Inazuma Eleven no me pertenece...


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Día 5: una tarde divertida

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Era sábado en la tarde, por lo tanto no había escuela. Aki no sabía si salir o quedarse en casa, a pesar de todas las insistencias de su madre porque saliera a divertirse. Aún así ella se encontraba sola y de tal forma no le gustaría ir a ningún lugar.

Ding dong...

Tocaron el timbre y ella fue a abrir.

— ¿Eh? —articuló al notar a cierto pelirrojo en su puerta, una vez más.

— ¿Tienes planes? —preguntó de imprevisto.

— Este... no, pero...

— Pues ahora si —sin previo aviso la tomó de la mano y la sacó de su casa, ella sólo alcanzó a avisarle a su madre que volvería pronto.

Por ahora ambos caminaban en silencio, era igual que las otra veces.

— ¿Por qué me sacaste de la casa? —rompió Aki el silencio mientras jugaba con sus dedos.

— Es sábado.

— Esa no es excusa. ¡Me tomaste desprevenida! —expresó con cierto enojo en su voz.

— Hump. Dudo mucho que hubieses preferido quedarte haciendo nada —se encogió de hombros.

— Aún así...

— Llegamos —interrumpió.

La peliverde parpadeó un par de veces. Era un parque de diversiones, no era porque no le gustara, pero no se imaginó eso del pelirrojo.

— ¿Quieres entrar o no?

— Si —sonrió a pesar de la brusquedad en la palabras del chico. Nagumo desvió la mirada.

Toda la tarde estuvieron subiendo a distintas atracciones. Comieron algodón de azúcar y palomitas de maíz, en su efecto contrastantes, pero ambas deliciosas. Jugaron juegos de tiro al blanco y Nagumo los perdió todos, a diferencia de Aki, quién ganó dos de los tres que visitaron.

Justo ahora se encontraban en la torre de metal.

— Esto fue muy divertido —comentó Aki muy alegre, observando el atardecer.

— Te lo dije —sonrió arrogante Nagumo, que se encontraba a su lado.

Aki soltó una risita.

— Si, mejor que quedarme en casa "haciendo nada" —copió al pelirrojo en sus antiguas palabras.

— ¡Oye! —se quejó y ella volvió a reír.

— Gracias.

— No importa —desvió la mirada.

— Claro que si ¿Por qué lo hiciste?

— Eso no es importante.

Ella sonrió con ternura.

— Está bien —dijo y continuó observando al sol marcharse.

Para mi si es muy importante...