N/A: Actualizo~
Inazuma Eleven no me pertenece...
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Tragedia
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Con una felicidad que rebozaba, Nagumo llegó al Sun Garden. Un Suzuno muy confundido le preguntó por qué y él le respondió que algún día lo entendería, susurrando para si mismo la mejor parte, cuando se enamorara.
Midorikawa dudó en preguntar y Hiroto les repetía que si el pelirrojo estaba feliz, entonces no tenían por qué andar preocupándose.
Tanta felicidad le dio dificultad para poder dormir, pero él sólo pensaba en ella y en que pronto estaría mejor, muy pronto.
Al día siguiente y con muy poca pelea ganada contra el insomnio, el chico aún estaba enérgico. Desayunó rápido y le pidió al albino que fuera con él a visitar a alguien. La duda lo invadió así que aceptó.
Nada más y nada menos que la casa de Aki era su destino. Ella le había dicho que fuera a verla y por supuesto que él no se negaría.
El ambiente se tornó extraño por un momento, había mucha gente reunida por ahí y los murmullos no cesaban. Fuusuke prefirió hacer caso omiso y continuó, al contrario de Haruya que estaba algo intranquilo.
Las sospechas del pelirrojo salieron a flote al notar otra multitud de gente justo en el frente de la casa de la chica.
No pudo más, corrió y corrió, adentrándose cada vez más. A pesar de los tropiezos y los gritos de Suzuno porque se detuviera él siguió.
Escuchaba a las personas hablar:
"Pobrecita"
"Era tan joven"
"Es una pena lo que le pasó"
Un pedazo de su corazón se rompió al ver a las mánagers del equipo Raimon llorando de forma desconsolada, a los integrantes del equipo tratando de calmarlas y resistiendo sus propios impulsos por llorar.
Todo estaba corfirmado.
Giró su cabeza un momento. Observó desde donde estaba la puerta del cuarto de Aki. Quería ir, pero su cuerpo no respondía. Antes de que pudiera hacer nada Suzuno lo detuvo poniendo una mano en su hombro.
— Es mejor para ti que no vayas —fueron sus palabras.
El chico apretó sus dientes y desvió la mirada. Se quedó estático, pero lo obedeció. Se sentaron lejos de todos. Donde el calor de la soledad los invadiera. Nagumo lo intentó, trató de resistir, sus intentos fueron en vano, las lágrimás salieron.
Suzuno sólo podía observar. Momentos como este era en los que se sentía más impotente, pero sabía que sólo quedarse y acompañarlo, era suficiente para Nagumo.
Cuando el llanto se detuvo y el pelirrojo ya estaba más tranquilo. Una mujer, cuyo estado se veía más deplorable que el propio, se acercó a él.
— La mamá de Aki —pensó.
— Ella la escribió para ti —le entregó una pequeña carta— Gracias.
— ¿Eh? —alcanzó a pronunciar.
— Gracias por hacerla tan feliz estos últimos días.
Observó a la mujer irse. ¿En serio él había hecho algo? ¿En serio ella fue verdaderamente feliz en algún momento?
— Vámonos a casa...
