lo único que habían sacado en claro es que Hinata probablemente hubiera asesinado a Okisuke y que quizás Okisuke había matado a Hanabi para quedarse con el Byakugan. Naruto quería hablar con Hinata, tratar de que le contara que había ocurrido, ayudarla, pero no había manera.
Había hecho un plan con los demás para dar con su paradero, con la ayuda de Shikamaru ingresarían a los archivos más secretos de la aldea. No sabían si seguía en el hospital, si estaba en alguna celda o en otro sitio. Naruto incluso se había colado en la cárcel, pero no la había encontrado.
Despuntaba la mañana cuando el rubio se paró en una esquina a esperar a Sasuke, estaba un poco nervioso porque nunca había hecho algo tan grave como lo que pensaba hacer en esos momentos, normalmente protegía a sus amigos a puro golpe de puño, por eso extraer información de su propia aldea lo ponía en un inquieto estado mental, para relajarse observó la calle, había una extraña comitiva avanzando, de hecho era un escuadrón completo de ANBU y avanzaba en estricto cuadro y al frente…
El corazón se le escapó al verla, avanzaba con la espalda recta, los frágiles hombros bien derechos, los pasos resueltos, como si no fuera presa por decenas de grilletes, como si no llevara las manos encadenadas a la espalda, como si no llevara una venda alrededor de los ojos.
El pueblo empezó a reunirse alrededor de la calle.
—¡Asesina!
—¡Monstruo!
—¡Eres la vergüenza de esta aldea! —Y fue como si regresara a su cruel infancia, a esos días dónde lloraba sin saber porqué lo herían, porqué le daban la espalda, pero ella no lloraba, avanzaba, sin detenerse ni titubear.
—¡Devuélvenos a Hanabi! —Un niño de la academia tomó todo el vuelo que pudo con su brazo y aventó un jitomate podrido al frente, Naruto lo vio como en cámara lenta y no pudo hacer nada, no cuando la gente se arremolinaba alrededor de él, no cuando Hinata pasaba tan cerca que incluso pudo sentir la brisa que desordenó su cabello, no cuando el mundo fue silencio y el jitomate se estrelló en su mejilla.
No sintió rabia, no pudo, porque aquella era Konoha, la aldea que amaba a pesar de sus errores, pero lo mató la tristeza, la misma clase de miseria que azotó su corazón cuando supo la verdad acerca de Itachi Uchiha.
El escenario se volvió gris y todos los actores dejaron de moverse, como si aquella agresión fuera a levantar la furia, pero entonces Hinata alzó la barbilla y volvió a echar a andar y sus pasos parecían decir "no me importa" y sus hombros bien erguidos parecían decir "no caeré ante ustedes", su cuerpo grácil fue lo único que volvió a tener color mientras la comitiva se alejaba. Nadie se movió. Nadie volvió a gritar nada, porque aquella no era Hinata Hyuuga, no era la niña tímida y dulce que había caminado por esos mismos pasillos en su infancia, tampoco era la chica aguerrida pero gentil que lo había salvado durante la cuarta guerra, esta Hinata Hyuuga era otra y todo su cuerpo parecía gritar que no necesitaba a nadie. El corazón de Naruto cayó al piso cuando se dio cuenta de que tampoco parecía necesitar de él.
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—¿Sabes lo que es un ANBU Hinata? —No supo porqué la Hokage la condenaba a muerte y después le hacía una pregunta de las que cuestionaban en la academia, ni siquiera tuvo la amabilidad de asentir con la cabeza, desde que le habían dictado su sentencia todo había pasado a ser un segundo acto sin mucho interés.
—ANBU es la fuerza militar más especializada e importante en una aldea, quienes trabajan en las sombras y pierden su identidad por un bien común. —Tsunade arqueó ambas cejas, a Hinata le dio la impresión de que estaba haciendo esfuerzos desesperados por obtener una reacción de su parte, pero ciertamente no había sentimientos para lograr algo así.
—Los ANBU no tienen personalidad, están muertos. —La anciana habló con una voz cascada—. ¿Sabes de dónde salen los ANBU? —En lugar de contestarle Hinata giró a verla, tenía los ojos apagados.
—No cualquiera puede ser un ANBU. —Ahora fue el turno del anciano—. Se necesitan condiciones especiales.
—¿Entiendes lo que queremos decir Hinata? —La Hokage volvió a hablarle.
—¿Van a matarme? —Finalmente habló, pero su voz fue tan hueca que algunos intercambiaron miradas nerviosas.
—Sí. —Los ojos de Tsunade se entrecerraron.
—¿Entonces que significa todo esto?, háganlo y ya. —Giró a ver a su padre y por primera vez en la vida sintió que había algo parecido a una oscura alegría al ver su semblante pálido, ¿así de orgullosa esta bien padre?, ¿así de fuerte?, ¿así de insolente?, no pudo verlo más de unos segundos y volvió nuevamente la mirada al frente.
—Morirás. —Tsunade la miró fijamente—. Hyuuga Hinata lo hará, pero si accedes una nueva Hinata podrá seguir viviendo. —Fue apenas un ligero temblor en su mano, pero pudo recordar el resto del sueño de aquella mañana.
—Oh nena. —El perro le enseñó los puntiagudos colmillos en una mueca de burla—. ¿Quién dijo que moriría contigo?
—¿No lo harás entonces? —En ese momento el perro se había sentado en sus patas traseras sonriendo, luego una oscura neblina lo había envuelto y cuando aquel humo se hubo disipado pudo ver a una copia exacta de sí misma sonriéndole.
—¿Tú eres yo?
—No nena, claro que no. —La otra Hinata se acercó, le acarició la barbilla y se acurrucó bajo su cuello—. Soy tu oscuridad, ¿creíste que no la tenías?, ¿creíste que todas las humillaciones pasaban en vano?, ¿creíste que siempre podrías fingir una sonrisa?, ¿Qué los gritos y los golpes no dolían?, ¡yo soy tu ira y tu poder!, ¡yo soy tu inicio y tu llama!, ¡yo soy quien arderá de ahora en adelante!
Y si moría, si moría ahora quizás alcanzaría la paz que quería, quizás y sólo quizás aún alcanzaría a morir como Hyuuga Hinata, apenas una mancha en la historia de Konoha, pero si seguía viviendo como ANBU, si volvía a las filas de la aldea que la había dejado sola cuando había buscado venganza…
—¡Y la ira que siento no se irá, el dolor y mis lágrimas de rabia no descansaran!
—Esta bien. —El ojo café brilló con una letal luz, el plateado fue pura calma—. Acepto.
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25 de Enero del año en curso
Hyuuga Hinata
Se le acusa de homicidios contra aldeas y países con los que se tenía una alianza siendo considerada desertora de Konoha, asimismo se constata su participación en crímenes en común con Hozuki Suigetsu de la Niebla.
Se le acusa del homicidio de su hermana Hanabi Hyuuga de quien extirpó su ojo para trasplantárselo y mejorar así la línea del Byakugan, dicha operación no funcionó y tuvo que trasplantarse un ojo civil de emergencia.
Se le acusa de múltiples homicidios en la Isla de los Perros y de alianza con criminales para cruzar ilegalmente la frontera del país del Hierro.
Se le acusa del homicidio de Okisuke del pais del Hierro a quien también le extirpa un ojo, se cree que había descubierto un jutsu que el samurai mantenía oculto bajo su parche.
Dado el veredicto unánime del concejo se le encuentra culpable de todo lo descrito anteriormente. Siendo así se deja patente y por escrito que Hyuuga Hinata ha sido ejecutada de acuerdo a la ley de Konoha y bajo los estatutos marcados en el país del Fuego con el jutsu de muerte infinita.
Su cuerpo se ha cremado en consideración del Byakugan que poseía y los secretos de Konoha que pudiesen encontrarse en el mismo. Sus cenizas se han tirado al foso común y su nombre ha sido borrado oficialmente de la familia Hyuuga y de la lista de shinobis que alguna vez estuvieron al servicio de Konoha.
Certifico: Centro de justicia de Konoha
Suigetsu volvió a ver el informe en su mano, leyó de nuevo la parte que le atañía y luego lo estrujó hasta hacerlo una pelota. Llevaba su mochila al hombro y el cabello blanco parecía brillar con la luz de la luna, dentro de poco saldría de aquella aldea y su vida volvería a lo de antes.
Se preguntó exactamente qué era lo de antes, robar, matar, pillar… era divertido ser criminal, aunque por alguna razón no estaba precisamente animado. Pensó en Hinata y volvió a ver la luna, se había quedado con ella como le había prometido y había sujetado su mano en el último instante.
—"Y ahora vete Suigetsu-kun". —Ya no era la chica que había encontrado en el bosque y sabía que él había influido mucho en ese cambio, ya no tartamudeaba ni dudaba, lo malo es que tampoco se sonrojaba.
Un beso, fue rápido y torpe, casi un aleteo de mariposa y ambos se vieron en la oscuridad sabiendo que su relación no había sido esa.
—"Al final resulta que aunque estés muy buena no me gustas de esa manera". —No se le había ocurrido nada más que decirle y ella no parecía esperar otra cosa, ni siquiera parecía molesta o incomoda.
—"Supongo que no". —Y él tenía un sueño, ella tenía un destino, ambos eran oscuros.
—"Adiós". —La última imagen que tenía de ella era una chica delgada con los ojos bicolor que lo miraba fijamente, labios en una línea oscura que no decía nada. No supo que sentir.
Lentamente se estaba acercando a la salida, Konoha si que tenía una mala seguridad (siempre la había tenido a ser sincero), pero después de la guerra era casi risible, sin poder evitarlo una sonrisa se le coló en los labios.
—Espera. —Escuchó la voz a sus espaldas y se detuvo sin girar la mirada atrás.
—Que sorpresa. —Metió una mano en el bolsillo de su pantalón—. No sabía que vendrías corriendo tras mí.
—¿A dónde vas?
—No sé, a cualquier lado.
—¡Eres un tonto Suigetsu! —Cuando dio media vuelta la mano de ella ya estaba en el aire y se azotó en su mejilla, ¡maldita mujer!
—Tú eres la tonta zanahoria. —En automático dio un paso atrás y se sobó la mejilla—. ¡Eso duele perra!
—¿Crees que puedes irte como si nada después de que la han matado? —Sus ojos rojos brillaban de ira.
—¿Ya esta muerta, no?, ¿qué puedo hacer por ella?, ¿quedarme a que me maten a mí también? —Dentro de la bolsa del pantalón Suigetsu apretó el puño.
—¡Podrías…!
—No. —El joven dio media vuelta y siguió andando—. No hay y nunca habrá tú y yo, tú has recibido refugio de una aldea, yo soy un criminal, nuestros caminos no se cruzan.
—¡Yo pude haberte entregado!, —enfurecida Karin caminó tras él—, sabía que te habías sellado dentro de ella, ese día que deje que me mordiera sabía que eran tus ojos los que habían brillado y no los de ella. —La pelirroja plantó un pie con fuerza en el suelo—. ¡¿Qué te cuesta decirlo?!
—¡¿Decir que?! —Fastidiado él también alzó la voz.
—¡Que me quieres, que te gusto, que no te metiste con ella porqué soy yo a quien deseas!
—¿Y que caso tiene que lo diga? —Sus ojos violetas se encendieron en rabia y la sujetó del brazo—. ¿Lograra acaso que vengas conmigo? —Karin giró la mirada y se soltó de su agarre—. Eso supuse.
—No puedo ir contigo ahora, pero…
—¿Pero después sí? —Suigetsu arqueó ambas cejas—. Permite que me lo dude. —Luego echó a andar de nuevo.
—¡Sí, lo haré! —Karin se mordió los labios.
—¿Cuándo? —Suigetsu inclinó la cabeza, el flequillo cubrió sus ojos. Karin puso una mano en su cintura, su largo cabello rojo vibró en el aire.
—¡¿Cuál es tu sueño Hozuki Suigetsu?!
—Renacer a los siete espadachines de la niebla, —una mueca divertida cruzó su cara—, y ser su líder, claro.
—Cuando eso ocurra, —las mejillas de la chica enrojecieron—, ven por mí.
—Oh, —un tic latió en la sien del joven—, eres ambiciosa. —Luego sonrió con suficiencia—. Pero acepto el reto.
—Entonces ya lo sabes, —nerviosa giró la mirada a otro lado—, si vas a hacer algo que sea en grande.
—Cuando eso pase vendré por ti. —Suigetsu llegó de dos trancos hasta ella y la sujetó por la cintura—. Y entonces pasara esto y aquello.
—¡Idiota! —Sin más palabras de por medio lo pateó en la cara y el joven se volvió agua al instante.
—¡Dios!, —cabreado se acomodó el morral al hombro—, mujer histérica en la que fui a fijarme.
—¡Te estoy escuchando dientes de tiburón!
—Lo que sea. —La sonrisa traviesa volvió por última vez a sus labios cuando giró hacía ella—. Espera y escucha, dentro de poco vendré por ti.
—Más te vale. —Karin gruñó entre dientes, luego lo vio alejarse fuera de Konoha, lejos de la aldea y de ella—. Más te vale regresar… —Y sintió que la garganta se le apretaba—. Dientes de tiburón.
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Notas de Okashira janet: Hola, admitiré una cosa, originalmente el fic se acababa aquí, Hinata moría, Suigetsu se iba, Naruto se debatía en un caos mental y seguía tristemente su vida (con alguna esperanza flotando por allí), pero luego se me ocurrió otra idea mientras leía sus reviews, sólo el tiempo dirá si era mejor este final (risas).
Lamento tardar tanto pero la escuela esta muy exigente, de hecho entre más avanzo menos tiempo tengo de sentarme a escribir.
Agradezco a:
Hyuuga
Lilipili
Jan-di chan
LightDanica
LastWizard
Namikaze Rock
Annie Thompson
Sin
NANA-chan53
Nahi Shite
Gynee
Gaby L
Maribelteka
Joyce Hinata
Tsukihime-chan Yoru ni
Ahileen Ishida08
Valentina londono 3597
HoshiNoTsuya
Alabdiel
Noelialuna
Hinaruhy
Rotsui
Naruto elite covenant
A todos muchas gracias por leer, un beso Ciao
25 de enero del 2013 Viernes
