Línea temporal: Cuando Lavi llega a la Orden.
Amanecer
Lavi llegó un día donde la lluvia infestaba las calles, y las malas vibras abundaban en la Orden. Llegó con una sonrisa en los labios, e historias magnificentes que por un momento hacían olvidar el luto por el que frecuentemente pasaban. La gente de la Orden se encariñó con él con facilidad, y en el caso de Lenalee –quien al ser ayudante de su hermano tuvo que ser de las primeras en presentarse, aun cuando las lágrimas seguían sin secar en su rostro-, sintió haber encontrado un diamante en una mina de carbón.
Y no era por cosas tan banales como el atractivo, o bien que él al ser de su edad, podía ser una compañía más grata y en un sentido más amical; no. Lenalee se sintió encantada por nada más que su sonrisa, y el hecho de que sus historias a pesar de versar en guerras, no tenían ni una pizca de tragedia, y por el contrario todo parecía tan ligero, que creaba la ilusión de ser un cuento de hadas.
No es mentir, que la primera impresión de Lavi era más que digna. Porque él, al contrario de todas las almas rotas de la Orden, tenía un brillo propio, y parecía estar hecho de vida, de color, de aire puro –ese que despeina los cabellos-, y el sol que nunca pensó ver en los recintos de la Orden.
Y… tal vez desde esa primera vez que habló con él, y fue recibida por una sonrisa, ella había gustado de él. Ya que sentía, que con Lavi –al menos un poco-, la carga que tenía encima de sus hombros se aminoraba, y podía respirar entre risas, y no entre llantos. Es más todo el resentimiento puesto contra el Dios poco piadoso, que la obligó a ser una exorcista, al menos en una pequeña cantidad se diluyó.
Porque al fin aparecía, aquel que era amado por Dios.
Es que, alrededor de su vida, había notado que la concepción general que tenía tanta gente de los Exorcistas, era de nada más que hombres "amados" por Dios. El tener poderes venidos de la inocencia, para mucha gente, no era más que eso… amor, y hasta algunos buscadores se habían visto deseando el don. Para Lenalee eso no era nada más que una tontería, una gran ridiculez. Y perdonen si sonaba un poco rudo –mucho más si esto venía de ella-, pero Lenalee venía siendo testigo de la infelicidad que implicaba el tener una Inocencia. Todo Exorcista que conoció a lo largo de su vida, siempre, pero siempre fue infeliz, ellos eran prisioneros de su destino, de la carga de ser útiles al Dios tirano. Pensó eso cuando la encerraron –como prisionera- en la Orden, lo comprobó cuando vio la mirada vacía de Kanda, y con cada nuevo Exorcista que conoció le pareció estar en lo correcto, y entonces… apareció, y rebatió todo lo que dijo.
Él parecía ser tan feliz con tan solo existir –teniendo inocencia o no-, y… simplemente parecía que todo estaría bien a su lado.
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Tal vez ella quedó tan deslumbrada por la brillantez de su sonrisa, que no vio el abismo insondable que reflejaba su único ojo. O tal vez, le pareció tan bueno encontrar a alguien realmente feliz, siendo poseedor de un cargo tan terrible como exorcista, que simplemente no quiso ver la realidad.
No existieron comentarios en mi primer episodio, pero… yo no pienso dejar la historia, así que aun si acabo con nada de reviews, voy perseverar.
Ah, y lo siento para aquellos que se sientan un tanto ofendidos por las blasfemias dadas por Lenalee, pero… me pareció algo que podría ser. Lenalee no tiene gran estima a su Dios –eso se nota en un episodio, que hasta tiene el título-, y… hay que usar esos factores con ella, o al menos a mí me da la gana de usarlos.
¿A alguien le gustó la historia?
