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Yo sé que muchas personas se caerán de sus sillas el lunes con el capítulo de estreno. Oh sí, yo oí sus gritos de 'OMG' y la presión de la sangre asomando por sus narices. Inclúyanme en ese campo dentro de poco, si con los primeros minutos estaba que gritaba, estoy segura que al final me tendré que asomar por la ventana y dejar salir mi emoción, aunque debería tener cuidado con la media noche.
Aún no he terminado el capítulo, mi Internet no me amó ayer y me cortó el navegador, fue horrible, pero ya estoy esperando que se cargue completo, después de todo, no me he perdido de nada, ya pasó en el manga :3 yo estoy aquí para morirme con las voces y la felicidad de una buena animación.
¡Ya hay más fics en la sección de español! Amo cada uno de ellos, de eso no hay duda, me siento realizada, autores increíbles se nos irán uniendo poco a poco (Vengan al lado oscuro, hay galletitas, y una segunda temporada para Enero)
En fin, vamos con el Zenyuki, no hay spoiler directo, si no han leído el manga no hay problema, se ubica en un espacio vacío del Universo Akagami no Shirayuki-hime.
Como siempre, acepto sugerencias, felicitaciones, ¿abrazos? Un hola a todo mundo de antemano. Mas no ofensas ni nada por el estilo, por favor igualmente avisen si mi trabajo es copiado, al igual que todos, tengo un corazón y es el que pongo en cada palabra del siguiente FANfic. Por ende también he de aclarar:
Disclamer: Todos los personajes y ambientes, entre otros elementos, de Akagami no Shirayukihime, pertenecen a sus respectiva creadora, la honorable Sorata Akizuki, a quien tengo gran admiración; por lo cual, no se busca infringir los derechos de autor, listo todo aclarado. Sólo las palabras que nacieron de mi corazón, son las que me pertenecen.
Rated T: Bueno, la mención de alguna que otra cosa un tanto fuerte como para ponerle el rating de 'para todo público' Aunque le pongo ésta letra al capítulo sólo para prevenir, aunque sepa bien que casi nadie lee esto x'c
La pareja principal seguirá Zen Wistalia & Shirayuki, espero manejar correctamente a los personajes y mantener su esencia, aunque claramente, tendrán mi toque de fanática algo fuera de los cabales. Adoro a estos tórtolos, espero tener mucho más de ellos dos en un futuro. Necesito más de ésta pareja!
Disfruten la lectura.
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Rojo & Blanco
Escrito por Marianna B
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El paso del caballo era lento, ya no galopaba frenéticamente para regresar a casa.
Zen había salido un par de días antes en pos de culminar un recado servido por su hermano, el Rey Izana, sin embargo, el segundo príncipe experimentó una sensación de la cual era desconocedor de poseer en su vida, o al menos, de poseer en sus años.
Añoranza del hogar.
No era como si no hubiera echado de menos antes el Palacio en alguna ocasión, pero ahora era distinto, muy distinto.
Con anterioridad, no sentía ningún tipo de necesidad de negar un día más de estancia en algún lugar cómodo, alargando a su vez el viaje. Ahora, se apresuraba en su retorno; adiós a los caminos largos y paradas inservibles, quería estar en el Palacio.
No percató el hecho de que también se habían reducido dichas salidas, además, siempre se sentía más tranquilo si estaba acompañado de Shirayuki.
¡Ah! Llegamos al punto.
Ahora todo tiene sentido. Incluso Izana se había dado cuenta que si sus obligaciones lejos del Palacio aumentaban, su desarrollo en las mismas no sería el mismo, mantendría la seriedad y demás, pero estaba seguro que los jefes de ámbito mencionarían en sus reportes que el Príncipe tenía algún detalle.
La cabeza en las nubes.
Pero cómo se avispaba y plantaba los esos pies a la tierra en tanto divisaba un mechón rojo.
El color del destino.
Tampoco era que ella se encontrara en una situación diferente.
Ella había tenido la fortuna de poder hacerles compañía en muchas de las primeras diligencias oficiales, pero no siempre sería así.
En el tiempo que no tenía la certeza de cómo se encontraban sus amigos, varios de los residentes la habían encontrado en los recesos con las manos juntas, apoyadas en su pecho; aparentemente rogando a alguna entidad mística por el regreso sano y salvo de sus preciados amigos.
Obi fue el primero que notó dicho comportamiento de los dos, pues mientras ejercía su oficio de Mensajero, podía detallar en primera fila como los dos se extrañaban.
Ahora, en la entrada del pueblo, dos intensas miradas se buscan entre sí.
Kiki y Mitsuhide son testigos de la ansiedad de su joven maestro.
Obi cuida de la susodicha unos pasos más atrás.
La gran mayoría de los mercaderes no se dan cuenta que son parte del escenario de uno de los tantos reencuentros que acaecieron en la vida de dos de los más grandes servidores del Reino. Mientras la pequeña y delicada figura se abre paso con agilidad entre la multitud, el cuadrúpedo sobre el cual viaja el platino atraviesa por los caminos cercanos.
El verde busca el blanco, el azul busca el rojo. Inevitablemente, el prado de rocío y el profundo mar tienen el tan esperado encuentro.
No gritan sus nombres, todos saben que él es el segundo príncipe, pero no sería discreto que supieran que también estaba su interés amoroso.
Ya no era secreto para nadie, a través de especulaciones, rumores y comentarios, era casi una realidad que el joven se había enamorado de la herborista, farmacéutica a su cuidado.
Avanzaron juntos, más no de lado a lado, por entre el bullicio de pueblerinos.
El par que lo protegían ya había visualizado la capucha beige y la sonrisa de alivio. Además de notar a un azabache alegre agitando la mano como chiquillo para llamar su atención, aunque no era necesario, nadie más tenía una cara como aquella.
Poco a poco se alejaron del bullicio, Shirayuki quería recibirlo tan pronto entrara a la Capital, pero sabía que no podía abalanzarse al caballo como desearía, era la llegada del Segundo Príncipe, y todavía estaba en terreno abierto.
Pero, bajo la seguridad de la puerta exterior del Palacio, finalmente sus cuerpos se acercaron.
Shirayuki no lo sabía, pero antes de que naciera, su madre esperaba de la misma manera a su padre cuando se iba de la seguridad de la montaña, cuando aún no era líder de nadie; tristemente, tampoco recordaba cuando su madre la tenía en brazos, y corría a las faldas de la fortaleza natural para asegurarse que el amor de su vida estaba a salvo, por ella, y por su pequeña hija.
Las emociones, y ciertos hábitos, quizás podrían ser herencia.
Bajó con emoción del caballo, no saltaba como niño, pero en su mente lo hacía. Mitsuhide podía ver esa sombra, sonreía con sinceridad, y Kiki lo hacía por igual; tuvieron que arrastrar a Obi con ellos para dejarles hacer ambiente, pues él también quería arrojarse a su maestro tal cual colegiala, en su lugar, invitó a una ronda de tragos al par que le jalaba del cuello del chaleco.
Con algo de distancia, sin sentirse presionado, Zen sonrió como sólo lo hacía junto a ella.
Pronunció dos palabras sencillas, que tenían un nuevo significado en su vida.
— He vuelto —
¿Su padre se sintió así en su juventud, su hermano, su madre? No sabía si alguno de los dos últimos en algún momento se dejaron inundar por esa ansiedad de querer estar junto a alguien, en casa.
Shirayuki no era ajena a ese pequeño tintineo de incertidumbre que alumbró los ojos del anhelado, fue fugaz, pero lo había visto. Zen había estado poco y mucho tiempo fuera, y en su momento, podían fallarle los nervios.
Ella le respondió también una pequeña palabra, era articulada sólo para ellos. No la había dicho con tanta sutileza y cariño, desde que ninguno de sus familiares cruzaba la puerta de su casa en Tanbarun.
— Bienvenido —
Y Zen se sonrojó a juego con su sonrisa, queriendo hacer demasiadas cosas, muchas que en verdad podía, otras que no tanto. Pero estaba dispuesto a darle a conocer a esa encantadora e inteligente pelirroja los sentimientos explosivos que sembraba en él.
Acortó la distancia entre los dos, se mantuvieron erguidos, pero sin mirarse a los ojos, aún no. Querían sentirse entre sí, su presencia, con todos los sentidos.
Sus manos se movieron por si solas, posando los delicados dedos en el traje claro del cual el príncipe daba gala, la tela era suave, limpia y bien cuidada; respiró profundo, sintiendo que una tranquilidad interior inundaba su alma. Estaba frente a ella, sin un solo rasguño. Podía oír como su respiración era irregular, Zen estaba en el mismo estado emocional, además, no hacía menos de una hora dirigía a su buen caballo tan rápido como podía, y su felicidad no tenía límites, había llegado antes del anochecer.
Quizás era luna llena, culturalmente eso explicaría la inquietud de sus corazones.
Pero era más sencillo que eso.
Cuando amas a alguien, de verdad, amor auténtico, del indefinible; tan fácilmente dificultoso, tan hermosamente combatiente, tan felizmente misterioso, tan incierto y seguro al mismo tiempo… Tales extremos no son extremistas.
Zen apoyó su mano sobre su coronilla, sintiendo de la cabellera manzana cada sedosa hebra. Respiró hondo, estaba a su lado, por fin, los dos juntos. Todos sus músculos se relajaron, por un momento su mayor preocupación fue derretirse ahí mismo, bajo la calidez de ella.
Pues lo había abrazado, y él la apretaba con posesión. La quería, la amaba.
Sus labios descansaron en su frente, con delicadeza y agradecimiento.
Quería que cada vez que saliera de la capital, ella lo recibiera, y quería que cada vez que pudiera, ella lo acompañara.
Hubiera preferido seguir así, pues el trío amigo señalaba las nubes, tratando por todos los medios no verlos directamente. Pero un grito fanático resonó de las torres de vigilancia, los sorprendieron, pero los separaron a tiempo.
No hay nada en la vida que ocurra sin una razón.
— ¿Sin escapes en este viaje, hermano? — Izana se apoyaba en las puertas abiertas, y el corcel de Zen había caminado hacia él, atraído por un curioso olor dulce. Aunque puede que hasta el caballo quería darles privacidad.
Maldita sea, secretos no pueden haber en el mundo.
Pero Zen contrajo su mueca, y Shirayuki fue distraído por Obi tras saludar adecuadamente al hermano mayor.
No era como si Zen sólo hubiera regresado por ella.
Bueno si, pero mejor era que ninguno lo gritase por ahora.
— No había nada interesante en el camino — Un par de palabras más, y su conversación culminó. A Zen le pareció aquello una excusa no tan culposa como cualquier otra, después de todo, era verdad.
Nada de peso mayor se había cruzado en su camino de regreso, gracias al Cielo.
El Rey se encogió de hombros, restándole importancia al público, internamente, estaba satisfecho, su hermano había cumplido el trabajo excepcionalmente.
No era una sorpresa que un noble tardara en sus viajes al salir de sus tierras, normalmente era porque se distraían con aventuras. Pero todos en el castillo sabían que Zen no era ese tipo de aventurero, y que si tardaba, era porque había conseguido una aventura mucho más interesante que un par de ojos bonitos.
Esa era la razón de conmoción cuando el príncipe llegó con una nueva compañía. Para la época, eso podía significar muchas cosas, no todas completamente agradables.
Tanto el blanco como el rojo son colores en definición, puros. Sus portadores eran iguales en dichas matices. Eran dos lagunas cristalinas, ninguno decía nada, pero sus acciones eran claras.
Izana sonrió con suficiencia, había un lado muy bueno en las decisiones de Zen y Shirayuki que se estaba dejando ver.
El grupo se dispuso a culminar por fin su regreso, entrando definitivamente a la estructura interna del Palacio.
Zen y Shirayuki no dejaron de sonreírse.
En esas sonrisas había mucho más que felicidad y alivio. De hecho, había tantas cosas, que es imposible de enumerarlas todas y cada una de ellas.
Estaba claro que el Segundo Príncipe no podía esperar por abrazarla de nuevo, quería besar cada uno de sus cabellos.
Shirayuki por su lado, se preguntaba cuándo podría ella hacer lo mismo. Sólo había tenido una escasa oportunidad, cuando él dormitaba.
No lo sabían tampoco al momento, pero sus pensamientos también estaban conectados.
El rojo del destino y el blanco de la pureza se han reunido.
Un rumbo íntegro al mañana les aguardaba.
El vigilante de la torre fue testigo de uno de los tantos pasos que daban.
Fin de 'Rojo & Blanco'
Y bien, ¿Qué tal todos y todo?
Considérenme el vigilante que gritó como niña xD Mientras escribía esto sonreía de oreja a oreja, y me reía y soltaba un gritito, ni la gata ni los perros se me acercaron un buen rato xD
¿Y mi mamá? Pos, lo crean o no, creo que ya se acostumbró x'3 Ella también tiene sus momentos viendo Star Wars, yo también tengo derecho!
Igual que con la historia anterior, me dispuse a mí misma crear un momento como éste. Las personas con cargo elevados tienen muchas tareas que emprender por sí mismos, y hay veces en que son en lugares lejanos o de fechas indefinidas, en Japón, como hemos visto en muchos animes, que una tarea no sea hecha por el cabezal del desfile significa una degradación de importancia; de hecho, es así en todas las empresas serias, y hablo de empresas disponiendo del término en cuanto a proyectos.
Conociendo esto, quería jugar con los personajes afrontando dicha realidad. Una de las cosas que más me gustan del manga, es que no es del todo fantasioso, se mantiene siguiendo una línea respetable de la historia que me hace sentir que lo amo cada día más.
¿Les dio lo que a mí mientras escribía, lo disfrutaron? No es nada personal, pero a mí me encantó, me siento orgullosa, siento que mantuve el aura que ellos comparten, ése aura que me hace fangirlear.
No soy escritora profesional, paciencia conmigo, así que una palabra suya se les agradece, mientras me la dejen de corazón, sentiré como mi cuerpo se llena de energía ¡Como cuando tomo 50 tazas de chocolate! (No me reten con eso, creo que puedo hacerlo xD)
Con gran cariño, y un resfriado.
Gracias por leerme!
Marianna B.
