Línea Temporal: Escenario AU, de Kanda como General encontrándose con Lavi en su travesía de saldar su deuda de vida con Allen.
Invierno
— ¿Crees que importa?
La voz de Lavi esa noche tendía a ser muy distinta a la que usualmente usaba, era parca, era monótona, era… todo lo que una vez no fue; estaba relegada del ruido infernal habitual, de la infantilidad exasperante, del… del brío que siempre le pareció eterno. Kanda a ello hizo una mueca con los labios. No conocía a este tipo que tenía delante, solo tenía entre sus recuerdos su apariencia. No más. Nada más.
— ¿Importar qué?
— La muerte, la…
— ¿Te pondrás así solo porque tu maestro murió?
Lavi que estaba sentado en el balcón mirando hacia el precipicio que se encontraba bajo sus pies, volteó su cuerpo entero –antes le daba la espalda-, y le miró con sus ahora –no uno- dos ojos. Éstos tampoco tenían ese "algo" que desde hace un tanto a Kanda, le atraía lo suficiente como para…
— ¿Solo? Sí, para ti debe ser una estupidez, ¿verdad? La muerte del viejo debe significar para ti como la mía; nada, pero sabes...
— Tú mismo lo has dicho, ¿no lo recuerdas? Ese viejo era…
— ¿Sabes? Lo vi morir. Por si no lo sabías, Kanda —hizo un énfasis raro en su apellido, uno que le hizo sentir que éste era un verdadero insulto —, nos secuestraron. Y con ello yo he perdido mucho, digo… yo…
Un viento helado medraba por el lugar, y Kanda vio como Lavi cerraba los ojos y dejaba que la fuerte brisa sacudiese sus cabellos, y que asimismo por la contundencia de ésta su cuerpo se viese arrastrado hacia atrás, con tendencia suicida. Kanda apretó sus labios entre sí, y al mismo tiempo clavó sus propias uñas en las palmas, intentando tranquilizarse.
Bien, Lavi estaba raro. Pero desde que lo encontró en ese bar de mala muerte esa misma noche –hace casi nada-, él lo estaba. En primera instancia no estaba correteando por el lugar, ni estaba gritando su misma frase empalagosa a toda chica que pasaba por su delante, tampoco era el foco de atención por su manía de meterse a lugares donde no le llamaban, y alta charlatanería, y… tenía dos ojos, además cuando fue consciente también de la presencia de Kanda, no le plació darle una segunda mirada de reconocimiento. Así que debía dejarse de sentir descolocado con ésto, y tan solo mandarlo al demonio, y decir: "Bien, idiota, si vas a venir con tu asquerosa mierda, no me sirves para nada, yo aquí solo estoy viajando porque tengo una deuda que saldar. Tú no eres imprescindible, y como estás ahora solo representas una carga". Pero entonces aun teniendo las palabras en la punta de la lengua, Kanda se vio incapaz de decirlas, y además se encontró preguntándose el por qué fue él mismo quién se acercó al indeseable en el bar, y no tan solo siguió su camino.
Por alguna razón sintió que caminaba sobre hielo quebradizo, y que éste ya estaba a punto de ceder ante su peso. Lo peor residía en que Lavi le incitaba esa sensación desde hace mucho. Desde esa ocasión en que lo vio con Lenalee, y recibió como respuesta una mirada similar a la de ahora, y una sonrisa no magnánimamente feliz, y peor fue la sensación producida cuando se trasladaban de la sede. No había flores de loto.
— El viejo murió…
Esta vez no se dignó a seguir el tema de conversación. Y solo intentó convencerse de ir a su habitación, dormir bien, y mañana retomar el viaje. Y si Lavi quería podía seguirlo, o sino… volver a la Orden, o… por como parecían las cosas solo desaparecer de la faz de la tierra y rogar porque no le encontrasen y obligasen a luchar en esa guerra drena vidas. Algo dentro de sí le decía, que si alguien tenía la posibilidad de zafarse de ésta pantomima -si le placía-, era nada más que Lavi. Ese desgraciado siempre se salía con la suya. Siempre.
Volteó el cuerpo entero hacia la puerta que dirigía a su recámara, y alargando sus pasos lo más que pudo, llegó a largarse de ahí, y el nuevo ambiente deprimente creado por el antes siempre alegre Lavi. Pero muy por el contrario no pudo conciliar el sueño. Tenía un cansancio difuso, presente y persistente, pero no el suficiente como para dejarle cerrar los ojos y dormir en paz. Ahora solo tenía dolor de cabeza, frío –las mantas de ahí eran una mierda de delgadas-, y sus ojos no paraban de mirar a la otra cama que seguía sin ser ocupada. Había pasado una hora y…
Lavi entró, a paso cauto, como si fuera una sombra -el simple viento que ondula las cortinas-, y como se acababa de dar cuenta, siempre se acercaba a él en el momento menos esperado. Estaba haciendo frío, y Lavi a pesar de su apariencia veraniega –el pelirrojo olía a sol, a calor, a... vida-, daba la sensación –por primera vez- de ser de hielo. Hielo indestructible. Ese témpano helado que Kanda logró ser, pero peor.
— ¿Qué, al final te dio miedo botarte desde el balcón?
"Yuu, eso fue cruel, pero no te preocupes yo seguiré aquí para ti"; Lavi habría dicho eso…
— Pensé que ya estabas durmiendo.
— No, no tengo sueño.
— Bueno, has lo que quieras, pero por favor guarda silencio, tengo que escribir en el registro todo lo que no pude en mi encierro, y tendré que estar al día antes de encontrarme con Allen.
Hielo. Kanda se sintió tiritar, y no sabía si era por frío o rabia. Lavi en cambio dirigió su mirada a esos papeluchos que tenía, agarró una pluma y la mojó en tinta.
Pasó al menos unos diez minutos en que Kanda solo vio a la imagen monótona del pelirrojo concentrado en lo que sea que hacía, y escuchaba a las hojas entre las manos del otro, y la pluma paseando encima de éstas con rapidez y maestría y…
— Acuéstate de una puta vez Lavi, no puedo dormir con el maldito ruido que haces.
"¿Ésto, Yuu?, pero si no es nada. Ya sabes tú mismo dices que yo ronco de forma insufrible cuando duermo. Tómalo como un regalo de mi parte para que tú lo hagas".
Lavi vio de forma despectiva la cama, y luego le dirigió una mirada del mismo tipo a él.
— ¿Podrías dejar de llamarme así?
— ¿Cómo?
— Lavi ya no está. Tómalo por muerto o algo por el estilo.
— ¿Los Noé te volvieron más retrasado de lo que eras o algo así?
— Soy un Bookman, ¿sabes?
— ¿Y eso qué tiene que ver?
— Que la careta cayó, solo… —cerró los ojos, e hizo que de alguna forma al abrirlos su mirada se tornase del todo vacía —, olvídate de Lavi, ¿de acuerdo?
Otro silencio hondo se promulgó por el lugar, y Kanda esta vez decidió mandar al cuerno a "Lavi". Se acomodó de mejor forma en la cama, se dispuso a dormir temprano, y salir al siguiente día lo más antes posible, y sin la compañía del indeseable pelirrojo. En fin –como se dijo-, no lo necesitaba, Lavi no era primordial para su búsqueda, es más era una compañía horrible que… Lavi no hablaba. Lavi decía no ser Lavi.
Kanda frunció el ceño, y apretujó con sus manos las delgadas frazadas. Sintió a sus dedos congelados y… por alguna razón recordó esa sonrisa resplandeciente que le dio –las flores de loto no se encontraban en ese momento-, para cuando el efecto de la fórmula se acabó y dijo: No quiero volver a sentirme tan pequeño de nuevo.
Las frazadas salieron volando, y Kanda con precipitación tomó a Lavi del cuello –él también era de hielo-, y lo arrinconó contra la pared. Varios papeles se desacomodaron, y otros se encontraban rotos o arrugados bajo sus rodillas. La respiración de Lavi tenía un compás no uniforme, la de Kanda estaba aún más descontrolada.
— ¡¿Qué puta te pasa?!
Él le vio con sus –ahora dos- ojos, y después tan solo los cerró, y acomodó su cabeza contra la pared. Dijo:
— Olvídalo. No importa.
— ¡Te dije…!
— Que no importa, Kanda.
Kanda había querido desistir tras la frase proferida por Lavi –por alguna razón, era demasiado mal sonante escuchar su petición continua, siendo acatada-. Según él –hasta hace poco-, esto no le importaba, Lavi era sin lugar a dudas solo un problema, un déficit, un punto indeterminado que no necesitaba –por su poca historia y relevancia-, un lugar en su vida. Pero… la extrañeza en sus acciones –la extrañeza anormal, y no la frecuente-, le instaban a seguir presionando su mano en su garganta y no dejarle cabida a la posibilidad de escabullirse. Además… la otra vez… las flores de loto…
Tomó un poco de aire, y gracias a su cuello notó el pulso desenfrenado de Lavi, pero aun con eso Kanda encontraba una máscara de hielo superpuesta en la faz del pelirrojo. Su mente insistía que en vez de esa expresión indescifrable en el rostro del chico, y esa voz controlada, debería enfrentarse a los intentos de escape de Lavi, o los chillidos agudos.
— Tú no tienes los mismos problemas de Moyashi, así que deja de actuar como si se pudiera tener un cambio tan drástico de personalidad, no tienes nada que…
Lavi revolvió los ojos, y con un rápido movimiento sacó a sus manos de su cuello. En su rostro no se encontraba la sonrisa desenfadada de siempre, ni la picardía usual, su expresión se parecía más a la de Bookman, y asimismo tenía un realce aún más diferente.
— Sí, tienes razón, lo siento, Kanda —sus labios temblaban —. Creo que he sido un idiota, así que vuelve a dormir, yo tengo que acabar con esto.
Hacía frío, sí, y Kanda aun así no tenía ganas de volver a su cama para congelarse a solitario, hasta que el sueño lo absorba. Lavi pareció erguirse y salir de esa posición tan subordinada.
— ¡Dime qué te pasa!
Lavi le vio, y por un momento le dio la sensación de ver a un conejo asustado, listo para paralizarse. Pero al final él relamió sus labios, y volvió la vista a los papeles desordenados y dispersos por el suelo.
— No… nada. Mira, estaba de mal humor. Supongo que me la hice pagar contigo, y… —cerró los ojos—. Joder, no puedo con esto. Solo… olvídalo. Ya entenderás todo a su momento.
Algo en la expresión del pelirrojo le dijo que esta charla quedaría estancada para siempre. O que si se enteraba de algo, sería a boca ajena, y él no deseaba eso. Encontró dentro de sí, la insistencia férrea de escuchar todo de parte de Lavi. Sea lo que sea que tenga que decir.
— ¿Es por los Noé?
— Ya basta, en serio, Kanda…
Se sintió enormemente insultado, y de esa forma aumentó un poco más el tono usado para hablar con… el conejo.
— ¿Acaso no entiendes que cada uno tenía sus malditos problemas y…? —Lavi miró a otro lado—. No te podíamos ayudar porque todos estábamos…
— Mal, lo sé. Por favor déjalo.
— No, no solo mal, todo estaba en ruinas. Todo esto es una mierda para que lo sepas, no había personal, Moyashi ahora es buscado por la propia Orden, y…
— ¡Ya! Lo entiendo, joder, lo supe siempre — Lavi arrugó la nariz, pero aun con su disgusto pareció lo suficiente dispuesto para volver a escribir esos malditos archivos —. No te culpo de nada, ¿de acuerdo? Cuando estás cansado eres más temperamental de lo normal y todo lo tomas a ofensa. Pero yo… —botó un suspiro—, simplemente no hay nada que hacer.
Kanda tomó un poco de aire, cuando notó que le molestaba el cómo Lavi se encogió de hombros, e indiferente al vacío de su propia expresión no sesgó en su trabajo.
Recordó que en un principio le molestó demasiado la sonrisa de Lavi, ya que ella le recordaba una historia pasada de un niño que murió por la crueldad en el ambiente que creció, y el egoísmo de una persona que lo sacrificó por una mujer que nunca –en esta vida-, conoció. Y ahora que veía a Lavi así, no pudo evitar pensar que Alma murió porque en algún punto se quebró en mil pedazos, presa del resto y de sí mismo. Así que tal vez, si Lavi…
— Yo soy distinto a él, ¿sabes?
Kanda pestañeó repetidas veces, y enfocó la mirada en Lavi. Sabía que si el pelirrojo hubiera actuado de forma normal, estaría burlándose por tomarlo fuera de cancha. Pero este hombre que tenía el mismo color de cabello, ojos, voz, rostro… seguía sin reticencia trabajando.
— Veo, que seguirás aquí insistiendo, así que creo que te daré tu respuesta, Kanda.
— No me digas…
— Lavi no existe, y no, no es porque yo tenga un problema del mismo tipo de Allen, es más, estoy bien, como dices nadie puede cambiar de personalidad de forma tan abrupta. Y de esa forma en mi caso, solo habría una vía, la cual se desarrolla en la teoría de que todo fuese falso, así que— siquiera lo vio cuando lo dijo—: Lavi fue solo un acto.
"Lavi" levantó una ceja al terminar, y le dio un pequeño vistazo que duró menos de un segundo. Kanda al mismo tiempo sabía que dentro de toda lógica debería golpearlo. Había sido burlado –o eso decía el pelirrojo-, vilmente por la mente retorcida de un desgraciado que decidió jugar a la amistad, al amor*, a ser feliz, y ese mismo ser ingrato entró por sus ojos, ocupó un lugar en su vida, y… las flores de loto…
— De esa forma, siendo que Lavi fue solo una ilusión que decidimos los Bookman dar a conocer, creo que podrás dormir por fin en paz, y… seguir tu camino. Nos encontraremos donde Allen, lo sé, y tu consciencia puede estar limpia, ya que a fin de cuentas solo murieron dos personas que nunca existieron. Yo no soy tu amigo de infancia, y mucho menos tengo todo lo que él, porque soy asquerosamente falso, porque yo me acerqué a todos porque ese era mi trabajo, porque… —hablaba demasiado rápido— ya soy un Bookman y no solo un heredero del nombre.
Hacía frío, y los nudillos de Kanda se encontraban revestidos de hielo, mientras su corazón latía a todo vapor. Estaba enojado, demasiado enojado… y es por ello que no tuvo consideración alguna para cuando dio un certero golpe en el rostro de Lavi.
Éste volteó la cabeza, y relamió la sangre que corría en lento ascenso por su labio inferior. El anterior Lavi, habría chillado como un infante por esto, y de alguna forma hubiera usado toda la escena para desentenderse de su labor. El antiguo personaje –aparentemente eventual-, que había conocido durante tanto tiempo, habría acariciado sus magulladuras y buscado alguna forma de comenzar una charla casi infinita. Y ese personaje, ya parte de una extraña historia, resultó ser falso y… con todo el resentimiento enfundado en un puño… no importaba. Así que:
— ¡¿Tienes algo más que confesar?! — su tono cuasi normal, pareció sorprenderlo —. Me es irritante toda la puta charla. Ya, has mentido todo el maldito tiempo, y eres una mierda de persona. ¿Tienes otra confesión, Lavi?
"A pesar de que quiero, ya no puedo confiar mucho en él, ¿sabes? En el arca, oh, Kanda, él en el Arca dijo unas cosas muy hirientes, y siquiera sé a qué se debió eso. Creo que no todo fue culpa de Road. Así que tal vez Lavi…"*
Kanda tomó un poco de aliento, y a diferencia de la otra ocasión donde se desentendió de todo encogiéndose de hombros, él se enfrentó al problema cara a cara. A Lavi revestido de invierno, a pesar de haberse vuelto en su símbolo de verano, a Lavi… que le veía con una pizca de él –o todo lo que le dejó conocer de sí-, y otro mucho de un desconocido. Y sea quien sea el que tenía delante, ahora parecía un poco roto, asustado… jodido.
— ¿No lo entiendes? Yo… — pareció dudar de lo que diría— yo no soy…
Las flores de loto no estaban, y Kanda no encontró nada que ver, además del rostro contrariado del pelirrojo.
— No soy Lavi.
— Lo sé — ya lo vengo entendiendo en realidad —. Ahora cierra la boca, idiota.
Y él debería estar enojado, debería, ante toda lógica tendría que estarlo, y como lo estaba –eran años de mentiras, era un tiempo muy largo conviviendo con un sentimiento innecesario por un desconocido-, no encontró reticencia de su parte para tomarlo –en nueva cuenta-, del cuello, cuando lo vio balbucear otro tipo de tontería –de verdad-. La pluma cayó al suelo en ese momento, y Lavi estaba temblando, y parecía acorralado, asustado, diferente y usual, y… para sacar esa expresión de su faz –además para no escuchar la próxima tanda de estupideces-, cambió la posición de su mano y la puso tras su nuca.
No pensó en lo que haría "Lavi" si se portaría como es habitual, ni mucho menos aceptó que tal vez esto de verdad le importaba, y que estaba molesto por no poder sacarse esta espina que le remarcaba la traición –suya, de él, de ambos-, así que tan solo se inclinó e incineró todo pensamiento.
Esperó un poco de lucha, porque tenía muy en cuenta que él no era Lenalee –y de esa forma, nunca hubo oportunidad para él-, y que tampoco alguna vez hubo una insinuación de que esto pasase, pero ante el acto solo obtuvo quietud.
Abrió los ojos, para ver si esto era algo que podía hacer, y se encontró con los ojos verdes, mirándolo como nunca antes en su vida. Prontamente vio cómo cedía la abertura, y ahí él no encontró a más que la humedad caliente, el sabor a nada, y el olor a tinta.
· En esta parte remarcada, debo decir que esto va siendo una gran insinuación de la extraña relación que Kanda veía entre Lavi y Lenalee –cosa que se ve en el fic "Aquellos que son amados por Dios"-, y que gracias a ello, él piensa que Lavi quería a Lenalee, y por ello le vio jugando al "amor".
Bien… no sé si esto está bien, pero admito con toda franqueza de que esto fue un infierno, un gran jodido, y horrible infierno, y lo peor es que siquiera sé si esto está bien.
Bueno, como sea, debo arreglar algunos puntos, para que esto sea más entendible. Kanda gusta de Lavi en todo este episodio, solo que por propia iniciativa –mala iniciativa la mía-, quise hacer que esto no sea tan notable, así que… este final no es tan sacado de la manga, ya que en sí fue un acto improvisado, que desataba un deseo oculto, y una forma de tapar la salida de un millar de cosas que aún no desea de entender del todo. Doy a entender con esto también, que Kanda estaba gustando de "Lavi", pero del "Lavi" feliz, alegre, e infantil que le ponía los nervios de punta, ese que a veces le hacía olvidar las flores de loto, y con esta verdad él siente desencanto, mucho desencanto, pero… una parte suya está dispuesta a aceptar esta verdad, y que asimismo tampoco tiene esperanzas de algo más.
En el caso de Lavi, su comportamiento va afianzado de diferentes cosas. Primero está deprimido porque Bookman ha muerto, y asimismo le duele mucho el tener que ocupar su lugar. Pero fuera de eso hay rabia, una parte suya no puede evitar sentirse traicionada por todo el tiempo de espera vana, y más cuando él les quería a pesar de no tener que hacerlo, otra… está aún más molesta porque gracias a la tardanza él debe ser un Bookman, a pesar de tener dudas, y lo peor tiene que dejar a Lavi de lado, siendo que esa personalidad ya se arraigó mucho a sí mismo. Pero igual con su nuevo tipo de personalidad, tiene que controlarse, y ocupar de buena forma su puesto, porque se supone que así son las cosas de ahí en adelante. Creo… que con eso explico mejor las cosas.
Bien… creo que eso es todo lo que se debe explicar, y… siendo así, espero no haya muchas confusiones, y…
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